Rancho Las Voces: 03/01/2014 - 04/01/2014

Noticias / Ciudad Juárez: La oferta cultural de la UACJ para el 2014

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El maestro Ramón Chavira, director general de Difusión Cultural y Divulgación Científica. (Foto: RanchoNEWS)

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- «El vaso ya no está tan vacío», dice Ramón Chavira Chavira, director general de Difusión Cultural y Divulgación Científica de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), al contemplar los planes y proyectos para el 2014.

Para los grupos represenativos de la institución –OSUACJ, orquestas juvenil e infantil, mariachi «Canto a mi tierra» y grupo de Jazz– el propósito para este año es buscar su mejoría.

La OSUACJ montará este año en coproducción con la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh) una ópera en la que empleará los talentos que residen en la capital del estado como los que radican en esta comunidad binacional integrada por Ciudad juárez y El Paso, Texas.

La temporada de esta agrupación musical será programada por un Consejo Orquestal dispuesto con este propósito.

Para el mariachi «Canto a mi tierra» se ha propuesto, además de cursos como el de Expresión corporal, la grabación de un disco; mientras que el grupo de Jazz se busca que sea quien impulse el II Festival de Jazz que organizará la universidad.

Respecto a los talleres de arte y cultura se ha llegado a una oferta de 162; y para este año se darán de manera gratuita talleres de pintura en Anapra y Riberas del Bravo, dos de las zonas de mayor marginación de bienestar económico del municipio.

Para este año el rector Ricardo Duarte Jáquez ha dispuesto una política de mayor colaboración entre esta institución, la Dirección de Educación y Cultura del Municipio de Juárez y el Instituto Chihuahuense de la Cultura (Ichicult).

Con tal motivo se tiene previsto participar en el verano en una serie de actividades artísticas a realizarse en la Plaza de la Mexicaneidad; así como en la representación de la Toma de Juárez, donde se ha propuesto que se extienda en la zona centro a una semana la oferta de eventos culturales.

Este año también habrán de impartir cursos formativos la destacada cuenta-cuentos chilena Cristina Pizarro, así como Lucina Jiménez que dará un diplomado de gestoría cultural, con lo cual se desea elevar el nivel de preparación tanto de universitarios como de promotores culturales de la ciudad.

Se organizará también un Taller de creación literaria, en el cual colaborarán tanto talentos locales como nacionales y extranjeros; y se hará una conovocatoria para un concurso literario juvenil.

Respecto a la oferta editorial se tiene contemplado establecer, en colaboración con el Ichicult y la UACh, el premio literario «Jesús Gardea», autor de quien se publicará un libro de esnsayos, también se está trabajando en una obra mínima de la poeta rarámuri Dolores Batista que está coordinando Enrique Servín.

En el mes de abril está agendada la presentación en la Ciudad de Chihuahua de la Obras Completas de José Fuentes Mares, con el montaje de Su Alteza Serenísima, obra del escritor chihuahuense.

También se tiene contemplado para este año abrir el sello de la UACJ a escritores y, en co-edición, a empresas editoriales de Ciudad Juárez.

Se participará en la FIL de Guadalajara y en la de Minería; así como se coadyuvará para la realización de la Feria del Libro de Ciudad Juárez.

En cuanto a las bibliotecas, se ha determinado actualizar la bibliografía de las cartas descriptivas de cerca de cien carreras y maestrías, en tanto que el Fondo Carlos Montemayor quedará organizado y a disposición para consulta de investigadores el próximo mes de julio.

En cuanto al rescate del Centro Artesanal se ha realizado un proyecto ejecutivo donde se establece un presupuesto de 70 millones de pesos para su rehabilitación y se ha pensado llevarlo a cabo en etapas.

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Hasta la cocina / México: Fusionan comida mexicana y japonesa en la UVM

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Roberto Solís. (Foto: El Semanario sin Límites)

Ciudad Juárez, Chihuahua. 27 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- La esencia de la cocina yucateca y japonesa se fusionaron durante la conferencia «La cocina de Néctar», impartida por el chef Roberto Solís en la Universidad del Valle de México campus Mérida, informa El Semanario sin Límites.

El chef originario de Yucatan ofreció ante decenas de estudiantes de gastronomía , una demostración de cómo preparar dos entradas de su menú y donde se fusiona la cocina mexicana y oriental.

El primer platillo fueron cebollas a la tempura, técnica que el chef Solís aprendió durante una estancia que tuvo en un restaurante en Tokio, pero que adaptó a la cocina yucateca al usar elementos como mayonesa y chile.

Con tintes de la gastronomía libanesa –que aún se encuentra arraigada en Yucatán– el chef preparó kibis de camarón y se dio a la tarea de explicar la diferencia en sabores entre un marisco que se prepara fresco a cuando se hace pre-cocido.

Roberto Solís, quien fue uno de los jurados en el concurso Cocinero del Año, concluyó su breve cátedra aconsejando a los estudiantes para que se den tiempo de conocer la amplia variedad de restaurantes que actualmente existen en Mérida pues, según dijo, esa práctica les dará nuevas ideas y ayudará a conocer más sobre lo que le gusta al comensal yucateco.


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Hasta la cocina / México: Discriminatoria, la declaratoria de UNESCO a cocina tradicional mexicana, manifiesta antropóloga

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La antropóloga mexicana. (Foto: Raúl López Mendoza)

C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Parcial, discriminatoria y de orientación comercial, describió Yuriria Iturriaga de la Fuente, antropóloga social, la declaratoria que se dio a la cocina tradicional de México el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, informa Ivonne Monreal Vázquez de El Cambio de Michoacán desde Morelia.

Al dictar la conferencia magistral con que dieron inicio las actividades del Coloquio «Cocina michoacana, patrimonio cultural en movimiento», la también maestra en Sociología y catedrática de ciencias políticas y gastronomía juzgó inadecuados los derroteros que ha tomado la declaratoria en mención lanzada en 2010 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

De origen, el expediente elaborado para promover la declaratoria tuvo un tratamiento sesgado y una clara tendencia a favorecer ciertos intereses ajenos al espíritu de salvaguarda, aun cuando al redactarse intervinieron académicos para su soporte teórico, comentó en entrevista quien es investigadora filológica, documental y etimológica de las palabras gastronomía, cocina y culinaria.

Se trata de una declaratoria en esencia empresarial, afirmó, la cual fue financiada por el corporativo Grupo Maseca, con dedicatoria especial para los restauranteros del país, los industriales, empresarios de servicios, innovadores y gastrónomos.

Como uno de los rasgos más «aberrantes» del expediente, por su fuerte carga de racismo, citó la referencia a que instruirán en higiene a las cocineras tradicionales, «como si se tratara de una bola de mugrosas», aunado a que dicho proyecto alienta el desarraigo de esas mujeres al pretender formar individuos, grupos y comunidades en administración de microempresas que nada tienen que ver con sus usos y costumbres.

Previo a que el Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Secretaría de Turismo (Sectur) del gobierno de Michoacán presentarán el expediente, Yuriria Iturriaga propuso por primera vez que la gastronomía de una nación podía y debía ser reconocida como patrimonio de la humanidad, al dictar ponencia en el seno de la UNESCO, en 2001.

Cuando en 2004 comenzó a fraguarse el expediente, nadie la invitó a su elaboración ya que, dijo, «mi proyecto no era para nada comercial», y porque en torno a la declaratoria en mención existen intereses creados, los del propio Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, que es una instancia con fines de lucro, o el caso mismo de la UNESCO que, señaló, vigila ante todo el interés de las grandes transnacionales:

«Existen fuertes intereses de todos los que hacen negocio con la comida, las señoras michoacanas son su emblema, su slogan y venden comida con la imagen de las cocineras tradicionales», lo cual no implica que ellas estén en la cocina de los restaurantes preparando los alimentos o que les paguen regalías por el uso de su imagen.

El polo de atracción, agregó, son las cocineras tradicionales y se gastan millones de pesos del erario público en eventos donde promueven eso, pero el recurso no baja a las comunidades indígenas de las que se valen para obtener ganancias.

Si el real espíritu fuera la salvaguarda, dijo, las instituciones tendrían que volcarse en preservar los insumos originales con que se preparan los platillos tradicionales y no inducir a su sustitución, y de forma paralela tendrían que abrir foros similares al Coloquio en mención, donde sean ellas mismas quienes tengan la palabra y la oportunidad de tomar parte de mesas redondas, de dictar conferencias y dialogar de forma abierta con la sociedad.

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Tin Tan / Fernando Ríos: «¡Los pachucos regresaron ya!»

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Aspecto de la presentación. (Foto: El Sol de México)

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Trajes holgados de colores llamativos, elegantes pantalones de pliegues en la cintura y valencianas estrechas, de tubo. Los sacos largos, casi a las rodillas con solapas amplias, cruzadas y grandes hombreras, de corbatas anchas y sombreros de fieltro con alguna pluma, una larga leontina o cadena complementan la vestimenta del pachuco, informa Fernando Ríos para El Sol de México desde la capital del país.

Con este tipo de atuendo, integrantes del grupo de Baile Pachucos y Califas encabezado por Javier Gómez, rindió ayer homenaje a representantes del pachuquismo como Germán Genaro Cipriano Gómez-Valdés Castillo mejor conocido como Tin Tan; David Silva, en la película Campeón sin Corona, y Rodolfo Acosta, en la película Víctimas de la Pobreza y Salón México y hasta Gaspar Henaine, antes de ser «Capulina», para evocar con su baile, raspando la suela de sus zapatos bicolores negro y blanco, de charol, en el patio central del Museo de San Carlos en la década de los 40s.

El maestro de baile aseguró que ser pachuco es un modo de vida en el que se mantiene la cabeza en alto y que implica invertirle recursos para comprar accesorios y artículos relacionados con esa moda, incluso carteles comerciales de la época.

Explicó que la moda del vestir del pachuco, en su momento, en la sociedad estadunidense fue de burla, aunque hoy es un traje heroico y emblemático que se porta en los bailes de tap-tap, mambo, danzón, rock and roll, rumba, swing, boogie o salsa.

Recordó que en el país, también se conocieron pachucos como Víctor Parra, «El Suavecito», antes que Tin Tan, «Resortes, Resortín de la Resortera», fue el primero en vestirse de pachuco, aunque también se recuerda al Panzón Soto y el Kid Terranova.

Recordó que el pachuco tuvo su propio lenguaje, el «espanglés», o combinación de español e inglés. Agregó, que se trató de un fenómeno contracultural de gente joven que propuso un atuendo, música y baile que los identificaba. De repudio a la autoridad que a su vez los rechazaba. En México, dijo, no se trataba de pandillas de jóvenes, solo de hombres que buscaban divertirse en los salones de baile para sacarle brillo a los pisos.

De esta forma, Javier Gómez, con un traje naranja, acompañado de Edgar Jiménez de color beige y otros integrantes del grupo de pachucos y califas, de vistosos trajes azules, verde, blanco y negro, arrancaron los aplausos del público presente con bailes como el tap tap «Cantando en el Baño» y el danzón «Nereidas», entre otros.

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Robocop en la frontera»

ROBOCOP EN LA FRONTERA


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- Imagen de Robocop pegada (e intervenida) en una unidad de transporte urbano de la ruta «Lázaro por Tepeyac».

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Baluastrada de la antigua presidencia municipal»

BALAUSTRADA DE LA ANTIGUA PRESIDENCIA MUNICIPAL


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- Aspecto de la balaustrada del segundo piso de la antigua presidencia municipal, Mariscal y 16 de Septiembre, actualmente convertida en el Centro Municipal de la Artes (CEMA) en una mañana de marzo.

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Atardecer de marzo 4»

ATARDECER DE MARZO 4


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- El atardecer se refleja en las ventanas de Hotel Continental, ubicado en la 16 de Septiembre, entre las calles Lerdo y Ramón Corona.

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Atardecer de marzo 3»

ATARDECER DE MARZO 3


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- El sol cae detrás de la Catedral de Ciudad Juárez vista desde la calle 16 de Septiembre a la altura de Ramón Corona.

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Atardecer de marzo 2»

ATARDECER DE MARZO 2


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- El antiguo Club San Luis, hoy convertido en casa de cambio, en la intersección de 16 de Septiembre y Avenida Juárez en un atardecer de este mes.

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Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «Atardecer de marzo 1»

ATARDECER DE MARZO 1


Ciudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (Redacción / RanchoNEWS).- La Avenida Juárez vista de sur a norte desde la pared poniente de la antigua Aduana Fronteriza, hoy convertida en el Museo de la Revolución de la Frontera, durante un atardecer de este mes.

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Radio / Gustavo Dudamel: «Danzón No. 2 (Arturo Márquez)»






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 En RADIO Rancho Las Voces... Gustavo Dudamel dirige ... «Danzón No. 2» (Arturo Márquez)... con la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar... en RADIO Rancho Las Voces... Brindamos un homenaje a Arturo Márquez y a los veinte años de su composición...


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Noticias / México: Poetas evocan a Octavio Paz con un concierto de la palabra en Bellas Artes

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Destacados poetas de México y el mundo participaron en la sala principal del Palacio de Bellas Artes en el homenaje a Octavio Paz, premio Nobel de Literatura 1990, al cumplirse 100 años del natalicio del poeta y ensayista.   (Foto: Cristina Rodríguez)

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Con un minuto de silencio por el fallecimiento de Helena Paz, hija de la dramaturga Elena Garro y el poeta Octavio Paz, dio inicio el recital poético que se realizó en el Palacio de Bellas Artes, para conmemorar los 100 años de nacimiento del ensayista mexicano. Una nota de Carlos Paul para La Jornada:

En el acto participaron ocho destacados poetas de México y el mundo, entre ellos dos premios Nobel de Literatura, Wole Soyinka y Derek Walcott, quienes leyeron versos de su autoría y su poema favorito del único mexicano distinguido con el premio Nobel de Literatura en 1990.

Con los poemas Una visión de la paz y El viaje, de Soyinka, arrancó el concierto de la palabra lírica. Como texto preferido escritor por el mexicano leyó Como quien oye llover que, según el autor nigeriano, quedó preciso para la ocasión, ya que previo al recital llovió en la ciudad de México.

Eduardo Lizalde leyó fragmentos de dos de sus poemas, Algaida y Tercera Tenochtitlán. De Octavio Paz, una parte de Pasado en claro.

Le siguió el escritor italiano Valerio Magrelli, con El abrazo y La curva, con lectura al español de Fabio Morábito. De Paz, se leyó Conversar. Un poema que fue seleccionado porque habla de las palabras, que surge de otro poema. Porque es sobre el descubrimiento de que el lenguaje es humano y que los dioses no hablan.

La poeta uruguaya Ida Vitale leyó de su autoría A Octavio Paz y Nuevas obligaciones. Del poeta mexicano eligió Entre irse y quedarse.

El escritor sueco Lasse Söderberg comenzó con El otro, escrito por el Nobel mexicano, porque es breve y enigmático; para pasar luego a la lectura de sus poemas Cara a cara y Escucho a los muertos con mis ojos, con lectura al español de Pura López Colomé.

Homero Aridjis en su momento leyó Moctezuma y los tamemes y En tiempos de violencia. De Paz, Movimiento.

El escritor Charles Simic de su pluma leyó Shelley y Cuando leo libros de historia, con lectura al español de Rafael Vargas. De Paz seleccionó Decir: hacer.

El premio Nobel Derek Walcott leyó Islas y Juncos de mar, con traducción al castellano leída por José Luis Rivas. Y para concluir eligió Piedra de sol, pero en voz del propio Octavio Paz.

Por la mañana, se realizó otra lectura en la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE) Octavio Paz, en la cual participaron varios escritores, así como público en general.

De acuerdo con información de Sandra Licona, responsable de la oficina de prensa del FCE, a partir del mediodía y durante más de una hora, escritores como Ira Vitale, Fabianne Bradu, Hugo Verani, Adolfo Castañón, Jorge F. Fernández, Alberto Ruy Sánchez, Julio Trujillo, José Sefami y Tomás Granados, se alternaron, junto con más de 25 personas, para dar lectura a distintos poemas y fragmentos de la obra de Octavio Paz.

De entre los textos que se leyeron estaban el volumen Las palabras y los días, el poema Bajo tu clara sombra, algunos versos de Piedra de sol, Salamadra, Cántaro roto, Sol sobre una manta, El otro, Mi vida con la ola, Dama huasteca, Madrugada y para concluir con Las palabras.


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Cine / España: Los espejos rotos de Jean Vigo

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Un momento de la plena y arrebatadora L'Atalante. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- La edición restaurada de L'Atalante recupera una de las películas más extremas, poéticas e hipnóticas de la historia del cine. El último canto de un poeta que se fue demasiado joven. Un filme que se ve de pie, eufórico, inflamado de lirismo... Una nota de Luis Martínez para El Cultural:

L'Atalante de Jean Vigo es mucho más que una película; es desde el primer fotograma la exaltación del cine vivido hasta el último aliento; sufrido en el filo entre la vida y la muerte. De hecho, gran parte del rodaje fue dirigido con la euforia del que se resiste a la agonía desde la camilla. L'Atalante se estrenó el mismo año de la muerte de su director con 29 años. Y la presencia entusiasta de la vida, evidente más que nunca ante la inminencia de la muerte, se aprecia en cada fotograma. No es poesía, es simplemente entusiasmo.

Hijo del anarquista Miguel Ameyreda, Vigo utilizó el cine para construir una mirada, para interpretarse a sí mismo, para dar sentido. A su manera, fue el primero en reconocer en el arte de los Lumière sus posibilidades demiúrgicas. Lo que sale de la cámara no es tanto interpretación como la realidad misma transformada. El cine, para resumirlo mucho, es resistencia al adocenamiento granítico de lo real. Por eso es poesía.

Si en A propos de Nice (1929) reivindicaba la necesidad del «punto de vista» hasta radiografiar con precisión la miseria opulenta de la burguesía, en Zero en conduite (1933), dos pasos más allá, reimaginaba la infancia como el único terreno de libertad. La película sería censurada hasta 1946. Y así, en sólo dos películas sentaba las bases para la que sería su obra definitiva. O, mejor, la obra definitiva. Nunca antes el cine se había atrevido a tanto: a dibujar con total exactitud el sentido profundo de la voz libertad. Más allá de L'Atalante, nada. Sólo la muerte. Existencialmente poética. La película cuenta la historia de tres personajes encerrados en el limitado espacio de una barcaza que atraviesa el Sena. Jules (Michel Simon) y los recién casados Jean (Jean Dasté) y Juliette (Dita Parlo) navegan por el río. El agua como reminiscencia, testigo y metáfora de la vida. En el fluir de la vida, el deseo y la realidad se funden en una única materia que es a la vez vigilia y sueño. Decía René Clair que el cine es un medio para soñar. Más radical aún, Vigo utiliza la cámara para deshacer los límites, para borrar fronteras. La discontinuidad de la música, reminiscencia aún del traumático salto del mudo al sonoro, al lado de esa forma tan personal de implicar a la naturaleza en cada uno de los movimientos del alma, dibujan a la perfección el estado de vívida exaltación en el que discurre cada toma. L'Atalante es una película que se ve de pie, eufórico. Juliette siente que el espacio del barco es demasiado exiguo para el tamaño de su amor. Jean padece el dolor de la desazón. Y Jules se levanta en medio de la pareja como el único homenaje destartalado y absurdo que merece eso tan extraño e insatisfactorio que el tiempo ha dado en llamar vida. Pronto llegará la ruptura y, de su mano, la desesperación. Todo, por supuesto, con el alma y la mirada en llamas. La poesía, ya se sabe, es inflamable.

Cuando Juliette huya, Jean la buscará y lo hará en la profundidad de su recuerdo herido. Toda la secuencia en la que éste se zambulle en el agua a la búsqueda de la imagen de su amor, del último resquicio de sentido, ya no es cine, es otra cosa. O mejor, es cine, el único posible, en su firme voluntad de fundar un mundo, real y necesario. Nunca antes el cine había querido tanto. Vigo definitivamente rompe la superficie del espejo y entrega al espectador un gramo, apenas un aliento, de su propia vida. Pleno, poético y arrebatado.

Juliette busca a su amado entre los espejos de París, entre el bullicio atolondrado de la ciudad que proyecta su propia imagen. Así hasta que, en un arrebato de furia y de cordura (¿quién dijo eso del amor loco? Al revés, la única locura es no amar, nos dice Vigo), Jean rompe el espejo de Jules, el hombretón que vive en su mundo sin espejos. Y en ese acto violento, como en la inmersión arrebatada por las aguas del Sena, nuestro protagonista, de la mano del director, se arriesga hacia lo desconocido, a lo irreal, al sueño, a la propia realidad que habita al otro lado de los espejos. A la libertad. Al amor. Como en la batalla de almohadas de Zero en conduite entre el humo de las plumas, en el viaje, en alboroto de la creación, queda el único resquicio para la vida. Y justo en ese momento de plenitud, Vigo murió porque no le quedaba más remedio. Cine hasta el último aliento. Poesía.


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Textos / Antonio Colinas: «Los caminos de la libertad de crear»

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El poeta en los años 50. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Antonio Colinas se sumerge en los versos de Octavio Paz en una lectura «coherente y fervorosa» de una obra tan original y viva como universal y que sólo se debe a la libertad de crear. El resultado es el siguiente texto publicado por El Cultural que a continuación reproducimos.

Resulta paradójico –al menos en mi caso así lo fue– que cuando comenzó a darse un cambio de estética a finales de los años 60, Octavio Paz fuera más un referente por sus ensayos que por sus poemas. Conocíamos algunas resonancias de Libertad bajo palabra, pero la originalidad de su pensamiento fue un paso previo a la poesía. Luego, la antología La centena, 1935-1968 (Barral Editores, 1969) nos la reveló de una manera tan sintética como coherente. Una de las características de nuestra generación fue la apertura sin límites a otras lecturas, y concretamente a las extranjeras. Quizá por eso pensábamos que, en ese momento crucial, también había otras obras en América que fulguraban (Huidobro, Borges, Neruda, Huerta, Sabines).

Pero las aguas de las corrientes lectoras se ensancharon y ahí emergió, decantada y rica, la poesía de Octavio Paz. Llegó la llamativa lectura de Blanco (1966), y con Ladera este (1969) y El mono gramático (1972), la presencia de Oriente, tan unida a la vida del poeta mexicano. En Italia, y por Sanguineti, supe de la aventura colectiva de Renga. Otra antología española, Poemas, 1935-1975 (Seix Barral, 1979) nos reafirmó en una nueva lectura coherente y fervorosa de la poesía de Paz. Luego, sentimos el estímulo de su revista Litoral. Alguno de los catorce volúmenes de las Obras completas editadas por el Fondo de Cultura consolidaron esa aproximación y qué decir ya de la contundente muestra de ese tomo VII de la Obra poética (1935-1998), editado por Galaxia Gutenberg. Antes, un libro con sorpresas, Árbol adentro (1987), nuestros años finales de amistad o el sensible patrocinio de Enrique Loewe.

Esta puede ser la trayectoria lectora de Paz de un poeta español, pero lo importante es subrayar cuanto de original y vivo hubo en esa poesía que, en primer lugar, tenía que mantener el pulso que le tendían otros grandes poetas de su tiempo. Pero hay una característica fundamental en la poesía de Octavio Paz: su fidelidad a la libertad de crear. A veces, cada poeta cree que la poética verdadera es la suya y, en consecuencia, se ve constreñido a mantener un tono o un mensaje únicos. Por el contrario, desde el primero al último de sus libros, la poesía de Paz busca los caminos de la libertad, desde el lirismo sutil a la poesía de compromiso, desde el surrealismo al poema concreto, visual o en prosa, desde hermetismo al decir llano o mágico.

De este gran afán de libertad creativa («bajo palabra»), se derivan otras características de su poética. La primera, es el grande e incuestionable sentido de universalidad de la misma (válida también, por supuesto, para sus ensayos y artículos). ¿De dónde proviene este sentido? Desde luego de su afán de diálogo con otras culturas y civilizaciones. Paz no se entrega a lo novedoso caprichosamente, no es un poeta que juega con los ismos. Conoce muy bien y escribe sobre los poetas de México, lee a los clásicos españoles, pero no ignora las corrientes inglesas, francesas, las de Extremo Oriente. A veces, sus fecundas traducciones (Versiones y diversiones, Galaxia Gutenberg, 2000) le ayudarán en ese caminar hacia lo variado que enriquece y que, a la hora de razonar, no le permite caer en el sectarismo ideológico. De ahí, su evolución desde su amistad con los poetas de Hora de España (1937) a su denuncia del estalinismo (1951) o a su dimisión como embajador. (Estamos precisamente a la espera en estos días de la publicación por parte del Senado mexicano y de Conaculta de sus Escritos políticos, que arrojarán mucha luz sobre este tema del compromiso en Paz.)

Algunos han contemplado críticamente la «versatilidad» de la poesía de Paz, pero precisamente porque ignoran el afán libérrimo del que escribía, su afán de universalidad sin localismos devoradores, su diálogo con las diversas culturas para extraer de ellas las semillas fértiles, que luego él sembraría en poemas y ensayos. En la poesía de Octavio Paz la palabra es algo que germina y no que define. De ahí su hermetismo atmosférico, la tendencia a que el poema formalmente «estalle», lo que le permite al lector extraer mensajes no cómodos o impuestos. En tiempos de tanto sectarismo social es hermoso ver cómo el lenguaje aún es algo que germina en libertad y sin fronteras. Estamos hablando de poesía viva: la que nace de las raíces y no de las máscaras, de la experiencia de ser y no del parecer.


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Libros / España: «Sala de espera » de José Luis Sampedro

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El escritor José Luis Sampedro junto a su mujer, Olga Lucas. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- La conciencia de la agonía fue plena en el escritor José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013). Murió a los 96 años sabiendo y aceptando que aquello se acababa. «La muerte me lleva de la mano, pero se está portando bien porque me deja pensar», le dijo a una amiga. Con su envidiable lucidez y calma, la frase pervive ahora grabada en el lomo azul de Sala de espera (Plaza y Janés), libro póstumo del escritor que se publica esta semana como homenaje al primer año de su ausencia. Una nota de Elsa Fernández-Santos López para El País:

Sampedro falleció un 8 de abril dejando multitud de anotaciones y textos inéditos, escribió hasta el final. Dos de sus últimos proyectos, Los Ríos y Sala de espera, ven ahora la luz por decisión de su compañera y legataria, Olga Lucas, quien explica que dejará «aparcadas» las obras inconclusas iniciadas en «un pasado remoto» pero se ocupará de los inéditos del final de su vida. «Es decir de aquellos de los que tengo seguridad y conocimiento directo acerca de sus intenciones», afirma en el prólogo del libro.

Los Ríos es un texto a dos voces, la del propio autor y la de su mujer, que un día decidieron escribir cada uno para el otro sobre sus propias biografías recurriendo a la corriente de agua como metáfora de la vida, figura manriqueña que tanto apreciaba el autor de Octubre, octubre. «Contaré los primeros ochenta años del río José Luis, que conozco como nadie, prescindiendo de detalles y ahondando, en cambio, en los momentos y sucesos más definitorios», anota Sampedro antes de iniciar un recuento vital que se detiene con brío en su infancia tangerina, donde vivió hasta los 13 años («ha sido para mí un inmenso regalo del destino, perenne en mis raíces y marcándome definitivamente»), su amistad con la niña Odette, los veranos, la playa y el primer viaje a España para entrar interno en un colegio de Zaragoza. El cambio radical de paisaje afectó al feliz transcurso del riachuelo, que circuló apesadumbrado hasta el descubrimiento —o mejor dicho, la torrencial salvación— de la lectura. En casa de unos tíos da con una colección olvidada de libros de aventuras («mosqueteros, piratas, espadachines, bandidos generosos, guerreros, delincuentes ingeniosos y otros héroes novelescos») editada por el periódico La correspondencia de España: «Fueron como inyecciones estimulantes. Hicieron revivir el ímpetu del río, lo despertaron de su encantamiento».

El caudal creció con fuerza y su curso le llevó a convertirse en uno de los pensadores españoles más respetados y queridos por las nuevas generaciones, huérfanas de voces capaces de cifrar su desamparo. Novelista y economista, profesor, referente del 15-M y un ejemplo de resistencia y dignidad intelectual, Sampedro plasma en Sala de espera sus preocupaciones por un mundo desbocado, capaz de echar por tierra todos sus principios de justicia, crítica y humanidad. Según explica su viuda, apuntaba las ideas en «libretas, blocs y cuadernillos a las que daba vueltas y más vueltas, incorporando las preocupaciones que le producían las noticias». A diferencia de otros libros, «este le hacía sufrir más que disfrutar y, finalmente, falleció dejando sus cajones repletos de anotaciones, disculpándose por no haber logrado ponerlas en claro y pidiéndome que publicara yo lo que me fuera posible descifrar». Olga Lucas ha decidido sin embargo editarlos tal cual por miedo a traicionar o alterar su sentido.

Es aquí donde el escritor esboza «sus verdades», donde se replantea el sentido último de la nueva barbarie, donde busca aportar algo propio al proceso de desescombro que vivimos, donde planta batalla al cinismo, donde se confiesa con tristeza como un apátrida, un eterno inmigrante: «La sublevación de los militares españoles en 1936 hundió para siempre el mundo anterior. Desde entonces soy un inmigrante en el tiempo (no solo hay migraciones espaciales), sin esperanza de retornar a mi origen —la España de 1935— porque desapareció como la Atlántida».

Retirado en su costa de Mijas como «un monje medieval en la montaña» toma conciencia última de nuestra nimiedad. Aunque no tanta: «Somos un momentáneo corpúsculo, material biodegradable para el perpetuo reciclado. Un infinitésimo de energía. Pero hablante». Cree en la palabra, pero advierte de sus peligros: del naufragio del sentido crítico, de la cobardía de los que no quieren significarse. «No solo hay que reivindicar siempre el derecho a la palabra, como máxima expresión de nuestra humanidad. También hay que cumplir el deber de usarla en pro de la dignidad propia o ajena. Pues, como proclamó magistralmente Martin Luther King, hay una conducta más escandalosa que la de los malvados y es el silencio de los hombres buenos que callan y miran para otro lado sin protestar de las maldades».

En la antesala de la muerte, Sampedro pidió un Campari que al parecer le sirvieron muy frío. Complacido, se limitó a dar las gracias antes de desembocar en el mar definitivamente. A muchos les estremeció que la vela se apagase con tanta armonía física y mental. Quizá no sabían que cuarenta años atrás, perdido y trastornado por «el asco, el desprecio y la resignación» que le invadía se topó con una proclama «arrolladora» de mayo del 68, estampada en un muro del Odeón de París durante las revueltas estudiantiles. La recordó antes de morir porque cambió el curso de su vida. La anotó en mayúsculas: «¡QUE PAREN EL MUNDO, QUE ME APEO!» «Me convertí en el acto a ese programa. No podía yo parar el mundo, pero sí apearme con mi resistencia pasiva de la sociedad asfixiante. Así es que dejé, abandoné la columna humana en su marcha histórica hacia el desarrollo inaceptable y me quedé sentado en la cuneta, viéndoles pasar con sus chirimbolos y sus ilusorias banderitas». En la cuneta, con su traje de misántropo, José Luis Sampedro comenzó el camino hacia sí mismo y, secretamente, hacia todos nosotros.


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Obituario / Gonzalo Anes

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El director de la Academia de la Historia de España. (Foto: Luis Sevillano)

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- El director de la Real Academia de la Historia de España, Gonzalo Anes (Trelles, Asturias, 1931) ha fallecido este lunes en Madrid. Doctor en Economía e historiador, fue elegido miembro de número por la institución en 1978 y en ella entró con un discurso sobre el tema Los señoríos asturianos. Se puso al frente a partir de 1998, en sustitución de Antonio Rumeu de Armas. En 2007 fue reelegido para su dirección por unanimidad, y por cuarta vez consecutiva. Una nota de la redacción de El País:

Gonzalo Anes se licenció y se doctoró en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid. Fue primero catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y después, de la Complutense, en la Facultad de Ciencias Económicas donde impartía Historia Social y Económica de la España Contemporánea. Miembro del Institute for Advanced Study de Princeton (EEUU), patrono del Real Patronato del Museo del Prado del que fue presidente, consejero del Banco de España entre 1983 y 1986, recibió el Premio Jaime I de Economía (2009) y el Rey Juan Carlos I en la misma disciplina en su XI edición (2006). Además, Anes fue distinguido con el Nacional de Historia en 1995 por El siglo de las luces (Alianza) que versa sobre el periodo entre la subida al trono de Felipe V y la guerra de la Independencia, y que partía de otro estudio publicado por este autor en 1973, totalmente reelaborado. El historiador Javier Tusell describió la obra en un artículo publicado en EL PAÍS como «el mejor manual sobre el XVIII español». En 2002 se le distinguió con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, así como se le concedió el honoris causa por las universidades de Oviedo y Alicante. Anes fue también autor de obras como Economía y sociedad en la Asturias del Antiguo Régimen (Ariel) o La Ley Agraria (Alianza).

La ingente labor de la preparación del Diccionario Biográfico Español, proyecto cumbre de Anes y una vieja inspiración de la institución, arrancó en 1999, con el logro de un acuerdo de participación de la Real Academia Española; la de Bellas Artes de San Fernando; de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; de Ciencias Morales y Políticas; de Medicina; de Jurisprudencia y Legislación, y de Farmacia.

Los 25 primeros tomos salieron a la luz en 2011, pero una gran polémica la rodeó. Por ejemplo, en la biografía dedicada a Franco, el autor se refería a él como «Generalísimo o Jefe de Estado»; no era calificado como dictador, además de omitir su perfil opresor. Luis Suárez, un medievalista relacionado con la Fundación Francisco Franco, había sido el encargado de escribirla. En otra de las entradas de entre las más de 40.000 biografías de personajes de todos los ámbitos y todas las épocas realizadas por más de 5.000 especialistas, se describía a Juan Negrín como a un hombre que estuvo al frente de un Gobierno «prácticamente dictatorial». La entonces ministra de Cultura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Ángeles González-Sinde, instó a la revisión del diccionario. El Senado pidió a la Real Academia de la Historia (RAH) que paralizara la difusión del Diccionario Biográfico Español, y finalmente el Congreso de los Diputados acordó que el Gobierno debía congelar el abono de la subvención prevista a la Real Academia de la Historia para el diccionario mientras no realizara la revisión y mejora de la obra. La revisión sin embargo fue mínima, y la institución recibió a pesar de ello una subvención de 100.000 euros, sin haber subsanado los errores.



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Noticias / México: Hace 100 años nació Octavio Paz, cuya obra es hoy la luz de México

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Ilustración de El Fisgón

C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- México celebra hoy el centenario del natalicio del escritor Octavio Paz. Uno de sus máximos logros fue dar al país el premio Nobel de Literatura en 1990. Una nota de Mónica Mateos-Vega para La Jornada:

El galardón le fue conferido al también poeta por «su obra apasionada, abierta sobre los vastos horizontes, impregnada de sensual inteligencia y de humanismo íntegro», según explicó entonces la Academia Sueca.

La decisión fue tomada por unanimidad por los 15 integrantes de esa institución, la cual reconoció en Paz una unión de culturas: «Está en su sangre. Su familia materna era española, de Andalucía, mientras su padre heredó la india y la española».

Su poesía y ensayos, añadieron «derivan de una unión de culturas difícil de trazar, pero fructífera: la india (sic) precolombina, la de los conquistadores españoles y el modernismo occidental. Su experiencia de India y otras regiones se reflejan también en sus obras».

Destacaron, además, la amplia perspectiva internacional del narrador nacido en 1914, «su identidad mexicana y en su sentido más amplio latinoamericana, que ha sido explorada decisivamente en El laberinto de la soledad (1950)».

Al conocerse la noticia, Paz se encontraba en Nueva York donde ofrecía lecturas de poesía. Entre el tumulto de reporteros que lo persiguió con insistencia ese 11 de octubre de 1990, el ensayista dijo a La Jornada que el premio Nobel no era para él un pasaporte a la inmortalidad.

También se desmarcó del poder gubernamental y de Televisa: «He usado a Televisa como Televisa me ha usado a mí», y recomendaba tanto a los presidentes de Estados Unidos y México (George Bush y Carlos Salinas, respectivamente), como a los especialistas en ciencias políticas que leyeran poesía, «pues poquísimos hablan del interior de los hombres. El hombre es un ser más complejo que las formas económicas e intelectuales. Los hombres son hombres de pasiones; la gente se enamora, se muere, tiene miedo, odio y amigos. Todo ese mundo de las pasiones aparece en la literatura y, de modo sintético y puro, en la poesía».

Meses más tarde, al recibir el galardón, Paz ofreció en Estocolmo un discurso titulado La búsqueda del presente en el que destacó que la gran novedad del siglo XX, en materia literaria, «ha sido la aparición de las literaturas de América. Primero surgió la angloamericana y después, en la segunda mitad del siglo XX, la de América Latina en sus dos grandes ramas, la hispanoamericana y la brasileña. Aunque son muy distintas, las tres literaturas tienen un rasgo en común: la pugna, más ideológica que literaria, entre las tendencias cosmopolitas y las nativistas, el europeísmo y el americanismo. ¿Qué ha quedado de esa disputa? Las polémicas se disipan; quedan las obras».

Luis Cardoza y Aragón, Ricardo Garibay, Sergio Pitol. Salvador Elizondo, Ramón Xirau, Alí Chumacero, Edmundo O’Gorman y Álvaro Mutis, entre otros colegas y amigos de México, se sumaron a las felicitaciones por el Nobel a Paz, el cual coincidieron en definir como un premio a las letras mexicanas y «al más alto de nuestros poetas».

Desde otros lugares del mundo, autores como Camilo José Cela, Arturo Uslar Pietri, Francisco Umbral y Carmen Naranjo expresaron también sus felicitaciones, entre ellos Ernesto Sábato, quien consideró que el premio a Paz demostraba «que la literatura en lengua castellana, hoy por hoy y tomada como cuerpo, es la más importante en el mundo».

Octavio Paz decidió vivir sus últimos años en México. Una de sus intervenciones públicas, que se convirtió casi en una despedida de sus lectores, tuvo como contexto el vigésimo aniversario de la revista Vuelta, donde el autor ratificó algunos de los principios que animaron esa la publicación de la que siempre fue director.

En un acto realizado el 10 de diciembre de 1996, en el Claustro de Sor Juana, Paz dijo: «No queremos ganar conciencias o votos; queremos decir algunas cosas y queremos ser oídos. Nos anima, desde el primer número, una idea de la literatura que se puede, sumariamente, reducir a dos vertientes: decir y oír (...) Vuelta no ha querido sino ser parte del proceso en que consiste esencialmente la literatura: la relación viva entre el decir y el oír, el nacimiento silencioso y solitario de la obra y su prodigioso y múltiple renacer en el espíritu de sus lectores».

Días después, un incendio, al parecer provocado por un corto circuito, en su departamento de la colonia Cuauhtémoc, consumiría parte de la biblioteca del Nobel de Literatura. Paz perdió sus libros, «como se van los amigos», de Rubén Darío, Salvador Díaz Mirón y Manuel José Othón, entre otros, así como cuadros de Juan Soriano, Gunther Gerzso y Roberto Matta, obsequiados por los propios pintores al amigo poeta.

Este incidente mermó su salud y estado de ánimo. Durante varios meses vivió en un hotel de Polanco, hasta que la Presidencia de la República les ofreció, a él y su esposa Marie-José, como residencia la Casa de Alvarado, en la calle Francisco Sosa del barrio de Santa Catarina, en Coyoacán.

Por motivos de salud, Paz no asistió al Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizó del 7 al 11 de abril de 1997, en Zacatecas. Pero envió un discurso en video sobre Nuestra lengua: «El escritor dice, literalmente, lo indecible, lo no dicho, lo que nadie quiere o puede decir. De ahí que todas las grandes obras literarias sean cables de alta tensión no eléctrica, sino moral, estática y crítica. Su energía es destructora y creadora, pues sus poderes de reconciliación con la terrible realidad humana no son menos poderosos que su potencia subversiva. La gran literatura es generosa, cicatriza todas las heridas, cura todas las llagas y aún en los momentos de humor más negro dice sí a la vida». (La Jornada, 8/IV/97).

Falleció en 1998, a los 84 años

El 17 de diciembre de 1997 fue creada la Fundación Octavio Paz, cuya sede estaría, precisamente, en la Casa de Alvarado. La ceremonia fue encabezada por el presidente Ernesto Zedillo, con la participación del escritor Fernando del Paso y el empresario Emilio Azcárraga Jean.

En esa ocasión, luego de hacer a un lado las tres cuartillas que tenía preparadas, Octavio Paz habló de México como un país solar, pero también oscuro: «Estoy seguro que se preparan nuevos días para México y que esos días serán de luz, con sol y amor. Creo que en estos años no termina un periodo de México, como se piensa comúnmente, sino que se da una vuelta a la esquina para continuar».

Para esa continuidad, Paz destacó el papel de la juventud: «Los jóvenes mexicanos son eso: la luz de México y siendo la luz, son también la oscuridad. Su recompensa y la promesa de algo que todavía no se realiza, pero que se va a realizar pronto».

El maestro Octavio Paz murió en su casa de Coyoacán la noche del 19 de abril de 1998 a la edad de 84 años. Hoy habría cumplido 100. Hoy su obra es la luz de México, nuestra piedra del sol, «un alto surtidor que el viento arquea, un árbol bien plantado mas danzante».



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Fotografía / Francia: Exponen retrospectiva de Robert Mapplethorpe

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Thomas (1987) de Robert Mapplethorpe.  (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Bob Mapplethorpe no sabía que llegaría a ser Robert Mapplethorpe, ni siquiera que sería fotógrafo, cuando se encontró por segunda vez con Patti Smith —la que sería su confidente y musa durante años— en el Tompkins Square Park de Manhattan a finales de los años sesenta. Ambos provenían de familias humildes, estaban gestando su vocación artística y tenían la sana intención de no morirse de hambre en Nueva York. Acabarían comiéndose el mundo, pero aún no lo sabían. Lo que sí decidió Smith en ese instante es que iba a llamar Robert a su nuevo amigo, porque intuía que tenía enfrente a alguien muy especial y Bob, simplemente, no encajaba con esa premonición. Una nota de Juan Peces para El País:

A raíz de ese encuentro surgiría una complicidad rememorada por Smith en Just kids (2010) y fotografiada por Lloyd Ziff, en un porfolio que exhibió la galería Danziger de Chelsea (Nueva York) el año pasado. «En 1968 Robert vivía con Patti en un apartamento de Clinton Hill, en Brooklyn. Siempre estaban trabajando, haciendo pinturas, dibujos, esculturas…», recordaba Ziff con motivo de la exposición.

Dos años más tarde, el joven estudiante de arte pasaría, de realizar dibujos y collages con fotos ajenas, a hacer sus propias fotografías por recomendación de Patti Smith, con una cámara Polaroid que le prestó la artista Sandy Daley. Había nacido Robert Mapplethorpe, el fotógrafo.

Han transcurrido veinticinco años desde que Mapplethorpe, el artista de formación católica que profanó los usos, los temas y la recepción del arte fotográfico, falleció en Boston, enfermo de sida y devorado por demonios internos. Ahora, París bendice por partida doble al fotógrafo malogrado (1946-1989) con una gran retrospectiva en el Grand Palais y con una muestra comparativa (con imágenes y esculturas yuxtapuestas) en el museo Rodin.

La muestra en el Grand Palais aborda, a través de más de 250 obras, la carrera del fotógrafo con una intención omnicomprensiva, de manera que el visitante pueda valorar las diferentes etapas del artista y completar su visión más allá de sus imágenes icónicas (desnudos, retratos, flores). Se trata de ir más allá de una muestra parcial, como las que han reflejado líneas temáticas o la selectiva mirada de artistas (Isabelle Huppert, Pedro Almodóvar).

Todas las facetas de su práctica fotográfica están representadas en esta exposición, que muestra a un autor empeñado en desposeer sus imágenes de cualquier filtro o barrera entre su idea y la obra final. Para expresarlo en sus propias palabras: «Busco la perfección en la forma. Lo hago con los retratos, con las pollas, con las flores», dijo en una entrevista con Barbara McKenzie.

Resultado de esa traslación sincera de sus fijaciones y ensoñaciones en imágenes, sin concesión alguna al puritanismo, es la decisión de los organizadores de vetar el acceso a una parte de la muestra, de alto contenido sexual, a los menores de 18 años. Algo que no se veía en la capital francesa desde la exposición del fotógrafo y cineasta Larry Clark (Kids).

La obra de Mapplethorpe está muy ligada al conflicto entre el arte contemporáneo y su aceptación en la sociedad. El 12 de junio de 1989, la Corcoran Gallery de Washington se negó a albergar su exposición itinerante The perfect moment en el último momento por las presiones recibidas, que tildaban la muestra de obscena. El público se movilizó contra la censura: varios seguidores proyectaron imágenes de la exposición sobre la fachada del museo. La muestra incluía un autorretrato del fotógrafo, de espaldas y mirando hacia la cámara, con un látigo a modo de cola con el que se había autosodomizado.

El director del museo de Cincinnati, que albergó esa misma exposición poco después, fue procesado en lo que The New York Times llamó «el primer juicio penal contra un museo basado en el contenido de una muestra». Un jurado lo declaró inocente, después de que los testigos de la defensa consiguieran dejar claro que las fotos denunciadas eran la obra de un artista, no un pornógrafo.

El debate sobre la subvención del arte heterodoxo, meses después de la polémica sobre la obra Pissing Christ, de Andrés Serrano, llevaría a la aprobación, en el Congreso estadounidense, de una enmienda que supeditaba las ayudas gubernamentales a la evaluación de material considerado como obsceno. El Whitney Museum, la institución que había realizado la primera gran exposición individual de Mapplethorpe cuando este languidecía, inició una campaña nacional con anuncios en prensa bajo el lema «¿Va a permitir que la política mate el arte?».

Hoy, la imagen del látigo forma también parte de la retrospectiva de París, junto con otras de sadomasoquismo y miembros viriles pertenecientes a su X Portfolio. Y en 2012 esas fotos fueron exhibidas en Los Ángeles tras la adquisición de una parte del archivo de Mapplethorpe por parte del J. Paul Getty Trust y el museo LACMA.

Actualmente, la obra del fotógrafo de Floral Park (Queens, Nueva York) sigue invitando a sumergirse en sus referencias artísticas, en su vida y en el entorno histórico del Nueva York de los años setenta y ochenta. Hasta ahora, los textos del crítico de arte de The Nation, Arthur C. Danto; del vicepresidente de la Fundación Robert Mapplethorpe, Dimitri Levas, y de la escritora Patricia Morrisroe eran algunas de las referencias más citadas en la bibliografía sobre el autor, junto con los de la cantante y poeta Patti Smith y del escritor Edmund White. Ahora hay que añadir a ese inventario el catálogo de la retrospectiva de París, en el que escriben, además de Smith y White, los comisarios Jérôme Neutres (Reunión de Museos Nacionales-Grand Palais), Hélène Pinet (Museo Rodin) y Judith Benhamou-Huet. Joree Adilman (Fundación Robert Mapplethorpe) y Hélène Marraud completan el equipo de expertos.

White describe el ambiente político y de reivindicación social de los años setenta en EE UU, una época en la que la sodomía era delito en muchos estados, y afirma que entonces muchos galeristas y coleccionistas rehusaban exponer o comprar obra de Mapplethorpe por miedo a ser identificados como homosexuales. También es importante su texto por las reflexiones que hace los prejuicios raciales y el cuestionamiento, desde este punto de vista, de algunas de sus fotos.

Benhamou-Huet, periodista y crítica de arte, acaba de publicar su biografía titulada En la vida en blanco y negro de Robert Mapplethorpe (Grasset), que recoge testimonios de personajes clave —amistades, amantes, comisarios, galeristas y coleccionistas— en la vida de Mapplethorpe. En esa relación se incluye, en la parte francesa, a Pierre Bergé, presidente de la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint-Laurent, y a Samia Saouma, «la primera persona que expuso su obra en Paris, en 1979». Sus declaraciones evocan la escena gay y sociocultural de los años setenta en Nueva York, que halló en las artes visuales y performativas un ámbito de expresión. El libro intenta dibujar, asimismo, a un personaje que proyectó en la fotografía tanto su personalidad como sus criterios estéticos.

En el plano personal, el interés del artista por el sadomasoquismo y el ocultismo pueden haber sido una reacción visceral a su educación como católico y al rechazo de sus padres, avergonzados de su estilo de vida. «Había, sin duda, una parte oscura en él», dice en el libro Marcus Leatherdale, el que habría sido su último amante blanco. «Creo que estaba verdaderamente perdido entre sus demonios, sus monstruos». Aunque Michael Stout, presidente de la Fundación Robert Mapplethorpe, afirma que el fotógrafo «no era una persona que amara particularmente el dolor y el placer obtenido a través de él» y lo retrata como «voyeur».

Que el fotógrafo fuera gay y que la sexualidad entre hombres fuera una parte importante de su obra no quita para que su verdadera obsesión transversal fuera atrapar la belleza de las formas. Para Jérôme Neutres, «la primera provocación de Mapplethorpe fue fotografiar sus modelos desnudos y sus amantes negros con el idealismo de Miguel Ángel, y reivindicarlos como cánones de la belleza de 1980». El artista, asegura, «utilizó la fotografía para hacer escultura y terminó su obra haciendo fotos de esculturas». La exposición confirma que utilizó también su dominio de la geometría en la composición y que exploró diferentes formas de impresión y enmarcado con el fin de hacer de cada foto un objeto artístico depurado.

Su opinión coincide con la de Arthur C. Danto, que hablaba de «la tensión que hay en el corazón del arte de Mapplethorpe, rozando la paradoja», entre el contenido de una fotografía y el modo de presentarlo. Para el crítico de arte, fallecido en 2013, dicho contenido «es, con frecuencia, suficientemente erótico para ser considerado pornográfico, incluso por el propio artista, mientras que la estética de su presentación es clásica: es dionisíaca y apolínea a la vez».

(A la izquierda, Bill T. Jones (1985), de Mapplethorpe. Génie funéraire (hacia 1898), de Rodin)

Para verificar esa teoría, el museo Rodin de París propone por su parte explorar las similitudes entre el escultor francés Auguste Rodin (1840-1917) y Robert Mapplethorpe con una exposición que muestra, yuxtapuestas, 50 esculturas y 102 fotografías. Catherine Chevillot, directora del museo, destaca que es la primera vez que la institución invita a un fotógrafo a dialogar con las obras del maestro. El visitante, dice, se verá sorprendido —a partir del 8 de abril— por «el eco estupefaciente» entre las obras White Gauze (1984) y el Torse de l’Âge d’airain drapé (c. 1895-1896). El proyecto expositivo sigue la estela de la muestra que organizó en 2009 la Galleria dell’Accademia en Florencia.

Patti Smith lo llama, en su semblanza escrita para el catálogo, «hijo del surrealismo, de la magia negra y del pop art», y concluye que el fotógrafo «transformó algunos de los aspectos más complejos de la sexualidad en obra de arte». Habla de cómo le influyeron la película Cowboy de medianoche (1969) y los filmes de Fellini y Pasolini, de «su admiración por los maestros del retrato fotográfico, como Félix Nadar y August Sander», y del papel esencial que tuvo en su vida su pareja y mecenas Sam Wagstaff.

El miércoles, Smith estará en París para asistir a la inauguración y participar en una charla en el Grand Palais. Quizá recordará lo que escribió en Just kids: al relatar el momento en el que el hermano pequeño de Robert le llamó para notificarle su fallecimiento, se dio cuenta de que «comenzó a sonar en la televisión el gran aria Vissi d’arte de Tosca: «He vivido del arte, he vivido del amor».


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Noticias / México: Le Clézio participa en la celebración de Octavio Paz

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Octavio Paz «era un mentor no sólo para México, sino para el mundo», afirmó el premio Nobel Jean-Marie Gustave Le Clézio durante una conferencia magistral ofrecida en la Biblioteca de México de la Ciudadela, con motivo del centenario del natalicio del autor de Piedra de sol, que se cumple mañana. Agregó que la poesía no es un lujo, sino una absoluta necesidad.  (Foto: Guillermo Sologuren)

C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Encontrar a Octavio Paz, dice el premio Nobel de Literatura Jean-Marie Gustave Le Clézio, «fue uno de estos momentos privilegiados, porque el Nobel y su esposa tenían este calor humano que podía hacer olvidar a uno la diferencia, no sólo de edad, sino de saberes también. Era un mentor no sólo para México o para mí, sino para el mundo, por su percepción de éste, por su originalidad. Podía ver al mundo sin los anteojos que falsifican la vista, lo veía como era, pero a la vez con compasión, interés y emoción muy sinceros». Una nota de Ericka Montaño Garfias para La Jornada:

Le Clézio ofreció este sábado una conferencia magistral en la Biblioteca de México en la Ciudadela, donde este lunes se inaugura la exposición Octavio Paz: de la palabra a la mirada, montada originalmente en 1998 con libros del autor de El laberinto de la soledad ilustrados por artistas nacionales y extranjeros y a la que se suman las primeras ediciones de todos sus obras en castellano. La muestra se abrirá al público el martes.

Ahí en la biblioteca, que Le Clézio conoció mucho antes de su modernización, el escritor leyó su discurso titulado Octavio Paz, aventurero. Habló del primer encuentro que tuvo con Paz en los libros que encontró en la biblioteca privada del poeta José Luis Martínez, entre cuyos volúmenes estaban los de Alí Chumacero, Gilberto Owen, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta. «De todos con los que me encontré, el más auténtico, profuso y audaz fue, natural y fatalmente, Octavio Paz.

«Él era un claro hijo del surrealismo y de las grandes novelas de la literatura prerrevolucionaria, como Los bandidos de Río Frío, y un aficionado a la obra mayor de Fuentes, La región más transparente, pero su autonomía literaria me convenció de inmediato.

«Paz es más bien el producto de un conjunto de fuerzas compuesto por el escepticismo de Góngora, la ola popular de Posada, la locura destructora de Cuesta y, a la vez, la sabiduría de los grandes historiadores mexicanos, de Mendieta a Cosío Villegas».

Leer a Octavio Paz como poeta en la biblioteca de José Luis Martínez «fue un encanto comparable a la lectura de los antiguos cantares de los aztecas: una palabra ligera, fluctuante, emocionante, rítmica, llena de magia y de fantasmas, que me introdujo a la versatilidad y a la imaginación del pueblo mexicano no hablo de exotismo ni de lo pintoresco, esas fallas son tan ajenas a la poesía de Paz, como lo eran a la inspiración de Nezahualcóyotl».

La aventura que preocupó toda la vida a Octavio Paz «fue la búsqueda de la modernidad. Todas sus palabras, su pensamiento, sus acciones, lo guiaron hacia esa inquietud», subrayó el Nobel ante un auditorio en el que estaban Marie Jo Paz, Elena Poniatowska, el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa, y muchos de los invitados nacionales e internacionales que participan en los festejos por el centenario del natalicio del Nobel mexicano.

Jean-Marie Gustave Le Clézio, autor de El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, habló también de la que considera la obra más significativa de Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, que «para mí es un libro total que abarca la historia, la reflexión filosófica y la creación poética. ¿Por qué lo escribió? Sor Juana es, evidentemente, junto con el último rey azteca Cuauhtémoc o el pobre campesino Juan Diego, una figura emblemática de México. Encarnan ambos la era moderna, que empezó en México más temprano que en Europa, debido al poder colonial, cuando el pueblo tuvo que parir con grandes dolores una civilización nueva, nacida de la combinación entre lo indígena y lo castellano, o mejor dicho entre lo mágico y lo racional; nadie hubiera podido vivir este parto de manera más emocionante que esta mujer.

«Octavio Paz, con su instinto y su poder poético, nos presenta el personaje de Sor Juana en su extrema complejidad, su pasión carnal, su orgullo intelectual, su imaginación, obstáculos a la fe intransigente del siglo de la inquisición. Como criolla, como mujer, Sor Juana tiene que someterse al poder de la religión y a la autoridad de los hombres, como Juana de Arco tenía que silenciar las voces de los ángeles, como Juan Diego tenía que olvidar el milagro de las rosas y como la reina rebelde de la india renunciar al amor y a la vida para llevar a su pueblo al combate contra el invasor inglés».

Acusaciones y divergencias

Octavio Paz «fue acusado de contrarrevolucionario a pesar de su afán de procurar el espíritu de la libertad o quizá por ser demasiado independiente». Se le acusó «a raíz de sus divergencias con Carlos Fuentes y su condena del movimiento zapatista. Basta leer Vuelta para darse cuenta de la verdadera audacia del poeta, su respeto a la libertad es también una desconfianza total de los sistemas radicales, cualesquiera que sean.

«Para Octavio Paz, nada puede superar la fuerza crítica de la poesía, justo porque es libre y exigente, como dijo el poeta ruso, Joseph Brodsky: la literatura es el más seguro contraveneno para luchar contra las tentativas cualesquiera que sean, ya conocidas o por venir, de una solución total y masiva a los problemas inherentes a la existencia humana.

«Si nos importa tanto la aventura de Octavio Paz, es que hemos entendido, por haber atravesado grandes dificultades y crímenes, que la poesía no es un lujo, sino una absoluta necesidad».

Y concluyó: «Gracias a Octavio Paz. Gracias al Poeta. Gracias al osado paseante del viaje interior».



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Textos / Juan Cruz: «En el desnudo y poético mundo de Octavio Paz»

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El escritor Octavio Paz, en 1996. (Foto: Gorka Lejarcegi)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de marzo de 2014. (RanchoNEWS).- Un viaje a la obra del escritor por Libertad bajo palabra, El ogro filantrópico, La llama doble y Conjunciones y disyunciones. Texto de Juan Cruz publicado en El País:

Abro algunos libros de Paz. Esperan él y la perfección, su manera de manifestarse en el mundo. Ojos azules, camisas azules, las manos tranquilas pasando páginas como quien vara olas. De los libros se sale sabiendo más; él entraba como el sumo hacedor mexicano de palabras que eran mundos. El mundo de Paz, perfecto y desnudo. Apetito de Paz. Se sale con sosiego. Y con una certeza: su estilo era la inteligencia del estilo.

Libertad bajo palabra. Aspiraba a Dios, a serlo. «Invento la víspera, la noche, el día siguiente que se levanta en su lecho de piedra y recorre con ojos límpidos un mundo penosamente soñado». Inventaba la quemadura y el aullido, «la masturbación en las letrinas»; el ramalazo surrealista, que compartió, está aquí combinado con la inteligencia; para hacer poesía se necesita intuición y cabreo, imagen. «Cierra los ojos y a obscuras piérdete/ bajo el follaje de tus párpados». Es, a la vez, palabra y arquitectura, sonido de la escultura que Paz va despertando y que habita en el interior de las palabras. «Húndete en esas espirales/ del sonido que zumba y cae/ y suena allá, remoto,/ hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida». Es un manifiesto, como su silencio a veces, los ojos azules escrutando al otro, poniéndolo contra las cuerdas de su música: «Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día». Mayúscula Palabra, como Paz y como Poeta.

El ogro filantrópico. Nada es casual, en este libro de retales tampoco; era minucioso y preciso, como un viejo pintor. Este libro es la recopilación de una idea, suelta en muchísimos textos sueltos: el Estado es un ogro que te quiere pero te engulle, te anula. Al frente puso Paz esta frase de Juan Ruiz de Alarcón (Los favores del mundo): «Es tirano fuero injusto/ Dar a la razón de Estado/ Jurisdicción sobre el gusto». Libertad poética, libertad política, cuidado con el ogro filantrópico, alerta Paz. Es el siglo XX su escenario, y él avienta ahí la experiencia de la guerra que vivió (la del mundo, la de España), la ascensión de los fascismos y su perenne acechanza. Cuando se iba acercando el fin del milenio, en España nos volvió a alertar, en 1991: la primacía del Estado taponará la esperanza de la libertad del individuo. Su malestar incluía los comunismos; cada vez se hizo más individual su situación de poeta, el poeta en su rincón, mirando asombrado que tampoco el arte podía con el tiempo. Este es, quizá, su manifiesto político más importante sobre su concepto de la libertad. «La prueba de la libertad no es filosófica sino existencial: hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir No al poder. No nacemos libres: la libertad es una conquista —y más: una invención». Y para apuntalar esa convicción elige «dos líneas de Ifigenia cruel, el poema dramático del olvidado y negado Alfonso Reyes…». Esas líneas son: «Llévate entre las manos, cogida por tu ingenio,/ Estas dos conchas huecas de palabras: No quiero». Es, quizá, la doble línea de la que parte la propia propuesta intelectual de Paz: No quiero. A partir de ahí monta la construcción de su poesía, y de ahí proviene la calidad de su ensayo. Nunca es sobre un asunto solo, confluye y diverge, es una excursión perpetua de su inteligencia. Y El ogro filantrópico es donde está mejor señalado ese territorio en el que marca su disgusto y su preferencia. Hoy podríamos poner en un espejo (el espejo de Paz) el final de este libro: «¿Por qué no poner en entredicho los proyectos ruinosos que nos han llevado a la desolación que es el mundo moderno y diseñar otro proyecto, más humilde pero más humano y más justo?». Porque nos devoró el ogro.

La llama doble. Su mirada azul era pícara también, y sensual. Aunque los velos de su personalidad no alentaban la autobiografía, aquí contó, en 1993, que casi todo nace del enamoramiento. Del suyo también. Enamorarse cambia la vida, la sitúa en el extremo del misterio, al que acude otro, para apagar la llama, o para avivarla. «El fuego original y primordial, la sexualidad levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida». Aquí están los ensayos que proclaman su relación con ese misterio, el amor por el otro, el erotismo y su parte menos imperiosa, el camino hacia la caricia, el impulso. No es Neruda, claro, su poesía es el tránsito de la inteligencia hacia la inspiración, pero del amor (se cuenta en La llama doble) nace casi todo lo que él entiende de su alma de poeta que no entiende: la poesía es la pregunta del misterio, porque, como el enamorado, pregunta al espejo, o al otro: «¿Quién eres?». Este conjunto de ensayos representa a Paz en la madurez de sus reflexiones, cuando ya mezcla la tenue autobiografía y los sentimientos de la inteligencia; es, en prosa, la continuación de su poesía. «Las palabras no dicen las mismas cosas que en la prosa; el poema no aspira ya a decir sino a ser. La poesía pone entre paréntesis a la comunicación como el erotismo a la reproducción». Si quieren tocar al poeta y no quieren abrasarse con sus versos, vayan a La llama doble.Lo hallarán sosegado, y enamorado aún.

Conjunciones y disyunciones. Este es un libro de 1969, por tantas razones (políticas, biográficas) esencial en la vida de Paz, expulsado por su propio deseo de la diplomacia y de la India, dedicado ya a ser más que nunca Paz, en la recta hacia la perfección, y también a perderse, lúcido, en el laberinto de la soledad. Un amigo, Armando Jiménez, le pidió que escribiese el prólogo de su libro Nueva picardía mexicana… «Acepté y no había escrito sino unas cuantas páginas cuando me di cuenta de que, en lugar de ceñirme al tema…». Total, que Paz escribió un libro a partir de la idea de Jiménez y a partir, cómo no, de la idea de la picaresca, que fue alimento de su literatura y que, como queda reseñado más arriba, se residenció también en sus ojos, en la mirada juvenil y alerta que lo acompañó siempre. A lo que asiste uno en este libro, aparte de compartir el espectáculo de su interpretación de tan lejana como presente circunstancia humana de la literatura, la picaresca, es al milagro que obra la inteligencia de Paz sobre los asuntos que se le proponen: el Estado, sus inconsecuencias, da de sí un manifiesto literario de la envergadura de El ogro filantrópico… Y la picaresca (la sola palabra picaresca) de pronto lo pone delante del folio como si se activara en su inteligencia un mecanismo incontenible, el de su estilo. La cultura de Paz no tiene muro, jamás le puso puertas al campo. Lo que sorprende no es que lo que se le ocurre. Lo que sorprende es que haya ocurrido Paz, esta inteligencia.



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