Rancho Las Voces: 11/01/2016 - 12/01/2016

Literatura / México: Cuatro escritores debatieron ¿Qué rayos es América Latina?

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«Todos ejercitamos una intolerancia impresionante», dijo Piñon. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).- De la charla participaron la colombiana Laura Restrepo, la brasileña Nélida Piñon, el peruano Alonso Cueto y el venezolano Alberto Barrera Tyszka. Sivina Friera reporta para Página/12 desde Guadalajara.

«¡Cómo no hablar de Fidel!», exclama Laura Restrepo en la 30° Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), durante la charla «¿Qué rayos es América latina?», en la que participan también Nélida Piñon (Brasil), Alonso Cueto (Perú) y Alberto Barrera Tyszka (Venezuela). La escritora colombiana comparte un texto que escribió a mano en su cuaderno, el luto comprimido en el trazo de las letras en tinta negra, por la muerte del líder de la revolución cubana. «Nos pasa con los seres queridos que al morir se llevan con ellos los lados oscuros de su existencia y le abren campo a la memoria de los luminosos, ¿así será con Fidel frente a la sombra tenebrosa de la isla de pinos, la casa de opositores, la restricción de libertades, el enriquecimiento y control por parte de la burocracia? ¿Crecerá la leyenda dorada? ¿Iremos recuperando el recuerdo vivo, el latido entrañable de la rebeldía de Moncada, la audacia en el Granma, las campañas de alfabetización, la dignidad frente al imperio, la identidad lograda en la América latina y su presencia en el mundo por fin conquistadas en una isla tan pequeña y tan enorme?», interpela la escritora colombiana, sin perder esa dulzura que la caracteriza, con cada uno de los interrogantes que arroja sobre el público que la escucha atentamente.

Restrepo busca provocar, en el sentido de generar un deslizamiento en las rígidas estanterías de las creencias que cristalizan etiquetas. «Es de perogrullo que el poder corrompe y Fidel no pudo librarse de esta máxima. Pero aquí radica la paradoja: eludir la responsabilidad de asumir el poder, después del triunfo, ¿no habría sido un pecado aún mayor? La única ética posible en la rebelión es alcanzar el poder. Si no gobierna lo nuevo, seguirá dejándole el control y las riendas del destino a lo obsoleto. De ahí que desentenderse del poder implique un acto de cobardía y posiblemente de traición. Y aquí vuelve abrirse la boca de la trampa: no por ineludible deja de ser sucia la realidad del poder, que degrada y corrompe. Pese a todo, quiero decir, en estos días que siguen a la muerte de Fidel, que Cuba sigue siendo nuestro mejor sueño, con toda la ambigüedad que la palabra sueño entraña; sueño como meta y destino, como reto, como paradigma, como alegría, como entusiasmo y coraje colectivos. Y también sueño entendido como nebulosa, como instancia de la realidad, como acechanza de algo que pude haber sido y no llegó a ser, como nostalgia de lo que aún no se ha logrado», plantea la autora de Delirio, que calificó de «fea y marcada por astros adversos» la era que comienza con el ascenso de Donald Trump y el deceso de Fidel.

«Laura puso un petardo sobre la mesa», dice Barrera Tyszka medio en broma, medio en serio. «Pertenezco a una generación de la izquierda antimilitarista a la que nos costó muchísimo entender que podíamos estar en contra del bloqueo y en contra de Fidel», afirma el escritor venezolano. «Trump es el triunfo de la televisión sobre la política, el triunfo de los estereotipos sobre cualquier complejidad. Entre lo que Trump prometió en su campaña y lo que pueda hacer realmente, habrá un gran trecho. Por lo pronto, las decisiones que está tomando sobre su gabinete no son buenas para el planeta. Lo peligroso es la sociedad que lo elije y lo pone ahí. Hay líderes y hay carismas que destapan la irracionalidad en la sociedad, y que legitiman la violencia y lo peor que hay en el ser humano. Trump ha logrado esto en Estados Unidos», advierte el autor de Patria o muerte. Restrepo admite que tiene una visión catastrofista porque el problema no es Trump sino la multitud que piensa como él. «Lo que está más allá de la muralla es la barbarie. La situación en Europa es igual o peor –compara la escritora colombiana–. Europa está viviendo un momento de retroceso feroz porque se está amurallando también. Trump es muy bestia y cuando habla de muro se imagina unas piedras encima de las otras. Los muros existen con el odio, con la discriminación, con las visas, con los campos de concentración que están armando. La Unión Europea pasó de ser una especie de paso progresivo de la humanidad a un aparato de defensa contra los que están afuera. Quizá la catástrofe no esté mañana sino pasado en la ruta de esos migrantes que están encontrando las puertas cerradas por todos lados. Lo de los muros es un símbolo muy fuerte que encierra la posibilidad o no de nuestra supervivencia como especie; es decir si seremos una cultura de muros o una cultura de puertas abiertas».

Cueto coincide que el fenómeno Trump es producto de la televisión, del espectáculo y del facilismo. «Hay un concepto de la post verdad; las verdades que las emociones aceptan, aunque la razón las rechace. Me he preguntado qué podemos hacer frente a algo así. Tenemos que tratar de vivir en sociedades distintas, que sean abiertas, que sean tolerantes, que sean plurales y respetuosas de todos los ciudadanos. Tenemos que crear porque la creación es una apertura al mundo. La apuesta por el futuro es la mejor manera de resistir», propone el autor de La hora azul. Piñon, una mujer que confiesa que se siente mulata, hace un gran llamado a la resistencia. «Cuando los imperios declinan, imponen severas restricciones porque tienen que impedir que los bárbaros crucemos el muro –explica la narradora brasileña–. El muro es consecuencia de la desconfianza infinita que tienen hacia nosotros. Somos bárbaros porque somos extranjeros que no respetamos las fronteras que nos quieren restringir. El lenguaje es un arma que se manipula contra nosotros o contra quien sea. Pero no somos inocentes, tenemos una intolerancia tremenda contra el negro, contra el gay, contra la mujer. Somos víctimas del prejuicio ajeno, todos ejercitamos una intolerancia impresionante». La autora de La república de los sueños recuerda que había una desconfianza tan grande entre los norteamericanos que nadie comentaba que iba a votar por Trump. «El mundo está viviendo un período muy difícil. La salida del Brexit, la salida de los ingleses, ha sido tremenda; pero hay que ver el peso de la burocracia que empobrece a la gente. Las instituciones norteamericanas no van a facilitar los atropellos de Trump. Los derechos humanos han prosperado mucho en estos tiempos; involucran el género sexual, la mujer, los negros, toda gente que había sido marginalizada», enumera Piñon para pronunciar el principio de un gran llamamiento: «Que venga Trump que nosotros vamos a enfrentar los muros».


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Libros / México: Carolina López asiste en la FIL a la presentación de «El espíritu de la ciencia-ficción»

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Lautaro Bolaño, hijo de Roberto Bolaño, y Carolina López, su viuda, este martes en la Feria del Libro de Guadalajara (México). (Foto: Ulises Ruiz Basurto)

C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).- Si hay dos escritores de los que se hable sin cesar en la Feria del Libro de Guadalajara esos son Mario Vargas Llosa y Roberto Bolaño. El peruano, homenajeado por sus 80 años, fue omnipresente los tres primeros días. El chileno, fallecido en 2003 a los 50, será el gran ausente durante esta semana dedicada a una literatura, la latinoamericana, que hace tiempo que lo consagró como el penúltimo gran maestro. No hay coloquio en el que no se pronuncie su nombre. Javier Rodríguez Marcos reporta desde Guadaljara para El País.

Este martes, además, el escritor y cineasta Guillermo Arriaga y el crítico Christopher Domínguez Michael presentaron por todo lo alto El espíritu de la ciencia-ficción, una novela inédita ambientada en la Ciudad de México, escrita en 1984 y que ha supuesto un sonado cambio de editorial por parte de los herederos de Bolaño. A partir de ahora será Alfaguara, y no Anagrama, la encargada de publicar la obra del autor de Los detectives salvajes. Entre este año y el que viene, serán 21 los títulos que el sello propiedad del grupo Penguin Random House pondrá a la venta tanto en formato trade –el de las novedades-, como en bolsillo y en electrónico.

Horas antes del acto público -en el que se ponderó a Bolaño como «un tipo extraño de escritor mexicano: un chileno chilango»-, Carolina López, su viuda, habló durante una hora con la prensa. Lo hizo con toda naturalidad pero rodeada por los editores de Alfaguara de México, España, Chile y Colombia. Entre los periodistas, además, se sentaban su hijo Lautaro, de 26 años, y su agente literario, el estadounidense Andrew Wylie, al que acompañaba Cristóbal Pera, responsable de la división de lengua española de la agencia que gestiona los derechos mundiales del autor de 2666 al lado de los de creadores como Borges, Philip Roth, Andy Warhol o Bob Dylan.

López explicó la organización del Archivo Bolaño, que atesora en Blanes (Girona) las 14.374 páginas que Bolaño dejó al morir en «varias pilas de papeles» y de las que ha salido El espíritu de la ciencia-ficción. 84 libretas, carpetas recicladas una y otra vez, libros de poemas distintos que combinan los mismos versos y casi un millar de cartas, junto a cientos de recortes, revistas y fotos, forman parte de un archivo que ya está digitalizado y ha empezado a recibir consultas de estudiosos de todo el mundo. Para López, el valor de un material así es que permite seguir el método de trabajo –notas de escritura, borrador y redacción en limpio- de un autor que tuvo su primer ordenador en 1995, que quiso ser escritor desde los 17 años, empezó a publicar a los 43 y murió a los 50. «Entre los 17 y los 43 escribió mucho, por eso hay tanto material», dijo. Todavía está por evaluar cuánto de lo inédito es publicable. ¿Lo era la novela que acaba de llegar a las librerías? «El manuscrito lleva su firma y una fecha -1984-, algo que no tiene otros originales», respondió López, que añadió: «Esto no es un montaje. Nunca comprometeríamos el prestigio de Roberto publicando cosas no ciertas. Tampoco vamos a decir que El espíritu de la ciencia-ficción vaya a hacerle sombra a una obra como, por ejemplo, 2666. La decisión de publicar algo es de la familia pero compartida con el agente y el editor, que la respalda».

Consciente de las suspicacias que ha despertado el cambio de editorial y el hecho de haber relegado al crítico Ignacio Echevarría, hasta ahora principal asesor literario del legado de Bolaño, Carolina López se hizo a sí misma la pregunta más comprometida: ¿habría publicado el propio Bolaño El espíritu de la ciencia-ficción? «La premisa es falsa porque él no está», se respondió. «Es posible que no porque iría publicando lo que estuviera escribiendo, pero seguro que estaría contento de que se publicara ahora». Echevarría publicó en este periódico un artículo que respondía a su vez a otro de López, también publicado en estas páginas. Entre otras cosas, el crítico afirmaba que fue él quien, venciendo las reticencias de la viuda del escritor, impulsó la publicación de sus primeros inéditos. ¿Fue así? «Todo lo que tenía que decir lo dije ya en el artículo de EL PAÍS», contestó López. «Solo añadiré que sin mi autorización no se hubiera publicado nada. No recuerdo haber sido reticente. Los primeros años fueron muy duros. Mi hija, Alexandra, tenía 2 años y Lautaro, 13. Y acababan de perder a su padre. No sé si [Ignacio Echevarría] se refiere a eso, pero cuando los chicos eran pequeños estábamos en otras cosas. El ritmo de la vida de una familia y el de valoración de un archivo no son el mismo. Cuando los chavales han crecido he podido dedicarme más a esto.»


Notas de Roberto Bolaño para su novela El espíritu de la ciencia-ficción. ARCHIVO BOLAÑO

Preguntada por el posible paralelismo entre su figura y la de María Kodama, viuda de Borges, López fue rotunda: «Es un orgullo que me comparen con ella. Solo hay que ver dónde y cómo está la obra de Borges. Ha hecho un gran trabajo para preservarla y difundirla». Luego agregó: «La viudas arrastran un estigma, son víctimas de un estereotipo machista. Cuando mis hijos se ocupen del legado de su padre, ¿también serán viudas? Yo no ejerzo de viuda de Bolaño igual que antes no ejercía de ‘señora de’. Yo hice mis estudios en la universidad y siempre mantuve mi profesión. Cada vez que se publica un inédito hay un enorme trabajo detrás, no lo pongan en duda. Insisto: nunca publicaremos nada que suponga siquiera un roce para el prestigio de Roberto. Todos sabemos que eso es lo más importante».

Horas más tarde, el mexicano Christopher Domínguez Michael, autor del prólogo de El espíritu de la ciencia-ficción, recordó que Bolaño estuvo enfermo mucho tiempo, por lo que «podría haber destruido lo que sabía que, a su muerte, iba a ser publicado; pero era consciente de su estatura de clásico». El crítico añadió que no había conocido al escritor en los años en que este vivió en México y que tampoco tenía nada que ver con el archivo: «No dejo pues que me regañen albaceas despedidos», dijo en referencia a las críticas de Ignacio Echevarría a la edición de una novela que el propio Domínguez Michael considera de mayor interés que inéditos como Los sinsabores del verdadero policía o El Tercer Reich. No es, subrayó, un «agregado inútil» sino una de las «piezas fundamentales» de la obra del autor más influente de la literatura latinoamericana del cambio del siglo XX al XXI. Solo hay que dar una vuelta por la FIL para comprobarlo.


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Cine / México: Stanley Kubrick y su vasto universo creativo llegan a la Cineteca Nacional

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Una escenografía sobre la película 2001. Odisea del espacio. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).- Stanley Kubrick: La exposición está conformada por guiones, lentes de cámara, libros, fotografías, vestuario, premios, maquetas y fragmentos de El resplandor, Lolita, Naranja Mecánica y 2001. Odisea del espacio, entre otras películas que realizó el director, que en conjunto suman más de 900 objetos que estarán disponibles a partir del viernes en La Galería, de la Cineteca Nacional. Antonio Díaz reporta para Crónica.

La muestra se ha presentado en 15 ciudades, siendo la capital mexicana la 16, y es resultado de un proyecto que tardó cerca de año y medio: «Hace un par de años estuvo en Monterrey, desafortunadamente no se pudieron establecer las fechas para que llegara a la Ciudad de México», señaló Alejandro Pelayo Rangel, director general de la Cineteca Nacional.

En 2004 vio la luz el proyecto, 12 años más tarde se presentará en La Galería de la Cineteca, luego de su paso por San Francisco, Estados Unidos: «Nuestra apuesta fue apoyar una apuesta de museografía con una propuesta de escenografía, es decir, el cine mezclado con la museografía y con los objetos invaluables de la exposición de Kubrick», detalló Pelayo Rangel.

El director de la Cineteca explicó que esta exposición llega después de Cineteca Nacional: 40 años de historia y ¿Actuamos como caballeros o como lo que somos? El humor en el cine mexicano, por lo que en esta ocasión esperan gran cantidad de público: «No hay un cálculo de la gente que llegará, esperamos que por lo menos sean muchos, como los que llegan al mes a la cineteca».

Debido a la posibilidad de una gran demanda, Alejandro Pelayo Rangel dijo que los boletos se venderán por lapsos, para evitar congestionamientos y esperan juntar 150 personas en cada bloque de acceso.

Caracteristicas.

Stanley Kubrick: La exposición reúne a más de 900 objetos del director de cine, por lo que se requirieron las cuatro salas de La Galería, en comparación con y ¿Actuamos como caballeros o como lo que somos? El humor en el cine mexicano, que ocupó tres salas.

Alejandro Pelayo Rangel habló de las diferencias entre lo presentado hace algunos años en Monterrey, ciudad que «estaba enfocada a la museografía y nosotros lo combinamos con escenografía».

En su turno, Hans Peter Reichmann, curador del Deutsches Filmmuseum, dijo que para esta muestra intentaron recoger toda la información posible que está documentada en los archivos de Stanley Kubrick, e incluso recurrieron a sus películas, «en las que hay un legado que nos permite tener un visión más de cerca de su mente».

La muestra cuenta con 1,800 fotografías en las que se aprecia a un creador desde su primera aparición para la revista Look, en la que participó como reportero gráfico, para después aparecer en imágenes mientras realizaba películas. Junto a esos documentos se podrán ver maquetas, vestuario de películas como Ojos bien cerrados, La naranja mecánica y Lolita.

El padre. 

Durante el anuncio estuvo Katharina Kubrick, hija del cineasta, quien recalcó que su participación consistía en hablar del Kubrick que fue «padre, abuelo y amante de los gatos. Por cierto, fue un padre muy estricto».

Katharina Kubrick dijo que la exposición es relevante para su familia, puesto que «cuando él murió, la prensa británica aprovechó para escribir muchas no verdades. Como no le gustaba dar entrevistas, inventaban cosas y para mi familia fue devastador leer ese tipo de cosas», concluyó.

Piezas de 2001: Odisea del espacio, su silla de director, fotografías de algunas escenas y el León de Oro que ganó en 1997, son objetos que el público podrá ver, además de una retrospectiva completa de las películas del cineasta, conferencias y un concierto de música sinfónica. Toda la información en http://stanleykubrick.cinetecanacional.net.

Stanley Kubrick: La exposición estará abierta al público del 2 de diciembre al 29 de mayo de 2017, en La Galería de la Cineteca Nacional, misma que contará con la app «Stanley Kubrick», disponible dentro de dos semanas para los diferentes sistemas operativos, cargada con 21 audios para acompañar el recorrido. Costo del boleto $65, aplican descuentos.


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Literatura / España: Eduardo Mendoza gana el Premio Cervantes 2016

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El escritor barcelonés «posee una lengua literaria llena de sutilezas e ironía», destaca el jurado. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).-Eduardo Mendoza es el ganador del Premio Cervantes 2016, el máximo galardón de las letras españolas, ha anunciado el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo. El Nobel de las letras en castellano, dotado con 125.000 euros, ha seguido, un año más, la tradición no escrita de alternar entre un escritor español y uno latinoamericano. En 2015 recayó en el escritor mexicano Fernando del Paso. El Cervantes, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura, reconoce la trayectoria de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano. Jesús Ruiz Mantilla reporta desde Madrid para El País.

Mendoza (Barcelona, 1943) inició su carrera literaria en 1975, con la publicación de La verdad sobre el caso Savolta, que recibió el Premio de la Crítica. Desde entonces ha publicado 15 novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos. El jurado, según recoge el acta, le ha otorgado el premio «porque, con la publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista». Eduardo Mendoza, continúa el comunicado, «en la estela de la mejor tradición cervantina, posee una lengua literaria llena de sutilezas e ironía, algo que el gran público y la crítica siempre supieron reconocer, además de su extraordinaria proyección internacional».

El premio Cervantes corona la lista de galardones a su obra, que incluye el Planeta, recibido en 2010 por Riña de Gatos, y el José Manuel Lara por Mauricio o las elecciones primarias, en 2007. Su consagración llegó en 1986 con La ciudad de los prodigios, una novela que muestra la evolución social y urbana de Barcelona entre las dos exposiciones universales de 1988 y 1929.

Mendoza ha alcanzado un gran éxito de ventas con la serie protagonizada por un peculiar detective ingresado en un manicomio (El misterio de la cripta embrujada, La aventura del tocador de señoras) que mezcla la parodia con el género policiaco. Su última obra El secreto de la modelo extraviada, es la quinta entrega de la serie.

El presidente del jurado, Pedro Álvarez de Miranda, representante de la Real Academia Española, ha declarado que Mendoza se ha impuesto «por mayoría, tras cuatro votaciones». «Ha sido una deliberación y una votación muy cordial pero nada fácil, dado el inmenso número de candidatos. Esta vez se ha decidido dar el premio a un novelista puro». Álvarez de Miranda ha añadido que Mendoza «venía del mundo de la traducción y que su primera novela fue un auténtico hito, La verdad sobre el caso Savolta». Miranda ha destacado del autor barcelonés «la incorporación constante del humor» y que «siendo un novelista catalán es un premio de literatura en castellano a toda una obra escrita en castellano». Se trata de «un dignísimo ganador, y viendo el palmarés del Cervantes hay que mantener muy alto el listón, y Mendoza lo consigue».

El resto de miembros del jurado han sido: Ana María Nafría, de la Academia Salvadoreña de la Lengua; Antonio Sánchez Trigueros, designado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Liliana Weinberg, por la Unión de Universidades de América Latina; Luisa Castro, por el director del Instituto Cervantes; Fernando Rodríguez Lafuente, por el ministro de Educación, Cultura y Deporte; María Luisa Ciriza, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Teodoro Rentería, por la Federación Latinoamericana de Periodistas; y Urszula Aszyk-Bangs, por la Asociación Internacional de Hispanistas. José Pascual Marco, director general de Industrias Culturales y del Libro, ha actuado como secretario (con voz pero sin voto); y como secretaria de actas (también con voz pero sin voto) Mónica Fernández, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Española.

España es el país que tiene más galardonados, 22; seguido de México, con seis; Argentina, con cuatro; Chile y Cuba, tres; Colombia, uno; Paraguay, uno; Perú, uno; Paraguay, uno.

Todos los galardonados

2016 - Eduardo Mendoza
2015 - Fernando del Paso
2014 - Juan Goytisolo
2013 - Elena Poniatowska
2012 - José Manuel Caballero Bonald
2011 - Nicanor Parra
2010 - Ana María Matute
2009 - José Emilio Pacheco
2008 - Juan Marsé
2007 - Juan Gelman
2006 - Antonio Gamoneda
2005 - Sergio Pitol
2004 - Rafael Sánchez Ferlosio
2003 - Gonzalo Rojas
2002 - José Jiménez Lozano
2001 - Álvaro Mutis
2000 - Francisco Umbral
1999 - Jorge Edwards
1998 - José Hierro
1997 - Guillermo Cabrera Infante
1996 - José García Nieto
1995 - Camilo José Cela
1994 - Mario Vargas Llosa
1993 - Miguel Delibes
1992 - Dulce María Loynaz
1991 - Francisco Ayala
1990 - Adolfo Bioy Casares
1989 - Augusto Roa Bastos
1988 - María Zambrano
1987 - Carlos Fuentes
1986 - Antonio Buero Vallejo
1985 - Gonzalo Torrente Ballester
1984 - Ernesto Sábato
1983 - Rafael Alberti
1982 - Luis Rosales
1981 - Octavio Paz
1980 - Juan Carlos Onetti
1979 - Jorge Luis Borges
1979 - Gerardo Diego
1978 - Dámaso Alonso
1977 - Alejo Carpentier
1976 - Jorge Guillén


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Galería / Berenice Abbott: «Eugène Atget»

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Eugène Atget


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Textos / «I FIL good» por Jorge F. Hernández

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Cartel de la FIL. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).-Reproducimos el texto de Jorge F. Hernández con motivo de la 30° edición de la Fil que escribe en su blog Cartas de Cuévano publicado en El País donde nos cuenta «Por andar de 'cazafirmas' pude convertir en ritual el milagro anual de ver en persona a los escritores que admiraba»

Todo empezó con piso de tierra y carpas alargadas. Yo iba de colado con mi maestro Luis González y me quedé cerca de una mesa donde no había libros, sino ron, cocacolas y unos hielos. Se me acercó un hombre de barbas, quizá para averiguar mi procedencia y con el salvoconducto de mi maestro, decidió preguntarme cómo veía la Feria del Libro. Le respondí con amplias dudas, augurándole una corta vida que –afortunadamente—resultó ser una equivocadísima imbecilidad.

A partir de entonces, seguí viajando año con año a Guadalajara como para verificar mi errado pronóstico, convertirme en ávido cazador de autógrafos y, lamentablemente, exagerado y mal bebedor de esa brebaje tradicional de la región que conocemos como tequila. Por andar de cazafirmas pude convertir en ritual el milagro anual de ver en persona a los escritores que admiraba y que a partir de 1991 fueron conformando la honrosa galería de lo que se llamaba Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo hasta el año 2005. Recuerdo a Nicanor Parra ante una panda de intolerantes universitarios que exigían que el Poeta declarase si creía o no en Dios, a lo que respondió que «Sí… se llamó Juan Sebastián Bach» o la mano de Eliseo Diego extendida sobre la panza de mi esposa, como si bendijera al hijo que ya llevábamos embarazados ambos en 1993. Recuerdo a Julio Ramón Ribeyro, por supuesto fumando y a Nélida Piñón que hablaba cantando, a Monterroso que afirmó en un discurso que sería breve y dijo entonces. «Muchas gracias». Recuerdo el premio para Juan José Arreola y que se me concedió presentar a su lado un hermoso librito que festejamos degustando una honrosa botella de champán y a Juan Marsé que hablaba como los ángeles en 1997, a Juan García Ponce en 2001 y siguieron Cintio Vitier, Rubem Fonseca, y Juan Goytisolo hasta que el premio para Tomás Segovia suscitó la lamentable confusión que motivó el cambio de nombre y se convirtió por dos años en Premio FIL de Literatura (a secas) con Monsiváis y Del Paso y luego, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances con Antonio Lobo Antunes… y así, tres décadas donde mi generación pasó de ser lectora a escritores en ciernes, presentadores en potencia, conferencistas poco a poco consuetudinarios sin dejar de leer a cada uno de los autores galardonados y los cientos de buenos ensayistas, notables novelistas, prístinos poetas, minuciosos cronistas y todos los géneros de diversos idiomas y banderas que han paseado sus biografías por los pasillos de esta FIL que año con año aumenta en su número de lectores visitantes y en espacios de exhibición, venta, conversación, debate y tertulia de libros y literaturas.

En la FIL he visto año con año la conmovedora y encomiable abundancia de lectores no sólo de Guadalajara o de Jalisco, sino de muchas regiones de México

Que conste que sólo he faltado a cinco ediciones, incluyendo el año en que ni llegué a las instalaciones por redefinir el Universo durante cinco días de intensa juerga con mariachis en Tlaquepaque o la edición en que el país invitado fue Cuba y preferí mantenerme lejos del cantado conflicto que se pintó ente la Cuba Disidente y los enviados oficiales del Comandante, recién fallecido. Hay quienes creen que mi mejor participación fue apenas el año pasado al honrarme con la posibilidad de conversar en público con mi amigo Antonio Muñoz Molina o las ocasiones en que igualmente he podido demostrar la conjugación de afecto y admiración con José Emilio Pacheco, Eliseo Alberto, Juan Villoro, Margo Glantz, Tomás Segovia. Hay quien asegura que lo mejor de estas décadas ha sido que me presenten mis hijos cantando o el orgullo con el que he visto florecer a no pocos autores jóvenes y otros que ya no son tan jóvenes, todos escritores que leo gracias al contacto directo de verlos triunfar en la FIL, pero confieso que no andan errados los que sustentan que mi mejor participación fue cuando trabajaba como editor en Fondo de Cultura Económica y al término de la primera jornada descubrí al volver al hotel que al trío que tocaba boleros en el lobby bar les faltaba un integrante. Me dijo el dúo que el tercero de ellos estaba hospitalizado, pero su guitarra estaba en el clóset de la limpieza. Esa misma noche me contrataron como tercero en discordia y todo iba de maravilla hasta que alguien llevó nada menos que a D. Miguel de la Madrid, director del FCE, expresidente de México y mi azorado jefe que con sólo mirarme calló la música. Le expliqué que mi compromiso editorial terminaba a las 19:00 horas en el stand y que, en realidad, ganaba un poco más con las propinas que con lo que me correspondía en viáticos. «En ese caso, toquen “Piel canela”» dijo Don Miguel y quedó autorizada mi fechoría.

Donde sí pegué un petardo memorable fue la tarde en que llegué corriendo al salón José Luis Martínez y comprobar que la sala repleta miraba ansiosa a un solitario autor ya sentado en la mesa de un silencio. Sin saludar, me instalé a su lado y empecé por declarar que «la novela que nos une hoy es en realidad una serie de cuentos hilados» y el autor me miraba hipnotizado; proseguí diciendo que «se podrían leer los capítulos como relatos separados y, sin embargo, celebro que la estructura más que ornamental denota que se trata realmente de una novela» y aquí, el autor ya me daba codazos por debajo de la mesa… hasta que volteó el ejemplar que se exhibía en un atril y me dejó ver que se trataba de un libro en octavo titulado Cactáceas de Sinaloa editado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Aún así, pregunté al público que abarrotaba la sala si acaso había alguien que quisiera saber qué novela estaba yo –equivocadamente—alabando y quién era el autor que intentaba yo presentar ante ellos y un señor canoso de la primera fila me dijo que NO con su dedo, por lo que salí cabizbajo del salón sin tener la menor idea de cómo diablos un libro sobre cactáceas lograba llenar todas las sillas de ese salón.

Está la vergonzosa ocasión en que por culpa del tequila ejercí una rara forma de la crítica literaria vomitando sobre el estante de Seix Barral (en la época gris en que todos los ejemplares venían importados de España) y tuvo que volar a Guadalajara mi padre para liquidar la deuda, incluyendo dos ejemplares de cuyo título no quiero acordarme sobre los que bailé un zapateado etílico. Confieso que en más de una ocasión he fingido que hago traducción simultánea con autores en idiomas que no conozco (por ejemplo, del hebreo con Etgar Keret y del ucraniano con Quiénsabequién) y la conmovedora edición de la FIL en que una señora juraba que yo era hijo de Pavarotti (tan sólo porque Italia fue el país invitado de ese año) y confieso públicamente que he firmado no pocos ejemplares del cineasta Guillermo del Toro y de Francisco Taibo II, tan sólo para no romper la ilusión de los incautos lectores que se me acercan pidiéndome sus firmas y también confieso que me presenté ante un salón repleto asegurando que yo era Antonio Bryce Echenique y que no le veía tanto problema al penoso problemón del plagio que empañó su otrora límpido prestigio.

En la FIL he visto año con año la conmovedora y encomiable abundancia de lectores no sólo de Guadalajara o de Jalisco, sino de muchas regiones de México que acuden para comprar los libros por los que ahorran durante el año y para ver en persona a los autores que nos dan ideas y conversación. He visto a los escritores que transpiran grandeza intemporal y quedan congelados en intocables sonrisas de gaviero contemplando el mar, de leyenda envuelta en mariposas amarillas, de la musa que se vuelve anciana por las noches y de pueblos de muertos donde alguien se derrumba al final como un montón de piedras. Aquí he visto desfilar las ediciones invaluables de libros que he seguido leyendo como memoria viva en los estantes de diversos paisajes y he escuchado como público y participado como espontáneo en conversatorios y presentaciones que realmente confirman que lo único que nos salva como personas, como país y como planeta está en los libros, en los libros que cierto político no pudo citar aquí mismo, pero también en los poemarios que justifican la belleza de una mirada intemporal o en los ensayos que explican el resplandor de un instante y las crónicas que resumen al mejor oficio del mundo. Es la FIL, la más importante reunión de la lengua castellana, del idioma español con todos los acentos con los que se habla a lo largo y ancho del mundo. La feria que empezó bajo una carpa sobre un piso de tierra donde el hombre de barbas que se acercó donde yo abusaba del ron resultó ser en ese entonces el rector de la Universidad de Guadalajara que echó a andar este inmenso escaparate que –efectivamente—parece que va bien y para largo.


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Música / México: Alistan la quinta edición del Festival Aural; participarán 30 músicos

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Logo del Festival. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).- La música electrónica, el jazz, el rock, la improvisación y la música clásica contemporánea son los géneros que estarán presentes del 30 de noviembre al 4 de diciembre, en varios recintos de la Ciudad de México, con motivo de la quinta edición del Festival Aural 2016. Antonio Díaz reporta para Crónica.

En entrevista, Rafael Villegas, director de Contenidos, explica que en esta ocasión el festival contará con la participación de más de 30 artistas como Godflesh, de Reino Unido; Cleric, de Estados Unidos; OOIOO, de Japón; Joachim Montessuis, de Francia, y a los mexicanos Musgos, Mario de Vega, Gudinni Cortina y Erreopeo, por mencionar algunos. Algunos conciertos serán gratuitos y otros con costo, en recintos como el Lunario del Auditorio Nacional, Casa del Lago Bosque de Chapultepec Primera Sección y el Auditorio Blackberry Puerta Condesa Las Américas, entre otros. Toda la información en www.festivalaural.mx.

En cuanto a la selección de propuestas musicales, Rafael Villegas indica que se hicieron con el mismo rigor que siempre ha caracterizado al Festival Aural: «Intervendrán grandes nombres que han cambiado el curso de la historia musical, o por lo menos en el ámbito en el que se desarrollan, aspecto que está representado este año por Godflesh, a quien se le adjudica haber inventado la mezcla de metal y música industrial».

Durante la cuarta edición, que se llevó a cabo en 2014, asistieron aproximadamente 5 mil personas. En cuanto al público, el director de Contenidos señala que siempre están al pendiente: «Sugieren por redes sociales a bandas. Anunciamos que íbamos a regresar y la respuesta fue positiva, se acercaron a opinar, comentarios que se toman pero no para el momento por cuestiones de recursos económicos y agenda de los artistas».

El Festival Aural «responde a una necesidad de los artistas y de la gente creativa», que este año destaca por el concierto con cortometrajes restaurados de Georges Mélliès, que se llevará a cabo el 4 de diciembre en el Lunario del Auditorio Nacional, «una caja negra que suena muy bien, que tendrá a John Medeski, Lee Ranaldo, Kenny Grohowski y Mike Rivard».


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Literatura / México: La nueva movida latinoamericana en la FIL

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«La literatura, además de ser un esfuerzo solitario, es algo colectivo», se dijo en la mesa de debate. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).-«No les pondremos etiquetas, ni nietos del boom, ni del post-boom, ni discípulos del crack, simplemente diremos que son jóvenes que experimentan, que se atreven, que están atentos a la dramática realidad de sus países», plantea Laura Niembro, de la organización de la FIL. Sivina Friera reporta desde Guadalajara para Página/12.

La vitrina de lo que vendrá en la literatura latinoamericana está en la Feria del Libro de Guadalajara (FIL). Para festejar sus 30 años, la feria eligió a un grupo de 20 escritores nacidos en los ochenta, diez hombres y diez mujeres provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. «No les pondremos etiquetas, ni nietos del boom, ni del post-boom, ni discípulos del crack, simplemente diremos que son jóvenes que experimentan, que se atreven, que están atentos a la dramática realidad de sus países, hijos del neoliberalismo, para quienes la violencia y el narco ya no son personajes, sino parte de su contexto de vida», plantea Laura Niembro, directora de Contenidos de la FIL en la presentación del programa «Ochenteros», con Camila Fabbri (Argentina), Joel Flores (México), Francisco Ovando (Chile) y Marcela Ribadeneira (Ecuador). «Lo que puedo encontrar en común es cierta multiplicidad; hay varios escritores que no sólo se dedican a la narrativa, sino que escriben dramaturgia y teatro. También hay directores de cine que tienen la necesidad de ir por el camino de la escritura», reflexiona Fabbri, autora del libro de cuentos Los accidentes.

Para Flores (Zacatecas, 1984), autor de los libros de relatos El amor nos dio cocodrilos y Rojo semidesierto, lo principal es el lenguaje. «La literatura, además de ser un esfuerzo solitario, es algo colectivo. La generación del 80 en México es la que más número de escritores tiene». Ribadeneira (Quito, 1982) subraya que hay una característica en común: la hibridación de géneros. «Hay una promiscuidad de géneros y formatos que conviven en una misma obra; hay un dejar atrás la identidad nacional –asegura la autora del libro de relatos Matrioskas, artista visual que trabaja con el collage digital–. Se ha pasado de la narración del personaje versus el sistema a la narración del personaje versus el personaje. Por supuesto que en esas narraciones se filtran el trasfondo político, como en Colombia o en México. Durante el boom los autores eran ciudadanos del mundo por sus viajes; ahora Internet nos hace ser una suerte de ciudadanos universales». Ovando (Rancagua, 1989), autor de las novelas Casa volada y Acerca de Suárez, destaca el papel que están cumpliendo las editoriales independientes en la visibilidad y circulación de los nacidos en la década del 80. «Si hay algo que une a mi generación es que hay una forma de acercarse a la literatura que tiene que ver con el hibridaje de géneros -coincide-. Las diferencias, más que separarnos, nos unen. Ahora no respondemos a identidades nacionales, sino a otras búsquedas que quizá tengan que ver con Internet, con lo trasnacional en el mejor sentido».

Fabbri (Buenos Aires, 1989), autora de tres obras teatrales, Brick, Mi primer Hiroshima y Condición de buenos nadadores, repasa los temas que la obsesionan. «Algo que aúna todo, que está presente en mi libro de cuentos y en las obras de teatro, tiene que ver con la sensación de que en cualquier momento puede ocurrir una catástrofe. Me dan pánico los aviones -confiesa la narradora y dramaturga-; el libro Los accidentes habla mucho de los aviones y de cómo vivir con eso». Flores, autor de la novela Nunca más su nombre, que forma parte de una trilogía que explora los daños provocados por el crimen organizado en México, advierte que «cada libro te pide una búsqueda distinta». Ribadeneira reconoce que no sabe lo que hace, que es «pésima» para hablar de ella misma. «Mi búsqueda principal es contar, como dice T.S.Eliot, que el mundo no termina con una explosión, sino con un gemido. Me interesan los personajes que están ‘al borde de’ porque son una metáfora de la volatilidad -explica la escritora ecuatoriana-. Me interesa mucho el ser humano, no sólo desde el punto de vista de qué piensa o qué siente, sino desde el punto de vista orgánico, de qué hace en el universo. Me gustaría que mis oraciones fueran como ecuaciones, creo que mi objetivo final es unir la literatura con la ciencia».

Los diálogos de «Ochenteros» continuarán con Mauro Libertella (Argentina), Carlos Manuel Álvarez (Cuba), Liliana Colanzi (Bolivia), Paulina Flores (Chile), Carlos Fonseca (Costa Rica-Puerto Rico), Jennifer Thorndike (Perú), Damián González Bertolino (Uruguay), Carol Bensimon (Brasil), Enza García Arreaza (Venezuela), Ave Barrera (México), Arnaldo Gálvez Suárez (Guatemala), José Adiak Montoya (Nicaragua), Carol Rodrigues (Brasil), Camila Gutiérrez (Chile), Oscar Guillermo Solano (México) y Pedro Acuña (México). «En la cuadra de Zacatecas donde viví, los cuates se fueron por otros caminos; algunos han desaparecido», cuenta el escritor mexicano. «Las series de televisión enseñan a narrar más que los talleres literarios porque los que están haciendo las series son escritores. Si tuviera que ir a una isla desierta, me llevaría Netflix». A Ovando, que vive en Nueva York, le gusta imaginar el apocalipsis y lo que sucede después. En Acerca de Suárez despliega una fantasía postapocalíptica situada en el desierto, en un pueblo al que se le acaba la electricidad. «Tengo una desconfianza frente al realismo, la realidad me decepciona. Cuando uno piensa de manera realista, imagina que el mundo tiene una lógica, pero casi inmediatamente la lógica se quiebra y suceden cosas increíbles como Trump, que me tiene muy mal. Todo el mundo decía que era imposible que pasara. Y pasó», recuerda el narrador chileno que nació «de un país asolado por el neoliberalismo», donde mucha gente habla contra Fidel Castro.

«Yo tengo apocalipsis diarios –revela Fabbri–. Me gusta pensar que si hay un fin del mundo está marte y podemos ir todos para allá». Ribadeneira aclara que el concepto de «fin» es una construcción. «Soy un poco morbosa, me encantaría que un asteroide o una lluvia ácida acabe con el mundo». Ovando cree que el propio humano será el causante del eclipse. «Hay mundos que se acaban y hay mundos que comienzan. Los fines del mundo están mediados por algún tipo de violencia; con Trump empieza un mundo terrible. Los fines del mundo no son cosas estrepitosas; es casi como un susurro y creo que hay estar muy alertas».


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Artes Plásticas / Italia: Terminó la Bienal de Arquitectura de Venecia; récord de visitantes

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El binomio Cadaval & Solà-Morales, que pugna por fomentar la sociabilización, llevó esta propuesta a la Bienal de Arquitectura de Venecia, que el domingo concluyó. (Foto: Tomada de su página oficial en Internet)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).-La edición 15 de la Bienal de Arquitectura concluyó el domingo pasado, con un total de 260 mil visitantes durante seis meses, cifra que superó 14 por ciento la afluencia del encuentro anterior a cargo de Rem Koolhaas. Alejandra Ortiz Castañares reporta desde Venecia para La Jornada.

Se recuerda la participación del dúo hispano-mexicano Cadaval & Solà-Morales (ganador del Premio FAD Internacional 2016), invitado por Alejandro Aravena, por incluir en sus proyectos, sean públicos o privados, espacios que fomentan la sociabilización.

Además, Aravena invitó de México a un equipo de arquitectos integrado por Tatiana Bilbao (ganadora en 2014 del Premio Mundial de Arquitectura Sostenible), Rozana Montiel, Derek Dellekamp y Alejandro Hernández, quienes mostraron un proyecto urbanístico acorde con el lema de la bienal, desarrollado en un parque de la delegación Iztapalapa, en el oriente de la Ciudad de México (en la sierra de Santa Catarina), habitada en su mayoría por migrantes muy pobres originarios de Oaxaca, Puebla y el estado de México.

Durante la inauguración de la bienal, los arquitectos (exceptuando a Rozana que en ese momento no se encontraba), explicaron a La Jornada el sentido de su obra: «Conocimos a Aravena porque lo invitamos a participar en La Ruta del Peregrino (Jalisco). Éramos su contacto en México.

«Nuestro interés ha sido desarrollar un trabajo concreto y de impacto social, donde el dinero de la bienal no se utilizara sólo para exponer, considerando que una vez concluida, se acabaría todo. Preferimos utilizarlo para algo perdurable, que tuviera un impacto en el sitio, conscientes de las necesidades del país.

«Simplemente hicimos un camino alumbrado, que atraviesa un parque muy peligroso que divide dos barrios, ambos ubicados en el límite de la ciudad. En uno llegan las microbuses, sin embargo, para ir al otro barrio, debe forzosamente cruzarse el parque.

«Las personas, sobre todo en la noche, prefieren dar toda la vuelta porque está oscuro y muy solo. Para ello emplean unos 40 minutos adicionales para llegar a sus hogares.

«Rozana –continúan– tenía contacto con la comunidad del barrio, que está muy bien organizada, comprometida y ha participado también en la construcción del sendero.

«En Venecia hicimos una propuesta simbólica, proyectando sobre el suelo un camino de luz y una pantalla con escenas del lugar.

«Nuestro interés estuvo en la acción, en resaltar lo mucho que puede ocurrir con un gesto tan pequeño. La simple iluminación de un camino puede generar un efecto detonador de cambio», concluyeron.

Este equipo de arquitectos ha aportado un modelo de intervención en las periferias, compatible con las tendencias adoptadas por esa bienal, basada en una acción respetuosa de las necesidades específicas del lugar, sin dispendios, en contacto y con la colaboración de la comunidad, buscando ideas brillantes que suplan la falta de presupuesto, transformándolo en espacio de reunión.

En esta bienal regresó la arquitectura al servicio de la comunidad tras años de exacerbación formalista estéril, más cercana a los museos que a las personas. Se revivió un clima de colaboración que recordó los años 60 del siglo pasado, aunque con una conciencia ética muy actual, con la finalidad de responder a la presión del crecimiento desmedido de las ciudades y a la exigencia de hacerlas habitables para todos.


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Galería / Bruce Barnbaum: «Moonrise Over Cliff and Dunes»

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Moonrise Over Cliff and Dunes
1976


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Galería / Fred Herzog: «Crossing Powell»

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Crossing Powell
1984
Archival Pigment Print
Equinox Gallery, Vancouver


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Galería / Edward Weston: «Dunes, Oceano (25 SD '36)»

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Dunes, Oceano (25 SD '36)
1936
Gelat
19.05 x 24.13 centimeters
Robert Klein Gallery


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Galería / Christian Tagliavini: «Mademoiselle Emilia»

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Mademoiselle Emilia
2014
Archival Pigment Print
160 x 128 cm
© Christian Tagliavini / Courtesy of CAMERA WORK


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Galería / Hrair Sarkissian: «Churches»

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Churches
2009
archival inkjet print
111 x 138 cm
Kalfayan Galleries, Athens-Thessaloniki

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Galería / Leandro Katz: «Lunar Typewriter»

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Lunar Typewriter
1979
Lambda print 76 x 101 cm


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Cine / «Aquarius» y Sonia Braga también conquistan Argentina

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Sonia Braga y el edificio Aquarius, los grandes protagonistas. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).- Clara es viuda. Tiene 65 años y disfruta a pleno de su retiro frente a la playa en la ciudad de Recife, gracias a los 5 pisos que le permiten vivir de los arriendos y una prolifera vida de periodista que además, le otorga cierto prestigio social. Sin embargo, la voracidad inmobiliaria –enemigo silencioso de los pueblos de América Latina- interrumpirá su agraciada vida y la enfrentará a sus contradicciones. Eso es lo que cuenta Aquarius, el segundo largometraje de ficción de Kleber Mendonça Filho, quien nació en esa ciudad, al punto que la adoptó como eterno set de filmación, luego de Sonido de Barrio, estrenada en más de 40 países e incluida en la lista de las 10 mejores películas de The New York Times en 2012, y los cortometrajes Recife Frío (2009) y Noche de viernes, mañana de sábado (2007), entre otros trabajos. Aquarius se presentó a sala llena en el Festival Internacional de cine de Mar del Plata y ya se convirtió en una de las favoritas del público, que la ovacionó de pie. Una vez más, Sonia Braga ha enamorado a los argentinos. Ramiro Barreiro reporta desde Mar del Plata para El País.

En una imaginaria tabla de valoración, habría que establecer a Doña Flor y sus dos maridos y a Ciudad de Dios como extremos de aceptación de una película brasileña en Argentina. En ese lugar hay que colocar a Aquarius. No es la primera vez que la cinta del director de 48 años goza de tal privilegio: el pernambucano marcó el regreso de los directores brasileños al Festival de Cannes y cosechó numerosos elogios. Desde ahí, la película se disparó en todo el mundo, al punto que Netflix ya adquirió los derechos para incluirla entre sus ofertas en 2017 y cuenta con cuatro nominaciones a los premios Fénix del cine iberoamericano.

Clara es la última residente de Aquarius, un edificio original de dos pisos construido en 1940 en la Avenida Boa Viagem, una zona de clase alta junto al mar en Recife. Todos los departamentos vecinos ya han sido comprados por una compañía que tiene otros planes para ese lote; una firma que en forma paradójica se llama Bonfim. Pero la mujer, que le ha ganado a un cáncer de mama, resistirá una suerte de desalojo psicológico implementado por la compañía. Lo que resulta es una suerte de guerra fría, una confrontación que resulta ser una disputa entre dos estilos de vida distintos: de un lado, la vida contemporánea, marcada por el consumo ostentoso; del otro, la que promulga un sentido de comunidad. Clara se verá enfrentada en sus contradicciones, marcadas por el pleno respeto de su libertad y, al mismo tiempo, por sus propios refugios burgueses y el simple acceso al confort del que goza, ya sea para que otra mujer haga las tareas de la casa, como para satisfacer algún deseo sexual.

«Me parece interesante que mis protagonistas sean una persona y un edificio que tienen más o menos la misma edad, y de algún modo ambos se sienten amenazados. La película surgió de una serie de eventos, incluidos un exceso bastante mundano de llamadas telefónicas que recibí en casa: llamadas de telemarketers para vender todo tipo de suscripciones a tarjetas de crédito, obras sociales, TV por cable, o diarios. Me sentí bajo ataque por el mercado, que intenta obligar a la gente a comprar cosas que no quiere», explicó el director en una entrevista a EL PAÍS.

La exposición en Cannes también le acercó enemigos. Parte principal del elenco y el director exhibieron carteles en la alfombra roja del certamen con las leyendas «El mundo no puede aceptar este gobierno ilegitimo», «Brasil ya no es una democracia», «Machistas, racistas y estafadores como ministros» o «Un golpe tuvo lugar en Brasil». Hacían referencia al impeachment que se le realizó a Dilma Rousseff y al nuevo Gobierno que asumió en consecuencia, el de Michel Temer, incluso, la expresidenta agradeció el gesto en su cuenta de Twitter: «Gracias, Kleber Mendonça Filho, Sonia Braga y Maeve Jinkings – el talento del Brasil en Cannes. Al elenco extraordinario de la película Aquarius, un beso en nombre de la democracia». La respuesta del nuevo Gobierno no tardó en llegar: la elección para que Pequeño Secreto, de David Schurmann, represente al país por un lugar en los Oscar, por sobre la obra de Mendonça Filho, fue muy criticada en Brasil y muchos sostienen que se trató de un castigo. La elección había comenzado mal, con la decisión de muchos directores de bajar sus filmes luego de que el crítico de cine Marcus Petrucelli fuera designado para el comité de selección, el mismo que antes de asumir había criticado al equipo de Aquarius por su reprobación a Temer. «Va a ser muy difícil para ellos, porque el filme está básicamente en todos lados», respondió Kleber.


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Libros / «Kafka» de Reiner Stach

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Reiner Stach. (Foto: Santi Cogolludo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de noviembre de 2016. (RanchoNEWS).-Reiner Stach pasó 18 años reconstruyendo el puzzle que constituía hasta la fecha la personalidad de uno de los autores más brillantes y a la vez más dolorosamente crípticos del siglo XX, y el resultado es Kafka (Acantilado), una biografía que se lee como un tratado decidido a despejar todas las incógnitas de un hombre que lo dejó todo por la literatura y sintió que nunca había estado a la altura. Una nota de Laura Fernández para El Cultural.

La vida de Franz Kafka, funcionario de seguros y escritor judío de Praga, duró 40 años y 11 meses. Aparte de sus estancias en Alemania -sobre todo, viajes de fin de semana-, Kafka pasó 45 días en el extranjero. Conoció Berlín, Múnich, Zúrich, París, Milán, Venecia, Verona, Viena y Budapest. Vio el mar tres veces. Fue testigo de una guerra mundial. Y nunca se casó, aunque estuvo prometido tres veces: dos con la empleada berlinesa Felice Bauer, una con la secretaria praguense Julie Wohryzek. Como escritor, Franz Kafka dejó unos 40 textos completos en prosa. En total, unas 350 páginas que él consideró «definitivas». El resto, unas 3.400, no lo eran. Eran diarios, fragmentos, y tres novelas incompletas. Según lo que dejó escrito en su testamento, su amigo Max Brod, que, por momentos, envidió terriblemente el talento de Kafka, debía quemarlas, deshacerse de ellas. Pero Max desobedeció, y las salvó, no una, sino dos veces. «Las salvó no quemándolas», dice Reiner Stach, el hombre que ha dedicado 18 años a reconstruir hasta el último de los pasos que dio el autor de La metamorfosis, «y las salvó sacándolas de Praga cuando llegaron los nazis», añade.

Recuerda Stach que en 1938, ante la llegada de los nazis a Checoslovaquia, Brod hizo las maletas y se fue. «Sólo pudo llevarse dos maletas y, pese a ello, no renunció a llevarse los manuscritos», asegura el biógrafo que en la monumental Kafka -la biografía en tres partes que Acantilado acaba de editar en dos volúmenes- recorre, junto al escritor, toda su vida, y todo aquello que rodeó su vida, como si, además de biógrafo, fuese antropólogo, pero un antropólogo dedicado al estudio de una única persona, y por eso, para el lector, la sensación no es la de acumular datos, sino la de sumergirse en Franz Kafka, vivir no algo parecido a la vida que él debió vivir sino exactamente la vida que él vivió, sintiendo que todo lo que hace es justo lo que debió hacer, porque todo a su alrededor conspiraba para que así fuera.

¿Por qué no quiso casarse, por ejemplo? «Porque no podía. Él creía que ser un hombre de familia no era compatible con ser escritor. Y escribir le gustaba demasiado. No quería abandonar la escritura pero a la vez le aterraba envecejer solo. Le aterraba que su vida fuera como la vida de su tío español, al que a menudo preguntaba cómo era eso de volver a casa por la noche, a la pensión, y que no hubiera nadie esperándole, nadie más que otros huéspedes, y su tío le contestaba que era triste, que se decía, entonces, para qué todo, pero también decía que durante el día no pensaba en ello porque no dejaba de trabajar», explica. Hay cientos de anécdotas, cientos de conversaciones, cientos de cartas, o pedazos de ellas, en Kafka, y junto a ellas, la Historia, con mayúsculas, abriéndose camino, destruyéndolo todo.


Retrato de Kafka

¿Cuándo empezó a interesarse seriamente por Kafka? Es decir, ¿cuándo se entusiasmó hasta el punto de sentir la necesidad de ponerse a escribir una biografía?

Fue cuando leí los diarios. Antes de leerlos, había leído sus novelas, y no había entendido nada. Me impresionó muchísimo que el nivel lingüístico de sus diarios y de su correspondencia fuese el mismo que el de su ficción. Era algo fuera de lo común. Y muy auténtico. Todo lo que decía. Un tipo que había perdido la ilusión. Pero que no era cínico. No había menosprecio por su parte, respecto al resto. Y eso me fascinó. Yo mismo habría querido ser así. Durante unos años fui fan, y me dije que no se podía escribir una biografía siendo fan. Tenía que recuperar cierta distancia para hacerlo. Así que esperé.

¿Qué cree que ha aportado la narrativa de Kafka a la literatura universal?

Sobre todo, precisión. Hasta entonces, la sensación era que la precisión, en literatura, era cosa de la lírica, de la poesía. La idea de que cada palabra era necesaria y había sido colocada en el lugar preciso. Pero en su narrativa es así. Flaubert había dicho que la prosa podía ser perfecta, y la de Kafka lo demuestra. Y a la vez, inventó nuevas formas narrativas. El narrador de Kafka, narra como si fuera una cámara. Sólo cuenta aquello que el protagonista está viendo. Eso produce un efecto aspiradora en el lector, que hace que se identifique automáticamente con el protagonista. Inventa una técnica narrativa cinematográfica que ha sido de gran influencia en la literatura mundial.

Al empezar a escribir Kafka se topó usted con el problema de los primeros años. Había mucha documentación en sus diarios, pero estos empezaban muy tarde, ¿qué hizo para llenar todos esos huecos, los huecos de su infancia y su adolescencia?

Fui en busca de los diarios de la época. Y descubrí que a través de las hemerotecas pueden reconstruirse vidas. También hice uso de relatos de compañeros suyos, y descubrí, por ejemplo, que de niño ya había experimentado la violencia antisemita, porque en uno de los diarios que encontré se hablaba de un incidente que duró cuatro días y cuatro noches y que ocurrió justo en la puerta de su casa.

Su relación con el padre está en el centro de su narrativa, y tiene especial relevancia no ya en La carta al padre sino también en La metamorfosis, ¿ha llegado a descubrir qué pasó entre ellos?

Hubo mucho silencio entre su padre y él. Cuando era niño, el padre gritaba y él obedecía. Luego, cuando él hacía algo que no entendía, el padre ironizaba al respecto. Y luego llegó el gran silencio. Su padre nunca entendió que no quisiese ayudarles en la empresa, que prefiriese pasarse los días encerrado en su habitación, escribiendo. Decía: «Te he pagado la carrera de Derecho, ¿por qué no nos ayudas? ¿De qué van a servirte los libros?». Kafka siempre fue un incomprendido en su casa.


Dibujo de Kafka y, a la derecha, manuscrito de El castillo

Daba la sensación de que en sus escritos se empequeñecía -como en La metamorfosis, que se convirtió en un insecto- pero que en ese empequeñecerse, estaba su fuerza.

Sí. Lo del insecto es interesante. Pensemos que el protagonista de La metamorfosis es un adulto que vive con sus padres. Es como una mascota, un animal doméstico. No forma parte de la familia, pero la observa. Así se sentía él en su casa. Llegó a decirle a un conocido que era una historia terrible, porque para él era la historia de su vida. Era un outsider en su propia familia. Por eso se describía a menudo como un animal en sus historias. Es alguien que observa a las personas, pero desde fuera, no formando parte de su mundo. Y respecto a lo de empequeñecerse, era así. Cuando tú mismo te haces pequeño, nadie puede atacarte. En una ocasión en la discutió con Felice, ella le escribió diciéndole que debía odiarla y él dijo: «No te odio, aunque me juzgaste, y lo hiciste con acritud, pero no te odio porque yo soy mi propio juez, y me juzgo con más acritud de la que tú me juzgarás nunca. Sé exactamente lo que me pasa, no hace falta que me lo diga nadie». Se declara culpable pero logra mantener su autoestima intacta. Dice, la culpa la constato y la asumo porque me conozco mejor que nadie. Se empequeñece para mantener su posición, no deja que otros le destruyan. Eso lo había aprendido de niño. La diferencia de poder era tan grande en su casa que se decía: «Puedes hacer conmigo lo que quieras -le decía a su padre- pero en mi cabeza, yo soy el dueño».

América es quizá su obra más esperanzadora, ¿cree que tenía idealizado el país?

Sí. Hay un momento en el que ve a un montón de futuros emigrantes, a la espera de embarcar hacia América, y dice: «Si pudiera volver a empezar de cero, me gustaría ser uno de esos bebés que viajan con sus padres a América». Para él, América era una utopía, un lugar en el que nadie te preguntaba por tus orígenes, en el que podías escoger la profesión que querías. Creía en el sueño americano, porque lo había visto a su alrededor. Sus familiares que habían emigrado y habían vuelto, eran más libres, distintos.

Y aunque renunció a casarse por la escritura, tampoco ésta acabó de funcionar y nunca pudo dedicarse por entero a ella, ¿cree que se sintió un fracasado? Escribe usted que a su muerte dejó tras de sí un campo de ruinas.

Sí, Kafka se sintió un fracasado. Fue incapaz de terminar grandes obras. Y había sacrificado tanto. Al final de su vida, escribió: «Lo he abandonado todo, las mujeres, los viajes, todo por la escritura, ¿y cuál es el resultado?». No es de extrañar que se sintiera fracasado. Y que se deprimiera. Y que le pidiera a Max Brod que lo quemara todo. Estaba completamente deprimido cuando escribió su testamento. Creía que todo había sido para nada, y que era absurdo salvar aquello. Suena a suicidio. Un suicidio literario. Por un lado era un perfeccionista, y por otro, estaba desesperado. El fracaso lo había hundido.


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