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Fotografía / España: PhotoEspaña expone la obra de cinco talentos menores de 35 años

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The Epilogue 7, una de las imágenes de la exposición Under 35'.  (Foto: Laia Abril)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Les une una edad parecida, todos están por debajo de los 35 años, son españoles, les apasiona la fotografía y son conscientes de la escasez de recursos para hacer lo que tanto les gusta. Laia Abril, Alberto Lizaralde, Javier Marquerie Thomas, Óscar Monzón y Jordi Ruiz Cirera componen la exposición colectiva Under 35, incluida en la sección Off del festival PhotoEspaña —la selección que hacen las galerías de Madrid para este festival— y que puede contemplarse en Ivroypress, hasta el 18 de julio. El encargado de presentar a este quinteto ayer martes ha sido el artista barcelonés Joan Fontcuberta, premio Nacional de Fotografía en 1998, que ha contado que le encanta «disfrutar de la nueva creatividad artística que se expresa a través de la cámara». Manuel Morales reporta desde Madrid para El País.

Estos talentos por debajo de los 35 años son: Laia Abril (Barcelona, 1986), procedente del periodismo, estudió fotografía en Nueva York. En su trayectoria le han llamado la atención la sexualidad o los trastornos alimenticios porque, como declaró,  «la fotografía cubre el campo de las emociones». Para esta exposición ha traído imágenes de su libro The Epilogue, en el que reconstruye la historia de la estadounidense Cammy Robinson, una joven de 26 años fallecida por bulimia. Es un trabajo en el que junto a sus 12 fotos incluye varias realizadas por la protagonista de su relato, además de cartas. La familia de Robinson permitió a Abril acceder a los diarios y pertenencias de Cammy para comprender «su lucha interna».

Alberto Lizaralde (Aranjuez, 1979) es director creativo de una agencia publicitaria,  «de lo que vivo», y ha sido profesor de fotografía en la escuela Blank Paper, en Madrid. Everything will be ok es el título de su trabajo, «nacido de algo personal», una crisis emocional, y desarrollado durante cinco años. De esta labor expone una treintena de fotos en color sacadas de un fotolibro de 2014.

Madrileño nacido en 1986 es Javier Marquerie Thomas, vinculado a Londres, donde estudió fotografía en la Universidad de Westminster y la ciudad en la que trabaja como docente del arte de la imagen en el Brampton College. Marquerie muestra en Los barros del monje (2012) un particular regreso a la Guerra Civil con imágenes tomadas en la finca de su familia, escenario de la batalla de Brunete (1937). Marquerie se dedicó durante años a pasear con un detector de metales para desenterrar una colección de restos de aquella batalla, como munición o estrellas de los uniformes de los soldados. La vitrina que completa este trabajo muestra planos de la época del escenario de la lucha.

Karma se titula la propuesta de Óscar Monzón (Málaga, 1981), construida entre 2009 y 2013, año en el que le dio forma de libro. Esta obra retrata los comportamientos de personas en el interior de sus coches. Un contacto con la realidad que constituye, en su opinión, «la magia de la fotografía».

El barcelonés Jordi Ruiz Cirera (1984) es fotógrafo documental aunque ha trabajado como diseñador gráfico. Con varios premios internacionales, The United Soya Republic es el testimonio de los desplazamientos de familias y la deforestación del paisaje de Paraguay por el multimillonario (para algunos) negocio de la exportación de soja. El país sudamericano es el cuarto exportador a nivel mundial. Las imágenes de habitantes de la zona se completan con gráficos y textos periodísticos que informaron de este asunto.

Después de hora y media de debate entre el quinteto de fotógrafos, a los que intentó espolear Fontcuberta con sus preguntas, este veterano cerró el acto con una reflexión sobre lo que es para él la fotografía:  «Yo digo que siempre estoy de vacaciones, porque hago lo que me apasiona, y a la vez digo que siempre estoy trabajando, porque es la verdad».



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Textos / Chick Corea: «BB»

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El pianista estadounidense y B B King. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 15 de mayo de 2014. (RanchoNEWS).- BB and his music are like a calm, soothing and life-giving oil. His music spreads across and infuses our world with gentle artistic humanity.

He devoted a lifetime to enriching our lives with the joy of the blues.

His live performances will be greatly missed but his music and spirit are with us forever.

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Textos / Carlos Santana: «Chairman of the board is home !! - ¡¡El presidente de la junta está en casa!!»

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B B King en su juventud. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 15 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Chairman of the board is home !!

All the kings are celebrating

the gathering of the elegance and excellence
In the ocean of the blues kingdom
Freddie King
Albert King
Saunders King
All and many more
In the King family
Are welcoming the one
That made the blues SUPREME
B B KING
We offer you our total gratitude
Jimi Hendrix Stevie Ray
Otis Rush Magic Sam Buddy Guy
Eric Clapton Jeff Beck Jimmy Page
Michael Bloomfield Peter Green Javier Batiz
All of US and many more
We are your children disciples students followers
And lovers of your most beautiful notes
You showed us the way to the heart soul spirit
With every note you told stories of grace and beauty
Enjoy being in the fullness of our lord supreme
Enjoy the effulgent light that you are
GOD bless you and embrace you
MR BB KING
Peace

¡¡El presidente de la junta está en casa!!
Todos los reyes están celebrando
la reunión de elegancia y excelencia
En el océano del reino del blues
Freddie King
Albert King
Saunders King
Todos y muchos más
de la familia King
Están dando la bienvenida al único
A quien hizo al blues SUPREMO
B B KING
Te ofrecemos nuestra gratitud total
Jimi Hendrix Stevie Ray
Otis Rush Magic Sam Buddy Guy
Eric Clapton Jeff Beck Jimmy Page
Michael Bloomfield Peter Green Javier Batiz
Todos NOSOTROS y muchos más
Somos tus hijos, discípulos, estudiantes, seguidores
Y amantes de tus notas más hermosas
Tú nos has mostrado el camino al corazón, al alma, al espíritu
Con cada nota has contado historias de gracia y belleza
Disfruta estando en la plenitud de nuestro señor supremo
Disfruta la luz resplandeciente que eres
DIOS te bendiga y te acoja
SR. BB KING
Paz


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Textos / Enrique Alberto Servín Herrera: «Redención por la luz - Ramón Olvera Cobos, o la recuperación de un poeta secreto»

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El intelectual chihuahuense. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Hacia principios de la década de los ochenta, un grupo de interesados en la literatura publicábamos en la capital del estado una tan modesta como pretenciosa revistita cuyo título, Palabras Sin Arrugas, estaba tomado de André Bretón y había sido escogido por el fundador del grupo: Federico Urtaza. Con esa soberbia que sólo pueden tener los jóvenes, pensábamos que la literatura en Chihuahua nacía con nosotros y que todo lo que se había intentado con anterioridad era mera versificación bisoña, destinada a las bohemias y «salones» locales, que por aquel entonces todavía sobrevivían, casi como refugios, en algunos ambientes sociales de la ciudad.

Una tarde en la que me tomaba un café se me acercó un caballero de mediana edad que vestía sobriamente y me preguntó si podía sentarse a hablar un rato sobre poesía. Era Ramón Olvera Cobos, en cuyas manos había caído algún ejemplar de la revista y quien quería acercarse al grupo, por la razón que fuera. Bastante mayor que yo, me imaginé que iría a defender las poéticas neo-románticas, todavía en boga entre los integrantes de las bohemias provincianas. Para mi sorpresa, y mediante una estrategia dialógica que incluía un discreto interrogatorio, se dedicó a comentar a los mismos poetas que por aquel entonces leíamos los integrantes de la revista: Pablo Neruda, Octavio Paz, Javier Villaurrutia, Jaime Sabines, Vicente Huidobro y algunos otros más. Discreto, prudente y dotado de una rara capacidad para escuchar a sus interlocutores, Ramón Olvera Cobos era un hombre inteligente y bien informado, que a pesar de vivir en un ambiente en el que era sumamente difícil estar al día en asuntos culturales (faltaba una década para la irrupción del internet), se había formado, como poeta, en la modernidad. Y, sobre todo, era sumamente sensible, capaz de sorprenderse y dejarse llevar por la emoción. Y así nació una amistad que siempre ejercimos frente a una taza de café y en torno al tema de la poesía.


Pero no fue sino hasta algún tiempo después que tuve la oportunidad de leer uno de sus libros, Celeste Trigo. Yo trabajaba ya en el departamento de difusión cultural de la Universidad autónoma de Chihuahua y como parte de mis actividades laborales intenté formar una colección especializada en escritores de la región. Alguien, sabiendo del proyecto, se acercó y me ofreció un ejemplar del poemario de mi amigo, quien, congruente con su discreción o simplemente carente de ejemplares, nunca me había ofrecido ninguna muestra de su trabajo literario. Lo leí de corrido, en una sorpresa permanente, disfrutando cada poema.

Me impresionaron su limpidez y honestidad, pero, antes que nada, entendí de inmediato que el movimiento literario en Chihuahua era mucho más complejo de lo que hasta entonces yo me había imaginado, y que los antecedentes del movimiento poético en el estado incluían a escritores de considerable importancia, autores de obras dignas de ser tomadas en cuenta. Entre ellos, por supuesto, destacaba Olvera Cobos.

La poesía de Ramón Olvera Cobos es plenamente moderna: su relativa libertad formal, la filiación de su imaginería, así como la actitud del yo lírico provienen de las rupturas iniciadas a finales del Siglo XIX en Francia y consolidadas a partir de surgimiento de las vanguardias en el resto de Europa. Sin embargo, su discurso mantiene, a lo largo de su obra, una robusta fidelidad a la vida.

Se trata, en efecto, de una «poesía de la experiencia». A diferencia de lo que ocurría en las metrópolis culturales del país o entre los poetas que, desde las periferias, se insertaban en los circuitos críticos y editoriales del centro, Olvera Cobos utilizó siempre el verso para traducir, al lenguaje de la poesía, sus propios sentimientos y preocupaciones personales. Esto puede ser interpretado, por supuesto, como la reminiscencia de un romanticismo tardío, es decir, como una forma de tradicionalismo, típica, y entendible, en contextos sociales como el que se vivía en el Chihuahua de la primera mitad del siglo XX; después de todo, la poesía había sido un instrumento de esa naturaleza durante milenios. Pero también puede ser entendido como una forma de libertad, posibilitada, precisamente, por la lejanía de los centros de poder literario y sus modas y dictados. En este sentido, Ramón Olvera no estuvo solo. La gran mayoría de los poetas de su generación en Chihuahua adoptaron poéticas similares.

Procede aquí detenerse para entender el contexto cultural en el que vivió y escribió Olvera Cobos. Rubén Mejía ha explorado los movimientos literarios en el estado de Chihuahua y ha hecho ver, acertadamente, el hecho de que nuestros poetas pasaron de los lenguajes románticos (un tanto fósiles y carentes del carente del poder subversivo que el romanticismo tuvo en sus centros de origen) a los lenguajes vanguardistas, sin pasar por el modernismo.

Esta circunstancia, explicable, insisto, por el contexto social, dio origen a una poesía que no deja de mostrar rasgos de hibridación y eclecticismo. Sin embargo, y ya que en el ámbito del arte lo único que cuenta son la viabilidad y la energía de las obras, la precisa filiación o la relación de lo que se escribía en Chihuahua frente a lo que se estaba haciendo en el ámbito metropolitano no debe estorbarnos para apreciar y disfrutar la obra de poetas tales como Carlos Montemayor Uranga (padre del polígrafo Carlos Montemayor), Víctor Aldrete, Manuel Rocha y Chabre, Mario Arras, Solón Sabre, y por supuesto Ramón Olvera Cobos, quienes trabajaron sus obras literarias desde la década de los cuarenta hasta finales de los ochenta (Mario Arras, algo más joven, continua escribiendo hasta ahora) y a quienes Mejía menciona con el nombre de «El grupo de Parral». A estos habría que añadir el nombre de Natalia Gameros, Alfredo Jacob y quizá algunos otros quienes, siendo originarios de otras ciudades del estado, estuvieron cercanos a los anteriores en su estilística y su concepción de lo poético.

Por lo anterior, la noticia de materiales inéditos firmados por Ramón Olvera Cobos me entusiasma y me anima a emprender una relectura de sus aportaciones, sobre todo las relativas a este último libro, que ahora aparece bajo el nombre de Lunas desterradas. El material ha sido dividido (ignoro si esa fue la intención del autor) en dos partes que acusan entre ellas una tonalidad diferente. En la primera se advierte un acento triste y un tono crepuscular. Evidentemente fue escrita durante un periodo difícil de la vida del poeta. Su factura es sólida y emana una especial intensidad, como todo lo que escribió Olvera Cobos. La muerte parece asechar detrás de las palabras aunque el poeta, fiel a sus derroteros, luche por encontrar la luz y la belleza. Las cualidades del escritor, notables desde sus primeros libros –delicadeza, nitidez y un afinado sentido de la imagen–, siguen presentes. Frente a la depresión o el desencanto, el ser mismo se ahueca y sus contenidos pierden densidad. Las cosas son, pero no existen. Esta «duda de la existencia» recorre los versos y en algunos momentos se intensifica y estalla.

La segunda parte está conformada por una serie de poemas de una naturaleza mucho más solar y celebratoria. Los motivos centrales de la obra de Olvera Cobos –la campana, el trigo, la noria, las palomas, el trigo– reaparecen y se convierten, más que en concreciones de la belleza del mundo, en verdaderos símbolos de un proceso interior. En efecto, a lo largo de la escritura de Olvera Cobos es observable una búsqueda de la redención, pero no me refiero al ideal religioso que libera de la mancha o el pecado, sino al estado que nos permite vencer la desesperanza y la tristeza connaturales al mundo. Particularmente interesante resulta el símbolo de la campana: en la cultura occidental, y a partir de la expansión del cristianismo, la campana es asociada con el mensaje, la salvación, la alegría y el triunfo. También resalta la utilización de la espiga y el trigo como emblemas de lo terrestre, en su mejor manifestación, así como la vinculación de estas imágenes con la del cielo, relación que se hace patente en el título del que quizás sea el mejor libro de el poeta: Celeste trigo. La unión de la tierra y el cielo como se sabe, ha sido desde tiempos inmemoriales un símbolo de la fertilidad y la vida. En las antiguas culturas de México dicha metáfora (expresada ya sea por la unión cósmica de tipo sexual, o bien por la poderosa figura de Quetzalcoatl, la Serpiente-Quetzal) fue una de las simbolizaciones de la lluvia. En Olvera Cobos aparece –más en conexión con la simbología cristiana y quizá bajo la influencia de Pablo Neruda–, como arquetipo del alimento y, por lo tanto, de la vida.

La lectura de esta obra póstuma del poeta parralense funciona, en efecto, como un itinerario en la búsqueda por el sentido y la redención. En algunos de sus momentos no solo predomina el dolor, sino que las raíces de este último se hunden hasta desestructurar el ser y, casi, desarticular el yo poético: es difícil encontrar una causa o incluso un sujeto en lo vivido; incluso en los momentos en los que aparecen resquicios o remansos, estos carecen de densidad y se convierten en –para usar sus propias palabras– «sueños de los sueños». El escenario es la noche y el discurso del poeta parece perderse, en una inmensidad concéntrica que no ofrece ni siquiera las posibilidades del eco. El alma es quebradiza y el sentido del mundo se reduce a un débil latido que se apaga. Sin embargo la palabra opera como un instrumento de salvación y el lenguaje se convierte en una poderosa red para recuperar los asideros de la existencia. Ya he mencionado cuales son, en la obra de Olvera Cobos las imágenes con la que los nombra; pero además de ellas aparecen el agua, los peces, los ciruelos, las aves y las estrellas, es decir las innumerables y aparentemente contradictorias formas de la luz.

Hay una contención y una sobriedad evidentes en el discurso de Ramón Olvera Cobos, su estilo excluye siempre las estridencias y está hecho más bien de sutiles entramados y suturas invisibles. Esta parquedad se expresa con frecuencia justo al final de los poemas, que es donde otros escritores suelen caer en lo grandilocuente o lo rotundo . Hay una honestidad que permea toda su obra y que de pronto se hace concreta en la mención de las cosas elementales: la arcilla, el agua, la sal, el viento. Particularmente conmovedores resultan los poemas dedicados a su (entonces) todavía pequeño hijo. En ellos la voz poética se alza como el oráculo que anunciara una modesta pero noble profecía: la de que en el futuro la eterna voz de la poesía se materializara en la aparición de una voz nueva, para que así el antiguo poeta (el ancestral, inmemorial escribano) sobreviviera en el movimiento de los dedos que escriben y las palabras que siguen construyendo el eterno poema.

Ramón Olvera Cobos merecía sobradamente un reconocimiento que la vida le negó. Su obra, esencial y discreta, es un eslabón indispensable en el cada vez más importante movimiento poético del norte mexicano, que, como se ha dicho, es a su vez una pieza importante en la configuración del panorama poético nacional. Pero antes que nada es un logro en sí misma, una parte de nuestra herencia cultural que se deja admirar y disfrutar plenamente. Ojalá que estas espléndidas lunas desterradas contribuyan a recuperar la voz de este poeta secreto al que la adversidad condujo a emprender aquel antiguo ideal: la redención por la luz.


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Arqueología / México: Redescubren mapa mesoamericano

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San Mateo Tlapiltepec. El lienzo de Tlapiltepec fue creado a mediados del siglo XVI. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Uno de los mapas más completos y antiguos de Mesoamérica es el Lienzo de Tlapiltepec, hecho por amantecas mixtecos que cuentan cinco siglos de historia de la región. El lienzo mide cuatro metros de largo por 1.7 de ancho, fue pintado a mediados del siglo XVI, adquirido en 1919 por el Museo Real de Ontario, Canadá, el cual documenta un capítulo más en los tropiezos de la protección del patrimonio mexicano, el cual fue sustraído por siglos. Reporta desde la ciudad de México para Excélsior Juan Carlos Talavera.

Por ahora, el Museo Real de Ontario decidió llevar al pueblo de San Mateo Tlapiltepec (en Oaxaca), cerca de San Juan Bautista Coixtlahuaca, con el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú, la primera reproducción a color de este documento, que es considerado una pieza artística del arte mixteco, el cual llegó a ser el mapa más completo de Mesoamérica y contiene elementos artísticos únicos en su tipo

La historia de este documento es muy simple. Salió de la comunidad en 1914 cuando fue sustraído por el abogado Antonio María Chávez, comentó a Excélsior Sebastian van Doesburg, investigador de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdoba de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO).

Al parecer fue a causa de un conflicto de tierras. «Él se quedó con el documento en 1904 y tres años después, en 1907, ese abogadillo lo vendió al cónsul británico y coleccionista Constantino Rickards, quien entonces vivía en Oaxaca y coleccionaba urnas y objetos arqueológicos», detalló.

Durante los siguientes 12 años, Rickards mantuvo el documento en su poder, sin embargo, en dos ocasiones intentó venderlo a México. Se tiene el registro de que el Estado mexicano no mostró interés, por lo que en 1919 decidió venderlo al Museo Real de Ontario.

Por décadas, dicho lienzo permaneció resguardado en una bóveda especial y fue hasta 1988 cuando los investigadores canadienses comenzaron a estudiarlo. Al respecto, Arni Brownstone comentó a Excélsior que este documento nunca ha sido expuesto al público, debido a las condiciones en que se encuentra el lienzo.

«Desde que llegó al Museo Real, en 1919, este lienzo ha permanecido en una bodega, pues desde entonces su condición era delicada, además para entonces sus colores ya se habían perdido casi totalmente… sin embargo, la tela sobre la que está soportada es bastante fuerte y se ha conservado entero hasta hoy», añadió.

El estudio de este lienzo comenzó en 1988 y a la fecha se ha obtenido información valiosa. Por ejemplo, hoy se sabe que fue hecho con tres tiras de algodón de cuatro metros de largo y 1.7 metros de ancho.

Y que sus pigmentos fueron tomados de la grana cochinilla y el azul maya o color índigo, el cual fue mezclado con un tipo de arcilla local, además de dos amarillos y un tono verde de origen vegetal, así como el color negro que fue obtenido del carbón.

Por último, se sabe que en 2004 se llevó a cabo un plan para exponer este lienzo en Oaxaca, concretamente en la comunidad de San Mateo Tlapiltepec. «La idea era que la comunidad admirara un documento histórico que les fue arrancado a principios del siglo XX, pero no fue posible por que no se contó con las condiciones para su seguridad y conservación».

Los detalles

El Lienzo de Tlapiltepec cuenta con una pictografía muy rica, explicó Van Doesburg. Uno de estos es el medallón con dos águilas y una serie de personajes, ubicado en la parte central-izquierda del documento.

Este medallón representa un sitio ritual, sin embargo, los investigadores continúan la discusión sobre si se trata de un lugar mitológico o real. «Esa discusión aún está en proceso. Pero lo que sí es claro es que refiere a un lugar donde se realizó un ritual consistente en taladrar el fuego nuevo».

Esta ceremonia se conoce también en la cultura mexica, pero en realidad refiere un acto ritual de Mesoamérica que tenía la connotación de un ritual de fundación. Dicha ceremonia es anterior al establecimiento de los linajes y sirve como un acto ritual con que se establece el espacio en que esa historia política se va desarrollar.

Debajo de este sello, hay tres animales cruzados con flechas por el corazón, los cuales hacen referencia a la historia de migración de los habitantes que salieron de Chicomostoc y fueron conquistando determinados pueblos, pero también se tratan de lugares no ubicados físicamente, por lo que se cree que se tratan de lugares legendarios.

Además, el lienzo muestra un par de personajes coloreados de negro, los cuales hacen referencia a dos sacerdotes que, según la costumbre mesoamericana, son sacerdotes especiales que se pintaban el cuerpo para establecer rituales de fundación en la ciudad de Coixtlahuaca.

Por último, se hace referencia a las dos columnas con personajes que abarcan dos líneas con personajes en el flanco izquierdo, donde cada dibujo es la casa de un gobernante de Coixtlahuaca.

Se pueden apreciar casi 20 generaciones de reyes prehispánicos, con un promedio de 23 años por gobierno, casi 460 años de historia prehispánica.



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Obituario / Mary Ellen Mark

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Mary Ellen Mark, la fotógrafa humanista. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Mirar de frente a la realidad, sea cual sea, y reflejarla sin adornos. Tanto en un plató de cine con los directores más laureados de Hollywood como en un suburbio de Bombay. Eso es lo que hacía Mary Ellen Mark con su cámara -preferiblemente de rollo antes que digital-. Ha muerto a los 75 años, pero su mirada fiel y humanista de las cosas y de las personas queda para la historia. Una nota de la redacción de El Mundo.

Nacida en marzo de 1940 en Elkins Park (Pennsylvania, EEUU), comenzó a observar a través del objetivo con nueve años. Una pasión precoz que la acompañó durante toda su vida. Era una de las fotógrafas más respetadas y su trabajo de retratos de diferentes culturas alrededor del mundo se convirtió en un icono de la fotografía documental y en un ejemplo a seguir para las generaciones más jóvenes.

Era la número uno de las cheerleaders en su instituto. Se graduó en Historia del Arte en la Universidad de Pennsylvania y luego realizó un máster en fotoperiodismo. «Desde el primer momento en que hice fotos de las calles de Filadelfia, me enamoré», confesó en una entrevista con Inquirer en 1988.  «Era emocionante la idea de estar en la calle, girar una esquina y toparse con algo que ver. Era un sentimiento muy agradable. La fotografía se convirtió en mi obsesión», dijo entonces. Y nunca dejó de obsesionarla.

A mediados de la década de los 60 se mudó a Nueva York y empezó a captar imágenes de los movimientos de oposición a la Guerra de Vietnam, del movimiento de liberación de la mujer y otras manifestaciones. Centró su mirada entonces en los temas sociales, como la pobreza, la drogadicción, la prostitución, la soledad... Luego comenzó a viajar y a descubrir otras culturas que la fascinaron y a las que dedicó muchos carretes. Más tarde, se convirtió en una fotógrafa de rodajes. Pero todas esas facetas mantenían su estilo intacto.

Ha publicado 18 libros. Su obra se ha expuesto en muchos países y ha recibido multitud de galardones, como el Cornell Capa Award , el Infinity Award for Journalism o el Premio a la Fotógrafa del año por los Amigos de la Fotografía, entre otros muchos. Sus fotos han ilustrado páginas de Vogue, New York Times Magazine, Vanity Fair o Rolling Stone.

«Busco el humor, la ironía, la intensidad... Todas aquellas emociones que hacen de una foto una buena foto». Así de fácil. Así de difícil. Son las palabras que utilizaba para explicar su trabajo.



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Galería / Carlos Rodrigues Silva: «À Noite»

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À Noite
Fujifilm X-T1 + Samyang fisheye 8mm f/2.8 + Tripod


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Textos / «El coleccionista como creador» por Manuel Vicent

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For the love of God, pieza del artista Damien Hirst. (Foto: REUTERS)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- A la hora de la verdad el campeón del mundo de velocidad Usain Bolt no se distingue de sus zapatillas; Al Capone de su sombrero borsalino (modelo Chicago 32); Dalí de su bigote, o Andy Warhol de su peluquín. Hoy no eres nadie si no consigues ser una marca, tú mismo o cualquiera de tus complementos. En la gloria de los asesinos, nadie ha llegado tan alto como Jack el Destripador; su navaja, con la que buscaba la verdad en las entrañas de sus víctimas, hoy alcanzaría un precio desorbitado si se rematara en una subasta. Dalí consiguió vender por 9.107 euros un pelo engominado de su bigote a Yoko Ono. Durante un acto público, en una librería de Nueva York, una admiradora de Andy Warhol subió a la tribuna, le arrebató la peluca y salió corriendo con la intención de subastarla en Sotheby’s, donde tal vez hubiera superado en precio a la famosa serigrafía de Marilyn o a la de Mick Jagger sacando la lengua. Por otra parte, habrá que preguntarse qué era Warhol sin peluca, Capone sin sombrero, Dalí sin bigote y Usain Bolt sin zapatillas. Un texto de Manuel Vicent para El País.

En el mundo del arte hay coleccionistas fabulosamente ricos que constituyen una marca y sus gustos deciden el valor de una obra en las subastas de Christie’s y de Sotheby’s donde suelen pujar agazapados detrás de un teléfono, salvo en los casos en que les conviene exhibirse como un pavo real en medio de la sala para doblegar la vanidad de un competidor. Como Nerón en el coliseo decidía con el pulgar la vida o la muerte de un gladiador, del mismo modo, un coleccionista llamado Charles Saatchi, sin tener necesidad de incendiar Roma, llegó un día a conmover el mercado del arte con solo levantar o bajar la mano en una subasta para pujar por la obra de un artista que él mismo había fabricado. A Charles Saatchi le bastaba con atiborrar de dólares a un artista por el ombligo para que este empezara a andar.

Charles Saatchi nació en Bagdad, en junio de 1943, en el seno de una adinerada familia de judíos sefardíes. Junto con su hermano Maurice, se trasladó a Londres y ambos fundaron la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, que llegó a ser la más importante del planeta en los años ochenta. Charles pronto comenzó a fluctuar sobre ese filo que separa el arte, el negocio y la comunicación, hasta el punto que es difícil deslindar en este personaje lo que tiene de publicista, mecenas o marchante. De hecho, se considera que es el único coleccionista que ha sido capaz de crear un movimiento artístico, el shock art, entre la provocación y la fiesta.

Hubo un periodo del arte contemporáneo en que su pudo decir: Dios creó al hombre, Giorgio Armani lo vistió, Leo Castelli lo hizo artista y Jean Paul Getty lo compró para su colección. Hoy los tiempos son más confusos hasta el punto que Dios podría ser un modisto de alta costura lleno de frivolidad, Jean Paul Getty ya no podría pagar ni por la oreja cercenada de su nieto y el que modula con hondura el barro de Adán sería Charles Saatchi, quien después de llevarlo a su galería de Londres lo sometería a su capricho. Este marchante comenzó visitando los estudios de los artistas jóvenes. Desde el primer momento su dedo tuvo la misteriosa fuerza del creador. Te consagraba con solo tocar tu frente con el índice. Bastaba con que en el mercado del arte se dijera a Saatchi le interesaba un artista para que la obra de cualquier principiante comenzara a cotizase al alza, a veces de forma imparable. Bastaba con que en el ambiente previo de las subastas se rumoreara que Saatchi no lo deseaba para que un pintor consagrado iniciara el descenso hacia el anonimato.

Damien Hirst fue una de sus criaturas. Lo descubrió en Londres en una exposición de artistas jóvenes, en 1988. Saatchi pasó por allí y aunque no adquirió ninguna de sus obras, entre el publicista, marchante o mecenas y el artista se estableció una excitación mutua que ha constituido una de las locuras creativas del arte contemporáneo. Saatchi adquirió su obra Mil años, una gran caja transparente con gusanos y cientos de moscas revoloteando en torno a la sangrante cabeza de una vaca. Solo era el principio. Poco después Saatchi le impulsó con un adelanto de 22.000 euros a crear La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo, un tiburón, de algo más de cuatro metros de longitud, suspendido en un tanque transparente de aldehído fórmico, fue adquirido por unos 9,5 millones de euros por el multimillonario estadounidense Steve Cohen. La relación de Saatchi y Hirst terminó por desavenencias en 2003. La obsesión por la muerte ha hecho de Damian Hirst uno de los hombres más ricos del mundo. Una calavera humana incrustada de diamantes, una pareja muerta follando dos veces, un toro y una vaca flotando en formaldehido. La fortuna de este artista calculada en 1.000 millones de euros arranca del dedo de Saatchi. Su galería de Londres era a medias un museo y una sala de fiestas donde cualquier creación era admitida siempre que fuera chocante y despertara airadas protestas, silencios dubitativos, elogios retribuidos y sonrisas inteligentes, que presagiaban la llegada de sucesivas descargas de dinero. Bajo el título de Sensation realizó una muestra con el solo objetivo de provocar la reacción del público. Uno de los cuadros expuestos fue el retrato de gran formato de Myra Hindley, asesina en serie de niños, realizado por el pintor Marcus Harvey. Fue una de las campañas de publicidad de Saatchi &  Saatchi, que consiguió más de 200.000 visitantes. Para completar el cuadro a Saatchi solo le faltaba un divorcio escandaloso. Se había casado con Nigella Lawson, presentadora de un programa de cocina de la BBC, y su separación se produjo en medio de escándalos de droga. Un dato más que añadir a la moderna historia del arte.


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Obituario / Vicente Aranda

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El cineasta hizo el viaje desde los años contraculturales de la Escuela de Barcelona hasta el gran cine de autor más o menos comercial de los años 90. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Vicente Aranda, uno de los grandes autores del cine español durante las últimas cuatro décadas, ha muerto a los 88 años. Su desaparición llega seis años después de su última película, Luna caliente, la cinta con la que cerró 45 años de trabajo en primera línea. Luis Alemany reporta para El Mundo.

La historia de Aranda había empezado en los años 60, en aquel momento de impulso llamado la Escuela de Barcelona, una especie de réplica española de nueva ola francesa de los años 50. De esos años iniciales queda el recuerdo nítido de Fata Morgana y Brillante porvenir, dos películas pioneras en el propósito de retratar una burguesía culta y encantadora que se dejaba llevar por el dolce far niente. Un tema que hoy nos resulta muy moderno.

Por el camino, se fueron dibujando los temas clásicos en la obra de Aranda: el sexo, la dependencia, la crueldad, la violencia, la literatura... Las salvajes fue otro alto en su carrera. Y La salvaje Fanny Pelopaja (1984) fue la película que culminó los años brutales del cineasta barcelonés: un thriller cuando no se hacían thrillers en España sobre un policía y una prostituta que entablaban una relación de amor-odio sucísima, definida por un escenario claustrofóbico. Fue también la película que condujo a Aranda a un nuevo momento en su carrera: el del éxito.

Aranda se convirtió en la segunda mitad de los 80 y durante los años 90, en el prototipo de cineasta autor de aquella época. Buscó en la literatura y en el periodismo para encontrar material noble: encontró a Juan Marsé, que odiaba las adaptaciones que Aranda hizo de sus películas. Quizá tenga su parte de razón, pero casi todos recordamos La muchacha de las bragas de oro, Si te dicen que caí y El amante bilingüe con buen sabor de boca. Encontró a Luis Martín Santos y firmó Tiempo de silencio. Encontró a Manuel Vázquez Montalbán y dejó una versión muy digna de Asesinato en el Comité Central... Encontró a El Lute y firmó dos películas notables sobre el penúltimo bandolero.

Y entonces, llegó Amantes (1991), molde y culminación de todas las películas de Aranda, escrita con la precisión de un proyecto de ingeniería junto a Álvaro del Amo y Carlos Pérez Merinero: un triángulo amoroso, dos buenos chicos un poco inconscientes y una mujer a la desesperada, una estética clasiquísima, un paisaje angustioso... La película llegó a Berlín, se llevó un Oso de Plata a la mejor actriz para Victoria Abril y se estrenó con cierta repercusión en Estados Unidos. Era el año de Instinto básico, y en América relacionaron las dos películas por su equipaje erótico. Si recordamos ahora en Amantes, la comparación suena un poco peregrina. Quizá haya que pensar más en alguna película de Bernardo Bertolucci, cineasta que como Aranda ha viajado del mundo más o menos contracultural al gran cine de autor más o menos comercial en un periodo parecido.

Hubo más películas notables en la carrera de Aranda: Libertarias, Carmen, Juana la loca, La pasión turca... Hasta languidecer poco a poco en el siglo XXI. «Creo que he hecho películas mejores que Amantes pero cuando me quieren echar un piropo siempre me hablan de Amantes», decía Aranda en 2006, en EL MUNDO. Sus entrevistas siempre tenían algo gamberro e impredecible, algo pelopaja Puede que Aranda tuviera razón y que Amantes sólo fuera una película más, o puede que no. En cualquier caso La hoja de servicios que queda es larga y tiene momentos brillantes.



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Fotografía / España: Bernardí Roig presenta en PHotoEspaña su proyecto «Poets», sobre el hombre y el tiempo

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«Las fotografías instantáneas son tiempo encapsulado. Se modifican constantemente con la luz», apunta Bernardí Roig. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Hace un par de años, el artista Bernardí Roig (Palma de Mallorca, 1965) se despistó de sí mismo. La barba le creció hasta medio pecho, el pelo tomó modales de tempestad y así marchó a Senegal, a caminar por las crestas de las dunas del desierto y grabar Poets, un vídeo que expuso el año pasado en el espacio de la galería Kewenig en Mallorca. Aquel trabajo reflexiona sobre «la voz que clama en el vacío» siguiendo el mediometraje de Buñuel, Simón del desierto. «Quería tomar el temblor y la extrañeza de aquel hombre que habla en lo alto de una columna de 20 metros y al que nadie escucha, como hoy no se escucha a los poetas», dice Roig. Reporta desde Madrid Antonio Lucas para El Mundo.

En aquel vídeo, el artista aparecía con una túnica ajada con un lema grafiado: «Poet». De ahí surgió el calambre inicial del proyecto que ahora presenta en la galería Max Estrella de Madrid, dentro del programa de PHotoEspaña. Una exposición de escultura sin esculturas. O, al menos, sin el soporte tridimensional que reconocemos como escultura. En esta ocasión, Bernardí Roig ha tomado la fotografía instantánea como médium. A 99 hombres como modelos. Todos ataviados con la misma túnica que él llevó en su exploración por las dunas. Y cada uno con el aire desmadejado, casi dañado, de quien se expone al objetivo de una cámara de los años 20 sin más artificio que su rostro y sin otra verdad que su intemperie. El próximo día 30 de mayo el artista mallorquín revelará por entero la intensidad de su nuevo trabajo.

«Esta aventura comenzó retratando a mis seres más próximos y desde esa intimidad se fue abriendo a gentes que, de un modo u otro, han tenido que ver con mi obra», explica. Coleccionistas, directores de museo, escritores, críticos de arte, periodistas, marchantes, banqueros... Un zoo humano disperso, pero en este caso igualado por la base. Con una túnica blanca y una iluminación indirecta todos pudieran ser todos y ninguno es nadie. «Los escogidos se pusieron ante la cámara un solo segundo y para un solo disparo. Así que no existe posibilidad de retoque. Todos tienen aspecto desahuciado para intentar despojarlos de su identidad construida por su rol social», sostiene Roig.

En ninguno hay mueca, pues las muecas también son máscaras. En estas instantáneas, como afirmaba el poeta Vicente Gerbasi, «el hombre es un secreto guardado por las horas». El artista hurga en el reverso del rostro, igual que la poesía es una expedición por el reverso de las palabras.  «Las fotografías instantáneas son tiempo encapsulado. Se modifican constantemente con la luz», apunta el artista.  «Y el resultado es muy escultórico. La foto es finalmente un espejo y, como los espejos, un lugar sin garantías». Hay algo de principio democrático en este trabajo. Todos están fijados como si fuesen la apariencia imaginaria del primer hombre. La representación desnuda del tiempo haciendo surco en unos rostros tan distintos que tienen por delante el mismo desperfecto.


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Noticias / Estados Unidos: La policía de Las Vegas investiga si B. B. King murió por envenenamiento

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El músico B. B. King, en un concierto en Australia, el 22 de abril de 2011. (Foto: Mark Metcalfe)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- La policía de Las Vegas ha puesto en marcha una investigación por supuesto homicidio sobre la muerte del músico B.B.King, según confirmó un oficial a la agencia AFP, después de que las hijas de la leyenda del blues acusaran a sus asistentes de envenenarle. King falleció a los 89 años el pasado 14 de mayo en Las Vegas, donde vivía mientras mantenía una intensa agenda de conciertos y giras, que solo terminó el año pasado. El músico padecía diabetes de tipo II desde hacía 20 años. Una entrega de AFP.

El mismo oficial anunció que se le practicaría una autopsia al cadáver del músico. Los resultados tardarán en conocerse entre seis y ocho semanas. Mientras, el entierro del artista en su Mississipi natal será pospuesto.

Dos de sus hijas –Karen Williams y Patty King- han sostenido que el artista fue envenenado por su mánager Laverne Toney y su asistente personal, según Eonline.  «Creo que mi padre fue envenenado y le fueron proporcionadas sustancias extrañas que le causaron una muerte prematura», escribieron ambas hijas en sus respectivas denuncias, separadas pero iguales, según la web de entretenimiento. Por tanto, ambos documentos pedían la apertura de una investigación oficial.

A pesar de su estatus de leyenda de la música, los últimos días de King fueron ensombrecidos por una presunta disputa entre su familia y su mánager respecto a los cuidados que tenía que recibir. Laverne Toney, que es el ejecutor testamentario del músico, ha defendido que no hay nada nuevo en la acción de las hijas de King:  «Han estado haciendo alegaciones todo el tiempo». Un abogado responsable de la herencia del músico ha agregado que las acusaciones de las hijas son «ridículas». «Espero que tengan una base de hechos con la que puedan demostrar sus alegaciones difamatorias», defendió Brent Bryson en un comunicado.


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Literatura / Entrevista a Ana Arzoumanian

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En Del vodka hecho con moras, Arzoumanian le da voz a un ex soldado armenio que peleó en la guerra de Karabagh. (Foto: Bernardino Avila)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- La escritora señala que la ficción debería salir «de los espacios cómodos para ir hacia lugares impuros y molestos». Es lo que hace su novela que, más allá de la memoria de los armenios de la diáspora, asume «la voz del reclamo del presente de la Armenia actual». Silvina Friera la entrevista para Página/12.

«El libro empezó a escribirse con las visitas que hice a Armenia para tratar de entender qué pasaba ahí –cuenta Arzoumanian a Página/12–. Hay un hueco y una tensión entre los armenios de la diáspora y los armenios de Armenia y yo sentía una cierta desconfianza de unos a otros y quería averiguar por qué. La única manera era meterme profundamente en el texto, que tiene que ver con una cosa amorosa, un amor cruel, una relación especial, rara, entre una armenia de la diáspora y un armenio de Armenia, un encuentro casi imposible. La gente mayor de cincuenta años añora algo que pensaba que era mucho mejor porque tenían los servicios y la salud garantizados y los escritores podían publicar sus libros. Pero con la caída de la Unión Soviética de golpe tuvieron que empezar a competir de una manera que no sabían. Los más jóvenes enseguida se asociaron a nuevas formas. Por un lado, corren detrás del dinero y por otro sienten que el dinero y todo ese mundo es mezquino y snob.» Uno de esos viajes a la tierra de donde huyó su abuelo, el primero que hizo la narradora, poeta, ensayista y traductora, fue en 2010 para la filmación de A-Un diálogo sin fronteras, dirigida por Ignacio Dimattia

En la novela aparecen muchas expresiones rusas y en un momento se menciona una reforma ortográfica del armenio. Lo interesante para los lectores es la proximidad extrema entre armenios y rusos. ¿Qué pasó con la lengua armenia?

Con la pertenencia a la Unión Soviética, la lingua franca era el ruso; entonces se enseñaba en los colegios el armenio, pero era obligatorio saber ruso. En 2010 todavía los carteles de los supermercados armenios estaban escritos en ruso. La pronunciación del armenio no es como la pronunciación del armenio de la diáspora.

Por eso en un momento él le dice a ella que habla raro, que no le entiende bien el armenio, ¿no?

Sí, el juego que se da entre los cuerpos es un juego de tensión entre las lenguas porque no se comprenden. Pero también llevado al extremo es un juego entre ese bloque soviético anterior o contemporáneo a la Guerra Fría y Occidente, esa lucha que todavía se percibe. Esa reforma ortográfica se suponía que era para evitar la comunicación y entonces cada vez se pudieron escribir menos, se entendían menos; la idea fue cerrar el vínculo del armenio soviético con el armenio diaspórico. El personaje masculino del libro es un ex soldado que sigue sirviendo a su ejército, pero que en realidad muere por una mala práctica del propio ejército, muere afuera de la zona del combate y muere más allá del combate, algo que ha sucedido luego de la guerra y que ha sido poco estudiado, excepto por algunas fotógrafas que han tomado imágenes en la zona. Habla de esa locura que está rondando tanto en el ejército como afuera. Karabagh es una zona muy compleja, que está al límite. Esa sensación de ver que la gente está al borde es conmovedora. Por un lado, parece muy vital porque quieren ofrecerlo todo, pero ofrecen todo porque sienten que podrían perderlo todo al día siguiente.

En un momento de la novela se define a Armenia como un país viajero: «No somos caucásicos, pero vivimos en el Cáucaso». Es una definición no exenta de polémica porque estaría excluyendo a quienes nunca han salido del país...

Sí. Un académico francés quiere promover la idea de una Armenia transnacional, en el sentido de que abarcaría todos los lugares de esos viajes. A los armenios de Armenia no les gusta que digan que Armenia es un país viajero. Hay una tensión entre cierto sedentarismo y el nomadismo; hay dos vertientes de la pertenencia y de armar tienditas en cualquier espacio, que se traduce en el libro en esa relación amorosa rara de armar una tienda en cualquier espacio del cuerpo. No hay un espacio en el cuerpo donde él o ella puedan habitar del todo; las ideas románticas o del amor tradicional no los albergan. Me interesaba trabajar qué pasaba en el cuerpo de ellos; el texto va en los márgenes dando cuenta de lo que está pasando, de este telón de fondo, pero en la escena primera están ellos dos. La palabra que los representa a ellos y a la cuestión política es la dilución, algo que se disuelve. Se disolvió la unión, se disolvió la aparente hermandad entre los países, se disolvió la lengua, se disolvió la frontera. Ellos quieren y no disolverse uno en el otro. Y lo logran apenas en una región que es Armenia, pero que no es, porque esa zona de Karabagh no es Armenia.

¿Qué pasa con esas identidades tan al límite?

También se pone en cuestión la identidad argentina, qué es ser argentino en el sur del sur, cómo se le mezclan las cosas también. Un director de cine que leyó el libro me dijo que le parecía una autopsia de la identidad y que utilizaba el sexo para esa autopsia. Puede ser.... es verdad, porque los personajes no tienen una identidad definida. Quizá sea parte de estos tiempos que no haya una identidad única, sino múltiple. El personaje masculino que fue soldado y pertenece a una tierra y parece tener una identidad más fija, igual se le diluye en su propio cuerpo, con su propia muerte, cuando le dice a ella que no le cuente a nadie. Este es un tiempo movedizo donde lo fijo se ve cuestionado. Son dos identidades parecidas, pero que se contraponen. Me parece que la consigna tiene que ser pensar en Armenias en plural. El deslizamiento de las lenguas entre el armenio, el castellano y el ruso da cierta idea de confusión. El territorio del lenguaje tampoco es tan claro, ahí también hay algo que se desliza.

Hay un planteo polémico en la novela cuando él le dice a ella: «No hablemos del millón quinientos mil famoso». No es una postura negacionista del genocidio, pero parece demandar la necesidad de olvidar.

Ese es el lugar más difícil del libro para mí porque vengo trabajando por la memoria del millón quinientos mil, pero en mis viajes a Armenia me encontré con otras necesidades. Varios escritores armenios me decían: «Si ustedes –por la Armenia diaspórica– pusieran toda esa energía sobre el genocidio en nosotros que nos estamos muriendo –ya han dejado un millón y pico el país por cuestiones económicas y se han ido a Rusia o a Estados Unidos– y ahora somos menos de tres millones de habitantes». Fue un reclamo muy fuerte y yo me sentí tocada en la responsabilidad de trabajar por la memoria, por esos muertos que son parte de nuestra familia, pero también por la responsabilidad del presente. Yo tenía una idea más romántica y pensaba que si uno trabajaba sobre la memoria, uno evitaba que las cosas vuelvan a suceder. Y viendo que las cosas siguen sucediendo, uno se cuestiona y se pregunta qué hacemos con esto. Me pareció que estaba bien poner al límite esta cuestión en la ficción y hacerla visible, transparentarla. El sitio de la memoria del genocidio es puro, pero en vez de dejarlo en un lugar tan puro, le di esta voz que es la voz del reclamo del presente de la Armenia actual. Que es la voz del reclamo del armenio de Armenia y que el armenio de la diáspora no escucha de ninguna manera y cuando aparece una discusión de este tenor siempre hay una pelea fuerte. Estuve en la frontera con Turquía del lado armenio, en una aldea, con una mujer de unos cincuenta años que parecía una señora mayor, que apenas tenía para subsistir, no tenía trabajo y sus hijos se habían ido del lugar. Cuando salimos al patio-campo de la casa, se veía una montaña que decía: «Sólo es feliz quien nace en Turquía». Esa mujer, cada vez que sale de su casa, ve eso... A mí me impactó tanto que me puse a llorar. Ella me abrazó y me dijo: «No te hagas problema, la gente de la diáspora viene, ve estas cosas, llora y después se va». Yo sentí una gran responsabilidad y al mismo tiempo una gran desazón y pensaba:  «Nunca más voy a poder escribir». ¿Con qué atrevimiento puedo hablar de lo armenio cuando esta gente pone su cuerpo todos los días y está viviendo esta realidad? Mientras, yo estoy tranquila en mi casa, en una sociedad que me garantiza cosas, y escribo. Lo primero que pensé es que no iba a escribir más de lo armenio. Pero después pasó el tiempo y algo se volvió a armar...

El suspiro de Ana, como si algo se volviera a desarmar al narrarlo, no logra sortear el cúmulo de imágenes que regresan. Después de visitar esa aldea fue a un colegio en el medio de la nada, casi derruido, con niños que estaban en la clase de danza. «Me puse a llorar también ahí porque los chicos estaban impecables, vestidos como si estuvieran en el Bolshoi. El maestro les exigía a chicos de cinco, seis años, que fueran precisos en cada paso, en cada movimiento. Y el maestro estaba vestido de traje. Sentí esa obstinación por construir a pesar de todo. Me pareció que había que remover los espacios de comodidad de la diáspora y también de todos los otros lugares de memoria; hay espacios de memoria que son cómodos porque está bien estar en ese sitio. ¿Quién diría que construir memoria es malo?», pregunta la escritora. «Me parece que hay que tocar esos espacios cómodos para estar atentos a que no oculte otras cosas. La literatura se tiene que correr de la pureza y los espacios cómodos para ir hacia lugares impuros y molestos. Yo no podría decir esto fuera de la ficción, pero sí me atreví a ponerlo en boca de un personaje.»

Hay algo más osado que dice este personaje:  «Matar no es asesinar». ¿Cómo explicaría esta afirmación?

Cuando dice eso, está pensando en la guerra de Karabagh. El forma parte de una realidad donde matar es la defensa de la vida. En uno de mis viajes a Armenia fui a una escuela primaria donde los chicos de doce años tenían un taller militar, algo que me resultó imposible desde nuestra realidad. La maestra, que hablaba un castellano medio ruso, me preguntaba por qué me asombraba: «Si estos chicos no saben esto, los van a matar los otros, así de simple. O matamos nosotros o nos matan». Hay un resto de violencia no elaborada que sigue rondando. Esa violencia todavía está efervescente y se alimenta de los jóvenes. Atravesar la situación de saber que uno puede morir en cualquier momento o puede matar en cualquier momento es tan extrema que hace que todo ocupe otro espacio y otro lugar. Lo más interesante es trabajar con las zonas de la pérdida. Si bien la asimilación con las sociedades donde se vive está bueno porque es asomarse a esa cultura que alberga, por otro lado es considerado como una aculturación, como una pérdida de la cultura original. Pero eso lleva a pensar acerca de qué es el origen. Qué es ser europeo o asiático, porque la novela empieza en el límite entre Europa y Asia, que es bien complejo y que también implica una responsabilidad para los propios europeos que se desentienden de ese límite y están en una zona de confort y establecen qué guerras son buenas o cuáles son malas. O plantean que se puede invadir tranquilamente lo asiático porque hay algo de salvaje en lo asiático. Quizá sea más fácil desde América poner en crítica esta zona europea porque mucha de la diáspora armenia en Europa tiene una posición más europeizante y de comodidad con el discurso que se maneja, que después no se condice con la realidad. Acá, desde América, tenemos una visión mucha más rica porque podemos ver los matices y la opacidad de toda esa concepción que los europeos defienden a ultranza. Los poetas armenios me preguntaban: ¿qué les interesa a los argentinos de la poesía armenia?. Les cuesta entender que acá exista esta curiosidad por todo ese mundo; distancia que nosotros queremos achicar desde la literatura y el arte. Estamos atentos y siempre ávidos de las cosas que pasan en los Balcanes, en Medio Oriente, y eso nos da otra visión que no tiene el armenio de Europa.


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Galería / Raquel Barbero: «Market time»

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Market time


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Música / España: Un público en pie arropa a Serrat en su reaparición en Valencia

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Serrat, anoche en el Palau de les Arts, en Valencia. (Foto: José García Poveda)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Las notas de Cançó de bressol le sirvieron para abrir el recital. La canción señala los puntos cardinales de este intérprete: mestizaje, fidelidad, compromiso y tributo para aquellos hombres y mujeres de la Nova Cançó que hace más de cincuenta años iniciaron un nuevo camino en la canción popular en Cataluña y en España. Un público puesto de pie que había agotado desde hace meses las localidades del Palau de les Arts le recibió y arropó en una noche que se presentaba cargada de emociones en medio de la jornada de reflexión. El cantante reapareció después de haber suspendido los recitales programados, entre ellos, los que deberían haberse celebrado en Madrid, a causa de una afonía que ha interrumpido la gira que inició hace medio año por tierras sudamericanas. Reporta desde Valencia para El País Carles Gámez.

La sensación de fragilidad voló y ascendió en esos primeros momentos del concierto por el escenario operístico del Palau de les Arts mientras la voz de Serrat se iba afirmando en un repertorio donde se alternaban los grandes temas del songbook serratiano en catalán y en castellano. Todo parecía señalar que la fortaleza del cantante acabaría siendo más robusta que la cubierta del auditorio que muestra todavía sus heridas de la última guerra arquitectónica. Los versos de Miguel Hernández suenan más vigorosos que nunca: «Aún tengo la vida…».

Una sofisticada iconografía en forma de arabesco dibujaba la firma del cantante sobre el escenario enmarcado entre las figuras del mestre Ricardo Miralles al piano y del alquimista Josep Mas Kitflus en los teclados. Esa firma en forma de autógrafo que muchos de los asistentes en otros tiempos esperaron pacientemente ver estampada en una tarjeta de promoción o en la página de un bloc haciendo cola en la puerta de los camerinos de un teatro o una sala de fiestas. Pero los autógrafos ya forman parte del pasado analógico y el selfie o esos pequeños artilugios que iluminan la platea sirven ahora para guardar la memoria de la noche más deseada entre el cantante y su público.

Como celebración de esos cincuenta años sobre los escenarios que Serrat se encargó de recordar, la felicidad de compartir medio siglo de complicidades con el público, el recital avanzó por el cancionero que ha forjado algunos de los títulos que han señalado la memoria sentimental del país. Aquella Cançó de matinada que irrumpía en las radios como un objeto no identificado en una España entre los ritmos ye-ye y el Porompopero. El Serrat que realizaba su particular Everest musical gracias a Machado y Mediterráneo rompiendo las barreras entre el público intelectual y popular. El cantante que sumaba las figuras del cantautor sofisticado y el artista comercial en un paisaje en tensión bajo el franquismo. El intérprete que no renuncia a su imagen de estrella pop y al mismo tiempo su vocación de artista crítico. Serrat es el nuevo príncipe del pop melódico que reescribía a su manera la lírica popular de la tradición Quintero-León-Quiroga siguiendo las huellas de la Chanson. Esa canción francesa que en Serrat es deudora tanto de Brassens como de Aznavour mientras se pasea por las calles de su Barcelona i jo como sus maestros del otro lado de los Pirineos hacían otro tanto por las calles de Montmatre o Saint-Germain-des-Prés.

En una fiesta de aniversario no podían faltar los regalos de los amigos y aquí lo puso la voz de Soledad Giménez para cantar a dúo Aquellas pequeñas cosas, ahora transformada en una renacida balada de amor. La sesión de fuegos artificiales llegó con el desembarco de bises y las Paraules d’amor sellando esos cincuenta años de amores recíprocos y cantadas con el público. Otro tanto para los Cantares machadianos y esa Lucía que ha unido a varias generaciones en ese tránsito del microsurco al archivo digital. Más de uno y de una esperaron en vano ver aparecer la figura de Penélope en la vieja estación pero el tren esta vez no se detuvo esa noche en el Palau de les Arts.

El 29 de mayo Serrat cantará por primera vez en el Olympia de París. Un encuentro que se ha hecho esperar y suponemos no por falta de ganas del intérprete. Seguro que esa noche, en algún momento de la velada, estará acompañado por los fantasmas del Olympia que según muchos de los que han actuado allí siguen paseándose por la antigua casa de Bruno Coquatrix, Piaf, Barbara, Ferré o a aquel Brel de las noches triunfales y despedidas imborrables del Olympia. Como aquel musical de Broadway dedicado a Brel, podemos decir que Serrat está vivo, está bien y sigue viviendo, no en París, sino de momento en el corazón de millones de espectadores.



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Galería / Frank Horvat: «Fifth arrondissement in Paris»

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Fifth arrondissement in Paris
1955


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Cine / Francia: «Dheepan», de Jacques Audiard, gana la Palma de Oro del Festival de Cannes

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Jacques Audiard. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- No es su mejor película, pero Dheepan ha consagrado a Jacques Audiard en el certamen de Cannes. Con su inmersión en una historia de amor desarrollada en una terrible situación de violencia –tres inmigrantes tamiles en mitad de un barrio de extrarradio de París-, el francés ha ganado la Palma de Oro de Cannes de 2015. Los hermanos Coen, presidentes del jurado, han explicado, con el asentimiento del resto de miembros: «Nos entusiasmó a todos». Según varios de ellos, les «sorprendió cómo construye esa aventura en la que un trío de extraños acaba siendo una familia». Otro de los jurados, Guillermo del Toro, la defendió: «Nos gustó cómo de la muerte, de la falta de vida, nace el amor, sin caer en el melodrama. Por no apuntar sus aciertos artísticos». Reporta desde Cannes Gregorio Belinchón Yagüe para El País.

Con la Palma en la mano, y rodeado del reparto, Audiard explicó: «La gente me pregunta mucho por detalles de la dirección de actores, de la realización visual y de concepción cinematográfica para los que no suelo tener respuesta». Al francés nunca le ha gustado explicar su cine y defiende que lo que está en la pantalla es lo que habla por él. Sobre el desarrollo de la historia, sí ahondó algo: «Me gusta la idea de que un hombre guerrillero, violento, vaya cambiando según le demanda una mujer pacífica. Y espero que alguien mire ahora de manera diferente a ese vendedor que le ofrece rosas mientras se toma un café sentado en cualquier ciudad europea».

Uno de ellos, el canadiense Xavier Dolan, ahondó en la impresión que sufrieron tras ver el Gran Premio del Jurado, que ha sido para Son of Saul, del debutante húngaro László Nemes. «Necesitamos un momento de silencio, de reflexión, para asimilar el filme». Son of Saul es una apuesta arriesgadísima para contar la historia de un judío miembro de un sonderkommando –los grupos de prisioneros que trabajaban en los campos de concentración- en Auschwitz durante 36 horas de octubre de 1944, que en medio de aquel infierno intenta enterrar el cuerpo de un niño. La cámara nunca se aleja del rostro del protagonista (salvo en contadas excepciones) lo que hace que el filme viva en un peligroso equilibrio entre lo experimental y lo hipnótico. Su director contó que no se esperaba este premio.  «Es mi primera película, no pensaba ganar nada. Sí estoy contento en cómo el público ha reaccionado tras sus proyecciones. Quería contar algo tan inabarcable como los campos de concentración con la dimensión del ser humano. Y que los espectadores lo asimilaran. Eso no se hace rápido. Cannes me ha ayudado a que Son of Saul vaya a llegar a todo el mundo».

El griego Giorgos Lanthimos, realizador que compitió con Canino (2009) ha logrado el Premio del Jurado con su primera película en inglés, The lobster, una distopía no muy alejada de nuestro presente en la que los célibes son recluidos en un hotel en el que tienen 45 días para emparejarse. El cineasta explicaba su trabajo: «Lo absurdo de algunas situaciones son las que llevan a pensar al espectador en el surrealismo. Pero de verdad, la vida es así. Lo que quería contar era cómo la gente percibe la soledad». Sobre el premio, aseguró: «A algunos no les importan. Yo me siento muy honrado y más si viene de un jurado así».

El resto de los premios fueron para el taiwanés Hou Hsiao-Hsien, que con The assassin ganó el galardón a mejor dirección; para el mexicano Michel Franco, mejor guion por Chronic («Lo comparto con Tim Roth, porque para él desarrollé el proyecto y estuvo todo el rato encima»); para el francés Vincent Lindon, mejor actor con La loi du marché ( «Con 55 años y es mi primer premio; que los Coen hayan visto mi trabajo, y que encima les haya gustado, me sobrepasa»), y en una muy discutible decisión, hubo un ex aequo para las actrices Emmanuelle Bercot (Mon roi) y Rooney Mara (Carol). La francesa no merecía el honor.

En general, la sección Oficial a concurso ha tenido un más que aceptable nivel. No ha ocurrido lo mismo con Una cierta mirada, que ha quedado bastante diezmada ante la fortaleza de las proyecciones fuera de concurso y de la Quincena de Realizadores, donde se han refugiado los veteranos directores franceses y prometedores cineastas del resto del mundo. El delegado general de Cannes, Thierry Fremáux, deberá meditar sobre este y otro problema: ¿por qué una de las grandes películas del año, la obra maestra de la factoría Pixar Del revés (Inside Out), de Pete Docter, no competía? Por no hablar de la ausencia del cine español en la Oficial. Otro año más y van…

El cine latinoamericano ha salido sin embargo bastante reforzado con sus triunfos en la Cámara de Oro, que galardona la primer película en cualquier sección del certamen, y que fue para la colombiana La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo; en la Quincena de Realizadores de la también colombiana El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, y de la argentina Paulina (La patota), de Santiago Mitre en la Semana de la Crítica. Acevedo, que logró uno de los galardones más prestigiosos del mundo del cine, explicó el honor de ganar la Cámara. «No sé qué vendrá después, ni soy aún capaz de valorar su importancia para la cinematografía colombiana. Mi película habla sobre un pueblo arrasado, sobre la identidad y la memoria perdida, avasallado por la idea del progreso. Espero que la vean en mi país, porque para ellos está hecha».

Una gloria como la de la directora Agnès Varda, que ha recibido en esta edición la Palma de Oro de Honor, que recae por primera vez para una mujer. No es suficiente para contrarrestar el habitual desequilibrio en el cine entre creadores y creadoras. Eso sí, en 2016 el programa Women in Motion ya entregará premios a las cineastas, con lo que el festival de Cannes empezará a resolver otra sus sempiternas deudas pendientes.

Palmarés

Palma de Oro: Dheepan, de Jacques Audiard.
Gran premio del Jurado: Son of Saul, de László Nemes.
Premio del Jurado: The lobster, de Giorgos Lanthimos.
Mejor dirección: Hou Hsiao-Hsien, por The assasin.
Mejor actor: Vincent Lindon, por Le loi du marché.
Mejor actriz: Emmanuelle Bercot por Mon roi y Rooney Mara, por Carol.
Cámara de Oro: La tierra y la sombra, de César Acevedo.
Mejor guion: Michel Franco, por Chronic.
Mejor película en Una cierta mirada: Hrútar, de Grímur Hákonarson.
Mejor película en Quincena de Realizadores: El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra.
Mejor película de la Semana de la Crítica: Paulina, de Santiago Mitre.


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Obituario / John Nash

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El matemático estadounidense John Nash. (Foto: EFE)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Una muerte nada predecible para el gran matemático John Nash, experto en teoría de juegos y en ecuaciones diferenciales parciales. El hombre que se aferró a su inteligencia para pelear con la terrible enfermedad que padecía, la esquizofrenia, falleció el sábado por la noche a los 86 años en un accidente de tráfico en Nueva Jersey (Estados Unidos). Viajaba en un taxi junto a su mujer, Alicia López Harrison de Lardé, de 82 años, que también murió en el siniestro. Una nota de la redacción de El País.

El coche en que se desplazaban Nash y su mujer se estrelló cuando intentaba adelantar a un vehículo, según ha informado la policía a medios locales. De acuerdo con esa versión, la pareja no llevaba el cinturón de seguridad, por lo que salió despedida del vehículo tras el impacto.

John Forbes Nash, premiado con el Nobel de Economía en 1994, acababa de recibir, el pasado marzo, el Premio Abel de la Academia Noruega de Ciencias y Letras, considerado el Nobel de las matemáticas. Sus aportaciones sobre ecuaciones no lineales en derivadas parciales han tenido enorme repercusión en diversos ámbitos científicos, desde la química y la física cuántica, a la biología de sistemas o las finanzas.  «Nash ha sido trabajador solitario y en temas muy variados, aunque siempre con gran impacto», recordaba en un artículo en EL PAÍS el matemático David Ríos.

Poco antes de cumplir los 30 años, en uno de sus momentos más creativos, le fue diagnosticada la esquizofrenia contra la que luchó hasta el día de su muerte, incluso promoviendo actividades benéficas, junto a su mujer, para dar a conocer la realidad de esta enfermedad.

La periodista y profesora de la Universidad de Columbia Sylvia Nasar, experta en divulgación científica, publicó el libro sobre su vida John Nash (Una mente prodigiosa), que se llevó al cine en 2001, en una cinta de gran éxito protagonizada por Russell Crowe.



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Danza / Estados Unidos: Xiomara Reyes se despide del American Ballet Theatre

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La figura mundial de la danza protagonizará Giselle. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- Después de doce años de brillar en el American Ballet Theatre, ha llegado el momento del adiós de la bailarina cubana Xiomara Reyes, una de las más versátiles y empáticas figuras de la compañía, que se despide este 27 de mayo con Giselle, su «primer amor». Una entrega de EFE:

«Es un ballet que ha estado conmigo desde los 20 años. Es el ballet con el que yo crecí, el primero que yo vi, que con Alicia Alonso, en Cuba, obviamente, era el ballet clave. De pequeñita, mi madre me ponía el disco y era la manera de tenerme ocupada gastando la energía en algo positivo», asegura en una entrevista.

Pero, a pesar de conocer perfectamente la obra de Adolphe Adam —coreografiada por Jules Pettor y Jean Coralli—, la bailarina nunca realiza una Giselle de forma mecánica y, desde luego, no en la gala de despedida que tendrá lugar en el Metropolitan de Nueva York.

«Con la edad y el tiempo que pasa, uno va agregando cositas, a medida que uno va creciendo como ser humano va entendiendo Giselle de otra manera; una va creciendo con ella. Para mí nunca ha sido un personaje que diga: ‘Ya lo conozco, ya lo sé’ », asevera.

Reyes, nacida en La Habana, se formó profesionalmente en la capital cubana, pero no despegó al estrellato sino hasta que un ballet internacional apostó por ella.

Primero fue el de Flandes y después llegó a Nueva York, donde tardó dos años en ser primera bailarina de la compañía más importante de Estados Unidos, que ahora cumple 75 años.

 «Me siento como una piedrecita en un río. El río sigue pasando. El ABT es un lugar con tanta historia, donde ha pasado gente de un talento tan impresionante», dice la bailarina.

«Me acuerdo de mi primer Don Quijote en el Metropolitan, con Ángel (Corella). Voltear y ver los decorados. Estaba en el traje de (Natalia) Makarova, la persona con la que había crecido viéndola en los videos, mi ídolo. Mirando al decorado de los videos de Bayshnikov. Era como si alguien me hubiese tirado en el medio de un sueño», recuerda.

Reyes, frente a las actitudes altivas de algunas grandes divas de la danza, ha apostado siempre por una simpatía, una cercanía y una humildad inusitadas.

 «No puedo decir que he tenido un físico espectacular, lo he tenido todo en moderación, pero unas ganas tan inmensas de bailar, una felicidad tan grande en lo que hago, que es lo que me ha llevado de niña pequeña a primera bailarina del ABT», dice.

Aunque sí se siente orgullosa de retirarse en un momento de plenas facultades físicas. «Mi cuerpo está conmigo», explica, y argumenta los beneficios de la edad: «Las cosas se vuelven más fáciles. Un joven necesita la disciplina férrea, tiene que crear un carril, el camino que va a ser toda tu carrera... Con la edad uno puede empezar a respirar de otra manera. Bailar viene más orgánico», reconoce la bailarina.

Y, de la misma manera, afronta el cambio con optimismo. «El cambio es una de las constantes de la vida. Es lo que siempre vas a tener quieras o no quieras y para mí siempre ha sido lo que me ha hecho crecer. Siempre me ha traído cosas mejores», asegura.

Este cambio, no obstante, es probablemente el más grande de su carrera. «Es muy, muy, muy fuerte. Toda mi vida he sido un miembro de una gran compañía, ahora voy a estar en mis manos, voy a escoger un poco más lo que hago», confiesa.

Entre sus prioridades, devolver todos los conocimientos aprendidos. «Enseñar me fascina», asegura, y tras su experiencia en varios cursos intensivos de verano en Barcelona con la iniciativa IBStage.

«Estamos en una sociedad en la que lo que hacemos más bien es copiarnos los unos a los otros, tratar de seguir en el camino de los otros. Lo que estamos buscando en IBStage es darle tiempo a los muchachos en esas semanitas de descubrirse a sí mismos», cuenta.

Y, por supuesto, únicamente queda preguntarle por su país, Cuba, donde empezó su trayectoria y que ahora afronta un gran cambio de perspectivas.  «Cuba también en ese sentido está como yo: un poco en el momento en el que tienes que quedarte tranquila», concluye.


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Galería / Frank Horvat: «Gare Saint-Lazare»

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Gare Saint-Lazare
Paris. 1959


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Libros / Inglaterra: 150 años de «Alicia en el país de las maravillas» de Lewis Carroll

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Vidriera de la parroquia de Daresbury en homenaje a Alicia en el país de las maravillas.  (Foto: Carlos Fresnada)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2015. (RanchoNEWS).- En una tarde dorada de julio de 1862, el profesor, matemático y diácono Charles Lutwidge Dodgson remontaba en barca en el Támesis, entre Oxford y Godstow, arropado a los remos por su amigo Robinson Duckworth y ante la mirada inquieta de tres niñas, Edith, Lorina y Alice Liddell, que se aburrían como tortugas contemplando las aguas del río. Reporta desde Daresbury Carlos Fresnada para El Mundo.

Fue Alice quien tiró de la lengua al esforzado Dodgson, y le pidió que inventara una de sus chifladas historias para hacer más llevadera la travesía de dos horas. El ocurrente remero pudo haber lanzado a la niña por la borda, para que saliera al encuentro de los seres increíbles que reposan en los lechos fluviales. Pero su imaginación le llevó hasta la verde orilla, por donde pasaba un conejo blanco vestido con un chaleco y musitando con impaciencia mientras miraba su reloj de bolsillo.

La niña no pudo reprimir la tentación y decidió seguir mentalmente al conejo, hasta caer atrapada en la madriguera. El remero confesó tiempo después que ni él mismo sabía lo que le esperaba en ese viaje vertiginoso hacia el subsuelo, donde la niña crecería y decrecería caprichosamente mientras bebía pócimas mágicas y le daba por mordiscos a una seta: «Bébeme», «Cómeme»...

El universo mágico de Alicia en el país de las maravillas se sigue expandiendo al cabo de 150 años de la publicación de un libro que Lewis Carroll (su 'alter ego' literario) escribió en principio para la pequeña musa que él mismo retrataría (también fue apasionado fotógrafo) con su mirada traviesa y su melena morena y corta.


Otra de las imágenes de los ventanales.

Poner orden y concierto (es un decir) al cuento que se le ocurrió en aquella aburridísima travesía por el Támesis. Ése fue su compromiso con Alicia, sin saber que al mismo tiempo se estaba comprometiendo con los lectores de todo el mundo, de su coetáneo Charles Darwin (que por aquellos tiempos hablaba de  «las formas bellas y maravillosas de vida que luchan por la supervivencia») a la reina Victoria, lejanamente emparentada con la Reina de Corazones.

Casi todos los personajes de Las aventuras subterráneas de Alicia, que así se tituló en principio, estaban inspirados en personas de carne y hueso que los dos conocían. El caso es que el pacto secreto entre el profesor y la niña (incluido el retrato ovalado que le dedicó en la última página) quedó profanado cuando su amigo George MacDonald cayó también atrapado en la madriguera en la segunda página, sin considerar por un momento cómo iba a salir de allí.

El Conejo Blanco, el ratón cuenta-cuentos, el simpático Dodo, el Sombrerero, la Liebre de Marzo, el gato de Cheshire y la persistente Oruga Azul («¿Quién eres tú?») cobran luego vida propia gracias a las ilustraciones de John Tenniel en la primera edición que ve la luz en 1865, porque nada le revienta más a Alicia que los libros sin dibujos y sin diálogos, y por eso se quedó dormida, y por eso se pasa todo el tiempo haciendo equilibrios entre el sueño y la pesadilla, tal vez como fruto del láudano que tomaba el propio Lewis Carroll para combatir sus frecuentes migrañas.

¿Pedófilo?

Hay quienes han hecho una doble lectura del libro como Alicia en el país de las Psicopatías. Hay quienes siguen viendo una velada declaración de amor, sobre todo en el poema final («Aún así, todavía me atormenta»). Hay quienes explotan el mito de Carroll como un pedófilo reprimido, y nos remiten a las páginas de sus diarios, las que desaparecieron y las que llegaron hasta nuestros días, con pasajes reveladores como éste, en el que narra el pasaje a la pubertad de su añorada niña: «Alicia parece muy cambiada, y no a mejor precisamente... Posiblemente está pasando por la inusual y extraña fase de transición».

Otro de los mitos que rodean a Alicia es del supuesto afecto de Carroll por su hermana mayor, Lorina, que pudo ser la causa auténtica de su ruptura con la familia y con su padre, el reverendo Henry Liddell, que nunca más le volvería a confiar a sus hijas. Stuart Dodgson Collingwood, sobrino del autor, fue el primero en exculpar a su tío alegando que siempre tuvo alma de profesor, que tenía la rara habilidad de hacer que todo fuera divertido con sus juegos de lógico... Y que sentía tremendamente atraído por las «mentes inmaculadas de los niños, que siempre fueron su fuente de inspiración».


Los reyes de Corazones 

Los niños, todo hay que decirlo, nunca fueron santo de su devoción. Carroll no ocultaba en sus diarios su predilección por las niñas, ni su obsesión por fotografiarlas ligeras de ropa o desnudas. Vuelve a pesar la sospecha (alimentada por un reciente documental de la BBC), y vuelven a escucharse voces como la de Hughes Lebailly, que nos invita a poner sus «inocentes» imágenes dentro del contexto del culto al niño en la era victoriana.

La relación entre Carroll y Alicia se sigue prestando a todo tipo de divagaciones y acertijos. Robert Douglas-Fairhurst, en su fascinante y reciente The story of Alice, va más lejos que nadie y recuerda como, en su imaginación, Alicia está condenada a seguir pequeña toda la vida y a no cumplir siquiera los ocho años, porque eso sería casi como perder la inocencia.

Cuando en 1871 se publica la secuela, A través del espejo, Alicia le confiesa a su amigo Humpty Dumpty que aún tiene siete años y medio. El tiempo, ya se sabe, no es una cosa que se pueda derrochar sino más bien una  «persona», como dijo en su día el Sombrerero, con esa verdad inmutable que parece pesar sobre todo lo que vio y escuchó Alicia en ese mundo de miniatura, tan deudor del Wunderland del romanticismo alemán como de la irrupción del «subterráneo» londinense, que se inauguró por cierto por esas fechas.

Pero el micromundo de Lewis Carroll fue Oxford, y en el Puente de Folly arranca simbólicamente el delirio que nos transporta del mundo real al reino de la imaginación si límites, donde uno es capaz de pensar hasta seis cosas imposibles antes del desayuno y sentarse a una merienda de locos con la Liebre, el Sombrerero y un Lirón que toma un té insufrible. Y eso por no hablar de la partida inacabable de croquet con un flamenco a modo de mazo y unos erizos que hacen de pelotas pero intentan escaparse a toda costa.

Viaje a Daresbury

Para adentrarse aún mejor al universo de Alicia no hay nada como viajar al origen, a esa aldea de poco más de 200 habitantes que sigue casi tan intacta como hace 150 años: Daresbury. Allí nació y vivió hasta los 11 años (algunos más que Alicia) el propio Charles Lutwidge Dodgson, que ya a los 10 desarrolló el curioso hábito de escribir un diario.

Tartamudo y zurdo (tal vez por el intento de corregirle), imaginativo y frágil de salud, el pequeño Charles tuvo que codearse con 10 hermanos y corretear por los bancos de la Iglesia de todos los Santos, donde su padre ejercía de vicario. La casa familiar quedaba a dos kilómetros del pueblo, y a ella volvió antes del incendio que la destruyó, pertrechado con aparatosas cámaras fotográficas, para perpetuar en 1860 los recuerdos de su infancia y hacer de paso algunos retratos de sus paisanos lejanos (como Mary Cliffe y Phoebe Thomas).

 «Hay quienes no quieren volver a los paisajes de su infancia, pero él regresó a tiempo y antes de concebir el que luego sería uno de los libros más populares del mundo», recuerda Myra Fye, voluntaria del Lewis Carroll Center, levantado hace apenas tres años en un ala de la iglesia con el esfuerzo y la imaginación de los apacibles vecinos de Daresbury, tan reacios a construir un Wonderland a costa de su hijo predilecto.

Daresbury tiene algo de encrucijada en medio del condado de Cheshire (como el gato) y a tiro de piedra de Manchester. El entorno industrial ruge en la lejanía, pero el lugar transmite una extraña paz, entre un paisaje de suaves colinas por el que uno imagina corriendo a los personajes predilectos de Carroll.

En 1932, coincidiendo con el centenario del nacimiento, el prodigioso universo subterráneo saltó a las cristaleras góticas gracias a un artista del vidrio local, Geoffrey Webb, que fiel al juego firmó la originalísima ventana con una tela de araña. Vista desde lejos, la escena parece exclusivamente religiosa, con la Anunciación en primer plano... Pero si nos fijamos a la izquierda veremos al ilustre hijo del vicario, vestido de diácono y flanqueado por una niña de melena rubia que no necesita presentaciones. Bajo ellos, en hilarante sucesión, están la Reina de Corazones, el ceñudo Sombrerero (con la etiqueta del precio del sombrero aún puesto) y finalmente el Conejo Blanco y Dodo, como si se persignaran ante el epitafio: «En memoria de Charles Lutwidge Dodgson, también conocido como Lewis Carroll».


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