Cargando...

Noticias / Ciudad Juárez: Inauguración del Centro Cultural de las Fronteras de la UACJ

.
Carlos García Martínez representante de la Secretaria de Cultura Federal, el rector de la UACJ Ricardo Duarte, el Gobernado del Estado Cesar Duarte Jáquez, el Presidente Municipal Javier González Mocken en el momento del corte de listón. (Foto: JMV)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- Al inaugurar el gobernador César Duarte Jáquez el Centro Cultural de las Fronteras de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, dijo que al rescatarse este espacio para la cultura en la zona del Pronaf se le da otro a la ciudad comparado al que tenía hace seis años, cuando prácticamente era un sitio de guerra, en donde los negocios habían cerrado por la ola de la violencia. Informa comunicación Social de Gobierno del Estado. 

En su mensaje dirigido a integrantes de la comunidad universitaria, funcionarios de los tres niveles de gobierno e invitados especiales, el mandatario estatal recordó que a poco más de un año de iniciada su administración se apoyó en la gestión para que el Gobierno Federal otorgara en comodato el edificio que hoy ocupa el Centro Cultural de las Fronteras, para que poco a poco se restaurara y pasara a formar parte del patrimonio de la UACJ.

Primera etapa del Centro Cultural de las Fronteras

Con una inversión de 16 millones 349 mil pesos, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) puso a disposición de la comunidad juarense la primera etapa del Centro Cultural de las Fronteras con la culminación de ocho espacios internos de uso múltiples.

Esta obra se consolidó con el programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE) de la Secretaria de Cultura del gobierno federal, quien en el año 2014 otorgó el financiamiento de 14 millones 500 mil pesos.

El recurso se obtuvo con base en una convocatoria donde la UACJ participó proponiendo el rescate del edificio FONART, un inmueble de una superficie de más de 6 mil metros cuadrados, entregado a la Universidad en comodato por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en septiembre de 2012.

Aunado a este fondo, concedido por el gobierno federal, la UACJ sumó la cantidad de un millón 534 mil pesos para la realización de la primera etapa en un espacio de mil 400 metros cuadrados de construcción.

En planta baja se rehabilitó un recibidor principal, un patio interno, una sala de exhibición que va a la torre y una cafetería.

En tanto en la planta alta se reacondicionó una segunda sala de exhibición, un mezzanine y una terraza en techo para eventos al aire libre.

La Librería Universitaria se constituye como uno de los espacios alusivos en la inauguración de esta primera etapa del Centro Cultural de las Fronteras, misma que viene funcionando en el lugar desde abril de este año.


Momento en que se devela la placa


Presídium 


El rector de la UACJ haciendo uso de la palabra


El Presidente Municipal Javier González Mocken 


Carlos García Martínez, representante del Secretario de Cultura Federal 


El gobernador del Estado César Duarte Jáquez 



REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Noticias / México: Nuccio Ordine en el ciclo «Seminarios de Reflexión Universitaria»

.
La gran corrupción de nuestros tiempos es hacer creer a las nuevas generaciones que la dignidad del hombre es la cuenta que se pueda tener en un banco. Eso no es cierto. Lo que forma a un hombre son los grandes valores que podamos abrazar, considera Nuccio Ordine. (Foto: Jesús Villaseca)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- Escuelas y universidades deberían enseñar a los estudiantes a ser hombres y mujeres libres, capaces de razonar por sí mismos y resistir al fuerte consumismo que nos rodea, pero hoy no se cumplen esas funciones porque las instituciones de enseñanza están al servicio de un mercado. Reporta para La Jornada Mónica Mateos-Vega.

Así lo considera el filósofo italiano Nuccio Ordine (Calabria, 1958), autor del agudo manifiesto La utilidad de lo inútil, que en 2013 lanzó en Europa una severa crítica al sistema educativo occidental, al que califica de «corrupto».

En entrevista con La Jornada, Ordine explica que sus argumentos han sido bien recibidos en muchos países «porque estamos pasando, en todo el mundo, por momentos muy difíciles para la vida de la educación en general, la cual es víctima del mercado; pero soy optimista, porque creo que la cultura es una forma de resistencia contra el utilitarismo».

El autor dice que en México, Brasil o cualquier nación de Europa «exigimos a los adolescentes que digan cuál es la profesión que elegirán cuando sean grandes, en lugar de pedirles que comiencen a leer para formarse una cultura, para ser mejores personas. Les decimos que hay que estudiar para tener una profesión para ganar dinero, ¡esa es una gran forma de corromper a alguien!

«Las dos palabras que aprenden los jóvenes en la universidad son crédito y débito. El lenguaje nunca es neutral, si elijo decir a los alumnos que al hacer un examen o estudiar a un autor van a ganar créditos es muy peligroso, pues significa subordinar los estudios a obtener un beneficio, en contra del papel que las escuelas deberían tener, que es exactamente lo contrario: hacer comprender a los alumnos que la única finalidad de estudiar es la formación de ellos mismos, como personas libres.

«Pero las universidades cada día se transforman más en empresas que venden diplomas, y los estudiantes son considerados clientes que los compran».

Comportarnos como el colibrí

Un solución a esa tendencia, ni el oráculo de Delfos la podría pronosticar, añade Ordine, pero considera que una posible respuesta sería factible si todos entendieran la metáfora que planteó el novelista Andrea Camilleri durante una conferencia que ofreció en Roma hace algunos meses: «Un día se declaró un terrible incendio en la selva, todos los animales salieron de allí corriendo, incluso el rey, el león, quien de pronto vio a un pequeño colibrí volar en dirección a las llamas. El león le gritó ‘¿qué haces, estás loco?’, y el colibrí le respondió: ‘llevo una gota de rocío, voy a intentar sofocar el fuego’. Cada uno de nosotros se debería comportar como el colibrí, porque nuestra gota es muy importante».

Es por ello que Ordine defiende el papel de los maestros en el proceso de transformación de una sociedad. «Al igual que un buen libro, un profesor puede cambiar la vida de un estudiante. Todo el tiempo digo a mis colegas que ser maestro no es un trabajo, pues enseñar es una vocación.

«No obstante, en la actualidad los sistemas burocráticos de la educación no permiten a los profesores preparar buenas clases porque se les exige participar en reuniones estúpidas e inútiles para alimentar el círculo de la burocracia, para llenar papeles a diestra y siniestra, hacen juntas en las que nadie está interesado, utilizando un tiempo que los maestros podrían ocupar en preparar bien sus lecciones, para entusiasmar a sus estudiantes.

«Goethe decía que un profesor que no tiene pasión no puede transmitirla a sus alumnos. Por eso, un maestro que no enseña con pasión comete un crimen, mata la posibilidad de que los jóvenes se entusiasmen por el conocimiento en general».

De visita en México invitado por la Universidad Iberoamericana para participar en el ciclo Seminarios de Reflexión Universitaria para profesores 2016, con el tema El papel del humanismo en la formación universitaria: la utilidad de lo inútil, Ordine, quien es también uno de los máximos estudiosos del Renacimiento, afirma que en el transcurso de la historia «la ignorancia siempre ha reportado gran beneficio para quien tiene el poder. Maquiavelo decía que el mundo está dividido entre las personas que saben y las que no saben; las primeras son las que tienen el poder, las segundas son sus esclavos.

«Es por eso que quienes están en el poder no desean que las personas razonen de manera autónoma, pues una sociedad de gente cultivada aumenta la posibilidad de criticar al poder, de exigir un cambio. La gran corrupción de nuestros tiempos es hacer creer a las nuevas generaciones que la dignidad del hombre es la cuenta que se pueda tener en un banco. Eso no es cierto. Lo que forma a un hombre son los grandes valores que podamos abrazar.

«Hay una frase de Albert Einstein que siempre ha orientado mi vida; un día la recorté de un periódico y la pegué en un muro de mi habitación de estudiante universitario, dice: ‘sólo una vida vivida por los demás merece la pena ser vivida’. Eso es lo más importante que podemos aprender, que estamos ligados a la humanidad. Los pequeños intereses personales no son nada. No somos hombres si pensamos de manera individual. Sólo soy un hombre si mi vida puede ser útil a otros.

«Lo mismo dice el poema del inglés John Donne (1572-1631), que inspiró el título del libro de Ernest Hemingway (1899-1961): ‘Ningún hombre es una isla entera por sí mismo./ Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo./ Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,/ como si fuera un promontorio,/ o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia./ Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,/ porque me encuentro unido a toda la humanidad;/ por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.’

«Esto es lo que nos deben enseñar la escuela, la cultura, el arte, que la solidaridad humana, es decir, el sentirse una pequeña parte de un todo, es lo más bello que se puede comprender», concluye el filósofo.

El manifiesto La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, traducido al español por Jordi Bayod, editado por Acantilado, acompañado por un ensayo de Abraham Flexner, se encuentra ya disponible en librerías del país.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Música / México: Xalapa celebra su segundo festival de jazz

.
El encuentro musical contará con la presencia del legendario bajista John Patitucci y del célebre saxofonista George Garzone. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- El Xalapa Jazz Festival Segunda Edición, que se llevará a cabo desde este martes hasta el 26 de junio, reunirá en la capital veracruzana a los mejores exponentes nacionales e internacionales de este género musical, quienes se presentarán de forma completamente gratuita. Una nota de la redacción de Excélsior.

Jazzistas de referencia, como John Patitucci, George Garzone, Miguel Zenón, Rudy Royston, Chris Potter, Gonzalo Rubalcaba, José Armando Gola, Horacio «El Negro» Hernández, Luis Perdomo, Hans Glawischnig, Henry Cole, Marco Pignataro, John Lockwood, Teo Ciavarella, Pete McGuinnes y Ron Savage, se darán cita en Xalapa en este encuentro.

El evento, organizado en una alianza del Gobierno del Estado, que preside Javier Duarte de Ochoa, y el Ayuntamiento local, que encabeza Américo Zúñiga Martínez, trae a la ciudad eventos artísticos, clases magistrales y actividades culturales, en diferentes espacios como el Centro Recreativo Xalapeño, la Iniciativa Municipal de Arte y Cultura (IMAC), el Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz (ISMEV), el Teatro del Estado, el Parque Juárez y La Tasca del Cantor.

Entre las novedades de esta segunda edición, se incluye el programa Jazz en tu Escuela, que busca acercar este género musical a los alumnos de 12 instituciones educativas, entre las que se incluyen jardines de niños, primarias, secundarias y el sábado 25, a partir de las 10:00 horas, en la Escuela Secundaria Técnica Número 3, habrá una clase especial para integrantes de marching bands, que tendrán acceso a una formación especializada en jazz.

La inauguración oficial del evento se llevará a cabo este martes 21 de junio, a las 20:00 horas, en las instalaciones de la Iniciativa Municipal de Arte y Cultura (IMAC), en donde se presentará en concierto del destacado vocalista estadunidense Jonathan Hoard, que visitará Xalapa por segunda ocasión.

Para consultar la cartelera completa puede acceder a la página web www.xalapajazzfestival.com.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Artes Plásticas / España: Manifesta 11, una cuestión gremial

.
Vista del Pavilion of Reflections, del estudio Tom Emerson. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- Zúrich es la sede de la 11ª edición de Manifesta, la Bienal Europea de Arte Contemporáneo que plantea este año una exposición bajo el título ¿Qué hace la gente por dinero? Al frente está Christian Jankowski con una propuesta que relaciona el arte con otros oficios. Javier Hontoria reporta para El Cultural.

Con el recuerdo algo amargo de la edición organizada en San Petersburgo en 2014, y con dos buenas sedes a priori atractivas en el horizonte -Palermo (2018) y Marsella (2020)-, Manifesta llega ahora a Zúrich, uno de los grandes núcleos financieros globales y uno de los centros artísticos más importantes del mundo. La ciudad suiza no parece ser emblema de esa tensión que se espera de una sede de esta bienal itinerante europea que tiene su cuartel general en Ámsterdam, pues desde sus primeras ediciones, entrados los años noventa, Manifesta ha dirigido sus esfuerzos a pulsar la supuesta complejidad de determinados contextos en el marco de la geografía continental, así las celebradas en San Sebastián en 2004 o en Genk en 2012, lugares en los que una lectura crítica desde el arte se hacía pertinente.

Pero hay razones de peso para pensar que Zúrich podría haber acogido una bienal crítica con esa complacencia, con la distancia apenas perceptible entre lo privado y lo público, con la impasibilidad de su statu quo neoliberal. Ni una broma, por favor. En un mismo edificio, Löwenbräu, que es la sede principal de Manifesta, tienen su espacio algunas de las galerías más poderosas del mundo -como Hauser & Wirth o Eva Presenhuber- y también una institución pública, la Kunsthalle de Zúrich, y dos privadas, el Migros Museum y la Fundación Luma. La Manifesta tiene lugar en los espacios institucionales de este edificio, pero las galerías privadas se arriman indisimuladamente a ella. Una de ellas ha programado a un artista que forma parte de Manifesta y cuya obra puede verse a pocos metros de sus salas, y eso no parece importarle a nadie.

La decisión -inédita- de contar con un artista como comisario de esta edición, Christian Jankowski, confirmó que no irían por ahí los tiros. El alemán afincado en Berlín es poco sospechoso de ser dueño de un trabajo severo e inquisitivo o de haber construido una carrera desde un implacable cuestionamiento del momento geopolítico. Su obra se dirige críticamente a los clichés en torno a la producción y la recepción del arte contemporáneo, que deconstruye con ironía y cierto cinismo. Acude a los medios de comunicación de masas, que amplifican la visibilidad de sus propuestas en su fondo y en su forma, y colabora reiteradamente con individuos y colectivos pertenecientes a otros gremios para, a través de ellos, retornar la mirada hacia su propio medio, desmitificándolo.

Su propuesta, What do we do for money? Some joint ventures, está íntimamente ligada a esta inclinación colaborativa. Está centrada en las muy diversas modalidades de oficio remunerado, en cómo la idea de estar empleados afecta nuestras vidas, en las cada vez más normalizadas relaciones entre la actividad artística y la realizada por otros gremios. Esto está muy bien traído en una ciudad como esta y en una sociedad tradicionalmente asociada a la precisión, a la optimización del tiempo amparada en su obsesión por el rendimiento, y una fe innegociable en el trabajo bien hecho. La competitividad os hará libres, parecen decir.

El vínculo entre artistas y profesionales propuesta por Jankowski fortalece brillantemente los lazos de Manifesta con la ciudad La muestra se divide en dos partes: un conjunto de treinta trabajos realizados ex profeso junto a profesionales de diferentes gremios y una exposición histórica. Ambas están tensamente entreveradas y se distribuyen en dos de las cuatro sedes oficiales de Manifesta, el citado Löwenbräu y Helmhaus (hay otras dos sedes, el Pabellón de los Reflejos y el famoso Cabaret Voltaire, más bien testimoniales). La exposición histórica se distingue de los encargos específicos por su montaje. Todo cuelga de un andamiaje que recorre las salas como un haz serpenteante. Son estructuras que evocan un estado de transitoriedad que es el mismo bajo el que Jankowski sitúa su concepto de Historia, que, lejos de ser un concepto estático y asociado al pasado se está siempre construyendo.

Todo lo que no ha sido producido específicamente pertenece a la historia, pero la historia es August Sander y también es Karmelo Bermejo; es un tiempo sin jerarquías, como tampoco hay distinción entre los diferentes lenguajes formales, agrupados en un plano inapelable al que se hubiera hurtado la profundidad, con sus reversos visibles, como una tramoya (la historia como ficción) o un gigantesco billboard (la historia como espectáculo).

Propuesta de Karmelo Bermejo para Manifesta 11

Se trata de un conjunto de trabajos históricos, dividido en diferentes ámbitos, ligados al tema del oficio. Arranca la muestra en la planta baja del Löwenbräu con retratos de trabajadores, con las clásicas imágenes de August Sander o fotografías de Rachel Harrison y, junto a ellos, la idea de descanso en el trabajo, donde un grupo de obreros hiperrealistas de Duane Hanson acapara la totalidad del espacio. Van sucediéndose zonas dedicadas a la autopromoción del artista, con Chris Burden a la cabeza, y a la tendencia de estos a deslizarse en trabajos de otros gremios, de la que son magníficos ejemplos las fotografías de Mierle Laderman Ukeles, que otorgan estatus artístico a sus labores domésticas, y también en un sentido inverso, con otras profesiones flirteando con la práctica artística, como la célebres tanquetas antidisturbios de Sánchez Castillo danzando bajo el agua que disparan sus mangueras.

Propiciado por el carácter invasivo del andamiaje, el ritmo es variable y la lógica desigual, lo que parece haber provocado el disgusto de muchos visitantes, que hubieran tal vez preferido perpetuar un modelo de Historia impermeable y pretérita. A mí me gusta el andamiaje, aunque haya tramos en los que las salas están algo cargadas. Cuentan que la exposición histórica fue una solución curatorial de última hora. Yo creo que, sin ella, la Manifesta habría perdido mucha fuerza; aporta un interesante armazón conceptual aunque la sucesión de ámbitos resulte algo reiterativa, pues son asuntos bastante parecidos, y muchas obras podrían haber estado en una y en todas las salas a la vez. Echo en falta, además, un asunto clave: la reiterada y sufrida inversión de tiempo y de trabajo no remunerado por parte de los artistas (y de otros agentes del arte) son cuestiones que deberían haber tenido un hueco aquí.

Los nuevos encargos ponen en relación a treinta artistas con otros tantos profesionales de la ciudad. A los artistas seleccionados, que lo fueron por las afinidades de sus respectivas obras con la del comisario, les fue entregada una larga lista de profesionales con los que podían trabajar. Fermín Jiménez Landa ha trabajado con metereólogos, Franz Erhard Walter con patronistas y diseñadores, Carles Congost con bomberos, Ceal Floyer con traductores, Santiago Sierra con un servicio de seguridad... Funciona. Más allá de su presentación en las sedes oficiales, todas las producciones tienen una sede paralela en los lugares de trabajo de estos profesionales pero aquí es donde Jankowski ha pinchado en hueso. La mayoría solo ofrecen un breve testimonio de la relación trenzada entre artista y profesional. Esto no le resta intensidad ni al proceso ni al resultado de su colaboración, pero como sedes no tienen demasiada entidad y son, en su mayoría prescindibles.

La tradición gremial es potente en Zúrich desde su consolidación en el siglo XIV. Ya entonces estaba aquí el gremio de los ganaderos y los carniceros, el de los panaderos y los molineros, el de los zapateros y los curtidores, el de los sastres, los mercaderes de especias y de textiles... Todos tenían sus sedes, unos edificios espléndidos, todos ellos patrimonio nacional y muchos de ellos a escasos metros de Rathhaus, el ayuntamiento de la ciudad, y Helmhaus una de las sedes de Manifesta. Me pregunto si hubiera funcionado una reivindicación histórica de estos gremios en algunas de sus sedes originales, más que obligar al visitante a desplazarse a la consulta del dentista para ver una de las dantescas fotografías del noruego Torbjørn Rødland, o la oficina de turismo de la estación central de Zúrich, en la que ha puesto un cuadrito la turca Asli Cavusoglu.

El comisario pretende desmitificar el trabajo artístico y derrocar su aura para situarlo en el mismo plano que el resto de profesiones. Es comprensible, teniendo en cuenta que en su trabajo siempre se ha servido de otros gremios. De hecho, visto el resultado, la exposición se parece mucho a él. El leitmotif es, en esencia, el que ha vertebrado toda su obra, y el montaje podría haberlo firmado él en cualquiera de sus exposiciones individuales. Creo que, a pesar del patinazo de las sedes, la vinculación con los diferentes gremios fortalece brillantemente los lazos de Manifesta con la ciudad. El artista holandés Mark Manders, que participó en la Manifesta de San Sebastián en 2004, me dijo una vez que le había gustado la pieza que Jeremy Deller había realizado en aquella misma edición -un desfile de diferentes colectivos sociales-, pues había logrado que la ciudad «se mostrara a sí misma». Me pareció una definición muy acertada del blanco hacia el que esta bienal desarraigada debe apuntar en su pulso a las ciudades que la acogen. Creo que esta de Zúrich se acerca mucho a esa idea, y ese es su acierto.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Cine / China: Zhang Bingjian el artista que desafía con humor los límites de China

.
Zhang Bingjian, con dos carteles de sus obras. (Foto: Z. A.)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- «Hay dos tipos de arte. Uno es tranquilo, busca la armonía estética, y se puede ilustrar bien con las obras de pintores como Monet o Matisse. El otro es provocativo, encierra un mensaje crítico, y busca la implicación del espectador». A Zhang Bingjian (Shanghái, 1960) le atrae sobre todo el segundo tipo, en el que pone al Guernica de Picasso como ejemplo. «Creo que el arte tiene que explorar la zona más oscura de la sociedad, implicarse en sus problemas y en sus luchas». No obstante, Zhang es muy consciente de que en China eso se puede pagar muy caro. «Yo crecí en la Revolución Cultural de Mao Zedong (1966-76) y mis padres nunca quisieron que fuese artista. Los tacharon de contrarrevolucionarios y sabían que yo corría peligro». Reporta desde Shanghai Zigor Aldama para El País.

Pero Zhang no se arredró, y ahora se ha convertido en uno de los creadores más irreverentes y polémicos del gigante asiático. Se atreve a reírse incluso de los mayores tabúes políticos de China. De hecho, el primer puñetazo se lo propinó en 2008 a la mismísima figura de Mao Zedong a través del documental Ready Made, en el que ironiza sobre el Gran Timonel a través de la vida de varios imitadores. «El significado de su imagen ha cambiado radicalmente con el tiempo. Ha pasado de ser un hombre venerado e incluso temido a convertirse en un elemento de entretenimiento sobre el que la juventud actual lo desconoce todo. Y que en nuestros billetes aparezca la imagen de un hombre que impulsó la visión más radical del comunismo es una muestra de lo contradictoria que puede ser China», explica en una entrevista con EL PAÍS.

Zhang tampoco se ha olvidado de retratar con sarcasmo el período más negro del fundador de la República Popular. La Revolución Cultural, en la que diferentes fuentes afirman que murieron hasta 30 millones de personas, es la velada protagonista de North by Northeast, su primera película de ficción. Fue estrenada el año pasado, y supuso su primer gran encontronazo con la censura. «A pesar de haber logrado todos los permisos después de haber reescrito el guion, las autoridades la vetaron cinco días antes del estreno, cuando ya habíamos preparado todo el material promocional y 5.000 copias para su distribución. Perdimos mucho dinero porque tuvimos que retrasar el estreno tres meses. Me han advertido de que no lo cuente, pero creo que es una injusticia y quiero que se sepa».

El problema con el filme de Zhang, un thriller policíaco sobre un violador basado muy libremente en una historia real, es que a los censores no les gustó la forma en la que retrataba a la policía. Y luego estaba el sexo. «El problema con la censura china es que funciona de forma totalmente arbitraria. No existen unas reglas claras sobre lo que se puede contar y lo que no. Todo depende de las relaciones personales —conocidas como guanxi—. Por ejemplo, a nosotros no nos permitían que los agentes fumasen o que dijesen palabrotas, pero en otras películas sí que lo hacen. Como artista, te acostumbras a trabajar con eso tratando de conservar la dignidad. Pero no es fácil».

Claro que Zhang no se cansa de meter el dedo en la llaga. De hecho, una de sus obras más conocidas es la que comenzó en 2009: el Salón de la Fama de la Corrupción. «La idea surgió durante la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular de 2008. Allí los líderes políticos anunciaron que más de 3.000 funcionarios habían sido investigados por corrupción. Entonces me pregunté quiénes eran, porque apenas conocemos los casos más sonados», recuerda.

Poco a poco, Zhang fue encontrando la respuesta, y decidió encargar retratos de todos aquellos condenados por sobornos y otros delitos económicos. «No son obras mías, sino que los he encargado a pintores del distrito de Dafen —en la ciudad sureña de Shenzhen—, que son los que producen la mayoría de las copias de cuadros famosos que se venden en el mundo. Las únicas pautas que les pongo son el tamaño del lienzo y el color, que tiene que ser el rojo de los billetes de 100 yuanes». El mismo que se utiliza en el retrato de Mao.

Es, dice Zhang, una obra colectiva que tiene muchas interpretaciones y que esconde multitud de significados. «Hemos alcanzado los 3.600 retratos, cada cual con su estilo. Por ejemplo, hay un pintor que se dedica a hacer hasta 20 copias de Van Gogh al día, y ha utilizado ese estilo. Lo mismo sucede con Rembrandt o Picasso. En cierta forma, incluso la forma en la que han sido producidos los retratos, en un lugar en el que se pintan como si fuese un trabajo en cadena, con materiales malos y baratos, es una metáfora de la China actual». Y es precisamente el rumbo que su país ha tomado en el siglo XXI lo que Zhang pretende criticar en su próxima película, Just Kidding (Es Broma). «Va a ser una comedia de humor negro que servirá de alegoría sobre la locura en la que se ha sumergido la sociedad china», avanza.

A pesar de todo, Zhang es consciente de que también se han producido importantes mejoras en el país más poblado del mundo. «Nunca olvidaré la primera vez que salí de China. Era el año 1987 y fui a Japón. Allí es donde descubrí que me habían mentido, que mi país no era el mejor del mundo. No compré ni un solo suvenir, pero cuando marché no pude hacerlo sin un calentador de agua para la ducha. En Shanghái casi nadie tenía uno, así que nos convertimos en la envidia del barrio y los vecinos venían a ducharse a casa. Ahora la vida material ha mejorado notablemente, pero también hay nuevos problemas: el desequilibrio social que ha provocado la política del hijo único, la contaminación, y la falta de libertad».

A ese último respecto, Zhang considera que Internet es la gran esperanza de China. «Tenemos que entender que el término revolución ahora no es como el de antes. Internet es el motor de una revolución que no requiere matar a nadie. Y por eso creo que los internautas chinos merecen el premio Nobel de la Paz. Hacen que, a pesar de la censura y del peligro al que se enfrentan, la población se cuestione muchas cosas».

 ¿Y qué pasaría si artistas como usted no estuviesen limitados por la falta de libertad?

Le responderé con un ejemplo. Ahora estamos en una amplia habitación, cómodos, y hablamos sobre todo tipo de temas sin pensar en dónde estamos, en lo que nos rodea. Si la estancia fuese tan pequeña que no tuviésemos ni donde sentarnos, hablaríamos de la habitación. Eso es China. Cuando trabajo con libertad, como cuando estuve viviendo en Estados Unidos, no soy un creador político. Solo cuando hay límites me gusta ponerlos a prueba, porque me incomodan.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Fotografía / España: Harry Gruyaert y Cristóbal Hara, premios PHotoEspaña 2016

.
Harry Gruyaert y Cristóbal Hara. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- El belga Harry Gruyaert y el español Cristóbal Hara han sido los fotógrafos galardonados en el último Festival Internacional de fotografía y artes visuales PHotoEspaña. La obra del belga, que se exhibe dentro de la programación del festival en esta edición, ha sido reconocida con el Premio PHotoEspaña 2016 por su labor como fotógrafo y el uso magnífico de la luz y el color. Por su parte, Cristóbal Hara ha recibido el Premio Bartolomé Ros, que reconoce la trayectoria de una personalidad española por su aportación al desarrollo de la fotografía. Una nota de la redacción de El Cultural

Harry Gruyaert, fotógrafo de la agencia Magnum desde 1981, ha recibido el Premio PHotoEspaña por toda su trayectoria, marcada por un estilo inconfundible que comprende más de 30 de años de carrera profesional en los que ha perfeccionado la captación de los colores y las sutilezas cromáticas. Desde sus inicios como cineasta, siempre ha experimentado con el tratamiento de la luz, dotando a su obra de una estética exquisita presente en los trabajos que han dado forma a una singular iconografía repleta de belleza, armonía y autenticidad.

La pasión por viajar de Gruyaert a lo largo de su vida se ha traducido en espectaculares imágenes de Marruecos, Francia, Bélgica, Egipto, India, Rusia o Estados Unidos, que ya forman parte del patrimonio fotográfico europeo y sitúan su legado entre los grandes maestros de la fotografía internacional. La obra del belga huye de los estereotipos de exotismo creando atmósferas peculiares en las que situar al espectador, y está reunida en la muestra colectiva Transiciones. Diez años que trastornaron Europa, que se exhibe dentro de la programación del festival PHotoEspaña.

Los galardonados del Premio PHotoEspaña en anteriores ediciones han sido Paz Errázuriz, Ramón Masats, Bernard Plossu, Alberto García-Alix, Thomas Ruff, Graciela Iturbide, Malick Sidibé, Martin Parr, Robert Frank, Hiroshi Sugimoto, William Klein, William Eggleston, Helena Almeida, Nan Goldin, Duane Michals, Chema Madoz, Luis González Palma y Josef Koudelka.

Premio Bartolomé Ros

El Premio Bartolomé Ros a la mejor trayectoria española en fotografía lo ha recibido Cristóbal Hara, uno de los máximos exponentes de la fotografía española contemporánea, en reconocimiento a «la originalidad de su obra, su mirada singular y la profundidad de su trabajo a lo largo de las últimas décadas». La trayectoria de Hara se caracteriza por el valor instintivo y la emoción que transmiten sus imágenes, construidas con un lenguaje fotográfico idóneo y libre de corsés.

El jurado lo han formado importantes figuras de la fotografía y las artes visuales en España como Rosa Ros, responsable del legado de Bartolomé Ros; Ramón Massats, fotógrafo y Premio PHotoEspaña 2014; Rosario Peiró, jefa del Área de Colecciones del Centro de Arte Reina Sofía; Pepe Font de Mora, director de la Fundación Privada Foto Colectania; y Alberto Anaut, presidente de PHotoEspaña.

En pasadas ediciones, los galardonados con el Premio Bartolomé Ros han sido Colita, Gervasio Sánchez, Carlos Pérez Siquier, Fundaciò Foto Colectania, Chema Madoz, Chema Conesa, Isabel Muñoz, Ricard Terré, Javier Vallhonrat, Marta Gili, Alejandro Castellote, la librería Kowasa, Joan Fontcuberta, Alberto García-Alix, Juan Manuel Castro Prieto, Ramón Masats, Cristina García Rodero y Publio López Mondéjar.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Artes Plásticas / México: Tamayo tendrá sala permanente en su museo, anuncia Tovar

.
Rufino Tamayo (1899-1991) al fin tendrá un espacio permanente en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo (Paseo de la Reforma, esquina Gandhi, Bosque de Chapultepec). El artista en su casa de San Ángel, el 29 de octubre de 1984, durante una entrevista con este diario. (Foto: La Jornada)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- El Museo Tamayo Arte Contemporáneo por fin tendrá una sala permanente dedicada a exhibir obra de Rufino Tamayo (1899-1991), y otra para mostrar lo mejor de la colección de arte internacional que el pintor reunió. Mónica Mateos-Vega reporta para La Jornada.

El anuncio lo hizo Rafael Tovar y de Teresa, titular de la Secretaría de Cultura federal, durante la rueda de prensa en la que dio a conocer las actividades con las cuales se conmemorará esta semana a uno de los más grandes artistas de México en su 25 aniversario luctuoso.

En el Museo de Arte Moderno (MAM) están 36 pinturas del artista, cuatro en el Nacional de Arte (Munal) y sólo nueve en el Tamayo, lo cual «es absurdo», dijo el funcionario, pues la idea es que esas 49 obras estén juntas.

«Es importantísimo mantener en la memoria a Tamayo y hacerle un justo reconocimiento no sólo a su obra artística, sino a su generosidad. Algunos de los 49 cuadros se encuentran en estos momentos en Canadá, para exhibirse en Ottawa, pero en cuanto regresen se integrarán a la sala que se denominará Rufino Tamayo, que podrá visitarse a partir del 30 de julio», adelantó.

Colaboración de sobrinas del pintor

Rafael Tovar añadió que también se abrirá una sala permanente para mostrar la colección de arte contemporáneo internacional de Tamayo: 315 obras (de artistas como Francis Bacon, Fernando Botero, Eduardo Chillida, Wifredo Lam, Willem de Kooning, Fernand Léger, Marino Marini, Isamu Noguchi, Pierre Soulages, Antoni Tàpies, Pierre Aleshinsky, Jean Dubuffet y Pablo Picasso), «y que en una genial idea, en 2008, alguien las envió a la bodega», ironizó.

«De ningún modo el agradecimiento que se debe rendir a Tamayo es no exhibiendo su legado; las salas permanentes serán una forma de mantener viva su herencia», recalcó.

Con la finalidad de garantizar que no llegue un director al Tamayo a retirar las exhibiciones permanentes de la obra del pintor y su colección de arte contemporáneo, «se harán las modificaciones necesarias a los reglamentos y estatutos del recinto», afirmó Rafael Tovar, quien confió en que no vuelva a ocurrir que un directivo desconozca el patrimonio y el sentido original del propio museo.

Las sobrinas de Tamayo, las hermanas Bermúdez, depositarias del legado del artista, dijeron que colaborarán con la nueva sala permanente dedicada a su tío al prestar los cuadros que poseen, los cuales son cinco, además de una escultura.

Los cuadros que se recibirán del Munal fueron hechos por Tamayo entre los años 20 y 30 del siglo pasado; es obra temprana. Por ejemplo, La mujer en gris, desnudo de 1932, donde se aprecian sus referencias al arte prehispánico; también hay un paisaje, muy cercano a los del francés Cézanne.

Visitas guiadas, el viernes 24

En 2012, al cumplirse 31 años del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, se hizo una ampliación del inmueble con inversión de unos 84 millones de pesos, provenientes del sector privado (por conducto de la Fundación Olga y Rufino Tamayo) y del Estado, aportados por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Diseñado por Teodoro González de León y Abraham Zabludowsky, el museo que abrió sus puertas en 1981 fue concebido como «un barco que flota en el agua», debido a que se erige sobre el lecho de un lago. Ese es el motivo por el que no se puede ampliar hacia lo alto, pues la cimentación está calculada para que «flote».

Tampoco se pudo construir un auditorio subterráneo, pues éste se inundó desde el principio. No obstante, sin avisar a los arquitectos, durante la gestión de la directora Cristina Gálvez (1986-87) se incorporó un auditorio, que fue remozado y puesto en operación en 2012.

Hoy se abre al público en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo la exposición titulada En memoria, con fotografías, libros, catálogos, documentación y reconocimientos que ilustran la trayectoria del también muralista.

El viernes 24 se cumplen 25 años de la muerte de Rufino del Carmen Arellanes Tamayo, quien en 1917, al llenar su solicitud de ingreso a la Academia de San Carlos, siendo joven comerciante de frutas y aspirante a pintor, se nombró para siempre Rufino Tamayo.

Ese día, Juan Carlos Pereda, uno de los máximos especialistas en la obra del pintor, conducirá visitas guiadas por el museo Tamayo, incluida la bodega de obra, a las 12 y 16 horas. Para participar en esta actividad, de cupo limitado, se deberá reservar enviando un correo a educación@museotamayo.org.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Ciencia y Salud / Entrevista a Edward Boyden

.
Edward Boyden durante un ensayo en el MIT. (Foto: Fundación BBVA)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- El catedrático Edward Boyden ha sido uno de los científicos que ha impulsado con gran éxito la optogenética, una técnica capaz de guiarnos en la profunda complejidad del cerebro. «En unos años podríamos conseguir fármacos más eficaces gracias a ella», afirma. El día 21 recibe el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina. Javier López Rojas lo entrevista para El Cultural.

Una revolución. La tecnología desarrollada por Edward Boyden, Karl Deisseroth y Gero Miesenböck, Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en el apartado de Biomedicina, ha puesto patas arriba el conocimiento del cerebro. La optogenética, ese es su nombre, está siendo utilizada para entender funciones como el sueño, el apetito, el movimiento, la toma de decisiones, la percepción del tiempo, la formación de los recuerdos, las adicciones y la comprensión de enfermedades como la epilepsia, el Párkinson, la depresión e incluso algunas formas de ceguera. Su repercusión en investigación básica, su aplicación clínica y sus posibilidades en el ámbito farmacéutico nos abrirá las puertas a uno de los órganos más complejos y desconocidos.

Un control exquisito

¿Y en qué consiste? Su uso permite controlar la actividad de las neuronas deseadas simplemente con luz de una longitud de onda adecuada. Gracias a los trabajos de Boyden, Deisseroth y Miesenböck es posible actuar sólo sobre los objetivos deseados. «Si imaginamos que el cerebro es como un ordenador, la optogenética es un teclado que nos permite enviarle instrucciones precisas. Estamos ante una herramienta que hace posible un control exquisito del cerebro», explica Edward Boyden (Texas, 1979), catedrático del Instituto Tecnológico de Massachussetts que, junto a Karl Deisseroth, culminó, desde la Universidad de Stanford, los estudios preliminares realizados por Miesenböck.

«Fue una gran suerte poder utilizar un tipo de proteínas capaz de reaccionar a gran escala de tiempo -puntializa Boyden-, necesaria para estudiar los circuitos neuronales». Pero la revolución no siempre ha sido comprendida. En 2005 Bayden vio rechazados sus trabajos por Science y Nature. «Por entonces -se lamenta- los neurocientíficos desconfiaban de la neurotecnología. También puede que les pareciera demasiado bueno para ser cierto... Hoy, sin embargo, todo el mundo está entusiasmado con esta herramienta»

¿Ayudará la optogenética a entender el cerebro totalmente?

No creo. Estamos sólo ante una de las herramientas que nos ayudarán a entenderlo. Supongamos que se intenta arreglar un ordenador. Tenemos un buen teclado para controlarlo (analogía de la optogenética). Sin embargo, eso no basta para entender absolutamente el ordenador, especialmente si queremos repararlo. Necesitamos un buen monitor (analogía con alguna herramienta que permita ver lo que pasa en el cerebro) y necesitamos el mapa de los circuitos electrónicos del interior del ordenador (analogía con una herramienta que sirva para mapear los circuitos cerebrales). Una vez que se tengan esas tres cosas, puede que aparezcan nuevas clases de datos y teorías que conduzcan a un conocimiento profundo del cerebro.

La revolución de la optogenética choca con el profundo desconocimiento que tenemos aún del cerebro. Boyden nos cuenta lo que sabemos: «Conocemos que el cerebro está formado por unas células llamadas neuronas, sabemos que en su funcionamiento emplean una actividad eléctrica rápida y que se comunican mediante compuestos químicos en unas conexiones llamadas sinapsis...» Más allá de eso, reconoce, estamos en mantillas. Y continúa con lo que no sabemos: «No podemos explicar lo más elemental, cómo procesa el cerebro un pensamiento, una emoción, una sensación o una acción. Para ello, tendremos que mapear las redes del cerebro y ver cómo se transmite la información por esas redes. Lo cual exigirá muchas tecnologías y teorías novedosas. Tampoco somos capaces de curar del todo ningún trastorno cerebral. No sabemos cuántos tipos de células existen en el cerebro. No sabemos cómo se conectan entre sí y no sabemos cómo se transmite la información a través de esas redes conectadas».

¿Qué incógnitas despejará la optogenética con sus investigaciones?

Las neuronas procesan la información mediante señales eléctricas. La optogenética nos permite activar esas señales mediante la luz. Al activar una neurona o un conjunto de ellas, podemos ver la clase de comportamientos, procesos o estados patológicos en los que intervienen esas neuronas. Por tanto, la optogenética es una forma de investigar, de una manera causal, el modo en que las unidades estructurales del cerebro (las células individuales) contribuyen a las complejas funciones emergentes de los circuitos cerebrales.

¿Podría dar soluciones clínicas a enfermedades como el Alzheimer?

Sería posible si se descubriese un mecanismo biológico que relacionase la actividad de unas neuronas concretas con la ralentización o la reparación de los daños causados por la enfermedad de Alzheimer. Eso es lo difícil; llevar a cabo las investigaciones que permitan encontrar el modo exacto de reestructurar las células y los procesos cerebrales y reparar la capacidad computacional del cerebro.

Los datos que maneja Boyden cuando se le pregunta por el grado de conexión del cerebro parecen aumentar el desafío: «Está extremadamente interconectado. En un milímetro cúbico del cerebro, existen unas 100.000 neuronas conectadas mediante 1.000 millones de conexiones que permiten a las neuronas comunicarse intercambiando sustancias químicas. ¡Son muchísimas conexiones! Además, el cerebro se conecta con el cuerpo. El sistema inmunitario, y puede que hasta las bacterias del interior y la superficie del cuerpo, se comunican con el cerebro».

¿Podría decirse que la chispa de esa interconexión daría lugar a algo parecido al concepto de alma?

Un siglo de estudio ha puesto de manifiesto que, si el cerebro tiene lesiones en varias zonas, se ven afectados diferentes aspectos de la experiencia humana. Por ejemplo, una lesión en la zona frontal del cerebro puede alterar la personalidad de alguien y, tal vez, incluso hacer que esa persona se vuelva menos ética. Una lesión de la zona media del cerebro puede hacer que se pierda la consciencia. Una lesión de ciertas zonas profundas del cerebro puede hacer que dejen de formarse nuevos recuerdos. De modo que está claro que nuestra identidad y nuestra consciencia dependen de las funciones cerebrales, y existen gracias a éstas. En cuanto a la palabra «alma», quizás no esté definida con precisión, así que es difícil relacionarla con una función, región o circuito cerebral específico, pero según una de las posibles interpretaciones del término, se podría decir que es el cerebro el que genera el alma.

¿Cree que con el tiempo la optogenética ayudará a «desprogramar» conductas como la pedarastia o el abuso sexual? ¿Ayudará a controlar mecanismos como los de la adicción?

Mucha gente aplica la optogenética a los animales para estudiar los efectos de las drogas y los comportamientos. En los humanos, no sabemos lo bastante acerca de los tipos celulares del cerebro, ni de los circuitos cerebrales, para tratar de corregir de forma terapéutica la actividad cerebral en la mayoría de los casos. Así que para muchos trastornos cerebrales los tratamientos optogenéticos aún pueden estar bastante lejos (una o dos décadas, incluso más). Sin embargo, creo que aprenderemos tantas cosas sobre los circuitos cerebrales durante los próximos años que podremos emplear los conocimientos adquiridos mediante la aplicación de la optogenética a las neurociencias para fabricar fármacos mejores y más específicos. Los conocimientos obtenidos mediante la utilización de la optogenética en las neurociencias también podrían dar lugar a una mejor aplicación de la estimulación eléctrica al sistema nervioso, método que se ha usado en unos 300.000 pacientes hasta la fecha, en la mayoría de los casos para trastornos motores como los de la enfermedad de Párkinson o la sordera.

¿Podrían existir reservas éticas a la hora de aplicar la neurotecnología?

Todas las tecnologías deben analizarse desde el punto de vista ético. Es algo que siempre tenemos muy presente. Todos los estudios en los que se utilizan animales, por ejemplo, deben ser aprobados por un grupo de científicos, legos en la materia y miembros de la comunidad. Todos los estudios con seres humanos (aunque nuestro grupo del MIT no realiza experimentos optogenéticos en humanos) solo pueden llevarse a cabo tras una revisión por parte de un grupo de médicos y otros expertos. Y, lo más importante, considero fundamental que se abran debates sobre el uso de estas tecnologías y sobre el camino que queremos que siga la humanidad en el futuro.

De Hawking a Ravallion

Como en anteriores ediciones, estos octavos Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento reconocen la investigación y creación cultural de excelencia en ocho categorías. Los galardones, de carácter internacional, tendrán su fiesta de gala el próximo martes, 21, con la ceremonia de entrega, cuyos protagonistas este año son, además de Boyden, Deisseroth y Miesenböck en el apartado de Biomedicina, Stephen Hawking y Viatcheslav Mukhanov en Ciencias Básicas por sus desubrimientos en torno las galaxias. También el ecólogo finlandés Ilkka Hanski, recientemente fallecido, en Ecología y Biología de la Conservación por explicar cómo sobreviven las especies en hábitats fragmentados; Stephen Cook en Tecnologías de la Información y Comunicación por su importante papel a la hora de determinar qué pueden resolver los ordenadores de forma eficiente y qué no; Robert Wilson en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas por sus pioneras contribuciones al análisis de las interacciones estratégicas; Georges Aperghis en Música Contemporánea por reinventar el teatro musical; Veerabhadran Ramanathan en Cambio Climático por descubrir que hay otros gases y contaminantes, además del CO2, capaces de alterar el clima de la Tierra, y Martin Ravallion en Cooperación al Desarrollo por ser pionero en la medición del umbral de la pobreza extrema.

REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Literatura / Entrevista a Andrés Ehrenhaus

.
«Escribir y traducir es casi lo mismo: el traductor escribe y el escritor traduce», afirma Ehrenhaus. (Foto: Sandra Cartasso)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- Traductor especializado en Shakespeare, el autor argentino, radicado en Barcelona desde 1976, estrena un nuevo libro de cuentos, en el que lleva hasta el paroxismo su estilo hecho de neologismos y paronimias. «Me interesa mucho que lo que uno está leyendo suene», dice en la entrevista de Silvina Freira para Página/12.

La lengua se mueve como una contorsionista de pavorosa elasticidad que puede parlotear en lunfardo y alvesre –«gratarola», «colifa», «yotebis» y «troesma»–, doblar las extremidades con una gracia excepcional hacia el español peninsular, el catalán castellanizado o la traducción de expresiones en inglés o francés. Del barro de esa experiencia verbal pantagruélica germinan neologismos como «metensicóticas», «simbargueño» y «pluscumpuntual» o el disparate elevado a la enésima potencia de refranes que tropiezan con la piedra de la paronimia: «Prefiero la calma que intercede a la tormenta». Los 19 relatos de Un obús cayendo despedaza (Malpaso), de Andrés Ehrenhaus, impactan por una inventiva lingüística extrema que provoca ataques de risa. Los escenarios van de Buenos Aires –la ciudad del primer cuento del libro– a un cementerio judío de Bucarest –donde está la tumba de Adolf Hitler, un sombrerero que murió en 1892–, de Barcelona a un aeropuerto de España. «El lenguaje destruye el paisaje; a la vez que nombra lo pone en cuestión –advierte el escritor y traductor argentino a Página/12–. Yo trabajo con materiales ya usados, con los detritus de la lengua».

Aunque Ehrenhaus (Buenos Aires, 1955) estudió medicina, dejó la carrera y se exilió en Barcelona, donde vive desde 1976. Antes de convertirse en un traductor especializado en William Shakespeare, el autor de Subir arriba (1993), Monogatari (1997), La seriedad (2001) y Tratar a Fang Lo (2006) empezó a traducir textos de medicina y psicología. «El vesre tiene una cosa muy sonora, me interesa a nivel impresionista. Toda palabra se puede llevar al vesre y eso te da una libertad enorme porque podés elegir el momento para introducir una disrupción sonora. Me interesa mucho que lo que uno está leyendo suene», cuenta el escritor y traductor.

¿Cómo fue la composición de los cuentos de Un obús cayendo despedaza?

La metodología de la mayoría de estos cuentos es muy sencilla: parto de una anécdota «A» real y voy hacia una anécdota «B» también real, pero que suelen estar desconectadas entre sí. Agarro cachos de realidad o de ficciones ajenas y los uno de una manera que como planteo puede ser a priori violento, pero la gracia está en deformar la realidad o al revés: hacer más real lo que podía ser inverosímil. Siempre hay algo de espejo deformante; las cosas son como las vemos, como las contamos, de ahí el énfasis en la narración en sí. No se trata sólo de usar los detritus del lenguaje, sino también los detritus de realidad, es decir cachos desechables de realidad con los que armo un mosaico.

¿Por qué decidió ambientar unos de los cuentos durante el velorio de Néstor Kirchner?

Yo estaba en Buenos Aires cuando murió Néstor; con mi hermana habíamos viajado a Montevideo y nos enteramos de la muerte volviendo para acá. Después fuimos a ese velorio que fue extrañísimo porque era un déjà vu del velorio de Perón. El tipo que arenga en el cuento soy yo. Mi hermana estuvo haciendo la cola durante horas, me estaba esperando, y yo me incorporé justo cuando estaba en una esquina de plaza de Mayo. Entonces una cola que venía de otro lugar trató de sumarse y yo me puse a defender la cola auténtica, cuando había llegado hacía cinco minutos. Al final no pudimos entrar porque fue un quilombo, las colas daban vueltas en sí mismas. En ese cuento me pongo en el papel del tilingo, del que no es K y ni siquiera filoperonista, que va por curiosidad y acaba defendiendo la autenticidad de algo que no es.

Ese papel del tilingo es un poco antipático, ¿no?

Sí, pero yo los vi, estaban ahí por curiosidad, no los movía ninguna emoción y terminaban defendiendo una autenticidad que habían asumido hacía menos de dos minutos. Como narrador intento despojarme de todos mis yo posibles para asumir otros. Hay que ver si el narrador funciona en esas pieles o desde esas miradas. Hasta este libro, todo lo que había escrito era más del tipo construcción de una realidad paralela. Pero Un obús cayendo despedaza se distingue porque es material tomado de la realidad y llevado a una mínima distorsión que me sirve para que las historias funcionen.

En su biografía aparece un dato interesante: que estudia trompeta. ¿Qué importancia tiene la música en su vida?

Vengo de familia de músicos, mi viejo era músico, mi hermana es música. A mí me impusieron estudiar un instrumento cuando era chico: el chelo. Pero después lo dejé. Cuando llegué a Barcelona, me puse a estudiar contrabajo, pero tocaba mal. Para tocar mal un instrumento tan grande, prefiero tocar mal un instrumento chico. Un día me compré de casualidad una trompeta barata y no sabía cómo hacerla sonar hasta que un vecino me dio dos o tres clases. Desde entonces estudio por mi cuenta y hago sonar mal la trompeta. Soy autodidacta y estudio la trompeta como quien puede hacer crucigramas (risas).

¿Qué diferencias percibe entre escribir y traducir?

No hay tantas diferencias… Te diría que escribir y traducir es casi lo mismo: el traductor escribe y el escritor traduce. El escritor traduce porque está traduciendo lo que se mezcla en su cabeza y eso hay que traducirlo a un lenguaje inteligible. El traductor escribe porque si no escribe no sale nada de ahí. Desde muy chico me dedicaba a los juegos de palabra, mi cabeza estuvo metida en esa sintonía desde el principio. En cierto modo el juego de palabras es la quintaesencia de la traducción: es lo que parece intraducible, pero no lo es, y a la vez lo que pone en cuestión la lengua. En mi familia hay un quilombo de lenguas infernal. Mi viejo era alemán, pero en casa hablaban inglés porque mi vieja, que había nacido en Milán (Italia), fue educada en Inglaterra. Los padres de mi vieja eran sirios y hablaban árabe y francés. Mi abuela materna mezclaba todas las lenguas cuando hablaba: había francés, inglés, árabe… Yo crecí escuchando esa mezcla de lenguas. Siempre traduje porque estaba traduciendo permanentemente lo que escuchaba en mi casa. Pero yo hablaba porteño a rajatabla; no me sacaban una palabra en una lengua que no fuese el castellano de mi cuadra.

¿Por qué se exilió en Barcelona?

Empecé a militar en el guevarismo en la escuela secundaria y después pasé al peronismo de base. En el momento del golpe no estaba militando, pero había desaparecido tanta gente muy cerca, familiares de la que entonces era mi novia, que me pareció mejor salir del país… Yo caí en Barcelona porque tenía dos amigos ahí. Creo que falta una profunda reflexión sobre el exilio. El exiliado argentino en España o en México mantuvo una identidad argentina muy fuerte. Hubo una gran hospitalidad que coincidió con la alegría que se empezó a vivir en España después de la muerte de Franco. Fue balsámico llegar a Barcelona en el 76 porque no podía más de la tristeza que arrastraba por la gente muerta acá. Muy pocos se exiliaron con la familia. La mayoría éramos pibes de entre 20 y 30 años que teníamos los padres en la Argentina. Eso hizo que las amistades fueran muy sólidas. Yo me veo con toda la gente que vivió en Barcelona y volvió –con Marcelo Cohen o Américo Cristófalo– como si hubiéramos dejado de charlar ayer, porque retomamos no sólo un diálogo sino una experiencia compartida.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Música / México: Un músico relegado, Arnulfo Miramontes

.
Las 150 obras que escribió el jalisciense se han interpretado y grabado poco; quedan piezas inéditas como la ópera Cihuatl y otras sinfonías. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- «La obra del compositor jalisciense Arnulfo Miramontes (1881-1960) se encuentra en el olvido porque muy pocos pianistas y directores de orquesta se han atrevido a tocar las piezas que son un símbolo emblemático del nacionalismo mexicano», dice a Excélsior Héctor Ruiz-Esparza Miramontes, sobrino nieto del músico mexicano, quien resguarda el archivo con las partituras y fotografías del creador que estudió al cuidado de Martin Krause, discípulo de Franz Liszt. Juan Carlos Talavera reporta para Excélsior.

Hasta el momento, instituciones como el Conservatorio Nacional de Música, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Universidad Autónoma de Aguascalientes, las autoridades culturales de Jalisco y el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical «Carlos Chávez», representado por la investigadora Gloria Carmona, han manifestado su interés por estudiar y recuperar la obra de Miramontes, «pero las buenas intenciones han quedado en el aire, porque cuando llegan nuevas autoridades… todo se olvida».

Incluso, reconoce que en los últimos seis años sólo se han interpretado seis de sus piezas, pero de forma aislada: Baile sinfónico Iris, Obertura Primavera, Baile Azteca, Misa Réquiem y Sinfonía No. 1, con el apoyo de la Orquesta Filarmónica de Querétaro y el director Rodrigo Elorduy.

Apuntó que existen varias obras extraviadas, por ejemplo su ópera Anáhuac, escrita en 1917 y estrenada en el Teatro Virginia Fábregas, un drama lírico en tres actos; y a ésta se suma una serie de mazurcas para chelo y piano, sonatas para violín y piano, una canción nupcial, y la pieza Juana de Asbaje, de la que se conoce poco.

«Miramontes tuvo muchas dificultades para reponer su obra, porque en aquel tiempo había muy poca difusión. Pero tras su muerte, en 1960, la situación se agravó porque dejó su archivo a la hermana de mi mamá, que vivía en Aguascalientes, y por mucho tiempo mantuvo el acervo en resguardo».

Legado, en el olvido

Pocos pianistas y directores de orquesta se han atrevido a tocar las piezas del compositor mexicano, considerado uno de los símbolos del nacionalismo

El archivo de Arnulfo Miramontes también contiene obras inéditas. Es el caso de la ópera Cihuatl, la Tercera Sinfonía, que hace un par de años sería estrenada por la Orquesta Sinfónica de Michoacán, pero al final no se concretó, la Sinfonía Setofk y el Andante religioso.

Además de un importante número de fotografías, como las que se muestran en esta edición, y algunos documentos aún por estudiar.

Esparza Miramontes recuerda que hace algunos años sostuvo encuentros con Ricardo G. Miranda, exdirector del Conservatorio Nacional de Música.

«Él me abrió las puertas del Conservatorio en aquella época en que se realizaran los festejos por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución… y en teoría se programaría una gran actividad, pero al final todo quedó en el olvido».

Y explicó que salvo el trabajo que recientemente han realizado músicos como Rodolfo Ritter –que este año publicará un disco con obras recuperadas–, Rodrigo Elorduy, José Miramontes, Román Revueltas y Bernardo Jiménez Casillas, «otros no se han atrevido, no han querido o quizá no pueden abordar su obra.

«Pero lo curioso es que todos los directores de orquesta siempre hablan del nacionalismo y la música mexicana, pero en sus repertorios orquestales no se refleja esa idea», apunta.

¿Qué piezas destacaría de Miramontes?, se le pregunta. «El corpus de su obra está integrado por más de 150 obras. Su primera sinfonía la compuso hace un siglo, el 14 de julio de 1916, y la estrenó en el Teatro Abreu; la segunda data de 1939 y fue interpretada por el maestro Francisco Savín, en el Palacio de Bellas Artes, dentro del Festival de Música Sinfónica de Compositores Mexicanos; mientras que la tercera permanece inédita», dice.

Otras obras relevantes son El baile Iris, que estrenó en 1959, poco antes de morir; La leyenda de los volcanes y la ópera Anáhuac, que llevó al Palacio de Bellas Artes en 1944; la Suite Sinfónica Mexicana, la Obertura Primavera, que estrenó en el Konservatorium der Musik de Berlín, en 1909; y el Allegro Scherzando, que data de 1917, entre muchas otras, destacó.

¿Hay algún detalle biográfico que quisiera puntualizar de este compositor? «En una ocasión mi tío fue invitado a participar en un concurso, donde compitió con Poema Sinfónico de la Revolución Mexicana.

«La obra obtuvo el segundo lugar, pero Miramontes criticó públicamente a las autoridades porque no concebía que se premiaran las obras sin que éstas fueran tocadas. Para él, dar un veredicto acertado sólo era posible si las piezas se escuchaban».

Creador sin biografía

Por su parte, el pianista Bernardo Jiménez Casillas, quien en 2013 trabajó la primera tesis integral sobre la música de este compositor relegado, ha destacado que «Miramontes fue uno de los músicos que más participación tuvo dentro del escenario musical mexicano de la primera mitad del Siglo XX, formando parte de una brillante generación de artistas que delinearon la vida musical de un país que en ese entonces tenía inmensa sed por adquirir una identidad propia que pudiera reconocerse como mexicana.... Es, como todos los músicos de esa generación, un autor que encuentra el acento espiritual de la época».

Mientras que el productor y musicólogo Ángel Augusto Ramírez considera que Miramontes puede ser considerado el más alemán de los compositores románticos mexicanos.

«Además, al parecer es el primero en escribir una sonata para violín y piano, así como formas y estructuras infaltables de su tiempo», comentó.

Para concluir, Héctor Ruiz-Esparza Miramontes recuerda que su tío abuelo nació en Tala, Jalisco, «pero por lo que recuerdo era un hombre de una apariencia melancólica. Él vivía para dar sus clases y le gustaba viajar a Querétaro, Celaya, León, Guadalajara, Zacatecas, Aguascalientes y la Ciudad de México, donde daba clases y tocaba su obra».

Recientemente, el sello discográfico Urtext grabó tres discos con romanzas, mazurcas, música de salón y música para niños.

Sin embargo, la parte más voluminosa y vital de su obra ha permanecido en el silencio y, por alguna razón que se desconoce, su obra orquestal se mantiene en el olvido.


REGRESAR A LA REVISTA


Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Galería / Arthur Leipzig: «Brooklyn Bridge»

.


Brooklyn Bridge
1946



REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse

Libros / España: «El cielo prometido. Una mujer al servicio de Stalin» de Gregorio Luri

.
La carcajada de Caridad. A su lado, de niño, el hoy matemático Jean-Michel Kantor. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2016. (RanchoNEWS).- Eficaz antídoto para el virus colectivista que aqueja a cada nueva generación de indocumentados con tendencia a la utopía es este trepidante ensayo biográfico sobre Caridad Mercader, la madre del asesino de Trotski, que ha armado con criterio mixto de reportero, pensador y memorialista el filósofo Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955). Jorge Bustos reseña para El Cultural.

Su trabajo se inscribe en el género de la quest de no ficción: narración lineal con intercalaciones en primera persona que dan cuenta de los obstáculos que presenta la búsqueda o de sus avances -muchas veces por medio de fuentes de primera mano, algunas vivas-, lo que confiere veracidad y amenidad al relato. Pero Luri no se limita a reconstruir la peripecia del linaje Mercader, sino que juzga sus consecuencias morales con honestidad. Intenta comprender la íntima motivación ética y psicológica de sus biografiados, al tiempo que ejerce la crítica de una militancia que ampara el crimen como necesario instrumento de la historia.

Ante según qué hechos no cabe el decoro deontológico de la distancia. La obra de Luri combina el rigor documental más exigente (nos sumerge en las mil sectas de la escolástica roja) con la reflexión moral para derribar mitos funestos que hoy rebrillan y alumbrar verdades incómodas, como que la burguesía fue la vanguardia ilustrada de la revolución comunista, y no solo su víctima. Caridad del Río, como Fidel Castro, como tantos, fue una burguesita nacida en la Cuba española que se casó con un próspero industrial catalán llamado Pablo Mercader, al que dio cinco hijos y después se los arrebató, embarcándolos en una militancia fanática que redistribuyó el dolor por el mundo a la vez que se cebaba con sus propias biografías. Fue una Medea moderna en quien arde la ideología en vez del amor. Pero el precio de la felicidad personal (o ajena) ha de ser irrelevante para un agente de la Historia.

Un comunista de entonces no era un empático activista de Facebook, ni una voz delicada de la hiprogresía de esas que admiran mucho a Esparta pero no se plantean dejar de vivir en la frívola Atenas. Era el devoto de una religión obsesiva cuyo dios era la lucha de clases, la dictadura del proletariado su cielo prometido, su gracia divina la euforia revolucionaria, su iglesia el Partido, Lenin su profeta, Stalin su papa y el capitalismo su pecado original. Caridad Mercader fue una cristiana mística antes de rendirse en la Barcelona anarquista -harta de las convenciones burguesas del mundo de su marido- a la epifanía obrera, coartada para la liberación que su carácter huracanado ansiaba. El propio de una madre capaz de dejar sin comer a su hijo mayor durante cuatro días hasta que acabara las lentejas. Advierte Luri que la mujer, su emancipación miliciana, fue el gran cebo fotográfico de la guerra española, con iconos tan célebres como el de Marina Ginestà en la terraza del Hotel Colón, melena al viento. En realidad fue una pose forzada de la que Marina se avergonzaba, pero ya hemos dicho que la fe no pide hechos sino símbolos. Caridad fue una papisa de esa iglesia llamada la Internacional, agente al servicio del estalinismo, animadora del encargo criminal que recayó sobre su hijo Ramón y por el que cumplió 20 años en una cárcel de México.

Creer y obedecer, persuadir o coaccionar a los demás para que hagan lo mismo, delatar al escéptico o purgar al discrepante: eso significaba militar en el comunismo internacional, con cuyos jerarcas se codeó. Fue amiga personal de Beria, el siniestro capo de la Lubianka; fue condecorada con la Orden de Lenin, disponía de coche con chófer en Moscú y el Partido le puso un sueldo complementario después de colocarla de recepcionista en la embajada de Cuba en París tras la revolución, porque su alma de aristócrata no soportaba las condiciones de vida moscovitas.

Porque nunca dejó de ser una pija fanatizada a la que le gustaba más destruir el capitalismo que construir el socialismo. El lector de esta obra formidable aprende no solo que para el comunismo la historia es el fundamento de la moral y no al revés, sino que cuando los hechos más trágicos contradicen a la ideología, el militante puro no pide perdón: prefiere quedar con su orgullo en pie en medio de un charco de sangre.


REGRESAR A LA REVISTA

Servicio de Suscripción
* requerido
* Email Marketing by VerticalResponse