martes, junio 18, 2013

Noticias / Lanzarote: Saramago en su tierra

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La viuda de José Saramago, Pilar de Río (a la izquierda),con autoridades locales durante la inauguración de la escultura en homenaje al escritor en una rotonda junto a la que fue su residencia en la localidad de Tías. (Foto: Javier Fuentes)

C iudad Juárez, Chihuahua. 18 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Pilar del Río, la viuda de José Saramago, quiso que la memoria del Nobel siguiera ligada a Lanzarote y tres años después de su muerte, a pesar del desdén de las autoridades estatales y canarias sobre el legado del autor de Cuadernos de Lanzarote, ahí siguen, en el municipio de Tías, la casa («A Casa») y la biblioteca del escritor. Una nota de Juan Cruz para El País:

Hoy se cumplen esos tres años de la muerte del portugués de Azinhaga, que conoció a la periodista y escritora, y ahora traductora, Pilar del Río, se enamoraron y decidieron irse a vivir a Lanzarote, donde ella tenía una hermana. La casa, que ahora está abierta al público, igual que la biblioteca que ambos atesoraron, se fue construyendo poco a poco; se dice que el propio Saramago contribuyó a hacerla, piedra a piedra. En su porche, mirando hacia Fuerteventura, donde vivió otro trasterrado, Miguel de Unamuno, y en medio de la diatriba que hubo en Portugal en torno a la novela El Evangelio según Jesucristo, Saramago exclamó un día:

--Me podrán negar todo, pero nadie me quitará este aire.

Lanzarote fue la otra patria de Saramago. Por eso Pilar del Río no quiso que a la muerte de su marido, cuyas cenizas fueron esparcidas en Portugal, y en Lisboa tuvieron efecto las exequias, esas pertenencias que le unían a este territorio (la casa, la biblioteca) fueran selladas para siempre.

Su voluntad de permanecer aquí con esos recuerdos, abriéndolos al público, chocaron desde el principio y hasta ahora mismo con la despreocupación activa de las autoridades canarias y estatales, que no han considerado pertinente poner en valor el patrimonio que el escritor legó a la isla de César Manrique. Hasta este último 15 de junio no consiguió la Fundación Saramago que la localidad de Tías, donde se ubican A casa y la biblioteca, fuera señalizada convenientemente para que los posibles visitantes de estos lugares por los que transitó el escritor encontraran fácilmente accesible el camino por el que discurrió aquí la vida y la obra de Saramago.

Ahora ya hay una rotonda que indica por dónde ir; Pilar del Río dio la frase que, además, indicara en el sitio lo que para Saramago era Lanzarote: «No es mi tierra, pero es tierra mía». Son legendarias las fotografías en las que se le ve caminando por la lava, así como sus numerosos textos sobre Lanzarote, a la que dedicó no sólo esa dedicación literaria; además Saramago colaboró activamente con la Fundación César Manrique, que prolonga en la isla la labor ecológica, artística y política que desarrolló el famoso artista lanzaroteño para impedir que Lanzarote fuera predio de los depredadores. José Saramago siguió, ahí y en todas partes, siendo altavoz del compromiso de Manrique, hasta su muerte hace tres años.

Desde 1993, cuando la pareja se fue a vivir a Lanzarote, Saramago escribió numerosas novelas, artículos y diarios en Lanzarote. Lo hacía en el altillo de la casa en la que ahora siguen sus objetos, sus cuadros y los lugares donde pasó sus años de lucha y de sosiego. Poco antes de morir, tras una batalla que libró, como él decía, «gracias a la fuerza de Pilar», se despedía con la caballerosidad de un hombre que nunca sublimó su dolor: «Até amanhá!». A su muerte, Lanzarote lo consideró suyo, como demuestran aún sus habitantes, y Portugal lo acogió como el hombre que fue, un ciudadano ejemplar y comprometido. Aún está por ver que las autoridades españoles que tendrían que ayudar a que su legado sea patrimonio público entiendan que Saramago tuvo dos patrias, y en ninguna de las dos se sintió ajeno. Ahora ya se sabe por donde se va a A Casa en Tías. Durante tres años, al menos, ese fue un sitio casi clandestino en la isla.

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Fotografía / España: PHotoEspaña entrega sus premios

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 (Foto: Bernard Plossu)

C iudad Juárez, Chihuahua. 18 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- PHotoEspaña entrega sus premios. Bernard Plossu obtiene el principal galardón del festival y el almeriense recibe el Bartolomé Ros a la mejor trayectoria en fotografía. Una nota de la redacción de El Cultural:

Bernard Plossu (Vietnam, 1945), fotógrafo y viajero infatigable, ha obtenido el Premio PHotoEspaña como reconocimiento al conjunto de su obra, caracterizada por un espíritu libre y cosmopolita que se plasma en fotografías llenas de lírica y maestría técnica. De él ha destacado el jurado «el haber creado un diario de viaje compuesto por paisajes, rostros y sensaciones que, desde una mirada melancólica, se plasma en fotografías de pequeño formato y argumentos casi imperceptibles, alejadas por completo de la espectacularidad». Ahora mismo su trabajo puede verse en EFTI en la muestra PAM/PLOSSU.......PLOSSU/PAM, el encuentro fotográfico de una amistad de más de cuarenta años entre Max Pam y Bernard Plossu, dos de los fotógrafos documentalistas más importantes de su generación, y se enmarca en la sección OpenPHoto de PHotoEspaña.

Carlos Pérez Siquier ha recibido el Premio Bartolomé Ros a la mejor trayectoria española en fotografía. Su papel como «dinamizador de la fotografía española a través de AFAL y su obra en color, que abrió las puertas para la ampliación de las fronteras de la fotografía en los años 60 y 70», han sido determinantes para el jurado, que ha estado formado por Rosa Ros, responsable del legado de Bartolomé Ros; Ramón Masats, fotógrafo; Alejandro Castellote, comisario independiente; y Alberto Anaut, presidente de PHotoEspaña. Alguna de sus fotografía puede verse en la selección de la Colección de Fotografía de Alcobendas en el Jardín Botánico de Madrid.

La ganadora del Premio Descubrimientos PHE, que reconoce el mejor proyecto presentado en los visionados de porfolios de PHotoEspaña celebrados en Madrid, México y Costa Rica, ha sido la fotógrafa estadounidense Nancy Newberry por el trabajo Halfway to Midland, que explora un estado mental y resume la esencia de un lugar. Esta serie, realizada en Texas, es una investigación sobre la iconografía y su relación entre pasado y presente. Interesada en la complejidad de la relación entre el yo y la cultura, donde los sueños y la realidad parecen habitar el mismo lugar, Nancy Newberry refleja rituales extraños de la vida cotidiana.

PHotoEspaña y la revista OjodePez han otorgado el Premio PHotoEspaña OjodePez de Valores Humanos, que se concede a trabajos fotográficos que destaquen valores como la solidaridad, el esfuerzo, la ética o la justicia. El galardón ha correspondido a Manuel Zamora (Murcia, 1970) por su serie Vidas recicladas. Un trabajo work in progress sobre el fenómeno de recogida de metales y cartón que se da actualmente en las ciudades derivado de la crisis económica.

El Premio al mejor libro de fotografía del año ha correspondido en categoría internacional a The Little Black Jacket, editado por Steidl y en nacional a Urbes Mutantes 1941-2012. Latin American Photography, de RM/Toluca Éditions. Hatje Cantz es la editorial destacada del año.

Y antes de que acabe el mes de junio, PHotoEspaña dará a conocer las exposiciones ganadoras del Premio Festival Off y el Premio del público, que todavía pueden votarse en la web del festival.

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Música / Entrevista a Hermeto Pascoal

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«Ejecutar un instrumento es como caminar por la calle: uno va mirando cosas y eligiendo caminos.»  (Foto: Pablo Piovano)

C iudad Juárez, Chihuahua. 18 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- El gran instrumentista y compositor brasileño, que esta noche cierra una gira de nueve shows por Argentina en el Teatro de la Comunidad Amijai, afirma, en la entrevista de Juan Ignacio Provéndola para Página/12 que «hasta el más feo de los acordes puede sonreír si se lo combina astutamente con otros»

Hermeto Pascoal es mundialmente conocido y reconocido por su destreza en la eximia ejecución de guitarra, piano, bandoneón, saxo, flautas y percusiones varias; por su habilidad para construir complejas estructuras melódicas, armónicas y rítmicas; por el increíble dominio de diversos estilos (y la síntesis de ellos, tal como hizo aupando la música brasileña con el jazz) y su maleabilidad para integrar los formatos grupales más diversos. También por el álbum de 365 canciones que compuso entre junio de 1966 y junio 1997 para que la humanidad entera dispusiera de una canción suya en el día de su cumpleaños. O por la veneración que le profesaron por igual Astor Piazzolla y Miles Davis, o las interpretaciones de sus composiciones que de modo devoto y esmerado realizan una y otra vez las orquestas y filarmónicas más prestigiadas de todo el mundo.

Sin embargo, lo que más sigue llamando la atención de sus 60 años de carrera musical es la virtud que tiene para conectarse con los animales, de cuyas reacciones y sonidos se ha valido en reiteradas oportunidades para producir y generar obras artísticas. «Primero que nada, quiero aclarar que yo no me siento diferente a ellos. ¿Y por qué? Básicamente, porque ellos piensan como yo», define Hermeto en charla con Página/12. Y justifica: «De ninguna manera creo que sean espíritus atrasados, tal como sostienen muchos científicos prestigiosos, y la muestra elemental de esto es que muchos de ellos pueden ser más cariñosos con la humanidad que lo que la humanidad suele serlo consigo misma. Ese comportamiento lo tienen porque sienten, pero también porque piensan. Pueden expresarse poco, a través de sonidos o de lo que sea, pero piensan todo el tiempo. Y esa es la gran enseñanza que debe adoptar el hombre: la de hablar menos y pensar más. Las personas primero hablan y luego piensan».

Todo comenzó siete décadas atrás, en uno de esos tantos días en los que su familia iba a internarse en el profundo verde del nordeste brasileño para trabajar en el campo. Impedido del contacto del sol por su albinismo, su padre prefería guarecerlo en las sombras del carro tirado por bueyes que trasladaba a la familia desde el pueblito de Lagoa da Canoa, a la espera de que finalizaran las tareas laborales. Imaginemos la escena: un pibe de ocho años encerrado en una carreta durante largas horas, sin mucho por hacer ni nadie con quien hablar. Casi al borde de la alienación, tomó el tallo de una calabaza e improvisó una flautita con los pequeños conocimientos musicales que había aprendido usando el acordeón de su padre. «La primera vez que la toqué, observé que unos pájaros se iban volando, quizás asustados. Esa reacción me generó una fuerte intriga, entonces empecé a hacerle distintos agujeritos al tallo, buscando otros sonidos, que eran otras notas. Al tercer día, el árbol se llenó de pájaros. Ahí comencé a descubrir que la música es universal y que les pertenece a los humanos, a los animales, a los árboles y a las montañas. Está más allá de los que nos pueda decir un diccionario», sostiene.

Hermeto tiene 76 años, un sombrero de dimensiones similares al que debía usar para defenderse de los embates solares de su niñez y la frescura del garoto alagoano que nunca quiso abandonar. Y sigue enumerando más experiencias, como si estuviera revelando los regalos de Navidad: «De grande, fui a una especie de pantano a tocar con sapos, que cantan sólo si también lo hacen sus padres. Empecé a emitir sonidos y no me respondían. La gente que me había acompañado se reía, pero yo estaba conectado mentalmente. Estuve probando un rato largo, porque ejecutar un instrumento es como caminar por la calle: uno va mirando cosas y eligiendo caminos; puede detenerse, volver hacia atrás o cambiar de rumbo. Entonces empecé a tocar distintas notas, a combinarlas y a probar variantes, hasta que logré no sólo que me contestaran, sino que me exigieran seguir cuando yo había parado. ¡Fue una fiesta, mi amigo!». La más alucinante de todas esas experiencias, dice, es la que le sucedió con un avestruz que estaba a punto de morir en un zoológico, tal vez de tristeza, quién sabe: «A través de la música logré que moviera la cabeza y luego se levantara –narra–. Vino hacia mí, me apoyó su cabeza y el veterinario, que ni siquiera creía que pudiera ponerse de pie, se asustó porque pensó que me quería atacar. Yo me corría de lugar y el avestruz me seguía. ¡Podría habérmelo llevado a mi casa tan sólo con el sonido de mi flauta! ¿No me cree? Lo invito a buscar en YouTube el video del periodista de Estados Unidos que pidió filmarme para comprobarlo».

El énfasis con el que el brasileño explica su vínculo con los animales no es el capricho de un viejo delirante que se dejó la barba larga por descuido. Fue por ellos y gracias a ellos que descubrió a temprana edad la música y su nobleza universal capaz de aproximarnos lo más sinceramente hacia una idea de unidad, Dios y verdad mediante un lenguaje único, despojado de palabras, códigos y formalidades. Eso es lo que lo lleva desde hace décadas por el mundo y que ahora lo trae a Buenos Aires, donde esta noche cerrará una gira de nueve shows por Argentina en el Teatro de la Comunidad Amijai (Arribeños 2355). «Buenos Aires es uno de los cielos de la Tierra», endulza. «Yo vine en una época muy mala, durante la última dictadura, y logré meter 2500 personas en Obras. Siempre tuve la suerte de tocar a sala llena gracias al apoyo que la prensa y la gente le brindó a mi música». A su lado, asiente Aline Morena, su compañera de ruta, con quien se presenta en formato de dúo: «Creo que ésta es la ciudad más cultural de toda América latina. Está llena de librerías, teatros y cines. Tiene su propia cultura, con el tango, la milonga y el folclore, pero se lleva muy bien con la que viene de otros países, y puntualmente con la de Brasil, por eso uno se siente en casa», amplía la cantante lírica, que acompaña cada palabra de Hermeto y la profundiza.

Alguna vez, Astor Piazzolla dijo que cada pueblo de Brasil debería tener un monumento a usted. ¿Por qué nunca pudieron tocar juntos?

Por lo general, las veces que él iba a Brasil, yo estaba en Europa, o allí estaba él cuando yo me presentaba en Argentina. Llegamos a tocar en la misma sala, incluso en la misma noche, pero en horarios diferentes. ¡Donde siempre nos encontrábamos era en las conexiones de aeropuertos de todo el mundo! Me hubiese encantado haber podido tocar con él, y creo que él deseaba lo mismo. El problema es que teníamos muchos compromisos de agenda y, por otro lado, músicos como él o Egberto Gismonti son de formación más erudita y no tanto de ponerse a improvisar en el momento. Lo digo con todo respeto y admiración por ambos, pero para armar algo en conjunto habría que haberlo arreglado con un año de anticipación para buscar una fecha en común que nos sirviera a ambos y también para coordinar y convenir qué tipo de música haríamos juntos.

¿De dónde saca el entusiasmo para seguir componiendo música?

Escribo canciones todos los días y tengo más de cinco mil arregladas y terminadas. ¡Y no es una exageración! Ahora, por ejemplo, hago canciones de todas las ciudades que visito. Me informo, pregunto sobre su gente, sus costumbres o el significado de su nombre. Aunque, a veces, siento que ya conozco las ciudades antes de haberlas pisado. Eso me pasó incluso la primera vez que salí de Brasil: en ese entonces, ya sentía que había viajado muchas veces. Con mi pensamiento, claro. Pero no me sucede sólo a mí, ya que todos nuestros espíritus viajan por muchos lugares de manera natural, sin premeditarlo. Cuando dormimos, por ejemplo. Lo mismo sucede con la música. La inspiración viene y... ¡zum! Aparece una canción. Por eso, trato de estar preparado para cuando eso ocurra, sin importar donde estoy ni la hora que es.

¿A la hora de componer es meramente intuitivo o respeta algún método determinado?

Me pasa algo muy curioso: cuando compongo, siento que ya toqué esa música, pero una vez que termino la canción ya no la puedo volver a recordar. Siempre fui autodidacta, pero a los 42 años decidí aprender teoría sólo para poder registrar las canciones y no extraviarlas en los laberintos de mi desmemoria. De todas maneras, las escuelas enseñan a saber y no a sentir. Transmiten conocimientos pero no sentimientos, y la información es buena siempre y cuando sea uno el que use la teoría, y no al revés. Una vez, di una clase en Berkeley y la finalicé diciendo que había varias cosas que no se enseñaban allí, entre ellas el gusto. Por uno puede estudiar mucho, leerse todos los libros y ser el que más conozca de teoría en todo el mundo, pero nada de eso servirá si no se tiene buen gusto. ¡Y todos aplaudieron de pie! La teoría es un escrito musical... pero no es música.

Es muy interesante el uso que suele hacer del agua para lograr ritmos y melodías. ¿Cree que es el elemento que aporta más musicalidad?

El agua tiene una gran utilidad, siempre y cuando se la combine eficazmente con los otros elementos. Es como preguntarle a un pintor cuál es su color preferido. Usted puede pintar toda una pared de azul, pero hacer que se destaque un pequeño punto rojo si sabe colocarlo en el lugar indicado. Lo mismo sucede con la música: sería un ingrato si tomara preferencia por un acorde determinado, porque hasta el más feo de ellos puede sonreír si es astutamente combinado con otros.

¿Nunca le interesó ejercer algún cargo público como hizo su colega Gilberto Gil?

¡Los cariocas me viven reclamando como presidente! Lo dicen en broma, supongo. No me preocupa tanto la política, sino lo que los políticos hacen con ella. Eso me produce mucha pena, al igual que con las religiones. Lo compararía con la gente que vive obsesionada con su cuerpo, lo cual tampoco está tan mal, pero un cuerpo sin alma es una vida que se echa a perder.


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Obituario / Maurice Nadeau

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El editor, crítico y escritor francés (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- El editor, crítico y escritor francés Maurice Nadeau, quien contribuyó a descubrir a escritores como Henry Miller, Witold Gombrowicz, Alexander Solyenitsin y Michel Houellebecq, murió el domingo a la edad de 102 años, anunció el lunes su hijo Gilles Nadeau. Una entrega de AFP:

Mi padre falleció el domingo a las seis de la tarde en su casa, en compañía de sus familiares, dijo Gilles Nadeau. «La redacción de la Quinzaine Littéraire (revista que fundó en 1966) está conmocionada», agregó el hijo del editor.

Nacido el 21 de mayo de 1911 en París, huérfano desde pequeño tras la muerte de su padre en la Primera Guerra Mundial, y criado por una madre analfabeta, Nadeau cursó sus estudios universitarios en la Escuela Normal Superior, cuna de la élite intelectual francesa, y comenzó su carrera de profesor de letras modernas.

Nadeau fue también crítico literario en revistas francesas, como France-Observateur o L’Express hasta 1964.

Más tarde trabajó como editor para diferentes editoriales hasta crear una propia en 1977, que publicó entre otros a René Char, Henri Michaux, Raymond Queneau, Nathalie Sarraute, Claude Simon, Roland Barthes e Yves Bonnefoy.

Durante toda mi vida, siempre estuve en el lugar indicado para descubrir a nuevos autores. Estaba atento, escuchaba, leía mucho, manuscritos, revistas, la prensa extranjera, explicó en 2011 en una entrevista en ocasión de su centenario. Frente a las grandes editoriales, Ediciones Maurice Nadeau encarna las virtudes de la independencia sin concesiones. Con menos de 10 libros al año, rara vez tuvo los honores de premios literarios. Angelo Rinaldi dijo una ocasión que Nadeau es el editor de lo imposible.

Mi editorial siempre estuvo al borde de la quiebra, contaba Nadeau sin amargura.

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Literatura / España: Gana Juan Gabriel Vázquez el Premio Gregor von Rezzori

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El escritor colombiano. (Foto: Alfaguara)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez fue galardonado con el Premio Gregor von Rezzori que se otorga a la mejor obra de narrativa extranjera traducida al italiano por El ruido de las cosas al caer, (Premio Alfaguara, 2011). Una entrega de Notimex:

Este Premio es uno de los más prestigiosos de Italia, y lo han ganado en anteriores ediciones Enrique Vila Matas, Arturo Pérez Reverte, Jhumpa Lahiri, Percival Everett y Aleksandar Hemon.

La editorial Alfaguara indicó en un comunicado que El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez, fue también finalista de los premios Médici y Femina.

Asimismo, del Independent Foreign Fiction Prize de este año, un galardón que concede el diario británico The Independent y el Consejo de las Artes del Reino Unido.

Además, en el 2012 Juan Gabriel Vásquez fue galardonado con el premio Roger Caillois en su XXI edición, distinción que otorga la Casa de América Latina en colaboración con la Sociedad de Amigos y Lectores de Roger Caillois y el Pen Club Francés.

La novela, negro balance de una época de terror y violencia en una Bogotá como un territorio literario lleno de significaciones, ha sido vendida a editores de la relevancia de Bloomsbury en Reino Unido, Riverhead en Estados Unidos, Seuil en Francia y Ponte alle Grazie en Italia.

También Brasil, Portugal, Alemania, Holanda, Israel, Polonia y Turquía han comprado los derechos de traducción de la obra.

Juan Gabriel Vásquez nació en Bogotá en 1973 y es uno de los novelistas latinoamericanos de mayor proyección internacional.

Autor del libro de relatos Los amantes de todos los Santos (Alfaguara, 2001) y de tres novelas, entre ellas Los informantes (Alfaguara, 2004), que fue recibida con elogios unánimes por la crítica y fue traducida en Inglaterra, Francia y Holanda.

Sus relatos han aparecido en antologías de Alemania, Francia, España y Colombia. Ha traducido obras de E.M. Forster, Victor Hugo y John Hersey, entre otros, y sus artículos aparecen regularmente en publicaciones españolas y latinoamericanas.

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Literatura / Entrevista a José Ovejero

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José Ovejero habla de la impostura del amor en medio de la crisis económica española. (Foto: Marco Antonio Valdéz Pérez)

C iudad Juárez, Chihuahua. 18 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Yanet Aguilar Sosa entrevista a José Ovejero, para El Universal, al escritor que recientemente ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013 con La invención del amor.

José Ovejero (Madrid, 1958) ha tenido dos buenos años; en 2012 obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo por La ética de la crueldad, y recién ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013 con La invención del amor, una historia que tiene como contexto la crisis económica en España y se plantea a partir de un triángulo imperfecto entre un gran impostor y dos hermanas, una de las cuales ha muerto y partir de allí el protagonista masculino se inventa toda una historia de amor con esa mujer muerta a la que nunca conoció ni supo de ella.

Combina thriller, reportaje y novela de intriga amorosa, La invención del amor es una historia inquisitiva e irónica, el personaje diserta sobre el amor en el que no cree al tiempo que desea amar y ser amado, un hombre que inventa el amor para reinventarse a sí mismo. «Samuel es un buen impostor porque tiene bastante descaro y sobre todo se está divirtiendo con la impostura; le falta un poco de vértigo a su vida y la mentira la lleva hasta sus últimas consecuencias, incluso en esos momentos en que Carina le dice ‘esto no puede ser verdad’, él disfruta la sensación de decir ‘voy a hacer que te lo creas’. Es como un novelista que se divierte diciéndole al lector ya sé que estás pensando que esto no puede ser verdad pero voy a hacer que te lo creas’. Ese fue el reto de la novela», afirma el narrador.

Ovejero, autor de Qué raros son los hombres, Mujeres que viajan solas y Escritores delincuentes, está en México para presentar su novela. Hoy, en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo a las 19:30 horas, dará una charla y firmará libros; pasado mañana sostendrá una conversación con Xavier Velasco y Raúl Quintanilla, en el Lunario del Auditorio Nacional, a las 19:30 horas. Con EL UNIVERSAL habló de amor, de esperanza, de descontento, de indignados, de la recesión económica española y de literatura.

Una novela muy del presente

Esa es una de las grandes virtudes de esta historia, fue un buen hallazgo escribirla en primera persona, en presente, porque da esa sensación de inmediatez, de estar tú allí donde pasan las cosas.

¿Hay una mirada muy al interior de los tres personajes?

Es una historia aparentemente simple pero que no lo es; era complicado construir una historia alrededor de un vacío, Clara está muerta y el protagonista no la ha conocido; me gustaba mucho esta idea de crear una obsesión mediante la imaginación de un personaje que se empeña en enamorarse y que quisiera haber vivido esa historia; imaginé a mis personajes y los puse en el contexto español de la crisis, de falta de esperanza y animo. Al final las preocupaciones fundamentales siguen allí, en mirar cómo nos inventamos, qué es lo que escondemos de nosotros, cómo nos relacionamos con los demás; una de las cosas en las que sí he trabajado mucho es en el retrato de las mujeres o de la mirada femenina sobre los hombres.

¿Un personaje en crisis en una sociedad en crisis?

En realidad esta especie de crisis retrata lo que España es hoy. Pensamos que íbamos a ser príncipes y nos hemos quedado en mendigos; estábamos tan enamorados en nosotros mismos, en que eramos un ejemplo de democracia, crecimiento, dinamismo y creatividad, y años después nos vemos y decimos ‘no era tal, nos hemos estado engañando’. Eso es duro.

¿Qué es para ti el amor?

El amor romántico es una invención europea que se retransmite a otros lugares, ese amor romántico ha desaparecido, ahora hay una idea más realista, somos más conscientes y menos románticos, sabemos que el amor sirve para la perpetuación de la espacie, y también sabemos que el amor es un invento, creamos ciertas palabras, las utilizamos para creérnoslo aunque lo hemos inventado.

¿Imaginamos en la vida del otro?.

Yo no tenía intención de hablar de amor, tenía una pequeña historia en la cabeza que quería desarrollar, pero las cosas fueron por ahí; tampoco tenía como objetivo hablar de la crisis en España; lo que en realidad me parece interesante no es el poder del amor, sino el poder de la imaginación. Lo que nos falta ahora en España es la capacidad de imaginar una sociedad distinta; nos hemos conformado con lo que hay, decimos que las decisiones están tomadas por los mercados europeos, pero la posibilidad de imaginar un mundo, aunque sea de ficción, y de querer ir hacia él, es la única manera de cambiar; estos movimientos de los indignados, que los atacan por ingenuos, por no tener un programa político claro, para mí tienen algo fundamental, están intentando imaginar cómo podría ser la sociedad española, no conformarse con esta. No sé en qué parte del camino nos quedaremos pero la capacidad de imaginación es lo único que puede salvarnos.


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lunes, junio 17, 2013

Literatura / España: El haiku y sus circunstancias

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Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu, en Ueno, Toyohara Chikanobu, 1894. De la Exposición de estampas japonesas antiguas y modernas en el Museo del Prado. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Asistimos a una época en la que priman los 140 caracteres. Brevedad y rigidez, ante todo. Hablamos de una twitteratura que bebe del haiku japonés, compuesto de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas métricas repectivamente. Es el año dual España-Japón, enmarcado entre actividades como la exposición de estampas japonesas en el Museo del Prado y la conferencia que ofrece este lunes en el Instituto Cervantes el poeta Mutsuo Takano, vicepresidente de la Asociación de Haiku Contemporáneo, sobre la historia, las características y los principales artistas del haiku. Qué mejor momento para analizar la presencia de esta forma en la poesía de España. Jesús Munárriz, editor de Hiperión, y los poetas Antonio Colinas, Felipe Benítez Reyes, Martín López-Vega y Jordi Doce hacen un repaso del auge del haiku. Una nota de Laura Martín para El Cultural:

«Se trata de una estructura indisociable a una manera concreta de entender el mundo. Se basa en una relación con la naturaleza, con saber mirar y al mismo tiempo impedir la presencia del yo. El autor se funde con lo que está viendo, el ego desaparece, dando paso a la despersonalización y a la entrega», explica Jordi Doce, profesor en Hotel Kafka. El haiku se remonta a la Edad Media japonesa, aunque, igual que nuestras letras, alcanza su máximo esplendor en el siglo XVII. El descubrimiento en España, no obstante, tardó en producirse, pues no fue hasta principios del siglo XX, en los años 20, que triunfó el exotismo del arte oriental, y con él su influencia en la poesía. «Muchos poetas de diversos países occidentales, como Francia y los Estados Unidos, se han fijado en el haiku desde hace décadas, como, por ejemplo, el poeta francés André Malraux. En el área hispanohablante, el poeta mejicano José Juan Tablada supo de la existencia del haiku en las primeras décadas del siglo XX, y empezó a componer haiku en castellano. Tablada ejerció una influencia determinante sobre Octavio Paz», explica Takano. «Paz tenía muy bien asimilado el espíritu del haiku», cuenta Munárriz, «y en 1957 tradujo la fundamental Sendas de Oku, de Matsuo Basho». «La difusión fue mayor en América», precisa, aunque Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda mostraron su interés en esta nueva forma.

«Últimamente casi todos los poetas españoles escriben haikus», comenta Munárriz. «Todos los poetas menores de cuarenta han escrito alguno», corrobora Doce. Y puntualiza: «es un género en peligro de ser trivializado por el abuso». Lo cierto es que, si bien tanto él como Benítez Reyes y Colinas reconocen haber hecho alguna incursión en esta estructura, a ninguno le parece que pueda destacarse más allá de un ejercicio experimental. Antonio Colinas aclara: «he estudiado y leído haikus, pero no los he hecho, al menos, no en sentido estricto. Algunos de mis poemas, como 'Blanco / Negro', están en sintonía, pero no respetan la rigidez de los tres versos». Benítez Reyes recuerda que comenzó a redactarlos muy pronto, y que se puede encontrar alguno en su libro Los vanos mundos, de 1985. El mayor problema, asegura, es precisamente el que otorga esa esencia zen al haiku, la no-presencia del autor: «Es muy difícil darle tu marca estilística, porque deja muy poco margen. Es una importación que no se adapta bien, por lo menos a mí. Se basa en una imagen muy concreta, demasiado simple para la mente occidental. Y si encima es ingenioso, lo que resulta es molesto».

El poeta Francisco Castaño llamaba al haiku «el soneto de los vagos», ríe Munárriz. Pero la popularidad de la que goza contrarresta a las voces más escépticas. «Creo que ha acabado por crearse lo que podríamos llamar 'el haiku español' u occidental en general, que aunque conserva las supuestas medidas métricas del original japonés en realidad a menudo tiene más temática de epigrama», declara López-Vega. Para muestra, las obras de Herme G. Donis, Llorenç Vidal, Susana Benet y Juan Carlos Reche, que en tiempos preparaba una antología de haikus en español que iba a llamar «Japón Serrano».

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Libros / Inglaterra: «Encendiendo una luz: el lugar de las cerilleras en la Historia» de Louise Raw

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Un libro y un festival redescubren a las matchgirls (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- En julio de 1888, en la fábrica de cerillas Bryant & May, en Bow, al este de Londres, las 1.400 obreras de la empresa, conocidas como 'the matchwomen' (las cerilleras), se declararon en huelga. La sociedad victoriana se escandalizó, no por las condiciones en las que trabajaban, sino porque el lugar para las mujeres no era la fábrica, sino el hogar. Hacían cerillas respirando el tóxico fósforo blanco durante 14 horas al día, sus salarios bajaron al nivel de 1878 y los castigos y las multas respondían a la arbitrariedad. Una nota de Conxa Rodríguez para El Mundo:

El día 2 de julio de hace 125 años la dirección de la fábrica despidió a una joven y malnutrida empleada para dar una lección a las huelguistas. Las obreras (muchas de ellas inmigrantes irlandesas, católicas) se encabritaron: eligieron a seis delegadas para pedir la restitución de la despedida, el fin a los castigos y las multas cabildadas y un espacio sin humos tóxicos para comer en la nave de producción.

La activista Annie Besant publicó las condiciones en las que trabajaban las cerilleras, pero se oponía a la huelga. Lo mismo que la Fabian Society, de George Bernard Shaw, el 'think tank' más antiguo de Gran Bretaña dedicado al desarrollo de ideas políticas y acciones públicas en el ámbito de la izquierda y el socialismo. Al menos, consiguieron prohibir el contacto directo de los trabajadores con el envenenado fósforo blanco.

Ante la amenaza de la huelga, a las agitadas cerilleras les retiraron varios días de salario mientras crecía en ellas el vínculo de la solidaridad y el orgullo de ser 'matchgirls'. Algunas se caracterizaban por el sombrero que llevaban, sujeto a sus cabezas con unas largas agujas. Una descripción de la época atestigua: «A las cerilleras cuando se les presenta algún problema no dudan en utilizar esas largas y horribles agujas del sombrero para defenderse».

¡En guardia!

Del relato se deduce que desenvainaban las agujas para mantener su seguridad. La huelga las llevó en manifestación hasta el Parlamento. La delegación que representaba a las 1.400 obreras fue elocuente en sus reivindicaciones. Se entrevistaron con tres diputados. El paso de las cerilleras por algunas calles 'bien' del centro de Londres causó estupor en la opinión pública victoriana. Las peticiones de las trabajadoras fueron atendidas. Allí surgió el mayor sindicato de mujeres del país. La huelga triunfó. Por casualidad o causalidad (los historiadores no se ponen de acuerdo), al año siguiente, 1889, la gran huelga de los trabajadores de los muelles del Támesis, codirigida por el sindicalista y político John Burns (el hombre que acuñó la frase: «El Támesis es historia líquida»), firmó el acta de nacimiento del movimiento obrero y, posteriormente, del Partido Laborista británico.

La historia de las cerilleras del East End de Londres cayó en el olvido. La gran huelga de los hombres de las dársenas ensombreció la gesta histórica de las 'matchgirls', que expandieron el sindicalismo a otros sectores del país en el que se producía la revolución industrial. A la fábrica llegó un anónimo de Jack el Destripador, advirtiendo a las cerilleras de lo que les podía ocurrir.

Del olvido histórico han sido rescatadas las cerilleras por la historiadora Louise Raw, que ha escrito el libro en el que cuenta las pericias de estas mujeres, desconocidas y pioneras en el movimiento obrero. El volumen lleva por título Striking a light: the matchwomen and their place in history (Encendiendo una luz: el lugar de las cerilleras en la Historia).

Este año, con motivo del 125 aniversario de la primera huelga de mujeres y el surgimiento de un sindicato femenino (en este caso, sinónimo de feminista), se celebra el próximo día 6 de julio, en Londres, el primer Festival de las Cerilleras con una apretada agenda de actividades entre las que figura un taller de hacer sombreros con aguja al estilo de los que llevaban las 'matchwomen', a menudo humilladas por su condición de obreras y mujeres.

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Artes Plásticas / España: La Fundación Peggy Guggenheim analiza 11 cuadros de Pollock

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Peggy Guggenheim y Jackson Pollock delante de un mural que el artista pintó en 1945 para la casa de la mecenas, en Nueva York.  (Foto: George Kargar)

C iudad Juárez, Chihuahua. 15 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La sala luminosa que alberga 10 pinturas y un dibujo de Jackson Pollock, en la Colección Peggy Guggenheim de Venecia parece el escenario de un crimen. Una cinta impide al público entrar. Hay nueve científicos italianos en plena faena, ocho ordenadores, tres máquinas que disparan rayos de luz infrarroja y un par escáners. Una nota de Milena Fernández para El País:

En el pasado han sido analizadas otras piezas de Jackson Pollock (Cody, 1912 - Long Island, 1956); pero nunca antes 11 obras juntas. Las investigaciones científicas que se realizan por estos días en Venecia ayudarán a comprender la escencia de Pollock. «Estos son los análisis más importantes nunca antes efectuados en la obra de Pollock. Es la primera vez que se estudia el pintor de forma tan profunda y con técnicas avanzadas», explica el director del departamento de conservación de la Colección Peggy Guggenheim de Venecia y coordinador general del proyecto, Luciano Pensabene Buemi.

Dicen que Peggy Guggenheim lamentó toda su vida haber donado muchas obras del máximo exponente del action painting. La mecenas conoció a Pollock en la primavera de 1943. En el verano siguiente ya habían iniciado una relación profesional con tintes amorosos. Ella regalaba obras de Pollock a coleccionistas que visitaban su galería, Art of this Century, con sede en Nueva York.

Peggy creyó siempre en Pollock. Con tal de que se pusiera a pintar y dejase el alcoholismo, le ayudó económicamente, pagándole un salario mensual de 150 dólares estadounidenses. Y entre 1945 y 1948 el salario pasó a ser de 300 dólares. Peggy influenció su carrera y lo estimuló para que experimentase nuevas técnicas. Ella lo catapultó a la Bienal de Venecia, en 1945. Y, en 1950 organizó la exposición de 18 cuadros en el veneciano Museo Correr. Este último evento coincidió con el debut de Pollock en el pabellón estadounidense, en los Jardines de la Bienal.

Desde el punto de vista histórico, el rastreo de las 11 obras que Peggy quiso conservar en su colección personal es de vital importancia. Las pinturas analizadas abarcan un periodo vibrante (1943-1947) en la carrera del artista que decía sentirse a su aire pintando en el suelo. Representan la época en que Pollock adpota la técnica del dripping, o bien, el color que goteaba desde el pincel o directamente desde los contenedores de pintura sobre una superficie horizontal. «Las investigaciones son todas no invasivas. Revelarán cuáles materiales fueron empleados, lo cual es importantísimo para comprender la evolución de la técnica. Esta información nos servirá en el momento de una eventual rehabilitación», añade Pensabene Buemi.

Alquimia, una de las primeras obras realizadas por Pollock con la revolucionaria técnica del dripping es analizada con especial interés. Sobre Alquimia Pollock derramó ríos de pintura industrial y comunicó al mundo que para él la pintura tradicional y el caballete eran cosa del pasado. «Es su obra más complicada, porque es la pintura en la cual están presentes diferentes técnicas que usará posteriormente en sus famosas pinturas », continúa Pensabene Buemi.

El equipo internacional que participa en las investigaciones científicas lo forman comisarios, conservadores y científicos del Getty Conservation Institute de Los Angeles, del Solomon R. Guggenheim de Nueva York, del Seatttle Art Museum. Los investigadores italianos vienen del Instituto de Ciencias Tecnológicas y Moleculares, el Consejo Nacional de Investigaciones y el Centro SMMArt de Perugia.

El trabajo de campo lo lleva a cabo el laboratorio móvil para la realización de análisis no invasivos (MOLAB) de Perugia. Emplean tres métodos. Uno consiste en el análisis de los elementos presentes en las 11 obras. «En el caso de Pollock podremos saber dónde ha usado el tubo con pintura para cuadros o dónde ha empleado pintura industrial», explica la coordinadora del laboratorio, Costanza Miliani. Utilizan además la luz infraroja y rayos ultravioleta. «Con el fin de descubir la técnica pictórica, analizamos también los materiales usados. De esta manera podemos determinar si hay alteraciones», zanja Miliani.

El método de trabajo poco convencional de Pollock, su «pintura sin límites, solo bordes», como él mismo la definía, mantendrá por un buen rato ocupados a los científicos.

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Fotografía / España: Lola Garrido, una autobiografía en imágenes

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Chica, de 1927. (Foto: Alexander Rodchenko)

C iudad Juárez, Chihuahua. 15 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Lola Garrido compró su primera fotografía en 1986, la cabeza de un hombre que se refleja en el agua, o eso parece, en una brumosa y equívoca imagen firmada por André Kertész. La elección quizá fue azarosa pero no deja de ser sintomática: la primera fotografía de esta pionera del coleccionismo en España, comisaria, asesora, crítica, experta y, en definitiva, apasionada amante de la imagen, era la de un fotógrafo que, como ella, también amaba la palabra. Paradoja sin la cual sería difícil entender por qué su colección, de la que ahora se expone una parte en la Obra Social Caja de Burgos bajo el título Historia portátil de la fotografía, no es una suma de grandes éxitos de la fotografía, sino un singular relato autobiográfico, una suerte de juego de muñecas rusas, de memorias dentro de otras infinitas memorias. Una nota de Elsa Fernández-Santos para El País:

Aunque en Burgos se exponen 100 fotografías de 63 artistas clave, para Lola Garrido la exposición perfecta tendría una sola foto. «Esa sería mi ilusión, una exposición de una sola imagen y mil palabras. Siempre me ha irritado eso de que una imagen vale mil palabras. Nada más falso. Hay palabras que valen por mil imágenes, como amor, madre o crisis. Lo cierto es que ante una misma foto a algunas personas les basta con un me gusta, no me gusta, mientras que un filósofo podría contar el mundo a través de ella».

El mundo a través de las arrugas perfectas que Irving Penn encontró en el aristócrata perfil de la modelo Carmen Dell’Orefice, o a través de otra rareza de un maestro: La araña del amor, nerviosa instantánea que Cartier-Bresson robó a una pareja de prostitutas que hacían el amor en un prostíbulo mexicano. «Yo perdí una copia en una puja y durante unos días que pasé con él en Madrid se lo conté con disgusto. Al año, en una visita a Magnum, sin haber vuelto a tener ningún contacto entre nosotros, me dijo que tenía algo para mí. Era La araña... no me gusta aceptar regalos de fotógrafos, de hecho, tengo pocos, pero aquello fue diferente».

Lola Garrido defiende el instinto («yo que soy muy moderna cada vez soy más clásica») con el que ha construido su espectacular colección. «Siempre he preferido aprender de mis errores y contradicciones que dejarme llevar por los demás», dice. «Como tengo rasgos duros y hablo de manera rotunda parezco una persona segura, pero soy todo lo contrario, insegura y enormemente inestable, bastante neurótica, y eso se refleja en mi manera de comprar fotografía. Toda colección honesta, y odio la palabra, o es autobiográfica o no es buena. Yo no hice la mía para enseñarla en mi casa, de hecho, casi nadie la conoce, no soy muy sociable, la hice porque no pude evitarlo».

Efectivamente, a través de esa atracción —digamos— adictiva por la fotografía se intuyen rasgos de un carácter poco común, de gusto modernista y con el horizonte puesto en algunos temas y sueños recurrentes: la moda, la mujer y las vanguardias, vértices de un triángulo que da coherencia al conjunto. En 1994, Garrido compró en una casa de subastas de San Francisco las 85 fotografías de la serie de Garry Winogrand Las mujeres son hermosas. El fotógrafo las realizó entre 1960 y 1975 y a Garrido le fascinaron porque mostraban de manera inteligente a esa nueva mujer que nacía en brazos de la libertad y la contracultura. «¿No es maravillosa la risa de esa chica del helado?», pregunta ante una imagen de la serie.

En realidad, su gran pasión era el cine, y eso se nota, dice ella, en su manera de mirar. Donostiarra afincada en Madrid, trabajó en el Festival de Cine de San Sebastián en su juventud. «Yo veía y veía cine... Y cuando veía las películas de Billy Wilder me fijaba en los Picasso que salían, que eran suyos porque fue un gran coleccionista. Como ahora me sigo fijando en el Rothko de uno de los despachos de Mad men o en cómo desde hace 10 años en las mejores películas americanas salen fotografías buenísimas colgadas de las paredes en lugar de pinturas».

Su amistad con Inge Morath, fotógrafa de Magnum enamorada de España que se casó con Arthur Miller después de que el dramaturgo se divorciase de Marilyn Monroe, es uno de los episodios más importantes de su vida y de su trabajo. «Después de mi madre no he llorado tanto la muerte de nadie como la de Inge. Ella y los suyos fueron una familia para mí. En su casa de Connecticut se vivía un ambiente muy relajado, rodeados de perros y papeles, nada que ver con los intelectuales españoles con mayordomo».

Quizá por ese gusto recto y austero, de las paredes de su casa apenas cuelgan fotografías. Dos en su cuarto (Chema Madoz y Álvarez Bravo) y otra en la cocina, de García Alix. Cree que una buena foto soporta mal la mirada diaria y cita una frase de la siempre desprejuiciada y vividora Peggy Guggenheim: «No escojas nunca lo que te gusta, lo difícil siempre es mejor». En su mesa, los retratos de Louise Bourgeois y Georgia O’Keeffe. «Me gustaría hacer una colección de fotografía de mujeres arrugadas como ellas. O como las campesinas de Dorothea Lange. Me gustan las mujeres con arrugas, con esas arrugas que valen mucho más dinero que cualquier inyección de bótox».

Experta en «economía del arte», Garrido se felicita por haber aplicado en su vida algo que hace años solía pregonar a los cuatro vientos en sus conferencias: comprar fotografía, «y no la obvia y cara», era el mejor fondo de pensiones para la vejez. «Y, está claro, no me equivoqué».

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Cine / España: Los cineastas surcoreanos piden que el Gobierno quite la censura a Kim Ki-duk

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El cineasta recibe el León de Oro de Venecia. (Foto: Reuters)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Los cineastas surcoreanos han pedido al Gobierno de Seúl que levante la censura sobre Moebius, la última película de su compatriota, el aclamado director Kim Ki-duk, que no podrá exhibirse en las salas comerciales de su país. El Gremio de Directores de Corea, una asociación que representa a los realizadores locales, considera que la restricción impuesta por el Gobierno, que se basa en su temática y en las escenas de incesto que contiene, representa «una sentencia de muerte». Una nota de la redacción de El País:

Moebius, que ha sido seleccionada para la sección oficial del próximo Festival de Cine de Venecia, fue clasificada el pasado día 1 como «proyección restringida» por la Junta de Clasificación de Medios de Corea (KMRB en sus siglas en inglés). Este organismo argumentó que la última cinta del realizador de títulos como Hierro 3, La isla o Amén, posee contenidos «perjudiciales para la juventud» y expresiones «inmorales y antisociales». La clasificación entraña que solo se podrá ver en salas exclusivamente dedicadas a estas producciones, inexistentes en Corea del Sur. Así, en la práctica, la decisión implica que Moebius no podrá ser estrenada en el país asiático, por lo que el Gremio critica que «es simplemente una prohibición de la película a los espectadores del país».

Kim Ki-duk redactó hace unos días un comunicado de protesta en el que expresa su deseo de que sean «los adultos coreanos quienes tengan la oportunidad de juzgar por sí mismos». Su película narra la historia de un hombre que crece en una familia destruida en la que se suceden varios episodios de sexo y de violencia.

El director surcoreano ganó el León de Oro de Venecia el año pasado con su polémica Pietá, llena de secuencias desgarradas de alto voltaje sexual. Kim Ki-duk es considerado uno de los directores de culto a nivel internacional de nuestros días.

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Literatura / Entrevista a María Negroni

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La escritora vivió durante veinte años en Nueva York, pero ahora tiene ganas de «volver a casa». (Foto: Guadalupe Lombardo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Un reino en miniatura se despliega en el pequeño departamento de la calle Viamonte al 300. Hay muchos libros en la biblioteca, custodiados por muñecas antiguas que preservan un acertijo inmanente en esas pupilas lejanas. Podría ser el hogar de una coleccionista de juguetes y algún que otro cachivache bello e inútil. La primera impresión se disipa cuando la razón que todo lo mide y sopesa capitula ante la modesta evidencia de que en este «caleidoscopio divino» emerge una sensibilidad que juega a favor del deseo de anular las clasificaciones. El repertorio de objetos está en un mismo plano de rebelde igualdad. Las muñecas no custodian nada. «Bienvenidos al mundo de María Negroni» podría leerse en un cartel imaginario, un mundo-trampa para asir las cosas. Como los poemas, las novelas y los textos que escribe, cada vez más ambiguos y encantadores, hipnóticos por esa desfachatez con la que se imponen sin cartas de presentación eficaces. Sin etiquetas. Elegía Joseph Cornell (Caja Negra), como advierte David Oubiña en la contratapa, «debería leerse según la lógica de un ensamblaje, un collage, un ready-made». Una entrevista de Silvina Friera para Página/12:

«Hace falta mucha infancia. Hace falta días y días de aliteración del misterio, y también noches y noches sin más movimiento que la falsa calma de los relojes», se afirma en el primer poema en prosa, la primera ventana que abre Negroni para convidar con su travesía por Cornell (Nueva York, 1903-1972), un itinerario articulado por las obsesiones menos visibles de este artista estadounidense –más conocido por su famosas cajas–, como el collage cinematográfico conformado por Children’s Party (1940), Cotillion (1940), Aviary (1955) y Bande á Part (Mulberry Street, 1967), entre otros títulos. Un trayecto delineado por la tentativa de componer «Apuntes de una biografía mínima»; un conjunto que puede ser también una suerte de bazar íntimo de búsquedas residuales. «El libro gira en torno a un fotograma de una película, que es la chica que pasa desnuda sobre el caballo blanco. Ese es el principio organizador para mí, el núcleo del cual salen y al cual vuelven las cosas. Es una nena pre púber, de diez años, que aparece sobre un caballo blanco con el pelo como si fuera Lady Godiva, y está en el límite entre lo inocente y lo perverso. Esa imagen es un enigma y como tal es un estímulo para la poesía –cuenta la escritora a Página/12–. Ahí se me ocurrió empezar a rodear la imagen desde distintos puntos de vista. Hay momentos en que me acerco como si yo fuera Cornell; momentos en que me acerco como si fuera la nena; momentos en que me acerco como si fuera la asistente de Cornell; momentos en que me acerco como si yo fuera yo. Estos son los poemas en prosa.»

¿De dónde viene esta pasión por Cornell? ¿Se conecta con el interés por «catalogar lo insólito», como se lee en el prólogo del libro?

Hay muchas cosas que me unen a Cornell. Lo primero y fundamental es el amor por la ciudad de Nueva York, una ciudad donde viví muchos años y que obviamente tuvo un efecto muy importante en mí, sobre todo los diez primeros años, que fueron de fascinación absoluta y de mucho aprendizaje. Cornell es una especie de Baudelaire de Manhattan, un flâneur dentro de esa ciudad que le encantaba. Él se metía por los barrios más marginales, los mercados de pulga. Otra cosa que tiene y con la que siento mucha afinidad es que el imaginario de Cornell está muy enraizado en la infancia y en el siglo XIX. Le gustaban las divas de la ópera, los poetas como Rimbaud, Verlaine y Nerval; y le fascinaba toda la música del período romántico, Schumann, Débussy... Cornell era un tipo anacrónico, un amante de una Nueva York perdida. En esa ciudad tan vital y tan siglo XX, Cornell buscaba remanentes de lo que precedió a Nueva York. Y lo raro es que es uno de los pocos americanos que tiene su imaginario centrado en Europa; para nosotros no es tan extraño porque la Argentina siempre ha mirado básicamente a Europa. Nuestros escritores hacían el famoso viaje a Europa; y sobre todo, la cultura francesa ha tenido mucha influencia acá. En Estados Unidos no es así. Y Cornell es una excepción entre los norteamericanos que no se fueron a vivir a Europa. Este sería otro punto en común. Y la fascinación con la infancia, con los chicos, con los juegos.

Pero es una fascinación con una «infancia triste» o rota, como se menciona en Elegía...

La infancia –por definición– es la infancia perdida, una infancia melancolizada en un punto. Es una infancia a la que le podemos poner varios adjetivos, pero siempre van a estar en la ruta de lo triste porque no es una infancia presente, sino añorada como un Edén perdido. El libro termina con esa especie de pregunta acerca de si es la muerte de la infancia o la infancia de la muerte, ¿no? Se puede pensar que lo que Cornell está lamentando es la muerte de la infancia. O que lo que él está mirando a través de los niños es el período de infancia de la propia muerte. La muerte vive con nosotros desde que nacemos; la muerte tiene un período de infancia. Ahí se produce un planteo interesante: qué pasa con esa muerte que crece. Cornell es uno de los artistas norteamericanos que más me ha convocado; aparte es muy literaria su obra. Las cajas que él hizo están llenas de referencias a Rimbaud, a Baudelaire a Emily Dickinson.

Asombra leer que Cornell leyó Ficciones de Borges.

Sí, es impresionante, ¿no? Está en la entrada de su diario, a fines de la década del ’50.

Cuesta un poco asociar a Cornell con Borges...

¿Por qué? Para mí hay relaciones. Borges es también anacrónico. Su literatura no es una literatura fechada, realista, que tenga que ver con problemas entre comillas contemporáneos. Era un escritor que se pasaba hablando de Schopenhauer, además de todas las otras cosas de las que habló. No sé cómo habrá llegado a manos de Cornell Ficciones, pero está registrado que lo leyó. Y me imagino que puede haberle gustado mucho por la literatura sobre la literatura, que eso lo tiene Cornell también: es el arte sobre el arte. No hay ninguna tentativa representacional en Cornell. Él toma las cajas y adentro pone los fragmentos y los residuos de la cultura. Tiene, por ejemplo, una caja maravillosa con fotos de Lauren Bacall. Le encantaban las actrices de cine. El arte de Cornell no representa nada, y en ese sentido está en la misma estética que Borges. Yo creo que hay una afinidad entre los dos.

Cornell no leyó al Borges vinculado con las vanguardias. El Borges de Ficciones es un escritor «más clásico» y se suele pensar a Cornell como un vanguardista.

Más que vanguardista, lo veo como un marginal. El nunca formó parte del establishment del arte norteamericano. Cornell es inclasificable, un enigma todavía al día de hoy, siendo que su obra está en todas las colecciones permanentes y se han hecho retrospectivas; pero en vida no era famoso como es ahora. Incluso no es un artista de fácil digestión hoy porque es demasiado irreverente, está demasiado corrido de todo. Es un artista plástico que no pinta, es un cineasta que no filma; trabaja sobre los residuos y hace collage. Cornell es muy extraño, es como un Marcel Duchamp. Y no descarto que haya sido Duchamp, que vivió acá, quien le haya pasado a Borges.

¿Por qué Cornell es tan literario? ¿Por qué es tan afín al mundo de la literatura?

Cornell tiene un imaginario muy literario. Le gustaba mucho leer y tenía sus fascinaciones con ciertos escritores. En su estudio se encontraron grabaciones de poesías de Robert Frost y de Walt Whitman. Cornell tenía sus héroes, que no eran muchos. Algunos escritores como Rimbaud y Nerval que se los sabía de memoria. Si yo hubiera podido elegir, hubiera vivido en el siglo XIX. Los escritores que Cornell ama los corre del lugar de escritores. Rimbaud y la bailarina Fanny Cerrito tienen la misma entidad para él. Pasan a ser figuras del imaginario. Su interés en la literatura es casi nostálgico. Son los mundos que hay detrás de esos escritores que le gustan; la sensibilidad, una cosa de afinidad estética que tiene con cierto tiempo, con ciertas prácticas y con ciertas maneras de mirar. Cornell tenía una mirada omnívora. Es fascinante observar cómo catalogaba sus cajas de material para trabajar. Tenía programas de agencias de viajes, fotos de actrices, de exposiciones universales y de animales del zoológico. Podía poner juntos a Nerval y a una foca en un circo haciendo girar una pelota de plástico. Y a renglón seguido, unos chicos saltando un aro. Así es la vida. No hay jerarquías. Todo ocurre todo el tiempo en esta especie de diversidad caótica que nos produce angustia, pero que también es maravillosa.

La mirada de Negroni se ilumina cada vez más, animada por la intensidad del flechazo que siente por la obra de ese hombre que amaba perderse en la ciudad, «el eremita de Utopia Parkway”», lo llama en el libro. «Me parece extraordinario cómo empezó Cornell con el cine –pondera–. Llevaba rollos de viejos films clase B para ver junto con su hermano paralítico. Cuando se aburrían de ver muchas veces el mismo film, Cornell se iba al sótano, donde tenía el estudio, y empezaba a cortar y a rearmar las escenas. Lo cual te prueba que el argumento de algo es lo de menos.»

¿No hay una lógica?

Hay una lógica, pero es otro tipo de lógica. Cornell prueba que no importa qué orden se les dé a las imágenes; en el orden en que se pongan siempre va a haber un sentido que se va armar. Y uno podría decir que con las palabras pasa lo mismo: uno podría cambiar el orden de los fragmentos y, si la escritura es buena, se va a seguir sosteniendo, aunque cambies el orden.

Uno de los aspectos más inquietantes de Cornell es la idea del viajero fascinado por el viaje inmóvil.

Sí. Cornell no salió jamás de Nueva York. Su mundo empieza y termina en Times Square. Yo he visto fotos de él. Era un hombre muy alto, muy delgado, con esos trajes medio raídos de color gris. No era un hombre atildado, sino un personaje gris que se movía como un «ratón de biblioteca» en la ciudad. Como esos personajes medio anodinos que no te llamaban la atención y que se pasan buscando cosas raras.

Acá hay un contraste notable con su itinerario: de Rosario a Buenos Aires y de acá hacia Nueva York.

Rosario no lo cuentes porque fue medio accidental. Mis padres se habían ido de Rosario y mi mamá volvió para que yo naciera, para estar con su familia, pero no viví en Rosario. Mi infancia fue en Mendoza y a los diez años vine a Buenos Aires. Y me fui a Nueva York a los treinta. No soy una viajera inmóvil (risas). A mí me encantan los mercados de pulgas, las ferias americanas, como a Cornell. Cuando entrás a una feria americana, tenés que tener un buen ojo porque hay doscientas porquerías y de repente hay algo que es maravilloso. Lo mismo pasa cuando vas a una librería de viejos. De repente agarrás un libro y te preguntás: ¿esto qué hace acá? Es una habilidad. Cornell salía a recoger sus materiales y con eso hacía su obra.

¿Cómo explicar ese interés de Cornell por los residuos, por lo que se desecha?

Residuo es todo, lo que pasa es que todavía no alcanzó esa categoría. Pero con un poquito de tiempo y de paciencia, lo será. Nosotros somos residuos. La idea de poner el ojo en lo que se perdió o en la basura es como tener intensificada la conciencia del tiempo. Hay un poema maravilloso de Pessoa –se llama «Tabaquería»– y él dice que con el tiempo se morirá el cartel, se morirá el idioma en que están escritas las palabras del cartel, se morirán los versos en que estoy escribiendo esto. Y sigue... Es una celebración de cierto fracaso. Celebrarlo y reciclar.

¿Por qué le hubiera gustado vivir en el siglo XIX?

El siglo XIX es maravilloso, tiene tantas cosas... Me gusta mucho la literatura gótica, el romanticismo alemán, el nacimiento del cine; y políticamente es un hervidero hacia cosas que iban a venir después. El siglo XX me parece más duro, politizado en un sentido terrible, con un ciclo de guerras y revoluciones que terminaron horrendamente. Me corrijo: me gusta vivir en este siglo, mirando al siglo XIX.

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Danza / México: A 100 años de creada «La consagración de la primavera», se presentó en Bellas Artes

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La consagración de la primavera, según la compañía Delfos, es nueva en todos los sentidos. (Foto: José Antonio López)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Los bailarines del agrupamiento mexicano Delfos Danza Contemporánea tomaron en sus cuerpos la vanguardia con el estreno, el atardecer del sábado pasado en Bellas Artes, de un montaje estremecedor, en estrépito de significantes: La consagración de la primavera, que con el subtítulo de Escenas de la Rusia pagana cimbró hace 100 años la manera de entender el mundo desde el escenario. Una nota de Pablo Espinosa para La Jornada:

En conmemoración precisamente del centenario de esa obra monumental, con música de Igor Stravinsky, coreografía de Vaslav Nijinsky, bajo la producción de Serguei Diaghilev, artífice de ese trabuco formidable que se llamó Les Ballets Russes, Delfos presentó una versión nueva en todos sentidos.

En el intersticio de los confines de la intertextualidad, Víctor Manuel Ruiz y Claudia Lavista, creadores de esta nueva coreografía, ofrecen una renovada vitalización de esta obra que plantea justamente el intersticio de los cambios de era, el golpeteo brutal de los signos que anuncian cambios en la mentalidad, los ritos, las costumbres. La manera de plasmar el signo de los cambios y el cambio de los signos en el escenario.

Los sentidos del imperio

Lo que sucedió en el estreno, la noche del 29 de mayo de 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées, reverbera todavía en el vientre de la sociedad que vio parir aquella noche una nueva manera de hacer, percibir y comprender el arte: ya no es la mente la que opera, ya no es el cerebro el teatro de las acciones, ya la imaginación tomó el poder y cobró cuerpo.

Desde entonces es en el cuerpo donde todo sucede, vibrátil y terreno. Son los sentidos el imperio.

La mente, entonces, obtiene mayor claridad. De lo visceral ascendemos a lo sideral.

La vida urbana, el frenesí de los tiempos modernos, la brutalidad, la violencia, las obsesiones. Los temas que extrajo Stravinsky de civilizaciones tribales, se volvieron temas de las actuales metrópolis.

Cien años después, siete bailarines, integrantes de Delfos, dejan atrás las visiones canónicas, las distintas maneras como se había leído con el cuerpo esa obra, para plantear nuevos asombros, desplegar ideas, sembrar en el mismísimo corazón palpitante de la actualidad las reverberaciones tribales que simplemente pasaron de habitar aldeas para hacinarse, hoy día, en departamentos habitacionales, malls como nuevos templos del consumo, barracas, bodegones.

La consagración de la primavera según Delfos concentra de manera ecléctica, efectiva, distintos lenguajes al servicio de la danza: el teatro, el cine, la música, en un discurso intenso, desgarrado y tenso, donde el cuerpo queda siempre como el axis mundi, el hilo de la madeja, el grandioso motor de la escena desbordada, mientras la música, esa bestia colosal que extrajo Stravinsky de los confines de los tiempos, permite que todo estalle, vuele en mil pedazos y retrate la sociedad nueva, nuestra contemporaneidad.

Montaje notable también porque contó con la música en vivo, en el foso, a cargo de la Filarmónica de la Ciudad de México (FCM), conducida por José Areán. Es de justicia destacar el esfuerzo musical, si bien la batuta insistía en marcar tiempos, como si se dirigiera hacia cantantes de ópera, también con precauciones extremas en demérito del estallido, de la brutalidad extrema que sí, en cambio, cimbró con los cuerpos de los bailarines la escena.

He ahí el estrépito de los cuerpos.

Una lectura, la de Delfos, consecuente con la realidad actuante y que dijo adiós a los referentes canónicos del siglo pasado, donde reinaron las coreografías de Pina Bausch, Maurice Béjart y Sasha Waltz.

Nada de eso y a cambio de eso, he aquí entonces la danza física de riesgo, la danza de acción rotunda, el teatro de los cuerpos, la imagen congelada para que enseguida se vuelva hoguera.

Hoguera de cuerpos en escena: he ahí el estrépito de cuerpos apilados en sacrificio ritual, salvaje, tribal, en Abu Ghraib, el entrechocar de los cuerpos degollados en una discoteca de Acapulco, el pendular de los cuerpos degollados guindados bajo los puentes de los suburbios de las metrópolis del norte de la República Mexicana de hoy día, o bien hacinados en cajuelas de automóviles, he aquí el estrépito de los cuerpos en la hora pico de las seis de la mañana en la estación Pantitlán del Metro de la ciudad de México, he ahí el estrépito de las escenas de la vida pagana de hoy día.

Por supuesto que nada de eso es explícito en escena, ni se hace referencia directa alguna, porque no se trata de un panfleto, sino de una obra de arte que hace eco de la realidad. Se trata simplemente de una de las muchas lecturas posibles que un espectador puede hacer de un montaje polisémico, como el que vimos el fin de semana en Bellas Artes.

Todo entonces en metáfora. Todo en hipertexto. Todo en danza diestra y calculada. Todo en coro con la brutalidad original de La consagración de la primavera, que sigue cimbrando al mundo 100 años después.

Par que ilustra la diversidad de voces

El programa en Bellas Artes se inició con la reposición de Bolero, coreografía de Delfos que data de 2008 y que puede leerse, en su nítido trazo escénico, como una flor en botón que va abriendo sus pétalos delante de nuestro asombro, en ese gran crescendo que escribió Maurice Ravel.

Mayúsculo acierto artístico, el conjuntar por vez primera Bolero y La consagración de la primavera, dos obras unidas por una suma asombrosa de vasos comunicantes (sensualidad, sexualidad, éxtasis al límite) y que ilustran a la perfección la diversidad de voces y de tendencias y los formidables hallazgos y cambiantes rostros que dibujan la imagen múltiple y plural del arte moderno, como anota el compositor Mario Lavista en las notas al programa en Bellas Artes.

En la segunda parte de la sesión del sábado, a la que siguió otra más el domingo, la precisión extrema de las acciones coreográficas, la construcción exacta del todo y sus detalles, abrieron en canal los cuerpos para sumarlos al sonido que emergió del foso de la orquesta: la partitura más brutal, la más osada, el más sublime cataclismo que se haya escrito jamás: La consagración de la primavera.

Entrechocan los cuerpos y la polirritmia de la orquesta se acrecienta con el sonido de botellas de vino vacías que suenan en escena como los ángeles de cristal rotundo que convierten la danza sagrada, los círculos mágicos, las rondas paganas que imaginó Stravinsky, en acciones dancísticas dignas de la mejor vanguardia.

Por ejemplo, la lucha de las tribus rivales personalizada en el enfrentamiento en escena de dos minotauros construidos con los cuerpos físicos intervenidos por tacones altos, huacales-banquillos de madera a manera de modernas máscara de coro griego, simulacros contemporáneos de los coturnos de donde emergen gemidos: los bailarines de Delfos en esplendor de creatividad dancística, imaginación en movimiento, originalidad y contundencia.

El planteamiento original de La consagración de la primavera: el sacrificio ritual de una doncella, se convirtió así en un discurso múltiple y plural que ilustra de manera formidable a la sociedad tribal que solamente ha cambiado de hábitat, para su sempiterno autosacrificio ritual:

El supremo estrépito de los cuerpos.

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Artes Plásticas / México: El Museo Nacional de San Carlos saca sus joyas para festejar 45 años

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Fragmento de Las siete virtudes, de Peter de Kempeneer (Bruselas, 1505-1580), que se incluye en la exposición. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Del gótico medieval al realismo español de principios del siglo XX, reunidas en un solo salón se exhiben 29 joyas representativas del acervo del Museo Nacional de San Carlos para celebrar su 45 aniversario. La exposición Voces y trazos de grandes maestros es una evocación a la historia de la colección y la museografía, con piezas significativas, al lado de otras de autores que no salen a la luz con frecuencia, en un recorrido por los distintos periodos cronológicos que aborda el museo, como el medievo, Renacimiento, barroco, el siglo XIX y la pintura decimonónica. Una nota de Alondra Flores para La Jornada:

Presentadas en gabinetes de maravillas, desde el día de ayer se pueden admirar juntas obras de artistas como Lucas Cranach, Pelegrín Clavé, Luca Giordano, Andrea Vaccaro y Jan Brueghel de Velours, entre otros.

Origen del coleccionismo y de los museos como se conocen el día de hoy, los gabinetes de maravillas fueron la forma en que las galerías colocaban las pinturas, unas junto a otras, colmando los muros, a veces hasta el techo, y así los compradores podían admirar junta toda la obra y diversos estilos, que antes sólo permanecían en recintos religiosos y casas de abolengo.

Marco Antonio Silva Barón, jefe de curaduría e investigación del museo, expresó que el deseo fue «evocar cómo se exhibió la colección durante mucho tiempo, de acuerdo a la usanza decimonónica de colocar muchos cuadros, no de manera desordenada, sino de modo que rindiera el espacio, idea museográfica reinante básicamente hasta los años 60 del siglo pasado.»

Así, con esa premisa, en el salón de la planta alta del edificio diseñado por Manuel Tolsá, se hace un recorrido cronológico, con obras representativas de la colección de San Carlos, pero otras que por motivo de espacio no es posible mostrar de forma regular. Por ejemplo, El mulato, óleo en gran formato del pintor español Sebastián Gómez, que usualmente no tiene cabida en la sala de barroco español, «este es el pretexto para que esta pieza, de muy difícil exhibición, saliera a la luz», reveló el curador.

«Hoy, el Museo Nacional de San Carlos reproduce la manera de colgar de gabinete de maravilla, representación del arranque del coleccionismo», destacó Carmen Gaitán Rojo, directora del recinto ubicado en Puente de Alvarado 50, en la colonia Tabacalera, que hoy alberga una colección de 4 mil 16 piezas, una de las más grandes y completas de arte europeo en América Latina.

Detalló que «el público podrá ver la cantidad de temas diferentes de San Carlos. La intención es también sacar de las bodegas piezas que no se muestran con frecuencia, rara vez se reúnen todos los estilos en una sola sala, lo ecléctico está a la vista de todos ustedes al colgar de forma fuera de lo común.»

En reunión con la prensa previa a la inauguración de Voces y trazos de grandes maestros, Gaitán Rojo anunció la posibilidad de que se realice un catálogo razonado, en colaboración con los grandes museos del mundo y con especialistas extranjeros en cada una de las corrientes de las obras que resguarda el museo, «la idea es que el público cuente con un catálogo que dé cuenta de cada obra.»

Lucas Cranach, El Viejo, y su representación en óleo de Adán y Eva (1530) son unas de las estrellas de la exposición que permite intuir la diversidad de los orígenes de las adquisiciones y de las piezas que resguarda el Museo de San Carlos, que en su mayoría formaban parte de la academia que comparte nombre, ubicada en en Centro Histórico. «Es una colección que se formó con gusto e intención, con acervos que fueron casi desde la Colonia», celebró Gaitán Rojo. «Son piezas que un momento dado fueron utilizadas por los estudiantes para repetirlas, para saber qué ocurría en Europa y cuáles eran los cambios estéticos que se imponían.»

Cuando se abrió el museo en 1968, parte de la colección de la academia abierta en 1781 se trasladó hasta el antiguo Palacio del Conde de Buenavista, que entre sus habitantes tuvo al general Bazán, al recibirlo como regalo del emperador Maximiliano; también vivió ahí Antonio López de Santa Anna. Fue una fábrica de tabaco, oficinas de la lotería nacional, una preparatoria, oficinas de la Secretaría de Hacienda, hasta que en 1968 se inauguró como museo y en 1994 adquirió el carácter de museo nacional.

«Ese hombre barbado es un Landesio», señaló Gaitán Rojo al referirse el autorretrato del artista italiano. Relató que cuando Pelegrín Clavé pidió a Karoly Markó, el gran padre del paisaje en Hungría, venir a México para hacerse cargo de la academia, no pudo, pero envió a un alumno excelente: Eugenio Landesio, que a su vez fue maestro de José María Velasco. «La tradición del paisaje nos viene desde Europa.»

Así, con un salón enjoyado con siglos de pintores e historia, el Museo Nacional de San Carlos celebra 45 años de vida.

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Artes Plásticas / Estados Unidos: «Caballo y jinete», el raro modelo de cera que ideó Da Vinci

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La escultura de bronce. (Foto: EFE)

C iudad Juárez, Chihuahua. 16 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La Feria del Diseño de la Galería Amazing Things de Dania Beach, en Florida, exhibirá una escultura concebida por el artista italiano Leonardo da Vinci, anunciaron hoy los organizadores. Una entrega de EFE:

La escultura de bronce Caballo y jinete, que salió en una edición limitada e inspirada en un raro modelo de cera tallado por el genio del renacimiento italiano, se podrá ver del 21 al 23 de junio.

Esta obra la heredó originalmente el alumno favorito de Leonardo, Francesco Metzi, pero «languideció en una bóveda suiza hasta 1985, cuando fue inspeccionada por el mayor experto en Leonardo Da Vinci en el mundo, el profesor Carlo Pedretti», explicaron los organizadores en un comunicado.

Pedretti, director del Centro Armand Hammer para los Estudios de Leonardo de la Universidad de California en Los Ángeles, estudió la escultura y aseguró que el «modelo de cera es del propio» Da Vinci.

La escultura, que será presentada en una sesión previa el 21 de junio y luego en exhibición abierta al público los días 22 y 23, mide unas 9 pulgadas (unos 22 centímetros) de largo, 10 pulgadas (25 centímetros) de alto y unas 3,5 pulgadas (8,9 centímetros) de ancho.

«En las crónicas de la historia del mundo, pocos nombres recibieron el reconocimiento, respeto y asombro del mundo entero como lo tuvo el inventor, arquitecto, astrónomo, científico y artista Leonardo da Vinci», afirmó Gregg Whittecar, de La Galería Amazing Things.

Los organizadores anuncian que durante la Feria del Diseño se exhibirán además murales, fósiles, artefactos marítimos, cerámica, porcelana, «cristales monumentales de las cuevas de América del Sur» y unos binoculares navales de la Segunda Guerra Mundial, entre otros.

Los visitantes podrán además ver y comprar arte contemporáneo, joyas antiguas, relojes, esculturas del diseñador francés Louis Vuitton o muebles «con un énfasis en el gran diseño», explicó Arron Rimpley, de La Galería Amazing Things.

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sábado, junio 15, 2013

Teatro / México: «La Marquesa de Sade» de Yukio Mishima, se presenta en el Foro de las Artes

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Escena del montaje, donde actrices de la compañía Gajuca representan diversos arquetipos como la fidelidad, la moralidad, la perversión y la sumisión. Se trata de un universo femenino vinculado por Mishima a la figura del Marqués de Sade, en la Francia del siglo XVI.  (Foto: Cristina Rodríguez)

C iudad Juárez, Chihuahua. 15 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- El placer, la libertad de disfrutar de manera natural, sin fingir lo que no somos y sin dar explicaciones a la sociedad es lo que plantea el escritor japonés Yukio Mishima (1925-1970), en su obra La Marquesa de Sade, que la compañía Gajuca escenifica en el Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (CNA). Una nota de Fabiola Palapa Quijas para La Jornada:

En el montaje, dirigido por el chileno Juan José Olavarrieta Gómez, seis actrices representan diversos arquetipos como la fidelidad, la moralidad, la perversión y la sumisión, entre otros. Este universo femenino es vinculado por Mishima a la figura del marqués de Sade en la Francia del siglo XVI para explorar los misterios de la condición humana y entender por qué Madame de Sade abandona al marqués justo en el momento en que fue puesto en libertad.

«La obra –con traducción del japonés al español por Kenryo Hara– es una reflexión sobre la moralidad, la doble vida y el empoderamiento de la mujer que hace Mishima al respecto. También hay un paralelo según yo, entre la vida del autor con el marqués de Sade, en lo que se refiere a romper esquemas y ser perseguido en la sociedad en su tiempo», explica a La Jornada el director de la obra.

En esta aproximación a Sade mediante la figura femenina, madame de Sade encarna la fidelidad conyugal; su madre, madame de Montreuil, el orden social y la moralidad; Anne, hermana de la marquesa, el candor y la falta de principios; madame de Simiane, la religión; madame de Saint-Fond corporiza los deseos carnales, y Charlotte, la criada, al pueblo.

Madame de Sade, madame de Montreuil y Anne son personajes históricos, mientras madame de Saint-Fond, madame de Simiane y Charlotte son personajes imaginarios del autor japonés que refuerzan el entorno social, político y religioso donde se desarrolla la acción dramática.

El texto de Mishima sobre la doble cara que tiene la moral, comenta Juan José Olavarrieta, resulta contemporáneo a pesar de que la referencia histórica es muy clara porque aún existe la pugna entre los poderes de la Iglesia, el Estado, el del presidente, la influencia de ricos contra pobres. Todo esto se mantiene igual y en ese sentido la obra es totalmente vigente y lo interesante es que está vista desde el punto de vista de las mujeres.

Las actrices, cinco mexicanas y una chilena, acercan al espectador al mundo del marqués de Sade, donde el placer es un acto de adoración porque llegó un momento en su vida que vio lo que antes le era invisible, hasta convertirse en la «abeja obrera del placer».

El marqués nunca aparece en escena, pero está presente en las obsesiones de las seis mujeres y porque él ha sido el responsable de lo que les sucede. Cada una expresa su propio mundo lleno de contradicciones.

«Lo importante de la obra –señala el director– es cómo se ve la moralidad y la figura histórica del marqués que tenemos a través de la mirada de su esposa Reneé, que pasa a ser una especie de espejo u otra máscara del marqués en la novela de Mishima».

Llevarán la obra a Japón

Para Juan José Olavarrieta, el trabajo del autor japonés es fascinante por lo demandante que resulta en términos de lectura, de comprensión, de lógica, de generación de imágenes y de autodisciplina.

En el montaje no hay efectos escénicos ni una escenografía vistosa. La acción es llevada por el diálogo de las actrices y la época está plasmada en el vestuario.

En esta obra Sade es visto a través de los ojos de las mujeres, su esposa Reneé, quien se considera un monstruo de la devoción, al final de la obra afirma que el mundo que vivimos ahora, es el mundo creado por el marqués de Sade.

Con las actuaciones de Nayelli Acevedo Ordóñez (madame de Sade), Dolores Verónica Morales (madame de Montreuil), María del Carmen Félix Espinoza (Anne), Pilar Couto (madame de Saint-Fond), Adriana Élida Reséndiz Segura (Charlotte) y Blanca Aldana (madame de Simiane), la obra termina temporada mañana.

La función de hoy sábado es a las 19 horas y mañana domingo a las 18 horas en el Foro de las Artes del CNA (Río Churubusco 79, esquina Calzada de Tlalpan, colonia Country Club).

Para dar mayor proyección al montaje, Olavarrieta informó que con posterioridad se presentarán en algunas delegaciones dedel DF, como Coyoacán, y festivales de Chile y Costa Rica. Asimismo, tienen programado presentar la obra en Japón para mostrar cómo se trabaja en español un texto escrito en japonés.

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Textos / «La Ruta Rayuela» por Karin Benmiloud

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Julio Cortázar, Paris, 1969 -by (Foto: Pierre Boulat)

C iudad Juárez, Chihuahua. X de marzo de 2013. (RanchoNEWS).- A continuación reproducimos el texto de Karin Benmiloud publicado en el suplemento Confabulario segunda época de El Universal el 9 de junio 2013:

Seguir los pasos de Julio Cortázar en París, cincuenta años después de la publicación de Rayuela, significa dejarse llevar por los remotos recuerdos de una primera lectura hecha a los veintiún años (que es cuando hay que leer Rayuela por primera vez). Para ser honesto, significa también ahora (que todo se nos vuelve más fácil) seguir el itinerario recopilado por José María Conget en la Ruta Rayuela (1963) del Instituto Cervantes de París. Consta de veintiún etapas rituales, «Desde el Quai de Conti al Cementerio de Montparnasse» –amén de la casa del autor argentino, ubicada en el núm. 4 de la Rue Martel (10e arrondissement), injustamente excluida del mismo, pero por cierto mucho más lejos.

Como la misma novela de Cortázar, la ruta tendría pues que empezar en el Quai de Conti: «¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts…». Si en este mítico arranque Horacio Oliveira aconseja llegar por la rue de Seine, la vecina calle Mazarine que da al mismo arco también es muy recomendable, con la minúscula sede de la editorial L’Herne, en el número 22, donde Borges, Vargas Llosa y Fuentes tienen allí sus volúmenes honoríficos (pero quién sabe por qué, no García Márquez, ni Cortázar). Y como guiño de ojo, en el número 28, una placa recuerda que allí el egiptólogo Jean-François Champollion descubrió en 1822 el sentido de los jeroglíficos, siendo así el ilustre antecesor del lector de Rayuela que se enfrenta en el capítulo 68 con el misterioso glíglico, este lenguaje encriptado y socarrón que encubre las hazañas sexuales de Horacio y de la Maga.

Si bien la etapa siguiente sugiere una visita a «toda la sección egipcia del Louvre» –por cierto completamente renovada en 1997– del otro lado del Sena (¿del lado de acá?), el resto del itinerario se despliega por completo rive gauche (¿del lado de allá?), en la misma orilla del Quai de Conti. La breve incursión por la rive droite se cierra así unos pasos después con la Rue du jour, el café Au Chien qui fume que existe todavía («Al llegar al Chien qui Fume se tomaron dos vinos blancos») y el Pont Neuf («Para qué –contestaba la Maga, mirando correr las péniches desde el Pont Neuf», cap. 4). Ya no hay muchas péniches que corren por el Sena, se fuma cada vez menos en París, han cerrado hace ya varios años las galerías de la Samaritaine (no en vano la Maga es también Samaritana en Rayuela) que daban al Pont Neuf, pero uno puede todavía tomarse un vino blanco en el Chien qui Fume.

Las etapas 7 y 8 nos llevan a la rue Dauphine, donde vive Pola, la otra amante de Horacio («y caminaron Boul’Mich abajo y Boul’Mich arriba, antes de irse vagando lentamente hacia la rue Dauphine», cap. 64), y del otro lado del Boul’Mich, a la rue de la Huchette, lugar de especulación patafísica en la novela –allí mismo donde se representan las obras de Eugène Ionesco ininterrumpidamente desde 1957 (en el Cementerio de Montparnasse, las tumbas de Cortázar e Ionesco están separadas por apenas unos metros). La etapa 9 corresponde a la Catedral Notre-Dame (donde una noche, en el capítulo 20, la casualidad hace coincidir a la pareja) y la 10 a la Rue du Sommerard, donde vive el mismísimo Horacio Oliveira. En un hotel de la rue Valette (11), la Maga y Horacio se acuestan por primera vez: «La primera vez había sido un hotel de la rue Valette, andaban por ahí vagando y parándose en los portales, […] de golpe la Maga se apretó contra Oliveira y se miraron como tontos, HOTEL, la vieja detrás del roñoso escritorio los saludó comprensivamente y qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo» (cap. 5). Allí mismo, Horacio repetirá la escena con Pola, su otra amante (cap. 92).

En la rue Monge (12) cree enterarse Horacio de que vive la Maga: «Oliveira le había preguntado a Wong si era cierto que la Maga estaba viviendo en un mueblé de la rue Monge…» (cap. 35). Acercándose a los alrededores del Luxembourg, se llega a la rue Médicis (13), que es el escenario inesperado de la aparición fantástica del exhibicionista de la pissotière, doble de otro hombre muy versado en la obra de Freud : «O entrar a una pissotière de la rue Médicis y ver a un hombre que orinaba aplicadamente (…) y en el mismo instante darme cuenta de que ese hombre era exactamente igual a otro (…) que había disertado sobre tótems y tabúes» (cap. 1).

En el Jardin du Luxembourg (14), la imponente fuente Médicis sigue escenificando grandiosamente el encuentro del cíclope Polifemo y de la nereida Galatea, y en las calles del 5ème y 6ème arrondissements, entre vapores alcohólicos –y emulando a Oliveira–, uno también puede soñar con una catástrofe mayúscula: «…un embudo de terciopelo violeta arrancará al mundo de su quicio, a todo el Luxembourg, la rue Soufflot, la rue Gay-Lusssac, el café Capoulade, la Fontaine de Médicis, la rue Monsieur-le-Prince, va a sumirlo todo en un gorgoteo final que no dejará más que una mesa vacía…» (cap. 76). En la rue Monsieur-le-Prince (15), paralela a la rue Médicis, está también el restaurante Polidor, escenario famoso de una novela posterior del argentino, Modelo para armar (1968).

Asimismo, el lector de hoy, como Horacio y la Maga cincuenta años atrás, podrá comerse hamburgers y recorrer todo París en bicicleta: «Comíamos hamburgers en el Carrefour de l’Odéon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada. Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d’Orléans, conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay más allá del Boulevard Jourdan…» (cap. 1). Hoy una cadena de restaurantes de comida rápida ha invadido París (y casi todas las capitales del mundo), y las bicicletas parisinas se llaman Velib’. Hay cada vez menos terrenos baldíos más allá del Boulevard Jourdan, y en cambio crecen más y más edificios de oficinas…

Del Jardin y del Palais du Luxembourg, se puede bajar, siempre del brazo de Oliveira, por la rue de Tournon (un cardenal que fue consejero de François I), que ha cambiado muy poco desde los 60’s: «Berthe Trépat se apoyaba con todo su peso en el brazo de Oliveira que miraba hacia la rue Lobineau y al mismo tiempo ayudaba a la artista a cruzar la calle, seguía con ella por la rue Tournon. (…) Al flanquear el Luxemburgo discurrían sobre la vida en París cada día más difícil» (cap. 23). En el número 17 de la rue de Tournon (que también constituye –otra casualidad– la etapa 17 de la «Ruta»), dicen que el verdadero Julio Cortázar frecuentó, allá por los años 66 o 67, las veladas literarias de la viuda de un famoso actor francés, muerto en la cumbre de la gloria. Y en el mismo edificio elegante del número 17, dicen también que Mario Vargas Llosa alquiló un pequeño apartamento donde terminó su primera novela, La ciudad y los perros, publicado el mismo año que Rayuela, en 1963.

De allí se puede pasar a la rue Saint-Sulpice, y de allí a la rue Madame (del nombre de la esposa del Conde de Provenza, futuro Luis XVIII), un lugar asociado con Morelli, el escritor marginal de cuyas teorías Rayuela es perfecta ilustración: «Vive en el 32 de la rue Madame dijo un muchacho rubio que había cambiado algunas frases con Oliveira y los demás curiosos. Es un escritor, lo conozco. Escribe libros» (cap. 22). En la rue de Babylone (20), penúltima etapa de la Ruta, se supone que se ubica la sede del Club de la Serpiente, es decir el departamento de Ronald y Babs: «Oliveira ya conocía Perico y a Roland. La Maga le presentó a Étienne y Étienne les hizo conocer a Gregorovius; el Club de la Serpiente se fue formando en las noches de Saint-Germain-des-Prés» (cap. 4).

Como perfecta novela mandala (éste fue el primer título de Rayuela) o como perfecto Uróboros (emblemática Serpiente del Antiguo Egipto que también se remonta a los jeroglíficos), Rayuela contiene una alusión a la última morada de su genial creador, es decir el Cementerio de Montparnasse. En la novela, es el lugar adonde Horacio Oliveira precisamente en el último capítulo de la novela, arroja un misterioso papelito: «A la altura del cementerio de Montparnasse, después de hacer una bolita, Oliveira calculó atentamente y mandó a las adivinas a juntarse con Baudelaire del otro lado de la tapia, con Devéria, con Aloysius Bertrand…» (cap. 155). Como a la tumba de Jim Morrison en el Père Lachaise, la peregrinación a la tumba de Cortázar le ofrece al visitante un espectáculo singular y siempre renovado: flores artificiales y naturales, velitas, boletos de metro, estampillas, piedrecitas, colillas, huellas de pintalabios, jirones de poemas, grafitis, declaraciones de amor, etc. Claro, ese día, no falta tampoco media botella de vino tinto, sin duda abandonada para las libaciones de otro lector cómplice en honor al dios cortazariano. Allí se acaba el tour. Pero antes de que me vaya, Esperá, Julio, que termine la botella

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