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Galería / Olivier Du Tre

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White Bench
Raversijde, Belgium, Canada
2013


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Galería / Mihai Florea

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The Lonely Apostle
Port Campbell, Australia
2013

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Galería / Jesse J. McClear

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Another Dock Photo
Suttons Bay, MI
2013

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Galería / Michael Skaggs

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Aspiring
Cincinnati, OH
2007


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Galería / William L. Witmer

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SW Deserts-9
Joshua Tree, CA
2013

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Galería / Philip F. Metcalf

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Las Conchas Fire 6
New Mexico
2012

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Galería / Michael Weitzman

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Dappled Light
Lamar Valley Yellowstone National Park, WY
2013

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Galería / Karen H. Colbert

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White Architecture #15
West Palm Beach, Florida
2012

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Galería / Tyler Vance

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Circus Big Top
Hammond, LA


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Galería / Lois Alexander-Mandel

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White on White 1
Boynton Beach, FL
2011

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Noticias / Ciudad Juárez: Inauguran la exposición «Jornada Mogollón»

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Lic. Francisco Muela Reyes,Mtro Ignacio Frausto Ojeda, Cruz Camargo y esposa en el corte de listón. (Foto: JMV)

 C iudad Juárez, Chihuahua. 16 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- En el Museo de Arqueología de El Chamizal se inauguro la exposición Jornada Mogollón, primeros pobladores de esta región, del Mtro Ignacio Frausto Ojeda arquitecto y Lic. en Historia. 

La Coordinadora de El Museo Lic. Seidy Medina Galván, fue la anfitriona de la exposición quién cedió la palabra al titular de Dirección General de Educación y Cultura del Municipio, quién agradecido la presencia de los invitados y remarco la importancia de que el Museo sirva para educarnos sobre los primeros pobladores de esta región.


A su vez el Mtro Frausto Ojeda hizo patente su reconocimiento a todas los maestros e historiadores que ayudaron en la elaboración de los materiales que forman parte de la muestra museográfica de la expresión cultural y artística de los grupos humanos que habitaron esta región en la época prehispánica.


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Noticias / Ciudad Juárez: Habrá en el centro histórico celebración del Día de Muertos

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Catrinas participantes del año pasado. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- Como parte del rescate de espacios públicos, este año se llevará a cabo el concurso de altares y catrinas en el centro histórico.

Así lo dio a conocer el titular de la Dirección General de Educación y Cultura, Francisco Muela Reyes, quien indicó que además de la sede tradicional que el Gobierno Municipal implementa, a saber el Centro Cultural de la Ciudad, este año se contará con una nueva sede cercana al paseo peatonal de la calle Velarde.

Tradicionalmente la celebración era en el Centro Municipal de las Artes, sin embargo con el fin de que más visitantes del centro de la ciudad participen y conozcan en qué consiste la tradición de colocar ofrendas en altares a personas ya fallecidas y los atavíos del personaje de Posadas, las catrinas, por esta razón se hace el cambio de la exhibición y el concurso.

Se podrá disfrutar el próximo 2 de noviembre incluyendo una verbena popular en la que los comerciantes del sector se verán beneficiados con el flujo de visitantes y quienes además se encuentran entusiasmados prometiendo algunos obsequios para quienes concursen.

El concurso de altares y catrinas se llevará en el Centro Histórico y en la sede del Centro Cultural de la Ciudad solo será exhibición.

Los premios para los participantes constan de 8,000 para el primer lugar del concurso de altares, 6,000 para el segundo, 4,000 para el tercero y 2,000 para un cuarto lugar que este año se incluye en la premiación.

En el caso de las catrinas el primer lugar obtendrá un premio económico de 5,000 pesos, 3,000 al segundo lugar y 2,000 al tercer lugar.

Los resultados emitidos por un jurado calificador serán inapelables y considerarán el mayor apego a la tradición, los altares podrán ser dedicados a cualquier persona fallecida que el o los participantes deseen.

Los altares y las catrinas deben ser tradicionales, utilizando los elementos característicos provistos por los propios diseñadores.

El jurado tomará en cuenta los elementos del altar y de la vestimenta de la catrina, creatividad y originalidad.

Las inscripciones pueden llevarse a cabo desde este día y hasta el 31 de octubre en las instalaciones del Centro Municipal de las Artes en calle Ignacio Mariscal 105 sur (Antigua Presidencia) en horario de 8 de la mañana a 9 de la noche.

Para mayores informes se podrá consultar en www.juarez.gob.mx y en facebook.com/paginaoficialdirecciondecultura. También a los teléfonos 737 05 70, 71 y 72.



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Teatro / Entrevista a Peter Brook:

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Casi nadie está dispuesto a escatimarle a Peter Brook la condición de director de teatro vivo más influyente del mundo. (Foto: Pascal Victor)

C iudad Juárez, Chihuahua. 17 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- «Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral». Es la sentencia con la que Peter Brook (Londres, 1925) arranca su ensayo El espacio vacío, una especie de catecismo para la profesión escénica. Apareció en Inglaterra en 1968 y, a través de constantes reediciones y traducciones, su mensaje sigue marcando el paso de muchos directores de teatro. Él está considerado el más influyente de todo el gremio. Pocos estarían dispuestos a escatimarle tal consideración a sus 89 años, setenta al pie del escenario. Con su credo minimalista y austero desencadenó una revolución en las tablas británicas que luego diseminó por el mundo. Su apuesta por la sencillez (nada que ver con la simplicidad) sigue imperando en sus montajes. Buen ejemplo es el último de su abrumadora producción, El valle del asombro, tejido junto a su más estrecha colaborada desde hace cuatro décadas, Marie-Hélenè Estienne, que llega a los Teatros del Canal (del 23 al 26 de octubre), dentro del Festival de Otoño a Primavera de la Comunidad de Madrid. Una entrevista de Alberto Ojeda para El Cultural:

Desde su casa en París, al otro lado del teléfono, Brook explica a El Cultural cómo se fue gestando una obra que abre el cerebro como un melón. Un tajo que permite al espectador asomarse a su misterioso funcionamiento. Hay que echar la vista atrás unos cuantos años para encontrar el punto de partida. En 1985, el maestro británico completó el mayor desafío de su carrera: la representación del Majabhárata, el texto sagrado indio (¡9 horas de función!). Un hito histórico que estuvo a punto de enjaular a su artífice. «Desde ese momento, empezaron a lloverme invitaciones para escenificar los mitos de diferentes culturas: la islandesa, la germana...». Brook no tardó en desmarcarse. Sus intereses se concentraron en la mente y sus arcanos. En realidad no se distanciaba de su propósito de siempre: encender pequeñas luces sobre los enigmas de la existencia humana. Simplemente cambiaba el enfoque.

Siguiendo esta línea, elaboró dos curiosas piezas. Una primera en 1993: The homme qui, adaptación del conjunto de relatos titulado El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, del neurólogo británico Oliver Sacks, que Brook utilizó para documentar diversas patologías psíquicas. La segunda, en 1998, fue Soy un fenómeno. Basada en el libro del doctor Alexander Romanovich Una memoria prodigiosa, recreaba la historia de un paciente con una facultad extraordinaria (lo recordaba todo) que más bien era una dolorosa condena (no olvidaba nada).

El valle del asombro remata una trilogía sobre los inciertos engranajes del cerebro, por el que Brook siente fascinación: «Toda la vida de un hombre depende de esa masa de carne de aspecto tan desagradable encerrada en una caja que llamamos cabeza. Todo está conectado con ese centro nervioso: lo más horrendo, lo más sublime, el gozo por la música, el impulso religioso... Es un prodigio». Esta vez ha reparado en otra anomalía, también con una doble faz. Es la percepción sinestésica, una alteración de los sentidos que conduce a escuchar colores, saborear notas musicales, palpar conceptos abstractos, olfatear texturas... La absorción de la realidad es más rica pero también puede ocasionar algunos desbarajustes cognitivos.

Ese trastorno parece un material demasiado complejo y etéreo para modelarlo con las herramientas del teatro. Pero Brook desmiente la presunta limitación: «El teatro tiene la virtud de mostrar lo que es invisible o hermético en condiciones normales. Cuando ves a alguien por la calle, resulta imposible colarse en el interior de su cerebro. En cambio, en el teatro sí puedes acceder a ese territorio oculto. Es justo lo que hemos hecho con esta obra. Conducimos al público por el asombroso valle de la mente, a lo largo de un periplo sinuoso, porque todo valle tiene sus colinas y sus vaguadas, sus infiernos y sus paraísos». La estructura de la obra como un viaje la toma Brook del poeta persa del siglo XII Farid al Din Attar. En concreto, de su obra magna, La conferencia de los pájaros: parábola mística que concluye que, para toparse con Dios, es más acertado mirar hacia dentro que hacia fuera, y que el director londinense montó ya en 1979.

A estas alturas de su carrera, Brook tiene la necesidad de revisarse. En su anterior visita al festival madrileño, hace dos temporadas, exhibió una nueva versión de El traje, el cuento del surafricano Can Themba con el drama del Apartheid como paisaje de fondo, que ya había adaptado en 1999. «Odio repetirme. Pero esto no tiene nada que ver. Me sucede con textos por los que siento un interés especial y creo que puedo llevarlos más lejos y profundizar más en sus historias. La realidad, además, está en constante cambio y el teatro debe correr tras ella con un espejo en las manos para reflejarla».

¿El objetivo de un director debería ser siempre transportar a su público al valle del asombro?

Sin duda. Es lo que siempre he buscado: que la gente que va a ver mis obras no se encuentre con lugares comunes sino que vivan una experiencia sorprendente. La vida humana es un compendio de misterios que el teatro ha de revelar. Esa es una máxima aplicable a todo tipo de teatro, incluido el político, al que hay que exigirle que desenmascare las falacias y corruptelas de nuestros representantes públicos.

¿No cree, por cierto, que la política cada día se parece más al teatro?

Quizá es que no puede ser de otra manera. Todo líder político utiliza las palabras para hacer que sus mensajes suenen verdaderos y convincentes, mensajes que muchas veces son una burda mentira. El actor hace el mismo esfuerzo, aunque podríamos decir que sus mensajes no son mentiras sino invenciones. Ambos deben vestir las palabras con los ropajes de la verdad. Ahí se acaban los paralelismos.

¿Y en qué se diferencia el teatro de la vida?

El teatro es vida. Vida concentrada en un pequeño espacio y durante un corto periodo de tiempo. El teatro permite mirar la vida a través de un microscopio, por eso es tan revelador. La realidad en general se manifiesta diluida y el teatro lo que hace es condensarla para observarla con más detalle.

La labor de Brook remite así a la del científico enclaustrado durante horas en el laboratorio, entre tubos de ensayo, muestras congeladas y batas blancas. Paciente y escrutador. Tras una fulgurante carrera en Inglaterra desde mediados de los 40 hasta finales de los 60, durante la que comandó la Royal Opera House y la Royal Shakespeare Company y tuvo bajo sus órdenes a todo el star system británico (John Gielgud, Laurence Olivier...), decidió ralentizar los tiempos de cocción de sus estrenos. Huyó de la trepidante cadena de montaje del West End y se afincó en París. Allí fundó el Centro Internacional de Investigación Teatral, que acabaría teniendo como sede Les Bouffes de Nord. Desde este coliseo decimonónico que salvó de las termitas, a la espalda de la Gare du Nord, ha ido destilando decenas de producciones. En su etapa británica recorrió exhaustivamente la dramaturgia shakespereana, en la que hoy sigue siendo una autoridad mundial. Con su salto a Francia expandió el radar de búsqueda de fuentes textuales más allá de la órbita occidental. Narraciones de África y la India permearon en sus investigaciones y acuñó como marca de la casa los elencos cosmopolitas y étnicos.

¿Quién le ha enriquecido e iluminado más: Shakespeare o la literatura oriental y africana?

Todo suma pero no por casualidad Shakespeare se representa en todo el mundo y se le ha traducido a cientos de lenguas. La historia de la literatura es una montaña en cuya cima está la obra de Shakespeare. Desde esa altura puede verse el alma humana en toda su extensión.

¿Cómo cree que ha evolucionado ésta a lo largo del último siglo, que casi lo ha vivido al completo?

La humanidad ha alcanzado altos niveles de refinamiento espiritual en otras épocas. Desde entonces, por desgracia, no ha dejado de degradarse. Atravesamos un periodo de oscuridad, como el que narra el Majabhárata, en el que las personas tienen muy complicado encontrar su camino. Todo es confusión. Hace falta luz, pero nadie sabe de dónde traerla, aunque muchos profetas alcen su voz vendiendo soluciones mágicas.

¿Siente que todavía le queda mucho por contar desde el escenario? 

Cuando dirigí mi primera obra, no tenía ni idea de cuál sería la siguiente. Nunca he seguido un plan. Todos los proyectos se han ido cuajando en conversaciones con mis colaboradores. Tampoco he decantado técnicas ni reglas de aplicación universal e intemporal. Creo que ahogaría la creatividad específica que requiere cada montaje. Así ha sido hasta hoy y así seguirá siendo.



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Artes Plásticas / Italia: El último Caravaggio

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La mayor experta en el pintor localiza una de las tres telas que este tenía cuando murió con 39 años, una Magdalena que llevaba siglos desaparecida. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- En julio de 1610 Caravaggio tomó un barco en Nápoles para llegar hasta Porto Empodocle, en Toscana. Todo apunta a que desde allí pensaba dirigirse a Ladispoli, una localidad a unos 40 kilómetros de Roma donde tenía su feudo la familia Orsini, bajo cuya protección el artista esperaría a que el Papa Pablo V le revocara la sentencia a morir decapitado a la que había sido condenado por haber acabado en 1606 con la vida de un hombre y que pondría de ese modo fin a sus cuatro años como prófugo. Pero no lo consiguió. Caravaggio murió en Porto Empedocle a los pocos días de llegar, a causa probablemente de una infección intestinal. Tenía 39 años. Reporta desde Roma Irene Hernández Blanco para El Mundo:

Cuando se subió en aquella barca para realizar su último viaje, Caravaggio llevaba consigo tres telas. El nuncio apostólico del reino de Nápoles así se lo hizo saber al cardenal Scipione Borghese, gran coleccionista y protector de Caravaggio, en la carta que le envió informándole de la muerte del artista. «Dos San Juan y una Magdalena», escribió. Uno de los dos San Juan se encuentraen la actualidad en la Galleria Borghese de Roma. Pero del otro san Juan y de la Magdalena se ha perdido la pista.

La Magdalena sin embargo ahora acaba de reaparecer. La máxima experta mundial en Carvaggio, Mina Gregori, está completamente segura de haberlo localizado. «Si, es ella, finalmente», proclamaba ayer desde las páginas de La Repubblica, el diario italiano que ha dado la noticia y que publicaba en exclusiva las imágenes de ese 'caravaggio' perdido.

«Estoy segura al 100 por 100»

Mina Gregori no tiene ninguna duda de que el cuadro, propiedad de una familia europea que prefiere mantener el anonimato y que asegura que no tiene intención de vender la obra, es obra de Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio. «Estoy segura al cien por cien», revela.

No es sólo que la técnica de la obra, la intensidad con que está pintado el rostro de la Magdalena, el tono lívido de las manos, las variaciones de color y los juegos de luces y sombras y otros detalles lleven a Gregori a proclamar con voz firme y segura: «Es Caravaggio». Es que además el cuadro, del que se conocía entre otras una copia directa realizada por Luois Finson en Napoles en el 1612 que en la actualidad se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Marsella, tiene en la parte de atrás un papel pegado donde, con a grafía característica del siglo XVI, se dice: «Magdalena pintada por caravaggio a Chiaia (un barrio de Nápoles) para beneficio del cardenal Borghese de Roma».

«Ese documento confirma de manera definitiva la identificación y la atribución del cuadro», destaca Mina Gregori. Un cuadro del que no se sabía nada desde finales del siglo XVII o principios del XVIII, podría sumarse al medio centenar escaso de obras atribuidas sin ningún género de dudas por los expertos a Caravaggio.



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Textos / José Luis Domínguez: «El sol sobre los ojos, conversaciones sobre el norte literario»

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Portada del libro de ensayos. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- Eduardo Antonio Parra, nacido en Guanajuato, pero renacido en las letras mexicanas en el estado de Nuevo León, en su excelente prólogo a El sol sobre los ojos, nos realiza una cartografía exacta aunque incompleta de la literatura escrita en el norte de México y su nómina de autores a través del tiempo: Alfonso Reyes, Julio Torri, Nellie Campobello, Rafael F. Muñoz, José Vasconcelos, Salvador Novo, José Revueltas, Gerardo Cornejo, Daniel Sada, Severino Salazar. Yo añadiría a Patricia Laurent Kullick, Cristina Rivera Garza, Juan José Rodríguez, Élmer Mendoza, Luis Humberto Crosthwaite, David Toscana, Hugo Valdez y Alfredo Espinosa, y aunque no todos son de latitudes desérticas, también son norte-mexicanos.

También, Eduardo Antonio Parra, nos previene sobre el contenido del libro sin revelarlo, para que nuestra curiosidad lectora se lance a fondo a la aventura propuesta por cinco autores jóvenes con carrera universitaria, nacidos y formados literariamente en Chihuahua y que pertenecen a una generación relativamente joven, la de aquellos que han nacido entre 1970 y 1977, como lo son: Liliana Pedroza, quien ensaya sobre el narrador oriundo de Delicias, Chihuahua, Jesús Gardea, quien sigue demandando lectores inteligentes; Ramón Gerónimo Olvera, poeta y ensayista, quien aborda la labor poética del novelista historiador, Carlos Montemayor; Renée Acosta, la cual escribe sobre un poeta hermético, clásico moderno, llamado Rogelio Treviño; el orgullosamente cuauhtemense Fernando Hernández González, mismo que nos invita a una zona desconocida, pero apasionante, de la personalidad de Martin Luis Guzmán; y, por último, Javier Mariano Rubio nos acerca a la obra del historiador novelista José Fuentes Mares.


De esta manera tenemos en El sol sobre los ojos, conversaciones sobre el norte literario, a cinco jóvenes ensayistas, quienes, además, unos, son poetas, otros, ensayistas, otros más, narradores, o practican varios géneros literarios, venciendo brillantemente la página en blanco y brindándonos un acercamiento amoroso a cinco autores ya consagrados, con excepción de uno de este quinteto, por la historia de la literatura mexicana.

Abordemos todos y cada uno de los apartados del libro. En Jesús Gardea: la palabra y sus mundos, el primer ensayo con el que se abre, Liliana Pedroza recoge el hilo del recuerdo tal y como se recoge el hilo de la arena del desierto. La memoria suele ser árida como éste, pero no está hueca como creemos; también, como el desierto, está llena de presencias.

Desierto. Qué palabra tan sola, tan falsa, tan engañosa. Nada de lo parco, de lo avaro, hay de cierto en el desierto. Todo ahí es pletórico. Lo pequeño, lo múltiple, lo superpoblado, el detalle, vibran como reflejos de un laberinto mítico de espejos y espejismos, es ahí donde la luz establece su casi imperceptible imperio melancólico. Liliana Pedroza lo sabe, por eso establece el desierto como el gran imperio narrativo y melancólico de Jesús Gardea y desde el mar de Tetis, que fuera este desierto chihuahuense hace ya cientos de años, tira sus redes oceánicas hasta el desierto sureño de los Estados Unidos de Norteamérica y establece sus líneas meridianas entre narradoras de aquellos lares: Carson McCullers, Flannery O Connor y Eudora Welty.

Liliana Pedroza explora con acierto las similitudes entre Jesús Gardea y sus colegas norteamericanas y deduce que en los cuatro autores, el desierto es metáfora del hombre. Los personajes de sus historias son también seres extraños, parcos, inadaptados, como si estuvieran, cada uno de ellos, fuera de contexto y sin embargo, paradójicamente, bien plantados sobre la arena, bajo ese sol inclemente, donde la incapacidad de comunicarse es uno de sus rasgos más comunes. Liliana Pedroza nos descubre a estos personajes entrañables como pequeños médanos donde el amor es como esa flor intensa y roja que brota en los espinosos y delgados brazos del ocotillo solamente por uno o dos días antes de extinguirse.

Carlos Montemayor, la otra respiración, es el segundo ensayo que aparece en el libro, escrito por Ramón Gerónimo Olvera, también poeta, narrador y filósofo. Tal vez por eso al inicio de su disertación nos confronta con el acto neumático y el acto poético. Escribir es como respirar, respirar nos da tiempo para escribir. Escribir es escrivivir. En esta poética del aire, poética de la respiración, Ramón Gerónimo Olvera nos descubre otra vertiente, la del poeta, al artista más completo que hayamos tenido en Chihuahua: Carlos Montemayor. Es cierto, destaca la presencia de Martín Luis Guzmán, quien era un enorme estilista, un pugilista del estilo, un gran narrador, pero Carlos Montemayor resulta ser un buen ensayista, un buen narrador, un inmejorable traductor, un tenor respetable y además, un excelente poeta. Es en esta última faceta, sobre todo con los libros Abril y otros poemas y Finisterra, en la cual Ramón Gerónimo Olvera nos plantea a Carlos Montemayor como el hombre que ha aprendido a respirar mientras escribe, que en el autor parralense escribir es respirar. Es en este ritmo de inhalar y exhalar donde se encuentra el gran misterio de la vida, de todo lo invisible que sustenta lo visible.

Entre nosotros y la pared más próxima se alza el gran enigma, de eso que no parece pesar nada y nos pesa a todos porque de esa cuerda de lo que no se ve ni se toca es de la cual nos sostenemos todos para estar vivos. Y estar vivos, en verdad, es el gran milagro, la verdadera maravilla. Por eso, Carlos Montemayor, cuando escribe esa prosa que nos describe otras realidades dentro de ésta, cuando escribe sus novelas subversivas, completas, lo hace con el ritmo de la respiración del poeta. Ritmo y tiempo en Carlos Montemayor es la misma cosa, todo esto y más nos revela Ramón Gerónimo Olvera en su ensayo, cuando nos describe a un escritor existencialista en Montemayor, pero no un existencialista con un existencialismo mal entendido, sino con un existencialismo verdaderamente humanista, vitalista.

En Montemayor, nos recuerda Olvera, el tiempo es conciencia, y la conciencia es recuerdo. Y el recuerdo nos lleva, de una o de otra forma, ineludiblemente, a esa infancia colectiva, cósmica. Colectiva porque todos hemos sido niños, todos hemos vivido ese paraíso y con pocas excepciones, ese infierno, con todos los sentidos: gusto, vista, tacto, oído, olfato. Ramón Gerónimo traza en su ensayo no sólo la cuestión neumática, sino las líneas paralelas que ligan al Montemayor poeta con el Montemayor prosista, y también su despegue del lenguaje poético a la hora de escribir sus novelas más subversivas.

Luego, la visión bíblica de un Job ante la novelística que trata el tema de las minas en Mal de piedra y en Minas del retorno, por lo tanto, nos habla de la visión pesimista de sus personajes y de que todo su cuerpo, dentro de lo temporal, llega a su fin. Vita brevis. La vida es breve. Y esta frase dicha por un personaje de una de las novelas de Carlos Montemayor, se convierte en la mayor exaltación del optimismo. Si la vida es breve, entonces vivámosla al máximo. Todas estas reflexiones es capaz de despertar en nosotros los lectores Ramón Gerónimo Olvera con su ensayo Carlos Montemayor, la otra respiración.

El psiconauta del Septentrión: Rogelio Treviño, es el tercer ensayo del libro, escrito por Reneé Acosta, destacada poeta y aguda pensadora. En él se hace una completísima revisión de las biografía y las motivaciones de uno de los poetas decadentes más emblemáticos de nuestro estado grande como lo fue Rogelio Treviño, compañero generacional de poetas chihuahuenses tan importantes como Jorge Humberto Chávez, Enrique Servín, Marco Antonio Jiménez, Ricardo Morales, Óscar Robles, Alfredo Espinosa y Ramón Antonio Armendáriz, todo ellos nacidos en los cincuentas, quienes, a través de sus libros publicados, ha puesto en alto nuestra zona septentrional en la cartografía poética mexicana.

Reneé Acosta compara asertivamente a Rogelio Treviño con Diógenes el cínico, cuya fama de trashumante es hartamente conocida. Rogelio Treviño cumplió un destino paralelo al de uno de sus escritores más admirados: Edgar Allan Poe. Un destino trágico compartido. A ambos el alcoholismo les deparó una muerte a mediano plazo que se cumplió en ellos casi de la misma manera. Murieron, literalmente, en la calle. Libres de esas cuatro paredes de una habitación común y de una cama acogedora. Murieron fuera de la caja, en plena libertad. De ahí que a Rogelio Treviño podamos llamarle existencialista decadente.

Reneé Acosta nos da un acercamiento a la numerología y a la astrología con la sabiduría de los alquimistas. El cero, símbolo numérico del poeta, es la imagen de la locura. Follis, en latín y foolish, en inglés, significan, respectivamente, saco de viento, locura. Rogelio Treviño era como un saco en donde el viento de la sabiduría entraba a raudales para luego salir de él en forma de ideas luminosas. El arcano cero del Tarot nos habla del eterno buscador de su complemento, el uno. El hombre vertical, el hombre espiritual. Por eso Rogelio Treviño nunca quiso poseer nada. Es decir, siempre quiso poseer el cero, que es sinónimo de la nada. Pero quien tiene la nada, lo tiene todo.

Rogelio Treviño, así nos lo presenta Reneé Acosta en este ensayo, fue el gran contradictor. Fue un puer sénex, es decir, un viejo niño feliz, contradiciendo siempre, con su postura, a nuestra sociedad altamente capitalista, hedonista, consumista. Desconfía de lo que le gusta a las masas. Cuando se habla mucho de poesía es cuando menos hay poetas, ahorita no hay poesía, por eso hay tantos poetas. Solía decir Rogelio Treviño.

Alumno del poeta nicaragüense ya extinto, José María Lugo –del cual heredó su pasión por la alquimia, la cábala, la astrología y la numerología– Rogelio Treviño no tardó en desarrollar su propio corpus poético filosófico-hermético que le impulsó a escribir el magno poema que le heredó a Chihuahua: Septentrión: las siete estrellas de la Osa Menor, en donde se exalta la historia de la fundación de la capital y la irrupción de la Revolución Mexicana y comparte con José Vicente Anaya quien escribe su poemario Híkuri, su identificación con la raza de bronce, los tarahumaras. Ambos poemas nacidos de influencias opuestas ejercidas, respectivamente, por Thomas Stearn Eliot y Ezra Pound, por un lado, y por Allen Ginsbergh, en el otro.

Reneé Acosta, a través de su ensayo híbrido –híbrido porque hace de él una biografía, una semblanza y un ensayo– nos acerca a ese Diógenes moderno llamado Rogelio Treviño. Nos lo retrata con una fidelidad impresionante, y vemos la figura del loco con el saco de viento a cuestas viviendo en la pobreza extrema, en el desapego que sólo consiguen los grandes espíritus. De carácter risueño, de un humor burlón sin llegar a ser cruel o déspota, avanzaba sin atarse a ninguna pertenencia o propiedad o cosa alguna, pero por lo mismo, ligero, como el viento, sin detenerse, por los caminos que lo conducirían a la poesía, que se convirtió en su vida misma.

En la segunda parte de su ensayo, Reneé Acosta, valiéndose de su conocimiento alquímico y en sus lecturas de Fulcanelli, y de El misterio de las Catedrales, nos revela el significado de los tres poemas herméticos del vate chihuahuense, cumpliéndose en poesía lo que se puede aseverar de un cuento: un cuento es siempre dos cuentos, el primero de ellos consiste en lo que el cuento nos cuenta; y el segundo, en lo que no nos cuenta el cuento con lo que nos cuenta, así, en los poemas herméticos de Rogelio Treviño, un poema habrá de ser más de un poema. Lo que está en el poema y lo que subyace en el poema.

Al final del ensayo, Reneé Acosta, sitúa cronológicamente la labor poética de Rogelio Treviño, separándolo de la tradición de la región romántica del siglo XIX y posicionándolo con su obra como el primer gran poeta de la historia de la literatura chihuahuense.

Martín Luis Guzmán alias «Silvio» o «Estrella de Oriente», una existencia atélica en el Ateneo de la Juventud, es el cuarto ensayo del libro, escrito por el joven autor cuauhtemense Fernando Hernández González, de quien hemos leído un interesante libro titulado De crisis y paradojas, en donde trata sobre sus aproximaciones al postlatinoamericanismo de Santiago Castro-Gómez, publicado por la UNAM en las ediciones Nostromo sobre estudios latinoamericanos.

No es extraño el título del libro De crisis y de paradojas al ensayo que desarrolla sobre ese grupo de intelectuales y escritores –reunidos alrededor de la figura del prócer José Vasconcelos– mejor conocido como el Ateneo de la Juventud, conocidos por su gran apego al neoplatonismo y apoyados en los conceptos de Heráclito el eleata, cuya divisa era la constante transformación de las cosas, de ahí que su premisa fuera que un hombre no se baña dos veces en el mismo río, pero bajo el añadido de un estatismo, de una inmovilidad voluntaria, la cual, a su vez, contradecía al mismo Heráclito. Estoy hablando de Julio Torri, Antonio Caso, Alfonso Reyes, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, puesto que el texto de Fernando Hernández González gira en torno a la paradójica y atélica figura de Martín Luis Guzmán.

La paradoja, como ya lo sabemos, es lo contrario a la opinión común (a la doxa), y está basada en hacer justamente lo contrario, lo inesperado, lo increíble, lo maravilloso y extraordinario, algo distinto de lo que se espera. Lo que nos revela Fernando Hernández González del novelista chihuahuense es una presencia perturbadora dentro del Ateneo que delataba una personalidad que, a decir de Alfonso Reyes, era incapaz de estar de acuerdo, de estar en paz, y el peripatetismo y esa compulsiva propensión a huir de Martín Luis Guzmán, lo hacían un dudoso candidato a pertenecer al grupo.

En una carta dirigida a Alfonso Reyes, nos da a conocer el ensayista, Martín Luis Guzmán define muy bien su postura respecto al Ateneo, diciendo:

Creo con Heráclito en el desenfrenado huir de lo existente, en el simbolismo del fuego, en el cual todo se transforma para convertirse en nada, mi horror a la finalidad (telos, en griego, acotación mía) me hace incongruente e imprevisor, mi amor a lo espectacular me ha vuelto holgazán.

Alfonso Reyes no comprende a Martín Luis Guzmán y le reprochará soterradamente publicando dos textos su propensión a dejarse llevar por la corriente sin oponer resistencia. Alfonso Reyes lo satiriza en su texto llamado Silvio y lo cosifica hasta convertirlo en un guiñapo sin voluntad. Reyes escribe:

Al amigo Silvio cualquiera se lo halla en una esquina y lo empuña y se lo lleva como a un bastón.
Silvio no tenía familia ni vino de ninguna parte. Existía tan natural y tan sensiblemente como las cosas; parecía un duende familiar de la casa en que se alojaba; parecía una segregación espontánea de la vida de la ciudad. Cuando se le encontraba por la calle, inmóvil, sin ver ni oír, no era fácil distinguirlo de las paredes de la casa o del flujo anónimo de pasantes.

La ironía de Alfonso Reyes es graciosa, pero cruel. Es curioso, paradójico, por lo tanto, atélico, que Reyes se sintiera perturbado ante una presencia como la de Martín Luis Guzmán, quien representaba esa presencia que irradiaba un individualismo anárquico, siendo aquél todo orden, toda mesura, todo meticulosidad. También que ambos llegaran posteriormente a ser los dos amigos más cercanos entre sí del Ateneo por circunstancias trágicas y dolorosas y afines, quizá como un signo atélico del destino. En el flujo de la revolución de 1910, se dieron las conductas atélicas –es decir, sin una finalidad claramente establecida– del coronel Martín Luis Guzmán, padre del escritor, en la Batalla de Malpaso, Chihuahua, y la del general Bernardo Reyes, en la Decena Trágica que acabara con sus vidas, respectivamente.

Antes de las novelas El Águila y la serpiente, La sombra del caudillo y Memorias de Pancho Villa, Martín Luis Guzmán escribe La querella de México y A orillas del Hudson, una serie de artículos donde intenta expresar la importancia de la vida atélica que, según nos lo aclara Fernando Hernández González, no es ya un desinterés del mundo, un dejarse llevar por la corriente, sino una entrega a la cotidianidad de los sentidos, a la evidencia diaria de los hechos que nos rodean y nos influyen de una y varias maneras para llegar a ser como somos o como queremos ser. De ahí la importancia del ensayo de Fernando Hernández González.

El primer párrafo de La imagen perdida en el desierto, un acercamiento a la obra de José Fuentes Mares –último ensayo de El sol sobre los ojos, conversaciones con el norte literario– escrito por Javier Mariano Rubio, lanza una línea de parentesco fraternal con el ensayo de Liliana Pedroza. Así, con el desierto se abre el libro y con el desierto se cierra. José Fuentes Mares nació en el desierto y el páramo alimentó su imaginación con las fantasías que pueblan sus espacios infinitos. Quien nace en el desierto acaba por llevarlo en el alma, convertido en energía sustentadora, ha dicho Fuentes Mares.

El texto, no sólo es un acercamiento a la obra de José Fuentes Mares, sino también un acercamiento a su vida y a su interpretación del mundo como fenómeno derivado de la Historia. Javier Mariano Rubio nos brinda la noción de que para este historiador y narrador –quien para escribir cada uno de sus libros se aísla en su casa de campo de Majalca, Chihuahua– todos somos el resultado de las circunstancias históricas que han ido construyendo nuestro entorno vital.

José Fuentes Mares, según palabras de su homólogo Ignacio Solares, posee una narrativa fresca e innovadora, lo que lo convierte en un historiador exitoso que hace literatura. En Fuentes Mares se armonizan las musas de la Historia y la de la Poesía y de la elocuencia: Clío y Calíope.

Javier Mariano Rubio nos transmite que, donde la historia de México oficialista ha puesto de personajes protagonistas a meros monigotes de paja y aserrín, o figurines con pie de barro, José Fuentes Mares les otorga un hálito de humanidad y verosimilitud extraordinarias; donde la historia de México oficialista ha idealizado en demasía a sus próceres; José Fuentes Mares los ha dotado de naturaleza humana sujeta también a errores hondamente comprensibles.

Fuentes Mares, acota el ensayista chihuahuense, es un imprescindible para comprender al México contemporáneo a través del tratamiento que le da a la Historia en cada uno de sus libros. Su estilo preciso, franco y enérgico, con leve sesgo de ironía y humor, es muy propio de los hombres del desierto. Su abordaje de la historia de nuestra nación, desde la época de la Conquista, pasando por la Independencia, la Reforma y la Revolución, hasta nuestros días es el idóneo para que los lectores se enamoren de su historia. Su crítica al expansionismo norteamericano es sumamente notable por certera y pertinente.

José Fuentes Mares también nos otorga una descripción exacta de cómo y por qué somos de una determinada manera y no de otra los chihuahuenses. José Mariano Rubio nos refiere cómo, ante la insistencia de Jacobo Zabludovsky, quien en una célebre entrevista le preguntaba si era mexicano, Fuentes Mares respondió:

–Soy de Chihuahua.
–Pero, ¿es usted mexicano?– reiteraba el periodista.
–Soy de Chihuahua– respondía Fuentes Mares.

La escritura de Javier Mariano Rubio es concentrada, pulcra, llena de significado. Nunca había leído y aprendido tanto de nuestra naturaleza chihuahuense y de José Fuentes Mares en tan pocas páginas. Javier Mariano Rubio es un facilitador del conocimiento histórico de los que estamos tan sedientos los chihuahuenses. Su preocupación por allanarnos el camino a los lectores es evidente en la forma amena y concisa en como escribe, por ello debemos agradecerle este tipo de ensayos, esta manera de escribir tan eficaz que tiene.

La aparición de este libro abre en nosotros los lectores chihuahuenses una gran esperanza y provoca una inmensa alegría. Durante muchos años me preocupé bastante por la ausencia de la crítica y el ensayo literario en el ámbito de nuestros escritores. Algunos de ellos tenían ya el estatus de clásicos modernos, relativamente hablando, y aún no habían sido tocados por la crítica o por el ensayo.
Casi toda la producción literaria se encontraba en un pavoroso silencio que cimbraba nuestros espíritus. El desierto físico, espiritual y creativo parecía ser eterno. De pronto uno leía en alguna revista o en alguna compilación de algún encuentro estatal o nacional de escritores en el norte de México un acercamiento a José Fuentes Mares, a Martin Luis Guzmán, a Rafael F. Muñoz o a Nellie Campobello, pero eso era todo, un mero acercamiento. Sin embargo, el desierto chihuahuense seguía floreciendo en esa producción de una amplia y variopinta literatura narrativa y poética cuya nómina de autores seguía creciendo a pasos agigantados. Y los críticos y los ensayistas seguían brillando por su ausencia. De pronto, en medio de las tolvaneras del desierto, saltaban como liebres pequeñas y orejonas, las voces y los nombres de Mario Lugo, Rubén Mejía, Alfredo Espinosa, quienes iban a situarse en revistas o antologías estatales y uno disfrutaba al leerlos, pero se quedaba con una sensación de insuficiencia.

A veces saltaban los trabajos biográficos sobre los mismos autores antes mencionados, pero no los ensayos; saltaban las crónicas, pero no los trabajos críticos. Y seguía flotando en nosotros los lectores ávidos, esa enorme sensación de insuficiencia.

El árbol de la generación de los nacidos en los años setentas ha estado dando muy buenos frutos. Junto a Liliana, Ramón Gerónimo, Renée, Fernando y Javier Mariano surgen otros nombres: Juan Cristóbal Pérez Paredes, Leonardo Meza Jara, Daniel Espartaco, César Silva, Edgar Rincón, Blas García, Rodrigo Pérez Rembao, entre otros. Y este libro El sol sobre los ojos, conversaciones con el norte literario, es un parteaguas importante en la historia de la crítica literaria hecha por autores chihuahuenses y se me antoja para que sólo sea el primero de muchos libros, de una serie en la cual vayan desanudándose otras propuestas críticas, ensayísticas que tanta falta nos hacen a los chihuahuenses. Valdría la pena el esfuerzo. Se llenaría, así, un enorme hueco, un enorme vacío, tan grande casi como el desierto chihuahuense. De hecho, con este libro, El sol sobre los ojos, conversaciones sobre el norte literario, se ha comenzado con esa gran tarea.


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Literatura / Entrevista a Agustín Fernández Mallo

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Fernández Mallo creó el Proyecto Nocilla, tres novelas vanguardistas dentro de la literatura española contemporánea. (Foto: Rafael Yohai)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- El narrador, poeta y físico español regresó luego del conflicto por El hacedor (de Borges) Remake, libro-homenaje que fue retirado de las librerías en 2011 ante una demanda de María Kodama. «Escribo sin saber a dónde voy. Todo puede ser material reciclable», dice en la entrevista para Página/12 de Silvina Friera.

El instante en que una idea extrañamente hermosa aletea como un pequeño insecto ocurre sin aviso ni preámbulos cuando una mujer percibe que los objetos empiezan a desaparecer del cuarto. «No es que los viera volatilizarse ante mis ojos, sino que por momentos perdía toda conexión con ellos –aclara–. Estaban ahí pero su presencia, a través de los lazos que el cuerpo establece con la materia, iba desapareciendo. Mejor dicho, eran esos lazos lo que desaparecía. No era cine, no era un sueño, no era una alucinación, no era una expresión de odio, tampoco un deseo. Los objetos dejaban de actuar para, simplemente, actuar. Minutos más tarde, ya ni eso. Supe entonces –de una manera que sólo puedo calificar de diáfana y extremadamente silenciosa– que él había estado viajando con una muerta.» ¿Viva o muerta? Mejor preservar el misterio necesario que se despliega en una parte de Limbo (Alfaguara), de Agustín Fernández Mallo, la novela con la que el narrador, poeta y físico español ha regresado después del mal trago que implicó que El hacedor (de Borges) Remake, un libro concebido como un homenaje, haya sido retirado de las librerías en 2011 por una acción judicial de María Kodama. Tres historias se conectan en esta última novela: una mujer secuestrada en México que relata su cautiverio, una pareja que viaja por Estados Unidos en busca del quimérico «Sonido del Fin» y dos músicos que se encierran en un castillo francés para componer y grabar su obra definitiva.

«Experimentar significa investigar formas, posibilidades. Experimentar es importante hagas lo que hagas, seas un científico, un artista o un conductor de taxi que tiene que investigar la mejor ruta, ¿no? Todo experimento luego hay que formalizarlo, pero muchas veces hay cosas que como experimento ya valen», dice Fernández Mallo a Página/12. «Escribo sin saber a dónde voy. Todo puede ser material reciclable», agrega el creador del Proyecto Nocilla, tres novelas consideradas uno de los experimentos más vanguardistas de la literatura española.

Se percibe que le interesa trabajar con los residuos, los desechos...

La idea de utilizar la basura o los residuos como materiales perfectamente legítimos me interesa muchísimo. La basura física o simbólica es igual. Es uno de los métodos de mi trabajo: lo que los demás no quieren, yo lo quiero. Tú dámelo a mí que hago algo con eso (risas). Pero no intento taparlo porque es ahí donde está el experimento. No escojo la basura para intentar embellecerla, sino que con su mismo estatus de residuo veo que es legítimo narrar historias estéticas.

¿Encuentra belleza en el residuo?

Encuentro belleza en tanto me estimula para llegar a una consecuencia estética. Hay una cosa que llamo «realismo complejo», que es utilizar toda la complejidad de lo que es real y eso incluye también los residuos. En los residuos hay una complejidad y una belleza. No es algo antiguo y pintarlo para hacerlo bonito. No es un reciclaje, no es cambiar el aspecto o la forma totalmente porque entonces ya no queda nada del origen y yo quiero que se vea que el origen es un residuo.

¿Quizás una parte de quienes escriben literatura intentan borrar ese origen cuando trabajan con los residuos?

Bueno...sí, siempre ha habido un concepto más burgués de la belleza. Una de las grandes liberaciones de las formas que se han dado en el siglo XXI, gracias a Internet y las redes sociales, es la normalización estética de cosas que antes parecían abiertamente despreciables. Pero que está en todo, no sólo en la literatura. Por otra parte es una actitud del científico. El científico se fija en cosas que nadie se fija para ver qué pasa ahí.

Contra lo que se cree, hay mucha actividad cerebral cuando se duerme, como se plantea en un momento de Limbo, pero se suele decir que se gasta menos energía cuando estamos descansando.

Eso es verdad, no es ninguna invención. Hay muchas cosas que en el libro parecen reales y no lo son. Y otras que parecen irreales y son reales. Hay mucha mezcla, me gusta mucho trabajar con esa indistinción. El cerebro gasta la misma energía cuando está en la vigilia y cuando duerme y se cree que es porque investiga posibilidades, intenta anticipar problemas y ver cómo resolverlos. Por otra parte, saliendo de la novela, la idea de que sólo empleamos el diez por ciento de nuestras posibilidades cerebrales es mentira. El cerebro usa el ciento por ciento siempre.

El físico, el científico, siempre aparece cuando escribe, ¿no?

Sí, en toda mi narrativa y en mi poesía. Pero no me interesa la ciencia aplicada a la narrativa, no me interesa la ciencia como argumento de novela. Me interesa la ciencia como generadora de poéticas en sí misma; extraer algo de la ciencia, ver que hay una metáfora ahí y ponerla para generar nuevos sentidos.

Así como se menciona «la zona Ballard» en su última novela, ¿suele trabajar con zonas que estén delimitadas por un escritor o una línea de escritura?

Si lo hago, no soy consciente de trabajar en esos límites. Pero supongo que sí, incluso a nivel del propio estilo uno va a zonas de unos escritores y luego se va a otras.

Aunque lo de la «zona Ballard» sea una broma en la novela, ¿por dónde andaría Limbo?

No estoy tan seguro... creo que va más por un tipo de escritura que mezcla un posmodernismo norteamericano, pero también un clasicismo centroeuropeo. Yo detecto cosas de W. G. Sebald en cómo hay un itinerario donde se van narrando detalles de un viaje y cada pequeño detalle abre un mundo. Luego hay mecanismos que vienen de mis intuiciones, de mezclas con Borges y la ciencia. La idea de tiempo que hay en el libro no es una idea nostálgica. Cuando se habla de algo del pasado, no se utiliza como una arqueología a la que ir a llorar el tiempo perdido, sino que es un tiempo antiguo que viene al presente para hablar del presente y construir el presente. Me interesa cómo lo antiguo, visto hoy, nos informa de nuestro presente. Cuando aparece un cuadro de Caspar Friedrich, que el protagonista mezcla con un mapa del Google Map, esa combinación le está hablando al protagonista de su identidad hoy, no de cómo era Caspar Friedrich. Esta es una idea de temporalidad que está en el libro en todo momento: que la arqueología no nos informa del pasado, sino que nos informa de cómo somos hoy. Por eso las incursiones al pasado no son romántico-nostálgicas.

En una parte de Limbo se esgrime la idea de que en el momento del disparo, aunque los ojos estén desorbitados, en ese instante no hay dolor. ¿Hay una relación entre esta incursión no romántica hacia el pasado con el hecho de que se quiera tal vez minimizar el dolor, quitarle espesura melodramática, por ejemplo a la posibilidad de viajar con una muerta?

Puede ser... El dolor sólo existe a posteriori, nunca existe en el instante. En el instante nunca hay dolor, puede haber rabia o insensibilidad. Es interesante esa lectura que tú has hecho, que yo no me había percatado, cuando termina la primera parte y dice que entendí que había viajado con una muerta. Todo ese intervalo puede funcionar como metáfora de ese instante en que no hay dolor hasta que pasa el instante y siente el dolor, cuando al final siente la desconexión.

Los objetos tienen tanta importancia en Limbo que hasta se piensa la muerte como el momento en que los objetos nos abandonan, una idea por cierto muy bella.

Es chula esa idea, está bien, ¿no? Es una de las ideas que más me gustan del libro. Nosotros morimos porque los objetos nos abandonan o porque los objetos ya no sobreactúan para nosotros, sencillamente actúan. La idea que está en el libro es que los objetos también sobreactúan, y esa sobreactuación, en el fondo, es cuando los sentimos nuestros porque estamos vivos. Es una manera de verlo desde el punto de vista del objeto; está sobreactuando para mí, pero cuando deja de actuar y rompe ese lazo conmigo estoy muerto para ese objeto. Cuando eso ocurre a un nivel general, con todo lo que tienes alrededor, es que estás muerto. Sin darme cuenta, esta idea llevo gestándola desde el principio de toda mi narrativa y de mi poesía, pero nunca había llegado a verbalizarla y se me ocurrió de repente y lo puse. Este es el final de toda una investigación estética que desde hace quince años llevo haciendo. Es importante que hayas dado en esa clave. Los objetos en toda mi narrativa cobran vida y dicen cosas; son personajes, son agentes provocadores, incluso llegando en este caso a lo más abstracto que es el sonido.

El sonido como un personaje más...

Sí, el sonido aquí es un personaje porque provoca estados, sensaciones... El sonido es un objeto muy abstracto que también trato como un elemento poético, tanto cuando buscan el «Sonido del Fin» o en el castillo cuando ven que el sonido mueve los objetos del cuarto o esa canción que aparece y no está en ninguna parte. Todo ese extrañamiento en torno del sonido me pareció importante porque estamos tan acostumbrados a oír música todo el día que a veces no nos paramos a pensar la importancia del sonido, que es una cosa muy rara y muy abstracta. Te diría más: el silencio no existe en la naturaleza. Si tú intentas grabar el silencio, no puedes. Siempre aparecen sonidos; es decir que el silencio es una construcción cultural, una invención de la cultura, un término que pertenece al ser humano en tanto lo ha inventado.

¿La idea del silencio es productiva?

Sí, porque te hace entender por dualidad que existe el ruido. Aparte ha dado toda una tradición de poéticas del silencio en música y en literatura que es interesante, aunque sea todo quimérico y metafísico. El silencio es una especie de metafísica, tal como yo lo veo.

¿El silencio ha sido demasiado exaltado por los poetas?

Sí, ha habido excesos que llevan al absurdo. La idea de que toda poesía nace del silencio o de la nada son ideas que no se sostienen. La poesía nace de la combinación entre el silencio y el ruido; es una modulación de ambas cosas. Pero tiene un fundamento muy importante para la cultura el concepto del silencio. Yo no lo desdeñaría, pero tampoco lo pondría por encima del concepto del ruido, sino que estaría a un mismo nivel.

Aunque la tensión sea la base de cualquier narración, los libros de Fernández Mallo operan en red con una serie de nodos conectados. «Descreo de las estructuras filosóficas o narrativas fundamentadas en lo binario –confirma el escritor–. En un mundo complejo como el del siglo XXI tenemos que narrar la realidad de una manera compleja con una visión no arbórea –que hay un tronco y de ahí sale una idea–, sino de una red interconectada.»

El momento más ingrato como escritor lo vivió cuando Kodama exigió que El hacedor (de Borges) Remake fuera retirado de todas las librerías. ¿Qué reflexión puede hacer sobre lo que pasó con su modo de homenajear a Borges?

Lo interesante fue ver los apoyos que recibí de gente de todos los ámbitos culturales y estéticos, incluso alejados de mi estética, que se dieron cuenta de que era una barbaridad estético-filosófica retirar un libro porque yo no había pedido permiso. Borges retomaba a quien él homenajeaba y lo transformaba. Que Borges siga suscitando relecturas es la prueba de que está vivo. Obligar a retirar un libro de las librerías me parece una operación anacrónica que no se corresponde con el estado de la cultura. Además es una operación inútil, porque en el siglo XXI seguro que el libro debe estar colgado en la red.

Lo más curioso del asunto es que al obligar a la editorial a retirar el libro de las librerías se ha generado un culto.

Sí, pero que conste que es contra mi voluntad que se haya convertido en un libro de culto. Yo no quiero que mis libros sean libros de cultos, yo quiero que sean leídos y circulen.



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Arte Público / México: El arte urbano neolonés en el Cervantino

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Leonardo Ayala es conocido en el mundo del graffiti como «VOJaque». (Foto:Jesús Alejo )

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- Una de las actividades primordiales del programa de Nuevo León como estado invitado de honor en el Festival Internacional Cervantino es la presentación de su lado artístico urbano, siendo el graffiti una carta con la que buscan mostrar sus avances, en palabras de Leonardo Ayala, uno de los jóvenes artistas urbanos que ofrece talleres de graffiti en el espacio Genera. Una nota de Jesús Alejo Santiago para Milenio:

«En Nuevo León me ha tocado ver que cada uno de los creadores han evolucionado hacia un estilo propio, sin tanta influencia como sucede en otros estados del sur, donde toman como más un lenguaje mexicano; en Nuevo León se empieza a ver una evolución, un estilo propio a través de una gráfica tipo óleo o muralismo, incluso la animación.»

Desde su perspectiva, esta manifestación de arte urbano es una oportunidad de aprovechar los espacios y darle color a las calles, no ver todo gris: las avenidas, los puentes, a donde sólo nos dan gris, «pues al gobierno le gusta tenernos así, como encerrados y sin imaginación».

«Ver pinturas en la calle, además de que llegan a todo tipo de personas, te puede aportar algo al día a día, en especial cuando vas a trabajar o a estudiar, tienes la oportunidad de ver algo colorido en la calle.»

Conocido en el mundo del graffiti como «VOJaque», Leonardo Ayala forma parte del grupo de artistas urbanos que intervinieron la plaza de toros de Guanajuato, a partir del tema de fronteras y migración, «todos lo abordamos desde lo malo hasta lo bueno: desde la esperanza que tiene el migrante hasta las pesadillas que puede tener».

«En lo personal me inspiro en la naturaleza y en los animales y tratando de jugar mucho en el muro, porque nunca sabes de qué tamaño va a ser o qué textura va a tener la barda, entonces te tienes que adaptar e ir con una idea de no estar muy cerrado; en esa parte siempre tienes que estar improvisando al momento de pintar, tienes que traer ciertas imágenes y aprovechar, siempre dependiendo del espacio.»


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Arqueología / México: Descubren vestigios en Iztapalapa, DF

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Hallan en San Juanico Nextipan restos de lo que fue un conjunto de viviendas prehispánicas. La investigación apenas comienza  (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- A sólo 40 centímetros de profundidad, los vestigios de lo que fue un antiguo conjunto habitacional del señorío de Iztapalapa comenzaron a surgir. Un grupo de arqueólogos mexicanos localizó los restos de al menos tres estructuras prehispánicas que sirvieron como dormitorio a los primeros habitantes del pueblo de San Juanico Nextipac, una de las poblaciones más añejas que se asentó al sur del lago de Texcoco. Una nota de Luis Carlos Sánchez para Excélsior:

Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han identificado entre las ruinas los entierros de tres infantes que fueron colocados según la práctica mesoamericana, bajo los pisos de los dormitorios. Los arqueólogos piensan que pudo haberse tratado de ofrendas que sirvieron para realizar alguna ceremonia, pero los enigmas de la región apenas han comenzado a revelarse.

«Era una práctica muy común en Mesoamérica que debajo de los pisos de las casas se enterrara a los muertos; en este caso como han sido sólo entierros infantiles, más bien podría tratarse de ofrendas, es decir para alguna ceremonia. A veces cuando se iba a construir una estructura se hacían ofrendas dedicatorias para la construcción, aunque esto todavía nos falta definirlo analizando los materiales y saber qué tipo de ritual está representado», explica Adriana Lazo de la Vega, arqueóloga responsable de la exploración.

Los especialistas llegaron al sitio el 15 de septiembre pasado, cuando trabajadores de la delegación Iztapalapa iniciaron trabajos de remodelación de la plaza principal de San Juanico Nextipac. Justo a un costado del Templo de San Juan Bautista, que fue erigido en el siglo XVII, localizaron los muros de piedra y arcilla que formaron las habitaciones. Ahí han trabajado hasta llegar a los 2.70 metros de profundidad.

Lazo de la Vega explica que la exploración ha revelado al menos cinco periodos de ocupación. Los primeros corresponden al llamado Posclásico temprano o Azteca 1, que va del año 900 al 1100 d. de Cristo y a partir de ahí se han reconocido niveles de todo el periodo mexica hasta la Conquista española en 1521, después le siguen los periodos colonial y moderno, «hay toda una secuencia desde lo más profundo hasta lo más superficial».

Habría que imaginar cómo fue San Juanico Nextipac en la época prehispánica: el lugar debió haber sido una zona chinampera donde sus habitantes se dedicaban a la agricultura, el comercio y la pesca. La mayoría de las actividades, como la de cocinar, se realizaban al aire libre y las pequeñas habitaciones se ocupaban solamente para dormir, de ahí que los entierros localizados fueran colocados como acompañamiento de la vida diaria, bajo los pisos que habitaban.

Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador Nacional de Arqueología del INAH, afirma que la población correspondió al señorío de Iztapalapa: «Aquí reinó Cuitláhuac, hermano de Moctezuma Zocoyotzin, y la ciudad iba desde lo que es la ladera norte del Cerro de la Estrella hasta donde empezaba el lago de Texcoco, aunque aquí eran las aguas más dulces que hacia la parte norteña donde había suelos más salinos y aguas salitrosas; estas aguas tenían derrames de mantos acuíferos dulces, eran tierras muy buenas».

Nextipac es un vocablo náhuatl que significa «Sobre la ceniza», «quizás hubo una erupción del Popo y había aquí ceniza, ese es el vocablo que distingue a la población. Estos hallazgos son de los primeros que se encuentran en este lugar y nos van a permitir ir armando un rompecabezas», agrega.

Habitaciones importantes

A pesar de ser de manufactura sencilla, las habitaciones que se han localizado en el poblado iztapalapense corresponden a estructuras que pertenecieron a personajes importantes de la región. La prueba son las ofrendas que se han localizado y que parte de los pisos que se han podido rescatar están estucados, es decir, que han conservado un enlucimiento fino que sólo tenían las casas de personas con un estatus económico y social alto.

«La factura de estas habitaciones es muy sencilla. Nextipac fue realmente un asentamiento muy pequeño, seguramente fue una zona chinampera como lo fue todo el sur de la cuenca; el sistema constructivo de estas unidades habitacionales es demasiado sencillo, usaban piedra de pequeño y mediano tamaño para ir subiendo la altura o ir ampliando las construcciones y lo hacían sobre los mismos pisos arcillosos, es decir, ponen una base de arcillas y una base de piedras», detalla la arqueóloga Lazo de la Vega.

Pero quizás el descubrimiento que mayor emoción provoca es el de tres entierros de niños. «El primero estaba muy destruido, estaba a sólo 40 centímetros de la superficie, ya había sido alterado por alguna de las múltiples obras que se han hecho aquí en la plaza. Este entierro infantil estaba en posición sedente, es decir, lo colocaron sentado, pero ya estaba todo movido, con el cráneo destrozado».

Los otros dos, fueron encontrados bajo el piso de una de las estructuras: «Uno de ellos es secundario y está dentro de una olla de barro; el otro es un entierro primario que consiste en un cráneo de niño con un cajete en la cabeza; los dos entierros están en unas oquedades circulares que fueron hechas en el piso de estuco y sobre de ellos nuevamente se construyó otro nivel de piso y probablemente abajo haya otro», señala.

Los diferentes elementos (vasijas, pequeñas cuentas y figurillas) han sido registrados y sacados de su contexto para llevarlos a un laboratorio donde se espera sacar más datos de la región. Con las estructuras «trataremos de definir lo mejor posible las estructuras, ahora hay cosas que no se entienden muy bien, porque hay que ir retirando algunas piedras que son de derrumbe para definir o delimitar mejor los muros y también para tener un registro completo de la secuencia de ocupación».

Los arqueólogos trabajarán en el sitio hasta diciembre próximo, pero los restos de las estructuras están destinados a seguir bajo tierra. El INAH ha sugerido a las autoridades de la demarcación que los muros prehispánicos deberán cubrirse nuevamente para protegerlos de la intemperie.

«Los cimientos se van a consolidar para que se conserven para el futuro y se van a cubrir con unas mallas de geotextil que son altamente durables; después se van a rellenar con materiales inertes, por ejemplo tepetates, a mano para que no se afecten y después se van ir compactando», explica Sánchez Nava. Mantener expuestos los vestigios, dice, «sería irresponsable», pues la lluvia y el viento acabarían con ellos rápidamente.

Después de que las exploraciones terminen, la delegación Iztapalapa y los arqueólogos se han comprometido a montar una pequeña exposición y ofrecer una serie de conferencias, en las que se explicara a los pobladores el pasado más remoto de San Juanico Nextipac.



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Ciencia y Salud / España: En las entrañas del virus del Ébola

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Así es el virus del Ébola: infografía en 3D. (Foto: Visual Science)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).-El aspecto de gusano alargado que presenta el virus del Ébola ya sorprendió a los científicos belgas que lo descubrieron en 1976, cuando analizaron muestras recogidas en su antigua colonia, el Congo, cerca del río Ébola. Hoy se conocen muchos más datos sobre su estructura, y un equipo de ilustradores biomédicos de Visual Science (Rusia) los ha recopilado para crear uno de los modelos 3D más detallados del microorganismo. Una nota de la redacción de El Cultural:

El virión o partícula vírica infecciosa tiene unos 80 nanómetros (nm) de diámetro -bastante constante- y una longitud variable de hasta 1.400 nm de largo. Contiene proteínas codificadas por el propio virus (dibujadas en la imagen en tonos granates) y estructuras capturadas a la célula huésped (en gris), como las proteínas humanas que utiliza el patógeno para formar su propia membrana. Esta se genera cuando el virus recién replicado sale por gemación de la célula infectada.

Sobre su membrana, el ebolavirus fabrica glicoproteínas (GP), unos penachos moleculares que le sirven para fijarse y entrar en sus siguientes víctimas. Estas GP son parecidas a las del virus del sida y, como en ese caso, también centran la atención de numerosos estudios científicos para neutralizarlas con posibles vacunas. En el interior del virión se distribuyen varias capas de proteínas, como VP40 y VP24, que actúan durante la gemación; o VP35 y VP30, que activan la transcripción y se enfrentan al interferón que produce nuestro sistema inmunitario para luchar contra los agentes patógenos.

La estructura espiral que aparece en el centro es una nucleocápsula formada por su ARN -el virus del Ébola no tiene ADN- y la proteína NP que ayuda a empaquetarlo en forma de hélice. En la imagen también se aprecia la polimerasa o proteína L, responsable de la síntesis del ARN, el auténtico software que organiza el microorganismo.

Esta infografía en 3D, que recibió una mención de honor en 2012 por la revista Science y ahora vuelve a estar de actualidad, incluye 11 tipos de proteínas humanas y del virus, 18.900 nucleótidos de su genoma de ARN y más de 2,5 millones de moléculas lipídicas. El modelo está basado en análisis de rayos X y espectroscopía de resonancia magnética nuclear, así como en información virológica publicada en las últimas décadas.

«El virus presenta esta forma de gusano y es extraño en su longitud, pero en realidad es como los demás respecto a las funciones de sus proteínas y constituyentes», apunta a la agencia Sinc el profesor Frederick A. Murphy del Centro Médico de la Universidad de Texas (EE.UU.), que fue el primero en fotografiar el virus cuando se aisló en 1976. Sus imágenes se han difundido tanto que muchas personas piensan que todos los viriones del ébola son así, pero su longitud y el grado de torsión pueden variar mucho.

Poder de multiplicación

Murphy cree que no hay ningún componente estructural que explique lo peligroso que es este microorganismo, aunque conocerlo bien ayuda a combatirlo: «Las posibles vacunas se dirigen a las proteínas de su superficie, y otros fármacos tratan de interferir en cualquiera de sus funciones».

Pero mientras se descubren medicamentos y tratamientos eficaces contra el virus del Ébola, este sigue matando a cerca del 70% de las personas a las que infecta. El catedrático de Microbiología César Nombela explica a Sinc dónde radica su fuerza: «El virus tiene una intensa capacidad de multiplicación, que causa un efecto patológico en las células a las que afecta, fundamentalmente las de la pared de los capilares sanguíneos, las hepáticas y a algunos glóbulos blancos. Esta afectación conduce a una coagulación intravascular y hemorragias generalizadas, provocando fallos multiorgánicos tras una fiebre prolongada y otros síntomas muy graves».

Para evitar su transmisión, el experto insiste en que esta se produce por contacto, no por vía respiratoria, en especial con los fluidos corporales de enfermos en etapa sintomática. Por tanto la recomendación es aislar para su observación y diagnóstico a quienes hayan convivido o contactado con enfermos ya infectados o que se revelen como tales con posterioridad.

«En caso de dar positivo se debe establecer el aislamiento, el tratamiento de soporte vital y, de ser posible, el tratamiento compasivo con medios (sueros, agentes antivíricos) de los que actualmente están en etapas tempranas de desarrollo, pues no hay tratamientos consolidados para esta infección, ni preventivos ni curativos -recuerda Nombela-, y también es fundamental el entrenamiento y la instrucción del personal sanitario, que debe ser suficiente para una vigilancia estricta del cumplimiento de los protocolos».

Respecto al origen inicial del patógeno, existen evidencias de que su reservorio natural son los murciélagos de la fruta africanos, que en determinados momentos pueden transferirlo directamente al hombre, o a través de otros animales, como los antílopes y los monos, aunque los mecanismos implicados son poco conocidos. «La transmisión a primates no humanos parece ser como la que ocurre entre las personas, pero en casos como los perros, por ejemplo, no sabemos nada», reconoce Murphy, que comenta: «La eutanasia de Excalibur en España fue en interés de tener una precaución extra. Los amantes de los animales pueden estar molestos, pero uno debe preguntarse qué habría hecho si tuviera que tratar con ese perro».

Afortunadamente la dueña del animal sacrificado, Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, ha superado la enfermedad. De alguna forma su cuerpo ha descubierto el mecanismo para eliminar un virus que este año ya ha matado a más de 4.500 personas en África occidental. Los anticuerpos y la experiencia de Teresa pueden guardar el secreto de cómo luchar y acabar con el peligroso 'gusano'.

Cinco especies de virus del Ébola

El virus del Ébola pertenece a una familia vírica (Filoviridae) integrada por tres géneros: Cuevavirus, Marburgvirus y Ebolavirus. Hasta ahora se han identificado cinco especies de ebolavirus: Zaire, Bundibugyo, Sudán, Reston y Taï Forest. Las tres primeras (Bundibugyo ebolavirus, Zaire ebolavirus y Sudan ebolavirus) son las que se asocian a la serie de grandes brotes de ébola que se han sucedido en África desde 1976.

El de la epidemia actual es Zaire, que según los datos de la Organización Mundial de la Salud, con fecha del 17 de octubre, ya ha causado la muerte de 4.555 personas, además de 9.216 casos confirmados, probables y sospechosos en los siete países afectados (Guinea, Liberia, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, España y Estados Unidos).

Por su parte, Reston ebolavirus es una mutación de este microoganismo descrita por primera vez en 1990 en un laboratorio cerca de Reston, Virginia (EE UU). Fue descubierto en macacos procedentes de Filipinas y, en principio, no es patógeno para el hombre. Y la quinta especie, el virus Taï Forest, recibe su nombre por el bosque Taï de Costa de Marfil, donde se ha encontrado también en primates y se registró un único caso en humanos en 1994.



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Cine / Estados Unidos: «El juez» duelo intergeneracional en Hollywood

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Robert Downey junior y Robert Duvall, en El juez. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- Pocos nombres devuelven el buen cine a la memoria como el de Robert Duvall. El Padrino, donde era el hijo adoptivo de Vito Corleone, o Apocalypse Now, en la que gobernaba sobre el olor a napalm en las mañanas, son grandes ejemplos de esa década de los setenta que tanto se añora en la actualidad. Un tiempo en el que actores secundarios como Duvall tenían tal presencia que el periódico The New York Times le describió como el «Laurence Olivier americano». Duvall no está de acuerdo. «Nada ha cambiado desde aquellos años. Y las hubo buenas. Coppola, Scorsese… Pero en la década de los setenta también se hicieron malas películas», afirma con la seguridad de quien ya tiene 83 años y lo ha vivido todo. «¿Por qué iba a echar de menos el cine de aquellos tiempos? Si vas a seguir en activo, si sigues haciendo esto porque te gusta, ¿para qué echar de menos lo que hiciste? Tu mejor trabajo será el siguiente, ¿no?». Su llaneza es imbatible. Algo sordo, sus movimientos son comedidos aunque fluidos. Se cuida. Pide un plato de fruta con frutos secos de desayuno, buenos para la próstata, y una tortilla de clara de huevo, con menos colesterol y todo proteína. Como Duvall, seis candidaturas, un oscar, y además modestia y caballerosidad. «Con todos los que trabajo es lo mismo: ‘Has hecho esto y lo otro’, me dicen. No sé que contestar porque es recíproco. Yo también aprendo de ellos». Una nota de Rocío Ayuso para El País:

En El juez, que se estrena mañana en España, Duvall encarna al padre de Robert Downey Jr. en un drama familiar donde ambos actores lo dan todo. «A eso se le llama ser un actor versátil», defiende del primer papel dramático de su compañero en mucho tiempo. Es también la primera producción de Team Downey, la compañía con la que el intérprete mejor pagado de Hollywood se quiere alejar de su éxito en el campo de los superhéroes. No es que Duvall haya seguido la carrera de Downey Jr. De hecho, la primera vez que le vio, ni le reconoció. Está más interesado en actores como Federico Luppi («¡Maestro!»), Ricardo Darín («De lo mejor en cine o teatro») o Javier Bardem, de quien le exaspera saber que tiene un profesor de interpretación: «¿Para qué necesita un maestro alguien tan bueno?». Nacido en California y afincado en su rancho en Virginia, Duvall tiene buenas razones para saber tanto del cine hispano, ya que está casado con la argentina Luciana Pedraza. «Mi mujer me mantiene vivo, la gente joven me mantiene vivo. Trabajar con nuevas generaciones de actores me mantiene la mente alerta», admite este amante del tango.

Sin embargo es difícil hablar con él sin salpicar la conversación con cuestiones del pasado. Por ejemplo, del día que casi trabajó en España haciendo de Don Quijote para Terry Gilliam en uno de sus muchos intentos del cineasta de llevar su versión de la historia de Cervantes a la pantalla. «Habría sido interesante pero este tío nunca acaba nada», comenta exasperado con la locura del ex Monty Python. De Marlon Brando sus comentarios son maliciosos: recuerda sus excesos de Apocalypse Now, cuando el actor de actores apareció con su Mercedes celeste en medio de la jungla. «Se lo comía todo», afirma. Trabajó junto a él en tres ocasiones y reconoce que para su generación, para los Gene Hackman y Dustin Hoffman con los que compartió piso o los «Jimmy» Caan, «Bobby» DeNiro o Al Pacino con los que compartió pantalla, Brando era «el padrino» de los actores. «Sin embargo, como pose, no te daba ni los buenos días porque sabía que esperabas su saludo», añade ahora divertido. Lo que le enfurece al echar la vista atrás es el recuerdo de algunos clásicos del cine como John Ford que, dice, dirigían desde el miedo y la superioridad. «Bueno, criticar a John Ford es como acordarte de la madre que parió Hollywood», afirma entre risas. Nunca disfrutó con Centauros del desierto.

Duvall no para. El juez es su último filme pero este año ya estrenó Una noche en el viejo México a las órdenes de Emilio Aragón. El actor se rasca la calva intentando entender por qué no aceptaron el filme en el Festival de Toronto. «Un energúmeno en Los Ángeles la puso verde, era alguien que nunca estuvo en Texas. A mí me encantó el trabajo. Siempre hay alguien al que no le gusta algo», gruñe hilando su conversación con ese día en el que un director «que luego nunca llegó a hacer nada» le elogió por su labor en El Padrino pero le dijo que la película era «así, así».

Duvall es el primero en admitir que no todo lo que ha hecho es bueno pero al contrario que el resto de los actores, que dicen que sus películas son como sus hijos, el intérprete tiene favoritas, y escoge la miniserie Lonesome Dove -«La paloma solitaria», repite en castellano- y su próximo filme como director, Caballos salvajes. Y, por supuesto, El juez. «Si aprenden algo de mí, que sea lo bueno. De mí o de quien sea pero que aprendan a disfrutar el viaje que nos lleva de la tinta en la que están escritos los personajes hasta su plasmación en la pantalla. Deja que el proceso te lleve al resultado en lugar de ir a por el resultado. Ese sería mi legado».



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Noticias / Inglaterra: Nicholas Serota, de las galerías Tate, la figura más poderosa en el mundo del arte

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El director de los centros de exposición. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de octubre de 2014. (RanchoNEWS).- Nicholas Serota, el director de las galerías Tate en el Reino Unido, ha sido elegido la persona más poderosa del mundo del arte por la revista británica Art Review, que hoy presentó la lista de los 100 nombres más influyentes, informa la agencia Efe desde Londres.

Serota es desde 1988 el director del Grupo Tate, que incluye la Tate Modern, Tate Britain, Tate Liverpool y Tate St. Ives, e inauguró la Tate Modern en el sureste de Londres en el año 2000.

Esta galería a orillas del río Támesis es el museo de arte contemporáneo más visitado del mundo y, según Art Review, una publicación muy influyente en el sector, Serota ha hecho que haya llegado muy alto « en la red de influencia global».

Entre los diez primeros de la lista están también Hans Ulrich Obrist y Julia Peyton-Jones, directores de la Serpentine Sackler Gallery en el parque Hyde Park de Londres, y la artista serbia Marina Abramovich, que este año pasó 64 días en ese espacio simplemente interactuando con el público.

La lista del año pasado estaba coronada por la hermana del emir de Catar, Sheikha Al-Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al-Thani, que dirige los museos de ese país e invierte unos 1.000 millones de dólares al año patrocinando arte, mientras que el año anterior el número uno fue el artista chino Ai Weiwei.

NICHOLAS SERATO EN WIKIPEDIA



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