Rancho Las Voces: 2016

Galería / Joel-Peter Witkin: «Cupid and Centaur in a Museum of Love»

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Cupid and Centaur in a Museum of Love
Marseille
1992


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Artes Plásticas / España: El párkinson de Dalí aparece en sus cuadros 20 años antes del diagnóstico

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Salvador Dalí, realizando pinturas para la película de dibujos animados inconclusa Destino, que Salvador Dalí y Walt Disney concibieron conjuntamente. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).-Cada pintor tiene su especial forma de pintar, de aplicar el pincel sobre el lienzo, una especie de huella que identifica sus cuadros. Un estudio con miles de obras de varios pintores contemporáneos muestra ahora que los cambios en este patrón podría servir para detectar la aparición de enfermedades neurodegenerativas años antes de que se produzca el diagnóstico médico. Miguel Ángel Criado escribe para El País.

A finales del siglo pasado, la revista Nature publicaba un estudio que demostraba la naturaleza fractal de la obra de Jackson Pollock. Por debajo del aparente caos de cada uno de sus cuadros había una estructura de geometría irregular que se repetía a diferentes escalas. Pocos años después, el análisis fractal se usaba por primera vez para determinar la autenticidad de varias obras atribuidas al pintor estadounidense. ¿Por qué no usar los fractales también para detectar cambios en la forma de pintar provocados por la enfermedad?

Es lo que han hecho un grupo de investigadores británicos. Han aplicado el análisis fractal a 2.092 cuadros de siete grandes pintores de arte contemporáneo, desde Claude Monet, padre del impresionismo, hasta Picasso, pasando por Willem De Kooning o el surrealista Salvador Dalí. Aunque no se trate de fractales tan evidentes como el de un helecho o el brécol romanesco, sus obras esconden patrones fractales.


Willem De Kooning en su estudio. (Foto: Dan Budnik)

«En el arte, cada pincelada individual se auto replica por todo el cuadro creando la forma, el espacio y el patrón», dice la psicóloga de la Universidad de Liverpool y coautora de este estudio, Alex Forsythe. «Como si fuera la letra del artista, pero una letra que también requiere movimientos fractales de los dedos, las manos, los brazos y, en ocasiones, de todo el cuerpo. Hemos visto que el ritmo de estos patrones fractales queda atrapado para la eternidad en los cuadros, casi como una huella genética», añade.

Estos patrones son, dice Forsythe, permanentes y van allí donde el estilo del pintor le lleve: «Picasso, por ejemplo, fue un gran experimentador y cambiaba con frecuencia su estilo artístico, pero la dimensión fractal de sus trabajos permaneció estable a lo largo de toda su vida». La estabilidad fractal que detectaron en Picasso, también la han comprobado en Chagall y en Monet. Los tres murieron de viejos, pintando hasta sus últimas días y con sus habilidades cognitivas intactas.



 El padre del impresionismo, Claude Monet, tenía una pincelada que seguía un patrón fractal. La imagen corresponde al cuadro de 1872 Impresión, sol naciente. MUSÉE MARMOTTAN MONET

Sin embargo, los otros cuatro pintores que estudiaron sí presentan cambios en la dimensión fractal de su obra (ver gráfico), cambios que para los autores de esta investigación, publicada en Neuropsychology, estarían relacionados con las enfermedades que asolaron su vejez, el párkinson (en el caso de Dalí y el indio canadiense Norval Morrisseau) o el alzhéimer (De Kooning y el pintor abstracto James Brooks).

«Hemos encontrado grandes cantidades de contenido fractal en los primeros trabajos de artistas que acabaron teniendo problemas neurológicos», comenta la psicóloga británica, que vuelve a poner el ejemplo de Dalí: «Se pueden ver áreas de evidente contenido fractal en muchos de los primeros trabajos de Dalí, donde el artista usaba sus pinceladas para crear el agua, el cielo y las montañas, pero también en la curvatura de los relojes blandos [La persistencia de la memoria, pintado en 1931]. Si ampliamos la imagen, podemos ver el contenido fractal en la naturaleza repetitiva de las pinceladas».


El gráfico muestra los patrones de los tres grupos de pintores, el de control y los enfermos de alzhéimer (centro) y párkinson. FORSYTHE ET AL.

Los autores del estudio plantean que Dalí trabajó dentro de lo que ellos llaman rango normal de su dimensión fractal hasta pasados los 50 años, cuando algo empezó a cambiar. «Los trabajos posteriores, como Retrato de mi hermano muerto, que pintó más de 30 años después [que el cuadro de los relojes], tienen zonas con repetición de patrones pero la mayor parte de su contenido ya no es fractal. Por ejemplo, áreas de puntos circulares que no son fractales, sino que siguen principios geométricos», explica Forsythe. El canadiense Norval Morrisseau presenta el mismo patrón.

«Sospecho que en la fase final de la enfermedad de Parkinson, el artista tendría dificultades para controlar el pincel y tener la delicadeza necesaria para crear contenido fractal. Pero estos cambios se pueden apreciar ya a mediados de la carrera de ambos artistas, posiblemente antes de que percibieran cualquier deterioro neurológico», asegura la investigadora británica.

En el caso del alzhéimer, los patrones de Brooks y De Kooning son similares entre sí pero diferentes de los demás. De Kooning, famoso por su grotesca serie de cuadros de mujeres, siguió pintando después de que le diagnosticaran el mal de Alzheimer, pero el contenido fractal de sus obras se redujo drásticamente desde mediana edad. Sin embargo, en los tres pintores que murieron con su mente inalterada, no aparece ninguno de estos patrones. De hecho, la dimensión fractal se enriquece a medida que envejecen.

«Esta investigación es interesante por su intento de usar un método cuantitativo, objetivo, como los fractales», opina el neurólogo del Centro Integral de Neurociencias HM CINAC, Álvaro Sánchez. «También tiene todo el sentido la relación entre cambios en la obra y el avance de la enfermedad, pero la muestra es muy pequeña», añade.

Otro problema es el posible sesgo que pueda producirse en el hecho de que los cuatro pintores enfermos ya habían sido diagnosticados antes de estudiar la dimensión fractal de sus obras. Lo ideal habría sido al revés, usar los cuadros para diagnosticar la aparición de la enfermedad. En eso trabaja Sánchez, en la detección precoz del párkinson usando la forma de teclear como estos psicólogos han usado la forma de pintar.


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Galería / Fred R. Archer: «Self-Portrait»

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Self-Portrait
1946


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Música / España: Mejores discos del año: Pop, rock y electrónica internacional

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En el sentido de las agujas del reloj, Angel Olsen, David Bowie, Thom Yorke, de Radiohead, y Leonard Cohen. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).- Ha sido el año en el que casi puede decirse que los muertos han contado más que los vivos. Primero David Bowie, mejor disco del año, en enero, y después Leonard Cohen, hace unas semanas, publicaron sus últimos trabajos y a los pocos días murieron dejando ambos inolvidables testamentos. Otras muertes han conmocionado la música, la de Prince y la del hijo adolescente de Nick Cave, al que ha dedicado un magnífico disco, y casi para cerrar este trágico año la de George Michael. No todo son desgracias. También ha sido el año del rock en el que han sonado poderosas voces como las de los estadounidenses Angel Olsen, Parquet Cours, Car Seat Head Rest, Whitney o el extraordinario álbum de Hamilton Leithauser y Rostam. Son tiempos de electrónica y experimentación como la que proponen Avalanches en su segundo disco, Nicolas Jaar, James Blake con su pop sofisticado o Bon Iver con sus experimentos en los dominios del pop y el rock. Y mientras nos dejamos seducir por nuevas voces como el pop de Christine (y sus Queens), Mitsky o la ecuatoriana María Usbeck, los veteranos han demostrado estar en plena forma y hemos podido disfrutar de excelentes discos de Radiohead, Wilco, Paul Simon, Anthony sin sus Johnsons y reencarnado como Anhoni e incluso los mismísimos Rolling Stones. Juan Sardá escribe para El Cultural.

(Para elaborar esta lista se han tenido en cuenta la selección de lo mejor del año de los siguientes medios: Mojo Magazine, NME, Pitchfork, Rolling Stones, The Guardian y Les Inrockuptibles).

David Bowie: Blackstar

Andaban los críticos muy atareados analizando al detalle el disco de David Bowie, con el que parecía romper definitivamente un largo silencio tras la aparición en 2014 de The Next Day, cuando saltó la noticia de que el maestro moría de cáncer y todo cobraba un nuevo sentido, más trágico y profundamente conmovedor. Aunque en el disco lo anuncia él mismo («Mira arriba, estoy en el cielo / Tengo heridas que no se pueden ver» canta en Lazarus y se declara a sí misma una Blackstar en la canción homónima) nadie supo, o quiso, ver que Bowie se estaba despidiendo. Y lo hace con un disco grandioso en el que el Duque no mira hacia atrás sino adelante con un sonido que busca la vanguardia a través del jazz con una clara influencia («confesada» por el productor, el veterano Tony Visconti) del último trabajo de Kendrick Lamar, a su vez inspirado en los sofisticados beats jazzísticos de Flying Lotus. Bowie hace por el pop lo que Lamar por el hip hop al recuperar esa tradición jazzística muy marcada por el saxo de Donny McCaslin regalándonos una música con tintes oscuros y dosis de profundidad que parecen remitirnos a lo oculto y a una especie de espiritualidad lúgubre. Hay más canciones magníficas como esa disco I Can't Give Everything Away, una modélica canción de pop con un cierto sabor a vieja escuela en la que la voz de Bowie nos emociona de manera profunda con su riqueza de matices.

Angel Olsen: My Woman

Escuchar la evolución de la compositora y cantante de Chicago Angel Olsen significa adentrarse en una de las voces más personales y arrebatadoras de la contemporaneidad. Olsen comenzó como una cantante de folk en aquel primigenio Strange Cati (2011) en cuya portada aparece sonriendo y joven como una rosa. Aunque han pasado solo cinco años desde entonces, la Olsen de My Woman es una mujer mucho más madura y sofisticada que ha logrado un sonido propio dotado de una enorme personalidad. Hace dos años ya nos conmocionó con el mucho más guitarrero Burn Your Fire en el que desataba su vena más punk. En My Woman la música pasa de la rabia al desencanto sin abandonar el romanticismo en un disco en el que destaca su magistral capacidad para componer buenas canciones. Hay algo de The Pretenders y de Patti Smith en la sabiduría de temas como ese blues de Heart Shaped Face que pone los pelos de punta o la juguetona Shut Up Kiss Me. Junto a Lana del Rey, Olsen es la reina del drama contemporáneo.


Anhoni: Hopelessness

Seis años después de lanzar su último disco como Anthony (con sus Johnsons) y uno después de reinar en el Primavera Sound de 2015, el músico Anthony Hegarty se reinventa como Anohni para adoptar una nueva piel electrónica juntándose con los productores Hudson Mohawke y Oneothrix Point Never para crear un disco de electrónica bailable y al mismo tiempo un disco de protesta política. Sigue esa voz del cantante tan etérea que parece que vaya a romperse pero en esta ocasión sobre una sofisticada base electrónica mientras protesta por los males del mundo. «Son solo cuatro grados / Quiero ver a todos los peces panza arriba en el mar / A todos los perros morir de sed» canta en 4 Degrees donde describe un panorama apocalíptico muy acorde con el propio título del álbum, Hopelessness junto a otros explícitamente políticas como Obama o Why you Separated me from Earth?.

The Avalanches: Wildflower

Han pasado 16 años desde que los australianos The Avalanches revolucionaron el panorama musical con Since I Left You, un disco en el que llevaban la técnica del sampling (la inclusión de pedazos de otras canciones o la remezcla constante de ellas) hacia una nueva dimensión al crear más de una hora de música única y exclusivamente a partir de micro samples (muestras) de cientos de discos. Después de tres décadas de silencio, el sonido de The Avalanches sigue produciendo una cierta sensación de extrañeza, con sus distintas capas de sonido y distintas fuentes convergiendo al mismo tiempo, creando un mosaico multirreferencial y algo desquiciado que sirve como espejo de una realidad postmoderna y fragmentada. Tienen grandes canciones como los singles Frankie Sinatra, una especie de soul deconstruido, o la canónica Subways, pura electrónica «à la Avalanches». Más influidos por la música negra, se acercan al hip hop en canciones como The Noisy Eater o al sonido Jay Z en Because I'm Me sin perder una clara querencia por la psicodelia de los 60.


Bon Iver: 22, A Million

Cinco años después de Bon Iver, el disco que lo convirtió en el emblema del revival del folk estadounidense y en icono de la cultura hipster, han pasado muchas cosas en la vida de Justin Vernon. Por ejemplo, su colaboración (quizá inaudita a primera vista) con una estrella blin bling en todo opuesta a su estilo como Kanye West, con el que trabajó en My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010) y Yeezus (2014). Si West salió ganando con el talento de Iver para la melodía y la exquisitez, en este disco puede comprobarse que éste a su vez ha aprendido de West a experimentar con la electrónica y de las maravillas de la producción. 22, A Million trata en algún momento de ser oscuro e inaccesible, empezando por el título de esas canciones que se llaman 75-GREEKS o _____45_____. Al principio, la influencia de West es más pronunciada como en esa 10 dEATh bREAst en la que las distorsiones recuerdan a las de Yeezus. Poco a poco, emerge el Vernon pastoril amante de lo bucólico como en esa preciosa 8 (circle).

Car Seat Headrest: Teens of Denial

Después de lanzar doce discos en Bandcamp, este grupo de jovencísimos músicos de Virigina (EEUU) firmaron un contrato con Matador (quizá el sello más importante del rock) que los ha lanzado al estrellato. Con Car Seat Headrest aparece en todo su esplendor el rock juvenil con un pie en el garage y otro en el punk en unas canciones que desbordan energía y (sanas) ganas de hacer mucho ruido. Liderados por el carismático Will Toledo, el disco recuerda a los logros de Titus Andronicus del año pasado al conjugar la fuerza del rock juvenil con unas letras esmeradas rebosantes de ironía en las que se nos cuentan historias como la de ese (Joe que es expulsado del colegio por usar) drogas con amigos (pero dice que eso no es un problema) que da título a una de las canciones.

Christine and the Queens: Chaleur Humaine

Los amantes del mejor pop no deberían perderse este espléndido disco de Christine and the Queens, nombre tras el que se esconde la muy talentosa cantante y compositora francesa Heloîse Letissier. El disco es una versión en inglés remozada y con canciones nuevas del mismo álbum que publicó en francés hace un par de años y se ha convertido en un gran éxito mundial gracias a la fuerza lírica de unas canciones perfectamente construidas que recuerdan a los hallazgos de Saint Etienne o St. Vicent gracias a su seductora sofisticación. Vale la pena escuchar las dos versiones (francesa e inglesa) para disfrutar de dos maneras distintas de canciones tan sensacionales como Saint Claude o esa Titled que suena a clásico.

Hamilton Leithauser / Rostam:
I Had a Dream That You Were Mine

A principios de año, Rostam Batmanglij, teclista y productor, anunció que abandonaba Vampire Weekend (aunque seguiría colaborando con ellos) para lanzarse a una carrera en solitario en la que pensaba multiplicar sus colaboraciones. Mientras llega su anunciado disco con su nombre, Batmanglij ha publicado con Hamilton Leithauser, ex líder de The Walkmen, este disco que por momentos podría parecer una especie de «travesura» o experimento de dos grandes músicos estadounidenses en su revisitación del songwriting americano de cabo a rabo, empezando por esa fastuosa A 1000 Times que abre el disco, en el que bordan una suerte de rock dramático en una canción tan excesiva como todo un álbum consagrado al derroche emocional: ahí está el doo-wop (lo de los Platters) de Rough Goin' o las guitarras españolas de la deliciosa In a Black Out, en la que le hacen un guiño a Leonard Cohen.

James Blake: Timeless

Rey de las almas sensibles, los fans de James Blake estarán entusiasmados con este nuevo disco. El músico de apenas 28 años se ha convertido con tres discos en un clásico contemporáneo gracias a su característico sonido entre la elegancia del jazz, la suntuosidad del pop y un lirismo muy particular y dramático que pone la piel de gallina al tipo más duro. Comienza con Radio Silence, una de sus baladas desgarradas, y nos sigue conmoviendo con canciones tan hermosas como Love Me in Whatever Way con una melodía suntuosa y nos maravilla con filigranas electrónicas como I Need a Forest Fire, firmada con su alma gemela Bon Iver.


Jenny Hval: Blood Bitch

La noruega Jenny Hval es una de las figuras más aclamadas por la crítica mundial gracias a su exquisita música en la que se dan de la mano una vena experimental con un sensible lirismo. Después del gran éxito el año pasado con Apocalypse Girl, la compositora, vocalista, guitarrista y pianista lanza Blood Bitch, un disco «conceptual» según ella misma influido por los «vampiros, la menstruación y las películas de terror de los años 70». La idea de la sangre recorre este disco en el que Hval quiere hacer un manifiesto feminista derribando ese último tabú (la menstruación) que define la propia condición sexual femenina. Es un álbum de gran capacidad atmosférica, más vanguardista que el más accesible Apocalypse Girl, en el que las referencias más obvias son Laurie Anderson o Björk y donde la artista reflexiona sobre tan espinosos temas acercándose al pop desde una óptica tan personal como fascinante.

La femme: Mystére

Colectivo musical y artístico formado por jovencísimos franceses de Biarritz, la fama ya nos sorprendieron hace tres años con un sonado debut (Psycho Tropical Berlin) en el que ya hacían gala de una variedad tan heterogénea de influencias que lo único que puede decirse en claro de ellos es que parten del pop para llegar... a todas partes. La idea de «drama» sigue presente en su siguiente disco, Myst'ere, en el que practican una suerte de synth pop que viaja sin complejos hacia la psicodelia o el krautrock dando lugar a canciones tan espectaculares como esa Sphynx que abre el disco en la que suenan como unos The XX más punkies y desmadrados. Por momentos, recuerdan a los patrios Triángulo de Amor Bizarro con esa especie de punk descacharrante y desacomplejado de canciones como la genial Ou va le monde o Setembre para alcanzar terrenos similares a los de la Velvet en la parte final de un disco que se va haciendo cada vez más intelectual y solemne.

Leonard Cohen: You Want it Darker

«Estoy preparado para morir» decía Leonard Cohen en una entrevista que dio la vuelta al mundo para presentar su último disco, You Want it Darker. Pocas semanas después, Cohen se moría de verdad dejando desconsolados a millones de fans. Como consuelo, dejó como testamento un disco extraordinario, su álbum número 14. Leonard Cohen «va hacia lo oscuro» en un disco con tintes espirituales de una profundidad abisal en el que ha vuelto a colaborar con Patrick Leonard, el hombre detrás de la estrella de Madonna en los 80, y producido por su propio hijo Adam. Hay momentos que suenan a despedida. Esa Leaving the Table en la que canta: «Dejo la mesa, estoy fuera del juego» con una guitarra rasgada para añadir que la «bestia desgraciada está domesticada» y ya no necesita «amantes». Por si no queda claro, en Travellin Light, arranca con un aire entre lo flamenco y lo oriental, y es una sorprendente canción que suena como una alegre melodía religiosa en la que el poeta canta: «Atravieso la luz / Es au-revoir / Mi estrella una vez tan brillante, ahora en caída / Llego lejos y me cerrarán el bar», con esos coros como de Burt Bacharach. Cohen siempre ha sido el hombre del drama y el mejor parodista de sí mismo. Una figura sensacional.

María Usbeck: Amparo

Ecuatoriana afincada en Estados Unidos desde los 17 años, María Usbeck vive en Brooklyn y desde allí está triunfando en medio mundo con este Amparo en el que revisita los sonidos tradicionales de Suramérica dándoles un barniz vanguardista que por momentos los hace irreconocibles. Ex líder de la banda Selebrities, que practicaba una suerte de glam rock con toques ochenteros, algo de eso hay en este disco casi susurrado en el que la joven artista utiliza flautas andinas, bongos, marimbas y sonidos grabados en ciudades como Barcelona, Lisboa o Brooklyn. Al final, acaba teniendo un aire a ese pop sofisticado de la escena donostiarra de los 90 como Family o Le Mans.

Mitski: Puberty 2

Esta cantante y compositora con residencia en Nueva York es la mejor representación de ese Manhattan rockero y experimental que han encarnado grandes bandas como la Velvet Underground o Sonic Youth. Medio japonesa y medio americana, lo que le da un aspecto peculiar y sumamente atractivo, Mitski convierte sus canciones en ejercicios casi agónicos de guitarras distorsionadas y enloquecidas en los que su voz, de una textura dulce, casi parece luchar para ser escuchada. Sin duda, Puberty 2 la hermana con otras grandes renovadoras del rock actual como Angel Olsen sin que podamos olvidar el legado de The Pretenders o Blondie. No hay que perderse el célebre single, Your Best American Girl, en el que demuestra que no está tan lejos de Lana del Rey, o canciones tan contundentes como My Body's Made of Crushed Little Stars.


Nick Cave: The Skeleton Tree

«Te estoy llamando», así empieza el nuevo disco de Nick Cave en esa desgarradora Jesus Alone con la que abre este «árbol de esqueleto», el disco que dedica a la trágica muerte de su hijo Arthur a los quince años. La conmoción creada por el drama demuestra, una vez más, la poderosa conexión que las estrellas de la música pueden establecer con sus fans y cualquiera se imagina que cuando se predispone a escuchar precisamente «este» disco de Nick Cave la experiencia va a ser intensa. Skeleton Tree es un disco de ultratumba en el que emerge el Nick Cave más espiritual que por momentos le hace parecer Diamanda Galas. En medio de un montón de oscuridad emerge una canción de la belleza lírica de esa I Need You que es uno de los temas más hermosos jamás compuestos por el artista: «Nada importa nunca más». Por suerte ha sacado fuerzas para un álbum tan devastador como bello.


Nicolas Jaar: Sirens

El chileno afincando en Nueva York Nicolas Jaar es mucho más que el niño bonito de la crítica moderna, que también. En plena efervescencia creativa, el año pasado nos seducía con Pomegranates y la colección de singles Nymphs, y este 2016 ha vuelto a triunfar con un disco totémico en el que Jaar se atreve con todo y nos presenta canciones como esa Killing Time que abre el álbum de aire telúrico y dramático o The Governor, en la que parece ensayar una especie de punk a la francesa del Flavien Berger de La Foret Noir sin olvidar la emoción de canciones como Leaves, con grabaciones familiares de su infancia incluidas, en la que se Jaar se postula a sí mismo como una suerte de Satie contemporáneo.

Parquet Courts: Human Performance

Desde su irrupción en 2013 con Light Up Gold con parada en el fantástico Sunbathing Animal (2014), Parquet Courts han ido escalando hasta convertirse en lo que la prensa de Estados Unidos llama la «banda más vibrante». Exquisitos y cultivados, Parquet Courts tienen su clara fuente de inspiración en la Velvet Underground (ese bajo que arranca Dust) pero más allá de la etiqueta de rock intelectual. Son un grupo prodigioso que logra al mismo tiempo un alto grado de virtuosismo rockero y sonar directos y espontáneos. Hay emoción en este disco en el que reflejan una suerte de distopía contemporánea y angustia cotidiana que va de la melancolía de Human Performance al aguijonazo punk de Paraphrased, Parquet Courts han firmado uno de los mejores discos del año.


Paul Simon: Stranger to Stranger

Casi 50 años después de El Graduado es una alegría saber que Paul Simon sigue vivo y además lanzando discos soberbios como éste. Han pasado cinco años desde el último y en este Stranger to Stranger Simon sigue tanto fiel al folk que lo hizo famoso y domina como nadie así como a las influencias africanas que aportó de forma célebre en el mítico Graceland (1986), uno de los discos más influyentes de la historia de la música. Stranger to Stranger irradia una cierta extrañeza y dureza, siendo al mismo tiempo una obra lírica y reflejo del propio desconcierto y extrañamiento del artista ante el mundo que lo rodea, un mundo peligroso como revela la canción que abre el disco, The Werewolf (El hombre lobo está llegando). Temas como Wristband recuerdan a sus hallazgos de los 70 mientras el que da título al disco nos conmueve con su aire tormentoso y vívido.


PJ Harvey: The Six Demolition Project

Después de basar su anterior disco, Let's England Shake, en el desmantelamiento del Estado del bienestar en Gran Bretaña, Pj Harvey presenta la continuación, muy marcada por sus viajes a Kosovo, Afganistán y Washington, donde se reúne con líderes de los guetos afroamericanos. La rockera se rebela contra una «ciudad de zombis» en la que van a poner un Walmart en la canción que abre el disco, The Community of Hope. Y a partir de aquí se despacha contra un mundo que no le gusta en un disco que recupera la tradición de la música de protesta pura y dura de los años 60. PJ Harvey, la rockera por antonomasia, está muy cabreada y quiere que su The Hope Six Demolition Project sea el himno de una revolución que espera ansiosa y canciones como The Ministry of Defence tienen ese aire épico de la música que sirve para poner la banda sonora a manifestaciones y actos políticos. Su enorme talento nos seduce en canciones con la belleza espectral de River Anascosia o la contundencia bluesera de The Ministry of Social Affairs.


Radiohead: Burn the Witch

La aparición de un disco de la banda liderada por Thom Yorke es siempre una noticia de primera magnitud y ninguna de las expectativas sobre este A Moon Shaped Pool se vieron defraudadas. Primer álbum en cinco años, lo mejor de este disco en el que Radiohead se muestran fieles a sí mismos es la emoción que logran en canciones tan rotundas como esa Burn the Witch que nos recuerda al Paranoid Android en su construcción de un universo turbulento, la capacidad evocadora de Daydreaming o el sofisticado previosismo de Decks Dark en un disco que avanza triunfante hacia lo glorioso en temas como esa Identikit que nos recuerda los buenos tiempos del OK Computer (2007) o esa desgarrada balada, True Love Waits, con la que cierran el disco. Es mejor de lo que parece y hay que escucharlo varias veces.


Rolling Stones: Blue and Lonesome

La crítica mundial ha levantado una ceja ante el inesperado nuevo disco de sus eternas majestades satánicas. Los Rolling Stones siguen vivos y coleando y para pasmo de propios y extraños, Blue and Lonesome, en el que recuperan su sonido tradicional, es de hecho un buen disco y como dice The Guardian: «es mejor que un OK y eso no es algo que puedas decir de muchos de los discos de los Rolling Stones de los últimos 30 años». Grabado durante tres días en un estudio del mismo barrio de Londres en el que comenzaron su carrera tocando en pubs, los músicos querían que fuera un homenaje a «sus inicios como banda de blues cuando tocaban canciones de Jimmy Reed, Willie Dixon, Eddie Taylor, Little Walter y Howlin' Wolf».


The 1975: I Like It When You Sleep, for You Are So Beautiful Yet So Unaware of It

Son de Manchester, lo que imprime carácter, muy jóvenes y con su segundo disco han logrado, según la revista británica NME, el mejor del año. De entrada, hay que concederles que tienen el mejor título del año («Me gusta cuando duermes porque eres tan bella y sin embargo tan inconsciente de ello») y lo que encontramos es una colección de canciones marcadas por las guitarras eléctricas, las trompetas y los teclados que recuerdan a los discos de Bowie o Talking Heads en los 80. Muy ochenteros, en general, suenan en canciones synth pop que se dejan seducir por el r&b al estilo de Prince como en esa Love Me para circular por terrenos más poperos en esa espléndida Someone Else en la que suenan como unas Duran Duran revividos.


Jack White: Accoustic Recordings 1998-2016

Sin discusión posible, Jack White es uno de los músicos más prominentes de como mínimo las dos últimas décadas tanto con Meg White en los White Stripes como después en solitario. Este fantástico doble álbum nos permite escuchar versiones nunca publicadas de algunos de los grandes clásicos del artista como Sugar Never Tasted So Good o Apple Blossom en versiones acústicas en las que podemos disfrutar la gran pureza compositiva de los temas que funcionan de maravilla con apenas unos acordes. Es un disco de grandes éxitos «unplugged» como se decía durante una época pero también de nuevas canciones como la fabulosa City Lights, que se anuncia a sí misma como la primera canción de White Stripes de 2008 y que es un descarte del Get Behind Me Satan de 2005 que suena muy bien con un aire a los Moldy Peaches. Ordenadas de manera cronológica, observamos la evolución del artista desde los tiempos de su famoso dúo pasando por los Racconteurs hasta llegar a su actual etapa en solitario, donde nos emociona con temas como I Guess I Should Go to Sleep.


Whitney: Light Upon the Lake

Quizá lo más sorprendente de este disco de debut sea que Whitney suenan como si fueran unos clásicos. Formados en Chicago y liderados por los jóvenes Max Kakacek (ex Smith Westerns) y el cantante y batería Julien Ehrlich (Unkown Moral Orchestra), Light upon the Lake es un disco de rock con reminescencias pastoriles a lo Grandaddy (aunque menos exuberantes) que bebe del folk de los 70 y el indie de los 90 a lo Pavement para crear una música sensacional en la que destaca en todo momento el sonido de esa trompeta que le da a sus canciones algo festivo y casi improvisado. Singles fantásticos como No Woman o Golden Days aderezan un debut que marca este año.

Wilco: Schmilco

Durante la década pasada Wilco se convirtieron en una banda de masas que encarnaban la renovación de la tradición musical folk, rock y blues estadounidense. Es un lugar en el que los de Jeff Tweddy nunca dieron la impresión de sentirse muy cómodos y después de dos lustros en los que sus discos se anunciaban a bombo y platillo ahora llevan dos, Star Wars (2015) y este Schmilco lanzados sin previo aviso como si no quisieran molestar y con ir tirando les bastara sin los fastos de antaño. Son discos menos «grandiosos» que los de su etapa de fulgor, más caseros y sencillos y absolutamente deliciosos. Si Star Wars era un disco con mucho bajo y dosis de ironía, Schmilco suena más melancólico y enfadado. Con un tono lo fi, la banda nos seduce con preciosas canciones como el folk Quarters o el indie de I Was Ever a Child, uno de esos temas que uno no puede dejar de escuchar.


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Galería / Erwin Blumenfeld: «Audrey Hepburn»

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Audrey Hepburn
1952


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Galería / Ansel Adams: «Leaf»

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Leaf
Glacier Bay National Monument
Alaska
1948


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Galería / Ian Berry: «Back to back houses built for colliery workers»

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Back to back houses built for colliery workers

Ashington
1974


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Galería / John W. Mosley: «Easter Sunday»

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Easter Sunday
(c. 1950)


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Obituario / Carrie Fisher

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La actriz, que había confirmado su presencia en el Episodio VIII de Star Wars, ha fallecido a los 60 años a causa de un ataque al corazón. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).-Carrie Fisher (Los Ángeles, 1956- Ibídem 2016), la actriz conocida por encarnar a la princesa Leia en la saga de Star Wars, ha fallecido este martes a los 60 años, según ha comunicado su hija a través de su representante. Fue el sábado cuando Fisher sufrió un paro cardiaco durante un vuelo que le llevaba de Londres a Los Angeles. Simon Halls, portavoz de la familia, ha sido quien comunicaba la noticia: «Con tristeza muy profunda, Billie Lourd confirma que su madre, Carrie Fisher, ha fallecido a las 8.55 de esta mañana», ha publicado la revista People. Una nota de la redacción de El Cultural

Fisher sufrió el ataque al corazón 15 minutos antes de aterrizar su vuelo y, a pesar de ser atendida por un médico y una enfermera que volaban en el avión, fue hospitalizada en California a su llegada. El día de Navidad su compañero de reparto Mark Hamill le enviaba un mensaje a través de Twitter en el que decía: «Que la fuerza acompañe a Carrie». Su madre, la actriz y cantante Debbie Reynolds, comunicaba que su hija permanecía estable. Pero dos días más tarde, Fisher ha fallecido a los 60 años.

La actriz, que saltó a la fama por su personaje de la princesa Leia en Star Wars, había confirmado su presencia en el Episodio VIII de la saga previsto para 2017. Hija del cantante Eddie Fisher y de la actriz Debbie Reynolds, Fisher participó en películas como Shampoo (1975), The Blues Brothers (1980), Under the Rainbow (1981), Garbo Talks y Frankenstein (1984), Happily Ever After (1985), Sweet Revenge (1990), Frasier (1995), Austin Powers (1997), en las series Sexo en Nueva York (2003), Weeds (2007) y The Bing Bang Theory (2014).


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Obituario / Vera Rubin

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La astrónoma Vera Rubin en el telescope Flagstaff. (Foto: Smithsonian Institution)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).- Vera Rubin, la astrónoma estadounidense cuyas observaciones fueron fundamentales para sostener la existencia de materia oscura en el universo, ha muerto a los 88 años en Nueva Jersey, según ha confirmado hoy uno de sus hijos a AP. Nuño Domínguez reporta para El País.

Nacida en Filadelfia en 1928, Vera Rubin realizó en los setenta unas observaciones que cambiarían para siempre la forma de entender el cosmos. De joven había pensado ir a Princeton, pero no pudo porque la prestigiosa institución no admitió mujeres en astronomía hasta 1975. Acabó yendo a Cornell, hizo la tesis en la Universidad de Georgetown mientras cuidaba de sus hijos y, años después, comenzó a investigar en la Institución Carnegie de Washington. Allí, junto a Kent Ford, que había desarrollado nuevos espectrómetros, comenzó a medir la velocidad de rotación de la galaxia de Andrómeda y decenas de galaxias de espiral, del mismo tipo que la Vía Láctea.

Sus resultados sugerían que las estrellas más alejadas del centro galáctico se movían igual de rápido que las que estaban más cerca de este. Con las leyes de Newton en la mano, aquello solo era posible si había una gran cantidad de materia invisible ejerciendo gravedad sobre esas estrellas. Los cálculos de Rubin, publicados en los años setenta, implicaban que había 10 veces más de esa materia invisible y misteriosa que materia convencional. Fue la primera prueba observacional de materia oscura, cuya existencia había teorizado Fritz Zwicky en 1933.

«Yo observé que las galaxias giraban de una manera totalmente inesperada según las leyes de Newton y Kepler», explicaba la astrónoma a EL PAÍS en 2009. «Esto se interpretó como la primera evidencia de que la materia oscura existía y continúa siendo la hipótesis más factible, pero también podría ser que arrastráramos un error fundamental en las ecuaciones que utilizamos para describir el movimiento de los cuerpos celestes», señaló. Los resultados no fueron muy aceptados al principio, pero los datos observacionales eran difíciles de ignorar, así que pronto se asumió que la parte visible de las galaxias es como la punta de un iceberg de toda la materia que albergan.

Según la teoría más aceptada, la materia oscura compone en torno al 25% del universo, mientras la convencional apenas llega a ser el 5%. El resto es la energía oscura que acelera la expansión del cosmos. Más de cuatro décadas después del descubrimiento de Rubin, aún no se ha conseguido detectar materia oscura de forma directa y saber de qué está hecha.

Rubin reconocía las dificultades que experimentó por ser mujer en su campo, especialmente en sus comienzos. Siguió investigando durante décadas siempre abierta a las ideas más provocadoras. «Si tuviese que elegir, me gustaría que haya que modificar las leyes de Newton para poder describir de forma correcta las interacciones gravitatorias a grandes distancias», explicó la astrónoma a New Scientist en 2005.

La astrónoma era una de las grandes candidatas a ganar el Nobel de Física, especialmente si se confirmase pronto la primera detección directa de materia oscura. Para algunos su historia encarnó durante años la desigualdad que hay detrás del galardón más prestigioso en ciencia. Desde 1901, los hombres se han llevado el 99% de los Nobel de Física, unos premios que solo se otorgan en vida.

Rubin recibió importantes galardones como la Medalla de Ciencias de EE UU y era miembro de la Academia Nacional de Ciencias de su País. En 1990, en una entrevista a Discover recogida por la Sociedad de Física de EE UU dijo: «La fama es pasajera. Mis números significan más para mí que los premios. Si los astrónomos siguen usando mis datos en el futuro, ese será mi mayor honor».


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Obituario / George Michael

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George Michael en el Palacio de los Deportes de Madrid durante la gira europea de Symphonica de 2011. (Foto: Claudio Álvarez)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).- Otro impacto más. Yorgos Kyriacos Panayiotu, más conocido como George Michael, murió el domingo 25 en su Londres natal, a los 53 años. Se ha comunicado que la causa inmediata fue un fallo cardíaco, aunque quedan interrogantes: había visitado hospitales y clínicas de rehabilitación en varias ocasiones. Diego A. Manrrique reporta para El País

Hijo de un grecochipriota y una británica, solía lamentar que no halló mucho amor en aquella atareada familia. Desinteresado por los negocios de restauración de su padre, se volcó en la música como dj, músico callejero y miembro de una banda de ska. Ya bajo el nombre de George Michael, formó el dúo Wham! con un compañero de colegio, Andrew Ridgeley. En realidad, todo el talento musical residía en George. Y seguramente también fue responsable del concepto: el nombre estaba extraído de Whaam!, un cuadro de Lichtenstein, maestro del pop art. Pretendían facturar efervescente pop juvenil y conectaron con un fabricante de estrellas, el veterano Simon Napier-Bell.


George Michael, en Japón, en su gira mundial de 1988 del disco Faith ( Foto: Michael Putland)

Entre 1982 y 1986, Wham! colocaron en listas éxitos resplandecientes: Bad boys, Club Tropicana, Wake me up before you go go, Freedom, Everything she wants o I'm your man (al mismo tiempo, Michael publicaba exitosos temas en solitario, como Careless whisper). Gracias al olfato para la publicidad de Napier-Bell, Wham! protagonizó hazañas como la primera gira internacional por la China comunista. No obstante, abundaron las discordancias. Primero, la ruptura con su primer sello, Innervision. Segundo, el descontento de Michael por ser categorizados como «pop thatcheriano»; no entendía que el hedonismo se identificara exclusivamente con los conservadores.

Generacionalmente, el dúo formaba parte del llamado New Pop, lanzado a principios de los ochenta por la musculosa industria musical británica. Una propuesta que, según rezaba un agudo libro de Dave Rimmer, era «como si el punk nunca hubiese ocurrido». Pero Michael insistía en que estaba a otro nivel. Fascinado por la música negra, había trabajado con los instrumentistas de Muscle Shoals (aunque prefería grabar casi en soledad). También presumía de haber cantado con Stevie Wonder, Smokey Robinson o Aretha Franklin. Elton John le dio su bendición entusiasta: le veía como su continuador en la elaboración de pop de amplio espectro.

Ya como solista, George triunfó con Faith (1987), que ganaría el Grammy a mejor álbum del año; seis de sus temas arrasaron globalmente. Pronto, ay, volvieron las turbulencias: querellas contra el periódico sensacionalista The Sun y contra la empresa que gestionaba su fortuna (le horrorizó saber que invertían en fábricas de armas). Hermético en entrevistas, Michael pretendía controlar su imagen. Permitió una biografía, Bare (1991), donde supervisó hasta los puntos y las comas. En contraste con los desenfados vídeos de Wham!, ahora elegía presentarse como hombre enigmático en entornos sombríos.

Inevitablemente, entró en colisión con su discográfica, Epic, parte de la omnipotente Sony Entertainment. Para Listen without prejudice, Vol. 1 (1990), se negó a aparecer en la portada o en los vídeos. Según los disqueros, el resultado fue que las ventas se redujeron a un tercio de los 25 millones despachados por Faith. En 1992, demandó a Sony, exigiendo la carta de libertad. Su planteamiento era ciertamente audaz: la multinacional japonesa estaba consagrada al hardware y carecía de sensibilidad para el software (los artistas). Gastó varios millones en abogados pero el juez falló en su contra. Un amargado George sacó la chequera y pactó su marcha de Sony; en 1995, fichó por Virgin.

«Celebrity» crítica

Tanta ausencia, apenas disimulada con grabaciones en directo y versiones, afectó a su popularidad. El asunto se complicó en Estados Unidos: se convirtió en una celebrity tóxica al reconocer su homosexualidad, tras ser detenido en unos lavabos de Beverly Hills intentando ligar, allá por 1998. Eran otros tiempos: no sentó muy bien que luego parodiara a la Policía de Los Ángeles en el vídeo para el tema Outside. La animación para Shoot the dog, lanzada en vísperas de la guerra de Irak, apenas se emitió: se burlaba de George W. Bush y Tony Blair.

Su carrera discográfica se resintió. Older (1996), marcado por el fallecimiento de su pareja, funcionó principalmente en Europa, donde se apreció este Michael más maduro. Patinó con Songs from the last century (1999), su colección de standards. Para Patience (2002), volvió al redil de Sony: actualizó su sonido, usando sampleados. Luego anunció que dejaba de editar discos; regalaría su música en la red a cambio de donativos para causas caritativas. Pero retornaría con Symphonica (2014), temas ajenos y piezas propias con tratamiento orquestal.

Para entonces, Michael aparecía más en las páginas de sucesos que en los espacios musicales, generalmente tras accidentes extraños. En 2006 y 2010, fue detenido por la policía londinense mientras conducía de forma errática; en ambos casos, le encontraron cannabis. Tras el segundo incidente, pasó cuatro semanas en prisión. Reconocía con candidez que tenía un problema con los porros. Sin embargo, no se arrepentía de su atracción por el sexo anónimo, aunque eso le empujara a caer en trampas como la del tabloide News of the World. Asombra que, siendo tan imaginativo para la creación, careciera de picardía para protegerse en su vida privada.


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Obituario / Eliseo Subiela

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El director argentino Eliseo Subiela en 2012. (Foto: Ulises Ruiz Basurto)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).- El cine que dibujó la estética cultural de la transición democrática en Argentina ha perdido a uno de sus principales directores. Eliseo Subiela murió en Buenos Aires a los 71 años en San Isidro, en las afueras de Buenos Aires, en plena actividad artística y el proyecto de una nueva película. Subiela ha sido uno de los directores argentinos más reconocidos de su país, artífice de un lenguaje personal cargado de realismo mágico y relaciones humanas atormentadas. Su primera película de éxito fue Hombre mirando al sudeste, en 1986. Cuando Hollywood premiaba con el Oscar a La historia oficial de Luis Puenzo, un guion que recuperaba la memoria trágica de la dictadura terminada en 1983, Subiela irrumpió en el mundo del espectáculo con un film cargado de poesía y escenas de ciencia ficción. Hombre mirando al sudeste y su personaje Rantés (Hugo Soto) marcó a toda una generación de argentinos en momentos en que la cultura se encontraba en plena efervescencia post militar. Federico Rivas Molina reporta desde Buenos Aires para El País.

Subiela filmó años después Últimas imágenes del naufragio (1990), un relato de tintes surrealistas donde el director recrea la atmósfera social argentina luego de la crisis económica de 1989, triste final del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. La consagración internacional de Subiela llegó finalmente con El lado oscuro del corazón (1992), una vuelta de tuerca a aquellos aires poéticos insinuados en sus éxitos anterior, pero ahora sin reminiscencias políticas. La búsqueda vital de Oliverio (Darío Grandinetti), alter ego del poeta Oliverio Girondo, de una mujer que «pudiera volar» después de hacer el amor convirtió a Subiela en un director de reconocimiento mundial. La cama que tras apretar un botón «tragaba» a las amantes que no estuviesen a la altura fue pronto parte del acervo cultural argentino. Y la actriz Sandra Ballesteros (Ana), aquella que finalmente hizo volar a Oliverio, se erigió en icono sexual de los 90. La película ganó el Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Toronto y fue nominado al Goya en la categoría de mejor película extranjera de habla hispana. Luego llegaron No te mueras sin decirme adónde vas (1995), Despabílate amor (1996), No mires para abajo (2008) y Rehén de ilusiones (2009) y el falso documental Paisajes devorados (2012).

Subiela era hijo de padre gallego y madre argentina. Su infancia la pasó en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. En su juventud fue miembro de la Juventud Peronista y de la guerrilla Montoneros. De ahí su admiración por el director, actor y cantante argentino Leonardo Favio, un reconocido peronista a quien Subiela siempre consideró su maestro. Se inició en los años 60 en el documental, incursionó en la publicidad y la dictadura militar que gobernó argentina entre 1976 y 1983 lo sumió en un largo silencio. Con el regreso a la democracia su producción tuvo un verdadero estallido artístico.

La muerte encontró a Subiela trabajando en un nuevo proyecto cinematográfico titulado Corte final y en una obra de teatro de su autoría ya escrita que llamó La vida real. «Es una historia sobre dos actores de una película argentina de los años 40’ que aparecen en un cine que se acaba de cerrar. Y aparecen en el escenario sin saber por qué. Finalmente se plantean de dónde vienen, adónde van y para qué están ahí, que son las preguntas que nos hacemos todos», contó Subiela. Pero su salud ya no era la mejor. Hace tres meses sufrió un infarto, resultado de una larga enfermedad coronaria. «El infarto fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida», dijo luego en una entrevista, «es un trabajo insalubre, el cine. Yo entendí la señal y cambié todo». En esa charla reveló que había «perdido el miedo a la muerte».


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Galería / Edward Quinn: «Pablo Picasso»

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Pablo Picasso
1951


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Libros / México: «Tierra roja» de Pedro Ángel Palou

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«Hoy tenemos una Iglesia católica que sale a las calles de la misma manera que lo hicieron al final del sexenio de Lázaro Cárdenas, años marcados por el sinarquismo, la creación del PAN y grupos como El Yunque», afirma Pedro Ángel Palou en entrevista con La Jornada. (Foto: María Luisa Severiano)

C iudad Juárez, Chihuahua. 19 de diciembre de 2016. (RanchoNEWS).- Ni santo ni mago ni un ser caído del cielo, cuyos logros como presidente de México se dieron de manera fácil y sencilla, Lázaro Cárdenas (1895-1970) fue, eso sí, garbanzo de a libra, porque una sola de sus cualidades marcó el destino de un país: jamás hizo algo como jefe de Estado en beneficio de intereses personales. Mónica Mateos-Vega reporta para La Jornada.

Así describe el escritor Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) al personaje central de su reciente novela Tierra roja (publicada por Planeta), la cual no es una biografía exhaustiva de uno de los mejores presidentes que ha tenido México.

El libro narra, sobre todo, la vida de la nación durante el sexenio cardenista, entrelazada con historias de detectives y nota roja, pero también enfocada a mostrar el lado humano del hombre que se atrevió a impulsar el reparto agrario y la expropiación petrolera, entre otros logros, después de los turbulentos años de la Revolución.

El estado de bienestar, casi enterrado

En entrevista con La Jornada, Palou dice que «no existe ningún otro presidente en la historia de México del que haya una profunda unanimidad en términos de reconocer su altura moral o su altura de estadista, pero al mismo tiempo que haya provocado tantas reacciones o que situaciones actuales nos sigan remitiendo a él.

«Por ejemplo, hoy tenemos una Iglesia católica que sale a las calles de la misma manera que lo hicieron al final del sexenio de Cárdenas, años marcados por el sinarquismo, la creación del PAN y grupos como El Yunque, cuando el padre de Carlos Abascal (secretario de Gobernación en el sexenio de Vicente Fox), Salvador Abascal, arengaba por todo el país, de la misma manera que sucede ahora, por no dejar que se avanzara en materia de derechos civiles y de las minorías.

«Es absurdo que este sexenio haya terminado por completo con lo que quedaba del legado cardenista con sus reformas energética y educativa y sus ataques a las normales rurales –una de las herencias más importantes de la educación socialista que impulsó Cárdenas–, y lo que aún está en el escritorio de algún legislador: una reforma laboral que va a terminar por enterrar lo poquito que queda del estado de bienestar que se afianzó en el cardenismo y que de alguna manera representaba que dejara de ser letra muerta la sagrada escritura de Cárdenas: la Constitución de 1917.

«Cárdenas fue un legalista, un demócrata convencido de que le tocó el momento histórico de frenar el caudillismo, de terminar con el maximato, de institucionalizar al país y de cumplir la ley obedeciendo la Carta Magna; eso significaba repartir la tierra masivamente. No hay un presidente que haya sido más incansable en esta tarea, claro, con algunos errores por la rapidez, pero también por reacciones de la oligarquía.

«Él estuvo convencido de que había que recuperar la tierra, luego el subsuelo, y brindar una educación que realmente implicara un cambio de vida, educación socialista que provocara que la energía social del pueblo mexicano, como la llamaba, tuviera una consecuencia real en el salario y en la equidad.»

Generador de dilemas

El relato de Palou no se centra sólo en la vida de Cárdenas, «es una novela política, sobre sus decisiones y su círculo rojo, con énfasis en sus seis años de gobierno, con un antes, donde lo pongo a leer La sombra del caudillo, y un después, que explica quién fue este sabio político que sabía leer muy bien los contextos, los tiempos, lo cual para un muchacho que no terminó la primaria es asombroso.

«Para que todo esto no fuera aburrido tomé un personaje de otra novela, al detective Filiberto García, de El complot mongol, con permiso del hijo del autor Rafael Bernal. No fue sólo una gracejada. Resulta que el propio Filiberto dice en su novela que mató a dos generales villistas y que estuvo en la rebelión de Saturnino Cedillo (militar que participó en la guerra cristera), entonces tuve el pretexto ideal para hacer una suerte de precuela de El complot mongol, cuyo tono se complementó muy bien con Tierra roja

Entre historias de nota roja y descripciones de la vida cotidiana del México de esos años, se perfila un Cárdenas «que llora, se da tiempo para leer cuentos de Salgari a su hijo, pero que tuvo enorme dificultad para tomar sus decisiones y que hasta el último momento dudó de expropiar el petróleo, porque le daba mucho miedo una intervención estadunidense.»

En las páginas de Palou se describe desde la cachetada que Francisco J. Múgica da a Lázaro al salir de una cantina hasta sus cuitas de amor, «pero no es un Cárdenas edulcorado ni descafeinado, sino un Cárdenas humano, que no resuelve problemas, sino que genera dilemas, porque toda solución política en un país complejo crea otro problema. Un Cárdenas creador de utopías con grandes posibilidades de volverse realidad.»


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