Rancho Las Voces

Fotografía / México: Pedro Valtierra, 31 años de «Cuartoscuro»

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Reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en múltiples ocasiones. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Cuando Madame Calderón de la Barca viajó a nuestra nación en el año de 1839 y comenzó a escribir La vida en México durante una residencia de dos años en ese país, acertó en escribir bellamente que no existía una sola escena en la cotidianidad nacional que no fuera digna de un cuadro. En estos años, dicha realidad la confirman, día a día, los fotoperiodistas; y Pedro Valtierra, como nadie, ha sabido interpretarla a través de imágenes que retratan los rostros de la indignación, el dolor, la protesta y la crudeza de la realidad sin dejar de lado los matices de la belleza y el arte de su oficio. Javier Vieyra Galán escribe para Siempre!.

Poseedor de un admirable trabajo a lo largo de más de tres décadas, Pedro Valtierra ha sido testigo de importantes acontecimientos a lo largo de la historia nacional y del mundo. Su lente ha capturado acontecimientos tan trascendentes como la visita de el papa Juan Pablo II a Cuba en 1998 y los diferentes conflictos armados en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Marruecos; además, en México, documentó la nacionalización de la banca en 1982, los trágicos sismos de 1985 y el surgimiento del EZLN junto con el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

En un apartado especial de su obra se encuentran los entrañables y afamados cuadros que ha podido realizarle a grandes figuras de la intelectualidad como Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Jorge Luis Borges y José Saramago.

Reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en múltiples ocasiones , el fotógrafo zacatecano tiene como su mayor orgullo el haber forjado a decenas de profesionales de la imagen a través de Cuartoscuro, agencia que en treinta y un años de existencia se ha convertido en un prestigioso referente del periodismo mexicano.

Contando en su haber con una revista homónima que, en este 2017, cumple ya veinticuatro años, Pedro Valtierra siempre ha resaltado la ética y el respeto para realizar su trabajo, además de la importancia y la necesidad de que las imágenes transmitan historias y su contenido abra a debate temas coyunturales.

Quien fuera también fundador y jefe de fotografía de La Jornada, tiene en Cuartoscuro la responsabilidad de mantener a su cargo uno de los archivos fotográficos más importantes a nivel nacional: actualmente, el acervo cuenta con seis millones de fotos en digital, seiscientos mil negativos y cien mil transparencias; todo el material se encuentra debidamente organizado y sistematizado.

Recientemente, Valtierra presentó en el Museo Zacatecano Pasión por lo cotidiano, una exposición itinerante que ha viajado ya a diferentes estados de la República y que reúne una muestra importante de sus fotografías desde 1973 a la fecha.


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Libros / «La apasionada vida de Modigliani» de André Salmon

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Amedeo Modigliani fotografiado en 1918. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Si quiere saber cómo llegaron las drogas -el hachís y el opio- a los artistas de Montmartre o a qué veterinario llevaba su perro Picasso en 1906 o lo que opinaba Brancusi sobre Rodin («es un chanchullero de barro») no deje de leer este libro. Encontrará estas y otras muchas informaciones de primera mano acerca de un tiempo y un lugar míticos (lo que se conoce por «el París de las primeras vanguardias»). Escribe para El Cultural José María Perreño.

Su autor, André Salmon (París, 1881- 1969), fue uno de los actores con más texto de aquel melodrama. De familia de artistas, poeta y crítico de arte, fue temprano defensor del cubismo junto con Apollinaire y Raynal (al parecer, y quien dio a Les demoiselles d'Avignon su título definitivo). Entre sus amigos más próximos se encontraban el poeta Max Jacob y los pintores Ortiz de Zárate, Moïse Kisling y Amadeo Modigliani. A este último le dedicó no menos de cuatro libros, el primero en 1926 y el penúltimo, este que comentamos, en 1957. Y junto con Kisling y Emmanuel Modigliani presidió su funeral. Sirvan estos datos para caracterizar tanto la familiaridad del autor con el mundo que describe como la preferencia por el pintor al que dedica esta apasionada biografía. En ella su protagonista emerge de una copiosa memoria de situaciones y personajes, algunos estelares y otros completamente olvidados. Es, por tanto, un retrato con paisaje al fondo.

En ocasiones el paisaje es incluso más interesante que el retratado y en otras nos desborda el anecdotario. Entre la obra y la vida de un artista hay una distancia inmensa. El caso de Modigliani es quizás uno de los más extremos. Por un lado tenemos una serie de retratos de hombres y sobre todo de mujeres, de facciones característicamente alargadas y de perfiles bien cortados. Sus escasas esculturas tienen la misma belleza elegante. Y están sus desnudos, que emanan una felicidad casi palpable (y que causaron la clausura de su única exposición en vida). Es decir, tenemos una obra nada dramática, llena de serenidad y equilibrio. Y a su lado, una vida desaforada, la de alguien que ahogaba su inseguridad en alcohol, que vivió en la miseria y murió a los 35 años. Su compañera, Jeanne Hébuterne, estaba embarazada, pero eso no le impidió arrojarse al día siguiente por la ventana. Tenía entonces 21 años y sus padres no quisieron que la enterraran con el pintor.

Naturalmente que una vida desventurada no es la condición del artista, pero no infravaloremos las dificultades que conlleva alojar un genio en tu interior. Saber desarrollarlo, sin asfixiarlo ni sucumbir a su vibración transformadora es algo que pocos logran. Modigliani, en palabras de Salmon, «jamás tuvo otra ambición que la de llegar a convertirse en un gran artista. Jamás se rebajó a calcular sus posibilidades». En efecto, como certifica el autor muchas páginas después, esa ambición sin previsiones le condujo directamente «a una tumba decente costeada por los amigos, y un lugar de honor en las paredes de los museos de Italia, de Francia y de los Estados Unidos».

Amedeo Clemente Modigliani nació en Livorno en 1884 y falleció en París en 1920. Los manuales le catalogan como un miembro de la Escuela de París, que por entonces acogía a artistas de todas las nacionalidades. Su obra, que goza de un genuino aprecio del público, como pocos artistas disfrutan (Van Gogh, Chagall o Renoir) es la prueba de que la historia del arte se podría construir tanto a través de los movimientos y los estilos como a través de sus excepciones.

Modigliani bebió de las fuentes que manaban en su tiempo: expresionismo y primitivismo, fundamentalmente. Pero supo fundirlos en un cimbreante clasicismo cuya pureza de líneas no renuncia a trasmitir sensualidad ni emociones. Consolidó y desarrolló este estilo a través de incontables penalidades, como la flor que surge de un tronco negro y retorcido. Y, dramáticamente, sólo lo practicó durante los últimos cinco años de su vida. Su forma de pintar es inconfundible y sólo se parece a sí misma. Se alza solitaria, sin participar de ninguno de los movimientos de su época. A un siglo de distancia de su muerte, podemos decir que sus cuadros rara vez cambian de manos y cuando lo hacen alcanzan precios astronómicos. No ha tenido seguidores, sólo imitadores y es constantemente falsificado.

El libro de Salmon es más que una biografía. No sólo por la amplitud de su enfoque sino por la propia sustancia de la narración. Leemos en sus páginas que «toda biografía que va más allá de la cronología, de la estricta nomenclatura, de la literatura de catálogos, desemboca en una vida novelada». Sabemos que no siempre es así, aunque lo sea en este caso. La misma estructura del libro es novelesca y las salteadas reflexiones del autor sobre la viabilidad del género biográfico le dotan de espesor. Pero es sin duda la peripecia vital de Modigliani lo que permite levantar sobre ella este andamiaje.

Salmon se detiene poco en los orígenes del pintor, que nace en el seno de una familia judía, cuya decadencia económica marcó su infancia. Fue entonces cuando contrajo una tuberculosis cuyas consecuencias le acompañarían de por vida. Su formación como artista comienza a los 14 años, con un maestro «macchiaioli» (grupo florentino cercano al impresionismo). Luego seguirá asistiendo a clases en Florencia y Venecia. En 1906 llega París y se instala en Montmartre, por entonces un arrabal popular con merenderos y casuchas. Formará parte de la comuna de artistas y poetas que ocupa el célebre Bateau-Lavoir, así bautizado porque su endeble estructura de madera crujía como los barcos-lavaderos que surcaban el Sena.

Si se puede calibrar la personalidad de un hombre por las mujeres que le han amado, la de «Modi» es extraordinaria: la poeta Ajmátova, la escritora Beatrice Hastings, la pintora Marie Vassilieff, la escritora y pintora Nina Hamnett son sólo algunas de las más notorias. Su gran y último amor fue Jeanne Hébuterne, cuyo destino se entrelazó funestamente con el del pintor.

Una de las peculiaridades de esta biografía es que su autor forma parte de la vida del biografiado. Compañero de correrías, de juergas y de inquietudes, Salmon es un observador infatigable de la bohemia en la que Modigliani destaca como una figura especialmente enigmática. No era gran hablador pero se sabía de memoria La Divina Comedia y la recitaba en los momentos más inesperados. Bebía caudalosamente y también trabajaba como un poseso. Era irresistible para las mujeres y sin embargo las abandonaba y maltrataba a la menor ocasión (excepto a Jeanne). Su muerte estuvo a la altura de su vida. Tras unos días desaparecido, Ortiz de Zárate echó abajo la puerta de su casa y lo encontró moribundo al lado de su amada. A pesar de trasladarlo al hospital, murió poco después de meningitis tuberculosa. Aunque hubo que hacer una colecta por los bares para recaudar flores para su ataúd, este fue seguido por un inmenso cortejo compuesto por los personajes más dispares que quepa imaginar.

Leyendo este libro, me he acordado varias veces de las palabras de Segalen en el prólogo del famoso libro de Gaugin Noa Noa: «Todo hombre excepcional está destinado más a defraudar a sus padres que a prolongarlos».


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Artes Plásticas / Alice Cooper recupera un «warhol» que tenía en un trastero

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El artista Andy Warhol, en una imagen sin datar. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- La estrella del rock Alice Cooper ha encontrado una obra del artista Andy Warhol que estaba enrollada en un tubo en un trastero, donde ha permanecido así unos 40 años. La pieza es una serigrafía roja titulada Silla eléctrica pequeña, perteneciente a la serie Muerte y desastre del icono del pop art, fallecido en 1987. La obra de Warhol estaba en el trastero junto a otros objetos utilizados por Alice Cooper (Detroit, 1948) durante una macabra gira de los años setenta que incluía hasta una silla eléctrica. Una nota de la redacción de El País.

El artista y el rockero se conocieron en Nueva York, donde se hicieron amigos en aquellos años, ha informado al diario británico The Guardian el representante del músico, Shep Gordon. Warhol acudió a un concierto del músico de rock duro en el que este fingía que moría en una silla eléctrica idéntica a la que Warhol había retratado basándose en una fotografía publicada en la prensa en 1953, del lugar de ejecuciones en la prisión de Sing Sing, en el Estado de Nueva York.

Fue la novia por entonces de Alice Cooper, la modelo Cindy Lang, quien pidió dinero al propio Gordon para comprar el warhol por 2.500 dólares de entonces. La pequeña pieza pasó a formar parte de la colección de objetos destinada a los conciertos, pero desapareció.

Hace unos cuatro años, Gordon, durante una cena con un marchante, volvió a recordar que existía esa obra. Sin embargo, fue la madre del rockero la que recordó dónde estaba Silla eléctrica pequeña. Aunque Cooper no quiso recuperarla entonces para no tener nada de gran valor en su casa, ahora parece que ha recapacitado. En 2015, en una subasta se pagó 11,6 millones de dólares (casi 10 millones de euros) por una versión idéntica de esta serigrafía pero en gris. La que está en poder de Alice Cooper, sin embargo, está sin firmar y sin autentificación.


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Literatura / Entrevista a Joaquín Barañao

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Barañao estudió ingeniería civil pero ahora se encuentra plenamente abocado a sus datos «freaks». (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).-Desde curiosidades del Big Bang hasta anécdotas sobre la guillotina, pasando por episodios de nuestros días, atraviesan los dos volúmenes del trabajo preparado durante años por el escritor chileno, que ponen en jaque lo que se considera real o verosímil. Silvina Friera lo entrevista para Página/12

Lo raro brilla como un relámpago en la oscuridad. Clístenes, en el 508 a.C, utilizó piezas rotas de alfarería para votar. Esta ocurrencia revolucionaria fue el punto de partida de la democracia. Un hombre llamado Kong Qiu, que nació en el 551 a.C. en el noreste de China, tras los sacrificios rituales, jamás permitía que la carne que le correspondía pasara la noche sin ser consumida, pues sostenía que de hacerlo se disiparía su efecto espiritual. Una leve omisión en la entrega de la carne ritual que en justicia le correspondía después de cierto sacrificio lo llevó a dejar su empleo como funcionario público para lanzarse a una vida itinerante de reflexión. «A la hora que no lo desfalcan con unos cuantos churrascos, tal vez nunca hubiéramos oído hablar de Confucio», cuenta el chileno Joaquín Barañao en el primer volumen de Historia universal freak (Planeta). En el segundo volumen hay más curiosidades para disfrutar. Las comidas enlatadas que se venden en el mundo entero descienden del aporte de Napoleón. «Un ejército marcha en sus estómagos», sentenciaba el militar francés. Su preocupación era encontrar un método para hacer durar la comida que llevaba junto a sus tropas. Para solucionar el problema organizó un concurso con un premio de 12 mil francos, que lo ganó Nicolas Appert, el creador de la comida enlatada. Hay guerras demasiado breves que socavan la credulidad. Cuando Zanzíbar, parte de la actual Tanzania, ignoró un ultimátum y le declaró la guerra al Imperio británico a las 9:02 a.m. del 27 de agosto de 1896, se vieron forzados a elevar la bandera de rendición… 38 minutos más tarde.

«Lo freak tiene que cumplir con las condiciones de ser sorprendente, demostrablemente cierto e inesperado», explica Barañao en la entrevista con Página/12. El primer volumen de Historia universal freak va desde el Big Bang hasta la guillotina, un relato histórico a través de 762 curiosidades. El segundo, en cambio, empieza con Napoleón y llega hasta nuestros días con 763 curiosidades. El autor, que estudió durante seis años ingeniería civil, revela que el principio de este trabajo –que sistematizó en 2003 a través de www.datosfreak.org– viene de la infancia. «Desde muy chico memorizaba este tipo de datos. En el colegio me pedían que contara datos freaks y una cuñada me decía ‘datín’. A los veintiún años decidí aprender a hacer páginas web y el pretexto para generar contenidos fueron estos datos freaks –recuerda–. Después de once años, cuando junté 3.200 datos en el sitio web, me dije: ‘voy a transformar esto en un libro’. Pensé que iba a ser un solo libro y después iba a volver a un empleo tradicional, pero lo disfruté tanto que tuve mi pequeña epifanía escuchando a David Bowie».

¿Qué estaba escuchando de Bowie?

No me acuerdo, pero me acuerdo el lugar y la hora. Fue el 28 de julio de 2014, en Nueva York; estaba caminando hacia la universidad de Columbia. Iba a comer a la casa de un amigo, me quedaba un mes y medio para volver a Chile. ¿Para qué voy a buscar empleo, si no tengo hijos y no tengo muchos gastos, y lo he pasado tan bien haciendo el libro? En ese libro me habían quedado muchos datos de los Beatles, que para poder contarlos tendría que haber creado un capítulo de música contemporánea, pero me salía demasiado de la historia universal. Entonces terminé el libro y empecé uno de música.

O sea que la perspectiva freak puede ser inagotable, ¿no?

Sí, hice un libro de música, uno de fútbol y ahora estoy haciendo uno de cine. En la sociedad hay gente que tiene sed de todo tipo de temas. Al final se transforma más que en una pieza específica, en un pequeño género, un método. Ese método se puede aplicar a cualquier cosa.

¿Cuáles son las historias que lo sorprendieron más en los dos volúmenes de Historia universal freak?

Hay una historia en el volumen uno que cuando la leí me pareció que era falsa. La encontré en un libro de Yale University Press. Durante la toma de Constantinopla, a finales de 1453, cuando termina de caer el Imperio Romano de Oriente, estaban las tropas de Mehmed II golpeando las murallas con catapultas y todo el mundo diciendo «este es el fin; la cristiandad se va a acabar». En ese momento, los clérigos se juntaron y discutieron un montón de cosas para resolver antes de que se acabara la cristiandad y entre esas estaba ¿Cuál es el sexo de los ángeles? Me parece tan increíble que en ese momento se pusieran a discutir sobre el sexo de los ángeles (risas). Del volumen dos me gusta mucho una historia sobre la Guerra Fría. Una fría noche del año 62 el presidente (John F.) Kennedy le dijo a su secretario que saliera a buscar todos los habanos Petit Upmanns que pudiera conseguir. El secretario consiguió unos 1200 habanos y al día siguiente el presidente sacó un papel de su escritorio y firmó el bloqueo a Cuba. Hay muchas cosas de este tipo, sujetas a la caótica humanidad más que a la rigurosidad institucional que uno a veces imagina de la CIA o la KGB.

¿Por qué muchas de estas historias verdaderas parecen ficción? ¿Porque ponen en jaque lo que se considera real o verosímil?

Me parece una pregunta interesante, no lo había pensado antes. El cerebro humano no está bien preparado para los eventos extremos; estamos más acostumbrados a entender el mundo sobre la base de eventos que estadísticamente son comunes, no de eventos que estadísticamente son muy improbables. Somos 7.300 millones de personas, cada una viviendo veinticuatro horas al día; entonces van a ocurrir eventos que son uno en mil millones o uno en diez mil millones. Como el cerebro está construido para eventos normales, cuando uno escucha algo así dice: «es imposible, eso no puede ocurrir». Es lo que (Nassim) Taleb llamaría «un cisne negro», un suceso improbable. Todos los cisnes son blancos, pero puede haber un cisne negro en diez millones de cisnes. Un australiano tuvo un año muy difícil, se divorció y después se ganó la lotería. Un canal de televisión quiso hacer una nota. Hicieron una reconstrucción de la escena y lo llevaron al almacén donde él había comprado su boleto de lotería. Entonces compraron otro boleto y mientras lo estaban grabando, se ganó la lotería de nuevo.

¿Cuáles son las fuentes donde encuentra estas historias?

Llevo una vida con el radar siempre prendido. Los diarios suelen publicar noticias científicas o de este tipo. Tiene que ver con los libros que elijo leer, que tienen una sensibilidad parecida a la mía. Yo leo mucho a Bill Bryson, un autor estadounidense con el que seríamos grandes amigos, si algún día nos conociéramos. Bryson es mucho más prestigioso y conocido que yo, él tiene una predilección similar. Y luego tengo amigos que me mandan cosas. Trabajo con fuentes muy diversificadas, con libros de historia, libros científicos y de divulgación.

¿Solo se desecha lo falso, lo que no se puede comprobar? ¿Qué va a la papelera de reciclaje?

Depende. Cuando hay datos que se manejan popularmente, los publico como datos falsos, como por ejemplo, que la Muralla china no se ve desde la luna. Yo lo publico con una etiqueta que dice: «esto es falso». Luego hay otros donde he llegado a la conclusión de que nunca se va a saber, que es imposible saber si es verdadero o falso, que no se puede investigar más. No es que yo, Joaquín Barañao, no pueda investigar más, sino que no es humanamente posible hacerlo. (Isaac) Newton fue miembro del parlamento en su madurez y se dice que él habló una sola vez para decir: «por favor, cierren la ventana que hace mucho frío». En toda su carrera parlamentaria fue la única vez que habló. Yo llegué al biógrafo más connotado de Newton, Richard Westfall, que finalmente dice que no se puede saber. Yo nunca voy a saber tanto de Newton como Westfall y como él llegó a esa conclusión lo cito para afirmar que esto humanamente no se va a poder saber. Hasta acá se llega. Esta categoría especial en la página web la llamo «los datos en las tinieblas». En el libro hay cierta flexibilidad para mencionar que es una versión que circula, pero que no tenemos cómo saber.

Los datos en las tinieblas tienen su encanto porque son de naturaleza anfibia, ¿no?

Te permiten especular y pensar. Uno puede divagar en torno a la imagen mental que ese dato genera.

¿La especulación sirve para trabajar en este tipo de libros? ¿Qué función tiene?

Hay que ser muy explícito en lo que uno está haciendo. La especulación no tiene ningún rol en la afirmación de datos factuales. Yo creo que Borges era una persona que fallaba en eso, a Borges le faltaba decir «esto es cosecha mía» (risas). Es legítimo hacer conjeturas siempre y cuando uno lo explicite. Luego hay reflexiones en torno a lo que podría haber pasado y al futuro. Ahí la especulación es imprescindible y no es necesario explicitar que uno está especulando porque es evidente por el tema que uno está tratando. El epílogo de Historia universal freak es especulativo. Quienes estaban viviendo la Guerra de los Treinta Años seguramente pensaban que ese era el gran momento de la humanidad. Anda, sal a la calle y pregunta a la gente ¿qué es la Guerra de los Treinta Años? Nadie se acuerda. Yo creo que en mil años más, la Segunda Guerra Mundial, que todavía nos parece el gran evento político, va a ser considerada un pequeño vaivén más en la historia. La especulación es estructural en el discurso, pero no es necesario aclararla porque es consustancial a lo que uno está haciendo. La especulación es una herramienta legítima, necesaria, interesante, pero cuando uno la inserta en un discurso que es factual hay que explicitarlo.

¿Las nuevas tecnologías y la circulación de la información hacen que lo «raro» se masifique más rápido y entonces pierda rareza?

Yo discrepo. El hecho de que ahora vivamos en un mundo en el que todos tenemos una máquina filmadora en el bolsillo lo que permite es que esa sorpresa llegue cada vez con más facilidad a nuestros ojos. La ocurrencia de hechos asombrosos sigue ciertos patrones estadísticos que tienen que ver con la cantidad de población que vive, con los años que vive la gente y el tipo de actividad que hace. Si estamos todo el día tirando dados, podemos esperar que de vez en cuando nos salgan cinco ases juntos, si lo hacemos durante suficiente tiempo. La diferencia es que ahora esos eventos que siempre han ocurrido están siendo registrados con más frecuencia. Yo no creo que ese aumento de frecuencia en el registro disminuya el asombro, porque la manera en que está programado el cerebro no va a cambiar. Entonces nos va a seguir pareciendo imposible. No creo que se produzca un efecto de acostumbramiento.

El ingeniero civil es un dato biográfico eclipsado por esta perspectiva freak. ¿Ahora se considera escritor? ¿Cómo es su relación con la escritura?

Llevo tres años y medio dedicado a tiempo completo a la escritura. Yo creo que sí, que soy escritor. Uno es lo que uno hace. Y yo hago los libros. Ser escritor no significa ser un buen escritor, y no me considero un artista. Mucha gente me pregunta, oye, ¿de dónde sacas inspiración? Para el tipo de libro que hago no necesito inspiración.

¿Se animaría a escribir ficción o todavía siente mucho apego al dato?

Sería un salto gigantesco. Mis libros valen la pena ser leídos no por mi obra, sino por la información que está ahí. El valor de mis libros no es lo que emergió de mi cerebro, sino que es lo que ocurrió en el mundo independiente de mí. Yo me tomé el trabajo de pasarme muchos meses juntando y ordenando los datos, pero esto es interesante per se. En cambio en la ficción uno tiene que atreverse a decir que el texto merece ser leído por lo que salió de mi cerebro. Te recomiendo que leas mi libro por sobre (Gabriel) García Márquez o por sobre (Mario) Vargas Llosa. Tú tienes la opción de leer a los premios Nobel, pero yo te estoy invitando a que leas el mío. Y yo no me siento preparado para hacer esa invitación (risas).

¿Qué función cumple el humor en sus libros?

Un requisito para un buen libro es que genere placer. Uno de los grandes mecanismos para generar placer es el humor y esa es la razón por la cual están contados así. Yo quiero hacer un trabajo que me haga feliz porque uno pasa más tiempo en la vida trabajando que con su familia o amigos. Para mí es fundamental disfrutar lo que hago. Si no lo disfruto, me cambio de ocupación. Sé que en algún momento voy a querer hacer algo diferente, pero por ahora lo estoy disfrutando mucho. Quizá me vaya para la ficción. Pero tengo que vivir, y en este momento irle a competir a Vargas Llosa con ficción no creo que me permita pagar mi arriendo (risas).


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Arqueología / México: Chichén Itzá; relato de un saqueo

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El historiador Pedro Castro Martínez documenta el robo de 30 mil piezas arqueológicas que terminaron en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Esta es la historia de un atraco, de «un vil robo», dice el historiador Pedro Castro Martínez. De 1904 a 1911, el estadunidense Edward Herbert Thompson (1857-1935), exploró «sin preparación técnica y científica», el cenote sagrado de Chichén Itzá de donde sustrajo más de 30 mil piezas arqueológicas mayas que envió de manera ilegal a sus cómplices y mecenas del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard, institución con quien México colabora más de 100 años después, en diferentes proyectos. Una nota de Luis Carlos Sánchez para Excélsior.

«El asunto –agrega el profesor investigador de la UAM-Iztapalapa– es una herida abierta, como tantas otras heridas abiertas que se tienen en la relación con Estados Unidos».

Castro ha reconstruido la historia del robo perpetrado por Thompson en su libro El fabuloso saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá (Tirant Humanidades/UAM Iztapalapa, 2016). Para escribirlo, ha tenido acceso a las miles de cartas e informes que el estadunidense intercambió con el Museo Peabody, donde detalló puntualmente su fechoría.

«El saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá representa una muestra viva, aunque algo olvidada, de lo que ha sido y lo que sigue siendo el saqueo arqueológico de México. Se trata de un grave asalto al patrimonio arqueológico mexicano sobre todo en un punto muy localizable, muy medible, porque normalmente el saqueo es en cierto sentido anárquico y en este caso fue un saqueo planeado, sistematizado y desde luego con resultados para la ciencias arqueológicas bastante claros», dice en entrevista.

La historia de Thompson en Chichén Itzá resulta novelesca, pertenece a la de tantos otros exploradores extranjeros que llegaron a México maravillados por su pasado: él fue el último expedicionario enviado por el Peabody al país, desde 1870. El relato no es sólo de abuso y rapacería sino también de corrupción y dominación de una nación sobre otra, y es, además, una historia de silencio y oídos sordos de las autoridades mexicanas para reclamar la restitución de los bienes que les fueron robados.

«El asunto es espinoso para las instituciones arqueológicas tanto mexicanas (en este caso el Instituto Nacional de Antropología e Historia) como norteamericanas, particularmente del Museo Peabody, que hasta la actualidad trabaja en proyectos mexicanos, el tema fundamental es que más allá de la muy encomiable cooperación que se pueda tener, este agravio no acabó de resolverse, no está resuelto», considera Castro.

El cónsul

Durante una cena, a la que asistió el senador de Estados Unidos, George Frisbie Hoar, y otros miembros de la Sociedad Americana de Anticuarios y del Museo Peabody, Edward H. Thompson fue invitado a sumarse como investigador en la península de Yucatán. Thompson siempre había sentido empatía por las fantasiosas ideas que relacionan a la civilización maya con la desaparecida Atlántida; con ese ensueño desembarcó en Puerto Progreso en 1885. Para facilitarle sus movimientos, llegó nombrado como cónsul americano en Yucatán y Campeche.

En sus primeros años el explorador trabajó en sitios como Labná y Cobá; en el primero realizó moldes de las estructuras mayas que sirvieron como decoración en la Feria Mundial de Chicago, pero los ojos de Thompson rápidamente se posaron en Chichén Itzá, especialmente en su cenote sagrado (localizado a unos 274 metros de la gran plaza de la ciudad), del que se contaban fantásticas leyendas que incluían el sacrificio de doncellas que eran lanzadas a la cavidad junto con espléndidas ofrendas. En principio, al americano le interesaba todo lo que fuera de oro.

Por sólo 300 pesos, Thompson pudo hacerse en 1894 de la Hacienda Chichén Itzá, una extensión de tierra de alrededor de 160 kilómetros cuadrados, que incluían el cenote sagrado, así como buena parte de lo que había sido el asentamiento maya. Una vez con la tierra, el aprendiz de arqueólogo comenzó el saqueo de los vestigios que ahí se encontraban, pero su obsesión seguía estando bajo el agua, en el cenote sagrado. Para solucionar la exploración, ideó la instalación de una draga de hierro (que aún se conserva en la entrada de la zona) con la que pudo extraer, sin ningún cuidado, miles de objetos prehispánicos.

Cuenta Castro que del cenote extrajo cerámicas, vasos ceremoniales, incensarios, puntas de flecha, lanzas y martillos de piedra, cinceles y pendientes, discos de cobre y oro, abalorios y decenas de piezas de jade, así como esqueletos de jaguares y venados, además de cráneos de jóvenes y adultos. En las cartas, dice, se enumera puntualmente cada uno de los objetos: «Thompson tuvo intercambio epistolar, de informes, con la gente del Peabody por más de 20 años, había un seguimiento puntualísimo de todo, de lo que hacía, de sus planes, de lo que enviaba, fue una operación, una empresa muy ordenada».

En algunas de las cartas enviadas a sus mecenas Charles Bowditch o Sthepen Salisbury Jr, Thompson describía: «la semana pasada aseguré un gran plato liso de hoja pesada de oro» o, «en mi última carta (…) le hablé de un amuleto de jade grande y hermoso que aseguré el 1 de abril». Además enlistar los tesoros que iba encontrando, las cartas funcionaban como registro de lo que Thompson enviaba a Estados Unidos. Para esa empresa, el estadunidense contaba con la ayuda de Santiago Bolio, quien había sido nombrado Conservador de Monumentos en Yucatán, en 1902.

Pagando por silencio, logró sacar miles de piezas pero las presiones de la prensa (especialmente una entrevista de Alma Reed aparecida en The New York Times) y de otros investigadores aumentaban. Al poco tiempo, Thompson perdió el cargo de cónsul y pudo dedicarse de tiempo completo a la arqueología; con la complacencia del gobierno de Porfirio Díaz y del gobernador Felipe Carrillo Puerto, continuó su labor. Las cosas llegaron al límite y en 1926, con Plutarco Elías Calles en la Presidencia, el alegato por los bienes sustraídos del cenote se convirtió en símbolo de lucha frente a los problemas con Washington y las compañías petroleras, a propósito del régimen de propiedad del subsuelo.

La Procuraduría General de la República instruyó al Ministerio Público federal de Yucatán para acusar a Thompson y exigirle la responsabilidad civil y penal por el delito. Castro expone que se trató de una controversia legal «precipitada y un tanto defectuosa», pero lo cierto es que el juicio se prolongó hasta 1944 cuando la Suprema Corte de Justicia concedió un fallo favorable a los sucesores de Thompson. El especialista dice que habían llegado los años de tensa calma entre México y Estados Unidos, entre Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt. ««Es posible que la Sala Cuatro de la Suprema Corte haya acatado alguna indicación del gobierno federal de darle salida definitiva al asunto», escribe.

No hacerlos enojar

La idea de escribir la historia del cenote sagrado de Chichén Itzá germinó en Castro después de un viaje a Perú. El historiador supo que al igual que Thompson, el descubridor de Machu Picchu, Hiram Bingham, envió miles de piezas al Museo Peabody de Historia Natural de la Universidad de Yale. Pero en ese caso las cosas fueron diferentes, y la institución académica terminó restituyendo los bienes incaicos al Perú.

«El gobierno peruano dijo que las piezas pertenecientes a Perú que estén en el Museo Peabody tienen que regresar. Incluso en la primera campaña presidencial de Alan García, él hablo de la necesidad de que Yale regresara esos bienes; la exigencia llegó a nivel presidencial, la política funcionó, ¿por qué no hacemos que la política funcione aquí?», se pregunta el historiador.

El Peabody de Harvard, ha regresado a México algunos objetos (principalmente de madera y tela) pero Castro cree que no es suficiente. «Se requiere gente que tenga el suficiente interés por recuperarlo, estas cosas no suceden solas».

El problema, piensa, es mayor. «México buscó la manera de no pelearse, esa es una constante en la historia mexicana: con los estadunidenses no hay que pelearse, lo estamos viviendo ahora, las humillaciones, los insultos de Donald Trump no han sido respondidos adecuadamente porque no hay que hacerlos enojar, vamos a tratar de que entiendan».

En 2008 William L. Fash Jr., director del Peabody, afirmó durante su participación en la VI mesa redonda de Palenque, que existía la posibilidad de que los bienes regresaran a México; de sus palabras, incluso el INAH difundió un comunicado.

¿Se puede creer en sus palabras?, se le pregunta a Castro.

Yo quiero creer que es posible creer en ellos, en realidad los argumentos que tuvieron para retener los materiales fue que estaban en las condiciones de curarlos y de estudiarlos mejor que en México, pero esa labor ya fue cumplida, en México ya tenemos especialistas, estudios y uno de los museos más importantes. El Museo Peabody es una institución muy prestigiada y su prestigio está de por medio, yo digo que como todo en este mundo una buena negociación puede dar buenos resultados, pero no hay quien tome la empresa en México, por lo menos hasta ahora, no veo ahora cómo y menos como están las cosas en el INAH.

TÍtulo: El fabuloso saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá
Autor: Pedro Castro Martínez
Editorial: Tirant Humanidades/UAM Iztapalapa, México, 2016, 236 pp.


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Noticias / La Haya: Nueve millones de euros para rescatar a Rembrandt y Vermeer

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El País
Una imagen del museo Isabella Stewart Gardner, sin las obras sutraídas. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- El museo Isabella Stewart Gardner, de Boston (Estados Unidos), sufrió en 1990 uno de los mayores robos de la historia del arte. Los ladrones se llevaron 13 piezas de la colección, valoradas en 428 millones de euros. Entre ellas, los dos cuadros más valiosos jamás sustraídos en el país: El concierto (1665), de Johannes Vermeer, y La tormenta del mar de Galilea(1633), la única marina de Rembrandt. Veintisiete años después, con el botín aún desaparecido, el centro ofrece 10 millones de dólares (casi 8,6 millones de euros) a cambio de información fiable. La oferta estará vigente hasta finales de año y es la más abultada de su clase hasta la fecha. El FBI sabe la identidad de los dos ladrones, ya fallecidos, pero hay opiniones encontradas sobre el paradero de las piezas. La oficina de investigación criminal estadounidense cree que siguen en el país. Por contra, el holandés Arthur Brand, rescatador de arte, apunta al Ejército Republicano Irlandés (IRA). Isabell Ferrer reporta desde La Haya para El País.

Ambas partes exhiben sus diferencias con deportividad. Es más, Brand asegura que el nuevo rescate del museo, que hasta ahora prometía cinco millones de dólares, es un «ahora o nunca». Casi tres décadas después, los lienzos del Siglo de Oro holandés —también sustrajeron Paisaje con obelisco (1638), de Govaert Flinck, uno de los mejores alumnos de Rembrandt— «no deben de estar en buenas condiciones». Lo mismo puede decirse de los manet y degas, el vaso de la dinastía china Shang (1200-1100 antes de Cristo) y un remate de bronce de una bandera napoleónica, sacados el 18 de marzo de 1990 de la sala. De modo que si el patronato del Isabella Stewart Gardner garantiza el anonimato del informante, y el dinero, «sería una tontería no desvelar dónde está todo», según Brand. ¿Y el IRA?, porque el FBI dice que ha seguido esa pista «exhaustivamente» y no lleva ninguna parte.

Mafioso octogenario

«El FBI tira del hilo de Robert Gentile, un mafioso octogenario encarcelado por tráfico de drogas y venta de armas. Piensan que tuvo en sus manos al menos dos cuadros, aunque no estuviera involucrado en el robo. El tipo dice que no y, la verdad, no tiene nada que perder. Hace décadas había una ley del silencio, la omertà, entre gánsteres. Si hablaban, se acabó. Ya no es así, y si Gentile supiera algo podría decirlo y quedar libre. Todo son teorías. La mía no es nueva». ¿Entonces? «Boston está llena de vecinos de origen irlandés [el 22,8% de sus casi 700.000 habitantes, según el censo oficial de 2014]. En cualquier bar había cestas para recoger fondos para el IRA, y estos grandes robos de arte, invendible por la fama de los pintores, suelen ser para pagar deudas o bien a cuenta de algo. No es que el propio Ejército Republicano lo hiciera. La gente con la que hablo, exmiembros, periodistas irlandeses incluso, llevan años oyendo que estas obras cayeron en manos de los líderes».

Anthony Amore, jefe de seguridad del museo, y amigo de Brand, piensa que las obras están en EE UU. Se sabe que los ladrones tuvieron una muerte violenta por otros motivos, y hubo un error humano garrafal. En un vídeo en la web del museo, Amore recuerda que un desconocido llamó la medianoche del 17 de marzo, festividad de San Patricio, patrono de Irlanda, al museo. Fuera de la hora de apertura, pero le dejaron entrar. «Una quiebra del protocolo. Los dos guardas eran unos jóvenes e inexpertos licenciados en Arte». Ya en la madrugada del 18, acudieron dos policías diciendo que habían recibido una llamada. «Eran los ladrones, claro. Les dijeron a los guardas que estaban detenidos y consiguieron maniatarlos y encerrarlos en el sótano sin que lograran pulsar la alarma». Una secuencia de película. A la mañana siguiente los encontró su relevo. «Se sospechó de uno de los guardas, pero no se pudo demostrar nada, y sé que todavía tienen secuelas por lo ocurrido», asegura Amore. Los ladrones hurtaron el vídeo del robo, pero dejaron el de las horas anteriores. En 2015 la fiscalía pidió ayuda a la ciudadanía y liberó las imágenes del primer intruso. Sin éxito.

Si la oferta del rescate sin contrapartidas se mantiene —«ojo, el FBI dice que solo lo puede prometer la fiscalía», dice Brand— cualquiera que tenga el botín en sus manos podría acogerse al pacto. «En teoría sí. Pero esta gente solo confía en sus madres, y tal vez las obras hayan sido destruidas, o estén en pésimo estado. O no se fían de la policía. En ciertos círculos es difícil ceder. Aunque ya llevamos 27 años sin noticias», asegura Brand, apodado el Indiana Jones del arte. Entre otros, ha recuperado lienzos de Dalí y Tamara de Lempicka, y contribuido al regreso de los Caballos de Hitler, un conjunto escultórico de la Cancillería de Berlín perdido en 1989.

Un ladrón ilustrado

La coleccionista estadounidense Isabella Stewart Gardner inauguró su museo en Boston en 1903 y las obras se exhiben tal y como ella estipuló. Uno de los dos ladrones que sustrajo 13 piezas en 1990 era un experto, según cree el propio centro. Fue directo a la Sala de los Maestros Holandeses, aunque Stewart Gardner tenía también lienzos de Rubens, Rafael o Botticelli. Para llevarse un rembrandt y un vermeer, valores seguros en el mercado, cortó las telas. La buena noticia es que no debió enrollarlas porque no había rastro de pintura en el suelo. Desde entonces, los marcos siguen vacíos en la pared.


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Galería / Stephen Hodgetts: «Vintage Dress Making Scissors»

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Vintage Dress Making Scissors
England
2014


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Galería / Claudio Montegriffo: «I See You»

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I See You
Arcola, Italia
2012


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Galería / Lilyan Aloma: «Cityscape Broadway»

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Cityscape Broadway
New York City, NY
2013


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Galería / Ryan Synovec: «Nevermore»

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Nevermore
Seattle, WA
2008


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Cine / «Dunkerque», horror en el frente de Christopher Nolan

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Christopher Nolan
Las tropas aliadas en Dunkerque. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 19 de febrero de 2017. (RanchoNEWS).- Christopher Nolan, el nuevo Rey Midas de Hollywood, se acerca a la II Guerra Mundial para narrar la evacuación de Dunkerque. El estreno del filme, que utiliza códigos del género de terror, viene acompañado por la publicación en HarperCollins del libro en el que se inspiró el director. Javier Yuste escribe para El Cultural.

El 18 de mayo de 1940 se consumó la tragedia para los Aliados: casi un millón de soldados había quedado embolsado en el norte de Francia tras la invasión relámpago que el ejército alemán había llevado a cabo por la región de las Ardenas y que en tan solo ocho días había arribado al Canal de la Mancha. La batalla de Francia se había perdido y solo quedaba la opción de la retirada, aunque no iba a ser fácil llevarla a cabo teniendo como única escapatoria el mar del Norte. Mientras varios cuerpos aliados mantenían a duras penas un cerco de seguridad de 80 kilómetros, más de 300.000 soldados británicos, belgas y franceses fueron evacuados a la desesperada de las playas de Dunkerque en una operación que recibió el nombre de Dinamo. En ella participaron, además del ejército, marineros y civiles que pusieron al servicio de la misión su vida y sus barcos.

El éxito de la maniobra fue vital para el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, y no solo porque sin los soldados rescatados los británicos se hubieran visto obligados a capitular. El episodio, bien gestionado a nivel propagandístico, insufló las fuerzas necesarias al pueblo británico para afrontar todos los obstáculos en el camino hacia la victoria. «Jamás nos rendiremos», espetó Winston Churchill al mundo.

«Es una historia grandiosa. Muy universal, a mi modo ver», explica Christopher Nolan (Westminster, 1970) en una entrevista incluida en Dunkerque (HarperCollins) de Joshua Levine, libro en el que se ha basado el cineasta inglés para desarrollar la historia de su filme homónimo, que se estrena este viernes. «Estuve dándole vueltas a cómo podía plantear la película y a por qué nadie lo había intentado hasta entonces. Y finalmente llegamos a la conclusión de que se debía a que Dunkerque fue una derrota. Y a que sería una película muy cara de producir. Muy aparatosa. Es una historia épica, da igual cómo la estructures».

Carta blanca

La épica viene siendo una constante en la filmografía del director inglés desde que en 2005 reiniciara la saga de Batman con tres irregulares filmes que enmascaraban el simple entretenimiento bajo grandes dosis de oscuridad y grandilocuencia. La fórmula funcionó en taquilla y convenció a gran parte de la crítica y el autor de aquel deslumbrante experimento narrativo que fue Memento (2000) lograba entonces carta blanca de los grandes estudios para afrontar sus nuevos, caros y algo pretenciosos proyectos. Primero se desmarcó con Origen (2010), un alambicado thriller de deslumbrante factura visual que se desarrollaba en territorios oníricos, y más tarde se zambulló en las procelosas aguas de la ciencia-ficción con Interstellar (2014), un frenético homenaje a los filmes del género de cineastas como Kubrick, Spielberg y Tarkovsky. En ninguna de ellas perdió Nolan la oportunidad de seducir al espectador con las espectaculares set-pieces de acción a las que nos tiene acostumbrados.

Por todo esto parece natural que el director, cuyo abuelo murió combatiendo en la Segunda Guerra Mundial a bordo de un avión Lancaster, acabara posando su mirada en el género bélico, en el que tan bien parecen imbricarse todas sus inquietudes. Sin embargo Dunkerque se acerca al conflicto de un modo más íntimo que totalizador, indagando en la historia de supervivencia de los soldados y no tanto en la toma de grandes decisiones. «No la veo como una película de guerra», explica Nolan. «Por eso no se ve a los alemanes en pantalla y por eso está planteada desde el punto de vista de los puros mecanismos de supervivencia, más que desde un enfoque político». De esta manera el director afirma que no intentó competir con clásicos del género como Sin novedad en el frente (1930) de Lewis Milestone, La delgada línea roja (1998) de Terrence Malick, o Salvar al Soldado Ryan (1998) de Steven Spielberg. «Dunkerque es una película de suspense, pero tratamos de llevar el suspense visceral lo más lejos posible. De modo que indudablemente te adentras en el lenguaje propio de las películas de terror».

El filme, que ha logrado poner en marcha todos los recursos de la maquinaria industrial de Hollywood para contar la historia de una derrota -algo bastante difícil de vender en la Meca del Cine- cuenta con un reparto en el que destacan Tom Hardy, Cillian Murphy, Kenneth Branagh, Mark Rylance y la pop-star Harry Styles, ex One Direction. Ellos escenifican la intrahistoria de la evacuación, un maremágnum de relatos individuales y subjetivos en los que es muy difícil encontrar un único elemento simbólico que resuma todo lo que aconteció en la playa de Dunkerque. «Todas mis películas tratan de experiencias individuales, de contradicciones potenciales con la realidad objetiva, y esta película intenta dejar espacio para el número infinito de vivencias y anécdotas que se contradicen entre sí o que sirven de glosa unas a otras», explica Nolan, que en un momento del filme incluyó una escena que le había relatado un veterano de Dunkerque en la que vemos como un soldado se desnuda para meterse en el agua. «No sé qué está haciendo ese hombre, si piensa suicidarse o si de verdad cree que puede escapar de allí a nado. Y la razón de que no lo sepa es que creo que incluso le pregunté si ese hombre iba a suicidarse, y no sabía la respuesta. Y era algo que había visto con sus propios ojos».

Del Brexit a la emigración

El «Espíritu de Dunkerque» hoy está en riesgo de extinción. El Brexit ha generado una crisis en el seno de la Unión Europea y esa alianza trasnacional para enfrentarnos juntos a las adversidades parece que ha pasado a mejor vida. En los márgenes de la nueva película de Christopher Nolan aparecen paralelismos con la actualidad que alcanzan cuestiones como las crisis migratorias. «Una de las cosas más terribles que vive Europa es que nos enfrentamos de nuevo a los problemas físicos, materiales, que plantea el hecho de que un gran número de personas traten de abandonar un país en pequeñas embarcaciones para llegar a otro. Es un paralelismo espantoso, pero en nuestro mundo tecnológicamente avanzado es muy fácil olvidar la importancia que reviste la física más elemental. Teniendo en cuenta que eso está pasando en el mundo actual, no creo que nadie pueda desdeñar lo sucedido en Dunkerque como algo perteneciente a otro mundo o a otra era», opina Nolan.


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Cine / España: Se estrena restaurado el filme checoslovaco «Ikarie XB-1»

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Ikarie XB-1
Un fotograma de Ikarie XB-1. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- La moderna ciencia-ficción en el cine nació gracias a las ganas de hacer méritos ideológicos de algún preboste del gobierno checoslovaco. Ikarie XB-1 (1963) nació como un filme de propaganda comunista y fracasó en ese objetivo, pero en cambio el filme influyó en 2001: una odisea del espacio, en Solaris y en Star Trek, convirtiéndose con el paso del tiempo en un título de culto. Durante décadas su visionado fue casi imposible, hasta que en 2016 el festival de Cannes estrenó una copia restaurada digitalmente por los archivos nacionales de cine de Praga y Budapest, y esa nueva versión es la que se estrena hoy en España. Gregorio Belinchón reporta para El País.

Ikarie XB-1 protagoniza un capítulo tan fascinante como rocambolesco de la historia del cine. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta la URSS encabezaba la carrera espacial: suyos fueron el primer satélite en órbita y el primer ser vivo en el espacio (la perra Laika). Para dar más resonancia a estas hazañas, el KSC, el Partido Comunista de Checoslovaquia, decidió producir en 1959 una película sobre el espacio que alabara además el sistema socialista. Para ello contrataron al mejor director joven posible, Jindřich Polak, que ya había realizado filmes de aventuras y colaborado en un gran éxito previo de la ciencia-ficción, Krakatit. De presupuesto, seis millones de coronas, el triple de lo habitual. Y para que no hubiera dudas del poso ideológico, los jerifaltes del partido también seleccionaron la historia: El cometa de plata, su primer título provisional, adaptaría La nube de Magallanes (1955), del polaco Stanislaw Lem.

El proyecto se hizo público en 1961, rebautizado como Finales de junio de dentro de 200 años, en coincidencia con el viaje de Yuri Gagarin, el primer ser humano en dar una órbita alrededor de la Tierra (su vuelo especial solo duró 108 minutos). Y la película se estrenó el 26 de julio de 1963, titulada ahora Ikarie XB-1, nombre de la nave espacial en la que viajan, en la segunda mitad del siglo XXII, una tripulación multinacional -formada por 40 científicos- que se dirige hacia la constelación Alfa Centauri para buscar una nueva forma de vida extraterrestre. En su camino se cruzarán una nave estadounidense del siglo XX y una estrella negra que desestabiliza la salud de los cosmonautas. En su cogollo, se mantiene la pausa y la filosofía de la obra de Lem, lo que la aboca a un estreno desastroso: el público la rehuye.

Así comienza la segunda parte de la vida de Ikarie XB-1, porque la película logra un eco inesperado en Europa y Estados Unidos. En julio de ese año, en el Festival de Trieste, comparte el premio a mejor película junto a otro mito de la ciencia-ficción, La Jetée, de Chris Marker. En el jurado, entre otros, el escritor Kingsley Amis y el corresponsal de Corriere della Sera, un semiólogo llamado Umberto Eco que la alabará en su crónica. El diario británico Financial Times la define, en su estreno en Reino Unido, como «la obra cinematográfica de ciencia ficción más importante desde el final de la guerra». En Estados Unidos la compra para su distribución American International Pictures, que la bautiza como Viaje al fin del universo, la remonta y la recorta, sustituye los títulos de crédito con nombres anglófilos (Jindřich Polák se convierte en Jack Pollack) y le varían el final: si en la versión checoslovaca en el último plano se ve la superficie de un planeta industrializado, en la estadounidense se pegó un plano con tomas aéreas de Manhattan y la Estatua de la Libertad, un cierre que cuatro años después se repetiría en El planeta de los simios.

Anthony Frewin, el ayudante de Stanley Kubrick durante décadas, contaba que el cineasta vio Ikarie XB-1 antes de afrontar 2001, una odisea del espacio. Y efectivamente, existen elementos comunes: un ordenador con voz que funciona como personaje secundario, la búsqueda de otras inteligencias, los largos pasillos hexagonales en la nave que lucen visualmente en planos secuencias. Para rematar las coincidencias, el primer título de trabajo de 2001 fue exactamente Viaje al fin del universo.

Ikarie XB-1 inspiró también a Gene Roddenberry, quien recuperó esa idea de un grupo de viajeros espaciales de sexos y nacionalidades distintas que trabajan juntos en armonía para Star Trek, una serie que presentó a Paramount y que empezó a emitirse en 1966. Y por supuesto, queda su paralelismo con Solaris, de Andréi Tarkovski, ya que ambas nacen de sendas novelas de Lem.

La película desapareció durante décadas en la historia del cine, hasta su restauración. Ahora, tras su paso por varios festivales, se estrena en salas. En Madrid presentará algunos de sus pases otro fan del filme, Alex de la Iglesia. El vuelo de la Ikarie XB-1 llega, por fin, a buen puerto.


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Cine / El universo fantástico y surreal de Tim Burton arribará a la Ciudad de México

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tim burton
Aspecto de la exposición de Tim Burton en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en imagen tomada de la página oficial de ese recinto. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- El universo fantástico y surreal de Tim Burton arribará a la ciudad de México, entre el Día de Muertos y la Navidad, festividades que han marcado la estética del cineasta y creador estadunidense. Alondra Flores Soto reporta para La Jornada.

Criaturas más allá del imaginario de la pantalla grande, como el joven manos de tijera, Jack y su extraño mundo, una novia cadavérica, o Alicia en el país de las maravillas, permitirán adentrarse en el mundo forjado por la imaginación de este creador, en el Museo Franz Mayer, sede de la exposición del primero de noviembre de 2017 al primero de enero de 2018.

Muñecos, esculturas, dibujos, bocetos, escenografías, vestuarios y fotografías articulan la muestra, que se esparció como un rumor entre los fanáticos mexicanos y de la que finalmente los organizadores darán a conocer los detalles el 26 de julio.

Sin embargo, no es la primera vez que Burton abre su cabeza para ser diseccionada por el espectador más allá de la pantalla y dar conocer lo que hay detrás de sus creaciones, fuente de inspiración para generaciones de artistas y que se inscriben en la cultura popular en el mundo.

En 2009 el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York montó una gran retrospectiva del autor, integrada por cientos de piezas relacionadas con su obra fílmica, que permitieron rastrear el complejo y torcido camino de la imaginación del ilustrador, escritor, fotógrafo y escritor nacido en Burbank, California, en 1958. Desde su infancia californiana y sus primeros trabajos fueron traídos a escena hasta sus propuestas más elaboradas.

Ron Magaliozzi, uno de los curadores en la muestra de la Gran Manzana, destacó que Burton es reconocido por su trabajo en el cine, con películas como Beetlejuice, El joven manos de tijera, El extraño mundo de Jack o Sweeney Todd, pero en esa ocasión se trasladaban detrás de la pantalla, hasta los archivos mentales e influencias artísticas del cineasta y artista, quien se inspira en la cultura pop, el expresionismo alemán y el ambiente gótico. Al igual que en el cómic, películas de animación, literatura infantil, monstruos japoneses y ciencia ficción.

Desde niño comenzó a dibujar esas terroríficas criaturas, con dientes afilados y sombría personalidad. Más tarde, en su carrera de cineasta, esta faceta de dibujante ha sido determinante para transformarlas en historias en movimiento, con sus universos oscuros y torcidos, a veces entre escenarios oscuros y recargados de color.


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Galería / Gilles Ehrmann: «Artist Georges Braque»

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Artist Georges Braque
1952c


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Galería / Mitch Dobrowner: «Rainstorm»

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Rainstorm
Owens Valley, CA
2007


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Música / España: Ted Gioia publica «Cómo escuchar jazz»

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El afamado especialista en el género publica Cómo escuchar jazz, una guía para disfrutar de esta música sin tener que profundizar en la teoría. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Dice Ted Gioia que «el jazz es como un caballo salvaje, el género musical más impredecible». No es de extrañar pues que mucha gente le tenga miedo. «Les preocupa no tener el conocimiento técnico necesario para entenderlo», relata a El Cultural este experto en jazz, uno de los más reconocidos a nivel internacional, autor de una canónica Historia del jazz que escribió en 1992, revisó en 2011 y un año más tarde publicó en español la editorial Turner. Fernando Díaz de Quijano escribe para El Cultural.

Pero él cree que «la mayoría de los componentes clave de la música, incluso en algo tan aparentemente arcano como el jazz, se pueden entender sin formación avanzada». Por eso ha escrito Cómo escuchar jazz (también en Turner), mucho más corto que su obra más ambiciosa y con un tono muy distinto. Como su título indica, se trata de una guía para ayudar a esas personas que salen corriendo ante la complejidad del jazz. «Quiero abrir los oídos de la gente», insiste. «Quiero mostrarles cómo escuchar la música a un nivel más profundo. De algún modo, es como una guía para la meditación. Ayuda a la gente a aprender cómo sacarle el máximo partido a una concierto de jazz, o de cualquier otro tipo de música». Su lectura no puede ser más apropiada en estas fechas: este jueves se inaugura el Jazzaldia de San Sebastián y por delante quedan aún muchas citas estivales con el jazz por toda España.

La primera parte del libro es una guía detallada, con el nivel conceptual justo para que el profano no se pierda y el aficionado avanzado (o incluso el músico o el crítico) no se aburra. Además, Gioia aprovecha para tirar de las orejas a una buena parte de la crítica, esa que levanta o deja caer el pulgar de manera aparentemente arbitraria porque jamás revela su método a la hora de evaluar la música. Por tanto, este libro, que revela el método de Gioia, es también un acto de honestidad como crítico de alguien que además es músico y profesor.

Por otra parte, Gioia cree que una parte demasiado grande de la crítica musical de hoy en día se olvida de la música. «Los críticos tratan la música como una especie de producto de consumo de moda. Escoges canciones del mismo modo en que eliges un par de zapatillas Nike o un reloj Apple, y la música se convierte en una expresión de tu estilo de vida. Mi modo de enfocar la música es muy distinto. Respeto la experiencia musical en sus propios términos. No quiero convertirla en un producto».

Los seis ingredientes de la pócima del jazz

¿A qué debemos prestar atención cuando escuchamos jazz? Para Gioia, los factores que debemos tener en cuenta, mucho más detallados en el libro y acompañados de ejemplos, son los siguientes:

1. Ritmo. ¿La sincronía entre los miembros de la banda suena natural y relajada (aun en los tempos rápidos) o forzada y en constante tensión? Esta es la primera clave para distinguir a los artistas de primera fila del resto. Además, el swing (el carácter sincopado propio del jazz, que consiste en la acentuación y prolongación de las notas que ocupan los tiempos débiles) tampoco debe tener un carácter mecánico.

2. Fraseo, es decir, la manera en que los miembros de la banda interpretan sus partes melódicas individuales. ¿Tienen ideas variadas o repiten las mismas fórmulas constantemente? Gioia también señala un fallo de los músicos amateur: la sobreactuación, el horror vacui que les empuja a querer rellenar todos los espacios de la canción con un exceso de notas.

3. Tono y timbre. El tono es la altura de la nota y el timbre es la calidad del sonido, que puede ser más espeso, más etéreo, limpio o turbio. La libertad en el timbre fue una de las grandes innovaciones del jazz frente a la tradición sinfónica. Explica Gioia que la tradición musical occidental ha estado constreñida por la tonalidad desde la época clásica. Mientras que su propósito es crear notas, el de la música africana es crear sonidos. Hace cien años el jazz sacó a la música de su «jaula» tonal y el primero que entendió el matrimonio entre occidente y África fue Duke Ellington. Al mismo tiempo identifica una nueva corriente en el jazz que está regresando a una manera de frasear uniforme y con un afán por centrar las notas a la perfección en su tono correspondiente.

4. Control del volumen (lo que en el lenguaje de la música se denomina dinámica). ¿Cómo trabaja la banda las variaciones de volumen? Que todos los miembros de la banda oscilen entre el pianissimo y el fortissimo y viceversa de manera coordinada es algo que puede ensayarse o puede improvisarse mediante «telepatía» (como era de esperar, Gioia admira más a quienes lo consiguen por el segundo método). Los mejores en esto, según el autor del libro, han sido el trío de Ahmad Jamal, el pianista Erroll Garner, el baterista Art Blakey o The Modern Jazz Quartet.

5. Personalidad. Nadie interpreta el jazz de la misma manera. «Las relaciones matemáticas que apuntalan la música son las mismas para todos los intérpretes, aunque cada uno aborde un solo de jazz de manera diferente», explica Gioia. Además, tiene la teoría de que la personalidad de un músico es la misma fuera y dentro del escenario y asegura que es capaz de averiguar cómo toca un músico cuando lo conoce en persona, antes de escucharlo; del mismo modo, intuye cómo es alguien en su trato con la gente a partir de la escucha de sus discos.

6. Espontaneidad. «Este último ingrediente del cóctel del jazz puede que sea el más importante de todos, pero es endiabladamente difícil de aislar y describir». Para Gioia, la espontaneidad está más determinada por la actitud que por la técnica, aunque no puede desarrollarse libremente sin un alto nivel de destreza, y es lo que sitúa al jazz en «el reino de lo poético y de lo milagroso, del acontecimiento que sucede una vez y que no se volverá a dar». Por tanto, el jazz es «para aquellos que quieren estar presentes cuando ocurra el milagro».

Estructura, orígenes, evolución

Tras compartir sus trucos de crítico, Gioia dedica más de la mitad del libro a proveer al lector de algunos fundamentos teóricos sobre la estructura de las composiciones. También repasa brevemente, en una versión reducidísima de su Historia del jazz, la evolución de los distintos estilos de este género que nació en el cambio de siglo del XIX al XX. Hay cierto consenso en que el primer músico de jazz fue Buddy Holden (Gabriel Jiménez Emán contó su historia recientemente en El último solo de Buddy Bolden, editorial Menoscuarto), aunque no dejó ninguna grabación. A pesar de que el origen del jazz sigue teniendo algunas zonas misteriosas, sabemos que nació en Nueva Orleans, crisol de culturas donde se mezclaron el blues y el ragtime (los dos géneros más importantes para el nacimiento del jazz) con las marchas y la música de baile de la época. A todo esto los pioneros del jazz añadieron unas gotas del folclore de sus respectivos países de origen.

Después de repasar el surgimiento del jazz tradicional, Gioia establece la cronología de los diferentes estilos dentro del jazz: el de Nueva Orleans, el de Chicago, el de Kansas City; la era del swing y las big bands; la revolución del bebop, la reacción del cool jazz, el hard bop y el free jazz, y las posteriores fusiones con el rock, la world music o la clásica.

Por último, Gioia dedica el sexto capítulo, casi una cuarta parte del libro, a detenerse más en algunos músicos innovadores, aquellos que de manera individual marcaron un antes y un después en el jazz: Louis Armstrong, Coleman Hawkins, Duke Ellington, Billie Holiday, Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis, John Coltrane y Ornette Coleman. Todos ellos están muertos, pero el jazz continúa evolucionando y además es una experiencia transformadora que debe vivirse en directo. Por eso lanza al final una lista, como punto de partida para la investigación del lector, con 150 nombres de músicos en el comienzo o en la mitad de su carrera a los que seguir la pista (entre los que no incluye ningún español).

«El primer paso para los oyentes es aproximarse a la música con una mentalidad abierta. Muchas de las experiencias musicales más poderosas ocurren cuando dejas que la música te guíe y dejas que te lleve adonde nunca antes has estado», asegura el experto. «Este tipo de experiencias musicales son cada vez más raras en la sociedad orientada al consumo que tenemos hoy, pero aún son posibles. El jazz es uno de los mejores lugares donde encontrarlas».


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