Bebiera un día
la estrella de mi sueño
el que seguía
Bebiera un día
el venado del agua
voz herida
Bebiera un día
el tiempo de lo eterno
que ya perdía
Bebiera un día
las palabras del agua
a mediodía.
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martes, julio 29, 2014
Estampas de la Frontera / Anuario «1970» de la ESTECOM - 1
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Portada del anuario. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- El Lic. Pedro Mejía nos compartió este ejemplar del anuario del año 1970 de la Escuela Técnica Comercial, dicha escuela fue fundada en esta ciudad en 1918 por la Cámara de Comercio de la ciudad y su primer local estuvo ubicado en las calles Lerdo y 16 de septiembre, tuvo otro local en la calle 5 de mayo y 16 de septiembre, en 1946 se estableció en la calle Ramón Corona. En la actualidad en ese edificio se encuentra la Preparatoria Enrique C. Ledezma que dirige el Lic. Mejía.
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Portada del anuario. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- El Lic. Pedro Mejía nos compartió este ejemplar del anuario del año 1970 de la Escuela Técnica Comercial, dicha escuela fue fundada en esta ciudad en 1918 por la Cámara de Comercio de la ciudad y su primer local estuvo ubicado en las calles Lerdo y 16 de septiembre, tuvo otro local en la calle 5 de mayo y 16 de septiembre, en 1946 se estableció en la calle Ramón Corona. En la actualidad en ese edificio se encuentra la Preparatoria Enrique C. Ledezma que dirige el Lic. Mejía.
El comité Pro Anuario ESTECOM 1970, María Guadalupe Rodríguez presidenta y Guadalupe Sesan Gutiérrez
Alumnos trabajando en libro anual. Guadalupe Rodríguez pegando algunas fotos. Justo Armando Huerta alumno de segundo año vespertino. Roberto Luna B. de tercer año matutino. Delfino Hernández, muy pensativo en la acomodación de las nuevas páginas.
Diploma al arte y constancia al profesor José Rodríguez Avila
Como un justo y merecido homenaje de reconocimiento para el Sr. Profesor José Rodríguez Avila, por su eficiencia, superación y constancia en la publicación de este Anuario «ESTECOM», que ha logrado colocar a la cabeza de los editados en esta ciudad por espacio de diez años; dedicamos unicosamente la presente Memoria 1970.
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Arte Público / Chile: Movimiento de Arte Público Actual -MAPA- difunde propuesta de los exponentes chilenos del street art
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Diseños de Faya. (Foto: El Mostrador)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- Un ciclo gratuito de charlas de arte público, organizado por el Movimiento de Arte Público Actual («M.A.P.A.»), busca dar a conocer las propuestas visuales de 20 artistas urbanos nacionales, escribe Marco Fajardo desde Santiago de Chile para el portal El Mostrador.
Este jueves hablará el muralista Faya en el Instituto Arcos (Santo Domingo 789, metro Plaza de Armas), a las 19.30 horas. El ilustrador y grafitero expondrá «en su casa», ya que estudió en el Arcos.
Todos los jueves de julio ya estuvieron en ese lugar Koshayuyo, Sofrenia, Nebs y Henruz. Aunque en la mayoría de los casos los artistas se han dedicado básicamente a mostrar a su propia obra, otros como Nebs, que pertenece a la vieja escuela del graffitti, habló en cambio de cómo se veía el movimiento y la cultura del hip hop desde su origen en los extremos de la ciudad, y de cómo se empezó a mover hacia el centro.
Durante el mes de agosto, el evento se mudará al Instituto Goethe (Holanda 100, metro Tobalaba), donde habrá sólo mujeres: Alterna, Luna Lee, Sol Reciclando Muros y Telly Gacitúa. Los organizadores explican que la idea es ir rotando entre los distintos lugares de la ciudad que dan espacio al «street art». En septiembre los encuentros (sólo habrá dos por el «11» y el «18») se realizarán en el AIEP y en octubre en el Instituto Profesional Los Leones.
Además de los ya nombrados, otros artistas considerados para las charlas son creadores como Estoy, Andro, Santana, Pobrepablo, Naska, Hipso, Ernesto, Piri, Denst, Nao, Ecos y Piguan.
Espacio reflexivo
El objetivo de M.A.P.A. es plantear un espacio reflexivo en torno a las propuestas visuales de los artistas urbanos que desarrollan sus obras en Santiago, buscando profundizar en las mentes y en los procesos de cada uno de ellos, haciendo visibles sus diferentes instancias de trabajo y de creación. En cada charla además hay un espacio de venta de serigrafías de cada artista y se sortea una obra por artista entre los asistentes.
«Poco y nada se conoce sobre los discursos de estos artistas en Chile, su forma de producir, de pensar o de plantear una problemática, no es vista ni siquiera en sus sitios virtuales, ni redes sociales y si no tienes la suerte de encontrarte con uno de ellos en su lugar de acción, probablemente nunca conozcas esa parte de su quehacer», señalan desde M.A.P.A.
«Estamos entonces en el proceso de escribir una historia que hasta el momento no ha sido documentada, y parece ser una necesidad, abrir el campo a nuevos productores de ideas o estudiantes y a espectadores interesados en el tema», plantean los organizadores.
Conexiones
«Queríamos conectar al público en general, los artistas y la gente que hace cosas en la calle», explica Francisco Maltez, «Koshayuyo», expositor y miembro de M.A.P.A. y de Causa, la otra organización que está detrás de la creación. El objetivo es que los asistentes puedan preguntar cosas tan simples como los procesos previos a la pintura de un muro, por ejemplo.
Maltez señala que los artistas –todos muy distintos entre sí– fueron elegidos en principio por su trabajo activo y reciente en Santiago Centro con graffittis y murales. «Sabíamos el valor que tienen y todo lo que pueden decir», asegura.
Para M.A.P.A., la idea es «mostrar los distintos enfoques desde el crear personajes influenciados por la academia de las artes, del diseño gráfico y de la calle, hasta la creación de letras ‘Caligrafía’ o ‘3d’».
«Cada artista que presenta tiene un sello único, influencias que van desde lo indigenista y precolombino, hasta del graffitti heredado de la cultura hip hop, se presentarán variadas técnicas y formas de proceder a la hora de realizar Arte Callejero, haciendo gala de un nutrido catálogo de artistas que darán cuenta de las distintas realidades del arte urbano, realizando recorridos por los muros de barrios como Yungay o Bellavista, de experiencias en ciudades como Valparaíso o Concepción, de diversos festivales o encuentros de Arte Urbano y Graffiti, de las distintas visiones que se nos pueden presentar del tema», dicen.
Debates necesarios
Los debates han sido una instancia para hablar, muchas veces por primera vez públicamente, temas como el trabajo gratuito y sin retribución que realizan los artistas de la calle, y de cómo se las arreglan para conseguir los fondos y permisos.
Felipe Henríquez, «Henruz», expuso la semana pasada y cuenta que la asistencia a los eventos ha ido en aumento. Además destaca la participación de personas que no pertenecen al «ambiente» propiamente tal.
«Estuvo re interesante. Salieron problemáticas que tienen que ver con la educación, en mi caso (es profesor), a cómo se da el tema del patrimonio, los rayados en el metro, etc. Se vieron las visiones de gente que es del medio y de otra que no», dice. «Cada artista tiene la libertad de hablar de sus procesos creativos, con la intención de poder recibir y aportar en algo con la gente que va a su charla».
Henruz mostró sus primeros graffittis, hechos a los 14 años, y también obras hechas en sus viajes, como su reciente asistencia a la tercera versión del festival «Street of Styles», realizado en abril en Brasil.
Uno de los que saluda la iniciativa es León Calquín, probablemente «el» albacea del movimiento grafitero local. «Lo hallo cien por ciento positivo. Nosotros hemos dado charlas, y en las charlas se producen debates. Es bien interesante porque los artistas dan su opinión, y se reafirma a los jóvenes en lo que están haciendo», dice.
Calquín destaca el creciente peso del arte callejero en el mercado local, entre otros con los grabados que están vendiendo los grafiteros en un local del conocido artista Alejandro «Mono» González en el Galpón 6 del Persa Biobio.
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Diseños de Faya. (Foto: El Mostrador)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- Un ciclo gratuito de charlas de arte público, organizado por el Movimiento de Arte Público Actual («M.A.P.A.»), busca dar a conocer las propuestas visuales de 20 artistas urbanos nacionales, escribe Marco Fajardo desde Santiago de Chile para el portal El Mostrador.
Este jueves hablará el muralista Faya en el Instituto Arcos (Santo Domingo 789, metro Plaza de Armas), a las 19.30 horas. El ilustrador y grafitero expondrá «en su casa», ya que estudió en el Arcos.
Todos los jueves de julio ya estuvieron en ese lugar Koshayuyo, Sofrenia, Nebs y Henruz. Aunque en la mayoría de los casos los artistas se han dedicado básicamente a mostrar a su propia obra, otros como Nebs, que pertenece a la vieja escuela del graffitti, habló en cambio de cómo se veía el movimiento y la cultura del hip hop desde su origen en los extremos de la ciudad, y de cómo se empezó a mover hacia el centro.
Durante el mes de agosto, el evento se mudará al Instituto Goethe (Holanda 100, metro Tobalaba), donde habrá sólo mujeres: Alterna, Luna Lee, Sol Reciclando Muros y Telly Gacitúa. Los organizadores explican que la idea es ir rotando entre los distintos lugares de la ciudad que dan espacio al «street art». En septiembre los encuentros (sólo habrá dos por el «11» y el «18») se realizarán en el AIEP y en octubre en el Instituto Profesional Los Leones.
Además de los ya nombrados, otros artistas considerados para las charlas son creadores como Estoy, Andro, Santana, Pobrepablo, Naska, Hipso, Ernesto, Piri, Denst, Nao, Ecos y Piguan.
Espacio reflexivo
El objetivo de M.A.P.A. es plantear un espacio reflexivo en torno a las propuestas visuales de los artistas urbanos que desarrollan sus obras en Santiago, buscando profundizar en las mentes y en los procesos de cada uno de ellos, haciendo visibles sus diferentes instancias de trabajo y de creación. En cada charla además hay un espacio de venta de serigrafías de cada artista y se sortea una obra por artista entre los asistentes.
«Poco y nada se conoce sobre los discursos de estos artistas en Chile, su forma de producir, de pensar o de plantear una problemática, no es vista ni siquiera en sus sitios virtuales, ni redes sociales y si no tienes la suerte de encontrarte con uno de ellos en su lugar de acción, probablemente nunca conozcas esa parte de su quehacer», señalan desde M.A.P.A.
«Estamos entonces en el proceso de escribir una historia que hasta el momento no ha sido documentada, y parece ser una necesidad, abrir el campo a nuevos productores de ideas o estudiantes y a espectadores interesados en el tema», plantean los organizadores.
Conexiones
«Queríamos conectar al público en general, los artistas y la gente que hace cosas en la calle», explica Francisco Maltez, «Koshayuyo», expositor y miembro de M.A.P.A. y de Causa, la otra organización que está detrás de la creación. El objetivo es que los asistentes puedan preguntar cosas tan simples como los procesos previos a la pintura de un muro, por ejemplo.
Maltez señala que los artistas –todos muy distintos entre sí– fueron elegidos en principio por su trabajo activo y reciente en Santiago Centro con graffittis y murales. «Sabíamos el valor que tienen y todo lo que pueden decir», asegura.
Para M.A.P.A., la idea es «mostrar los distintos enfoques desde el crear personajes influenciados por la academia de las artes, del diseño gráfico y de la calle, hasta la creación de letras ‘Caligrafía’ o ‘3d’».
«Cada artista que presenta tiene un sello único, influencias que van desde lo indigenista y precolombino, hasta del graffitti heredado de la cultura hip hop, se presentarán variadas técnicas y formas de proceder a la hora de realizar Arte Callejero, haciendo gala de un nutrido catálogo de artistas que darán cuenta de las distintas realidades del arte urbano, realizando recorridos por los muros de barrios como Yungay o Bellavista, de experiencias en ciudades como Valparaíso o Concepción, de diversos festivales o encuentros de Arte Urbano y Graffiti, de las distintas visiones que se nos pueden presentar del tema», dicen.
Debates necesarios
Los debates han sido una instancia para hablar, muchas veces por primera vez públicamente, temas como el trabajo gratuito y sin retribución que realizan los artistas de la calle, y de cómo se las arreglan para conseguir los fondos y permisos.
Felipe Henríquez, «Henruz», expuso la semana pasada y cuenta que la asistencia a los eventos ha ido en aumento. Además destaca la participación de personas que no pertenecen al «ambiente» propiamente tal.
«Estuvo re interesante. Salieron problemáticas que tienen que ver con la educación, en mi caso (es profesor), a cómo se da el tema del patrimonio, los rayados en el metro, etc. Se vieron las visiones de gente que es del medio y de otra que no», dice. «Cada artista tiene la libertad de hablar de sus procesos creativos, con la intención de poder recibir y aportar en algo con la gente que va a su charla».
Henruz mostró sus primeros graffittis, hechos a los 14 años, y también obras hechas en sus viajes, como su reciente asistencia a la tercera versión del festival «Street of Styles», realizado en abril en Brasil.
Uno de los que saluda la iniciativa es León Calquín, probablemente «el» albacea del movimiento grafitero local. «Lo hallo cien por ciento positivo. Nosotros hemos dado charlas, y en las charlas se producen debates. Es bien interesante porque los artistas dan su opinión, y se reafirma a los jóvenes en lo que están haciendo», dice.
Calquín destaca el creciente peso del arte callejero en el mercado local, entre otros con los grabados que están vendiendo los grafiteros en un local del conocido artista Alejandro «Mono» González en el Galpón 6 del Persa Biobio.
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Literatura / España: Jim Thompson, vivo o muerto
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Cubierta de Recoil de Jim Thompson. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de julio de 2014. (RanchoNEWS).-El titular es una muestra de respeto. Respetuoso con la literatura pulp, porque la primera convención del arte de la novela barata exige obligatoriamente un título sensacionalista o aliterativo. El escritor estadounidense Jim Thompson (1906-1977) dio la cara al caos respetando este mandamiento. Conocedor de sus demonios, fue capaz de recrearlos de dentro a fuera y venderlos por sólo 25 centavos en el quiosco. Una nota de Jorge B. Montañés para El Mundo:
«Leer una novela de Thompson es como estar atrapado en un refugio anti bombas con un maniaco parlanchín que además resulta ser un controlador antiaéreo», escribe Robert Polito, autor de Arte salvaje. Una biografía de Jim Thompson (Es Pop Ediciones), obra que llega a España casi 20 años después de ser publicada en Estados Unidos. Adicto, timador, sangre india, edípico, comunista y notario del fracaso. El escritor moderno. Es la historia del hombre que destruyó el sueño americano. Aquel que no miró a los ojos del asesino sino que nos convirtió en él. Creíamos que veníamos de la costilla de Adán y Thompson nos demostró que estamos empadronados en Mordor.
Jim Thompson empezó a escribir novela criminal relativamente tarde, a los 43 años. El género había vivido durante décadas de la tradición inglesa, en la que detectives como Sherlock Holmes o los personajes de Agatha Christie mostraban cualidades de superdotados en la resolución de enigmas. Después apareció la gran generación americana con sus investigadores duros y estoicos al estilo de Philip Marlowe y Sam Spade, que llenaron de negritud la novela con el manto de la realidad social. Thompson dio un paso más. Hizo protagonistas a perturbados y se atrevió a describir sus atrocidades usando la primera persona. Conformó un eslabón entre la literatura popular y la vanguardia en el que cualquier amago de sentimentalismo acababa en la trituradora.
Odio al padre
Sin embargo, Thompson no fue un asesino, no consta, aunque ejerciera el magisterio del mal. Entre sus pecados tan solo aparece algún arresto juvenil y un escarceo con el contrabando de alcohol durante la Ley Seca. Quienes le conocieron le consideraban un buen tipo. Solamente ejercía de asesino y violador cuando era escritor alimenticio en sellos pulp con la presión de vender heroína literaria en el plazo de entrega.
Su juventud nómada fue dirigida por los designios del patriarca familiar a través de Oklahoma, Nebraska y Texas, territorios de polvo que serían el escenario de sus infiernos de ficción. Anestesió la Gran Depresión y al padre caníbal con whisky y lectura. Desde Edipo rey y El Quijote hasta Los viajes de Gulliver y los cuentos de Poe. Luego a su corpus literario añadiría una experiencia laboral intermitente. Botones, viajante de comercio, proyeccionista de cine, trabajador en un oleoducto, panadero, vendedor de oro y, entre otros tantos, periodista.
El Padre. Big Jim Thompson fue sheriff en las tierras fronterizas de Oklahoma. Un personaje que sufrió esa dislexia que se produce entre la ley y el delito cuando en una comunidad rige la corrupción de baja intensidad. El hombre que aterrorizó al hijo. Un resentimiento apocalíptico.
Años después llegaría la venganza filial. Los jefes de policía Lou Ford y Nick Corey, protagonistas de El asesino dentro de mí (1952) y 1.280 almas (1964) respectivamente, llevan a cuestas el estigma de Caín, aunque Big Jim ya estuviera muerto cuando las escribió. Psicópatas violentos y manipuladores que a ojos de los demás son estúpidos. Unos retratos tan aterradores que hacen que el «Queridísimo padre: Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo» del comienzo de la Carta al padre, de Kafka, parezca un simple arañazo.
Fue este pueblo de 1.280 habitantes, en el que algunos vecinos dudan si los negros tienen alma y si deben formar parte del censo, que da nombre al título de la novela que permitió que Thompson se popularizara en España. El escritor argentino Juan Martini era el responsable de la entrañable Serie Negra de la editorial Bruguera que editó 1.280 almas, en 1980, por primera vez en español. Quiso publicarlo cuando vio figurar esta novela en la tercera posición en un encuesta sobre literatura policial de la revista El viejo topo. Detrás, según recuerda, de El largo adiós, de Chandler, y Cosecha roja, de Hammett. «1.280 almas se había publicado en francés antes que en inglés ya que el enorme Marcel Duhamel la había incluido con el emblemático número 1.000 de la Série Noire en la legendaria colección de Gallimard», explica Martini desde Buenos Aires.
La traducción del libro requería soluciones imaginativas. Para evitar una adaptación neutra que desvirturara el slang (jerga informal del inglés) sureño del relato del sheriff Corey, Martini y el traductor Antonio Prometeo Moya optaron por una arriesgada combinación de este registro coloquial con lenguaje carcelario barcelonés.
Siguiendo las huellas de Thompson en España Juan Salvador, de la librería «Estudio en Escarlata», referente de la novela negra en Madrid, cree que el autor de Noche salvaje tiene un público muy fiel. «Quienes piden una novela suya lo hacen siempre con una mirada intensa», cuenta con humor. El librero revela una anécdota que se produjo en la última Feria del Libro de Madrid. Un escritor (X) firmaba ejemplares de una novela que tenía ciertos tintes policíacos cuando un joven se acercó a la caseta y preguntó si allí tenían libros de Jim Thompson. Entonces el autor aprovechó para intentar venderle las bondades de su libro. Cuando el joven se marchó, el escritor preguntó a los presentes: «¿Quién es ese Jim Thompson?». Lo dicho, vivo o muerto.
Eso le debió pasar muchas veces. Sin embargo, la biografía de Polito consigue desmentir la marginalidad en vida que perfiló la leyenda que ha arrastrado siempre Thompson. Es cierto que cuando murió su obra estaba descatalogada en Estados Unidos, pero en los 50 el escritor de Oklahoma cobraba adelantos de 2.500 dólares, cifra más que respetable, y sus novelas agotaban tiradas de 250.000 ejemplares.
Como todos los novelistas de su generación, Thompson quiso triunfar en Hollywood como guionista. Por aquel entonces esta industria devoraba sin piedad a los mejores autores. Más bien allí todos se chupaban la sangre. Los magnates de los estudios querían prestigio; los escritores, dinero. Era la ley de la jungla y nadie sabía muy bien cómo funcionaba. Pocos triunfaron plenamente. Un ejemplo de esa esquizofrenia creativa que vivió Thompson es el testimonio de Faulkner sobre su experiencia en Hollywood, recogido en el libro Los escritores frente al cine (Editorial Fundamentos, 1981): «Cuando apenas había entrado en mi habitación, sonó el teléfono. Era Browning [el director Tod Browning]. Me dijo que fuera a su habitación al instante. Eso hice. Me enseña un telegrama. Decía: 'Faulkner queda despedido. MGM Studio'. 'No se preocupe', dijo Browning. 'Ahora llamo a este-no-sé-cuántos y no sólo hago que vuelvan a ponerle en nómina, sino que le envíen una satisfacción por escrito'. Llamaron a la puerta. Era un botones con otro telegrama. Este decía: 'Browning queda despedido. MGM Studio.' Así que volví a casa».
Las pobres expectativas cinematográficas de Thompson cambiaron por completo cuando conoció a un joven del Bronx que acababa de debutar con una película independiente llamada El beso del asesino.
Este director consideraba que El asesino dentro de mí era «probablemente la descripción más escalofriante y creíble de la retorcida mente de un criminal que yo haya leído jamás». Stanley Kubrick necesitaba de un buen escritor que con sus diálogos estimulara su gran potencial visual, mientras que para Thompson era la oportunidad de colaborar con alguien de tanto talento. De su trabajo en común emergieron peleas, denuncias, reconciliaciones y más peleas y, sobre todo, dos películas extraordinarias: Atraco perfecto (1956) y Senderos de gloria (1957). Ya no volvería a firmar ningún otro crédito en el cine.
Poco antes de morir le dijo a su esposa Alberta que guardara sus obras y pusiera los derechos de sus novelas a buen recaudo porque 10 años después de muerto sería un escritor famoso. Como si conociera que su olvido no era material; sino temporal. Acertó.
Hoy Thompson no sólo mantiene intacto su prestigio en Europa y Latinoamérica sino que es profeta en su tierra, ya que es admirado y plagiado por popes globalizadores de la cultura americana como Tarantino y los hermanos Coen. Eso sí, a su funeral fue muy poca gente. La esquela que había contratado la familia en Los Angeles Times para anunciarlo no se publicó. Se había extraviado en la redacción del periódico. Quizá nadie se atreviera a certificar la defunción del ministro del mal.
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Cubierta de Recoil de Jim Thompson. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 31 de julio de 2014. (RanchoNEWS).-El titular es una muestra de respeto. Respetuoso con la literatura pulp, porque la primera convención del arte de la novela barata exige obligatoriamente un título sensacionalista o aliterativo. El escritor estadounidense Jim Thompson (1906-1977) dio la cara al caos respetando este mandamiento. Conocedor de sus demonios, fue capaz de recrearlos de dentro a fuera y venderlos por sólo 25 centavos en el quiosco. Una nota de Jorge B. Montañés para El Mundo:
«Leer una novela de Thompson es como estar atrapado en un refugio anti bombas con un maniaco parlanchín que además resulta ser un controlador antiaéreo», escribe Robert Polito, autor de Arte salvaje. Una biografía de Jim Thompson (Es Pop Ediciones), obra que llega a España casi 20 años después de ser publicada en Estados Unidos. Adicto, timador, sangre india, edípico, comunista y notario del fracaso. El escritor moderno. Es la historia del hombre que destruyó el sueño americano. Aquel que no miró a los ojos del asesino sino que nos convirtió en él. Creíamos que veníamos de la costilla de Adán y Thompson nos demostró que estamos empadronados en Mordor.
Jim Thompson empezó a escribir novela criminal relativamente tarde, a los 43 años. El género había vivido durante décadas de la tradición inglesa, en la que detectives como Sherlock Holmes o los personajes de Agatha Christie mostraban cualidades de superdotados en la resolución de enigmas. Después apareció la gran generación americana con sus investigadores duros y estoicos al estilo de Philip Marlowe y Sam Spade, que llenaron de negritud la novela con el manto de la realidad social. Thompson dio un paso más. Hizo protagonistas a perturbados y se atrevió a describir sus atrocidades usando la primera persona. Conformó un eslabón entre la literatura popular y la vanguardia en el que cualquier amago de sentimentalismo acababa en la trituradora.
Odio al padre
Sin embargo, Thompson no fue un asesino, no consta, aunque ejerciera el magisterio del mal. Entre sus pecados tan solo aparece algún arresto juvenil y un escarceo con el contrabando de alcohol durante la Ley Seca. Quienes le conocieron le consideraban un buen tipo. Solamente ejercía de asesino y violador cuando era escritor alimenticio en sellos pulp con la presión de vender heroína literaria en el plazo de entrega.
Su juventud nómada fue dirigida por los designios del patriarca familiar a través de Oklahoma, Nebraska y Texas, territorios de polvo que serían el escenario de sus infiernos de ficción. Anestesió la Gran Depresión y al padre caníbal con whisky y lectura. Desde Edipo rey y El Quijote hasta Los viajes de Gulliver y los cuentos de Poe. Luego a su corpus literario añadiría una experiencia laboral intermitente. Botones, viajante de comercio, proyeccionista de cine, trabajador en un oleoducto, panadero, vendedor de oro y, entre otros tantos, periodista.
El Padre. Big Jim Thompson fue sheriff en las tierras fronterizas de Oklahoma. Un personaje que sufrió esa dislexia que se produce entre la ley y el delito cuando en una comunidad rige la corrupción de baja intensidad. El hombre que aterrorizó al hijo. Un resentimiento apocalíptico.
Años después llegaría la venganza filial. Los jefes de policía Lou Ford y Nick Corey, protagonistas de El asesino dentro de mí (1952) y 1.280 almas (1964) respectivamente, llevan a cuestas el estigma de Caín, aunque Big Jim ya estuviera muerto cuando las escribió. Psicópatas violentos y manipuladores que a ojos de los demás son estúpidos. Unos retratos tan aterradores que hacen que el «Queridísimo padre: Hace poco me preguntaste por qué digo que te tengo miedo» del comienzo de la Carta al padre, de Kafka, parezca un simple arañazo.
Fue este pueblo de 1.280 habitantes, en el que algunos vecinos dudan si los negros tienen alma y si deben formar parte del censo, que da nombre al título de la novela que permitió que Thompson se popularizara en España. El escritor argentino Juan Martini era el responsable de la entrañable Serie Negra de la editorial Bruguera que editó 1.280 almas, en 1980, por primera vez en español. Quiso publicarlo cuando vio figurar esta novela en la tercera posición en un encuesta sobre literatura policial de la revista El viejo topo. Detrás, según recuerda, de El largo adiós, de Chandler, y Cosecha roja, de Hammett. «1.280 almas se había publicado en francés antes que en inglés ya que el enorme Marcel Duhamel la había incluido con el emblemático número 1.000 de la Série Noire en la legendaria colección de Gallimard», explica Martini desde Buenos Aires.
La traducción del libro requería soluciones imaginativas. Para evitar una adaptación neutra que desvirturara el slang (jerga informal del inglés) sureño del relato del sheriff Corey, Martini y el traductor Antonio Prometeo Moya optaron por una arriesgada combinación de este registro coloquial con lenguaje carcelario barcelonés.
Siguiendo las huellas de Thompson en España Juan Salvador, de la librería «Estudio en Escarlata», referente de la novela negra en Madrid, cree que el autor de Noche salvaje tiene un público muy fiel. «Quienes piden una novela suya lo hacen siempre con una mirada intensa», cuenta con humor. El librero revela una anécdota que se produjo en la última Feria del Libro de Madrid. Un escritor (X) firmaba ejemplares de una novela que tenía ciertos tintes policíacos cuando un joven se acercó a la caseta y preguntó si allí tenían libros de Jim Thompson. Entonces el autor aprovechó para intentar venderle las bondades de su libro. Cuando el joven se marchó, el escritor preguntó a los presentes: «¿Quién es ese Jim Thompson?». Lo dicho, vivo o muerto.
Eso le debió pasar muchas veces. Sin embargo, la biografía de Polito consigue desmentir la marginalidad en vida que perfiló la leyenda que ha arrastrado siempre Thompson. Es cierto que cuando murió su obra estaba descatalogada en Estados Unidos, pero en los 50 el escritor de Oklahoma cobraba adelantos de 2.500 dólares, cifra más que respetable, y sus novelas agotaban tiradas de 250.000 ejemplares.
Como todos los novelistas de su generación, Thompson quiso triunfar en Hollywood como guionista. Por aquel entonces esta industria devoraba sin piedad a los mejores autores. Más bien allí todos se chupaban la sangre. Los magnates de los estudios querían prestigio; los escritores, dinero. Era la ley de la jungla y nadie sabía muy bien cómo funcionaba. Pocos triunfaron plenamente. Un ejemplo de esa esquizofrenia creativa que vivió Thompson es el testimonio de Faulkner sobre su experiencia en Hollywood, recogido en el libro Los escritores frente al cine (Editorial Fundamentos, 1981): «Cuando apenas había entrado en mi habitación, sonó el teléfono. Era Browning [el director Tod Browning]. Me dijo que fuera a su habitación al instante. Eso hice. Me enseña un telegrama. Decía: 'Faulkner queda despedido. MGM Studio'. 'No se preocupe', dijo Browning. 'Ahora llamo a este-no-sé-cuántos y no sólo hago que vuelvan a ponerle en nómina, sino que le envíen una satisfacción por escrito'. Llamaron a la puerta. Era un botones con otro telegrama. Este decía: 'Browning queda despedido. MGM Studio.' Así que volví a casa».
Las pobres expectativas cinematográficas de Thompson cambiaron por completo cuando conoció a un joven del Bronx que acababa de debutar con una película independiente llamada El beso del asesino.
Este director consideraba que El asesino dentro de mí era «probablemente la descripción más escalofriante y creíble de la retorcida mente de un criminal que yo haya leído jamás». Stanley Kubrick necesitaba de un buen escritor que con sus diálogos estimulara su gran potencial visual, mientras que para Thompson era la oportunidad de colaborar con alguien de tanto talento. De su trabajo en común emergieron peleas, denuncias, reconciliaciones y más peleas y, sobre todo, dos películas extraordinarias: Atraco perfecto (1956) y Senderos de gloria (1957). Ya no volvería a firmar ningún otro crédito en el cine.
Poco antes de morir le dijo a su esposa Alberta que guardara sus obras y pusiera los derechos de sus novelas a buen recaudo porque 10 años después de muerto sería un escritor famoso. Como si conociera que su olvido no era material; sino temporal. Acertó.
Hoy Thompson no sólo mantiene intacto su prestigio en Europa y Latinoamérica sino que es profeta en su tierra, ya que es admirado y plagiado por popes globalizadores de la cultura americana como Tarantino y los hermanos Coen. Eso sí, a su funeral fue muy poca gente. La esquela que había contratado la familia en Los Angeles Times para anunciarlo no se publicó. Se había extraviado en la redacción del periódico. Quizá nadie se atreviera a certificar la defunción del ministro del mal.
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Caricatura / México: Exponen «Rius para principiantes» en El Estanquillo
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La muestra está integrada por alrededor de 200 piezas, entre dibujos, fotografías, documentos e historietas. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- Eduardo del Río, Rius, festejó 80 años de vida hace unas semanas, pero las celebraciones no terminan para quien Carlos Monsiváis consideraba uno de los grandes educadores en México, como se refleja con la exposición Rius para principiantes, albergada por el Museo del Estanquillo/Colecciones Carlos Monsiváis. Una nota de Jesúa Alejo Santiago para Milenio:
La relación entre ambos, cronista y caricaturista, siempre fue cercana, no solo en la amistad sino también en la parte laboral: Rius trabajó en el semanario que dirigía Carlos en la revista Siempre y trabajaron en muchos otros momentos, «de hecho, Rius, cuando supo que se iba a inaugurar El Estanquillo, donó una parte muy importante de su archivo a este museo», cuenta Rafael Barajas, El Fisgón, curador de la muestra.
«Carlos Monsiváis decía que Rius había sido uno de los grandes educadores en México, su nombre debía estar junto a los de Justo Sierra y José Vasconcelos, y creo que no le faltaba razón, porque cuando Vasconcelos hizo las grandes campañas de alfabetización, él las hizo esperando que la gente leyera los clásicos, y la gente lo que hizo fue ponerse a leer historietas: Rius es el gran complemento cultural de aquella gran aventura que inició Vasconcelos».
La exposición se originó en colaboración con Penguin Random House, como parte de los festejos por los 80 años de vida de Rius, integrada por alrededor de 200 piezas, entre dibujos, fotografías, documentos e historietas completas que el caricaturista donó al recinto —no hay un número exacto, pero se calcula que son más de 500.
«Rius es el hombre que le da sentido y entiende las lógicas en las que se movía el pueblo de México y estoy convencido de que es uno de los responsable de educar a varias generaciones de connacionales».
De alguna manera, infinidad de historiadores, ingenieros, sociólogos, políticos, militantes empezaron sus actividades leyendo a Rius, no solo a través de sus caricaturas, sino también de revistas como Los Supermachos o Los agachados: «Sin lugar a dudas es el maestro reconocido de toda la generación de caricaturistas de la que formo parte, todos lo reconocemos como nuestro profesor, como nuestro maestro», en palabras de El Fisgón.
Revaloración
De entre los objetivos de Rius para principiantes, no solo se apuesta por reflejar casi seis décadas de trabajo del caricaturista, sino además revalorar sus aportaciones al pensamiento crítico y a la divulgación de temas históricos, políticos y científicos, en especial durante una época en la que no resultaba nada sencillo abordar muchos de esos temas.
«Uno de los propósitos de la muestra es recordar lo que fue este país en la década de los 60, cómo había una política de control por parte del Estado, que buscaba establecer un pensamiento único. Es fantástico el ejemplo que nos da Rius de cómo una sola persona puede romper con todo ese discurso y puede marcar a toda una generación».
En la exposición se presentan dibujos tempranos, obras de artistas que lo influyeron y colegas, como Saúl Steinberg, Abel Quezada o Alberto Isaac; además de su visión gráfica sobre la política nacional e internacional, o piezas publicadas durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.
«Rius es uno de los intelectuales comprometidos más importantes del país, lo que en un momento dado se llama una figura ética: es una de las figuras éticas importantes que tenemos en este país.»
Rius para principiantes abre sus puertas mañana, a las 19:00 horas, en el Museo del Estanquillo/Colecciones Carlos Monsiváis (Isabel la Católica esquina Madero, Centro Histórico), donde va a permanecer hasta el próximo 12 de enero.
Toda una celebración
-Como parte de los festejos por su 80 aniversario, en el presente año han aparecido los títulos Rius en pedacitos (Almadía) y Mis confusiones. Memorias desmemoriadas (Grijalbo).
-Rius para principiantes se inicia con un óleo que pintó para la exposición De San Garabato al Callejón del Cuajo, que se llama «El último desayuno», una parodia de La última cena, que está construida con todos sus personajes.
-Toda una sala está dedicada a las revistas Los agachados y Los Supermachos, esta última considerada la primera gran historieta exitosa que tiene un contenido político explícito: llegó a tener un tiraje de 250 mil ejemplares semanales.
REGRESAR A LA REVISTA
La muestra está integrada por alrededor de 200 piezas, entre dibujos, fotografías, documentos e historietas. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- Eduardo del Río, Rius, festejó 80 años de vida hace unas semanas, pero las celebraciones no terminan para quien Carlos Monsiváis consideraba uno de los grandes educadores en México, como se refleja con la exposición Rius para principiantes, albergada por el Museo del Estanquillo/Colecciones Carlos Monsiváis. Una nota de Jesúa Alejo Santiago para Milenio:
La relación entre ambos, cronista y caricaturista, siempre fue cercana, no solo en la amistad sino también en la parte laboral: Rius trabajó en el semanario que dirigía Carlos en la revista Siempre y trabajaron en muchos otros momentos, «de hecho, Rius, cuando supo que se iba a inaugurar El Estanquillo, donó una parte muy importante de su archivo a este museo», cuenta Rafael Barajas, El Fisgón, curador de la muestra.
«Carlos Monsiváis decía que Rius había sido uno de los grandes educadores en México, su nombre debía estar junto a los de Justo Sierra y José Vasconcelos, y creo que no le faltaba razón, porque cuando Vasconcelos hizo las grandes campañas de alfabetización, él las hizo esperando que la gente leyera los clásicos, y la gente lo que hizo fue ponerse a leer historietas: Rius es el gran complemento cultural de aquella gran aventura que inició Vasconcelos».
La exposición se originó en colaboración con Penguin Random House, como parte de los festejos por los 80 años de vida de Rius, integrada por alrededor de 200 piezas, entre dibujos, fotografías, documentos e historietas completas que el caricaturista donó al recinto —no hay un número exacto, pero se calcula que son más de 500.
«Rius es el hombre que le da sentido y entiende las lógicas en las que se movía el pueblo de México y estoy convencido de que es uno de los responsable de educar a varias generaciones de connacionales».
De alguna manera, infinidad de historiadores, ingenieros, sociólogos, políticos, militantes empezaron sus actividades leyendo a Rius, no solo a través de sus caricaturas, sino también de revistas como Los Supermachos o Los agachados: «Sin lugar a dudas es el maestro reconocido de toda la generación de caricaturistas de la que formo parte, todos lo reconocemos como nuestro profesor, como nuestro maestro», en palabras de El Fisgón.
Revaloración
De entre los objetivos de Rius para principiantes, no solo se apuesta por reflejar casi seis décadas de trabajo del caricaturista, sino además revalorar sus aportaciones al pensamiento crítico y a la divulgación de temas históricos, políticos y científicos, en especial durante una época en la que no resultaba nada sencillo abordar muchos de esos temas.
«Uno de los propósitos de la muestra es recordar lo que fue este país en la década de los 60, cómo había una política de control por parte del Estado, que buscaba establecer un pensamiento único. Es fantástico el ejemplo que nos da Rius de cómo una sola persona puede romper con todo ese discurso y puede marcar a toda una generación».
En la exposición se presentan dibujos tempranos, obras de artistas que lo influyeron y colegas, como Saúl Steinberg, Abel Quezada o Alberto Isaac; además de su visión gráfica sobre la política nacional e internacional, o piezas publicadas durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.
«Rius es uno de los intelectuales comprometidos más importantes del país, lo que en un momento dado se llama una figura ética: es una de las figuras éticas importantes que tenemos en este país.»
Rius para principiantes abre sus puertas mañana, a las 19:00 horas, en el Museo del Estanquillo/Colecciones Carlos Monsiváis (Isabel la Católica esquina Madero, Centro Histórico), donde va a permanecer hasta el próximo 12 de enero.
Toda una celebración
-Como parte de los festejos por su 80 aniversario, en el presente año han aparecido los títulos Rius en pedacitos (Almadía) y Mis confusiones. Memorias desmemoriadas (Grijalbo).
-Rius para principiantes se inicia con un óleo que pintó para la exposición De San Garabato al Callejón del Cuajo, que se llama «El último desayuno», una parodia de La última cena, que está construida con todos sus personajes.
-Toda una sala está dedicada a las revistas Los agachados y Los Supermachos, esta última considerada la primera gran historieta exitosa que tiene un contenido político explícito: llegó a tener un tiraje de 250 mil ejemplares semanales.
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lunes, julio 28, 2014
Fotografía / Entrevista a Graciela Iturbide
.
El próximo jueves recibirá la artista un reconocimiento del INBA por sus 45 años de trayectoria. (Foto: Javier Cruz)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de julio de 2014. (RanchoNEWS).-«Nunca he tomado una imagen con un teléfono», dice la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (México, 1942), al ser entrevistada por MILENIO antes de que el Instituto Nacional de Bellas Artes le brinde reconocimiento por sus 45 años de trayectoria, en ceremonia que se realizará el jueves 31 de julio, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 19:00 horas. Una entrevista de Emiliano Balerini Casal para Milenio:
«La fotografía es democrática. Siempre ha habido fotógrafos en las casas, álbumes de familia, fotos colgadas en la pared. Ahora la digitalización ha hecho que la mayoría de la gente tome fotografías con su celular. Todo es válido mientras el resultado sea bueno. Yo sigo con la fotografía análoga porque me gusta ese ritual», explica quien fuera asistente de Manuel Álvarez Bravo entre 1970 y 1971.
Actualmente se vive entre muchas imágenes, buenas fotos, que incluso llevan a esta artista a pensar en el miedo que le da ser fotógrafa, pues suele decirse: «Cuando los jóvenes me presentan trabajos muy buenos generalmente me deprimo y me pregunto: ¿por qué soy fotógrafa? Tanta imagen me aturde un poco». De ahí a que esta forma de capturar imágenes con los celulares se convierta en una expresión artística hay un gran paso: «Depende de la persona que esté detrás del celular y la cámara. No creo que esa gente quiera convertirse en artista; habrá quien sí lo haga, todo puede ser arte, eso depende de los críticos», argumenta quien alguna vez hiciera una película sobre José Luis Cuevas.
La plática con la artista se realiza en su casa. Es un lugar lleno de libros y dibujos de sus nietos, así como imágenes que retratan la trayectoria de esta mujer en distintos países de América, Europa y Asia. Iturbide selecciona imágenes que tomó en Panamá durante la época del general Omar Torrijos; la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano la ha invitado a presentarlas próximamente. Esas fotografías no han sido presentadas en México, y ahora comparte con MILENIO algunas de ellas.
Usted suele decir que la cámara es un pretexto para conocer el mundo y a uno mismo.
Siempre hago las fotos en complicidad con la gente. Lo que es muy bonito es como las personas te cuentan historias, te llevan a festividades. Cuando estoy con la cámara me fijo más en lo que veo. Ahora tomo más objetos y paisajes, pero lo que aprendí en 1979 con los seris, en Sonora, y con las mujeres de Juchitán, en Oaxaca es inolvidable, porque, además, son pueblos opuestos entre sí.
En una entrevista que le hizo Cristina Pacheco usted dijo que la fotografía es su terapia. ¿A qué se refiere?
Para mí el trabajo es terapia. Si estuviera sin hacer nada me muero. Me encanta estar con la cámara. Uno de mis primeros trabajos fue fotografiar al general Omar Torrijos. De él aprendí su sensibilidad. Lo conocí cuando estaba negociando el traspaso del Canal de Panamá; estuve también con él en Washington. Les aprendí a él, a sus ministros y a su pueblo; aprendí de las culturas indígenas de Panamá: los guaymíes, los cunas, los chocoes; aprendí del trato que Torrijos tenía con los campesinos.
¿Cómo era Omar Torrijos?
Era un hombre inteligente, sin mucha cultura, pero que quería ser culto. Era una persona un poco ingenua. Graham Greene escribió el libro El general sobre Torrijos. Cuando vi a Greene en Francia me comentó que Torrijos era el único hombre del que se había enamorado. Supongo que enamorado del alma, porque era una persona genuina, decía lo que pensaba, se escapaba de la guardia y se iba a otra casa para que no supieran donde estaba. Estuve en sus casas: en Farallón, en la casa con su esposa Raquel y sus hijos, así como en otra más. Tuve la fortuna de estar muy cerca de su familia, de él y de Chuchu, uno de sus asistentes.
«Tuve la oportunidad de conocer a la derecha y a la izquierda panameña. A Torrijos lo apoyó Rory González, una gente de dinero, que ayudó a tirar a un presidente, para poner a Omar. Torrijos estaba comprometido con la derecha y con la izquierda, pero él me solía decir que no tenía confianza en nadie. La historia de Panamá fue muy interesante. Mis fotos no son muy buenas, pero que Gabriel García Márquez me haya regalado un texto para hacer un libro sobre esa experiencia fue increíble».
¿Le tocó convivir con Torrijos cuando estaba negociando con Estados Unidos el traspaso del Canal de Panamá?
Sí. Cuando yo estaba en París, él pasó de visita con su equipo, y como a mí me interesaba fotografiarlo me acerqué a su comitiva. En ese momento le llamó el presidente estadunidense James Carter preguntándole si se podían ver. Nosotros tomamos el Concorde para llegar a la Casa Blanca rápidamente, pero ahí Omar me dijo: «Graciela, como tú eres medio hippie necesito que vayas con mi secretaria a comprarme un suéter, para presentarme con Carter de manera sencilla». Fuimos a Londres y le compré el suéter de casimir más hermoso que he visto en mi vida, y si bien no se lo puso para ir a la Casa Blanca, sí lo usó en el aeropuerto.
¿Cómo surgió la posibilidad de viajar a Panamá?
El Partido Comunista Mexicano (PCM) me invitó a una reunión por la paz. Ahí conocí al ministro Carlos Calzadilla, quien me dijo si quería ir a Panamá a fotografiar el país centroamericano, para hacer un libro. Estando allá, Calzadilla me comentó que Torrijos iba a ir con los guaymíes y que si a mí me gustaría acompañarlos. Yo le respondí que sí; en el lugar, el general me preguntó de qué canal de televisión era, pero cuando le respondí que venía de México, me invitó a ir a Farallón con toda su gente y me empezó a contar sus historias.
Trayectoria artística
En el libro Graciela Iturbide, el crítico de arte Cuauhtémoc Medina dice que su trabajo ha sido calificado equivocadamente como realismo mágico, porque usted utiliza la cámara como un instrumento catártico… ¿Podría hablarnos de la relación que tiene con la cámara?
Para mí la cámara es el pretexto para conocer. Cuando he expuesto en Francia, siempre me califican como artista que hace realismo mágico. Pero esa es una palabra que inventaron los franceses para hacer el boom latinoamericano y decir que hay una mirada similar en todas las actividades artísticas. Hace poco, en el festival de Artes les dije que esto no era cierto, que si hay muchas diferencias entre Juchitán y Sonora, como no las va a haber entre Costa Rica y Argentina o Paraguay y El Salvador. Los franceses inventaron esta idea para su provecho, porque si se analiza en la actualidad a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Juan Rulfo se darán cuenta de que no tienen nada que ver.
La directora del Jeu de Paume de París, Marta Gili, escribió que en sus imágenes abunda el tiempo, y que fue Manuel Álvarez Bravo el que le heredó la poética de la paciencia. ¿Es así?
Sí. A Marta Gili la conozco bien; cuando conocí a Álvarez Bravo y empecé a trabajar con él, siempre me decía: «Graciela, hay tiempo, no se apresure a exponer». Incluso en su laboratorio había un papel que decía: «Hay tiempo, hay tiempo». Cuando yo llevaba a los fotógrafos de la Agencia Magnum que lo querían visitar y veían un perro y lo fotografiaban, Manuel me preguntaba: «Graciela ¿por qué fotografían tanta porquería?». Él solo tomaba dos negativos. No sé si heredé esa tranquilidad o no. Yo estoy estresada porque tengo mucho trabajo. Pero valoraría tener el tiempo que Manuel se tomaba para fotografiar sábados y domingos. En la editorial del Salón de la Plástica Mexicana trabajaba por la mañana reproduciendo lienzos del Dr. Atl y de otros artistas, y por la tarde se ponía a escuchar a Johann Sebastian Bach —que a él le encantaba— y a otros. Era prudente y respetuoso. Jamás hacía más de cuatro fotos.
¿Esa tranquilidad de la que habla se contrapone con la velocidad de la tecnología?
Totalmente. Actualmente, en el momento en que toman una foto la suben inmediatamente a las redes sociales. A Álvarez Bravo sí le gustaban las cámaras modernas, pero nunca llegó a lo digital. Me hubiera gustado saber qué hubiera hecho él al respecto. No hubiera tomado tantas fotos, pero creo que le hubiera gustado tener una cámara moderna. Le gustaban todas las cosas nuevas que salían. Me encanta el tiempo de él.
¿Las mayores enseñanzas que él le dejó fueron la tranquilidad y la paciencia?
Para mí Álvarez Bravo no fue un profesor, sino un maestro en la vida más que en la fotografía. Me enseñó más con su parte poética, con sus reflexiones, con su colección de arte popular, con lo que leía. Nunca me dijo si mis fotos eran buenas o malas. Él me cambió la vida.
2014
Será reconocida por el INBA por sus 45 años de trayectoria
2013
Premio Trayectoria Artística. Festival of Photography, Dhaka.
2010
Premio PhotoEspaña
2008
Premio de la Fundación Hasselblad. Gotemburgo, Suecia.
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El próximo jueves recibirá la artista un reconocimiento del INBA por sus 45 años de trayectoria. (Foto: Javier Cruz)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de julio de 2014. (RanchoNEWS).-«Nunca he tomado una imagen con un teléfono», dice la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide (México, 1942), al ser entrevistada por MILENIO antes de que el Instituto Nacional de Bellas Artes le brinde reconocimiento por sus 45 años de trayectoria, en ceremonia que se realizará el jueves 31 de julio, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes a las 19:00 horas. Una entrevista de Emiliano Balerini Casal para Milenio:
«La fotografía es democrática. Siempre ha habido fotógrafos en las casas, álbumes de familia, fotos colgadas en la pared. Ahora la digitalización ha hecho que la mayoría de la gente tome fotografías con su celular. Todo es válido mientras el resultado sea bueno. Yo sigo con la fotografía análoga porque me gusta ese ritual», explica quien fuera asistente de Manuel Álvarez Bravo entre 1970 y 1971.
Actualmente se vive entre muchas imágenes, buenas fotos, que incluso llevan a esta artista a pensar en el miedo que le da ser fotógrafa, pues suele decirse: «Cuando los jóvenes me presentan trabajos muy buenos generalmente me deprimo y me pregunto: ¿por qué soy fotógrafa? Tanta imagen me aturde un poco». De ahí a que esta forma de capturar imágenes con los celulares se convierta en una expresión artística hay un gran paso: «Depende de la persona que esté detrás del celular y la cámara. No creo que esa gente quiera convertirse en artista; habrá quien sí lo haga, todo puede ser arte, eso depende de los críticos», argumenta quien alguna vez hiciera una película sobre José Luis Cuevas.
La plática con la artista se realiza en su casa. Es un lugar lleno de libros y dibujos de sus nietos, así como imágenes que retratan la trayectoria de esta mujer en distintos países de América, Europa y Asia. Iturbide selecciona imágenes que tomó en Panamá durante la época del general Omar Torrijos; la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano la ha invitado a presentarlas próximamente. Esas fotografías no han sido presentadas en México, y ahora comparte con MILENIO algunas de ellas.
Usted suele decir que la cámara es un pretexto para conocer el mundo y a uno mismo.
Siempre hago las fotos en complicidad con la gente. Lo que es muy bonito es como las personas te cuentan historias, te llevan a festividades. Cuando estoy con la cámara me fijo más en lo que veo. Ahora tomo más objetos y paisajes, pero lo que aprendí en 1979 con los seris, en Sonora, y con las mujeres de Juchitán, en Oaxaca es inolvidable, porque, además, son pueblos opuestos entre sí.
En una entrevista que le hizo Cristina Pacheco usted dijo que la fotografía es su terapia. ¿A qué se refiere?
Para mí el trabajo es terapia. Si estuviera sin hacer nada me muero. Me encanta estar con la cámara. Uno de mis primeros trabajos fue fotografiar al general Omar Torrijos. De él aprendí su sensibilidad. Lo conocí cuando estaba negociando el traspaso del Canal de Panamá; estuve también con él en Washington. Les aprendí a él, a sus ministros y a su pueblo; aprendí de las culturas indígenas de Panamá: los guaymíes, los cunas, los chocoes; aprendí del trato que Torrijos tenía con los campesinos.
¿Cómo era Omar Torrijos?
Era un hombre inteligente, sin mucha cultura, pero que quería ser culto. Era una persona un poco ingenua. Graham Greene escribió el libro El general sobre Torrijos. Cuando vi a Greene en Francia me comentó que Torrijos era el único hombre del que se había enamorado. Supongo que enamorado del alma, porque era una persona genuina, decía lo que pensaba, se escapaba de la guardia y se iba a otra casa para que no supieran donde estaba. Estuve en sus casas: en Farallón, en la casa con su esposa Raquel y sus hijos, así como en otra más. Tuve la fortuna de estar muy cerca de su familia, de él y de Chuchu, uno de sus asistentes.
«Tuve la oportunidad de conocer a la derecha y a la izquierda panameña. A Torrijos lo apoyó Rory González, una gente de dinero, que ayudó a tirar a un presidente, para poner a Omar. Torrijos estaba comprometido con la derecha y con la izquierda, pero él me solía decir que no tenía confianza en nadie. La historia de Panamá fue muy interesante. Mis fotos no son muy buenas, pero que Gabriel García Márquez me haya regalado un texto para hacer un libro sobre esa experiencia fue increíble».
¿Le tocó convivir con Torrijos cuando estaba negociando con Estados Unidos el traspaso del Canal de Panamá?
Sí. Cuando yo estaba en París, él pasó de visita con su equipo, y como a mí me interesaba fotografiarlo me acerqué a su comitiva. En ese momento le llamó el presidente estadunidense James Carter preguntándole si se podían ver. Nosotros tomamos el Concorde para llegar a la Casa Blanca rápidamente, pero ahí Omar me dijo: «Graciela, como tú eres medio hippie necesito que vayas con mi secretaria a comprarme un suéter, para presentarme con Carter de manera sencilla». Fuimos a Londres y le compré el suéter de casimir más hermoso que he visto en mi vida, y si bien no se lo puso para ir a la Casa Blanca, sí lo usó en el aeropuerto.
¿Cómo surgió la posibilidad de viajar a Panamá?
El Partido Comunista Mexicano (PCM) me invitó a una reunión por la paz. Ahí conocí al ministro Carlos Calzadilla, quien me dijo si quería ir a Panamá a fotografiar el país centroamericano, para hacer un libro. Estando allá, Calzadilla me comentó que Torrijos iba a ir con los guaymíes y que si a mí me gustaría acompañarlos. Yo le respondí que sí; en el lugar, el general me preguntó de qué canal de televisión era, pero cuando le respondí que venía de México, me invitó a ir a Farallón con toda su gente y me empezó a contar sus historias.
Trayectoria artística
En el libro Graciela Iturbide, el crítico de arte Cuauhtémoc Medina dice que su trabajo ha sido calificado equivocadamente como realismo mágico, porque usted utiliza la cámara como un instrumento catártico… ¿Podría hablarnos de la relación que tiene con la cámara?
Para mí la cámara es el pretexto para conocer. Cuando he expuesto en Francia, siempre me califican como artista que hace realismo mágico. Pero esa es una palabra que inventaron los franceses para hacer el boom latinoamericano y decir que hay una mirada similar en todas las actividades artísticas. Hace poco, en el festival de Artes les dije que esto no era cierto, que si hay muchas diferencias entre Juchitán y Sonora, como no las va a haber entre Costa Rica y Argentina o Paraguay y El Salvador. Los franceses inventaron esta idea para su provecho, porque si se analiza en la actualidad a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Juan Rulfo se darán cuenta de que no tienen nada que ver.
La directora del Jeu de Paume de París, Marta Gili, escribió que en sus imágenes abunda el tiempo, y que fue Manuel Álvarez Bravo el que le heredó la poética de la paciencia. ¿Es así?
Sí. A Marta Gili la conozco bien; cuando conocí a Álvarez Bravo y empecé a trabajar con él, siempre me decía: «Graciela, hay tiempo, no se apresure a exponer». Incluso en su laboratorio había un papel que decía: «Hay tiempo, hay tiempo». Cuando yo llevaba a los fotógrafos de la Agencia Magnum que lo querían visitar y veían un perro y lo fotografiaban, Manuel me preguntaba: «Graciela ¿por qué fotografían tanta porquería?». Él solo tomaba dos negativos. No sé si heredé esa tranquilidad o no. Yo estoy estresada porque tengo mucho trabajo. Pero valoraría tener el tiempo que Manuel se tomaba para fotografiar sábados y domingos. En la editorial del Salón de la Plástica Mexicana trabajaba por la mañana reproduciendo lienzos del Dr. Atl y de otros artistas, y por la tarde se ponía a escuchar a Johann Sebastian Bach —que a él le encantaba— y a otros. Era prudente y respetuoso. Jamás hacía más de cuatro fotos.
¿Esa tranquilidad de la que habla se contrapone con la velocidad de la tecnología?
Totalmente. Actualmente, en el momento en que toman una foto la suben inmediatamente a las redes sociales. A Álvarez Bravo sí le gustaban las cámaras modernas, pero nunca llegó a lo digital. Me hubiera gustado saber qué hubiera hecho él al respecto. No hubiera tomado tantas fotos, pero creo que le hubiera gustado tener una cámara moderna. Le gustaban todas las cosas nuevas que salían. Me encanta el tiempo de él.
¿Las mayores enseñanzas que él le dejó fueron la tranquilidad y la paciencia?
Para mí Álvarez Bravo no fue un profesor, sino un maestro en la vida más que en la fotografía. Me enseñó más con su parte poética, con sus reflexiones, con su colección de arte popular, con lo que leía. Nunca me dijo si mis fotos eran buenas o malas. Él me cambió la vida.
2014
Será reconocida por el INBA por sus 45 años de trayectoria
2013
Premio Trayectoria Artística. Festival of Photography, Dhaka.
2010
Premio PhotoEspaña
2008
Premio de la Fundación Hasselblad. Gotemburgo, Suecia.
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sábado, julio 26, 2014
Teatro / Ciudad Juárez: Gana Telón de Arena con «Nini» el primer lugar del XXXII Festival de Teatro de la Ciudad
.
Emblema del evento. (Foto: RanchoNEWS)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- La compañía Telón de Arena obtuvo el primer lugar del XXXII Festival de Teatro de la Ciudad por su escenificación de Nini de Olmo de Ita con la dirección de César Cabrera.
El segundo lugar correspondió a la compañía Candilejas del Desierto que montó Vientre de rosas y hormigas, de autoría colectiva, dirigida por Virginia Ordóñez.
El tercer lugar fue asignado a la obra Atari de Ríos Cantú de la compañía Tercera Llamada y dirigida por Jesús Méndez.
Mayra Estela Chávez de Nora Teatro, que presentó en un monólogo una adaptación de Caín Saramago, obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz, en tanto que Christian Valenzuela fue el mejor actor en su papel de Iracheta en la obra de Pilo Galindo Bubble Gum de la compañía Taller de Teatro 1939.
.
Aspecto de la representación de Root beer. (Foto: RanchoNEWS)
Se le dio una mención honorífica como revelación a la compañía Catarsis Teatro por la obra Root beer, de Pilo Galindo.
El jurado fue integrado por el director escénico Jorge González Medrano, el productor Carlos Puente y el delegado de la ANDA, Joel Pérez.
Previamente, fue presentada la obra Este título fue acribillado, de la compañía teatral Hybris, fuera de competencia.
Leer reseñas
Teatro / Ciudad Juárez: «Caín» de Saramago en un monólogo de Nora Teatro
Teatro / Ciudad Juárez: Candilejas del Desierto presenta «Vientre de Rosas y Hormigas»
Teatro / Ciudad Juárez: Tercera Llamada y su versión de «Atari» de Ríos Cantú
Teatro / Ciudad Juárez: Telón de Arena y su «Nini» de Olmos de Ita
Teatro / Ciudad Juárez: Taller de Teatro 1939 escenifica «Bubble Gum» de Pilo Galindo
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Emblema del evento. (Foto: RanchoNEWS)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de julio de 2014. (RanchoNEWS).- La compañía Telón de Arena obtuvo el primer lugar del XXXII Festival de Teatro de la Ciudad por su escenificación de Nini de Olmo de Ita con la dirección de César Cabrera.
El segundo lugar correspondió a la compañía Candilejas del Desierto que montó Vientre de rosas y hormigas, de autoría colectiva, dirigida por Virginia Ordóñez.
El tercer lugar fue asignado a la obra Atari de Ríos Cantú de la compañía Tercera Llamada y dirigida por Jesús Méndez.
Mayra Estela Chávez de Nora Teatro, que presentó en un monólogo una adaptación de Caín Saramago, obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz, en tanto que Christian Valenzuela fue el mejor actor en su papel de Iracheta en la obra de Pilo Galindo Bubble Gum de la compañía Taller de Teatro 1939.
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Aspecto de la representación de Root beer. (Foto: RanchoNEWS)
Se le dio una mención honorífica como revelación a la compañía Catarsis Teatro por la obra Root beer, de Pilo Galindo.
El jurado fue integrado por el director escénico Jorge González Medrano, el productor Carlos Puente y el delegado de la ANDA, Joel Pérez.
Previamente, fue presentada la obra Este título fue acribillado, de la compañía teatral Hybris, fuera de competencia.
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