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El fotógrafo , ante una imagen de Marilyn Monroe. (Foto: Neilson Bernard)
C
iudad Juárez, Chihuahua. 28 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Conocido mundialmente por fotografiar a Marilyn Monroe seis semanas antes de su muerte, Bert Stern falleció este miércoles en su casa en Manhattan, Nueva York, a los 83 años. La noticia la confirmaba la directora de cine Shannah Laumeister, de 43 años, quien ha revelado que se casó con el fotógrafo en 2009 y que por motivos de privacidad lo mantuvieron en secreto, según ha informado AP. Laumeister ha declarado que Stern había pasado unos días en el hospital por sentirse mal pero regresó a casa «porque los médicos no encontraron nada». Una nota de Carolina García para El País:
En 1962, Stern tuvo la oportunidad de hacer miles de fotografías a Marilyn Monroe en el hotel Bel Air de Los Ángeles, un reportaje que incluía fotos de la actriz desnuda y semidesnuda y que fue encargado por la revista Vogue poco tiempo antes de que la estrella muriera de una sobredosis en esta ciudad. De las más de 2.500 imágenes que salieron de aquella sesión, incluyendo algunas que la propia Monroe censuró, una parte fue publicada en 1982 en el libro The Last Sitting. El resto fue lanzado en el año 2000 y se tituló: Marilyn Monroe: The Complete Last Sitting. En un documental elaborado por Shannah Laumesteir sobre el fotógrafo (Bert Stern: Original Mad man), Stern contaba: «Tener a Marilyn Monroe en la habitación de un hotel solo pasa una vez en la vida, aunque la habitación esté convertida en un estudio».
«Siempre será recordado como alguien que amó a las mujeres y que amó hacer fotos y sentir de una manera intensa las cosas que se ponían frente a su cámara. Sus imágenes vivirán para siempre. Las de Monroe van más allá de la simple fotografía, es arte», ha añadido Laumeister.
Además, Stern fotografió durante su carrera a estrellas como Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor y Truman Capote, elaboró campañas. «Era un fotógrafo innovador, tanto en el sector comercial como con modelos y famosos. Era uno de los mejores», ha dicho Bruce Barnes, director del Museo de Fotografía y Cine George Eastman House (Rochester, Nueva York), en el cual se iba a presentar el único documental elaborado por Stern al final de la década de los cincuenta sobre Festival de Jazz de Newport: Jazz on a Summer's Day, según informa The Huffington Post.
Nacido en Brooklyn, Stern formó parte de una generación de fotógrafos - entre los que estaba Irving Penn y Richard Avedon- que fueron conocidos por sus imágenes depuradas y seductoras. «Aunque él no era tan conocido, encaja en este grupo que revolucionó la manera de fotografiar a los famosos», ha dicho Jessica Johnson, trabajadora del George Eastman House.
El funeral está programado para este viernes en la capilla Frank E. Campbell de Nueva York.
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jueves, junio 27, 2013
Literatura / España: Francisco Porrúa, el editor de «Rayuela» y otros libros que cambiaron la literatura
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El editor. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Celebrar el medio siglo de la publicación de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que cambió entre otras cosas el lugar del lector en este mundo, y no mencionar a Francisco Porrúa, sería tanto una injusticia como perder una oportunidad para hablar del editor que, haciendo lo que él considera sólo su labor, transformó para siempre el panorama de la Literatura. Una nota de Mariángeles Fernández para El País:
Francisco Porrúa, Paco Porrúa, el gallego de Corcubión que el azar y la necesidad llevaron a la Patagonia argentina en 1924 porque su padre, marino mercante, había solicitado un puesto en tierra para poder estar más tiempo con su mujer. La familia recaló en Comodoro Rivadavia cuando Porrúa no había cumplido aún los dos años (nació en 1922) y allí, en un lugar que según su expresión entonces «era el Far West», se instalaron en una casa a las faldas del cerro Chenque, accidente geográfico propio de la meseta patagónica en ese lugar de la provincia del Chubut que acaba en el mar, y cuyo nombre remite a la presencia en la zona de los primitivos pehuenches.
Es un editor que no ha escrito sus memorias, y bien que podría –o debería–, porque por sus manos ha pasado la literatura del siglo XX que anticipó la modernidad todavía vigente en el XXI.
El escritor argentino Marcelo Cohen hacía mucho que me había animado a escribirle, si es que yo quería seriamente seguir investigando sobre la vida y la obra de Cortázar, para que me contara su experiencia como editor, ya que se prodigaba muy poco y era difícil encontrar datos. Él por supuesto había conseguido entrevistar a su amigo y admirado editor en Buenos Aires, en abril de 2003, y, en noviembre del mismo año, la Feria del Libro de Guadalajara (México) le hizo un homenaje del que Rodrigo Fresán escribió una crónica entrañable, y pocas cosas más había publicadas sobre él.
Por suerte, en marzo de 2004 la Universidad de Cádiz logró que Porrúa participara en una mesa redonda titulada En la Rayuela con Jean Andreu, Mario Muchnik y Nieves Vázquez, la organizadora del ya mítico encuentro «Veinte años sin Julio Cortázar». Después de aquel homenaje pensé que no tenía que demorar más el mandato de Marcelo Cohen y así fue como le pedí una cita y un sábado de finales de septiembre de 2004 Porrúa me recibió en su casa de Barcelona.
Recuerdo aquella tarde en la terraza con vistas a las copas de los árboles del Parque de la Ciudadela como un viaje en el tiempo donde Porrúa evocó al niño para quien el universo estaba en torno a una casa respaldada por el cerro Chenque y donde el camino, la playa y el mar fueron en su infancia «una especie de revelación de la inmensidad». «Yo era muy feliz», confesó, y a la vez recordó el llanto de su madre porque echaba de menos los paseos con sus amigas por la orilla de la ría –como símbolo de todo lo perdido–. Yo también pensé en las lágrimas de mi madre por lo mismo, por haber dejado a su familia en su pueblo abulense rodeado de pinares tras la aventura de embarcarnos para ir a hacer la América también a la Patagonia, aunque un poco más al Norte, en la provincia del Río Negro.
En aquella conversación –me contó algunas cosas que yo le prometí guardar solo para mí, y eso hago– recordó los dos años y medio que estuvieron en España en tiempos de la República para que su madre se repusiera de una enfermedad cerca de su familia.
«España me pareció un lugar muy ameno» –dice–. «Quizá la ausencia de padre ayudaba a que yo me sintiera un poco más libre, pero volví a Comodoro (Rivadavia) y yo sentía que esa era mi tierra». En aquel lugar, donde nacieron también sus tres hermanos, la morriña no era privativa de los gallegos sino de todos los inmigrantes que poblaron la ciudad que en su infancia era sobre todo un campamento petrolero que atraía trabajadores de todos los confines.
Después, a los 18 años, hizo su propia emigración de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires (a 1.471 kilómetros) para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras donde hizo un camino que lo llevó a fundar la editorial Minotauro en 1954, lo que supuso su desdoblamiento en Luis Domènech, Ricardo Gosseyn, Francisco Abelenda o F. A., pseudónimos con los que se ocupó de traducir a los mejores autores de ciencia ficción que publicó después de su primer título, Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, con un prólogo de Jorge Luis Borges en el que se preguntaba qué había hecho ese hombre de Illinois para que episodios de la conquista de otro planeta «me pueblen de terror y de soledad».
Luego vino su salto a Sudamericana en 1958, de la mano de Jorge López Llovet, hijo del director Antonio López Llausás. Entonces fue cuando encontró, arrumbado en los sótanos, Bestiario, el primer libro de Julio Cortázar, publicado en 1951 justo antes de que se marchara definitivamente a Europa.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro «arrojó la suma de doce pesos». A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
Y entonces, en 1960, cuando le publica la novela Los premios Cortázar ya empieza a hablarle de que está escribiendo un libro muy diferente, una obra insólita, «que sobre todo sorprenderá a los editores».
Cuando por fin Cortázar termina Rayuela hablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era «una editorial poco formal todavía para Rayuela». Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
En este punto Porrúa modula el grave tono de su voz para recordar con entusiasmo que la publicación de Rayuela, que lo había dejado «bastante desasosegado» cuando terminó de leer por primera vez el manuscrito, provocó «algo curioso, algo que ocurre a los editores, y es que el catálogo es el que hace al editor».
Lo que sucedió fue que «entonces Sudamericana no parecía apta para Rayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas» y en su opinión «la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo».
La afirmación de Porrúa se puede corroborar simplemente repasando la solapa de la primera edición de Rayuela, donde aparece una lista de otras publicaciones de Sudamericana.
Junto a las tres obras de Cortázar (Bestiario, Las armas secretas y Los premios) en orden alfabético aparecen, como un corte sociológico, Sebastián J. Arbó, Francisco Ayala, Leónidas Barletta, Silvina Bullrich, Estela Canto, Arturo Cerretani, Attilio Dabini, M. de la Sota, V. Fernando, Manuel Gálvez, Sara Gallardo, Carmen Gándara, Alberto Gerchunoff, M. Lancelotti, Norah Lange, Enrique Larreta, Luis M. Lozzia, Eduardo Mallea, León Mirlas, Juan Carlos Onetti (La vida breve), Bernardo Verbistky, Elvira Orphée, Pepita Serrador, Leopoldo Marechal (Adán Buenosayres), Conrado Nalé Roxlo y Richard Wright.
Pasados los preceptivos cincuenta años que diría Jorge Luis Borges para considerar que un libro ha sobrevivido, a efectos del catálogo no está mal la pléyade reunida por el editor hasta entonces aunque él todavía defiende la idea de que Roberto Calasso «es el editor más grande» porque «Adelphi es una colección que la puedes comprar toda». No acepta los halagos que le prodigo en cuanto a su papel decisivo del editor que con su sensibilidad contribuye a transformar toda una época. «Yo estoy absolutamente convencido de que no soy el hacedor de nada» –me contradice. «Yo tengo historias que parecen anécdotas de lo sobrenatural sobre cómo he recibido algunos libros» –agrega para tratar de convencerme y entonces habla de cómo llegó a sus manos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, porque vio en el manuscrito de Los nuestros, que le proponía Luis Harss vio en un capítulo «un nombre desconocido entre toda esa fila de héroes» y quiso leer algo suyo.
Para minimizar la idea de su importancia como editor, cuenta que algo similar le ocurrió con El señor de los anillos, ya que supo que habían quedado libres los derechos de esa obra de Tolkien que tenía entonces Jacobo Muchnik en Fabril Editores y decidió publicarlo.
«Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también» –replica cuando le señalo la humildad con la que habla de decisiones como esa que luego le permitió vender la editorial Minotauro y retirarse, o haber publicado Rayuela o Cien años de soledad.
«No es humildad, es realismo, es comprender lo que ocurre» –dice– y trae a colación la frase «las cosas no se hacen, pasan» para recordarme que eso está presente «en toda la literatura kármica, oriental, en muchos europeos occientales, la corriente del determinismo».
Y aunque como él mismo afirma «no se puede decir de ningún modo que soy el que era hace treinta o cuarenta años» Francisco Porrúa es, sobre todo, el hombre cuya primera reacción después de leer Rayuela fue decirle a Cortázar «Tengo ganas de tirarte el libro a la cabeza». Justamente lo que esperaba de su editor hace ahora cincuenta años el autor del libro que a tantos nos ha cambiado la vida e incluso a muchos se la ha salvado.
* Mariángeles Fernández participará el viernes 28 de junio en el homenaje a Cortázar en el Centro de Arte Moderno de Madrid. (calle Galileo 52 / 20 horas)
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El editor. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Celebrar el medio siglo de la publicación de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que cambió entre otras cosas el lugar del lector en este mundo, y no mencionar a Francisco Porrúa, sería tanto una injusticia como perder una oportunidad para hablar del editor que, haciendo lo que él considera sólo su labor, transformó para siempre el panorama de la Literatura. Una nota de Mariángeles Fernández para El País:
Francisco Porrúa, Paco Porrúa, el gallego de Corcubión que el azar y la necesidad llevaron a la Patagonia argentina en 1924 porque su padre, marino mercante, había solicitado un puesto en tierra para poder estar más tiempo con su mujer. La familia recaló en Comodoro Rivadavia cuando Porrúa no había cumplido aún los dos años (nació en 1922) y allí, en un lugar que según su expresión entonces «era el Far West», se instalaron en una casa a las faldas del cerro Chenque, accidente geográfico propio de la meseta patagónica en ese lugar de la provincia del Chubut que acaba en el mar, y cuyo nombre remite a la presencia en la zona de los primitivos pehuenches.
Es un editor que no ha escrito sus memorias, y bien que podría –o debería–, porque por sus manos ha pasado la literatura del siglo XX que anticipó la modernidad todavía vigente en el XXI.
El escritor argentino Marcelo Cohen hacía mucho que me había animado a escribirle, si es que yo quería seriamente seguir investigando sobre la vida y la obra de Cortázar, para que me contara su experiencia como editor, ya que se prodigaba muy poco y era difícil encontrar datos. Él por supuesto había conseguido entrevistar a su amigo y admirado editor en Buenos Aires, en abril de 2003, y, en noviembre del mismo año, la Feria del Libro de Guadalajara (México) le hizo un homenaje del que Rodrigo Fresán escribió una crónica entrañable, y pocas cosas más había publicadas sobre él.
Por suerte, en marzo de 2004 la Universidad de Cádiz logró que Porrúa participara en una mesa redonda titulada En la Rayuela con Jean Andreu, Mario Muchnik y Nieves Vázquez, la organizadora del ya mítico encuentro «Veinte años sin Julio Cortázar». Después de aquel homenaje pensé que no tenía que demorar más el mandato de Marcelo Cohen y así fue como le pedí una cita y un sábado de finales de septiembre de 2004 Porrúa me recibió en su casa de Barcelona.
Recuerdo aquella tarde en la terraza con vistas a las copas de los árboles del Parque de la Ciudadela como un viaje en el tiempo donde Porrúa evocó al niño para quien el universo estaba en torno a una casa respaldada por el cerro Chenque y donde el camino, la playa y el mar fueron en su infancia «una especie de revelación de la inmensidad». «Yo era muy feliz», confesó, y a la vez recordó el llanto de su madre porque echaba de menos los paseos con sus amigas por la orilla de la ría –como símbolo de todo lo perdido–. Yo también pensé en las lágrimas de mi madre por lo mismo, por haber dejado a su familia en su pueblo abulense rodeado de pinares tras la aventura de embarcarnos para ir a hacer la América también a la Patagonia, aunque un poco más al Norte, en la provincia del Río Negro.
En aquella conversación –me contó algunas cosas que yo le prometí guardar solo para mí, y eso hago– recordó los dos años y medio que estuvieron en España en tiempos de la República para que su madre se repusiera de una enfermedad cerca de su familia.
«España me pareció un lugar muy ameno» –dice–. «Quizá la ausencia de padre ayudaba a que yo me sintiera un poco más libre, pero volví a Comodoro (Rivadavia) y yo sentía que esa era mi tierra». En aquel lugar, donde nacieron también sus tres hermanos, la morriña no era privativa de los gallegos sino de todos los inmigrantes que poblaron la ciudad que en su infancia era sobre todo un campamento petrolero que atraía trabajadores de todos los confines.
Después, a los 18 años, hizo su propia emigración de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires (a 1.471 kilómetros) para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras donde hizo un camino que lo llevó a fundar la editorial Minotauro en 1954, lo que supuso su desdoblamiento en Luis Domènech, Ricardo Gosseyn, Francisco Abelenda o F. A., pseudónimos con los que se ocupó de traducir a los mejores autores de ciencia ficción que publicó después de su primer título, Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, con un prólogo de Jorge Luis Borges en el que se preguntaba qué había hecho ese hombre de Illinois para que episodios de la conquista de otro planeta «me pueblen de terror y de soledad».
Luego vino su salto a Sudamericana en 1958, de la mano de Jorge López Llovet, hijo del director Antonio López Llausás. Entonces fue cuando encontró, arrumbado en los sótanos, Bestiario, el primer libro de Julio Cortázar, publicado en 1951 justo antes de que se marchara definitivamente a Europa.
En enero de 1955 Cortázar le cuenta a un amigo que la última liquidación semestral del libro «arrojó la suma de doce pesos». A pesar de aquel desalentador resultado económico, Porrúa tuvo claro que quería apostar por un autor que había continuado escribiendo cuentos como los reunidos en un volumen titulado Final del juego que se publicó en 1956 en México o Las armas secretas, en 1959, en Sudamericana.
Y entonces, en 1960, cuando le publica la novela Los premios Cortázar ya empieza a hablarle de que está escribiendo un libro muy diferente, una obra insólita, «que sobre todo sorprenderá a los editores».
Cuando por fin Cortázar termina Rayuela hablaron de la edición y Porrúa dice que si bien estaba publicando todo en Sudamericana, Cortázar tenía la impresión de que era «una editorial poco formal todavía para Rayuela». Después de intercambiar varias cartas sobre el tema (que lamentablemente no se han conservado), Cortázar decide que la novela sea para la editorial.
En este punto Porrúa modula el grave tono de su voz para recordar con entusiasmo que la publicación de Rayuela, que lo había dejado «bastante desasosegado» cuando terminó de leer por primera vez el manuscrito, provocó «algo curioso, algo que ocurre a los editores, y es que el catálogo es el que hace al editor».
Lo que sucedió fue que «entonces Sudamericana no parecía apta para Rayuela, pero Rayuela la hace apta para otras cosas» y en su opinión «la introducción de una obra que parece ajena al catálogo, cambia el carácter del catálogo».
La afirmación de Porrúa se puede corroborar simplemente repasando la solapa de la primera edición de Rayuela, donde aparece una lista de otras publicaciones de Sudamericana.
Junto a las tres obras de Cortázar (Bestiario, Las armas secretas y Los premios) en orden alfabético aparecen, como un corte sociológico, Sebastián J. Arbó, Francisco Ayala, Leónidas Barletta, Silvina Bullrich, Estela Canto, Arturo Cerretani, Attilio Dabini, M. de la Sota, V. Fernando, Manuel Gálvez, Sara Gallardo, Carmen Gándara, Alberto Gerchunoff, M. Lancelotti, Norah Lange, Enrique Larreta, Luis M. Lozzia, Eduardo Mallea, León Mirlas, Juan Carlos Onetti (La vida breve), Bernardo Verbistky, Elvira Orphée, Pepita Serrador, Leopoldo Marechal (Adán Buenosayres), Conrado Nalé Roxlo y Richard Wright.
Pasados los preceptivos cincuenta años que diría Jorge Luis Borges para considerar que un libro ha sobrevivido, a efectos del catálogo no está mal la pléyade reunida por el editor hasta entonces aunque él todavía defiende la idea de que Roberto Calasso «es el editor más grande» porque «Adelphi es una colección que la puedes comprar toda». No acepta los halagos que le prodigo en cuanto a su papel decisivo del editor que con su sensibilidad contribuye a transformar toda una época. «Yo estoy absolutamente convencido de que no soy el hacedor de nada» –me contradice. «Yo tengo historias que parecen anécdotas de lo sobrenatural sobre cómo he recibido algunos libros» –agrega para tratar de convencerme y entonces habla de cómo llegó a sus manos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, porque vio en el manuscrito de Los nuestros, que le proponía Luis Harss vio en un capítulo «un nombre desconocido entre toda esa fila de héroes» y quiso leer algo suyo.
Para minimizar la idea de su importancia como editor, cuenta que algo similar le ocurrió con El señor de los anillos, ya que supo que habían quedado libres los derechos de esa obra de Tolkien que tenía entonces Jacobo Muchnik en Fabril Editores y decidió publicarlo.
«Se exagera el papel del individuo, es una cosa de la situación del siglo XX, con la edad se ve, lo verás tú también» –replica cuando le señalo la humildad con la que habla de decisiones como esa que luego le permitió vender la editorial Minotauro y retirarse, o haber publicado Rayuela o Cien años de soledad.
«No es humildad, es realismo, es comprender lo que ocurre» –dice– y trae a colación la frase «las cosas no se hacen, pasan» para recordarme que eso está presente «en toda la literatura kármica, oriental, en muchos europeos occientales, la corriente del determinismo».
Y aunque como él mismo afirma «no se puede decir de ningún modo que soy el que era hace treinta o cuarenta años» Francisco Porrúa es, sobre todo, el hombre cuya primera reacción después de leer Rayuela fue decirle a Cortázar «Tengo ganas de tirarte el libro a la cabeza». Justamente lo que esperaba de su editor hace ahora cincuenta años el autor del libro que a tantos nos ha cambiado la vida e incluso a muchos se la ha salvado.
* Mariángeles Fernández participará el viernes 28 de junio en el homenaje a Cortázar en el Centro de Arte Moderno de Madrid. (calle Galileo 52 / 20 horas)
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Artes Plásticas / Inglaterra: Obra de Banksy, subastada por 190 mil euros
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La pieza subastada. (Foto: AP Photo / Frank Augstein)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Una icónica obra del grafitero británico Banksy, Love is in the Air, fue vendida hoy en una subasta en la casa Bonhams en Londres por 163 mil 250 libras (190 mil euros o 249 mil dólares), informa la agencia EFE.
Se trata de una de sus obras más conocidas, protagonizada por un manifestante en posición de lanzar un ramo de flores como si fuera un cóctel molotov, que fue creada en 2006.
La pieza está firmada por Banksy y se acompaña de un certificado de autenticidad, explicó Bonhams.
El misterio que envuelve la figura de Banksy, así como el contundente mensaje de sus grafitis que se han convertido en iconos anticapitalistas, han aumentado el interés y la cotización por sus obras que, paradójicamente, se han convertido en piezas de coleccionista.
La casa londinense, como en días pasados Christie's y Sotheby's, celebró hoy una subasta de arte contemporáneo con obras de autores como Gilbert & George, Damien Hirst, Keith Haring o David Hockney, en la que la obra de Banksy era la gran estrella.
No obstante, la pieza que alcanzó una mayor cotización fue un cuadro de Chu Teh-chun, Abstraction Neige III (1985) , adjudicado en 289.249 libras (339 mil 57 euros o 441 mil 859 dólares).
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La pieza subastada. (Foto: AP Photo / Frank Augstein)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Una icónica obra del grafitero británico Banksy, Love is in the Air, fue vendida hoy en una subasta en la casa Bonhams en Londres por 163 mil 250 libras (190 mil euros o 249 mil dólares), informa la agencia EFE.
Se trata de una de sus obras más conocidas, protagonizada por un manifestante en posición de lanzar un ramo de flores como si fuera un cóctel molotov, que fue creada en 2006.
La pieza está firmada por Banksy y se acompaña de un certificado de autenticidad, explicó Bonhams.
El misterio que envuelve la figura de Banksy, así como el contundente mensaje de sus grafitis que se han convertido en iconos anticapitalistas, han aumentado el interés y la cotización por sus obras que, paradójicamente, se han convertido en piezas de coleccionista.
La casa londinense, como en días pasados Christie's y Sotheby's, celebró hoy una subasta de arte contemporáneo con obras de autores como Gilbert & George, Damien Hirst, Keith Haring o David Hockney, en la que la obra de Banksy era la gran estrella.
No obstante, la pieza que alcanzó una mayor cotización fue un cuadro de Chu Teh-chun, Abstraction Neige III (1985) , adjudicado en 289.249 libras (339 mil 57 euros o 441 mil 859 dólares).
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Libros / España: Doce portadas de «Rayuela»
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Portada original de la famosa novela. (Foto: Fundación Juan March)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La edición de este día del periódico español El País ofrece una colección de imágenes con doce portadas de la novela Rayuela, del argentino Julio Cortázar (1914-1984), obra que cumple cincuenta años de su publicación .
A continuación compartimos con nuestros lectores este material gráfico:
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Portada original de la famosa novela. (Foto: Fundación Juan March)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La edición de este día del periódico español El País ofrece una colección de imágenes con doce portadas de la novela Rayuela, del argentino Julio Cortázar (1914-1984), obra que cumple cincuenta años de su publicación .
A continuación compartimos con nuestros lectores este material gráfico:
Portada de Rayuela de la editorial española Bruguera. (Foto: Fundación Juan March)
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Hopscotch (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en inglés de 1967. (Foto: Fundación Juan March)
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Il gioco del mondo (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en italiano de 1969. (Foto: Fundación Juan March)
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O Jôgo da Amarelinha (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en portugués de 1970. (Foto: Fundación Juan March)
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Ishikeriasobi (Rayuela) de Julio Cortázar, edición en japonés de 1978. (Foto: Fundación Juan March)
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Marelle (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en francés de 1979. (Foto: Fundación Juan March)
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Rayuela Himmel und Holle, de Julio Cortázar, edición en alemán de 1981. (Foto: Fundación Juan March)
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Rayuela: een hinkelspel (Rayuela), de Julio Cortázar, edición en neerlandés 1996. (Foto: Fundación Juan March)
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Sotron (Rayuela) , de Julio Cortázar, edición en rumano de 1998. (Foto: Fundación Juan March)
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Skolice (Rayuela), de Julio Cortázar, edición croata de 2009. (Foto: Fundación Juan March)
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Portada de Rayuela, de Julio Cortázar, 2013. (Foto: Fundación Juan March)
Noticias / España: El Festival Internacional de Poesía de la ciudad colombiana, Premio Aula de las Metáforas 2013
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Una actividad del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2012. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La celebración de la poesía como respuesta a un entorno de violencia e injusticia social le ha hecho merecer al Festival Internacional de Poesía de Medellín el Premio Aula de las Metáforas 2013. El galardón, que se concede cada dos años, se distingue por premiar no una obra sino a una persona, organismo, empresa, medio, entidad o institución que haya destacado por su labor de apoyo, difusión y celebración de la poesía y del hecho poético. El evento colombiano ha sido proclamado hoy vencedor entre las 42 candidaturas porque aúna la difusión de la poesía más exigente con la respuesta popular masiva, «algo que no suele suceder en el mundo poético», según el fundador y presidente de la Fundación Aula de las Metáforas, Fernando Beltrán. Por el principio altruista de la entidad asturiana, el premio no conlleva una dotación económica. La recompensa es una escultura original del artista mallorquín Pep Carrió. Una nota de Rossana Silva para La Jornada:
Creado en abril de 1991, el Festival Internacional de Poesía de Medellín llegará a su 23ª edición el próximo 6 de julio. Bajo el lema Por 1.000 años de Paz en Colombia, 67 poetas de 43 países participarán en una semana de charlas, lecturas y otras actividades relacionadas con este género literario. En dos décadas, más de 1.000 poetas de 157 países han acudido a la ciudad de la eterna primavera que acoge cada año a cerca de 150 mil personas que asisten al encuentro. El alcance del festival ha traspasado los límites de Medellín al promover más de 1.300 lecturas de poemas en 36 ciudades colombianas. Una iniciativa definida como «espectacular» por Beltrán: «El evento está ubicado en un entorno muy complicado, de violencia e injusticia social. Que la poesía haya aparecido como una respuesta social es muy emocionante y coincide con el espíritu del premio», justifica.
El objetivo del festival es que se creen cada año nuevas formas de comprender y cambiar la existencia en una ciudad que sufre la violencia extrema del paramilitarismo en muchos de sus barrios. Sus organizadores se han involucrado en acciones como el desarrollo del Movimiento Poético Mundial, que en mayo de este año llevó a cabo la lectura de poemas en 63 países para respaldar los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. «La poesía da a la población herramientas para confrontarse, para escucharse, para transformarse, porque es una pulsión de vida y un canto que humaniza la vida de todos», cree el director del festival, Fernando Rendón. «Sabemos que la poesía no puede cambiar la historia y no puede traer la paz a Colombia, pero las fuerzas poéticas del mundo pueden acompañar al pueblo colombiano y propiciar la creación de una atmósfera favorable al diálogo y a la reconciliación de los colombianos.»
A través de la creación de la Escuela Internacional de Poesía de Medellín, en 1996, el evento también ha impartido cerca de 90 cursos para cerca de 2.300 estudiantes, y más de 100 conferencias, conversatorios y talleres, dirigidos por destacados poetas de América, Europa y Asia. La actividad se ha convertido en un nuevo espacio de creación y de participación para los jóvenes de Medellín. «El Premio que nos concede la Fundación Aula de las Metáforas nos honra y nos llena de alegría al comprender de dónde proviene», afirma el director del festival. «Se trata de una Fundación que desarrolla un persistente trabajo en el tiempo para fortalecer la presencia de la poesía en la sociedad española, acumulando un importante fondo bibliográfico, congregando una pléyade de poetas, músicos y artistas alrededor de la poesía y otorgando su reconocimiento a personalidades que han comprometido sus energías y sus vidas para vigorizar la presencia del espíritu poético en las vidas de las gentes.»
Las convocatorias anteriores del Premio Aula de las Metáforas han galardonado el programa La Estación Azul, de Radio Nacional de España (2009) y a Joan Manuel Serrat (2011), en reconocimiento a la publicación de su disco Hijo de la luz y de la sombra, y a la labor de difusión nacional e internacional de la obra del poeta Miguel Hernández en el año de su centenario.
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Una actividad del Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2012. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- La celebración de la poesía como respuesta a un entorno de violencia e injusticia social le ha hecho merecer al Festival Internacional de Poesía de Medellín el Premio Aula de las Metáforas 2013. El galardón, que se concede cada dos años, se distingue por premiar no una obra sino a una persona, organismo, empresa, medio, entidad o institución que haya destacado por su labor de apoyo, difusión y celebración de la poesía y del hecho poético. El evento colombiano ha sido proclamado hoy vencedor entre las 42 candidaturas porque aúna la difusión de la poesía más exigente con la respuesta popular masiva, «algo que no suele suceder en el mundo poético», según el fundador y presidente de la Fundación Aula de las Metáforas, Fernando Beltrán. Por el principio altruista de la entidad asturiana, el premio no conlleva una dotación económica. La recompensa es una escultura original del artista mallorquín Pep Carrió. Una nota de Rossana Silva para La Jornada:
Creado en abril de 1991, el Festival Internacional de Poesía de Medellín llegará a su 23ª edición el próximo 6 de julio. Bajo el lema Por 1.000 años de Paz en Colombia, 67 poetas de 43 países participarán en una semana de charlas, lecturas y otras actividades relacionadas con este género literario. En dos décadas, más de 1.000 poetas de 157 países han acudido a la ciudad de la eterna primavera que acoge cada año a cerca de 150 mil personas que asisten al encuentro. El alcance del festival ha traspasado los límites de Medellín al promover más de 1.300 lecturas de poemas en 36 ciudades colombianas. Una iniciativa definida como «espectacular» por Beltrán: «El evento está ubicado en un entorno muy complicado, de violencia e injusticia social. Que la poesía haya aparecido como una respuesta social es muy emocionante y coincide con el espíritu del premio», justifica.
El objetivo del festival es que se creen cada año nuevas formas de comprender y cambiar la existencia en una ciudad que sufre la violencia extrema del paramilitarismo en muchos de sus barrios. Sus organizadores se han involucrado en acciones como el desarrollo del Movimiento Poético Mundial, que en mayo de este año llevó a cabo la lectura de poemas en 63 países para respaldar los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. «La poesía da a la población herramientas para confrontarse, para escucharse, para transformarse, porque es una pulsión de vida y un canto que humaniza la vida de todos», cree el director del festival, Fernando Rendón. «Sabemos que la poesía no puede cambiar la historia y no puede traer la paz a Colombia, pero las fuerzas poéticas del mundo pueden acompañar al pueblo colombiano y propiciar la creación de una atmósfera favorable al diálogo y a la reconciliación de los colombianos.»
A través de la creación de la Escuela Internacional de Poesía de Medellín, en 1996, el evento también ha impartido cerca de 90 cursos para cerca de 2.300 estudiantes, y más de 100 conferencias, conversatorios y talleres, dirigidos por destacados poetas de América, Europa y Asia. La actividad se ha convertido en un nuevo espacio de creación y de participación para los jóvenes de Medellín. «El Premio que nos concede la Fundación Aula de las Metáforas nos honra y nos llena de alegría al comprender de dónde proviene», afirma el director del festival. «Se trata de una Fundación que desarrolla un persistente trabajo en el tiempo para fortalecer la presencia de la poesía en la sociedad española, acumulando un importante fondo bibliográfico, congregando una pléyade de poetas, músicos y artistas alrededor de la poesía y otorgando su reconocimiento a personalidades que han comprometido sus energías y sus vidas para vigorizar la presencia del espíritu poético en las vidas de las gentes.»
Las convocatorias anteriores del Premio Aula de las Metáforas han galardonado el programa La Estación Azul, de Radio Nacional de España (2009) y a Joan Manuel Serrat (2011), en reconocimiento a la publicación de su disco Hijo de la luz y de la sombra, y a la labor de difusión nacional e internacional de la obra del poeta Miguel Hernández en el año de su centenario.
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Danza / México: Estrenan la coreografía «Test(i)go»
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Dos escenas de la obra que se escenificará en el recinto de Donceles 36, Centro (Foto: Cortesía del Ceprodac)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Una mujer desnuda frente a una ventana bañada de luz; la inmovilidad y la contemplación abren el mundo interno del personaje gracias al cuerpo en movimiento, la poética que aborda el espacio, al tiempo que invita a ser Test(i)go, título de la obra coreográfica que el Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac) estrena hoy en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Una nota de Alondra Flores para La Jornada:
«La danza no se piensa, se percibe. El arte contemporáneo llega a la percepción y luego ya hay tiempo para racionalizar. Pero queremos hacer conciencia que al ver algo en movimiento, no tengamos miedo o metamos la parte racional de cómo definir una danza. Uno sólo lo experimenta en carne propia,» compartió en entrevista Raúl Parrao, director de este centro creado por el Instituto Nacional de de Bellas Artes (INBA).
Andrea Catania, autora y directora de Test(i)go, se inspiró en una pintura del artista estadunidense Edward Hopper, titulada A woman in the sun (Una mujer en el sol). La figura femenina parece contemplar la vida desde fuera. El silencio, la soledad y el tiempo sumergen la esencia de la versión coreográfica surgida al imaginar una historia a partir de la imagen.
«Es la intimidad. En ese cuadro hay un cuestión íntima de una mujer desnuda frente a la ventana. Y literalmente vemos la desnudez, no sólo física, sino la desnudez del alma. Ella dialogando consigo misma,» expresó el bailarín y coreógrafo.
Con motivo de las presentaciones del 27 al 30 de junio en el teatro ubicado en Donceles 36, Centro Histórico, Parrao comentó que el arte contemporáneo se inclina hacia abstraer una realidad. Mientras en la pintura es muy claro, en el caso de la danza, con un lenguaje que se habla con el cuerpo, se crea un personaje: esta mujer desnuda en un diálogo íntimo con sus recuerdos, anhelos, sueños, vivencias. Todo en un terreno onírico.
«Vemos el mundo interno, cómo plantea una especie de deja vú al repetir trazos, posturas y gestos. El espectador se da cuenta que vuelve al presente después de este viaje. Por eso el título, porque es una situación de ser cómplices de las cosas que van sucediendo y el espectador es un tanto voyerista al estar en la intimidad con este personaje y ser testigo de lo que acontece», describió sobre el montaje en el que participan seis bailarines en escena, con objetos de la escenografía que también son parte de la danza, una cama, almohada, sillas, una mesa, que recrean esa habitación.
Dos estrenos en julio
Test(i)go forma parte de la temporada del Ceprodac titulada Preceptos en cuerpos mentales, en la que además del trabajo de la costarricense Andrea Catania, en julio se estrenarán dos obras coreográficas de creadoras mexicanas, Sueños y obsesiones, de Vivian Cruz, y N°..., no identificado, de Rossana Filomarino.
Parrao señaló que se trata de una trilogía «con un lenguaje distinto, pero parte de una visión femenina, de hablar desde su género. Vemos esa diversidad estética, mientras Catania se va a la intimidad total, Cruz entra en el terreno de lo multimedia, juega con la danza y el video sobre el tema de cuatro mujeres que hablan desde su mundo virtual y, finalmente, Filomarino aborda la violencia en todos los sentidos, desde una guerra hasta la inseguridad que vivimos día a día.»
A punto de cumplir dos años, con 10 producciones en 2012, uno de los retos del Ceprodac, en voz de su director, «es tener una postura abierta, ser respetuoso de las distintas tendencias estéticas que existen, desde una danza formal hasta una experimental.»
En su opinión, «la danza mexicana se encuentra con una necesidad de búsqueda y de hablar desde primera instancia.» Agrega que hay un momento muy rico en posturas y estilos. Si bien hay choques, es necesario estar atentos y entender estas distintas posturas. «Mi visión es que hay bastantes coreógrafos y grupos. Están saliendo nuevas generaciones de bailarines con un nivel técnico fuerte, hay propuestas. Nos está haciendo falta la cuestion de difusión, enterar al espectador que cuenta con danza contemporánea y una danza para todos gustos.»
Entonces, Raúl Parrao invitó a «encontrar la poética de cada propuesta, porque es la esencia en cada manifestación tanto en lo teatral, como en la música, la pintura. Lo importante es tocar la esencia que es lo que da vida al arte.»
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Dos escenas de la obra que se escenificará en el recinto de Donceles 36, Centro (Foto: Cortesía del Ceprodac)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- Una mujer desnuda frente a una ventana bañada de luz; la inmovilidad y la contemplación abren el mundo interno del personaje gracias al cuerpo en movimiento, la poética que aborda el espacio, al tiempo que invita a ser Test(i)go, título de la obra coreográfica que el Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac) estrena hoy en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Una nota de Alondra Flores para La Jornada:
«La danza no se piensa, se percibe. El arte contemporáneo llega a la percepción y luego ya hay tiempo para racionalizar. Pero queremos hacer conciencia que al ver algo en movimiento, no tengamos miedo o metamos la parte racional de cómo definir una danza. Uno sólo lo experimenta en carne propia,» compartió en entrevista Raúl Parrao, director de este centro creado por el Instituto Nacional de de Bellas Artes (INBA).
Andrea Catania, autora y directora de Test(i)go, se inspiró en una pintura del artista estadunidense Edward Hopper, titulada A woman in the sun (Una mujer en el sol). La figura femenina parece contemplar la vida desde fuera. El silencio, la soledad y el tiempo sumergen la esencia de la versión coreográfica surgida al imaginar una historia a partir de la imagen.
«Es la intimidad. En ese cuadro hay un cuestión íntima de una mujer desnuda frente a la ventana. Y literalmente vemos la desnudez, no sólo física, sino la desnudez del alma. Ella dialogando consigo misma,» expresó el bailarín y coreógrafo.
Con motivo de las presentaciones del 27 al 30 de junio en el teatro ubicado en Donceles 36, Centro Histórico, Parrao comentó que el arte contemporáneo se inclina hacia abstraer una realidad. Mientras en la pintura es muy claro, en el caso de la danza, con un lenguaje que se habla con el cuerpo, se crea un personaje: esta mujer desnuda en un diálogo íntimo con sus recuerdos, anhelos, sueños, vivencias. Todo en un terreno onírico.
«Vemos el mundo interno, cómo plantea una especie de deja vú al repetir trazos, posturas y gestos. El espectador se da cuenta que vuelve al presente después de este viaje. Por eso el título, porque es una situación de ser cómplices de las cosas que van sucediendo y el espectador es un tanto voyerista al estar en la intimidad con este personaje y ser testigo de lo que acontece», describió sobre el montaje en el que participan seis bailarines en escena, con objetos de la escenografía que también son parte de la danza, una cama, almohada, sillas, una mesa, que recrean esa habitación.
Dos estrenos en julio
Test(i)go forma parte de la temporada del Ceprodac titulada Preceptos en cuerpos mentales, en la que además del trabajo de la costarricense Andrea Catania, en julio se estrenarán dos obras coreográficas de creadoras mexicanas, Sueños y obsesiones, de Vivian Cruz, y N°..., no identificado, de Rossana Filomarino.
Parrao señaló que se trata de una trilogía «con un lenguaje distinto, pero parte de una visión femenina, de hablar desde su género. Vemos esa diversidad estética, mientras Catania se va a la intimidad total, Cruz entra en el terreno de lo multimedia, juega con la danza y el video sobre el tema de cuatro mujeres que hablan desde su mundo virtual y, finalmente, Filomarino aborda la violencia en todos los sentidos, desde una guerra hasta la inseguridad que vivimos día a día.»
A punto de cumplir dos años, con 10 producciones en 2012, uno de los retos del Ceprodac, en voz de su director, «es tener una postura abierta, ser respetuoso de las distintas tendencias estéticas que existen, desde una danza formal hasta una experimental.»
En su opinión, «la danza mexicana se encuentra con una necesidad de búsqueda y de hablar desde primera instancia.» Agrega que hay un momento muy rico en posturas y estilos. Si bien hay choques, es necesario estar atentos y entender estas distintas posturas. «Mi visión es que hay bastantes coreógrafos y grupos. Están saliendo nuevas generaciones de bailarines con un nivel técnico fuerte, hay propuestas. Nos está haciendo falta la cuestion de difusión, enterar al espectador que cuenta con danza contemporánea y una danza para todos gustos.»
Entonces, Raúl Parrao invitó a «encontrar la poética de cada propuesta, porque es la esencia en cada manifestación tanto en lo teatral, como en la música, la pintura. Lo importante es tocar la esencia que es lo que da vida al arte.»
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Noticias / México: El arte del rebozo se nos va de las manos, alerta Marta Turok
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La antropóloga, ayer, en el Museo Franz Mayer (Foto: Roberto García Ortiz)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- «¡Hey, México! ¡Se nos está yendo de las manos la técnica del jaspe y el arte del rebozo!,» es la advertencia que lanzó la antropóloga Marta Turok al anunciar una serie de actividades para luchar contra la desaparición de esta pieza textil mexicana. Una nota de Alondra Flores para La Jornada:
Del 3 al 7 de julio, en el Museo Franz Mayer, se reunirán tejedores, empuntadoras, proveedores de materia prima, diseñadores, investigadores, coleccionistas y todo público durante la cita titulada «El arte del jaspe y el rebozo: pautas para la conservación de una tradición», técnica compleja y laboriosa, «que no hemos llegado a valorar», afirmó la especialista, quien encabeza la organización del encuentro.
«Se llega a pensar que es un estampado, y precisó que se trata de trabajar con hilos, dibujar, teñir, amarrar, tejer y hacer las barbillas que cuelgan en los extremos del textil, que son conocidas como puntas. Hay de 14 a 17 pasos y cinco diferentes personas involucradas en un rebozo del telar de pedal.»
Al invitar a participar en el encuentro que busca hacer conciencia y analizar las zonas donde el rebozo todavía tiene esperanza de supervivencia, así como crear vínculos entre los creadores, Turok ofreció un diagnóstico sobre el grave riesgo de desaparecer de este arte. En algunos lugares los propios artesanos comienzan a decir que ya no hay forma de rescatarlo, como en Chilapa, Guerrero, y en Zamora, Michoacán.
Por ejemplo, detalló, en Tenancingo, estado de México, hay aproximadamente 40 talleres de telar de pedal, de los cuales en sólo cuatro trabajan nuevas generaciones. En Moroleón y Uriangato, Guanajuato, los tejedores tienen casi 80 años de edad y, expresan, «en cinco años, esto se acaba». En Zamora ya sólo queda un taller, que desde hace cinco años se le pide que transmita la parte medular, que es el dibujo y el amarre.
«Esto es algo muy nuestro, que tiene un valor insustituible. Con lo que nos queda en las otras tres entidades. Yo no le veo un futuro promisorio», alerta Turok. «El hilo se rompe por lo más delgado.»
Convertirlo en mascada o chal
Las causas de la desaparición son diversas. La falta de transmisión generacional y la falta de trabajadores de la técnica y la llegada de otras industrias son algunas de ellas.
En opinión de Marta Turok, «el más alto riesgo del rebozo es que le tomen una foto, lo metan a una computadora, lo manden a imprimir fuera de México y lo conviertan en una mascada o un chal de seda. La mayoría de la gente no va a saber distinguir cuándo es un jaspe verdadero. No hay un mecanismo legal para que paguen derechos. Sería la muerte del rebozo, tú imprimes un metro y acabas con él.»
A partir de la segunda mitad del siglo XX comenzó a languidecer la tradición y a existir una gran crisis de los centros productores, que han sido visitados por Turok durante los 10 años recientes, donde encontró el testimonio de que en la década de los 70 el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) exigió afiliar a todos los trabajadores, «por más que trataron de explicar que se trataba de un arte y un oficio». Entonces, varias de las comunidades decidieron cerrar. «Esa fue una de las primeras estocadas.»
Expuso que donde parece haber mejor salud es en la técnica del telar de cintura en Santa María del Río, San Luis Potosí, proclamada la cuna de esta pieza mestiza, de la que no se sabe con certeza su origen. Aquí, es gracias a una escuela que se ha preservado la tradición. «Pero el resto del país necesita oxígeno, aunque sean menos los que queden, pero si queremos rebozos jaspeados a futuro, vamos a tener que hacer una acción concertada.»
Y es por eso que surge el llamado a las actividades en el Museo Franz Mayer, ubicado en Hildalgo 45, Centro Histórico. Se ofrecerá una parte académica con un seminario con ponencias de investigadores, el 3 y 4 de julio, con entrada libre para todo público. Además, habrá un panel con testimonios de los productores. «Estoy invitando a la gente grande, y a sus hijos cuando están interesados en la técnica. A ellos los tenemos que arropar. Agradecer a los mayores, pero a este puñado de jóvenes decirles ‘¡sigue, te valoramos! Vamos a trabajar junto a ti para que se pueda hacer del rebozo una vida digna».
Esos mismos días, por las tardes se impartirán talleres exclusivos para los artesanos, donde podrán analizar de cerca cinco rebozos históricos de la colección del Museo Franz Mayer, y otros cinco del siglo XX que pertenecen a la de Ruth Lechuga. «De tal manera que el pasado les sirva como inspiración del presente y el futuro», además de otros talleres de historia y nuevos formas de diseñar que incorporen innovaciones para un nuevo mercado urbano, joven y cosmopolita.
«Quiero juntarlos, que hablen entre sí, que no se vean como competencia, sino como parte de una selecta familia que tiene mucho que aportar a la cultura mexicana,» señaló.
El programa de fin de semana está dirigido para la sociedad en general, en el que habrá una exposición y venta, además de conferencias, pasarelas, la proyección de seis videos con historias de vida de los creadores y un concierto de música oaxaqueña el domingo, a las 13 horas.
Marta Turok presentará al medio día del sábado el panel «¿Cómo leer un rebozo?,» donde explicará todas las partes que componen este trabajo textil, «para que cada persona vea que hay 30 elementos que puedes ir dominando poco a poco, para ir entendiendo la pieza,» ante la necesidad de aprender más sobre la técnica y así poder apreciar y pagar un precio justo. «Si no entendemos la técnica, cómo vamos a apreciar la laboriosidad, el número de horas que esto invirtió. ¡El destino ya está alcanzando al rebozo!»
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La antropóloga, ayer, en el Museo Franz Mayer (Foto: Roberto García Ortiz)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de junio de 2013. (RanchoNEWS).- «¡Hey, México! ¡Se nos está yendo de las manos la técnica del jaspe y el arte del rebozo!,» es la advertencia que lanzó la antropóloga Marta Turok al anunciar una serie de actividades para luchar contra la desaparición de esta pieza textil mexicana. Una nota de Alondra Flores para La Jornada:
Del 3 al 7 de julio, en el Museo Franz Mayer, se reunirán tejedores, empuntadoras, proveedores de materia prima, diseñadores, investigadores, coleccionistas y todo público durante la cita titulada «El arte del jaspe y el rebozo: pautas para la conservación de una tradición», técnica compleja y laboriosa, «que no hemos llegado a valorar», afirmó la especialista, quien encabeza la organización del encuentro.
«Se llega a pensar que es un estampado, y precisó que se trata de trabajar con hilos, dibujar, teñir, amarrar, tejer y hacer las barbillas que cuelgan en los extremos del textil, que son conocidas como puntas. Hay de 14 a 17 pasos y cinco diferentes personas involucradas en un rebozo del telar de pedal.»
Al invitar a participar en el encuentro que busca hacer conciencia y analizar las zonas donde el rebozo todavía tiene esperanza de supervivencia, así como crear vínculos entre los creadores, Turok ofreció un diagnóstico sobre el grave riesgo de desaparecer de este arte. En algunos lugares los propios artesanos comienzan a decir que ya no hay forma de rescatarlo, como en Chilapa, Guerrero, y en Zamora, Michoacán.
Por ejemplo, detalló, en Tenancingo, estado de México, hay aproximadamente 40 talleres de telar de pedal, de los cuales en sólo cuatro trabajan nuevas generaciones. En Moroleón y Uriangato, Guanajuato, los tejedores tienen casi 80 años de edad y, expresan, «en cinco años, esto se acaba». En Zamora ya sólo queda un taller, que desde hace cinco años se le pide que transmita la parte medular, que es el dibujo y el amarre.
«Esto es algo muy nuestro, que tiene un valor insustituible. Con lo que nos queda en las otras tres entidades. Yo no le veo un futuro promisorio», alerta Turok. «El hilo se rompe por lo más delgado.»
Convertirlo en mascada o chal
Las causas de la desaparición son diversas. La falta de transmisión generacional y la falta de trabajadores de la técnica y la llegada de otras industrias son algunas de ellas.
En opinión de Marta Turok, «el más alto riesgo del rebozo es que le tomen una foto, lo metan a una computadora, lo manden a imprimir fuera de México y lo conviertan en una mascada o un chal de seda. La mayoría de la gente no va a saber distinguir cuándo es un jaspe verdadero. No hay un mecanismo legal para que paguen derechos. Sería la muerte del rebozo, tú imprimes un metro y acabas con él.»
A partir de la segunda mitad del siglo XX comenzó a languidecer la tradición y a existir una gran crisis de los centros productores, que han sido visitados por Turok durante los 10 años recientes, donde encontró el testimonio de que en la década de los 70 el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) exigió afiliar a todos los trabajadores, «por más que trataron de explicar que se trataba de un arte y un oficio». Entonces, varias de las comunidades decidieron cerrar. «Esa fue una de las primeras estocadas.»
Expuso que donde parece haber mejor salud es en la técnica del telar de cintura en Santa María del Río, San Luis Potosí, proclamada la cuna de esta pieza mestiza, de la que no se sabe con certeza su origen. Aquí, es gracias a una escuela que se ha preservado la tradición. «Pero el resto del país necesita oxígeno, aunque sean menos los que queden, pero si queremos rebozos jaspeados a futuro, vamos a tener que hacer una acción concertada.»
Y es por eso que surge el llamado a las actividades en el Museo Franz Mayer, ubicado en Hildalgo 45, Centro Histórico. Se ofrecerá una parte académica con un seminario con ponencias de investigadores, el 3 y 4 de julio, con entrada libre para todo público. Además, habrá un panel con testimonios de los productores. «Estoy invitando a la gente grande, y a sus hijos cuando están interesados en la técnica. A ellos los tenemos que arropar. Agradecer a los mayores, pero a este puñado de jóvenes decirles ‘¡sigue, te valoramos! Vamos a trabajar junto a ti para que se pueda hacer del rebozo una vida digna».
Esos mismos días, por las tardes se impartirán talleres exclusivos para los artesanos, donde podrán analizar de cerca cinco rebozos históricos de la colección del Museo Franz Mayer, y otros cinco del siglo XX que pertenecen a la de Ruth Lechuga. «De tal manera que el pasado les sirva como inspiración del presente y el futuro», además de otros talleres de historia y nuevos formas de diseñar que incorporen innovaciones para un nuevo mercado urbano, joven y cosmopolita.
«Quiero juntarlos, que hablen entre sí, que no se vean como competencia, sino como parte de una selecta familia que tiene mucho que aportar a la cultura mexicana,» señaló.
El programa de fin de semana está dirigido para la sociedad en general, en el que habrá una exposición y venta, además de conferencias, pasarelas, la proyección de seis videos con historias de vida de los creadores y un concierto de música oaxaqueña el domingo, a las 13 horas.
Marta Turok presentará al medio día del sábado el panel «¿Cómo leer un rebozo?,» donde explicará todas las partes que componen este trabajo textil, «para que cada persona vea que hay 30 elementos que puedes ir dominando poco a poco, para ir entendiendo la pieza,» ante la necesidad de aprender más sobre la técnica y así poder apreciar y pagar un precio justo. «Si no entendemos la técnica, cómo vamos a apreciar la laboriosidad, el número de horas que esto invirtió. ¡El destino ya está alcanzando al rebozo!»
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