Rancho Las Voces

domingo, abril 06, 2008

Obituario / Neil Aspinall

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El quinto Beatle (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua, 25 de marzo, 2008.- (RanchoNEWS).- A los 66 años, murio Neil Aspinall, el autentico «quinto Beatle». El hombre al volante de la camioneta. Desde que compartió la escuela con Paul McCartney y George Harrison, el destino de Aspinall quedó ligado para siempre al cuarteto. Al frente de Apple Corps., fue uno de sus hombres de mayor confianza, gestor de perlas como Anthology y el compilado 1. Una nota de Eduardo Fabregat para página/12:

La definición «quinto Beatle» fue aplicada a más de un personaje –sobre todo a la figura de Sir George Martin–, pero fue el mismo George Harrison quien aclaró los tantos cuando, en la inducción de The Beatles al Salón de la Fama del Rock and Roll en 1988, lo señaló como el Auténtico Quinto Beatle. Con ese certificado oficial, y considerando la historia del galés, puede decirse que la familia de Liverpool perdió a otro hijo dilecto: el domingo, en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center y a causa de un cáncer de pulmón, murió Neil Aspinall, el hombre que estuvo allí cuando The Beatles era sólo un proyecto, y se convirtió en figura clave en su mitología.
«Todos sus amigos y seres queridos lo extrañaremos mucho, y siempre guardaremos los más cariñosos recuerdos de un gran hombre», señala la nota difundida ayer por Apple Corps. y firmada por Paul McCartney, Ringo Starr, Olivia Harrison y Yoko Ono. «No podemos dejar de agradecer sus consejos y su confiable administración, que dejó un legado duradero para las próximas generaciones». Es que la relación entre Aspinall y los músicos se remonta al Liverpool Institute, donde trabó amistad con Paul, George y Pete Best, primer baterista del grupo, con cuya madre se enredó sentimentalmente y terminó teniendo un hijo. Nacido en Prestatyn, Gales (donde su familia se había refugiado de los bombardeos habituales en Liverpool durante la Segunda Guerra), el 13 de octubre de 1941, Aspinall se convirtió en ese amigo del alma necesario en cualquier banda: el que salía a pegar afiches y, junto a Mal Evans, manejaba la camioneta, cargaba equipos y oficiaba de guardaespaldas en la apretada agenda del grupo por los pueblitos ingleses. Y hasta acompañó a Best en la reunión con Brian Epstein en la que debió bajar el mal trago de ser reemplazado por Ringo Starr.

A medida que la fama del cuarteto se disparaba a la estratosfera, las labores de Aspinall se complejizaron, pero siempre estuvo a mano de lo que necesitaran John, Paul, George y Ringo. La confianza incondicional que le tenía el grupo fue razón suficiente para que, a la hora de manejar la flamante Apple Corps., fuera un nombre cantado. Aceptó «hasta que encuentren a otro», pero su historia allí continuaría hasta 2007. Incluso, cuando el financista Allen Klein fue llamado para salvar el desastre hippie en que la compañía se había convertido, la única orden de Lennon fue «Ni se te ocurra tocar a Neil y Mal». De hecho, lo mejor de Aspinall en Apple estaba por venir. Cuando la banda se disolvió, el galés quedó como principal custodio de su legado, supervisando litigios legales sumamente complejos, que iban de regalías mal pagadas por EMI o el célebre juicio contra Apple Computers, a aquellos en los que los mismos Beatles se demandaban unos a otros.

Neil y Paul 1969. (Foto: Archivo)

Aspinall se las arregló para conservar las buenas relaciones con todos, una actitud clave en la amarga etapa posterior a la separación de The Beatles: por eso no extraña que su trabajo más fecundo en la compañía llegara a comienzos de los ’90, cuando las viejas heridas al fin empezaron a cicatrizar. Primero fue el doble Live at the BBC, que rescató una valiosísima serie de actuaciones del grupo en los estudios de la emisora inglesa. Pero el proyecto más ambicioso fue The Beatles Anthology, pensado en 1970 como película y finalmente realizado como especial televisivo de seis horas, un videohome de cerca de trece horas y su correspondiente soundtrack integrado por tres discos dobles. Allí quedó clara la capacidad organizativa de Aspinall, que junto a George Martin le dio forma al documental por excelencia –de hecho, de allí en más el término Anthology fue utilizado por varios otros– y dio el toque final con las entrevistas conjuntas de McCartney, Harrison y Starr para el especial.

Superado con éxito el desafío del Anthology, Aspinall encontró el camino allanado para nuevas aventuras. A medida que se resolvían los juicios con EMI y los Beatles vivientes y las viudas podían dialogar de un modo más fluido, el hombre a cargo de Apple le fue dando forma a varios lanzamientos que reavivaron la llama Beatle. Como Yellow Submarine Songtrack, con sus canciones remasterizadas; 1, una recopilación de «números uno» del cuarteto que –no podía ser de otra manera– reventó los charts de todo el mundo; la reedición de los discos rojo y azul, y Let it be... naked, el proyecto que eliminó las pesadas orquestaciones que tantos fans de The Beatles aprendieron a odiar. Paradójicamente, su última labor no tuvo la misma respuesta: Aspinall puso sus mejores esfuerzos en Love, el disco mutante que remezcló las canciones especialmente para el espectáculo del Cirque du Soleil, pero que terminó cerca del fiasco comercial y, a pesar de sus cualidades técnicas, se diluyó como un mero subproducto.

A esa altura, además, la posición de Aspinall en Apple estaba comprometida. No sólo por su enfermedad, sino también por las ásperas disputas alrededor del modo en que el catálogo Beatle debía comercializarse en Internet. El 10 de abril de 2007, Aspinall, convencido de que los planes para darle salida a uno de los filones más valiosos de la comercialización digital terminaría bastardeando la obra de sus empleadores y amigos, se fue golpeando la puerta. Nada casualmente, tres días después Apple Corps. anunció la finalización de los acuerdos necesarios para lanzar el catálogo online durante este año.

Fue su auténtica mano derecha. Condujo las difíciles negociaciones de derechos para las figuras de la tapa de Sgt. Pepper’s lonely hearts Club Band. Su voz resuena en los coros de Being for the benefit of Mr. Kite! –donde también grabó una armónica– y Yellow submarine, y tocó la tandoora en Magical mystery tour. Filmó las escenas que se ven en el clip de Something, que apenas disimulan el hecho de que no se ve nunca a los miembros del grupo juntos. Estuvo en las neblinosas madrugadas de Liverpool, conduciendo una camioneta en la que viajaban cuatro pibes destinados a cambiar la música popular del siglo XX. Años después, George se encargaría de darle el título con el que soñaron muchos. Adiós, quinto Beatle.

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Danza / México: José Rivera estrena «Las simples cosas»

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El bailarín. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua, 25 de marzo, 2008.- (RanchoNEWS).- José Rivera deja atrás una etapa de su vida; «quiero llenarme de experiencias diferentes», Las simples cosas se trata de una coreografía autobiográfica llena de ludismo e irreverencia. Una nota de Fabiola Palapa Quijas para La Jornada:

El bailarín y coreógrafo José Rivera realizará el estreno mundial de Las simples cosas el viernes 28 de marzo, en el teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque.

Se trata de un discurso coreográfico de emociones, de diálogo interno sobre su realidad y la edad.

Con un concepto autobiográfico y la madurez escénica de 20 años, el director artístico de la compañía La Cebra reconsidera y evalúa sus experiencias al aproximarse a los 40 años de edad: «Las simples cosas en realidad son situaciones complejas que he vivido, pero, como Chavela Vargas dice en una canción: ‘hay que llamarles simples cosas para poder despedirnos de ellas’; precisamente con la obra trato de despedirme de una etapa de mi vida», afirma.

«Estoy a punto de cumplir 40 años y, después de descansar todo 2007, quiero olvidar esas simples cosas que viví hasta los 39 años e iniciar una nueva etapa con nuevos proyectos y objetivos; llenarme de experiencias diferentes y dejar atrás eso que no me sirve y resulta insignificante, aunque en su momento me dolió mucho. Pero la vida sigue».

Risa y algo de melodrama

Para afrontar su crisis existencial, José Rivera se despedirá de cosas simples como «las excesivas responsabilidades y el estrés; dirigir dos compañías cuando una sola es la locura. Hay situaciones que por comodidad las hacemos, no tanto porque entusiasmen o sirvan; esas cosas quedarán en el pasado, ya no me sirven. Voy a cumplir 40 años y quiero despedirme de cosas insignificantes, quiero ir más ligero por la vida».

Las simples cosas, obra autobiográfica que realizó durante tres meses, plantea de manera lúdica la vida del bailarín.

«Tiene escenas muy chuscas, porque me gusta que el público se ría, que se la pase bien y se divierta. Yo me río de mí mismo a lo largo de 40 minutos que dura la obra. La pieza no es nada seria porque me río de todo lo que he vivido, de mi crisis, de cómo era antes. Son escenas en las que interpreto a José Rivera lúdicamente y también hay parte de melodrama; sin embargo, predomina lo lúdico, lo irreverente y el sarcasmo».

La coreografía que alude a las divas mexicanas Dolores del Río, María Félix, Frida Kahlo y Pita Amor, así como a la coreógrafa Guilllermina Bravo y la cantante Chavela Vargas, no es un homenaje, sino que mediante ellas Rivera evoca su vida.

«Estoy hablando de mí por conducto de ellas y me inspiro en Dolores y María porque en mi niñez quería ser como ellas, las imitaba y hasta me sabía diálogos completos de sus películas. En otro momento de la obra soy Frida, pues, cuando era adolescente y la descubrí, me impactó más su vida que sus pinturas. También personifico a Guillermina Bravo, porque la primera vez que vi al Ballet Nacional me fascinó y aún mantengo vivo ese recuerdo».

José Rivera, quien interpreta un solo dentro de la obra, explica que siente admiración por esas divas que son una iconografía para la comunidad gay y en general para la cultura de México.

Participación de Antonio Mariscal

En Las simples cosas también participa el bailarín Antonio Mariscal, quien desde hace 10 años forma parte de La Cebra y esta ocasión creó la coreografía de un solo para la obra.

Después de conversar sobre el proyecto y encontrar semejanzas en su forma de vida, Rivera y Mariscal decidieron llevar al escenario la obra y compartir con el público sus juegos, sus pasiones, sus delirios y su amor por la danza.

La Cebra, con la dirección artística de José Rivera, durante 12 años ha mantenido el discurso coreográfico de denuncia para reflejar la problemática de la comunidad homosexual y, si bien en Las simples cosas no está presente el activismo del coreógrafo, la temática gay es muy marcada.

«Exploro y experimento otras cosas dentro de la obra en los aspectos de movimiento e interpretación, así que la obra tiene el sello de La Cebra, que finalmente ha sido mi proyecto de vida y lo que me ha dado un lugar en la danza», explica el bailarín.

Del trabajo escénico de la obra responde: «soy coreógrafo y creo danza, pero a veces el puro movimiento no es suficiente; entonces recurro a la voz y uno de los bailarines canta. También hay muchos movimientos dentro de la obra, así como escenas en las cuales no se baila, pero no se puede decir que no es una coreografía. Sí es una obra muy teatral, aunque yo soy coreógrafo», agrega.

Al reflexionar sobre el panorama de la danza, José Rivera considera que no existen bailarines como antes y se nota la falta de entrenamiento y de dominio de la técnica. «Hay bailarines muy bellos ahora, con muchas condiciones atléticas, pero bailan cosas quizá difíciles, y a la hora de pedirles un developé o dos piruetas no saben. Esto es una realidad contundente porque su permanencia en las compañías es muy corta y no pueden formarse técnicamente. Roberto Robles, Esther Lopezllera y Rafael Rosales sí son bailarines que cuando están en escena se nota que tienen escuela y no son al vapor. Siempre perseguí eso en La Cebra y se logró muy bien».

Las cosas simples se presentará en el teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque (Reforma y Campo Marte) el viernes 28 a las 20 horas; sábado 29 a las 19 horas, y domingo 30 a las 18 horas.

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Literatura / México: Entrevista a Élmer Mendoza

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Siempre me ha gustado darles sus piquetes de panza a los políticos, dice el autor sinaloense. (Foto: Oswaldo Ramírez)

C iudad Juárez, Chihuahua, 25 de marzo, 2008. (RanchoNEWS).- La más reciente novela del escritor sinaloense, con la cual obtuvo el III Premio Tusquets Editores de Novela, es una historia del poder político, del narcotráfico y del crimen como demonios de los seres humanos. Una nota de Jesús Alejo para Milenio:

De una de las bolsas de su saco extrae Élmer Mendoza una de sus tantas inseparables libretas de apuntes, en donde tiene anotado todo lo que le viene a la mente. En una de ellas estuvieron tres imágenes durante muchos años: un asesinado, una mujer que no para de llorar y la viuda de un narco con tres hijas.

Muchos años y páginas escritas después se convirtieron en el germen de Balas de plata (Tusquets, 2008), su primera novela policiaca hecha y derecha, con la cual obtuvo el III Tercer Premio Tusquets Editores de Novela: «siempre han dicho que soy un escritor del género y eso es algo que me agrada; aunque también han dicho que no y eso me agrada más, al saber que no te pueden meter completamente en un género.»

Son historias que se viven a lo largo y ancho del país, pero que escritores como Élmer Mendoza busca sacar del ámbito de lo cotidiano para transformarlo en literatura, una apuesta en la que no se sabe dónde están los límites entre la realidad y la ficción.

«La novela es una especie de balance, pero no para cerrar un ciclo, sino para poner todo lo aprendido en estos años de escritura», dice el autor de obras como Un asesino solitario, El amante de Janis Joplin o Cóbraselo caro.

Al ingresar de manera directa al mundo de la novela policiaca, Élmer Mendoza creó a un policía sinaloense —Édgar El Zurdo Mendieta— encargado de investigar el asesinato de un abogado con doble vida, en donde aparece el universo del narcotráfico, de la política y hasta de una fraternidad basada en la comida vegetariana.

«No fue nada fácil construir al protagonista, al saber la cantidad de detectives que existen en la literatura universal, al grado que fue lo último que resolví de la historia: cómo crear un personaje entrañable, al que la gente quisiera u odiara. Siempre fue complicado, hasta hacerlo honesto me pesó».

Un policía mexicano que odia a los narcos, aun cuando la honestidad no sea absoluta porque participa de los sobres, «ese reparto de utilidad quincenal o mensual que dicen que reciben muchos». Esa característica le funcionó al escritor como contrapunto y hasta como parte del romanticismo que podría rodear al personaje.

«Al principio fue como un acto de fe, de hablar de la necesidad de que nuestra policía fuera honesta, pero después ya no descubro otra razón».

La saga que comienza

En la investigación del asesinato, El Zurdo Mendieta se involucra con los narcos más poderosos de la región y hasta del país, al grado de que en la trama juega con la idea de un político que podría suplir a un candidato presidencial, para lo que necesita contar con la aceptación del crimen organizado.

«Siempre me ha gustado darles sus piquetes de panza a los políticos. Una de las cosas que más me impactó de las elecciones presidenciales del 2006 fue la especulación de que iban a sustituir a (Roberto) Madrazo, además estoy seguro de que una de las necesidades de los políticos es el dinero: de dónde salió, esa es la gran pregunta».

El protagonista de Balas de plata tiene las mismas iniciales de su autor: E-M, Edgar Mendieta y Élmer Mendoza, un hecho relacionado más con la posibilidad de haber creado al personaje de una saga de literatura policiaca.

«Cuando me planteo la historia como un balance de lo hecho hasta el momento, pienso que me urge terminar mi novela fantástica; pero también parece que puede convertirse en una saga, lo que significa que debo seguir en el género. Al final, si a los lectores les gusta, a lo mejor hay un segundo libro con El Zurdo Mendieta», dice.

«Eso sí, cuando terminé de corregirlo me quedé prendido. Eso no lo había experimentado antes y creo que eso explica por qué los escritores de novelas policiacas siempre hacen una segunda: el personaje se queda vivo, moviéndose todavía».

Por cierto, la mujer de las lágrimas, quien era muy amiga de Élmer Mendoza, ya falleció.

En la cultura del narco

A Élmer Mendoza no le molesta en lo absoluto el ser considerado como un escritor de la cultura del narcotráfico, al contrario, piensa en esa etiqueta como la definición de sus años en las calles, en las cantinas… en su vida de su natal Sinaloa.

Y si bien ya escribió una novela que lo alejó un poco de esa atmósfera —Cóbraselo caro, con la cual buscó aproximarse a la estética de Juan Rulfo—, desde hace varios años trabaja en una obra que lo acerque a la otra forma de lo fantástico.

«Al terminar la promoción de Balas de plata me voy a meter en serio con la obra, la tengo muy avanzada; el problema es que cuando me ocupo en exclusiva de ella veo los errores, los defectos, las líneas narrativas que podrían ayudarla. Se trata de uno de mis sueños de toda la vida», dice.

Sin título hasta el momento, unos chicos quieren construir la catedral de su pueblo y para conseguir dinero se lanzan en busca de El Dorado, el mítico lugar donde se encuentra el tesoro de los pueblos prehispánicos», agrega.

«La imagen que tengo ahora me gusta mucho, es muy épica. A veces me da risa porque hay quienes me ven como muy ‘cabrón’ y así, pero cuando me conocen saben que soy un tipo tranquilo. Si uno de los valores de mis libros ha sido manifestar esas situaciones —la cultura del narco—, ha sido inevitable», concluye.


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Fotoperiodismo / AP: «f»

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Colombia, 24 de marzo, 2008.- Integrantes del grupo artístico F realizan una presentación, durante la ceremonia de clausura del Festival Internacional de Teatro de Bogotá 2008. (AP)


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Radio / Placido Domingo: «Júrame»




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En RADIO Rancho Las Voces... Placido Domingo... interpreta... Júrame... en RADIO Rancho Las Voces ...tengo celos hasta del pensamiento ...

Júrame
Letra

Júrame
que aunque pase
mucho tiempo
nunca olvidaré el momento
en que yo te conocí

Mírame
pues no hay
nada más profundo
ni más grande en este mundo
que el cariño que te di

Bésame
con un beso enamorado
como nadie me ha besado
desde el día en que nací

Quiéreme,
quiéreme hasta la locura
así sabrás la amargura
que estoy sufriendo por ti

Todos dicen que es mentira que te quiero
porque nunca me habían
visto enamorado
yo te juro que yo mismo
no comprendo
el porque tu mirar me ha cautivado

Cuando estoy cerca de ti ya
estoy contento
no quisiera que de nadie te acordaras
tengo celos hasta del pensamiento
que pueda recordarte a
otra persona amada

Júrame
que aunque pase
mucho tiempo...


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Artes Plásticas / México: Centenario de Jorge González Camarena

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El artista mexicano habla durante la inauguración del mural Liberación, que se encuentra en el Palacio de Bellas Artes, en 1959. (Foto:Archivo Marcel González Camarena)

C iudad Juárez, Chihuahua, 24 de marzo, 2008. (RanchoNEWS).- Con una sencilla ceremonia a realizarse en el IPN, será recordado el pintor de la historia de México. En su infancia dibujaba tiras cómicas y las vendía a sus compañeros de la escuela. Estudioso del arte prehispánico y popular mexicano. Un artista comprometido con su raza y sus creencias. Premiado en Italia. Con este gigante universal hay muchos pendientes para que su legado sea conocido y apreciado, en primera instancia, en esta tierra que retrató con pasión y esplendor. Una nota de Mónica Mateos-Vega para La Jornada:

La historia de México, sus raíces e imaginario nunca fueron tan majestuosos como cuando los retrató Jorge González Camarena, uno de los grandes pintores que ha dado el país, tan genial como su gran amigo Diego Rivera, pero sin el reconocimiento mundial de éste.

Hoy lunes 24 de marzo se cumplen cien años del nacimiento del artista, quien dedicó casi toda su vida al muralismo, la pintura de caballete (más de 2 mil piezas) y la escultura, sobre todo para narrar, mediante su obra, la época que le tocó vivir, «con un profundo compromiso nacional», como él mismo explicó al recibir el Premio Nacional de Artes en 1970.

No obstante la gran relevancia del legado del pintor jalisciense, éste padece la indiferencia oficial: «si viviéramos en otra época sería distinto, pero a la actual burocracia cultural la obra de mi abuelo simplemente no le interesa o ni la conocen», explica Marcel, el nieto mayor de González Camarena.

Es por ello que el homenaje para celebrar el centenario del natalicio del artista no será hoy, como correspondería a su gran talento, en el Palacio de Bellas Artes, donde se encuentra su espléndido mural Liberación, en el cual plasma que el hombre sólo puede librarse de sus ataduras por medio del conocimiento, sino en una sencilla ceremonia organizada por el Instituto Politécnico Nacional (IPN), que exhibe en sus muros Alegoría de la ciencia y la tierra.

Jorge González Camarena nació el 24 de marzo de 1908 en Guadalajara, Jalisco, donde residían sus padres, Arturo González y Sara Camarena, originarios de Arandas, quienes inculcaron en su familia el amor y el respeto por la riqueza cultural del país.

Fragmento del mural Presencia de América Latina, pintado en la universidad de la ciudad de Concepción, en Chile. (Foto:Archivo Marcel González Camarena)

Tuvo siete hermanos, entre ellos Guillermo (el inventor de la televisión a color y con quien frecuentemente se confunde al muralista).

Desde niño, Coque (como lo llamó siempre con afecto su nieto Marcel) se sintió atraído por el arte. Sus primeros trabajos los realizó tallando guijarros hasta darles la forma que quería, moldeando arcilla que cocía en un horno construido por él mismo o bien dibujando tiras cómicas protagonizadas por personajes de su invención, los Chiquinitos, las cuales vendía a sus compañeros de la escuela.

Cuando la familia González Camarena se mudó a la ciudad de México, el maestro de pintura de la primaria donde estudiaba Jorge, el pintor Francisco Zenteno, reconoció sus dotes artísticas y le aconsejó ingresar a la Academia de San Carlos.

Así fue como, a los 14 años, el muchacho comenzó a asistir a la institución donde pronto se convirtió en ayudante de Gerardo Murillo, Dr. Atl, al tiempo que demostró su interés por defender al gremio artístico. Promovió el movimiento estudiantil para llevar a Diego Rivera a la dirección de San Carlos, y formó parte del consejo de maestros y alumnos para formular un plan de estudios más avanzado.

En 1929, a los 21 años, cuando se perfilaba ya como el gran artista que llegó a ser, comenzó a escribir y dibujar para publicaciones como Revista de Revistas y Nuestro México. Al mismo tiempo, realizaba sus primeras investigaciones sobre arte prehispánico y popular, elementos que formaron parte esencial de su composición plástica.

En 1932 fue comisionado para restaurar los frescos del siglo XVI del convento de Huejotzingo, Puebla, donde radicó durante dos años.

«Tras redescubrir los frescos del convento franciscano, publicó un estudio sobre el resultado de sus investigaciones en la Revista Futuro, descubriendo que en esos muros trabajó el último pintor azteca y primer artista mexicano Marcos Cipactli, quien, como demostró mi abuelo, también pintó el lienzo original de la Virgen de Guadalupe, desmintiendo así su origen sobrenatural», explica, en entrevista con La Jornada, Marcel González Camarena.

El artista de niño. (Foto: Archivo Marcel González Camarena)

Así como preparaba sus pinturas con pigmentos naturales, inspirado en las técnicas de los tlacuilos del México antiguo, el pintor fue un apasionado de la música, «se incorporó tanto a la vida cotidiana de Huejotzingo, que inclusive se integró a la orquesta del pueblo, un cuarteto de música prehispánica, tocando la chirimía. Ahí comenzó a estudiar también el pensamiento mágico y las tradiciones de los antiguos mexicanos».

En 1939, el artista pintó su primer mural, Alegoría de Zimapán, en el hotel Fundición, de Zimapán, Hidalgo. Poco más tarde, realizó uno de sus mejores trabajos, el Díptico de la vida, mural compuesto por dos tableros, pintado en el edificio Guardiola, de la ciudad de México.

Esta obra causó polémica, ya que González Camarena representó el tema de la vida con un hombre y una mujer desnudos, «dueños de la fuerza cósmica que respira la humanidad», decía.

En defensa de la obra, recuerda Marcel, «Salvador Novo comentó ‘no es si son morales o inmorales, sino si son murales o inmurales’. Finalmente, el temblor de 1957 le causó pequeñas grietas al edificio, pretexto suficiente para que las autoridades decidieran destruir la obra».

González Camarena es autor de obras como La erupción del Xitle, mural al óleo-cera que se ubica en el museo de sitio de la zona arqueológica de Cuicuilco, en el Distrito Federal; el bajorrelieve policromado en piedra, mosaico y pintura de hule realizado en el muro exterior de la Casa de Estudios del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, «que hoy es el símbolo de esa escuela y se reproduce incluso en los anillos de sus graduados»; así como del impresionante mural Belisario Domínguez, de 130 metros cuadrados, pintado al óleo en el plafón, y los tres muros del cubo de la escalera del edificio del Senado de la República.

El artista también trabajó en la fachada del edificio que ocupó Televicentro, ahí realizó una obra de 900 metros cuadrados, titulada Frisos de la televisión, a base de relieves escultóricos en cemento policromado con incrustaciones de cerámica, mismos que tras las remodelaciones de Televisa fueron destruidos.

En 1950 hizo otra de sus grandes obras en el edificio del Instituto Mexicano del Seguro Social de Paseo de la Reforma: en el vestíbulo pintó el mural México, con técnica a la vinilita, donde representa la construcción de nuestro país. Además, en la entrada principal realizó dos grupos escultóricos, El Trabajo y Maternidad.

González Camarena durante la realización del mural Presencia de América Latina. (Foto:Archivo Marcel González Camarena)

En el Museo Nacional de Antropología pintó el mural en acrílico Las Razas, que se utilizó para imprimir, el 12 de octubre de 1992, un sello postal en conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América.

Su obra muralística cruzó fronteras: en la universidad de la ciudad de Concepción, en Chile, está Presencia de América Latina, obra hecha en 300 metros cuadrados que se reprodujo en una estampilla postal que conmemoró el 75 aniversario de esa casa de estudios y que, en un certamen realizado en Viena en 1996, fue premiado como «el más hermoso del mundo».

En 1978, dos años antes de morir, realizó su último mural: Trilogía de Saltillo, pintado en el cubo de la escalera principal del edificio de la Presidencia Municipal de Saltillo, Coahuila.

Marcel González Camarena confía en que la historia le dará el lugar que se merece a la obra de su abuelo. (Foto: Carlos Cisneros)

México también debe a González Camarena la salvación del fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz. En 1953 pretendían destruirlo para construir en su lugar unas bodegas y un muelle.
En esa época el maestro se encontraba pintando Águila en Vuelo, mural al óleo de 250 metros cuadrados realizado sobre el plafón del edificio del Banco de México, «al saber del atentado que se pretendía cometer, con gran conciencia cultural, fundó el Comité Pro Defensa y Restauración del Castillo de San Juan de Ulúa, y gracias al apoyo de distinguidos veracruzanos, logró salvar ese patrimonio nacional», señala su nieto.

El 23 de junio de 1966 González Camarena se convirtió en miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana. Además, gracias a un concurso en el que resultó triunfador, realizó la representación pictórica del retrato escultórico de Michelangelo Buonarotti, obra que se encuentra en la casa natal del artista italiano en Caprese. Por este retrato, el gobierno de Italia le otorgó al pintor mexicano la condecoración al Mérito en Grado de Commendatore della Republica.

A finales de los años 70, el gobierno de México le encargó a González Camarena un obsequio para el pueblo búlgaro, un San Jorge. El maestro fue invitado a Bulgaria a develar el cuadro, y las autoridades de ese país, encantadas con el cuadro, le ofrecieron realizar una exposición itinerante que recorrería varios países durante un año, comenzando por su capital Sofía, y concluyendo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

«Pero la colección personal de mi abuelo era de apenas cinco pinturas, pues todo lo vendía. Le compraban hasta los lienzos en blanco, le preguntaban, ‘maestro, ¿qué va a pintar en esa tela?’, él decía, ‘no sé’, y le respondían, ‘pues lo que sea se lo compro, no importa cuando lo termine’», dice.

«Para la exposición en Bulgaria, sabedor de que los coleccionistas no prestan sus cuadros por tanto tiempo, propuso que le diera un año para preparar una colección personal. Durante el último año de su vida, a marchas forzadas, produjo cerca de 80 cuadros, considerados por él como lo más representativo de su obra», agrega.

«Desafortunadamente para el pueblo mexicano y para el mundo la exposición itinerante nunca se realizó: mi abuelo murió el 24 de mayo de 1980 debido a un derrame cerebral. Fue velado en el Palacio de las Bellas Artes, donde se le rindió un homenaje nacional de cuerpo presente. Sus restos reposan en la cripta familiar en el panteón de Dolores, nunca hemos querido que se le traslade a la Rotonda de las Personas Ilustres, aunque nos lo han solicitado en diversas ocasiones», informa.

«Jorge González Camarena fue, antes que un gran artista, un hombre sencillo. Nunca buscó la fama, aunque mantuvo relación con todos los políticos de la época, siempre pensó que sólo le quitaban el tiempo y que eran unos hipócritas. Por eso decía que toda la historia estaba manipulada y quería plasmar en sus murales lo que consideraba la verdad. Disfrutaba, por ejemplo, sentarse en un ladrillo a comer con un albañil porque le gustaba mucho la compañía de la gente humilde, decía que era más honesta, más auténtica», señala Marcel.

La obra que González Camarena pintó durante el último año de su vida se repartió entre su familia, como él lo dispuso en su testamento, luego de ganar un pleito legal de 13 años con el crítico Antonio Luna Arroyo, quien involucró a la Universidad Nacional Autónoma de México para pelear 22 cuadros.

La mayor parte de sus trabajos de caballete se encuentran en colecciones privadas, tanto nacionales como extranjeras (por ejemplo, el museo Soumaya, o el acervo del empresario estadunidense Henry Ford).

Algunos de sus cuadros también se encuentran en el Museo de Arte Moderno y se sabe que uno de sus grandes coleccionistas fue el ex presidente José López Portillo.

A cien años de su nacimiento, hay muchos pendientes para que su legado sea conocido y apreciado, en primera instancia, en esta tierra que retrató con pasión y esplendor: «la historia se encargará de darle el lugar que le corresponde, quien vea su obra sabrá por qué, de eso no tengo la menor duda», concluye Marcel.

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viernes, abril 04, 2008

Fotoperiodismo / Alaa Al-Marjani: «Water from a container»

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Iraq 04/18.2008. A young girl gets water from a container at a refugee camp south of the Shiite holy city of Najaf, Iraq.(AP)


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