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Cultura política. Santiago Taboada, legislador del PAN y presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados; Rafael Tovar, titular de la Secretaría de Cultura, y Jesús Zambrano, diputado del PRD y presidente de la Mesa Directiva de la LXIII Legislatura. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- A cinco meses de que fue aprobada la Secretaría de Cultura no ha ocurrido ningún cambio en la institución, debido a la falta de reglamento. La dependencia, anunciada por el presidente Enrique Peña Nieto y aprobada en diciembre pasado, sigue operando igual que lo hizo su antecesor, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Con sus mismos alcances y atribuciones e incluso, su titular, Rafael Tovar y de Teresa, sigue sin cobrar como secretario. Luis Carlos Sánchez reporta para Excélsior.
«La complicación que hoy tenemos es que dentro de la organización sigue habiendo la misma estructura, porque al no tener un nuevo reglamento no se han podido ni hacer nuevos nombramientos, esto complica su operación. Está operando la Secretaría de Cultura con un nuevo nombre, pero con la misma atribución y los mismos alcances. El secretario tiene las mismas condiciones que cuando estaba Conaculta, lo único que cambió fue el nombre por el momento», aseguró Santiago Taboada, presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados.
Ayer, al finalizar la instalación del Consejo Técnico Consultivo para la creación de la Ley General de Cultura, Tovar y de Teresa volvió a restar importancia al aplazamiento de la creación del reglamento y negó que por parte de su administración exista retraso. «No, no ha habido (retraso). Honestamente creo que tenemos muy claro qué hay que hacer con la secretaría, está empezando a operar bajo esos criterios; el reglamento obviamente ayuda, pero tampoco es el tema sustantivo para que la institución esté operando cotidianamente».
El funcionario federal argumentó que, en sustancia, la manera como funcionará la dependencia ya está definida y que sólo faltan «detalles muy concretos» para dejar listo el estatuto. Tovar no descartó que podría haber cambios en su equipo de trabajo: «probablemente haya cambios» y en marzo pasado, cuando reapareció en la inauguración de una exposición dedicada a Nikola Tesla, afirmó que serían creadas dos subsecretarías en la dependencia.
Mismo panorama
También ahora todos los diputados, sin importar su bancada, expresaron «el honor» que sienten de pertenecer a la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados. Otra vez todos apelaron a la diversidad cultural de México y expresaron sus deseos de «llegar a buen puerto». La escena que se vivió en los primeros días de diciembre, cuando se aprobó la creación de la Secretaría de Cultura, volvió a repetirse, ahora para iniciar los trabajos encaminados a crear una Ley General de Cultura.
En la Comisión de Cultura y Cinematografía ha desaparecido la oposición. Nueva Alianza dijo que «apoyará» firmemente la creación de un dictamen para legislar en la materia; Morena, que «les es grato participar de esta nueva reglamentación»; el Partido Verde, que legislar para la cultura «dará grandes beneficios al país», y el PRI, que después de la creación de la Secretaría de Cultura este es «un nuevo hito» en la historia de México.
Los legisladores están convencidos de aprobar una Ley General de Cultura, pero necesita avalarse. Para ello instalaron ayer un Consejo Técnico Consultivo, integrado por más de 30 instituciones universitarias y gubernamentales. «El consejo es un mandato que nos pide la Junta de Coordinación Política para que acompañe la discusión de la Ley General», afirmó Taboada. ¿Sirve para avalar la ley?, se le cuestionó. «Es correcto, sirve para avalar», respondió.
El legislador teme que, de no incluir el mayor número de voces en la discusión, crezca la oposición a la reglamentación: «En la medida en la que incluyamos a más personalidades a esta discusión, puedo asegurar que será un producto mucho más consensuado». El único detalle es que el grupo sólo asistirá a las discusiones y no tendrá voz ni voto a la hora de elaborar el dictamen de ley. «Queremos sacar la ley y para sacarla hay que hacerla consensuada. Este es un grupo de acompañamiento, al final la facultad de redacción es de los diputados, seremos nosotros quien la redactamos», aseguró.
Urgencias
Como sucedió con la Secretaría de Cultura, también ahora parece haber urgencia. Taboada piensa que el documento podría estar listo en agosto y presentado en septiembre, al inicio del periodo legislativo. «Quisiera que se pudiera presentar en el próximo periodo ordinario, aprobarla antes de la discusión presupuestal (de 2017), pues tiene una lógica: estamos construyendo una Ley General para una Secretaría y se van a requerir recursos para la implementación, para los bienes y servicios culturales; tenemos que aprovechar la coyuntura presupuestal para incrementar el presupuesto al sector», señaló.
En aras de aumentar el «consenso» y aval de más sectores, en el periodo de receso legislativo que comprende junio, julio y agosto la Comisión organizará diferentes foros de discusión en cada una de las cinco circunscripciones geográficas del país. La idea es que los interesados se dirijan a los estados donde se llevarán a cabo las discusiones y los diputados se han comprometido a crear un micrositio en línea donde podrán incluirse testimonios de cualquier persona que serán agregados a las memorias de los foros y «servirán» para cuando se redacte el documento.
De acuerdo con Taboada, todo el proceso de discusión, incluidos los foros, no representarán más gastos para el erario. «Vamos a tocar la puerta de los congresos locales, de las secretarías de Cultura en los estados. Hay muchas maneras de, con pocos recursos, hacer un buen foro. Seguiremos insistiendo para que apoyen, más para cuestiones logísticas de quienes van a participar en los foros, pero cuando hemos acudido a alguna feria o festival lo hemos hecho con nuestros recursos, no ha habido ningún cargo a la Cámara».
Notables
Algunos de los integrantes del Consejo Técnico Consultivo forman parte de las siguientes dependencias e instituciones:
Senado de la República
Secretaría de Gobernación
Secretaría de Cultura
Secretaría de Economía
Secretaría de Turismo
Secretaría de Educación Pública
Comisión Nacional de los Derechos Humanos
Universidad Nacional Autónoma de México
Universidad Autónoma Metropolitana
Universidad Veracruzana
El Colegio de la Frontera Norte
Instituto Politécnico Nacional
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
Coordinación de Estrategia Digital Nacional de la Presidencia de la República
Propósitos
Cinco ejes propuestos por la Secretaría de Cultura para que sean contenidos en la Ley General de Cultura:
Respeto irrestricto a la libertad creativa.
Participación social.
Reconocimiento pleno a los derechos culturales.
Ampliación del acceso a la cultura en un ámbito de pluralidad.
Potencialización del uso de las tecnologías de la información y comunicación.
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jueves, abril 28, 2016
Cine / España: XIII DocumentaMadrid
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Mapplethorpe: Look at the Pictures, de Fenton Bailey y Randy Barbato. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- Un trecho insalvable separa a Michael Moore de Werner Herzog. En sus formas de entender y practicar el cine documental les une acaso la intervención en primera persona, es decir, cierta noción de la autoría documental, si bien las formas y las posturas desde las que comentan el mundo son incompatibles. El narcisismo dogmático del primero frente al lirismo estupefacto y reflexivo del segundo. Sus últimos trabajos se encargarán de inaugurar y clausurar, respectivamente, la decimotercera edición de DocumentaMadrid (27 de abril-8 de mayo). El norteamericano con ¿Qué invadimos ahora?, sesgada editorial en modo cómico sobre la política exterior norteamericana, mientras que el bávaro emprende con Lo and Behold Reveries of the Connected World una investigación del mundo online y sus efectos en las relaciones personales. El certamen madrileño certifica así, en el cuarto año de su fase dirigida por Mikel Olaciregui (exdirector del Festival de San Sebastián), su convicción de que el documental también puede ser un acontecimiento cinematográfico. Una nota de Carlos Reviriego para El Cultural.
Trece cintas competirán por el máximo galardón. Trece películas que indagan en grandes temas, con la actualidad y las preocupaciones sociales y políticas como territorio dominante. Sonit nos relata la historia de la refugiada afgana convertida en fenómeno de YouTube con un hip-hop que arremete contra las tradiciones opresivas, A Good American nos da un acceso privilegiado al corazón de las operaciones de inteligencia norteamericanas, mientras que la ucraniana The Babushkas of Chernobyl presenta una fábula sobre el hogar en una de las zonas más radioactivas del mundo. La infancia como el paraíso a proteger es el destino de películas como Holligan Sparrow y The Land of the Enlightened, mientras que la expresión artística será el vector de la cinta Mapplethorpe: Look at the Pictures, que explora la obra del fotógrafo americano. La fotógrafa Maya Goded explora por su parte la prostitución en México en Plaza de la Soledad. Producida por el actor Jared Leto, Holy Hell documenta a lo largo de veinte años la vida dentro de un secta norteamericana, mientras que la israelí Credit Murder es la investigación periodística, en los sectores neonazis, de un misterioso asesinato cometido en Rusia.
El cine español, no representado en la Sección Oficial, tendrá un espacio común exclusivo, «Panorama del documental español», con un total de nueve cintas a concurso (porque son estrenos mundiales) y siete fuera de competición. La infancia maltratada también será protagonista de The Other Kids (Pablo de la Chica), mientras que 35 y soltera (Paula Schargorodsky) y Madres invisibles (Adolfo Dufour Andia) abordan la exclusión y represión social de las mujeres con relatos de superación. Desde la denuncia y la controversia, Santa Fiesta (M. A. Rolland) analiza el maltrato animal en las fiestas españolas y Tarajal (Artigas, Ortega y Serra) investiga las muertes por ahogo de 15 inmigrantes en Ceuta cuando fueron recibidos con balas de goma por la Guardia Civil. Fermín Muguruza viaja a Nueva Orleans para filmar Nola?, en torno a la situación de la ciudad y su música diez años después del Katrina, mientras que Alfonso Domingo rescata la figura del anarquista Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo, que salvó a miles de personas de una muerte segura en la Guerra Civil.
La contienda española, cuando cumple 80 años, ocupa el ciclo de Filmoteca Española en el marco del festival: «1936-1939, la guerra filmada». Serán diez documentales y diez ficciones que se ofrecen como documentos gráficos de la guerra incivil, aquella que marcó traumáticamente el discruso creativo de Carlos Saura, quien a sus 84 años y cuando cumple 60 de carrera será objeto del homenaje y retrospectiva que el certamen programa este año. Bajo el título «Saura, la música y el espejo», el ciclo hará un recorrido por los títulos más destacados que el prolifico cineasta aragonés ha dedicado a los géneros musicales, como Sevillanas, Flamenco, Iberia, Fados, etc. Un gozoso descenso por la espiral sauriana.
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Mapplethorpe: Look at the Pictures, de Fenton Bailey y Randy Barbato. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- Un trecho insalvable separa a Michael Moore de Werner Herzog. En sus formas de entender y practicar el cine documental les une acaso la intervención en primera persona, es decir, cierta noción de la autoría documental, si bien las formas y las posturas desde las que comentan el mundo son incompatibles. El narcisismo dogmático del primero frente al lirismo estupefacto y reflexivo del segundo. Sus últimos trabajos se encargarán de inaugurar y clausurar, respectivamente, la decimotercera edición de DocumentaMadrid (27 de abril-8 de mayo). El norteamericano con ¿Qué invadimos ahora?, sesgada editorial en modo cómico sobre la política exterior norteamericana, mientras que el bávaro emprende con Lo and Behold Reveries of the Connected World una investigación del mundo online y sus efectos en las relaciones personales. El certamen madrileño certifica así, en el cuarto año de su fase dirigida por Mikel Olaciregui (exdirector del Festival de San Sebastián), su convicción de que el documental también puede ser un acontecimiento cinematográfico. Una nota de Carlos Reviriego para El Cultural.
Trece cintas competirán por el máximo galardón. Trece películas que indagan en grandes temas, con la actualidad y las preocupaciones sociales y políticas como territorio dominante. Sonit nos relata la historia de la refugiada afgana convertida en fenómeno de YouTube con un hip-hop que arremete contra las tradiciones opresivas, A Good American nos da un acceso privilegiado al corazón de las operaciones de inteligencia norteamericanas, mientras que la ucraniana The Babushkas of Chernobyl presenta una fábula sobre el hogar en una de las zonas más radioactivas del mundo. La infancia como el paraíso a proteger es el destino de películas como Holligan Sparrow y The Land of the Enlightened, mientras que la expresión artística será el vector de la cinta Mapplethorpe: Look at the Pictures, que explora la obra del fotógrafo americano. La fotógrafa Maya Goded explora por su parte la prostitución en México en Plaza de la Soledad. Producida por el actor Jared Leto, Holy Hell documenta a lo largo de veinte años la vida dentro de un secta norteamericana, mientras que la israelí Credit Murder es la investigación periodística, en los sectores neonazis, de un misterioso asesinato cometido en Rusia.
¿Qué invadimos ahora?, de Michael Moore
El cine español, no representado en la Sección Oficial, tendrá un espacio común exclusivo, «Panorama del documental español», con un total de nueve cintas a concurso (porque son estrenos mundiales) y siete fuera de competición. La infancia maltratada también será protagonista de The Other Kids (Pablo de la Chica), mientras que 35 y soltera (Paula Schargorodsky) y Madres invisibles (Adolfo Dufour Andia) abordan la exclusión y represión social de las mujeres con relatos de superación. Desde la denuncia y la controversia, Santa Fiesta (M. A. Rolland) analiza el maltrato animal en las fiestas españolas y Tarajal (Artigas, Ortega y Serra) investiga las muertes por ahogo de 15 inmigrantes en Ceuta cuando fueron recibidos con balas de goma por la Guardia Civil. Fermín Muguruza viaja a Nueva Orleans para filmar Nola?, en torno a la situación de la ciudad y su música diez años después del Katrina, mientras que Alfonso Domingo rescata la figura del anarquista Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo, que salvó a miles de personas de una muerte segura en la Guerra Civil.
La contienda española, cuando cumple 80 años, ocupa el ciclo de Filmoteca Española en el marco del festival: «1936-1939, la guerra filmada». Serán diez documentales y diez ficciones que se ofrecen como documentos gráficos de la guerra incivil, aquella que marcó traumáticamente el discruso creativo de Carlos Saura, quien a sus 84 años y cuando cumple 60 de carrera será objeto del homenaje y retrospectiva que el certamen programa este año. Bajo el título «Saura, la música y el espejo», el ciclo hará un recorrido por los títulos más destacados que el prolifico cineasta aragonés ha dedicado a los géneros musicales, como Sevillanas, Flamenco, Iberia, Fados, etc. Un gozoso descenso por la espiral sauriana.
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miércoles, abril 27, 2016
Artes Plásticas / Estados Unidos: Paseo por las grandes exposiciones de Nueva York
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La obra más famosa de Munch, El grito. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- La especialidad más popular en los restaurantes belgas es el mejillón, casi un símbolo de su identidad. Pero la palabra moule, que así se le llama en francés, da más juego que la simple degustación del rico molusco. En función de su contexto, moule puede tener que ver con moldes, con adaptación, con reparto, con archivo. Y así lo expresa Marcel Broodthaers (Saint-Gilles, Bruselas,1924 — Colonia,1976) en el poema titulado El triunfo del mejillón, que forma parte de la gran retrospectiva que el MoMA dedica al influyente artista belga, considerado el precursor de las instalaciones. La exposición de Broodthaers, coproducida con el Reina Sofía (llegará a Madrid en octubre), es una de las visitas inexcusables de la temporada de primavera-verano de las exposiciones de la ciudad de Nueva York; una temporada en la que las muestras monográficas (Degas y Pollock en el MoMA, Munch Expresionista en la Neue, Van Dyck en la Frick, Elisabeth Vigée Lebrun en el MET y Peter Fischli y David Weiss en el Guggenheim) compiten con insólitas propuestas temáticas como el espionaje masivo (Laura Poitras en el Whitney; Historias de crímenes, en el MET o las obras inacabadas de los artistas en el nuevo espacio estrella de la temporada: el Met Breuer). Reporta desde Nueva York Ángeles García para El País.
Munch y el Expresionismo. Neue Gallerie. (hasta el 13 de junio)
Muy diferente a la que se ha podido ver en el Thyssen, la exposición de la Neue pone en relación la obra de Munch con sus contemporáneos alemanes y austríacos y la influencia que ejerció sobre los artistas posteriores. En torno a su obra más popular y multimillonaria, El grito (91,2 millones de euros en 2012), entronizada en una sala especial, se exhiben obras clave realizadas durante sus largas estancias fuera de su país de origen, Noruega. Esas piezas maestras (35 pinturas y 50 trabajos en papel) cuelgan junto a artistas imprescindibles del Expresionismo como Richard Gerstl, Oskar Kokoschka y Egon Schiele, y los alemanes Max Beck mann, Erich Heckel, Ernst Ludwig Kirchner, Gabriele Münter y Emil Nolde.
Van Dyck. Anatomía del Retrato. Colección Frick. (Hasta el 5 de junio)
La Frick, uno de los museos más bellos y menos visitado por los turistas, dedica su gran exposición de la temporada a Van Dyck (1599-1641), con un centenar de retratos realizados en su Flandes natal, Italia, Francia y, sobre todo, en Londres, donde fue retratista oficial en la corte de Carlos I. La sucesión de rostros muestra su impresionante inventiva y capacidad para extraer al lienzo el interior de sus personajes. Van Dyck utilizó el género para experimentar su conocimiento de la pintura y el tratamiento de los personajes. Dos salas de la exposición están destinadas exclusivamente a desmenuzar los ensayos que realizaba con cada uno de los personajes en los dibujos previos y en los trabajos preparatorios que hacía sobre las telas. Imperceptibles a veces, a la entrada de la exposición, el visitante dispone de unas grandes lupas con las que poder aproximarse a la obra y percibir al detalle los planteamientos con los que se aproximaba a sus personajes. Un mundo muy diferente al que se percibe en la otra exposición dedicada al retrato en el Metropolitan, dedicada a la obra de Elisabeth Vigée Lebrun, mujer y artista en la Francia revolucionaria. Es verdad que la artista francesa, retratista oficial de María Antonieta, dejó numerosísimos retratos de la corte francesa y de las europeas de la época (83 obras, fundamentalmente retratos femeninos; solo hay 12 masculinos y tres de niños) Puede decirse que retrató a todas las grandes damas de aquellos años, pero lo suyo es una sucesión de bellísimos rostros casi idénticos desprovistos del alma y de los sentimientos que vemos en los retratos de Van Dyck.
Historias de crímenes. MET. (Hasta el 31 de julio)
Las historias de sucesos han ejercido siempre una tremenda atracción entre los fotógrafos. Vinculados a medios periodísticos o sorprendidos mientras deambulaban por las calles, ninguno ha rechazado la ocasión de enfocar el objetivo hacia al llamado lugar de los hechos. Cosa distinta es el tratamiento que cada uno haya hecho de la historia que tenían delante. Esta exposición recoge 70 obras de fotoperiodistas y de artistas como Richard Avedon, Larry Clark, Walker Evans, John Gutmann, Andy Warhol, y Weegee. Las imágenes son, casi siempre, impactantes: desde la portera que acaban de matar para robarle los ahorros, hasta un reo instantes antes de ser ejecutado en la silla eléctrica, o Pattty Hearst con el Ejército Simbiótico de Liberación, en 1974.
Unfinished. Thoughts Left Visible. MET Breuer. (4 de septiembre)
Uno de los grandes acontecimientos culturales de la temporada en Nueva York ha sido la reapertura del espacio en el que se alojaba el viejo Whitney. Convertido en sede de exposiciones temporales de arte contemporáneo del Metropolitan, a pocos metros de distancia, el edificio ha sido rehabilitado y remozado con escrupulosa fidelidad a la construcción original de Marcel Breuer, de quien ha heredado el nombre. Su mediática reapertura ha estado protagonizada por dos importantes exposiciones. Una de ellas está dedicada a la artista india Nasreen Mohamedi (1937-1990), una coproducción con el Reina Sofía que se pudo ver en Madrid en 2015. La otra, es Unfinished, una interesante reflexión sobre cuando se considera que una obra de arte está terminada y qué causas lo determinan. Los casos y las respuestas son casi tan diferentes como las 197 obras que integran la exposición y que van desde el Renacimiento hasta la actualidad. Leonardo, Velázquez, Goya, Tiziano, Rembrandt, Turner, Paul Cézanne, Jackson Pollock, Robert Rauschenberg o Picasso son algunos de los artistas de los que se muestran obras sin terminar. Los accidentes, el enfado de los mecenas, el arrepentimiento, son algunas de las causas. Pero también las modas o el trabajo en serie que hace que unas obras se encadenen a otras. Y como curiosidad, todo un movimiento señalado como los el de los artistas que dejaron más cuadros sin acabar: los impresionistas. Según nos cuentan en las cartelas informativas de la exposición, la persecución de la luz era carrera a la que muchas veces llegaban sin resuello. La solución consistía en abandonar y esperar una ocasión mejor para capturar el instante de una manera completa.
A strnage new beauty. MOMA (24 de julio)
La obra de Edgar Degas (París 1834— 1917) está marcada por su afán experimentador y su búsqueda del perfeccionismo absoluto. Esa condición hizo de él un permanente innovador y uno de los pioneros en artes como la fotografía y en el empleo de la técnica mixta. El monotipo (dibujo sobre una plancha con pigmentos frescos para conseguir una única estampa) fue uno de sus métodos de trabajo más utilizados y a él está dedicada esta exposición en la que se muestran 130 monotipos junto a 50 óleos, dibujos y bocetos. Todos ellos recogen sus temas más conocidos: bailarinas y desnudos. En las vísperas de la inauguración de la muestra, su comisario, Jodi Hauptman, aseguraba que si bien Degas es conocido como parte esencial del movimiento impresionista, aquí se demuestra que «Degas es el más moderno, el más experimental, el más improvisador y el que más riesgos fue capaz de asumir entre todos sus compañeros de generación».
El monotipo ya había fascinado antes a artistas como Giorgione, Rembrandt y William Blake, pero fue Degas quien se dedicó a él con mayor intensidad.
En la exposición se señalan dos periodos muy importantes en la obra de Degas como grabador: La década de 1870 y la de 1890. Ayudado por su amigo y artista experimental Ludovic-Napoléon Lepic (1839 –1889), Degas introdujo el trazo negro en el vibrante colorido de sus cuadros, un cambio con el que el artista consiguió la nueva y extraña belleza a la que alude el título de la exposición. En muchas de las láminas que se exhiben se pueden ver las raspaduras y arañazos hechas por Degas con sus manos para conseguir determinados efectos en la obra. Es, de alguna manera, también un precursor del trabajo en serie tan esencial en el arte contemporáneo. Para conseguir la estampa perfecta, repetía decenas de veces una imagen que podía ser idéntica o mostrar a la modelo en poses muy parecidas y desde distancias distintas. En uno de los textos incluidos en la exposición, se lee como Degas manifestó por escrito su opinión sobre la propiedad de las imágenes: «Este es el resultado de la libertad de movimiento entre la tinta y el trapo. Por eso no puede haber control exclusivo sobre la obra. Lego mis grabados a todos los artistas y editores sin que tengan que pedir permiso o solicitarlo».
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La obra más famosa de Munch, El grito. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- La especialidad más popular en los restaurantes belgas es el mejillón, casi un símbolo de su identidad. Pero la palabra moule, que así se le llama en francés, da más juego que la simple degustación del rico molusco. En función de su contexto, moule puede tener que ver con moldes, con adaptación, con reparto, con archivo. Y así lo expresa Marcel Broodthaers (Saint-Gilles, Bruselas,1924 — Colonia,1976) en el poema titulado El triunfo del mejillón, que forma parte de la gran retrospectiva que el MoMA dedica al influyente artista belga, considerado el precursor de las instalaciones. La exposición de Broodthaers, coproducida con el Reina Sofía (llegará a Madrid en octubre), es una de las visitas inexcusables de la temporada de primavera-verano de las exposiciones de la ciudad de Nueva York; una temporada en la que las muestras monográficas (Degas y Pollock en el MoMA, Munch Expresionista en la Neue, Van Dyck en la Frick, Elisabeth Vigée Lebrun en el MET y Peter Fischli y David Weiss en el Guggenheim) compiten con insólitas propuestas temáticas como el espionaje masivo (Laura Poitras en el Whitney; Historias de crímenes, en el MET o las obras inacabadas de los artistas en el nuevo espacio estrella de la temporada: el Met Breuer). Reporta desde Nueva York Ángeles García para El País.
Munch y el Expresionismo. Neue Gallerie. (hasta el 13 de junio)
Muy diferente a la que se ha podido ver en el Thyssen, la exposición de la Neue pone en relación la obra de Munch con sus contemporáneos alemanes y austríacos y la influencia que ejerció sobre los artistas posteriores. En torno a su obra más popular y multimillonaria, El grito (91,2 millones de euros en 2012), entronizada en una sala especial, se exhiben obras clave realizadas durante sus largas estancias fuera de su país de origen, Noruega. Esas piezas maestras (35 pinturas y 50 trabajos en papel) cuelgan junto a artistas imprescindibles del Expresionismo como Richard Gerstl, Oskar Kokoschka y Egon Schiele, y los alemanes Max Beck mann, Erich Heckel, Ernst Ludwig Kirchner, Gabriele Münter y Emil Nolde.
Van Dyck. Anatomía del Retrato. Colección Frick. (Hasta el 5 de junio)
La Frick, uno de los museos más bellos y menos visitado por los turistas, dedica su gran exposición de la temporada a Van Dyck (1599-1641), con un centenar de retratos realizados en su Flandes natal, Italia, Francia y, sobre todo, en Londres, donde fue retratista oficial en la corte de Carlos I. La sucesión de rostros muestra su impresionante inventiva y capacidad para extraer al lienzo el interior de sus personajes. Van Dyck utilizó el género para experimentar su conocimiento de la pintura y el tratamiento de los personajes. Dos salas de la exposición están destinadas exclusivamente a desmenuzar los ensayos que realizaba con cada uno de los personajes en los dibujos previos y en los trabajos preparatorios que hacía sobre las telas. Imperceptibles a veces, a la entrada de la exposición, el visitante dispone de unas grandes lupas con las que poder aproximarse a la obra y percibir al detalle los planteamientos con los que se aproximaba a sus personajes. Un mundo muy diferente al que se percibe en la otra exposición dedicada al retrato en el Metropolitan, dedicada a la obra de Elisabeth Vigée Lebrun, mujer y artista en la Francia revolucionaria. Es verdad que la artista francesa, retratista oficial de María Antonieta, dejó numerosísimos retratos de la corte francesa y de las europeas de la época (83 obras, fundamentalmente retratos femeninos; solo hay 12 masculinos y tres de niños) Puede decirse que retrató a todas las grandes damas de aquellos años, pero lo suyo es una sucesión de bellísimos rostros casi idénticos desprovistos del alma y de los sentimientos que vemos en los retratos de Van Dyck.
Historias de crímenes. MET. (Hasta el 31 de julio)
Las historias de sucesos han ejercido siempre una tremenda atracción entre los fotógrafos. Vinculados a medios periodísticos o sorprendidos mientras deambulaban por las calles, ninguno ha rechazado la ocasión de enfocar el objetivo hacia al llamado lugar de los hechos. Cosa distinta es el tratamiento que cada uno haya hecho de la historia que tenían delante. Esta exposición recoge 70 obras de fotoperiodistas y de artistas como Richard Avedon, Larry Clark, Walker Evans, John Gutmann, Andy Warhol, y Weegee. Las imágenes son, casi siempre, impactantes: desde la portera que acaban de matar para robarle los ahorros, hasta un reo instantes antes de ser ejecutado en la silla eléctrica, o Pattty Hearst con el Ejército Simbiótico de Liberación, en 1974.
Unfinished. Thoughts Left Visible. MET Breuer. (4 de septiembre)
Uno de los grandes acontecimientos culturales de la temporada en Nueva York ha sido la reapertura del espacio en el que se alojaba el viejo Whitney. Convertido en sede de exposiciones temporales de arte contemporáneo del Metropolitan, a pocos metros de distancia, el edificio ha sido rehabilitado y remozado con escrupulosa fidelidad a la construcción original de Marcel Breuer, de quien ha heredado el nombre. Su mediática reapertura ha estado protagonizada por dos importantes exposiciones. Una de ellas está dedicada a la artista india Nasreen Mohamedi (1937-1990), una coproducción con el Reina Sofía que se pudo ver en Madrid en 2015. La otra, es Unfinished, una interesante reflexión sobre cuando se considera que una obra de arte está terminada y qué causas lo determinan. Los casos y las respuestas son casi tan diferentes como las 197 obras que integran la exposición y que van desde el Renacimiento hasta la actualidad. Leonardo, Velázquez, Goya, Tiziano, Rembrandt, Turner, Paul Cézanne, Jackson Pollock, Robert Rauschenberg o Picasso son algunos de los artistas de los que se muestran obras sin terminar. Los accidentes, el enfado de los mecenas, el arrepentimiento, son algunas de las causas. Pero también las modas o el trabajo en serie que hace que unas obras se encadenen a otras. Y como curiosidad, todo un movimiento señalado como los el de los artistas que dejaron más cuadros sin acabar: los impresionistas. Según nos cuentan en las cartelas informativas de la exposición, la persecución de la luz era carrera a la que muchas veces llegaban sin resuello. La solución consistía en abandonar y esperar una ocasión mejor para capturar el instante de una manera completa.
A strnage new beauty. MOMA (24 de julio)
La obra de Edgar Degas (París 1834— 1917) está marcada por su afán experimentador y su búsqueda del perfeccionismo absoluto. Esa condición hizo de él un permanente innovador y uno de los pioneros en artes como la fotografía y en el empleo de la técnica mixta. El monotipo (dibujo sobre una plancha con pigmentos frescos para conseguir una única estampa) fue uno de sus métodos de trabajo más utilizados y a él está dedicada esta exposición en la que se muestran 130 monotipos junto a 50 óleos, dibujos y bocetos. Todos ellos recogen sus temas más conocidos: bailarinas y desnudos. En las vísperas de la inauguración de la muestra, su comisario, Jodi Hauptman, aseguraba que si bien Degas es conocido como parte esencial del movimiento impresionista, aquí se demuestra que «Degas es el más moderno, el más experimental, el más improvisador y el que más riesgos fue capaz de asumir entre todos sus compañeros de generación».
El monotipo ya había fascinado antes a artistas como Giorgione, Rembrandt y William Blake, pero fue Degas quien se dedicó a él con mayor intensidad.
En la exposición se señalan dos periodos muy importantes en la obra de Degas como grabador: La década de 1870 y la de 1890. Ayudado por su amigo y artista experimental Ludovic-Napoléon Lepic (1839 –1889), Degas introdujo el trazo negro en el vibrante colorido de sus cuadros, un cambio con el que el artista consiguió la nueva y extraña belleza a la que alude el título de la exposición. En muchas de las láminas que se exhiben se pueden ver las raspaduras y arañazos hechas por Degas con sus manos para conseguir determinados efectos en la obra. Es, de alguna manera, también un precursor del trabajo en serie tan esencial en el arte contemporáneo. Para conseguir la estampa perfecta, repetía decenas de veces una imagen que podía ser idéntica o mostrar a la modelo en poses muy parecidas y desde distancias distintas. En uno de los textos incluidos en la exposición, se lee como Degas manifestó por escrito su opinión sobre la propiedad de las imágenes: «Este es el resultado de la libertad de movimiento entre la tinta y el trapo. Por eso no puede haber control exclusivo sobre la obra. Lego mis grabados a todos los artistas y editores sin que tengan que pedir permiso o solicitarlo».
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Literatura / Entrevista a Milena Busquets
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El libro se traducirá al inglés, francés, alemán, italiano y portugués, y será llevado al cine por la productora de Daniel Burman. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- La escritora, que ayer se presentó en La Rural y hoy hablará en el Malba, señala que la temática de su libro no le impidió apelar al humor: «El sentido del humor es un instrumento de educación y de civilización. La risa es un instrumento de salvación». Silvina Friera la entrevista para Página/12.
El cielo intenso de su mirada se nubla unos segundos, como si empezara a lloviznar, cuando recuerda a su madre. Las pecas de Milena Busquets sonríen para conjurar esa tristeza súbita que emerge al hablar de lo difícil que es ser huérfana. Tenía 40 años cuando murió su madre, la editora y escritora Esther Tusquets, devorada por el mal de Parkinson, en julio de 2012. No era fácil sortear el asedio de la sombra materna, la presencia «bestial» de la fundadora de la editorial Lumen. En el horizonte del duelo, apareció la escritura postergada como una necesidad íntima para exorcizar los fantasmas. Pronto irrumpió la voz levemente irónica de Blanca, la protagonista de También esto pasará (Anagrama), en el funeral de su madre y durante los días posteriores en Cadaqués, esa especie de paraíso de su infancia, adonde se refugia con sus hijos pequeños. “Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada y me parecía tan incontestable y perpetuo que nunca me molesté en averiguar cuál era. No está mal, he conseguido ser una niña hasta los cuarenta, dos hijos, dos matrimonios, dos relaciones, varios pisos, varios trabajos, esperemos que sepa hacer la transición a adulto y que no me convierta directamente en una anciana”, dice Blanca tan cercana a la impresiones de Busquets, que ayer estuvo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y hoy se presentará a las 20 en el Malba.
También esto pasará se está traduciendo al inglés, francés, alemán, italiano y portugués, entre otras lenguas, y será llevada al cine por la productora de Daniel Burman. «Yo no quiero escribir como Colette porque no puedo, ya lo hizo ella mejor que nadie y sería ridículo», aclara Busquets en la entrevista con Página/12. «Los libros que fueron y han sido una tabla de salvación tan importante en mi vida quedaron un poco aniquilados por la muerte de mi madre. Pero los he recuperado. Me ayuda más leer que escribir», cuenta la escritora que nació en Barcelona, en 1972, autora de la novela Hoy he conocido a alguien (2008).
¿Cómo fue escribir una novela tan autobiográfica?
La parte de la novela más autobiográfica es la relación madre e hija. En el libro no digo que se llamaba Esther Tusquets ni que era editora porque no me gusta que piensen que me aprovecho del nombre de mi madre. Escribí el primer capítulo muy rápido, entonces vi muy de prisa que podía ser una novela. No creo que sea ni más fácil ni más difícil escribir cosas autobiográficas o muy cercanas a uno. Si hubiese escrito una novela sobre el Renacimiento italiano, también hubiera sido un ejercicio complicado, porque para escribir has de ser muy honesto, has de poner tus tripas encima de la mesa, pero al mismo tiempo has de tener cierta distancia para poder ver las cosas. Esta combinación de cercanía y en algunos momentos distancia es lo más difícil para un escritor. Tuve en claro desde el principio que quería que sonase cercano y muy coloquial, que no podía ser una vomitona de sentimientos.
La voz narrativa de Blanca expresa mucho dolor pero con humor, con la risa como principal aliada, ¿no?
Esa voz se parece bastante a mi voz. El sentido del humor es un instrumento de educación y de civilización. Puedes estar viviendo cosas muy intensas –yo soy muy apasionada y muy latina en ese sentido–, pero siempre hay que intentar, aun cuando estés hundido en la más pura miseria, relativizar un poco todo. La risa es un instrumento de salvación para mí. Hay gente que es más reflexiva o que le salvan otras cosas. La risa y el llanto están muy cercanos. Incluso en una situación terrible, de repente ves algo no sé si cómico pero que tiene algo de ligero, de luminoso. Y está bien poderlo ver porque si no nos hundiríamos en lo más terrible.
¿El peligro de la novela era la tentación de caer en la tristeza y la pena permanente?
Sí, me da mucho miedo esa gente que se complace en su dolor y cree que su dolor es único. En esto tuve mucho cuidado para no resultar cursi porque es un tema muy delicado: la madre, la enfermedad, la muerte. Cada vez que veía algo que me parecía que estaba rozando lo sentimental o lo autocomplaciente del tipo «pobre niña, está perdiendo a su madre» –¡tío, pues todos vamos a perder a nuestra madre, es una putada horrible!– lo sacaba.
La narradora de También esto pasará es huérfana y tiene que mirar la vida de otra manera porque ya no tiene la mirada del padre ni de la madre. ¿Qué implica esa orfandad?
Me cuesta mucho explicarlo porque tengo amigas que aún tienen a sus padres. Cuando tienes padres, tienes algo detrás. Y de repente te encuentras con el vacío más absoluto. Y caminas por la calle de otra manera. Yo me acuerdo que el día que murió mi madre cuando salí del hospital, sentí que la calle era un decorado: puedo apoyarme contra una pared y la tiraré al suelo. La tierra bajo mis pies no era firme como había pensado hasta entonces. Esta sensación nunca se me ha ido del todo. La conservo porque pienso en los momentos en que me gustaría hablar con ellos, en que me gustaría verlos. He pasado a ser la responsable única de mi vida. Esto es extrañísimo porque por un lado te haces adulto de golpe; pero hoy en día, algunas personas más que otras, somos niños durante mucho tiempo. Yo soy muy infantil, yo necesito a mis padres. Nunca me gustó el mundo de los adultos.
La madre le dice que la muerte del padre no fue como Blanca cree, que no fue tan digno en la enfermedad y la muerte... Es un momento fuerte de la novela porque instala el aguijón de la duda, ¿no?
Me lo dijo, es literal: «La muerte de tu padre no fue así, no fue como tú piensas». De repente mi madre, que era la persona más buena del mundo, se volvió mala. ¿Sabés lo que es eso? Cuando le detectaron el Parkinson, me dijeron: «Olvídate de tu madre porque desaparecerá». Para la gente que ha sido más activa y más independiente el Parkinson es peor, porque cuando se rompe el dique se rompe mucho más. La enfermedad es implacable, es un monstruo, te convierte en peor persona. Como la infelicidad. La infelicidad nos vuelve más miserables. No hay derecho porque tendría que ser al contrario: encima que sufres, pues al menos que te vuelva algo bueno. Pero el sufrimiento no dignifica ni mejora a las personas.
¿Pudo averiguar cómo fue la muerte de su padre?
No, nunca lo sabré y no quiero indagar más. Me parece muy peligroso cuando alguien ha muerto empezar a descubrir cosas. Soy muy curiosa, pero no soy nada chismosa. Los trapos sucios de la gente no me gustan. En la novela hablo poco de lo más feo. A mis muertos los quiero y he intentado mirarlos con la máxima objetividad. No quiero investigar sobre los muertos, prefiero investigar sobre los vivos. Mire que soy arqueóloga, debería interesarme por los muertos, pero no me interesan mucho. Tengo más miedo a la muerte que a los muertos; es muy fácil cuando has perdido a gente que has querido mucho vivir muy cerca de los muertos, es algo muy absorbente y atractivo convertirte en un alma en pena, en una persona absolutamente nostálgica. Creo que eso es peligroso porque estamos vivas, hemos perdido a la gente que hemos amado, pero la verdad es que estamos en el terreno de los vivos. Los muertos te ayudan y te empujan en algunas ocasiones, pero también son muy peligrosos. Ya que la vida se acaba y seremos muertos dentro de unos años por toda la eternidad mejor aprovechar esto un rato (risas).
La narradora cuenta que poco antes de morir la madre le regaló una inmensa maleta con la serie de álbumes familiares que empezó su abuelo y continuó su madre. ¿Se animó a mirar esas fotos?
Las he mirado un poco de reojo. Yo no he leído los libros que escribió mi madre todavía. Me dan un poco de miedo. Siempre quise que mi madre fuese mi madre, no que fuese la escritora o la editora. No me interesaba eso como no le interesa a mis hijos que yo sea escritora.
¿Por qué siente nostalgia por la «gauche divine» de la Barcelona de los años 60 y 70?
La «gauche divine» acabó antes de que naciese. Pero de alguna forma la vi. Yo me pasaba en mi casa observando a la gente. Tuve la suerte increíble de que me pude aburrir; ahora los niños no les dejan aburrirse, les hacen hacer cosas. Y creo que uno se vuelve persona cuando está en un rincón mirando al mundo un poco sin que te miren, sin que te entretengan, sin tener que aprender inglés, ballet o fútbol. Ese mundo de los mayores me fascinaba, pero no tenía ningún acceso. Yo venía del Liceo Francés en Barcelona, de un colegio bastante burgués, y en Cadaqués la sensación que teníamos es que estábamos un poco asalvajados. Cuando era joven, los veranos duraban tres meses. A mí me enviaban a Cadaqués con mi niñera, mi hermano, los hijos de mi niñera que eran como nuestros hermanos, y estábamos ahí dos meses. Cadaqués es el descubrimiento de la libertad. En Cadaqués había hippies alemanes y de todo el mundo, gente que me fascinaba porque eran muy distintos. Se puso de moda decir que los 70 fueron una mentira y que los jóvenes de los 70 se convirtieron en yuppies después. Yo no estoy de acuerdo. La década del 70 es importantísima y creo que somos hijos directos de los 70. Así como los 80 es una década que detesto porque fue la década en la que de repente el dinero se convirtió en Dios y fue una década que ha sido borrada. No nos queda nada. Nos queda el miedo, la cobardía, la crisis brutal económica. Los 70 descubren para empezar la juventud. En los 70 ser joven se convierte en algo. Yo soy muy hippie. Y mi madre también lo era. Esta idea de que como individuos tenemos derecho a buscar nuestro camino, nuestra libertad y a decidir si queremos nuestra familia, si queremos casarnos con una mujer, todo esto es un legado del 70; es increíble lo que se consiguió en aquella década. Soy un poco nostálgica de los 70.
¿Cómo fue la experiencia de tener la editorial RqR con su madre?
Yo estuve trabajando un año en Lumen, cuando la había comprado Random House Mondadori, pero no iba mucho con mi carácter las estructuras tan cerradas. Y no soy nada obediente. Entonces mi madre sugirió la idea de montar una editorial, que dirigiría yo, pero estarían ella y su hermano detrás. Y dije que sí, pero no fue buena idea porque tanto Oscar, mi tío, como mi madre son personajes con mucha personalidad, con mucho carácter; pero para ellos yo siempre soy la niña de seis años. Me cuesta tomarme en serio a mí misma, me cuesta pensar que puedo ser algo más que ser graciosa, y encima tener a estas dos bestias era de locos. Yo tenía un pisito en Cadaqués y lo vendí para fundar la editorial y cuando se acabó el dinero me fui. No es casualidad que me haya puesto a escribir en serio una vez muerta mi madre; era una sombra muy alargada, era muy bestia la presencia de ella, no porque fuese dominadora conscientemente o manipuladora. Era por mí, porque tengo un problema para tomarme en serio. No me dieron esa seguridad, creo que soy como el monito gracioso.
¿Por qué es tan compleja la relación madre e hija?
No sé... son dos mujeres que viven el paso del tiempo, pero una se va acercando a la muerte mientras la otra está en la plenitud. Tarde o temprano, hay un momento de competencia entre madre e hija que puedes no verlo. Es la relación de amor más complicada; te ha llevado en su tripa, es complicada separarse de eso. No tengo una explicación. El éxito del libro en parte es porque han venido muchas chicas y mujeres a decirme: «Yo también tengo una madre de armas tomar». Pero esa es la percepción de la hija. Una escribe sola y yo me sentía muy bicho raro cuando escribía la novela. Lo mejor del fenómeno del libro es que el amor y el dolor lo vivimos todos igual. No es una tragedia griega, es una comedia dramática. Y eso que me encantan las tragedias griegas. La novela en el fondo es un homenaje a Esther. Con lo narcisista y egocéntrica que era, creo que le hubiera encantado. Pero no lo sé, por desgracia no lo leerá nunca. Cuando me hablan del éxito de la novela, el éxito se basa en un fracaso capital y es que no lo leerá nunca la persona para la que la escribí. Igual necesitaba sacarme a mi madre de encima porque en vida no fui capaz. Mi madre, como lo digo en el libro, se convierte en otro hijo.
Lo más difícil es ser madre de su madre por la enfermedad, ¿no?
Es horrible, me niego porque ya tengo a mis hijos que me encantan y me apasionan. ¿Madre de tu madre? Es el niño pesado, tozudo, negativo, insoportable, narcisista. Es el peor hijo, el hijo que nunca hubieses querido tener.
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El libro se traducirá al inglés, francés, alemán, italiano y portugués, y será llevado al cine por la productora de Daniel Burman. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- La escritora, que ayer se presentó en La Rural y hoy hablará en el Malba, señala que la temática de su libro no le impidió apelar al humor: «El sentido del humor es un instrumento de educación y de civilización. La risa es un instrumento de salvación». Silvina Friera la entrevista para Página/12.
El cielo intenso de su mirada se nubla unos segundos, como si empezara a lloviznar, cuando recuerda a su madre. Las pecas de Milena Busquets sonríen para conjurar esa tristeza súbita que emerge al hablar de lo difícil que es ser huérfana. Tenía 40 años cuando murió su madre, la editora y escritora Esther Tusquets, devorada por el mal de Parkinson, en julio de 2012. No era fácil sortear el asedio de la sombra materna, la presencia «bestial» de la fundadora de la editorial Lumen. En el horizonte del duelo, apareció la escritura postergada como una necesidad íntima para exorcizar los fantasmas. Pronto irrumpió la voz levemente irónica de Blanca, la protagonista de También esto pasará (Anagrama), en el funeral de su madre y durante los días posteriores en Cadaqués, esa especie de paraíso de su infancia, adonde se refugia con sus hijos pequeños. “Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada y me parecía tan incontestable y perpetuo que nunca me molesté en averiguar cuál era. No está mal, he conseguido ser una niña hasta los cuarenta, dos hijos, dos matrimonios, dos relaciones, varios pisos, varios trabajos, esperemos que sepa hacer la transición a adulto y que no me convierta directamente en una anciana”, dice Blanca tan cercana a la impresiones de Busquets, que ayer estuvo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y hoy se presentará a las 20 en el Malba.
También esto pasará se está traduciendo al inglés, francés, alemán, italiano y portugués, entre otras lenguas, y será llevada al cine por la productora de Daniel Burman. «Yo no quiero escribir como Colette porque no puedo, ya lo hizo ella mejor que nadie y sería ridículo», aclara Busquets en la entrevista con Página/12. «Los libros que fueron y han sido una tabla de salvación tan importante en mi vida quedaron un poco aniquilados por la muerte de mi madre. Pero los he recuperado. Me ayuda más leer que escribir», cuenta la escritora que nació en Barcelona, en 1972, autora de la novela Hoy he conocido a alguien (2008).
¿Cómo fue escribir una novela tan autobiográfica?
La parte de la novela más autobiográfica es la relación madre e hija. En el libro no digo que se llamaba Esther Tusquets ni que era editora porque no me gusta que piensen que me aprovecho del nombre de mi madre. Escribí el primer capítulo muy rápido, entonces vi muy de prisa que podía ser una novela. No creo que sea ni más fácil ni más difícil escribir cosas autobiográficas o muy cercanas a uno. Si hubiese escrito una novela sobre el Renacimiento italiano, también hubiera sido un ejercicio complicado, porque para escribir has de ser muy honesto, has de poner tus tripas encima de la mesa, pero al mismo tiempo has de tener cierta distancia para poder ver las cosas. Esta combinación de cercanía y en algunos momentos distancia es lo más difícil para un escritor. Tuve en claro desde el principio que quería que sonase cercano y muy coloquial, que no podía ser una vomitona de sentimientos.
La voz narrativa de Blanca expresa mucho dolor pero con humor, con la risa como principal aliada, ¿no?
Esa voz se parece bastante a mi voz. El sentido del humor es un instrumento de educación y de civilización. Puedes estar viviendo cosas muy intensas –yo soy muy apasionada y muy latina en ese sentido–, pero siempre hay que intentar, aun cuando estés hundido en la más pura miseria, relativizar un poco todo. La risa es un instrumento de salvación para mí. Hay gente que es más reflexiva o que le salvan otras cosas. La risa y el llanto están muy cercanos. Incluso en una situación terrible, de repente ves algo no sé si cómico pero que tiene algo de ligero, de luminoso. Y está bien poderlo ver porque si no nos hundiríamos en lo más terrible.
¿El peligro de la novela era la tentación de caer en la tristeza y la pena permanente?
Sí, me da mucho miedo esa gente que se complace en su dolor y cree que su dolor es único. En esto tuve mucho cuidado para no resultar cursi porque es un tema muy delicado: la madre, la enfermedad, la muerte. Cada vez que veía algo que me parecía que estaba rozando lo sentimental o lo autocomplaciente del tipo «pobre niña, está perdiendo a su madre» –¡tío, pues todos vamos a perder a nuestra madre, es una putada horrible!– lo sacaba.
La narradora de También esto pasará es huérfana y tiene que mirar la vida de otra manera porque ya no tiene la mirada del padre ni de la madre. ¿Qué implica esa orfandad?
Me cuesta mucho explicarlo porque tengo amigas que aún tienen a sus padres. Cuando tienes padres, tienes algo detrás. Y de repente te encuentras con el vacío más absoluto. Y caminas por la calle de otra manera. Yo me acuerdo que el día que murió mi madre cuando salí del hospital, sentí que la calle era un decorado: puedo apoyarme contra una pared y la tiraré al suelo. La tierra bajo mis pies no era firme como había pensado hasta entonces. Esta sensación nunca se me ha ido del todo. La conservo porque pienso en los momentos en que me gustaría hablar con ellos, en que me gustaría verlos. He pasado a ser la responsable única de mi vida. Esto es extrañísimo porque por un lado te haces adulto de golpe; pero hoy en día, algunas personas más que otras, somos niños durante mucho tiempo. Yo soy muy infantil, yo necesito a mis padres. Nunca me gustó el mundo de los adultos.
La madre le dice que la muerte del padre no fue como Blanca cree, que no fue tan digno en la enfermedad y la muerte... Es un momento fuerte de la novela porque instala el aguijón de la duda, ¿no?
Me lo dijo, es literal: «La muerte de tu padre no fue así, no fue como tú piensas». De repente mi madre, que era la persona más buena del mundo, se volvió mala. ¿Sabés lo que es eso? Cuando le detectaron el Parkinson, me dijeron: «Olvídate de tu madre porque desaparecerá». Para la gente que ha sido más activa y más independiente el Parkinson es peor, porque cuando se rompe el dique se rompe mucho más. La enfermedad es implacable, es un monstruo, te convierte en peor persona. Como la infelicidad. La infelicidad nos vuelve más miserables. No hay derecho porque tendría que ser al contrario: encima que sufres, pues al menos que te vuelva algo bueno. Pero el sufrimiento no dignifica ni mejora a las personas.
¿Pudo averiguar cómo fue la muerte de su padre?
No, nunca lo sabré y no quiero indagar más. Me parece muy peligroso cuando alguien ha muerto empezar a descubrir cosas. Soy muy curiosa, pero no soy nada chismosa. Los trapos sucios de la gente no me gustan. En la novela hablo poco de lo más feo. A mis muertos los quiero y he intentado mirarlos con la máxima objetividad. No quiero investigar sobre los muertos, prefiero investigar sobre los vivos. Mire que soy arqueóloga, debería interesarme por los muertos, pero no me interesan mucho. Tengo más miedo a la muerte que a los muertos; es muy fácil cuando has perdido a gente que has querido mucho vivir muy cerca de los muertos, es algo muy absorbente y atractivo convertirte en un alma en pena, en una persona absolutamente nostálgica. Creo que eso es peligroso porque estamos vivas, hemos perdido a la gente que hemos amado, pero la verdad es que estamos en el terreno de los vivos. Los muertos te ayudan y te empujan en algunas ocasiones, pero también son muy peligrosos. Ya que la vida se acaba y seremos muertos dentro de unos años por toda la eternidad mejor aprovechar esto un rato (risas).
La narradora cuenta que poco antes de morir la madre le regaló una inmensa maleta con la serie de álbumes familiares que empezó su abuelo y continuó su madre. ¿Se animó a mirar esas fotos?
Las he mirado un poco de reojo. Yo no he leído los libros que escribió mi madre todavía. Me dan un poco de miedo. Siempre quise que mi madre fuese mi madre, no que fuese la escritora o la editora. No me interesaba eso como no le interesa a mis hijos que yo sea escritora.
¿Por qué siente nostalgia por la «gauche divine» de la Barcelona de los años 60 y 70?
La «gauche divine» acabó antes de que naciese. Pero de alguna forma la vi. Yo me pasaba en mi casa observando a la gente. Tuve la suerte increíble de que me pude aburrir; ahora los niños no les dejan aburrirse, les hacen hacer cosas. Y creo que uno se vuelve persona cuando está en un rincón mirando al mundo un poco sin que te miren, sin que te entretengan, sin tener que aprender inglés, ballet o fútbol. Ese mundo de los mayores me fascinaba, pero no tenía ningún acceso. Yo venía del Liceo Francés en Barcelona, de un colegio bastante burgués, y en Cadaqués la sensación que teníamos es que estábamos un poco asalvajados. Cuando era joven, los veranos duraban tres meses. A mí me enviaban a Cadaqués con mi niñera, mi hermano, los hijos de mi niñera que eran como nuestros hermanos, y estábamos ahí dos meses. Cadaqués es el descubrimiento de la libertad. En Cadaqués había hippies alemanes y de todo el mundo, gente que me fascinaba porque eran muy distintos. Se puso de moda decir que los 70 fueron una mentira y que los jóvenes de los 70 se convirtieron en yuppies después. Yo no estoy de acuerdo. La década del 70 es importantísima y creo que somos hijos directos de los 70. Así como los 80 es una década que detesto porque fue la década en la que de repente el dinero se convirtió en Dios y fue una década que ha sido borrada. No nos queda nada. Nos queda el miedo, la cobardía, la crisis brutal económica. Los 70 descubren para empezar la juventud. En los 70 ser joven se convierte en algo. Yo soy muy hippie. Y mi madre también lo era. Esta idea de que como individuos tenemos derecho a buscar nuestro camino, nuestra libertad y a decidir si queremos nuestra familia, si queremos casarnos con una mujer, todo esto es un legado del 70; es increíble lo que se consiguió en aquella década. Soy un poco nostálgica de los 70.
¿Cómo fue la experiencia de tener la editorial RqR con su madre?
Yo estuve trabajando un año en Lumen, cuando la había comprado Random House Mondadori, pero no iba mucho con mi carácter las estructuras tan cerradas. Y no soy nada obediente. Entonces mi madre sugirió la idea de montar una editorial, que dirigiría yo, pero estarían ella y su hermano detrás. Y dije que sí, pero no fue buena idea porque tanto Oscar, mi tío, como mi madre son personajes con mucha personalidad, con mucho carácter; pero para ellos yo siempre soy la niña de seis años. Me cuesta tomarme en serio a mí misma, me cuesta pensar que puedo ser algo más que ser graciosa, y encima tener a estas dos bestias era de locos. Yo tenía un pisito en Cadaqués y lo vendí para fundar la editorial y cuando se acabó el dinero me fui. No es casualidad que me haya puesto a escribir en serio una vez muerta mi madre; era una sombra muy alargada, era muy bestia la presencia de ella, no porque fuese dominadora conscientemente o manipuladora. Era por mí, porque tengo un problema para tomarme en serio. No me dieron esa seguridad, creo que soy como el monito gracioso.
¿Por qué es tan compleja la relación madre e hija?
No sé... son dos mujeres que viven el paso del tiempo, pero una se va acercando a la muerte mientras la otra está en la plenitud. Tarde o temprano, hay un momento de competencia entre madre e hija que puedes no verlo. Es la relación de amor más complicada; te ha llevado en su tripa, es complicada separarse de eso. No tengo una explicación. El éxito del libro en parte es porque han venido muchas chicas y mujeres a decirme: «Yo también tengo una madre de armas tomar». Pero esa es la percepción de la hija. Una escribe sola y yo me sentía muy bicho raro cuando escribía la novela. Lo mejor del fenómeno del libro es que el amor y el dolor lo vivimos todos igual. No es una tragedia griega, es una comedia dramática. Y eso que me encantan las tragedias griegas. La novela en el fondo es un homenaje a Esther. Con lo narcisista y egocéntrica que era, creo que le hubiera encantado. Pero no lo sé, por desgracia no lo leerá nunca. Cuando me hablan del éxito de la novela, el éxito se basa en un fracaso capital y es que no lo leerá nunca la persona para la que la escribí. Igual necesitaba sacarme a mi madre de encima porque en vida no fui capaz. Mi madre, como lo digo en el libro, se convierte en otro hijo.
Lo más difícil es ser madre de su madre por la enfermedad, ¿no?
Es horrible, me niego porque ya tengo a mis hijos que me encantan y me apasionan. ¿Madre de tu madre? Es el niño pesado, tozudo, negativo, insoportable, narcisista. Es el peor hijo, el hijo que nunca hubieses querido tener.
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Noticias / México: Más de 80 artistas participan en subasta a beneficio de trabajadores de la construcción
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Cuchara de albañil intervenida por Vicente Rojo, que será subastada; los fondos se entregarán a Construyendo a México Crecemos, institución de asistencia privada. (Foto: Cortesía de la asociación)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- Artistas, escritores, arquitectos, diseñadores y músicos, como Elena Poniatowska, Vicente Rojo, Teodoro González de León, Fernando González Gortázar, Gabriel Macotela, Pedro Friedeberg, Eugenia León, Sandra Pani y Emilio Payán, han intervenido cucharas de albañil que se subastarán el próximo 3 de mayo con la finalidad de recaudar fondos para Construyendo a México Crecemos, institución de asistencia privada que proporciona educación a los trabajadores de la construcción en aulas dentro de varias edificaciones. Merry MacMasters reporta para La Jornada.
Atención a más de 11 asalariados
Dar en el clavo se titula la subasta programada para el Día de la Santa Cruz, que por segunda vez contará con la participación de más de 80 personajes que pintaron, esculpieron y escribieron sobre cucharas de albañil para convertirlas en obras de arte.
También figuran Roger von Gunten, Carmen Parra, Águeda Lozano, Betsabeé Romero, Noé Katz, Gustavo Monroy, Horacio Franco, Ariel Guzik, Rogelio Cuéllar, Moisés Zabludovsky, Paloma Torres y Felipe Ehrenberg.
Dentro de los salones que se ubican en las construcciones se imparten cursos de alfabetización, primaria y secundaria con validez oficial del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, educación media superior en modalidad abierta y cursos de computación, desarrollo humano y otras habilidades a cargo del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Iberoamericana.
En los pasados 10 años, Construyendo a México Crecemos ha atendido a 11 mil 136 trabajadores de la construcción y se han graduado más de 800 con certificados oficiales de la Secretaría de Educación Pública.
Según su página en Internet, 20 por ciento de los trabajadores de esa rama no saben leer ni escribir y la gran mayoría no concluyeron sus estudios de educación básica.
Los albañiles que trabajan en las construcciones emigran de distintos rincones del país por temporadas cortas y regresan a las zonas de marginación de donde provienen.
La subasta Dar en el clavo se desarrollará el martes 3 de mayo a las 19:30 horas en el JW Marriot Santa Fe (avenida Santa Fe 160).
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Cuchara de albañil intervenida por Vicente Rojo, que será subastada; los fondos se entregarán a Construyendo a México Crecemos, institución de asistencia privada. (Foto: Cortesía de la asociación)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- Artistas, escritores, arquitectos, diseñadores y músicos, como Elena Poniatowska, Vicente Rojo, Teodoro González de León, Fernando González Gortázar, Gabriel Macotela, Pedro Friedeberg, Eugenia León, Sandra Pani y Emilio Payán, han intervenido cucharas de albañil que se subastarán el próximo 3 de mayo con la finalidad de recaudar fondos para Construyendo a México Crecemos, institución de asistencia privada que proporciona educación a los trabajadores de la construcción en aulas dentro de varias edificaciones. Merry MacMasters reporta para La Jornada.
Atención a más de 11 asalariados
Dar en el clavo se titula la subasta programada para el Día de la Santa Cruz, que por segunda vez contará con la participación de más de 80 personajes que pintaron, esculpieron y escribieron sobre cucharas de albañil para convertirlas en obras de arte.
También figuran Roger von Gunten, Carmen Parra, Águeda Lozano, Betsabeé Romero, Noé Katz, Gustavo Monroy, Horacio Franco, Ariel Guzik, Rogelio Cuéllar, Moisés Zabludovsky, Paloma Torres y Felipe Ehrenberg.
Dentro de los salones que se ubican en las construcciones se imparten cursos de alfabetización, primaria y secundaria con validez oficial del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, educación media superior en modalidad abierta y cursos de computación, desarrollo humano y otras habilidades a cargo del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Iberoamericana.
En los pasados 10 años, Construyendo a México Crecemos ha atendido a 11 mil 136 trabajadores de la construcción y se han graduado más de 800 con certificados oficiales de la Secretaría de Educación Pública.
Según su página en Internet, 20 por ciento de los trabajadores de esa rama no saben leer ni escribir y la gran mayoría no concluyeron sus estudios de educación básica.
Los albañiles que trabajan en las construcciones emigran de distintos rincones del país por temporadas cortas y regresan a las zonas de marginación de donde provienen.
La subasta Dar en el clavo se desarrollará el martes 3 de mayo a las 19:30 horas en el JW Marriot Santa Fe (avenida Santa Fe 160).
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