Rancho Las Voces

martes, enero 28, 2014

Noticias / México: Sus lectores dicen adiós a José Emilio

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El féretro con los restos del escritor llegó al mediodía a El Colegio Nacional. En la primera guardia estuvieron su viuda, la escritora Cristina Pacheco; su hija Laura Emilia; el secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet; y el presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa. (Foto: Ariel Ojeda)

C iudad Juárez, Chihuahua. 28 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- En las casi cinco horas en que el cuerpo de José Emilio Pacheco estuvo por última vez en El Colegio Nacional, su casa desde 1986, no hubo un sólo momento en que no llegaran coronas y arreglos florales de encumbrados políticos, instituciones públicas y privadas pero también de gente «sin nombre», a título personal o de su gremio, como una corona que llegó de los locatarios del Mercado de Jamaica, para despedir al poeta que les descubrió el placer, el amor por este país o la maravilla de vivir en la ciudad de México. Una nota de Yanet Aguilar Sosa para El Universal:

Desde el sueño de su poesía, José Emilio Pacheco se habrá sonrojado tímido ante las muestras de cariño de tantos lectores que le robaron horas al trabajo, estudiantes que evadieron clases, adolescentes que acababan de vivir El principio del placer; de amigos que abrazaron a Cristina, su viuda, y a Laura Emilia, su hija, como una manera de abrazarlo a él; de gente que llegó con una rosa blanca en la mano para depositarla sobre el féretro de madera que estuvo cobijado por las alas abiertas del águila que es el símbolo de El Colegio Nacional.

Se fue José Emilio Pacheco y hay que aprender a vivir con su ausencia y su silencio. Eso es algo en lo que reflexionó Cristina Pacheco en las últimas horas. «Era un hombre con enormes ganas de vivir; teníamos planes de aquí a 2 mil años, por decir algo, pensábamos vivir juntos toda la vida y creo que eso implicaba que moriríamos juntos, pero eso es difícil lograrlo».

¿Se siente traicionada?, se le preguntó en una improvisada conferencia de prensa en la que la periodista relató las últimas horas de vida de su compañero de décadas. «Traicionada no; sorprendida, desconcertada, no puedo entenderlo, siento mucha rabia y mucha desesperación porque no puedo encontrar la palabra para decirles lo que siento; no es dolor, no es coraje, no sé lo que es, es algo que me invade, me paraliza y además es algo que me obliga a pensar. Yo voy a seguir viviendo con él, pero va a ser una persona distinta, él va a ser de otra manera, voy a tener que acostumbrarme a que sea en la ausencia y en el silencio».

Cristina y Laura Emilia recibieron cientos de abrazos, no faltaron Emilio Chuayffet, el secretario de Educación Pública, ni Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, quien señaló a su llegada que se ha ofrecido a la familia un homenaje en las semanas posteriores; no faltaron tampoco los amigos: Marcelo Uribe, que ha estado con ellas en todo momento; Vicente Rojo, Marco Antonio Campos, Jaime Labastida, David Huerta, Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes, ni Mara Lamadrid, viuda de Juan Gelman. No faltaron sus compañeros de El Colegio Nacional ni los de la Academia Mexicana de la Lengua; no faltó la gente de este pueblo mexicano al que tanto amó y que tanto lo ama.

La familia encargó a Enrique Krauze la despedida; él dijo que aunque José Emilio Pacheco fue prudente y reservado «jamás se retrajo a una torre de marfil: le dolía genuinamente la desigualdad y la pobreza. Y fue testigo sensible del deterioro de su ciudad, de su país, de su cielo. Su juicio político, cuando lo emitía, tenía el valor de la probidad y el equilibrio. Veneró a los viejos, no escatimó el elogio a sus contemporáneos y orientó a las generaciones jóvenes, que leen sus libros con la misma avidez de quienes éramos jóvenes cuando por primera vez se publicaron».

Niño triste y viejo prematuro

Al Aula Magna de El Colegio Nacional llegaron lectores de distintas generaciones, pero eran más los jóvenes. Allí estaba Emiliano Lemus con sus 15 años, bermuda caqui, mochila al hombro y El principio del placer en las manos; también Yesenia Ivette, quien cursa el último semestre en el CCH Oriente y quiere estudiar Letras Hispánicas, llegó para despedir al escritor que conoció cuando estudiaba sexto de primaria a través de Las batallas en el desierto. Quiso acudir para decirle ante su féretro que «las personas que dejan ideas son eternas».

Es verdad, a José Emilio le hubiera conmovido escuchar a estos mexicanos tocados por su literatura. «Era un hombre normal, con muchas manías encantadoras y a veces difíciles de complacer, un hombre apegado a sus lugares, a su cuarto, a su escritorio; le fascinaban las plumas fuentes, le fascinaba estar rodeado de libros, veía un libro y luego tomaba otro y luego otro y de pronto ya los había leído todos y me empezaba a contar en desorden; esa es una de las cosas que más voy a extrañar», dijo Cristina.

Para Krauze, José Emilio «fue un niño triste y un viejo prematuro. Fue el mejor fruto de las generaciones literarias de México y, al mismo tiempo, el custodio de ese jardín armonioso que alguna vez fue la literatura mexicana».

El rector de la UNAM, José Narro Robles; el jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera; y el presiente de Conaculta, Rafael Tovar, han externado su interés en rendirle homenaje. La Academia Mexicana de la Lengua organizará una mesa cuando se cumpla el primer aniversario de su muerte, según su tradición. Todos quieren retribuir en algo sus enseñanzas. «José Emilio nos enseñó que hay que amar este país, que hay que amar las palabras, porque si uno respeta las palabras respeta todas las cosas, nos enseñó que se vive una sola vez en la vida y que hay que hacer lo que se tiene que hacer», expresó Cristina Pacheco, quien aceptó hablar ante los medios de comunicación sobre las horas previas a que el escritor entrara en estado de inconciencia.

Aunque aún no toman la decisión, es posible que las cenizas del autor de Irás y no volverás, Morirás lejos y No me preguntes cómo pasa el tiempo sean arrojadas al mar. «Él no quería un tumba ni quedarse encerrado, tenía claustrofobia, hay un lugar que para él es muy importante, Veracruz, y tal vez sea bonito lanzar sus cenizas al mar de Veracruz», afirmó Cristina Pacheco.

JEP, su clásica y discreta rúbrica, era un hombre hipocondriaco, lo señaló Jaime Labastida, director de la Academia de la Lengua. «Un tsunami le afectaba en lo personal, el deterioro de la colonia Roma era su propio deterioro, la contaminación ambiental era su propia contaminación. Asumía los males del mundo como propios; sí, era hipocondriaco».

No hubo uno que no tuviera una anécdota con José Emilio, que no hablara de su generosidad y honestidad, de que era un hombre bueno y curioso, con gran sentido del humor. Silvia Lemus recordó los años mozos de Carlos Fuentes y su amistad con José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis; todos celebraron su pluma literaria y su compromiso con las causas sociales. Citaron su aporte en la traducción de Wilde y T.S. Elliot.

Cristina Pacheco dijo que dejó muchísimo material y que estaba lleno de planes. «Quedaron las notas de los Cuartetos; los tiene terminados, pero él, como siempre, quería repasarlos; son notas muy largas, fascinantes y preciosas, creo que tan preciosas como los propios Cuartetos».

Pero llegó la muerte y Cristina contó el final, el diagnóstico de los dos neurocirujanos que coincidieron fue que era tanta la hemorragia en su cabeza que había 95% de probabilidades de quedará en estado vegetativo. «Jamás le hubiera hecho a José Emilio semejante cosa, ni siquiera a cambio de tenerlo en mi casa y poder tocar su mano... él se fue muriendo muy lentamente pero en absoluta tranquilidad. No hubo curaciones absurdas ni inútiles y no hubo medicamentos innecesarios, se fue quedando dormido y se fue a su sueño, el sueño de su poesía». Así le dijo adiós Cristina.



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lunes, enero 27, 2014

Obituario / José Emilio Pacheco

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El escritor mexicano. (Foto: Rogelio Cuéllar)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- El poeta, novelista, ensayista y traductor José Emilio Pacheco Berny falleció ayer a las 18:20 horas a causa de un paro cardiorrespiratorio. «Se fue tranquilo, en paz. Murió en la raya, como él hubiera querido», dio a conocer su hija Laura Emilia Pacheco, reporta desde la Ciudad de México la Redacción de La Crónica.

Desde el pasado sábado, el autor de Las batallas en el desierto había sido internado en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas Salvador Zubirán, y en los reportes que ayer ofreció Laura Emilia a las 11:30 y 16:30 horas, indicaban que su padre estaba delicado y su pronóstico era reservado. «Él se encuentra en una situación difícil y vamos a ver qué pasa. Nos vemos a las 19:30 horas».

Pero ese tercer reporte no llegó porque alrededor de las 18:40 horas, Laura Emilia, muy afligida, anunció a los reporteros que 20 minutos antes su padre había fallecido. «Murió en la raya, como él hubiera querido», agregó. José Emilio Pacheco tenía 74 años de edad (1939-2014)

Su último trabajo, dijo, lo terminó el viernes y se trata de un inventario dedicado a Juan Gelman, quien falleció el pasado 14 de enero a la edad de 83 años. «Ese día se acostó después de escribir y ya no despertó», agregó Laura Emilia.

José Emilio Pacheco, a partir de las 12:00 horas, será velado hoy en El Colegio Nacional –del cual fue integrante desde 1986– y ahí se podrán despedir de él sus lectores, familiares y amigos. Al respecto, Marcelo Uribe, editor de Pacheco, indicó que el cuerpo del poeta permanecerá en el INCMNSZ y hoy llegará a El Colegio Nacional.

Adiós a un grande

Tras conocer la muerte del autor de Los elementos de la noche, el presidente Enrique Peña Nieto, en su cuenta de Twitter, escribió: «Ha fallecido un gran representante de nuestra literatura. México extrañará al gran escritor José Emilio Pacheco. Descanse en paz».

Las condolencias y el pésame a la familia se fueron sucediendo y el Fondo de Cultura Económica lamentó el deceso del escritor, de quien dijo: «es autor de libros clave para la literatura escrita en español y será recordado como figura fundamental para las letras mexicanas».

El presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, dijo que el fallecimiento de Pacheco es una inmensa pérdida para las letras universales. Mi pésame a sus deudos. Por su parte, el flautista Horacio Franco indicó que «es triste su muerte. Otra gran pérdida para la cultura mexicana e hispana. Mis condolencias a Cristina y familia».

Mientras que el escritor Jorge Volpi destacó que «se ha ido una de nuestras inteligencias más generosas, discreto guía cívico, maestro imprescindible, poeta mayor: José Emilio Pacheco».

Perfil

José Emilio Pacheco Berny nació en la ciudad de México el 30 de junio de 1939. Estudió en la UNAM y allí inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la revista Estaciones, fue secretario de redacción de la Revista de la Universidad y de «México en la Cultura», suplemento del diario Novedades, así como jefe de redacción de «La Cultura en México», suplemento de Siempre! Dirigió la Biblioteca del Estudiante Universitario.

Fue profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, e investigador en el Departamento de Estudios Históricos del INAH. Fue integrante de la llamada generación de los 50 y desde que publicó su primer libro de poemas Los elementos de la noche, su influencia en la letras se fue acrentando.

De acuerdo con el Instituto Cervantes, su obra poética, caracterizada por la depuración extrema de elementos ornamentales, destaca por el compromiso social con el país. Temas como el paso del tiempo, la vida o la muerte vertebran su obra. En tanto, su obra narrativa destaca por la experimentación en nuevas estructuras y técnicas narrativas. Temas como la pérdida y singularidad de la niñez, así como la relaciones afectivas, son recurrentes en su obra, aspectos todos ellos enmascarados por su preocupación social e histórica de México.

En su trabajo periodístico, el escritor difunde las virtudes de los héroes y los momentos decisivos en la historia del país, refiere por su parte El Colegio Nacional, del que fue miembro desde 1986. «Su labor como editor y como traductor es gigantesca».

Tarde o temprano recopila sus primeros seis libros de poemas: Los elementos de la noche, El reposo del fuego, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Islas a la deriva, Desde entonces, a los que han seguido Los trabajos del mar, Miro la tierra, Ciudad de la memoria, así como un volumen de versiones poéticas: Aproximaciones.

Es autor de dos novelas, Morirás lejos y Las batallas en el desierto, y de tres libros de cuentos: La sangre de Medusa, El viento distante y El principio del placer. Editó numerosas antologías, como la Antología del modernismo y obras de muchos autores como Federico Gamboa y Salvador Novo. Entre sus traducciones figuran Cómo es, de Samuel Beckett; De profundis de Oscar Wilde; Un tranvía llamado deseo, de Tennesee Williams, a las que se han sumado en años recientes Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot y Vidas imaginarias, de Marcel Schwob.

Premios

Se le han otorgado los premios Magda Donato (1967) por Morirás lejos; el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes (1969) por No me preguntes cómo pasa el tiempo; el Premio Xavier Villaurrutia (1973) por El principio del placer; el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Sinaloa (1979); el Premio Nacional de Periodismo (1980) en el renglón de Divulgación Cultural; el Malcolm Lowry (1991) por Trayectoria en el campo del Ensayo Literario; el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1992) en el campo de Lingüística y Literatura, así como el premio Fernando Benítez de periodismo cultural (1995).

También obtuvo el Premio José Asunción Silva (1996) al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995 por El silencio de la luna; el Premio Mazatlán de Literatura (1998) por Álbum de zoología; el Premio José Fuentes Mares (2000) por La arena errante; el Primer Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, (2001) otorgado por la Universidad de Talca, Chile; el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003); el Premio de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde (2003); el Premio Internacional Alfonso Reyes (2004); el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2004), y el II Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada « Federico García Lorca» (2005).

En los últimos años recibió muchos otros honores y distinciones, entre los cuales sobresalen su nombramiento como Académico Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua (2006); la Medalla al Mérito Artístico que le fue otorgada en Chihuahua durante la celebración del Primer Encuentro Internacional de Escritores (2007), evento que le fue dedicado; el Premio al Mérito Literario (2008), que le fue otorgado en el marco del Cuarto Festival Internacional «Letras en San Luis»; la Medalla de Bellas Artes, que le fue conferida durante el homenaje que se le rindió por el 70 Aniversario de su natalicio y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Nuevo León (2009).

Además fue reconocido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009), otorgado por el Patrimonio Nacional de España y la Universidad de Salamanca; el Premio Miguel de Cervantes (2010), el de más prestigio concedido en España a un escritor; el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional Autónoma de México (2010), por ser figura central de la poesía en español de los últimos 50 años, la Medalla de Oro al Mérito Artístico otorgado por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (2010), y el Premio Alfonso Reyes, otorgado por el Colegio de México (2011), «por contribuir de manera relevante al conocimiento y difusión de las humanidades y por los aportes a la cultura hispanoamericana».

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Textos / Manuel Lino: «José Emilio Pacheco y un domingo echado a perder»

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El gran literato mexicano. (Foto: Reuters)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- A continuación reproducimos el texto que Manuel Lino publicó en El Economista de la Ciudad de México, con motivo del deceso de José Emilio Pacheco:

«Conociéndolo, estoy segura de que diría que lo perdonaran por echarles a perder su domingo», dijo ayer en la tarde Laura Emilia Pacheco a los periodistas afuera del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, donde los reporteros hacían guardia para conocer el estado de salud del escritor José Emilio Pacheco, quien fue internado desde la mañana del sábado en ese hospital.

Yo no tuve el placer de conocerlo en persona pero, habiendo sido su lector, seguidor, publicado notas y opiniones sobre él, platicado con sus amigos, discípulos, otros lectores y hasta vecinos, sé que su hija tenía razón, el siempre humilde y discreto escritor, a pesar de ocupar su lugar en el más alto olimpo de las letras españolas, hubiera dicho algo así.

Y sí, su muerte me echó a perder el domingo y, seguro, muchos días más.

No lo digo por estar en este momento escribiendo este texto en lugar de cenando con mi familia. No, el poeta me echó a perder el domingo porque lamenté su muerte como si fuera la de un amigo, un amigo cercano.

Porque ésa es la sensación que me daba leerlo. La impresión de que le estaba hablando a una parte de mí que sólo conocen mis más cercanos e íntimos. Ahí llegaba su poesía como llegarían las palabras de un amigo, con el ánimo de compartir alegrías e intereses, angustias y temores y con la habilidad de acrecentar los primeros y calmar los segundos.

«Si te lo encontrabas en la calle, era amable y te saludaba atento», me cuenta una vecina suya de la colonia Condesa. «Y dormía siempre con las luces prendidas», agrega.

Y entonces me preocupo tontamente. ¿Le asustaba la oscuridad? ¿Cómo se sentirá ahora que cierra los ojos para siempre? «Corre hacia la luz», le quiero aconsejar, aunque sé que es tonto pensarlo, que ahora ya no tiene miedos ni angustias…

Y entonces me corrijo: a Pacheco nunca le gustaron los reflectores, la fama, la adulación y todo aquello con que sus admiradores tratábamos de decirle que era un ser humano especial, mejor, un iluminado.

Leo una frase que destaca el INBA al mandar un comunicado con la triste noticia: «Son ustedes los que con su bondad han inventado mis libros», dijo. Y más que un exceso forzado de humildad me doy cuenta de que el poeta nos da un crédito que se suele negar a los lectores.

Explico: un maestro siempre dice que aprende de sus alumnos, que las clases se dan en comunidad y que es un acto de comunicación. Un texto en un libro, en cambio, parece ser un mensaje unidireccional, del autor al lector. Y esa sensación de cercanía que uno al leer experimenta es sólo una ilusión, un inalcanzable deseo: el que escribió está lejos y es ajeno.

Con su frase, Pacheco me confirma que cuando lo sentí cerca es porque ahí estaba. Y ahora, no hay mejor consuelo para este triste domingo que leerlo... y sentirlo cerca. Aquí junto, dos poemas suyos.

Se durmió y no despertó

El silencio que rodeó la salud del poeta, ensayista y narrador José Emilio Pacheco no presagiaba nada bueno.

El sábado 25 de enero por la mañana fue admitido en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, del sur del DF, considerado el mejor hospital de la ciudad.

A través de redes sociales y el diario El Universal comenzó a correr el rumor de que se encontraba grave. La razón fue confirmada horas después: el autor se cayó y sufrió un golpe en la cabeza.

Primero se pensó que Pacheco, de 74 años de edad, estaba en terapia intensiva luchando por su vida, pero después se supo que estaba inconsciente, con sedación para mantener su estado sin agravarse.

El domingo por la mañana, en el primer comunicado público por parte de la familia Pacheco, Laura Emilia Pacheco, hija del escritor, informó que su padre se encontraba estable pero «delicado».

Después otros datos fueron apareciendo: el poeta no está en terapia intensiva, como se pensaba, sino en un cuarto privado; permanece sedado, «sin sufrir», como informó su hija por la tarde, en un segundo encuentro con la prensa. «El pronóstico es reservado».

Sin mayores detalles sobre la causa de la hospitalización del poeta, lo único que se sabía de cierto era que su salud no había mejorado desde su ingreso.

Además de sus hijas y su esposa, la periodista Cristina Pacheco, junto a él estuvieron Marcelo Uribe y Elena Enríquez, de la editorial Era, la casa de la obra de Pacheco.

Stasia de la Garza, coordinadora de literatura del INBA, hacían eco del sentimiento general de lectores y admiradores de Pacheco: «¿Quién no creció con Las batallas en el desierto o con un poema suyo? Es uno de los escritores mexicanos más queridos. Sólo nos queda esperar. Hay que rezar por él».

Poco después se dio a conocer que el poeta había muerto. Laura Emilia explicó: «Se acostó a dormir y ya no despertó».

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Textos / José Emilio Pacheco: «La travesía de Juan Gelman»

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José Emilio Pacheco en el 2006. (Foto: Marco A. Cruz)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- El viernes 24 por la noche, José Emilio Pacheco terminó de escribir su Inventario y lo envió a la redacción de Proceso. Más tarde tendría un accidente casero que al día siguiente obligó a su hospitalización. A continuación, íntegro, su último texto.

A Gabriel Zaid en sus 80, con 50 años de afecto…

MÉXICO, D.F. (Proceso).- ¿Existirá una palabra para la nostalgia de lo que no fue y estuvo a punto de ser? Por ejemplo, que el Colegio de Tlatelolco hubiera durado lo suficiente para consumar una verdadera literatura mestiza, una fusión de lo indígena y lo español prefigurada por las Liras de Netzahualcoyotl en la versión de su sobrino-nieto Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. O que Cervantes hubiese venido a la Nueva España para escribir aquí un Quijote con texturas mexicanas. O que Francisco Javier Clavijero hubiera concluido su Enciclopedia novohispana de la que sólo quedó gloriosamente su Historia antigua de México…

Extremos de América

Otra posibilidad perdida es el encuentro literario de México y Argentina. Ignacio Rodríguez Galván, nuestro mejor poeta del primer romanticismo murió, como Juventino Rosas, en Cuba, cuando se dirigía a Buenos Aires para ocupar un puesto diplomático. Nunca sabremos qué hubiera resultado del encuentro entre la Asociación de Mayo y la Academia de Letrán. Manuel Payno iba a representar a México en las repúblicas del Plata pero la misión se canceló.

Federico Gamboa fue el primero en establecer relaciones con los escritores argentinos. En las páginas de su Diario Rubén Darío dejó su poema A México. Por razones políticas Darío no pudo llegar a la capital. El mayor vínculo entre los que Daniel Cosío Villegas llamó los Extremos de América fue Alfonso Reyes en un momento en que otros dos miembros del Ateneo de la Juventud, José Vasconcelos y Pedro Henríquez Ureña, vivían también en ese país.

A la presencia de Reyes en Buenos Aires se debe el que Arnaldo Orfila Reynal haya venido para dirigir el Fondo de Cultura Económica primero y después Siglo XXI y el mundo académico se haya beneficiado con maestros como Raymundo Lida. También gracias a Reyes y su amistad con Victoria Ocampo y José Bianco, Xavier Villaurrutia publicó en las ediciones de Sur Nostalgia de la muerte y que el muy joven Octavio Paz lo reseñara en las páginas de esta revista y escribiera también un comentario sobre José Revueltas.

Los años mexicanos

Un acontecimiento trágico para Argentina y muy benéfico para nuestro país fue el exilio argentino de los setentas. Pero la consumación, hasta el momento, de estas relaciones fue la presencia durante veinte años de Juan Gelman. Sobre todo aquí concluyó su admirable Obra poética con libros de primera línea que no ceden, ni por un instante, a la decadencia ni al agotamiento: Incompletamente, Valer la pena, País que fue será, Mundar, Deatrásalante en su porfía, El emperrado corazón amora.

Estos libros, unidos a Violín y otras cuestiones, El juego en que andamos, Velorio del solo, Gotán, Los poemas de Sidney West, Cólera buey, Fábulas, Relaciones, Hechos, Notas, Carta Abierta, Comentarios, Citas, Hacia el sur y Bajo la lluvia ajena forman los dos tomos de su Poesía reunida, publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2011. Las mil 372 páginas constituyen por su extensión y calidad una auténtica hazaña de la poesía en lengua española. Gelman escribió hasta el último día. Hay dos libros a punto de aparecer. Uno de ellos, Amaramara, es un gran homenaje a su esposa.

Su apartamento en la colonia Condesa fue quizás el último refugio en que escritores de todas partes pudieron reunirse para hablar de letras y política, en un ambiente tan propicio como el que hallaron los republicanos en los viejos cafés de la Ciudad de México.

El exilio y el reino

Si uno hace un leve repaso de lo que se ha escrito en este continente verá que gran parte de nuestras literaturas se ha hecho fuera del suelo natal. Desterrar significa quitar la tierra bajo los pies, dejar a la intemperie, derruir la casa, demoler la ciudad de cada uno con todas sus memorias y sus costumbres. «El que se va no vuelve aunque regrese». Contra la separación del país y de su lengua sólo quedan la defensa y la venganza de escribir. Gelman es el gran poeta del exilio. Su dimensión continental y panhispánica no niega sino acendra su argentinidad esencial, su pertenencia imbatible a Buenos Aires.

Civilización y barbarie

Lo sorprendente es la alegría y el humor que hay en tantos poemas de Gelman, una manera de enfrentarse a los desastres históricos de nuestros países y del mundo entero. Cómo duele pensar en los que escaparon de los pogroms, el genocidio nazi y el gulag y se establecieron en Argentina pensando que hallarían para sus hijos una tierra de paz y prosperidad y al final del camino encontraron los golpes de madrugada a la puerta en el estilo de la Gestapo, los campos de tortura con el añadido local de la picana (contribución monstruosa que debemos al hijo de Leopoldo Lugones) y el exterminio genocida.

El gran Domingo Faustino Sarmiento creyó que el progreso de la Argentina significaba el triunfo de la civilización sobre la barbarie. La llamada «Campaña del Desierto» que representó la eliminación masiva de los pueblos indígenas hizo suponer a la oligarquía que la Argentina quedaba blindada para siempre contra la barbarie. No obstante, los bárbaros reaparecieron bajo el manto de la civilización y como sus defensores. Estaban armados con todas las aportaciones del progreso, por ejemplo los helicópteros desde los cuales arrojaban al Río de la Plata los cadáveres producto de la tortura y a los agonizantes que se hundieron para siempre en el barro acumulado durante siglos en el río que es mar y el mar que es río.

Gelman nunca creyó que la poesía fuera capaz de frenar los tanques, silenciar las ametralladoras o de romper la picana. No le bastó con exponer en verso la materia sangrienta y trágica de sus textos. Si son tan eficaces se debe a la maestría absoluta sobre todas las formas: del epigrama clásico al versículo, del poema en prosa a la experimentación léxica y rítmica. Fue el adelantado de su generación en hacer obras intertextuales en que ya no se sabe quién es el autor: el que escribió el original o quien lo deja intacto y abierto a otras interpretaciones para hacer su lectura irremplazable y apropiarse de él a fin de convertir un texto árabe o judío en un poema de Gelman y anexarlo a la poesía argentina en particular y española en general.

Fue más aventurado que todos los que lo han seguido por este camino. Sin ponerse de acuerdo, prolongó las reivindicaciones del ladino o castellano sefardí que han hecho entre nosotros Myriam Moscona y Angelina Muñiz-Huberman. En Divaxu escribe:


Amarti es istu:

Un havla qui va a dizer/

Un arvulitu sin folyas

Que da solombra

Y él mismo lo traduce al español actual:

Amarte es esto:

Una palabra que está por decir/

Un arbolito sin hojas

Que da sombra/.

«Argentino hasta la muerte», Juan Gelman por sus veinte años de vida y de trabajo aquí, deja también en la poesía mexicana una huella radiante que no se borrará.

(JEP)


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viernes, enero 24, 2014

Caricatura / España: «Fashion Beast», una extravagante fábula de amor

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Mueñeca Seguin ('la Bella') y las dos encargadas del taller de Celestine.(Foto: Panini Cómics)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- King Kong, Eduardo Manostijeras o Shrek son algunas de las variantes más peculiares que se han ideado del mito de La Bella y La Bestia, pero si la extravagancia fuera un parámetro, ninguna de ellas superaría a Fashion Beast, la insólita versión del tradicional cuento europeo concebida por la mente del genio del cómic Alan Moore. En ella, un elenco de seres grotescos puebla un futuro apocalíptico y decadente donde surge una extraña historia de amor, en la que la ambigüedad es una constante. Una original fábula postmoderna, repleta de mentiras, secretos, horror y violencia, y que utilizando el negocio de la moda como metáfora, transmite profundas moralejas. Una nota de David Sanz Ezquerro para El Mundo:

La rareza de este cómic está presente desde sus propios orígenes. A mediados de los años 80, Alan Moore aceptó por primera y única vez en su vida la propuesta de escribir un guión para una película. La aversión del autor británico a la industria cinematográfica es casi fobia, pero en aquel momento se embarcó en la aventura por la admiración que sentía por la persona que le planteó el proyecto: el singular Malcolm McClaren, manager de los Sex Pistols y referente de la cultura punk. Aunque Moore cumplió su parte, por cuestiones de presupuesto, la película nunca llegó a rodarse y aquellas páginas quedaron olvidadas en un cajón.

Pasó el tiempo, hasta que en 2003 el editor William Christensen rescató del olvido el inédito guión. ¿Por qué no transformarlo en cómic? Tanto Moore como McLaren dieron el visto bueno, aunque el empresario musical murió antes de que el proyecto culminara. La adaptación del material para hacer de él un relato en viñetas se encargó a Antony Johnston (guión) y Facundo Percio (dibujo). Finalmente, en 2013, casi tres décadas después de que esta historia comenzará, la obra vio la luz en forma de serie de 10 números, que pronto se editaron agrupados en formato cómic book y que en España acaba de ser publicado por PANINI COMICS en un volumen de 280 páginas de cuidada factura.

Según cuenta Moore en el prólogo, cuando McClaren le pidió desarrollar un guión, le planteó tres opciones, todas descabelladas por igual: la historia de un aborigen domador de olas que lucha contra unos nazis surferos; un relato donde el poeta Oscar Wilde recorría las minas de oro del Salvaje Oeste; o una fusión del cuento La Bella y la Bestia y la vida del diseñador Christian Dior. «A pesar de que no tenía ningún interés previo en la industria de la moda ni en su mitología, inmediatamente capté las conexiones narrativas y las alusiones que una historia como ésta podría hacer posibles, y el potencial para desarrollarse como una película significativa, original y con sustancia», recuerda el escritor británico, autor de obras maestras del cómic como Watcmen, From Hell o V de Vendetta.

Ambición, celos y envidia

Así comenzó esta historia, en la que aparentemente nadie es lo que parece, aunque en realidad ocurre que todos esconden más cosas de las que muestran. Los protagonistas están moldeados a partir de un juego de equívocos y antagonismos: Muñeca Seguin, la mujer que parece un hombre que parece una mujer; Johnny Tare, el chico que parece una chica que parece un chico; y Celestine; un monstruo del diseño cautivo por la fealdad pero capaz de crear belleza y cuyos designios, a su vez, esclavizan al mundo. Entre ellos se teje una maraña de relaciones guiadas por la ambición, los celos y la envidia; mientras se abre paso una claustrofóbica historia de amor. El reparto se completa con una empleada triste encargada de amontonar maniquíes que ya no sirven (menuda alegoría) y una pareja de repulsivas capataces, entre otros adefesios esperpénticos.

Pero en esta transgresora obra, tan importante como los personajes resulta el escenario. El taller de Celestine es el epicentro de un mundo corrompido, alrededor del que se expande una ciudad vacua y sobre la que se ha instalado un invierno permanente. Las bases morales se difuminan y en la sociedad cunde una desolación anímica, acrecentada por la amenaza nuclear. En los extrarradios se libra una cruenta guerra, que nunca se muestra pero siempre está presente y que condiciona la forma de vivir. El cielo no tiene estrellas y los neones son los únicos referentes de una luz que aporta más melancolía que brillo. Y para completar el marco, inevitables pinceladas esotéricas, marca de la casa Moore, introducidas en esta ocasión por las cartas del Tarot.

También como en toda obra de Moore existen puertas que conducen a rincones de reflexión. Hay crítica política, pero sobre todo resuena el reproche a una sociedad sumisa ante una esclavitud consentida: «Toda jaula tiene su salida, es sólo que tan fácil demorarte cuando es una prisión tan encantadora y sus salidas parecen tan sombrías», se lee en una de las viñetas. El relato también bucea en los fundamentos de la existencia humana: «El sentido es que sobrevivas, el sentido es que evoluciones; esto es una constante en todo el mundo natural». Los espejos antagónicos aportan otras lecciones: lo bello no siempre es bonito; lo feo puede resultar hermoso; odio y amor son reversibles; genio y locura nacen en lugares próximos.

El trabajo artístico también participa de la atmósfera sombría que envuelve al cómic. Partiendo de lienzos en negro, el relato se desarrolla en viñetas tradicionales, sin superposiciones, silueteados ni otros alardes estilísticos. Al resultado se le puede reprochar falta de originalidad, pero responde a la perfección a un material que originalmente se concibió como guión para una película. De hecho, muchas de las páginas son auténticas secuencias cinematográficas: cuatro o cinco recuadros en formato panorámico y de similar tamaño se reparten el espacio para presentar una escena, en la que se mantiene el encuadre y donde sólo se registran leves movimientos de los personajes, suficientes para dar continuidad al diálogo.

Los rasgos de los personajes dibujados por Facundo Percio a menudo incomodan y algunas veces incluso resultan repulsivos, pero esto es una virtud en un cómic pretendidamente inquietante. Ni si quiera los protagonistas son presentados con amabilidad: la ambigüedad sexual y moral endurece sus caras. Los escenarios van en la misma línea: los paisajes exteriores muestran ambientes sórdidos y los interiores son oscuros y fríos. Mención especial merece el papel del color, a cargo de Hernán Cabrera. Respaldando la filosofía de la contradicción que defiende el cómic, demuestra cómo las tintas más vistosas pueden ser las mejores herramientas de oscuridad: en una noche negra, un luminoso rótulo rojo hace más tenebrosa la calle. No en vano, es el color de la sangre.



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jueves, enero 23, 2014

Danza / Ciudad Juárez: Se realizará aquí el XXX Congreso Nacional de la Asociación de Coreógrafos Folkloristas de México

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De izq. a der.: Cynthia Almanza, Fernando González y Jasmín Amparán durante el anuncio. (Foto: RanchoNEWS)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de enero de 2014. (RanchoNEWS / Redacción).- La realización en esta frontera del XXX Congreso Nacional de la Asociación de Coreógrafos Folkloristas de México A. C. (ACFM), a celebrarse del 13 al 19 de abril, fue anunciado esta mañana.

El congreso consistirá en conferencias, encuentros y muestras y tendrá como propósito especial difundir la cultura dancística del estado de Chihuahua, informó el Profr. Fernando González Hernández quien funge como presidente ejecutivo del evento, además de ser el presidente del Comité Delegacional del ACFM en Chihuahua.

La actividades del Congreso  tendrán como sedes el Centro Cultural Paso del Norte y el Centro Cultural de la Ciudad, se espera que asistan alrededor de 200 integrantes de la asociación.

Previamente, y a en calidad de promoción, se llevará a cabo una exposición itinerante de trajes típicos mexicanos, compuesto por al menos 30 piezas, que habrán de recorrer diversos centros comerciales de la ciudad.

El profr. González Hernández estuvo acompañado por Cynthia Almanza, del departamento de Relaciones Públicas de la Oficina local de Convenciones y Visitantes; y por Jazmín Amparán Acosta, Reyna de la ACFM y encargada de la cartera de Relaciones Públicas de dicha organización.

El anuncio se hizo en una conferencia de prensa en el lobby del hotel Best Western.

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Medios / España: Lanzan red social para los amantes de la lectura

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Aspecto del portal. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de enero de 2014. (RanchoNEWS).- La Fundación Germán Sánchez Ruipérez acaba de lanzar Lectyo.com, un ecosistema digital en el que participan los profesionales de la lectura y los libros, así como personas apasionadas por leer, según reporta la agencia EFE desde Madrid.

Según informa la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, durante los tres meses en los que esta red social especializada ha empezado a funcionado en pruebas, «casi dos mil personas de España, Portugal y Latinoamérica se han registrado y han empezado a compartir contenidos y opiniones en español a través de un fenómeno que se ha disparado de boca a oreja».

Los primeros usuarios –explica un comunicado de esta entidad– corresponden mayoritariamente a bibliotecarios, diecisiete 17 por ciento; editores, un quince por ciento; ilustradores, un doce por ciento; libreros, once por ciento, y libreros y maestros un siete por ciento, respectivamente.

El registro en Lectyo.com es completamente gratuito y permite publicar ideas, noticias, imágenes o vídeos, comentar las publicaciones de los demás, descargar eBooks sobre bibliotecas, edición digital, librerías, ilustración y otros temas que se irán incorporando.

Asimismo hay una sección de noticias y una selección de asuntos para el debate, que pueden ser votados y comentados.

Aunque hasta ahora la aplicación estaba en fase de desarrollo, se ha producido la incorporación espontánea de grupos de usuarios como ilustradores, libreros, bibliotecarios o blogueros de una forma viral que se ha extendido al continente americano.

Actualmente se están formándose grupos de debate –llamados tertulias– sobre temas concretos (ilustración, literatura de viajes o de promoción de la lectura para familias o clubes de lectura virtuales).

La Fundación Sánchez Ruipérez concluye que la apuesta de Lectyo.com es hacer convivir lo profesional con la pasión por los libros y lo más serio con lo distendido.

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