Zagajewski y los quebrantos del exilio
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El escritor polaco. (Foto: ritmos21.com)
Ciudad Juárez, Chihuahua. 1 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- El premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 concedido al poeta Adam Zagajewski (Lwów, Ucrania, 1945), además de premiar a un individuo, premia también a una condición centro-europea: «los quebrantos del exilio», como bien ha señalado el jurado.
Zagajewski es una de las tantos europeos (cómo olvidar al húngaro Stephen Vizinczey) que durante las vicisitudes bélicas del siglo pasado perdieron su ciudad (otros perderían más: una familia, un hogar) y se vio forzado a emigrar.
Ese tema tan doloroso ha sido decantado en su literatura que se convertiría en su espada para luchar contra el totalitarismo (el adjetivo soviético, sobra) y para recuperar, o mejor, para recrear una memoria de las ciudades perdidas y todo lo que ello implica.
Zagajewski está dotado de una extraordinaria sensibilidad que le ha permitido madurar y que le ha permitido llegar a la siguiente conclusión:
«Hay que distinguir entre ideología y filosofía. Cada escritor, cada poeta, tiene su propia filosofía, pero los poetas no son ideólogos. La poesía se opone a la ideología. De joven, combatí la ideología con mi poesía, ese fue el inicio de mi camino como poeta, pero me aburrí muy pronto de esa actitud. Ahora combato la ideología con artículos, ensayos, pero no con la poesía. La literatura no necesita ideología porque es la defensa de la humanidad. La ideología limita la libertad y, por tanto, va en contra de lo humano y de la poesía».
Postura que puede resumirse en esta estupenda frase suya:
«La única salida que tiene el poeta es la defensa de la dignidad humana».
En la sección de Textos reproducimos un artículo de Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, sobre este autor y también el «Discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura» (versión bilingüe) de Bob Dylan.
Ojalá que esta edición sea de su agrado
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miércoles, julio 05, 2017
Noticias / México: Despiden a José Luis Cuevas en el Palacio de Bellas Artes
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Homenaje a José Luis Cuevas en el Palacio Nacional de Bellas Artes. (Foto: Carlos Juica)
C iudad Juárez, Chihuahua. 5 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Debajo de un mural épico de Siqueiros —una reinterpretación mexicana de la Libertad guiando al pueblo—, una pantalla gigante con una impresión del rostro felino, bigotudo y sonriente de José Luis Cuevas recibía este martes a los asistentes a su homenaje en el Palacio de Bellas Artes, el santuario de alta cultura mexicana, con las paredes tapizadas por frescos del triángulo sagrado: Rivera-Orozco-Siqueiros. Alrededor de sus cenizas, familiares, amigos y autoridades despidieron al enfant terrible de los sesenta, al autor que con más ferocidad desacralizó el muralismo, a quien siendo apenas un adolescente osó llamar «folclórica, superficial y ramplona» a la pintura oficialista mexicana de mitad de siglo. David Marcial Pérez reporta para El País.
La paradoja no fue obviada por los participantes al evento. La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, citó las propias palabras del artista: «quiero para el arte de mi país anchas carreteras que lleguen al mundo», además de añadir que «construyó puentes» o que «salió al mundo para afianzarse mexicano». El arquitecto Fernando González Cortázar, por su parte, comenzó su intervención diciendo estar «rodeado de las muestras cuyos vestigios degradados tanto combatió Cuevas», para añadir que su amigo «siempre respetó la obra de maestros como Orozco» pero que «ansiaba la universalidad del arte mexicano» y que «abrió las puertas para dejar que entrara el aire. Nos sacó del calabozo dogmático en el que nos tenía enterrado el arte mexicano».
Salvada la mueca del destino, el otro foco del evento fue la espinosa relación entre la familia del pintor. Hace cuatro años, una de sus hijas denunció que su padre se encontraba casi en la indigencia, con problemas de nutrición y gravemente enfermo. Las hijas de su primer matrimonio acusaron a su segunda esposa, Beatriz del Carmen Bazán, de haberle descuidado durante la vejez. El artista salió personalmente a la palestra tensando aún más la cuerda con sus hijas, al revelar que habían acudido a un juez para exigir un régimen de visitas: «Se han presentado como unas víctimas abandonadas, no se les abandonó en ningún momento», dijo el pintor en una rueda de prensa en 2013.
Durante las guardias de honor, con el auditorio levantado en pie, se sucedieron los gritos de «Vivan las Cuevas» o «Arriba Bertha», en alusión a las hijas y la primera esposa, Bertha Riestra, fallecida en 2000. «No sabemos nada. ¿Tú sabes algo de qué le pasó a mi papá? Por favor, si sabes algo ¿me puedes avisar?», le decía Ximena, una de las hijas, a los reporteros al terminar el acto.
«En los últimos años tuve la sensación de tener a un amigo secuestrado», había clamado unos minutos antes el poeta Homero Aridjis en la última y más candente intervención. Ya en las escalinatas de salida, el cineasta Alfonso Arau prefirió cerrar con una elegante elipsis el enredo familiar y recordar su infancia, adolescencia y madurez compartida con el pintor. «Fuimos al mismo colegio y ya más mayores, en Café Tirol, donde también veíamos a Gabo, a Fuentes, a Paz, nació la famosa Generación de la Ruptura. Nos quejábamos mucho de que la nuestra no fuera tan importante como las anteriores»
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Homenaje a José Luis Cuevas en el Palacio Nacional de Bellas Artes. (Foto: Carlos Juica)
C iudad Juárez, Chihuahua. 5 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Debajo de un mural épico de Siqueiros —una reinterpretación mexicana de la Libertad guiando al pueblo—, una pantalla gigante con una impresión del rostro felino, bigotudo y sonriente de José Luis Cuevas recibía este martes a los asistentes a su homenaje en el Palacio de Bellas Artes, el santuario de alta cultura mexicana, con las paredes tapizadas por frescos del triángulo sagrado: Rivera-Orozco-Siqueiros. Alrededor de sus cenizas, familiares, amigos y autoridades despidieron al enfant terrible de los sesenta, al autor que con más ferocidad desacralizó el muralismo, a quien siendo apenas un adolescente osó llamar «folclórica, superficial y ramplona» a la pintura oficialista mexicana de mitad de siglo. David Marcial Pérez reporta para El País.
La paradoja no fue obviada por los participantes al evento. La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, citó las propias palabras del artista: «quiero para el arte de mi país anchas carreteras que lleguen al mundo», además de añadir que «construyó puentes» o que «salió al mundo para afianzarse mexicano». El arquitecto Fernando González Cortázar, por su parte, comenzó su intervención diciendo estar «rodeado de las muestras cuyos vestigios degradados tanto combatió Cuevas», para añadir que su amigo «siempre respetó la obra de maestros como Orozco» pero que «ansiaba la universalidad del arte mexicano» y que «abrió las puertas para dejar que entrara el aire. Nos sacó del calabozo dogmático en el que nos tenía enterrado el arte mexicano».
Salvada la mueca del destino, el otro foco del evento fue la espinosa relación entre la familia del pintor. Hace cuatro años, una de sus hijas denunció que su padre se encontraba casi en la indigencia, con problemas de nutrición y gravemente enfermo. Las hijas de su primer matrimonio acusaron a su segunda esposa, Beatriz del Carmen Bazán, de haberle descuidado durante la vejez. El artista salió personalmente a la palestra tensando aún más la cuerda con sus hijas, al revelar que habían acudido a un juez para exigir un régimen de visitas: «Se han presentado como unas víctimas abandonadas, no se les abandonó en ningún momento», dijo el pintor en una rueda de prensa en 2013.
Durante las guardias de honor, con el auditorio levantado en pie, se sucedieron los gritos de «Vivan las Cuevas» o «Arriba Bertha», en alusión a las hijas y la primera esposa, Bertha Riestra, fallecida en 2000. «No sabemos nada. ¿Tú sabes algo de qué le pasó a mi papá? Por favor, si sabes algo ¿me puedes avisar?», le decía Ximena, una de las hijas, a los reporteros al terminar el acto.
«En los últimos años tuve la sensación de tener a un amigo secuestrado», había clamado unos minutos antes el poeta Homero Aridjis en la última y más candente intervención. Ya en las escalinatas de salida, el cineasta Alfonso Arau prefirió cerrar con una elegante elipsis el enredo familiar y recordar su infancia, adolescencia y madurez compartida con el pintor. «Fuimos al mismo colegio y ya más mayores, en Café Tirol, donde también veíamos a Gabo, a Fuentes, a Paz, nació la famosa Generación de la Ruptura. Nos quejábamos mucho de que la nuestra no fuera tan importante como las anteriores»
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martes, julio 04, 2017
Visor Fronterizo / Jaime Moreno Valenzuela: «Ricardo Duarte Jáquez rector de la UACJ, en la inauguración de El Cinito»
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- El rector de la UACJ Ricardo Duarte Jáquez, da las palabras inaugurales en las instalaciones de El Cinito en la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- El rector de la UACJ Ricardo Duarte Jáquez, da las palabras inaugurales en las instalaciones de El Cinito en la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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Visor Fronterizo / Jaime Moreno Valenzuela: «Placa de reconocimiento para Jaime Humberto Hermosillo»
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- El rector de la UACJ Ricardo Duarte Jáquez y Jaime Humberto Hermosillo en el momento de la entrega de la placa de reconocimiento, en la inauguración de El Cinito dentro de los trabajos de la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- El rector de la UACJ Ricardo Duarte Jáquez y Jaime Humberto Hermosillo en el momento de la entrega de la placa de reconocimiento, en la inauguración de El Cinito dentro de los trabajos de la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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Visor Fronterizo / Jaime Moreno Valenzuela: «Jaime Humberto Hermosillo en la inauguración de El Cinito»
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- Jaime Humberto Hermosillo hace uso de la palabra en el acto inaugural de El Cinito en los trabajos de la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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C iudad Juárez, Chihuahua. 30 de junio de 2017. (RanchoNEWS).- Jaime Humberto Hermosillo hace uso de la palabra en el acto inaugural de El Cinito en los trabajos de la segunda etapa del Centro Cultural de las Fronteras.
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Textos / Juan Manuel Bonet*: «Adam Zagajewski - El peatón de Cracovia»
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El escritor polaco. (Foto: ritmos21.com)
Ciudad Juárez, Chihuahua. 9 de junio de 2017. (RanchoNEWS).– Nacido en Lwów, hoy Lviv, en 1945, Adam Zagajewski vivió en carne propia el desarraigo que supuso la amputación de esa ciudad, y de su región, de Polonia, que las perdió en provecho de Ucrania. Tras aquella migración forzada, aludida en su libro en prosa Dos ciudades, creció en Gliwice, en Silesia, en una tierra que, simétricamente, Alemania acababa de perder. Pero su Ciudad, con ce mayúscula, la ciudad en cuya Universidad Jaguelónica estudió Filosofía, y que vivió y sigue viviendo como una segunda piel, es Cracovia, sobre la cual ha escrito otro libro en prosa, En la belleza ajena, que los aficionados a ese tipo de literatura ponemos al nivel de los dedicados por Léon–Paul Fargue a París, por Alberto Savinio a Milán, o por Julien Gracq a Nantes.
Por decirlo parodiando un célebre título del primero de los nombrados, Zagajewski ha sido el peatón de Cracovia. Esa sensibilidad suya para expresar la propia ciudad y las lentas mutaciones de su trama urbana se traduce en el amor a los pequeños detalles y a las pequeñas gentes, en la atención a las pequeñas rebeldías vividas como formas de decir un gran NO al totalitarismo. Como los siempre recordados Octavio Paz e Yves Bonnefoy, o en el ámbito polaco como Czeslaw Milosz –uno de sus maestros, de sus guías– y Zbigniew Herbert, o en el ruso como Brodsky, el cracoviense adoptivo ha sido un poeta doblado de ensayista e incluso podríamos decir de moralista, alguien que ha sabido meditar con lucidez sobre el destino trágico de la parte del continente donde le tocó en suerte vivir: el Holocausto, el Gulag, Katyn, el Telón de Acero.
He empezado por la prosa porque es en prosa donde Zagajewski nos ha dado un testimonio más elaborado sobre lo que ha advenido en el siglo XX con su ciudad, su país, y el mundo, pero a un poeta obviamente donde mejor se le aprecia es en sus versos. Los suyos, conversacionales y enumerativos, poblados de iluminaciones, celebratorios de la vida y a la postre tan esenciales, nos hablan de esa historia de su país y de la otra Europa. Tantos detalles exactos. Olores, colores, sonidos.
Hojas secas, también, y hojas del calendario, como aquella correspondiente al 1 de septiembre de 1939, día que tenía que ser de vuelta al colegio y que terminó siendo el de la invasión de Polonia por los alemanes y el del inicio de la II Guerra Mundial, día que en el poema Karmelicka es de mucho sol sobre los tranvías azules.
En los versos de Zagajewski están la preguerra cargada de presagios, y la propia contienda; Lwów (Lviv) y el siempre problemático retorno a sus calles y plazas; París, donde se exilió, donde fue feliz como antes que él lo había sido Herbert, y donde tanto aprendió, junto al pintor Józef Czapski, al raro Kot Jelenski, y a los redactores de Kultura; los cuadros de Vermeer, y en general los de un país «donde la policía secreta no existía»; la música que consuela; el visionado de la película Shoah, de Claude Lanzmann, en la pequeña pantalla de un cuarto de hotel de esos EEUU donde ha sido y sigue siendo profesor, y que son su segunda patria.
Y siempre, los enigmas cotidianos, los muros y los jardines y las campanas de Cracovia, donde un día de verano, cuando todavía no nos conocíamos, lo vi caminar veloz por la calle Kanonicka, delante de la terraza de la librería–café que está justo enfrente de la bandera de España del Cervantes.Estoy seguro de que ayer en ese Cervantes, y en el de Varsovia, fue un día de fiesta, porque quienes en ellos trabajan saben muy bien que él es una de las grandes voces polacas de nuestro tiempo, y además un gran amigo de nuestro país.
*Juan Manuel Bonet es director del Instituto Cervantes
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El escritor polaco. (Foto: ritmos21.com)
Ciudad Juárez, Chihuahua. 9 de junio de 2017. (RanchoNEWS).– Nacido en Lwów, hoy Lviv, en 1945, Adam Zagajewski vivió en carne propia el desarraigo que supuso la amputación de esa ciudad, y de su región, de Polonia, que las perdió en provecho de Ucrania. Tras aquella migración forzada, aludida en su libro en prosa Dos ciudades, creció en Gliwice, en Silesia, en una tierra que, simétricamente, Alemania acababa de perder. Pero su Ciudad, con ce mayúscula, la ciudad en cuya Universidad Jaguelónica estudió Filosofía, y que vivió y sigue viviendo como una segunda piel, es Cracovia, sobre la cual ha escrito otro libro en prosa, En la belleza ajena, que los aficionados a ese tipo de literatura ponemos al nivel de los dedicados por Léon–Paul Fargue a París, por Alberto Savinio a Milán, o por Julien Gracq a Nantes.
Por decirlo parodiando un célebre título del primero de los nombrados, Zagajewski ha sido el peatón de Cracovia. Esa sensibilidad suya para expresar la propia ciudad y las lentas mutaciones de su trama urbana se traduce en el amor a los pequeños detalles y a las pequeñas gentes, en la atención a las pequeñas rebeldías vividas como formas de decir un gran NO al totalitarismo. Como los siempre recordados Octavio Paz e Yves Bonnefoy, o en el ámbito polaco como Czeslaw Milosz –uno de sus maestros, de sus guías– y Zbigniew Herbert, o en el ruso como Brodsky, el cracoviense adoptivo ha sido un poeta doblado de ensayista e incluso podríamos decir de moralista, alguien que ha sabido meditar con lucidez sobre el destino trágico de la parte del continente donde le tocó en suerte vivir: el Holocausto, el Gulag, Katyn, el Telón de Acero.
He empezado por la prosa porque es en prosa donde Zagajewski nos ha dado un testimonio más elaborado sobre lo que ha advenido en el siglo XX con su ciudad, su país, y el mundo, pero a un poeta obviamente donde mejor se le aprecia es en sus versos. Los suyos, conversacionales y enumerativos, poblados de iluminaciones, celebratorios de la vida y a la postre tan esenciales, nos hablan de esa historia de su país y de la otra Europa. Tantos detalles exactos. Olores, colores, sonidos.
Hojas secas, también, y hojas del calendario, como aquella correspondiente al 1 de septiembre de 1939, día que tenía que ser de vuelta al colegio y que terminó siendo el de la invasión de Polonia por los alemanes y el del inicio de la II Guerra Mundial, día que en el poema Karmelicka es de mucho sol sobre los tranvías azules.
En los versos de Zagajewski están la preguerra cargada de presagios, y la propia contienda; Lwów (Lviv) y el siempre problemático retorno a sus calles y plazas; París, donde se exilió, donde fue feliz como antes que él lo había sido Herbert, y donde tanto aprendió, junto al pintor Józef Czapski, al raro Kot Jelenski, y a los redactores de Kultura; los cuadros de Vermeer, y en general los de un país «donde la policía secreta no existía»; la música que consuela; el visionado de la película Shoah, de Claude Lanzmann, en la pequeña pantalla de un cuarto de hotel de esos EEUU donde ha sido y sigue siendo profesor, y que son su segunda patria.
Y siempre, los enigmas cotidianos, los muros y los jardines y las campanas de Cracovia, donde un día de verano, cuando todavía no nos conocíamos, lo vi caminar veloz por la calle Kanonicka, delante de la terraza de la librería–café que está justo enfrente de la bandera de España del Cervantes.Estoy seguro de que ayer en ese Cervantes, y en el de Varsovia, fue un día de fiesta, porque quienes en ellos trabajan saben muy bien que él es una de las grandes voces polacas de nuestro tiempo, y además un gran amigo de nuestro país.
*Juan Manuel Bonet es director del Instituto Cervantes
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Noticias / Inglaterra: El escritor israelí David Grossman gana el Man Booker International
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El escritor sostiene el premio en su edición de 2017. (Foto: EFE)
Ciudad Juárez, Chihuahua. 15 de junio de 2017. (RanchoNEWS).– David Grossman (Jerusalén, 1954) ha ganado el prestigioso premio británico de literatura Man Booker International por su última novela, «Gran Cabaret», publicada en España por la editorial Lumen. El Man International galardón está consagrado a novelas de ficción de autores extranjeros traducidos al inglés, y entre los candidatos de esta convocatoria estaban el francés Mathias Enard y la argentina Samanta Schweblin, informa la agencia EFE.
El premio, dotado con 50.000 libras (56.846 euros), se repartirá a partes iguales entre Grossman y la traductora de su libro, la estadounidense Jessica Cohen. La novela gira en torno a la vida un comediante que se va revelando durante una actuación nocturna en un local de «stand-up» en la ciudad de Cesárea, y a través del baile entre el cómico y el público, se empieza a desenredar una historia más profunda que alterará la vida de miembros de su audiencia.
Nick Barley, el presidente del Man Booker 2017, expresó que este libro «posa una luz puntal sobre los efectos de la tristeza, sin trazos de sentimentalismo». «Nos dejaron boquiabiertos los riesgos emocionales y estéticos que toma Grossman: cada frase cuenta, cada palabra cuenta en este ejemplo supremo del arte de un escritor», declaró Barley.
Grossman y la literatura
Grossman, nacido en Jerusalén en 1954, empezó su carrera como periodista y fue despedido de la radio por sus coberturas críticas con Israel. Escribe literatura desde los años setenta y es autor de obras como «La vida entera», «El niño zig-zag», «Véase: amor» o «El libro de la gramática interna», y ha sido traducido a más de 40 idiomas. Conocido por su postura crítica con la política de ocupación israelí y comprometido con el proceso de paz, el autor, de 63 años, perdió a su hijo Uri en la segunda guerra del Líbano, en 2006.
El año pasado, la ganadora del Man Booker International fue la escritora surcoreana Han Kang con su novela «La vegetariana», publicada en España por la editorial Rata.
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El escritor sostiene el premio en su edición de 2017. (Foto: EFE)
Ciudad Juárez, Chihuahua. 15 de junio de 2017. (RanchoNEWS).– David Grossman (Jerusalén, 1954) ha ganado el prestigioso premio británico de literatura Man Booker International por su última novela, «Gran Cabaret», publicada en España por la editorial Lumen. El Man International galardón está consagrado a novelas de ficción de autores extranjeros traducidos al inglés, y entre los candidatos de esta convocatoria estaban el francés Mathias Enard y la argentina Samanta Schweblin, informa la agencia EFE.
El premio, dotado con 50.000 libras (56.846 euros), se repartirá a partes iguales entre Grossman y la traductora de su libro, la estadounidense Jessica Cohen. La novela gira en torno a la vida un comediante que se va revelando durante una actuación nocturna en un local de «stand-up» en la ciudad de Cesárea, y a través del baile entre el cómico y el público, se empieza a desenredar una historia más profunda que alterará la vida de miembros de su audiencia.
Nick Barley, el presidente del Man Booker 2017, expresó que este libro «posa una luz puntal sobre los efectos de la tristeza, sin trazos de sentimentalismo». «Nos dejaron boquiabiertos los riesgos emocionales y estéticos que toma Grossman: cada frase cuenta, cada palabra cuenta en este ejemplo supremo del arte de un escritor», declaró Barley.
Grossman y la literatura
Grossman, nacido en Jerusalén en 1954, empezó su carrera como periodista y fue despedido de la radio por sus coberturas críticas con Israel. Escribe literatura desde los años setenta y es autor de obras como «La vida entera», «El niño zig-zag», «Véase: amor» o «El libro de la gramática interna», y ha sido traducido a más de 40 idiomas. Conocido por su postura crítica con la política de ocupación israelí y comprometido con el proceso de paz, el autor, de 63 años, perdió a su hijo Uri en la segunda guerra del Líbano, en 2006.
El año pasado, la ganadora del Man Booker International fue la escritora surcoreana Han Kang con su novela «La vegetariana», publicada en España por la editorial Rata.
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