Rancho Las Voces: Cine / España: Cuando Cela soñó con hacer películas

Cine / España: Cuando Cela soñó con hacer películas

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De izquierda a derecha, Mario Pardo, Paco Rabal, Camilo José Cela y Francisco Algora en La colmena. (Foto: EL PAÍS)

C iudad Juárez, Chihuahua. 9 de abril de 2016. (RanchoNEWS).- Aunque en mitad de los años ochenta, con su novela Cristo versus Arizona, quedó claro que se había tragado un buen puñado de westerns, Camilo José Cela tampoco desdeñó a Luis Buñuel. A juzgar por el tono de Prometeo, un guion desconocido al que ha tenido acceso EL PAÍS, el escritor bebió, tanto para la novela como para el cine, de las delirantes fuentes con las que nos salpicó el surrealismo. Jesús Ruiz Mantilla reporta para El País.

Cuando Camilo José Cela Conde, su hijo, revolvió en algunas cajas perdidas mientras preparaba para este año el centenario de su nacimiento, encontró unos editoriales escritos a mano de la revista Papeles de son Armadans, algunos artículos sin terminar y esta pieza que al principio, creyó, «era una obra de teatro».

En el encabezado de Prometeo, Cela indica: comedia en dos actos. Después coloca los personajes y luego comienza directamente el primero. Pero seis páginas más adelante, apunta con un tachón: «No es preciso dar a estos últimos personajes una tipicidad a priori. Sus características se procurarán adaptar a los actores que haya en el mercado cuando esto se filme, si es que se filma…».

No se rodó. Difícil encontrar a un productor en la España de los años cuarenta —la fecha que más o menos, piensa su hijo, se escribió— dispuesto a rodar una historia sin apenas pies y cabeza, con varias secuencias de imágenes encadenadas a un torrente delirante en las que encontramos a un Mozart resucitado, un comisario, una mujer medio perdida, algunos guardias, unos personajes, apunta él, «mudos y sin oficio», muertos, muertas y, en medio, el joven, elegante Prometeo.

El coqueteo de Cela con el cine resultó constante. Primero dudó si dedicarse a la interpretación. Después se adaptaron dos de sus novelas al cine, Pascual Duarte, rodada por Ricardo Franco, y La colmena (Mario Camus). Finalmente supervisó, cobró y firmó —porque decir que los escribió, sería mucho decir— la adaptación que hizo para la televisión Manuel Gutiérrez Aragón de Don Quijote.


 Imagen del manuscrito del guion para cine de Prometeo. Camilo Cela EL PAÍS

Las dificultades para publicar La colmena, masacrada por los censores, afectaron su ánimo. Algunas cartas de la época le muestran deprimido, derrotado, muy dudoso sobre un futuro dedicado a la literatura. «Creo que al joven Cela le desorientó mucho ese golpe. La novela estaba terminada en 1946, en esos momentos tantea diversos caminos al margen de la literatura. Los principales son la pintura y el cine», apunta Adolfo Sotelo Vázquez, decano de la facultad de Filología de la Universidad de Barcelona y experto en el autor.

«De hecho, en 1947 realiza una exposición en Madrid y en 1950 otra en A Coruña». La actuación, llega por esas fechas también, según Sotelo. Su estampa larguirucha, de espiga y repeinada aparece en algunos títulos. «Interviene como actor en tres películas: El sótano (1950), de Jaime Mayora, Facultad de letras, de Pío Ballesteros, ese mismo año, y Manicomio, de Fernando Fernán Gómez, en 1953».

Finalmente, vence en su propósito de convertirse en escritor y participa en la adaptación de sus dos novelas más famosas, que se llevan al cine con bastante éxito. Pascual Duarte (1975), rodada por Ricardo Franco y protagonizada por José Luis Gómez, logra el premio al mejor actor en el Festival de Cannes. «Tuvo una posibilidad previa, no concretada, con Fernán Gómez como director y Paco Rabal de protagonista», añade Sotelo Vázquez. «Pero no acabó de gustarle porque se desviaba demasiado de la estructura de la novela pese a que los guionistas fueron Franco, que después la dirigió, y el productor Elías Querejeta».

La colmena se convirtió en un trabajo soberbio por parte de Mario Camus. Nadie creía a priori que tamaño fresco colectivo se pudiera adaptar al cine. Pero no sólo le gustó, sino que participó con un cameo en el café de doña Rosa interpretando a Matías Martí, inventor de palabras. «Siempre le satisfizo la película y presumió mucho de ella», comenta el estudioso.

Tampoco recuerda Camilo José Cela Conde que a su padre le entusiasmara especialmente el cine. «Tenía un televisor en el dormitorio donde veía películas con mi madre, pero, ir al cine, sólo iba ella», asegura. La aparición de Prometeo, sin embargo, remarca su interés en ese y en otra de las artes que, más bien llevado por sus irrupciones verbales, suponíamos que despreciaba: la música.

No sólo da a vida a un Mozart fantasmal, «con una dentadura idéntica a las hojas de otoño», apunta Cela en la descripción. También deja escuchar como banda sonora obras de Ravel y Debussy, que con su Preludio a la siesta de un fauno, cierra la acción. En los recuerdos de infancia de Camilo hijo, la música en cambio aparece como una habitante extraña. «Recuerdo un fonógrafo como el del perro de La Voz de su Amo, al que se daba cuerda a mano, en la casa de la calle Ríos Rosas, en Madrid, y una docena de discos de aquellos de baquelita. Pero sólo los escuchaba yo», cuenta.

«Ya sabe que los escritores se crean su propio personaje. Y el CJC que odia la música es, desde luego, posterior al noviazgo con Charo, mi madre. En las cartas con ella aparecen bastantes referencias musicales pero luego se cerró en banda: tangos y sólo tangos. Puede, desde luego, que fuese una pose. Pero en casa no había más un disco de música clásica: la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak. Y, ya te digo, sólo lo ponía yo», agrega.

El gobierno se coordina para el centenario 

El Centenario del nacimiento de Camilo José Cela tiene lugar este año 2016 y su celebración contará con el apoyo de un órgano colegiado interministerial del que forman parte el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

El órgano interministerial, cuya orden de creación se publicó el pasado martes en el BOE, será el encargado de la ejecución del programa de apoyo a la celebración del acontecimiento, que fue declarado a finales del año pasado como «de excepcional interés público». Esta consideración conlleva importantes beneficios fiscales para las empresas que se impliquen mediante el patrocinio de alguna de sus actividades.

La Fundación Charo y Camilo José Cela se encargará de la preparación del programa de actividades y actuaciones del Centenario del nacimiento de Camilo José Cela, que será aprobado por dicho órgano colegiado, y de la realización material de los actos y actividades necesarias para la ejecución de dicho programa. La Fundación, además, asumirá la condición de destinataria de las donaciones que se realicen para la ejecución del programa de apoyo al acontecimiento.

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