Rancho Las Voces: Textos / «Abecedario BORGES» por Juan Bonilla

Textos / «Abecedario BORGES» por Juan Bonilla

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Ilustraciones: EFEALCUADRADO

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de noviembre de 2015. (RanchoNEWS).- El próximo año se celebrará el 30 aniversario de la muerte del escritor con encuentros, exposiciones, vídeos. Su viuda, María Kodama, que este miércoles presentó los actos, evoca su vida con el autor de El aleph. A la espera de los actos, sumerjámonos en el universo de uno de los autores más personales de la literatura a través de una guía por sus obsesiones. El texto fue publicado en El Mundo por Juan Bonilla.


ALMOTÁSIM.- Simular que un libro ya existe y ofrecer un resumen. He ahí una de las más novedosas tácticas del Borges cuentista (aunque en la novedad se le adelantaran Carlyle y Butler). El acercamiento a Almotasim apareció primero como uno de los ensayos de Historia de la eternidad en el año 36: aparentaba ser una reseña de una novela fantástica o alegórica aparecida en Bombay y reeditada en Londres con prólogo de Dorothy Sayers. Un joven Bioy Casares escribió al editor londinense, Gollancz, solicitando un ejemplar y así se enteró de que la novela no existía. Borges trama ahí, en la reseña de un libro que no existe, la pauta de otros cuentos que lo estaban esperando y en los que se basaría su reputación de cuentista fantástico. La novela narra la peripecia de un estudiante de Derecho que, en una especie de certamen de infamias, emprende la insaciable búsqueda de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otras: en el principio, el tenue rastro de una sonrisa o de una palabra; en el fin, esplendores diversos y crecientes de la razón, de la imaginación y del bien. A medida que los hombres interrogados han conocido más de cerca a Almotásim, su porción divina es mayor, pero se entiende que son meros espejos. El protagonista va conociendo personajes miserables en los que sin embargo va descubriendo gestos que revelan una divinidad, un espíritu más complejo que el protagonista irá buscando hasta dar con el enigmático Almotásim, que es sólo una voz que al final de la novela inexistente le dice al estudiante: Pase.

ALEPH.- Una de las piezas maestras de la narrativa de Borges: ahí se concentra su capacidad milagrosa para hacer de la fantasía algo tan real, tan tangible, tan cierto. Reducido a pocas líneas, el cuento pudiera ser sólo una ocurrencia para críos: el texto, sin embargo, como los mejores de Borges, convoca la magia de lo sagrado, la perturbadora extrañeza de lo real, con la creación de un lugar imposible que contiene a todos los demás lugares, de un paréntesis de tiempo y espacio donde todo el tiempo y todo el espacio están al alcance de quien mira.

ANTECESORES.-  De Borges se puede decir algo que se dirá de muy pocos escritores: que influyó tanto en los que le precedieron como en los que le sucedieron. Su modo de leer, su capacidad para fijar la atención en autores mal leídos u olvidados, su afán de rescate, su fidelidad a unos cuantos nombres, convirtió en borgianos a autores que escribieron sus obras mucho antes de que Borges llegara al mundo. Jugando con el título de uno de sus relatos podría decirse que Borges fue un sendero que se bifurcaba en jardines. Uno de esos senderos nos lleva a Chesterton, otro a Stevenson, otro a Melville, otro a Meyrink. Borges consiguió que bastara una mención suya, un halago suyo, para que un ejército de lectores poblase el jardín al que había hecho referencia. Un ejemplo: fueron tantos los que acudieron a Cansinos Assens sólo porque Borges lo llamó maestro, que sin duda la recuperación de Cansinos tiene mucho que agradecerle a Borges. Él mismo dijo sentirse más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito.

ARENA.-  El libro de arena fue, acaso, el último gran libro de relatos de Borges. El relato que da título al volumen nos habla de uno de esos preciados objetos únicos que pueblan su mundo: un objeto mágico e imposible, un libro interminable que no tiene página central. No son pocos los estudiosos que advirtieron que Borges profetizaba internet en ese cuento.



BIBLIOTECA.- La gran patria de Borges. Otros la llaman el Universo. Extrañamente, Borges estaba convencido de que había dos categorías de escritores: los que procedían de la vida y los que procedían de la propia literatura. El capitán del primer equipo era Walt Whitman. El del segundo Ralp Waldo Emerson. Él militaba en el segundo equipo. Esa afirmación sirvió apenas para que sus enemigos más acérrimos constataran que en la literatura de Borges, tan brillante, faltaba vida. Como si de verdad la literatura estuviera fuera de la vida, como si pasar las noches de farra tuviera que ver con vivir más que pasar la noche leyendo a Dante. El tópico hizo fama, y todavía hay quien reprocha a los textos de Borges ser demasiado literarios y poco vividos: se ve que en alguna parte hay un termómetro que decide qué es vida, y decide también que la literatura, por sí sola, no lo es. En 1955, Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, tras el golpe que sacó del poder al peronismo.

BIOY.- Borges fue un maestro fatídico si maestro es aquel que propicia que sus discípulos lleguen más lejos que él. Imposible tarea para cualquier discípulo suyo. El mejor sin duda fue Bioy Casares, que había publicado varios libros con pseudónimo cuando lo conoció, y luego una obra maestra, La invención de Morel, que Borges prologó. Fueron amigos hasta el final. Se veían muy a menudo a practicar la literatura a cuatro manos -de donde salió una de las obras maestras de la literatura en español: las Crónicas de Bustos Domecq, quizá el libro más desopilante de nuestro siglo XX- y al deporte de hablar mal de todo el mundo, como atestigua el volumen Borges que recoge las anotaciones protagonizadas por Borges y escritas en su diario por Bioy. Hay en ese volumen una camaradería dichosa que se gasta igual en ocurrencias para escribir cuentos paródicos que en poner a caer de un burro a cualquiera, cometiendo las pertinentes injusticias a las se recurre en cualquier diálogo literario de tomar a un autor entero -da igual su importancia, Unamuno, Baroja, hasta Shakespeare vale- por el peor de sus renglones. En ese arte, nadie más eficaz que Borges y su lujoso amanuense Bioy. El volumen se lee con constante regocijo, porque Borges podía decir aquello de que cuando era bueno, era muy bueno, pero cuando le daba por ser malo era el mejor.

BUENOS AIRES.- Protagonista de tantas páginas de Borges. Ya aparece en el título de su primer libro de poemas: Fervor en Buenos Aires, donde se aplica, por huir del Ultraísmo del que procede, a cantar los suburbios y, como tantos latinoamericanos desde Rubén Darío, a descubrir de dónde viene después de haber pasado por Europa. Más adelante le dedicaría un soneto perturbador que acaba con estos versos: «No nos une el amor, sino el espanto/ será por eso que la quiero tanto».



EROTISMO.- Una de las grandes ausencias en la obra de Borges, que sin embargo -ver el volumen de Bioy antes citado- se daba buena maña para ridiculizar su presencia en las obras de los otros (por ejemplo se negó a leer Lolita de Nabokov).



FICCIONES.- Un accidente doméstico, un golpe en la cabeza, inclinó a Borges a la ficción. Tras el golpe le sobrevino una septicemia que lo llevó al borde de la muerte. Temía que la enfermedad lo hubiera imposibilitado para la práctica de la literatura. Decidió hacer algo nuevo, algo que no había hecho antes: un cuento (aunque esto es exagerado porque sí había escrito cuentos antes). Si fracasaba en un poema o en un ensayo, podría decidir que el golpe lo había dejado sin talento. Si fracasaba en el cuento, podía echarle la culpa al hecho de haber intentado algo nuevo. Escribió Pierre Menard, autor de El Quijote: un cuento que navega entre el ensayo y la ficción, una reseña sobre un raro autor que alcanza la convicción de que no puede haber meta literaria más alta que escribir el Quijote, no reproducirlo mecánicamente, no copiarlo, sino escribirlo, escribir en el siglo XX lo que Cervantes escribió en el XVII, de manera que tópicos de entonces -como «La verdad, cuya madre es la Historia»- quedaran convertidos en declaraciones revolucionarias. La experiencia de estar cerca de la muerte quedó, por su parte, reflejada en la pieza imponente El Sur, con su línea inicial: «Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche».

FUNES.- Otro de los grandes personajes de Borges: un hombre condenado al insomnio, un hombre incapaz de olvidar un solo detalle de lo vivido. La memoria como infierno, la capacidad de olvidar como paraíso. Acaso influyó en la escritura de este relato el caso clínico que inspiró a Luria su libro La mente de un mnemotécnico.



GINEBRA.- Ciudad donde fue joven y descubrió la poesía de vanguardia, ciudad donde murió, ciudad donde descansan sus restos, ciudad también donde imaginó un encuentro entre dos Borges: uno joven y otro mayor que comparten una charla ante el apacible lago de la ciudad. Sólo el mayor, naturalmente, sabe de lo espectral del encuentro: el joven es sacudido por la extrañeza de encontrarse con alguien que parece saber algunas cosas de él.




INQUISICIONES.- Así se tituló, ya en el año 1925, la primera recopilación de artículos de Jorge Luis Borges. Siguieron otros libros: El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos, Historia de la eternidad, Otras inquisiciones, Discusión, Siete noches, Borges oral. El artículo, el ensayo breve, el prólogo, son baluartes indispensables en la obra borgiana. Podría decirse de él lo que él dijo de Chesterton: que no hay página suya que no nos depare una felicidad.



MUERTE.- He aquí, en cuatro versos, la extrañeza ante esa dama, tan presente en la obra de Borges: «Murieron otros pero ello aconteció en el pasado/ que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte./ ¿Es posible que yo, súbdito de Yaqub Almansur,/ muera como tuvieran que morir las rosas y Aristóteles?» Ah, la terrible respuesta es sí, es posible.



NOVELA.- Un género lleno de tachas para Borges. Intentó alguna -El congreso- que se quedó en relato largo. En todos sus autores de cabecera -de Kipling a Chesterton- prefería el cuento.



POESÍA.- La paulatina ceguera fue entregando a Borges a dos géneros que revitalizarían, a partir de los años sesenta, su obra: la entrevista (las que él concedía, claro), y el poema. Si bien se había estrenado como poeta, es fácil advertir al hojear su Poesía completa que los poemas más memorables, los más potentes, los más borgianos, se encuentran en la cabalgata de libros publicados en los sesenta, los setenta y los años finales. Desde Elogio de la sombra a la cifra, pasando por La moneda de hierro o El otro, el mismo, he ahí la obra poética de uno de los grandes poetas del siglo XX. La ceguera lo obligó a utilizar dos plantillas: la enumeración y el soneto. Dejó ambas lo suficientemente castigadas como para que cualquiera que las utilice a partir de Borges no se arriesgue a que le acusen de borgiano.

POETA.- En el relato El informe de Brodie hay una definición mítica del poeta: alguien que vive con los demás, como los demás, pero en algún momento, como saliendo de sí mismo, pronuncia unas palabras sagradas, enigmáticas definitivas. A partir de ese momento, según dice el narrador, cualquiera puede matarlo.



SABATO.- Autor argentino cuyas ediciones italianas se vendían con el eslogan: «el rival de Borges». Borges, al saberlo, sentenció: «qué raro que mis ediciones italianas no se vendan con el eslogan: 'el rival de Sabato'».

SUR.- Importantísima revista argentina fundada y dirigida por Victoria Ocampo donde Borges publicó sus mejores cuentos primeros y algunos de sus ensayos y su traducción de Henri Michaux. En la colección de libros de la revista, aparecieron las grandes obras de Borges: El jardín de los senderos que se bifurcan, que sería ampliado en el volumen Ficciones, y el esencial tomo de ensayos Otras inquisiciones.



ULTRAISMO.- Borges se hizo ultraísta en las noches españolas de después de la Gran Guerra, junto a Cansinos, a Pedro Luis de Gálvez -de quien se supo varios sonetos de memoria durante toda su vida-, a Isaac del Vando Villar. Llevó el Ultraísmo a la Argentina, fundó la revista Prisma y convencido de que el lugar del poema ya no era el libro sino las paredes de la gran ciudad, pegó carteles con poemas en Buenos Aires. Con Huidobro y Alberto Hidalgo firmó una importantísima antología de poesía vanguardista latinoamericana: Índice de la poesía latinoamericana. De su época ultraísta quedan arpegios en sus primeros libros de poemas, y poemas que dejó publicados en las revistas de la vanguardia tanto española como latinoamericana.

URBACH.- Protagonista de un famoso poema de sólo dos versos: «Yo que tantos hombres he sido, no fui nunca/ aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach». Los borgianos se dejaron los ojos tratando de encontrar quién era esa mujer. Lo más sensato es deducir que tras tanta afanosa búsqueda, Jorge Luis Borges se la inventó, quizá utilizando la musical sonoridad del apellido de un poeta cubano modernista, Fedrico Urbach.



ZAHÍR.- «En Buenos Aires el Zahír es una moneda común de 20 centavos». Así comienza un cuento publicado en 1947 en la revista Los anales de Buenos Aires. Frecuentemente Borges recurría a este relato cuando se le preguntaba por el proceso de escritura de un texto. Comenzó preguntándose por la palabra «unforgettable», columpiándose en su sonoridad. Luego la pregunta se extendía: ¿y si hubiera algo que fuera de verdad inolvidable? De ahí alcanzaba la invención de un objeto cuya influencia en alguien lo condicionara de tal manera que alcanzara a hechizarlo. Ese objeto no sólo era objeto: era una presencia, una sustancia -la sustancia de lo inolvidable- y por lo tanto la sustancia podía enmascararse en diferentes objetos, ser distintas cosas. El Zahir, uno de los nombres de Dios, puede ser pues la moneda que le dan de más en una vuelta al protagonista del relato, o un astrolabio persa, o una veta en el mármol de un pilar de Córdoba. El protagonista se obsesiona con el Zahir y entiende que llegará un momento en que dejará de percibir el Universo para percibir solo y exclusivamente el Zahir, su tesoro.



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