Rancho Las Voces: Noticias / España: El «Hurricane Bob Dylan» golpea a los premios de Alfred Nobel

Noticias / España: El «Hurricane Bob Dylan» golpea a los premios de Alfred Nobel

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Fotografía facilitada del músico estadounidense Bob Dylan durante el concierto que ha dado en la Universidad RMIT en Ho Chi Minh. (Foto: Efe)

C iudad Juárez, Chihuahua. 14 de octubre de 2016. (RanchoNEWS).- ¿El Nobel para Dylan sí o no? El debate sigue abierto y los seguidores y detractores no se ponen de acuerdo en si las letras del mítico cantante son pura poesía o pocos méritos para recibir un premio Nobel de Literatura. Mientras Bob Dylan guarda silencio, se hace repaso, a sus letras, a sus canciones, a su vida personal... Todo mundo en un experto en Dylan. Pero lo mejor es hacer un repaso de las últimas 24 horas para ver cómo se ha colado en todas las tertulias, informa la redacción de El Confidencial desde Madrid.

¿Apoyaría a Bob Dylan? Muchos han sido los comentarios tras conocerse la concesión del Premio Nobel de Literatura al músico Bob Dylan. 
Personalidades del mundo de las letras, la música, la política y la cultura en general se han manifestado, mayoritariamente en apoyo a la decisión de la Academia sueca, que ha abierto, no obstante, una polémica que aún continúa.

¿Qué artistas apoyan a Dylan?

Leonard Cohen

«Para mí es como poner una medalla al monte Everest por ser la montaña más alta».

Rubén Blades

«Evitemos la discusión desde perspectivas elitistas. Dylan merece el premio, por la calidad de su trabajo y por haber continuamente sostenido esa calidad a través de experimentos y renovaciones».

«Solo lamento el que la perspectiva de la Academia Sueca no haya sido mas amplia por no reconocer a Buarque».

José Luis Perales

«Si lo que escribe es meritorio para concederle el premio me parece estupendo. No tengo nada que objetar. Su obra es lo suficientemente extensa como para que se le tenga en cuenta».

Ida Vitale

La escritora uruguaya Ida Vitale, de 92 años, calificó de «raro» el premio Nobel de Literatura a Dylan. «Si se hubiese pensado en esa conjunción entre música y poesía habría muchos candidatos latinoamericanos».

Antonio Banderas

«Bob Dylan, premio Nobel. Una de las razones para seguir creyendo en Estados Unidos»

Stevie Van Zandt

«¡Felicidades, Bob! Hiciste que nuestras vidas fueran mejores», afirmó el actor y guitarrista, integrante del grupo The E Street Band que acompaña a Bruce Springsteen.

Mia Farrow

«Inspirada elección del comité del premio Nobel. Felicidades a Bob Dylan y gracias por cada canción».

Rosanne Cash

«Santa Madre de Dios. Bob Dylan gana el premio Nobel».

Stephen King

«Estoy exultante de que Bob Dylan haya ganado el Nobel. Una cosa buena y genial en una temporada de sordidez y tristeza».

Barack Obama

«Felicitaciones a uno de mis poetas favoritos, Bob Dylan, por un bien merecido Nobel».

Cinco buenas razones para el sí

Pocos premios Nobel causarán tanta controversia como el otorgado al cantante de Minessota. Es la primera vez que la Academia Sueca reconoce a una figura proveniente del mundo de la música popular, a pesar de que no haya ninguna duda de hace décadas que el cantante ha sido reconocido en el mundo de la alta, baja y media cultura. Hay muchos Dylan escritores y buenas razones para reconocer su importancia (literaria, musical y conceptual), pero aquí seleccionamos cinco de sus encarnaciones qué explican por qué es un ganador tan bueno como cualquiera:

El Dylan cronista

Nos encontramos a principios de los años sesenta y el joven rocanrolero que espantó a sus profesores del instituto en una poco preparada emulación de Little Richard ha descubierto a Woody Guthrie y el piano ha sido sustituido por la guitarra de palo. Es, quizá, el Dylan más icónico, el de Blowin in the Wind o The Times They Are A-Changin, pero también el de temas algo más ocultos como With God on Our Side (épica recapitulación crítica de la historia de EEUU) o The Lonesome Death of Hattie Carroll, un prodigio de escritura.

Esta última, inspirada por la crónica de sucesos, cuenta la historia del asesinato de una camarera negra por parte de un joven miembro de la élite social de Baltimore. No solo denuncia el racismo y el clasismo, sino que también critica la falsa indignación de los sectores más progresistas de la sociedad: «Los que filosofáis sobre la desgracia y criticáis todos los miedos, llevaos el pañuelo a la cara, porque ahora sí es momento de llorar».

El Dylan dadaísta

Desde mediados del año 64, las canciones de Dylan empiezan a llenarse de imágenes surrealistas, más frenéticas que líricas. Quizá la culmen de este Dylan electrificado, el que fue llamado «Judas» y rechazado por el público folk, sea esta canción que cierra Highway 61 Revisited a ritmo de canción fronteriza. Postales del ahorcamiento, el buen samaritano preparándose para su show, Einstein disfrazado de Robin Hood, el Fantasma de la ópera en plan sacerdote y Ezra Pound y T.S. Eliot peleando en la torre del capitán son tan solo algunas de las instantáneas de este «freak show» que abrió las puertas a las temáticas que la música popular podía abordar.

El Dylan íntimo

Es mediado de los años setenta y el matrimonio con Sara Lownds, tras casi diez años de convivencia, empieza a irse a pique. El resultado es Blood on the Tracks, quizá el mejor trabajo discográfico de su autor y el disco de ruptura definitivo. El mascarón de proa es Tangled Up in Blue, una de esas contadas ocasiones en las que el cantante ha abierto su corazón para trazar paralelismos entre su vida íntima y la deriva de su generación. Como él mismo declaró en su día, es un experimento con los puntos de vista en la narración, como muestran las infinitas variaciones que ha introducido en la letra a lo largo de los últimos 40 años: el cubismo y la pintura eran sus principales influencias en aquel momento, como también se dejaría notar en su película Renaldo y Clara.

«Aún sigo en la carretera, buscando otro garito / Siempre sentimos lo mismo, pero lo veíamos desde una perspectiva diferente / enredados en la tristeza 0187, concluía la canción.

El Dylan posmoderno

Desde Time Out of Mind (1997), los nuevos trabajos discográficos de Dylan son una especie de rompecabezas cuyas piezas pueden haber existido desde hace siglos. En otras palabras, tanto musical como líricamente, el intérprete ha tomado prestados versos, melodías e ideas de canciones folk (o de novelas policias, como Confesiones de un Yakuza de Junichi Saga, cuyas frases abundaban en Love & Theft) para darles un sentido nuevo.

¿El culmen de esta apropiación que está más cerca del humor posmoderno que del plagio sin imaginación? Quizá, introducir en su fantástico libro de memorias Crónicas un párrafo entero de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Otro buen ejemplo es este Nettie Moore que reescribía una balada tradicional del siglo XIX para convertirla en un lamento de la vida en la carretera de la estrella de rock. «El futuro, para mí, es algo del pasado», como cantaba en Floater. También, «hay un momento en la vida en el que todo lo antiguo vuelve a ser nuevo». Dos versos que sintetizan a la perfección su estilo más reciente.

El Dylan pensador

El cantante nunca se ha prodigado dando entrevistas, ni mucho menos explicando los avatares de su vida privada en público. Sin embargo, cada vez que lo hace da muestras de que lo que le ha convertido en un gran escritor es una visión única sobre la realidad que le rodea, una memoria prodigiosa y una peculiar habilidad con las palabras que a veces ha confundido a los que le rodeaban, como aquel día que le sugirió a Rolling Stone la posibilidad de que el verdadero Bob Dylan fuese un motero muerto que se había reencarnado en él.

El mejor ejemplo de ellos es, otra vez, Crónicas, su libro de memorias, una mezcla de ficción y recuerdos escritos con el brío de un novelista de raza en el que examina con cariño, agudeza y atención al detalle sus años de formación, su crisis vital en los años 80 y los años más felices de su vida, aquellos que pasó recluido lejos del mundanal ruido a finales de los sesenta. Son aquellos tiempos en los que escribió quizá el verso más cándido que jamás haya salido de su pluma: «Construir una cabaña en Utah, casarme con una mujer, pescar una trucha arcoiris, tener un montón de niños que me llamen 'papá / quizá sea de eso de lo que va la vida». Ni Thoreau.


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