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Noticias / México: Despiden a Hugo Gutiérrez Vega

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Los restos de don Hugo fueron cremados por la noche. Sus cenizas serán trasladadas primero a la iglesia de Santo Domingo, en Querétaro, y después regresarán a Ciudad Universitaria, cuando se terminen de construir las criptas en la iglesia del CUC. Encabezan la guardia, Lucinda, viuda del escritor, y el presidente del Conaculta. (Foto: María Luisa Severiano)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de septiembre de 2015. (RanchoNEWS).- Los abrazos cuentan historias. Son las historias y anécdotas de quienes estuvieron cerca de don Hugo Gutiérrez Vega y acudieron a despedirlo a la funeraria Gayosso. Hay quien se acerca al féretro y platica con él, otros prefieren recordarlo como fue en vida: grande de estatura, ojos azules, barba y cabello blanco, con un respeto infinito por el otro, de vestir impecable, con un sentido del humor que rayaba en lo filosófico y que le permitía contar chistes colorados de vez en cuando. Reportan para La Jornada Ericka Montaño, Fabiola Palapa y Ángel Vargas.

Ahí está su esposa, Lucinda, sus hijas Lucinda y Fuensanta, sus nietos Rita y Bruno. Hay alguien más: su hija Mónica, quien falleció hace algunos años. Don Hugo y su hija posan en la fotografía que acompaña al ataúd, tomada en Grecia cuando él era embajador en ese país. «Los dos ya están juntos», dice alguien al pasar.

A la funeraria llegan familiares, amigos, funcionarios, periodistas que tienen que contar lo que está ocurriendo en esta despedida en la que hay lágrimas, pero también risas y recuerdos, muchos recuerdos.

«Siempre terminábamos hablando de gatos», que junto con la poesía, la literatura y la academia era una de sus pasiones, «no recuerdo cuántas veces lo entrevisté y siempre me hacía reír»,  «fue mi maestro», «de seguro se habría ido a la marcha». Porque su funeral coincidió con la movilización que exigió la presentación con vida de los 43 estudiantes normalistas, tema del que escribió en la introducción del número de hoy de La Jornada Semanal.

Poco a poco fueron llegando al lugar la escritora Elena Poniatowska, la directora de La Jornada, Carmen Lira Saade, además de la actriz y activista social Jesusa Rodríguez y la compositora Marcela Rodríguez. Las hermanas Rodríguez y La Poni se despidieron unas horas después para asistir a la marcha por los 43 de Ayotzinapa.

Estuvieron también las actrices Patricia Bernal, Julieta Egurrola y Pilar Pellicer, y escritores como Marco Antonio Campos, quien adelantó a La Jornada que está preparando un libro sobre la obra de don Hugo, que estará listo para el próximo año.

«Sería la primera recopilación de textos críticos sobre Hugo Gutiérrez Vega», agregó, y sería publicado por una editorial independiente, que podría ser Ediciones Sin Nombre, cuyo título tentativo es El viajero que vuelve.

Y llega el recuerdo de ese poema que dice  «(...) Ahora que el miedo/ ya no es un juego,/ quiera Dios conservarnos/ la tranquila manera/ de regresar sin prisas/ a la casa del padre». Se titula Palabras para un regreso.

Los abrazos quieren ser todos para Lucinda, de quien se enamoró en su juventud y permanecieron juntos durante muchos años, pero también para Luis Tovar, su mano derecha en La Jornada Semanal; para Marga Peña, diseñadora del suplemento, y para Alejandro, quien fue su chofer durante mucho tiempo y cuenta que fue muy feliz con él, y los ojos se le llenan de agua que no alcanza a convertirse en lágrimas.

Varios minutos después de las 13 horas llegó el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa. Poco antes arribaron al lugar la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Zepeda, y el coordinador nacional de Literatura, Mauricio Montiel Figueiras. Se reúnen con Luci, hablan, sonríen, recuerdan. Caminan todos para hacer una pequeña guardia (un poco amontonada) frente al ataúd. No hay discursos oficiales, pero queda abierta la propuesta de realizar un homenaje. Será la familia la que lo decida más adelante.

Hay muchas flores blancas. La sala huele a café. Los abrazos siguieron intercambiándose antes de la despedida definitiva. Los restos de don Hugo fueron cremados por la noche. Sus cenizas serán trasladadas primero a la iglesia de Santo Domingo, en Querétaro, y después regresarán a Ciudad Universitaria, cuando se terminen de construir las criptas en la iglesia del Centro Universitario Cultural (CUC).

Estas son las voces de quienes este sábado acompañaron a don Hugo:

Elena Poniatowska, escritora:  «La de Hugo fue una importancia extraordinaria. Fue un diplomático a carta cabal, maravilloso; un embajador en Grecia buenísimo, un gran amigo; un amigo muy grande de, por ejemplo, Carlos Monsiváis, quien vivió en la casa de Hugo en Londres. Hugo fue de los grandes pilares de La Jornada, también un pilar cultural, a lo que se suma su generosidad enorme.

«Además trataba muy bien a los chavos y era lopezobradorista de hueso colorado; estaba en todas las reuniones con López Obrador, con toda su generosidad, su inteligencia; a él se debe la sugerencia del nombre de Morena, Movimiento de Regeneración Nacional.

«En principio era un hombre muy persignado, de Jalisco, que rezaba y todo eso, pero a medida que fue avanzando el tiempo se unió a las causas de los olvidados. Era muy buena onda, muy alivianado; le gustaban los jipis, todos los chavos. También fue muy buen actor, además era guapísimo.

«Su principal legado, y lo que más recuerdo, es su inteligencia, su generosidad; nunca fue pinche, nunca se cerró a los demás.

«Lo conocí hace mil años, era super guapo, un cuero. Tenía gran congruencia, algo que ya no hay en este país; por ejemplo, siempre vivió en una casa muy modesta ».

Marco Antonio Campos, poeta: “La muerte de Hugo es la partida de un amigo después de una amistad de 30 años.

«Hugo era un hombre de múltiples facetas, se adaptaba fácilmente a su trabajo en la diplomacia y lo hacía de manera muy natural. Si estaba en un ambiente de teatro también lo hacía muy natural y entre amigos era otra gente.

«Me impresionaba su memoria sobre el teatro, que desconozco mucho, y sobre el cine, que conozco un poco más. Él recordaba escenas, recordaba personajes.

«El cine, el teatro y la literatura fueron de sus grandes pasiones, en particular la poesía. Su trabajo teatral como actor le sirvió mucho en su presencia pública; era un gran lector de poemas, hablaba muy bien en público. Recuerdo que era impresionante verlo en en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), a veces tenía 15 presentaciones y lo hacía muy bien, tenía esa capacidad de construir una historia con dos o tres datos y dar una conferencia o participar en una mesa redonda.

«Perdemos a un gran poeta sobre todo por los libros griegos, esos siete años que pasó en Grecia fueron definitivos para él, es decir, su poesía es ligera, brillante muchas veces, pero esos tres libros, Los soles griegos, Cantos del despotado de Morea y Una estación en Amorgós, logran consolidar lo que también se hacía en la Grecia antigua: unir estética y ética.

«Hay un poema que se llama Cantos del despotado de Morea, que es un tratado de arte política, es el poema que más admiro de la obra de Hugo, aunque hay dos en Una estación de Amorgós, donde se junta mucho la ternura y la piedad, una de las características de él; tenía esa ternura y una piedad que al fin de cuentas el corazón lo traicionaba. Muchas veces estaba enojado, pero era incapaz de una venganza.

«Como actor, yo diría que Hugo ante todo dentro de las diversas obras en las que trabajó, hay una memorable, que Tío Vania, de 1978. Fue una actuación soberbia.

«Hablábamos mucho del cine de la Época de Oro, teníamos los mismos modelos de mujer, por ejemplo nos encantaba Lilia Prado, Ana Bertha Lepe. Esa era nuestra educación sentimental, amorosa.

«Saben muy bien que Hugo tuvo muchos reconocimientos en México, como la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, la Casa de Cultura Hugo Gutiérrez Vega, pero le dieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes, muy tardíamente».

Jesusa Rodríguez, creadora escénica y activista: «Era un hombre con un sentido del humor y del amor único. Siempre que lo veía era como si nos hubiéramos conocido al nacer y como si nos fuéramos a ver más allá de la muerte. Lo recuerdo puro amor, pura diversión, inteligencia. Me sorprendía mucho que fuera una mente no colonizada, un intelectual no orgánico, un hombre comprometido, un periodista de a pie hasta el final de su vida.

«Un día me lo encontré en la puerta de La Jornada bajando despacio, muerto de la risa; siempre estaba riéndose de sí mismo, era un hombre que no perdió ni un minuto de su vida, que la vivió apasionadamente y con ese privilegio de ser él mismo: todo de luz.

«Era un hombre increíble, podías platicar de cualquier cosa, era todólogo, era simpático. Constantemente se reía; además, creo que se reía de una forma que los humanos hemos perdido: de forma casi animal. Era como un instinto de la risa y de la brillantez. Lo adoré y lo seguiré adorando porque es una de esas personas que tienes la felicidad y el privilegio de conocer y de haber visto de cerca algunas veces. Hugo es un regalo de la vida».

Eduardo Lizalde, poeta: «Hugo fue un hombre de gran inteligencia, talento literario y bondad extraordinaria. Acabábamos de hablar de Eraclio Zepeda y no pensé que fuera a morir. A Hugo lo he tratado la vida entera y estaba resistiendo enfermedades; acababa de viajar a Venezuela.

«Hugo escribió una obra eminente, era un hombre sabio, gran lector y culto; poeta distinguido y generoso colega y amigo. Vamos a lamentar mucho su partida. Le vamos hacer un homenaje en la Academia Mexicana de la Lengua; hablaré tanto de Hugo como de Eraclio, que murieron con una semana de diferencia.

«La poesía pierde un poeta y un hombre de gran sabiduría, un estudioso y un conocedor de muchas lenguas, un gran traductor, maestro admirable y enorme ensayista. La poesía pierde una figura más de las que hemos lamentado al desaparecer en los años recientes».

Vicente Quirarte, escritor: «Nos sentimos huérfanos en muchos frentes, pues Hugo no sólo era parte de la comunidad poética. Cuando un poeta se va se siente como si le arrancaran una parte muy fuerte. Lo que decía John Donne: ningún hombre es una isla, nunca preguntes por eso por quién suenan las campanas, están doblando por ti.

«Hugo era también integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, nos sentíamos muy contentos de tenerlo allí; era miembro de una tertulia mensual en la que nos juntábamos en memoria de José Rogelio Álvarez y, pues ahora es el segundo que nos deja.

«Sobre todo pensando en una vida tan fecunda, tan completa, pienso que Hugo siempre fue un hombre que iba a contracorriente.

«Desde que era muy joven y funcionario de la universidad, recuerdo cómo nos contaba eso con gran picardía, que para defender al teatro tuvo que enfrentarse a las autoridades, en defensa de la libertad de expresión. Como funcionario universitario, como actor y director, me acuerdo de sus legendarias anécdotas, como la de que manejaba su propio Volkswagen vestido de cardenal para ir de su oficina a actuar.

«Desde joven fue contestatario y rebelde, y así se mantuvo toda su vida. Siempre dijo lo que pensaba y lo decía con enorme elocuencia. De memoria privilegiada, todo lo que tenía en la cabeza lo sabía transmitir con esa voz de actor que lo caracterizó».

Julieta Egurrola, actriz: «Hugo siempre estaba presente en mi mente y en mi corazón. Fue un hombre especial, al que tuve oportunidad de conocer, y con quien mantuve largas pláticas. En 1978, siendo director de Teatro de la UNAM, Ludwik Margules montó Tío Vania, de Chéjov. Se formó el reparto y Hugo actuó, porque entre todas sus facetas le gustaba actuar, aunque no se consideraba actor. En Tío Vania yo era su hija Sonia.

«Después seguimos en contacto, me escribió un líndisimo poema por el personaje que hice en la obra, que atesoro porque me lo dedicó.

«Recuerdo que en la Compañía Nacional de Teatro lo consulté sobre Ifigenia Cruel, de Alfonso Reyes, y nos dio una plática respecto del texto. Hugo fue un punto de referencia en mi carrera. Era esa persona a la que puedes acudir en determinados momentos, porque era un ser sabio no por viejo, sino por todo lo que había acumulado. Me dio mucho, su amistad me la brindó todos estos años. Era un apasionado del teatro, en Grecia hizo teatro griego, era un hombre muy erudito, toda una enciclopedia y era muy grato conversar con él.»

Daniel Giménez Cacho, actor: «Mi vínculo con Hugo Gutiérrez Vega era de amistad, porque siempre me apoyó mucho. Era muy amigo de Juan José Gurrola, quien fue mi maestro más importante, entonces compartíamos muchas cosas y más que un placer era formidable platicar con él, porque tenía una memoria extraordinaria. Sentarse con él era abrir una enciclopedia de teatro en México; era un ser de una generosidad muy poco frecuente. Hugo también se acercó mucho a nuestra editorial Ediciones El Milagro. Hay un libro de él donde habla mucho sobre teatro».

Patricia Bernal, actriz:  «Hugo es un gran escritor, un gran poeta, uno de los más importantes en México; tuve la fortuna de que fuera mi maestro y mi amigo toda la vida. Lo quiero muchísimo y se quedará en mi corazón siempre, así como el aprendizaje que tuve con él. Muchos tuvimos la fortuna de trabajar con él, conocerlo, estudiar con él y aprendimos mucho. Era casi como mi padre; lo adoro, lo quiero, porque me guió intelectualmente. Fue un gran maestro y un gran padre».

Enrique Singer, director de Teatro de la UNAM: «Hugo fue gente de teatro; gran parte de su actividad artística fue en el escenario. También fue director de difusión cultural de la UNAM e inauguró los teatros Juan Ruiz de Alarcón y el Sor Juana Inés de la Cruz. Produjo La prueba de las promesas, con Gurrola.

 «Le gustaba mucho la dramaturgia, sabía muchísimo de teatro y era un gran conversador; incluso, en la última versión que hicimos de Tío Vania, que dirigió David Olguin, quería actuar. Me pidió hacer uno de los personajes, pero ya estaba muy enfermo y no fue posible.»


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