Rancho Las Voces: Obituario / William McIlvanney

Obituario / William McIlvanney

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El escritor escocés. (Foto: Facebook del autor)

C iudad Juárez, Chihuahua. 9 de diciembre de 2015. (RanchoNEWS).- William McIlvanney (Kilmarnock 1936 – Glasgow, 2015) arrastró durante años, aunque no le gustara demasiado, la etiqueta de padrino del Tartan noir (el tartan, es sabido, es el dibujo distintivo de la falda escocesa), es decir esa novela negra de aquellas tierras altas que tan buenos frutos ha dado últimamente con Ian Rankin a la cabeza. Y ser el padrino era mejor que nada, terminaba por reconocer, porque pese a la excelente calidad de sus novelas el autor no supo cruzar fronteras con tanta habilidad como sus ahijados, aunque en muchos casos los superase en calidad, reporta Helena Hevia desde Barcelona para El Periódico.

El escritor de 79 años, fallecido el pasado sábado 5 de diciembre, no vivía en la bohemia y en cierto modo más glamurosa Edimburgo, sino en la obrera y caótica Glasglow y eso imprimió carácter y conciencia de clase a sus novelas, empezando por Laidlaw (RBA), la que le dio más prestigio y la única que de hecho está actualmente accesible en castellano. Otras fueron traducidas en los 90, en la colección Grandes detectives de Península: Extrañas lealtades, Los papeles de Tony Veitch y El grande, que RBA haría muy bien en recuperar.

Poeta, ensayista, hijo de un minero y férreo sindicalista, en lo que respecta a su formación McIlvanney se hizo a sí mismo. Pasó por la universidad, trabajó un tiempo como maestro pero no consiguió vivir del todo de la escritura, pese a su calidad manifiesta. Tenía además una apariencia de estrella de Hollywood de los 40, un característico bigotito a lo Clark Gable, y unas maneras ceremoniosas un tanto a la antigua que a él le encantaba cultivar. También era un firme defensor de la independencia de Escocia y sabía contar con tranquilidad y mesura, muy lejos del holliganismo, sus razones.

Lector de Unamuno

Hombre culto y refinado, no es frecuente que un autor de novela negra cite entre sus influencias a Camus y a ¡Unamuno! Además no le importaba admitir que no, que apenas leía novela negra. Lo cierto es que esa carga existencialista que tanto le interesaba se reflejaba perfectamente en su héroe Jack Laidlaw, un policía torturado más preocupado por los problemas morales que los legales, al que el autor imaginaba con los rasgos de Sean Connery. Por cierto, que con el actor escocés hubo un importante desencuentro al encargarle éste su biografía. El anárquico McIlvanney, como otras veces en las que solía desaparecer sin dar explicaciones, no respetó las citas de las negociaciones y James Bond se alejó del acuerdo, ofendido.

McIlvanney visitó Madrid el año pasado, en el festival literario Getafe negro, donde aseguró que quería escribir nuevas historias para Laidlaw. Eso y las ganas también admitidas a los libreros Paco Camarasa y Montse Clavés de conocer Barcelona y participar en BCNegra ya no se harán realidad.


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