Rancho Las Voces: Fotografía / México: Tamayo. «Fotógrafo en Nueva York» la mirada fotográfica de Rufino Tamayo

Fotografía / México: Tamayo. «Fotógrafo en Nueva York» la mirada fotográfica de Rufino Tamayo

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Por primera vez se compila en un libro una serie fotográfica realizada por el oaxaqueño en la Ciudad de los Rascacielos, lugar en el que se consolidó creativamente y entendió lo que era el arte. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 6 de enero de 2016. (RanchoNEWS).- A Rufino Tamayo le gustaba viajar por las calles de Nueva York. A menudo tomaba su cámara estereoscópica para retratar su paisaje cosmopolita, dominado por un horizonte con torres de concreto, barcos que paseaban en el río Hudson, espacios saturado de luces y anuncios, o pistas de hielo, como lo muestra el libro Tamayo. Fotógrafo en Nueva York. Juan Carlos Talavera reporta para Excélsior.

Las fotografías se publican por primera vez y datan de los años 50 y 60; a simple vista se puede apreciar que no son las imágenes de un turista aficionado sino el ejercicio lúdico de un artista que no pudo ocultar la educación de su mirada, su obsesión por lo tridimensional y un talento innato para componer escenas de una ciudad bañada por la luz y la sombra.

El libro cuenta con la selección y el comentario del fotógrafo mexicano Pablo Ortiz Monasterio, quien explica a Excélsior que el pequeño volumen, publicado por la editorial RM, es una joya que contiene la mirada fotográfica de Rufino Tamayo.

«El libro nos permite acercarnos al Tamayo de Nueva York, con sus grandes edificios, los teatros, el parque y los cuerpos de agua, sus puentes, barcos y encima de todo eso… la actividad frenética de los neoyorquinos».

La selección es breve pero muestra la dimensión del artista, dice, porque a simple vista observamos su facilidad para componer la escena y combinarla con la poética del agua, lo que permite al lector una manera sencilla de acercarse a los recuerdos de Tamayo fuera de México.

«Pero los lectores no deben confundirse. Tamayo no quería ser fotógrafo ni tenía pretensiones de alcanzar la perfección con la cámara. Él tenía claro su oficio como pintor, escultor y grabador, pero la fotografía le sirvió para conservar una memoria visual de ciertos momentos que consideró importantes», advierte Ortiz Monasterio.

Hoy alguien podría preguntarse si la fotografía influyó en su trabajo como artista o viceversa, apunta el también curador. «Pero aquí debo decir que aunque hay coincidencias, no diría que hay una predominancia, sólo algunos ecos de su trabajo artístico en su afán fotográfico».

A Tamayo le interesó esencialmente captar grandes monumentos, pirámides, palacios y monumentos que, de alguna manera, le ayudaron a documentar un espacio, dado que en esa época no existían los libros de fotografía y muy pocas personas podían viajar alrededor del mundo.

¿Qué hay en estas fotografías?, se cuestiona el propio Monasterio.  «Bueno, no son instantáneas estrictamente turísticas; lo que él retrata, según yo, es la vida agitada de una ciudad, con peatones en medio de la calle y un sinfín de letreros».

Un conjunto que él entendió muy bien porque tuvo una mirada muy culta, explica. Y aunque no buscaba la fotografía artística, las instantaneas le sirvieron como un medio para retener recuerdos e imágenes de ciertos lugares y momentos que le resultaron clave.

Un Tamayo viajero

Tamayo no sólo retrató a Nueva York. También captó paisajes de Egipto, Tailandia, Japón, Marruecos, Bolivia, Guatemala, México, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y España.

«En primera instancia pensé en hacer un popurrí de imágenes, pero el editor Ramón Reverté nos recordó que Tamayo se construyó artísticamente en Nueva York». Valga recordar que en 1926 él visitó esta ciudad por primera vez, en compañía del músico Carlos Chávez, quien preparaba la presentación de Caballos de vapor en el Aeolian Hall.

A partir de ese momento, el artista permaneció dos años en Nueva York y consiguió exponer su trabajo en el Art Center. Luego volvió, en 1936, como representante de la Asamblea Nacional de Productores de Artes Plásticas para participar en el American Artists’ Congress.

Al poco tiempo de su llegada le ofrecieron trabajo en el Dalton School of Art en Manhattan durante más de dos décadas, de cuyo viaje surgió la siguiente idea: «Fui a Nueva York para entender lo que la pintura era en realidad. Estábamos ciegos aquí (en México), y Nueva York me hizo consciente de todas las tendencias y corrientes que existían en esos años, Nueva York me mostró lo que era el arte».

Entonces se dio cuenta que la línea marcada por «los tres grandes» (Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco), quienes afirmaban que no había más ruta que la suya, no era del todo cierta, sin importarle que lo acusaran de ser un pintor burgués.

Ortiz Monasterio detalla que los originales de estas imágenes son resguardadas por la Fundación Tamayo y que se encuentran en perfectas condiciones. Se trata de cientos de imágenes que incluyen la mirada de Tamayo y sus viajes por el mundo.

 «En el conjunto de sus fotografías se detecta con claridad los impulsos de una mirada fina y sabia. La solución de las composiciones, en formato casi cuadrada, se perciben naturales casi sin esconder la voluntad de incorporar primeros planos para enfatizar la sensación de volumen, propia de la estereoscopía», indica.

Adicionalmente a este trabajo, trabaja en el libro ¿Desaparecidos? sobre los estudiantes de Ayotzinapa y continúa trabajando en un proyecto sobre el mundo huichol y los próximos títulos de la colección Círculo de Arte.


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