Rancho Las Voces: Textos / Raúl Rivero: «Derek Walcott - Un mulato que ama la mar»

Textos / Raúl Rivero: «Derek Walcott - Un mulato que ama la mar»

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El poeta y dramaturgo antillano. (Foto: El Mundo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de marzo de 2017. (RanchoNEWS).- Era como un primo que vivía lejos y le cantaba a la familia de África y de Europa y a la misma luz que nos alumbra y al mar salobre, a los huracanes, a los conflictos y a los encuentros esenciales de nuestra cultura. Cantaba con la música de todos, pero en inglés y, por eso, a Derek Walcott (Santa Lucía, 1930- 2017) se le quería, se le quiere y se le conoce en Hispanoamérica de manera especial en los círculos de escritores y críticos, en el mundo académico que ha podido acceder desde sus primeros libros a la intensidad y el poder de su poesía y su dramaturgia, escribe Raúl Rivera para El Mundo.

El escritor caribeño, Premio Nobel en 1992, hijo de un pintor británico y de una muchacha de la isla de Santa Lucía descendiente de esclavos, desarrolló su vida intelectual como profesor y director de teatro. Vivió parte de su vida de adulto dedicado a la dramaturgia en su país a la vez que vivía en Boston y enseñaba en universidades norteamericanas. Su obra, unos 15 libros de poesía y 30 piezas teatrales, le asegura un puesto destacado en la literatura que se escribe en inglés.

El mundo de la literatura de América Latina ha recibido con pesar la noticia de su muerte esta semana en Santa Lucía y algunos autores han publicado enseguida su visión y sus recuerdos del caribeño. En Managua, la escritora Gioconda Belli ha dicho: «Qué triste que se nos vaya un poeta como Derek Walcott, un poeta del mar, extraordinario personaje, un príncipe de las islas del Caribe. Él se va a quedar en sus obras y palabras, como su dulce recuerdo que nos dejó a su paso por Nicaragua».

El narrador Sergio Ramírez puso en su cuenta de Twitter esta única línea: «Despedimos a Derek Walcott, nuestro Homero del Caribe».

Creo que, junto a los lamentos de las geografías, los idiomas y las culturas, la muerte del poeta de Santa Lucía es una pérdida para todos los seres humanos que aún necesitan la poesía y creen en ella como alivio, como salvación o como un paraíso pasajero y frágil al que se pueda entrar un rato a cualquier hora del día y de la noche. Derek Walcott estaba convencido de que la poesía es «una fortaleza mental y de poder». Y sabía muy bien quién era él, que todo era mucho más sencillo que los complicados estudios sobre sus aportes al mestizaje y a las sonoridades del inglés mezclado con las lenguas criollas caribeñas o la visión de una América unida por encima de las lenguas que se utilicen para cantarle. Walcott se conocía desde que tuvo uso de razón y utilizó un personaje suyo para hacer este autorretrato sintético, devastador y concluyente: Sólo soy un mulato que ama la mar./ Recibí una sólida educación colonial./ Hay en mí del holandés,/ del negro y del inglés./ Y: o soy nadie o soy una nación.

De aquel mulato, de aquella nación, son estos versos: Seguirás amando al extraño que fue tú mismo./ Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu amor/ a ti mismo, al extraño que te amó/ toda tu vida quien has conocido/ para conocer a otro corazón/ que te conoce de memoria.

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