Rancho Las Voces: Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «En el funeral de "El Chato" Gómez»

Visor Fronterizo / Rubén Moreno Valenzuela: «En el funeral de "El Chato" Gómez»

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Ciudad Juárez, Chihuahua. 10 de junio de 2017. (RanchoNEWS).– En la foto se aprecia una foto de José «El Chato» Gómez Pinedo de sus tiempo de pugilista, así como guantes de box y otros objetos colocados sobre su ferétro. Gómez Pinedo falleció el 9 de junio por la tarde, a los 82 años.


A continuación una crónica:

Asistí esta tarde al servicio de velatorio de José «El Chato» Gómez Pinedo en la Funeraria El Salvador, ubicada en el Paseo Triunfo de la República, en compañía de mis amigos Marcos Aldana Aguirre (creo que es el decano de los caricaturistas en México tras la muerte de Naranjo) y de Antonio Valdez Mireles (decano de los famracéuticos de, al menos, el estado de Chihuahua).

Llegamos en el convertible rojo de Tony de mediados de los años sesenta. Marcos fue un amigo cercano a El Chato, tan así que junto a su féretro estaba una caricatura suya enmarcada dibujada por él con motivo de su entronización en el Salón de la Fama de los deportistas juarenses, y Marcos llevó la caricatura que será publicada mañana en el periódico Hoy y la puso también junto al féretro.

De Tony, El Chato fue su manager en su corta carrera de boxeador (tres triunfos y un KO, que le hizo pensar que era preferible concentrarse en su carrera farmacéutica).

Para quienes no conozcan a «El Chato» fue un personaje juarense sui géneris. Boxeador, entrenador de box masculino y femenino; cronista deportivo para la televisión, el radio y la prensa; actor tanto teatral como cinematográfico; sempiterno empleado de Recaudación de Rentas de Gobierno del Estado; un hombre amistoso y generoso que supo ganarse la voluntad de muchas personas. De hecho, los referis de box de Ciudad Juárez le hicieron una ceremonia especial con una campana de box real, la cual hicieron sonar en –creo– doce ocasiones.

Entonces llegó un hombre muy grande de color (un tintillo, como decíamos antes en Juárez) en una silla de ruedas, conducido por dos damas gorditas. Bien vestido, tenis nuevos. Lo llevaron hasta el féretro y por iniciativa de ellas lo levantaron. Él hizo una muy sentida reverencia ante El Chato y lo regresaron a su silla. En ese momento, tomó conciencia del público y volteó y saludó a los presentes antes de ser retirado.

«Un boxeador», deduje. Pero, ¿quién? Y traté de asociar la imagen de este hombre de color delgadísimo con alguno de los boxeadores más exitosos que produjo El Chato... ¿El Chebo Hernández? No, era morenito, pero éste es tinto. Viéndolo de perfil lo reconocí: El Mantequilla Nápoles.

Llegó el momento de retirarnos, entonces Marcos –que ha quedado sordo y tiene unos años enfermo, que ha perdido tanto peso como Mantequilla y que disputa con Tony quién nació en 1941 y quién en 1942– se levanta, y vestido muy formal de traje, se pone en guardia frente a Mantequilla en su silla de ruedas y le dice: «Así te quería agarrar».

Creo que «El Chato», dónde esté, debe estar botado de la risa, igual que yo, que apenas pude concentrarme a escribir estas palabras.

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