Rancho Las Voces: Arqueología / La Haya: Yihadista pide a musulmanes no imitar sus actos «diabólicos» contra la riqueza cultural

Arqueología / La Haya: Yihadista pide a musulmanes no imitar sus actos «diabólicos» contra la riqueza cultural

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Mezquita de Ojingareyber, ubicada en Tombuctú, durante la operación antiterrorista La Madine 3.(Foto: Afp)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de agosto de 2016. (RanchoNEWS).- El yihadista maliense juzgado en la Corte Penal Internacional (CPI) por la destrucción de mausoleos catalogados como patrimonio mundial de la humanidad ubicados en Tombuctú se declaró culpable y pidió perdón este lunes, haciendo un llamado a los musulmanes del mundo a no imitar sus actos «diabólicos». Una entrega de AFP.

«Su señoría, lamento decir que todo lo que he escuchado hasta ahora es verídico y refleja los acontecimientos», declaró Ahmad al Faqi al Mahdi, tras la lectura de los cargos. Es la primera vez que un acusado se declara culpable ante la CPI, tribunal internacional permanente que juzga crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad. «Me declaro culpable de crimen de guerra», agregó el acusado, quien pidió perdón al pueblo de Malí por la destrucción de los mausoleos.

«Pido su perdón y pido que me consideren como un hijo que erró el camino», agregó. Los expertos esperan que el juicio contra Ahmad al Faqi al Mahdi, el primero contra un presunto yihadista y que inaugura también los procesos por el conflicto en Malí, envíe un «mensaje contundente» sobre el pillaje y la destrucción patrimonial en el mundo. «Atacar y destruir sitios y símbolos culturales de comunidades es una agresión a su historia», afirmó la procuradora Fatou Bensouda antes del juicio.

La acusación va a pedir una pena de nueve a 11 años de cárcel, afirmó un integrante de la oficina de la fiscalía.

El acusado se comprometió a no apelar si la pena se «mantiene en esa escala», dijo por su parte Jean-Louis Gilissen, uno de sus abogados.

El juicio debe durar en principio una semana, indicaron los jueces. «Yo me presento ante ustedes lleno de remordimientos y de cargos de conciencia», declaró.

«Estoy muy arrepentido de mis actos y de todos los perjuicios contra mis hermanos y mi madre patria, Malí, que éstos desencadenaron», agregó. Transferido desde Níger a finales de 2015, el acusado compareció con un traje sobrio y una camisa a rayas. «Este error será el primero y el último», prometió. La acusación también llamó a su primer testigo, que explicó el proceso de investigación y la estructura de los grupos locales hasta el fin de la audiencia. Otros dos testigos deberían ser interrogados el martes antes de que la defensa tome la palabra, el miércoles por la tarde o el jueves.

Página negra

Ahmad al Faqi al Mahdi, hombre con gafas, nacido hacia 1975, está acusado de ser miembro de Ansar Dine, grupo yihadista vinculado a Al Qaeda en el Magreb islámico.

Ansar Dine controló el norte de Malí durante casi 10 meses en 2012, antes de que una intervención internacional impulsada por Francia los expulsara de la mayor parte del territorio.

Como jefe de la brigada islámica de la moral, el acusado habría ordenado y participado en los ataques contra los mausoleos, destruidos a golpe de pico, azada y punzón.

Tombuctú, conocida como «la ciudad de los 333 santos», venera en sus mausoleos a una serie de personajes que, según los expertos malienses del islam, están considerados los protectores de la ciudad y a quienes los creyentes acuden para pedir bodas, implorar lluvia o luchar contra enfermedades.

Estos ritos chocan con la visión fundamentalista del islam, cuyos seguidores intentaron erradicarlos antes de destruir los mausoleos, según la acusación.

«Estos edificios eran los más conocidos de Tombuctú y formaban parte de su herencia histórica, de la historia de Malí y del mundo entero», dijo durante la audiencia la fiscal Fatu Bensuda.

La destrucción «es un crimen que afecta los valores universales que todos debemos proteger», agregó.

«Lo que pasó en Tombuctú es una página negra en la historia de la ciudad», afirmó la fiscal.

El acusado pidió el «perdón de toda la gente de Tombuctú», y agregó que también quería disculparse con los «ancestros» de los mausoleos que destruyó y quiso distanciarse de los yihadistas, calificando sus acciones de «diabólicas. Espero que los años que voy a pasar en prisión sean una forma de purgar a los espíritus diabólicos que me poseyeron», dijo a la corte. Su abogado, Mohamed Auini, explicó que el acusado quiso declararse culpable porque «es un musulmán que cree en la justicia».

Las destrucciones se convirtieron en «una táctica de guerra para sembrar el miedo y el odio», había escrito recientemente la directora general de la Unesco, Irina Bokova, en la revista International Criminal Justice Today.

El objetivo de estos ataques es «hacer trizas el propio tejido de la sociedad», añadió Bokova, para quien es esencial que estos crímenes no queden impunes.


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