Rancho Las Voces: Fotografía / México: «Salineros. Retrato vivo de un oficio olvidado» de Rafael Doníz

Fotografía / México: «Salineros. Retrato vivo de un oficio olvidado» de Rafael Doníz

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El fotógrafo publica un libro sobre el trabajo de los salineros en México. (Foto: Rafael Doníz)

C iudad Juárez, Chihuahua. 1° de junio de 2016. (RanchoNEWS).- A medio camino entre el relato antropológico y la fotografía de las emociones, Rafael Doníz (Ciudad de México, 1948), presenta su más reciente ensayo fotográfico, compilado en el libro Salineros. Retrato vivo de un oficio olvidado, donde recrea una secuencia de 110 instantáneas que dan cuenta de este oficio prehispánico que sobrevive en algunos pueblos de Oaxaca y Puebla. Juan Carlos Talavera reporta para Excélsior.

«Muchas personas me han preguntado si definiría mi obra como antropológica. Yo no podría definirla así, porque conozco el trabajo de un antropólogo. Mi labor más bien, es el de un fotógrafo apasionado por el hecho humano; yo no veo ni analizo la historia sino que me dejo llevar por la emoción humana de ser un testigo. Para mí la fotografía es como una especie de meditación que me concentra en lo sublime», dice a Excélsior en entrevista sobre la publicación, que está acompañada de una muestra en la Galería Punctum de la Ciudad de México.

La idea del proyecto nació en los años 80, cuando el fotógrafo, que fuera ayudante y discípulo de Manuel Álvarez Bravo y que ha participado en más de una docena de libros sobre temas arqueológicos, de arquitectura y arte novohispano, visitó una salinera en el norte del país.

«Hace muchos años tuve una atracción muy grande por la salina. Era 1980 cuando hice un viaje por la península de Baja California y tuve la fortuna de conocer Guerrero Negro y de estar en la laguna Ojo de Liebre que me impactó mucho por la magnitud de sus salinas».

Años después tuvo la oportunidad de acompañar a Francisco Toledo por Juchitán y descubrir la colonia Álvaro Obregón, donde tomó 83 imágenes.

Posteriormente visitó otras salineras en Yucatán, Colima y Zapotilán Salinas, muy cerca de Tehuacán, Puebla, donde ubicó otra salina. A partir de ese momento decidió darle vida a este proyecto inspirado en los productores de la sal.

El libro compila imágenes de tres pueblos indígenas que trabajan la sal desde antes de la llegada de los españoles: la misma colonia Álvaro Obregón, en Juchitán; San Bartolo Salinas, en la Mixteca Baja y Zapotitlán Salinas.

«Cuando le platiqué al maestro Francisco Toledo los detalles de este proyecto, me propuso que hiciéramos un libro; entonces le pregunté si él apoyaría y así empezamos a tocar las puertas necesarias».

El título es un homenaje a los trabajadores de la sal, añade, y nace de una reflexión: «todo mundo usamos la sal, pero no tenemos la más remota idea de su producción y la dificultad que implica, un oficio ancestral y casi desconocido que algún día podría desaparecer».

«De tal suerte que este libro es un puente entre una necesidad, nuestro tiempo y el pasado prehispánico, dado que este oficio es una herencia antigua que tiende vasos comunicantes entre los pueblos de Zapotitlán Salinas, San Bartolo Salinas y la colonia Álvaro Obregón».

¿Definiría este trabajo como antropológico?, se le pregunta al fotógrafo. «No podría definirlo así. Al principio quería entender completamente el trasfondo de lo que fotografiaba, pero evidentemente parto más de la emoción. Yo no veo la historia, no la analizo ni nada, sólo me dejo llevar por la emoción humana».

¿Cómo define a los salineros? «Son héroes anónimos. Porque es un grupo de personas con una fuerza indescriptible, en cuyos hombros y espaldas recaen los trabajos más extenuantes y duros, pues ahí la gente anda descalza, con herramientas muy rudimentarias, con cestos y trabajan toneladas de sal con las manos».

¿Qué destacaría sobre la estética de sus imágenes? «No conceptualizo mucho al respecto, más bien cuando algo me mueve a fotografiar un paisaje, un retrato o un tema, se dispara en mi interior una motivación y una emoción muy grande y genuina. Hace muchos años empecé a hacer yoga y meditaba. Con el tiempo he comprendido que este oficio es como la meditación porque interrumpe todo mi pensamiento hacia otras cosas, es una especie de meditación donde la mente se detiene y se concentra sólo en lo sublime».


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