Rancho Las Voces: Literatura / Entrevista a Bernard Minier

Literatura / Entrevista a Bernard Minier

.
El escritor francés, que debutó en 2011 con más de 50 años, presenta en Barcelona su cuarta novela negra. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 2 de febrero de 2016. (RanchoNEWS).- Las obras de Bernard Minier (Béziers, Francia, 1960) son más conocidas que la vida de este escritor francés que pasó la mayor parte de su vida a tan solo cuarenta kilómetros de España. Inspector de aduanas hasta que, pasados los 50 años, manda su primer manuscrito a cinco editoriales. De esas cinco, cuatro le contestaron que lo querían publicar. Desde entonces, apenas han transcurrido cuatro años y Bernard Minier va por su cuarta novela negra: No apagues la luz (Salamandra) que presenta en España, en el marco de BCNegra. Trabajador nato y, sobre todo, gran escritor, Minier nos dice «realmente, he escrito toda mi vida» en la entrevista que le hiciera Jacinta Cremades para El Cultural.

Bajo el hielo (Roca Editorial, 2011), su primera novela, fue un best seller internacional. El éxito le permitió dejar su trabajo como inspector de aduanas en los Pirineos y dedicarse de lleno a su pasión, la literatura. Todas ellas se localizan en esa cordillera, acabando una de ellas en Graus, ciudad española en la que empieza la siguiente. Bernard Minier habla a gran velocidad, con tono bajo, como el de una persona algo tímida y poco habituada al éxito. Sospechamos que le gusta más el anonimato pero agradece el éxito que le permite, como recalca, «poder dedicarme al fin a lo que me gusta, las veinticuatro horas del día». Pero entonces, ¿cuándo duerme? «No soy una persona que necesite dormir mucho», dice riéndose. «La novela No apagues la luz la concebí durante las cuarenta horas de avión que duró un vuelo París-Buenos Aires ida y vuelta».

Bernard Minier es, desde niño, un lector insaciable. Si le preguntamos a quién lee, qué libros le han marcado, cuáles serían sus escritores favoritos ¡la lista es infinita! Kafka, Faulkner, Balzac, Flaubert, John Doyle, Tolstoi, Turgueniev, suelta los nombres uno tras otro, con conocimiento de causa y mirada que demuestra su admiración. «Fui el mejor alumno en francés tanto en el colegio como en el instituto». ¿Estudió entonces literatura? «En absoluto. Estudié medicina, aunque me pasaba las horas escribiendo en el bar de enfrente, ya que detestaba ir al laboratorio». Quizá por eso, Minier es capaz de describir la sangre o las escenas de asesinato con todo lujo de detalles en sus novelas, dejando al lector sin aliento.

No apagues la luz, la obra que estos días presenta en Barcelona, es la tercera entrega de su ya famoso inspector Martin Servaz. En el festival de novela negra de la Ciudad Condal acaba de participar en una mesa redonda con los también escritores franceses Pierre Lemaitre y Michel Bussi.

 ¿Cómo fue su principio como escritor?

La verdad es que he sido escritor toda mi vida. Pero siempre me consideraba una especie de Kafka menor, nada de lo escribía me gustaba y tampoco quería intentar publicar algo que no me satisfacía totalmente. Como todo en la vida, fue tras un encuentro con alguien que, como yo, escribía relatos cortos para mandarlos a los concursos, quien me animó. Un día, le enseñé sesenta páginas de un manuscrito inacabado. Le entusiasmó. Continué escribiéndolo (era un experto en dejar los libros a medias) y ahora son las sesenta primeras páginas de mi primera novela negra, Bajo el hielo. Mandé el libro a las cinco editoriales que más me gustaban y cuatro me respondieron que querían conocerme y publicar la novela. Pude elegir mi editor en Francia, tuve una suerte inmensa.

Sus cuatro novelas hasta la fecha son novelas negras. ¿Es el género con el que se siente más a gusto?

¡Qué va! Bajo el hielo es mi primera novela negra, antes había escrito de todo. A los 15 años era un loco de Lovecraft y escribía historias llenas de monstruos. Luego quise ser Asimov, Kafka... a los treinta me di cuenta de que no sería jamás como ellos. El resultado es que siempre estaba escribiendo de todo. De hecho, empecé a leer novela negra a partir de los treinta años.

Por lo que veo, son sus lecturas las que orientan su trabajo como escritor, o ¿tienen sus novelas otra fuente de inspiración?

No, mis obras tienen que tener una base real y realista. En Toulouse, por ejemplo, tengo mucha amistad con la policía y todo lo que me cuentan es fundamental para la redacción de mis novelas. Voy a verlos constantemente, les llamo ante cualquier duda que tenga. Pero sí que es cierto que la literatura está detrás de todas mis obras. En Bajo el Hielo, por ejemplo, muchos personajes tienen nombre de autores, Grimm, Perrault, Caperucita, Propp, como Vladimir Propp, el que escribió el famoso ensayo sobre los cuentos de hadas. En la novela hay un caballo decapitado, un castillo, etc., es decir que Bajo el hielo es un cuento de hadas para adultos aunque muy poca gente se haya dado cuenta. Por otro lado, la novela sigue siendo una obra fundamentalmente realista. Siempre navego entre estos dos polos, el fantasmagórico y el realista.

En No apagues la luz el tema principal es el de la manipulación. Las mujeres parecen ser las victimas de la sociedad y del sistema.

El tema viene de un libro en particular, un ensayo que me dejó mi editor, Femme sous emprise, de Marie-France Hirigoyen. Para ese famoso viaje en avión necesitaba una lectura fascinante y de preferencia no una novela, para que me hiciese olvidar lo que detesto viajar en avión. La obra de Hirigoyen recoge los testimonios de mujeres que han sido victimas de manipulación, de control por parte de su marido, o jefe de su empresa, que pretendían aislarlas de su familia, de su profesión. Mujeres que han sido victimas de amenazas, de violencia. Todos esos testimonios, puestos uno tras otro, fueron los que me inspiraron para la redacción de No apagues la luz. Al llegar a Buenos Aíres, además de un paquete de hojas escritas, tenía el hilo de la novela.

En su novela no solo los hombres manipulan, las mujeres también son los verdugos de muchos personajes.

En este caso, no se trata de sexo sino de poder. Me gustan los colores intermedios, el gris, por ejemplo, y darle la vuelta a la realidad.

Me ha chocado que todos los personajes recibieran su merecido, ¿eso también parte de la realidad?

¡En absoluto! Esa es la ventaja de la ficción. La justicia inmanente en la vida real no existe. También parte del poder del escritor omnipotente que hace lo que le da la gana con su texto y sus personajes, que son un poco su laboratorio.

En No enciendas la luz, retoma al detective Martin Servaz, personaje principal de sus novelas anteriores. Pero en esta es simplemente un personaje secundario y es Cristine, la víctima, quien lleva la voz cantante de la investigación.

En las novelas anteriores, la vida, la historia y la personalidad de Servaz era el centro de la obra. En esta nueva entrega, lo que me interesaba con Servaz y Cristine es mostrar que eran dos caras de una misma moneda. Cristine lucha contra un enemigo exterior que intenta entrar en su intimidad, en su mente, pero que se mantiene exterior y ella no consigue saber quién es, mientras que Servaz lucha contra un enemigo interior que es la depresión de la que no saldrá hasta la última página de la novela que se termina con la sonrisa del detective. Servaz es un personaje central en mis novelas anteriores y en esta nueva entrega quería a otra persona. Cristine se me impuso. Cuando supe que iba a escribir sobre la manipulación, un tema tan femenino, me di cuenta que los personajes femeninos eran más importantes que los masculinos. No siempre mis personajes tienen que ocupar los mismos puestos. Me encanta que, según el libro, estos cambien de función.

En todas sus novelas, la música tiene un lugar importante. ¿Por qué escogió la ópera como música de fondo para No apagues la luz?

Porque la mayoría de las óperas tienen historias de mujeres y, en muchas de ellas, acaban suicidándose. También porque me paso el día escuchando música.

Viviendo en la frontera con España, ¿habla usted español? He oído que ha vivido en España durante un año.

Adoro España y hablo español, pero no es por haber vivido a cuarenta kilómetros. La frontera entre Francia y España impone diferencias entre los dos países. Durante unos meses recorrí España, pero vivir, lo que se dice vivir, nunca he vivido en España. Desde marzo he tenido que viajar un poco a todos lados para promocionar mis libros, y he ido varias veces a España. Estuve en Polonia, en Praga, en Madrid -en Getafe Negro-, ahora en Barcelona, iré a Tenerife en marzo, a Sudáfrica, a México, a Oxford en abril. Estoy interrumpiendo la escritura todo el rato y eso me es difícil.

¿Ha pensado en adaptar sus novelas al cine?

Ahora que lo dice, se sabe desde la semana pasada que Gaumont va a producir mi novela Bajo el hielo en una serie de seis episodios, que se rodará a partir del mes que viene en los Pirineos, con el actor Charles Berling interpretando a Servaz.


REGRESAR A LA REVISTA