Rancho Las Voces: Obituario / Chantal Akerman

Obituario / Chantal Akerman

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La cineasta y videoartista , en su videoinstalación Desde el otro lado, en Madrid, en 2005. (Foto: Luis Magán)

C iudad Juárez, Chihuahua. 6 de octubre de 2015. (RanchoNEWS).- La cineasta belga Chantal Akerman, nacida en Bruselas en 1950, decidió poner fin ayer a su vida en París. Esta figura pionera del cine experimental, a menudo interesada por describir la alienación femenina, se suicidó en la capital francesa, donde residía, poniendo fin a una larga trayectoria que la había erigido en una de las principales figuras del cine de autor en el continente europeo. Álex Vicente reporta para El País.

A menudo, su cine tomó la forma de una serie de interminables planos secuencia, tan áridos como la propia vida, con los que describió la condición de la mujer y el trauma ligado a la identidad judía, rompiendo con nociones inherentes al lenguaje cinematográfico como la narración lineal o la elipsis temporal. En su primer cortometraje, Saute ma ville (1968), rodado cuando solo tenía 17 años, Akerman ya apuntaba maneras. Interpretaba a una protagonista encerrada en su cocina que terminaba haciendo explotar su domicilio, y por ende toda su ciudad, al meter su cabeza en el horno y encender una cerilla. El entorno doméstico volvería a oprimir a la protagonista de su debut en el largo, Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), una viuda que pelaba patatas en su cocina y ejercía otras tareas hogareñas, antes de recibir a clientes con los que practicar la prostitución para poder criar a su hijo.

Para muchos, ese celebrado manifiesto feminista, piedra fundacional de un cine interesado en experimentar con el tiempo real, fue la auténtica obra maestra de una filmografía heterogénea, formada por más de 40 películas, entre las que se encuentran Je, tu, il, elle (1976), News from home (1976), Los encuentros de Ana (1979) o Nuit et jour (1991). En la lista figuran experimentos fílmicos, pero también una comedia romántica de espíritu comercial –Romance en Nueva York, rodada en 1996 con Juliette Binoche–, que dibujan una curva algo descendente. En los últimos años, ninguna de sus películas había logrado despertar entusiasmo, ni La folie Almayer (2011), fallida adaptación de Joseph Conrad, ni tampoco su último filme, No Home Movie, un retrato de su madre, Natalia, en los días previos a su muerte en 2014, que había sido abucheado en el pasado Festival de Locarno.

Esa progenitora, una judía polaca que sobrevivió a Auschwitz, fue uno de los personajes centrales de su filmografía, poblada por la ansiedad y la neurosis derivadas de la supervivencia y el posterior exilio.  «Mi madre, que sabía de desgracias, me contaba que las grandes crisis no las ves venir porque crecen poco a poco, hasta que un día te han devorado la vida. Como artista tienes que estar en guardia y a la vez seguir adelante», explicó a este diario el año pasado. «Así es como hemos sobrevivido los hombres, ¿no? Yo, al menos, soy una pesimista muy optimista».

La propuesta estética de Akerman surgió, según su propia confesión, al descubrir el cine de Jean-Luc Godard siendo una adolescente. También se inspiró por los adalides del cine de vanguardia, como Michael Snow, Stan Brakhage o Jonas Mekas, con quienes coincidió en Nueva York durante los setenta. «No sé si diría que la influimos, pero creo que el cine que descubrió en aquel momento, el mío y el de los demás [directores experimentales], tal vez la ayudó a desarrollar un interés que ya tenía por la vida real y por su propia vida», ha explicado este mediodía Mekas a Libération al enterarse de su muerte. Idolatrada en Estados Unidos, donde vivió durante muchos años y enseñó cine en Harvard o el City College de Nueva York, Akerman influyó en cineastas como Gus Van Sant o Todd Haynes. Además, dejó marca en muchos otros, como Michael Haneke, Sally Potter, Tsai Ming-Liang o Avi Mograbi.


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