Rancho Las Voces: Arte Público / Afganistán: El (colectivo) Banksy afgano

Arte Público / Afganistán: El (colectivo) Banksy afgano


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Graffiti del colectivo ArtLords. (Foto: Cedida a Mónica Bernabé)

C iudad Juárez, Chihuahua. 29 de septiembre de 2016. (RanchoNEWS).- El estilo de sus grafitis es calcado al de Banksy. Ni tan siquiera faltan sus característicos corazones, ni evidentemente su carga reivindicativa. La única diferencia es que sus autores tienen cara y nombre porque en Kabul, la capital afgana, pintar un grafiti sin permiso en una pared te puede costar la vida, reporta Mónica Berbabé para El Mundo desde Kabul.

Les llaman el Banksy afgano y salta a la vista por qué. Son un grupo de nueve artistas y activistas de Afganistán que utilizan el aerosol como arma y se inspiran, y no lo esconden, en el famoso grafitero antisistema.

Hicieron sus primeros pinitos hace dos años, y ahora Kabul se asemeja un poco a Bristol, salvando –claro está– las distancias. Hace quince años, durante el régimen de los talibanes, cualquier representación gráfica estaba prohibida en Afganistán. Y en la actualidad hacer un grafiti continúa siendo una odisea. No porque falten paredes. Al contrario, abundan. Todos los edificios oficiales en Kabul, dependencias extranjeras y entidades financieras tienen las fachadas cubiertas con grandes bloques de hormigón, para protegerlas de posibles atentados bomba.

«Tienes que pedir permiso para pintar en esas paredes y se convierte en un auténtico quebradero de cabeza», explica Omaid Sharifi, uno de los integrantes de dicho colectivo de grafiteros afganos antisistema, que se han bautizado con el nombre de Artlords. La palabra proviene de los vocablos en inglés warlord o druglord, o sea señor de la guerra o de la droga, de los que tanto abundan en Afganistán. Pero le han añadido la coletilla «art» –de arte– para darle «una connotación positiva y constructiva», argumenta el joven.

Los artistas y activistas afganos deben presentar una carta y un boceto del grafiti que desean realizar, antes de ponerse manos a la obra. Aun así han conseguido pintar unos ojos gigantes en la pared exterior del Ministerio afgano de Educación, con la leyenda: «Te veo. La corrupción no se puede esconder de los ojos de Dios, ni de la gente», haciendo clara referencia a uno de los principales cánceres de Afganistán. El país es uno de los más corruptos del mundo, según el barómetro del centro de estudios Transparency International.

En el perímetro exterior del Ministerio de Comunicación, otro grafiti hace alusión al mismo mal. Un niño con cara de asombro pregunta a su padre: «¿De dónde sacaste el dinero para comprar este coche nuevo?». En la ciudad también proliferan las obras que hablan de los miles de afganos y afganas que dejan el país cada año. Después de Siria, Afganistán es el país con mayor número de refugiados del mundo.

«Escapar no es agradable», dice un grafiti donde se ve el mapa de Afganistán y decenas de personas diminutas que huyen cargadas con enseres, una detrás de otra, como si fueran hormigas. El dibujo de un niño con un chaleco salvavidas de color naranja ocupa toda una pared en Kabul, con el comentario: «¿Los niños se merecen esto?». La imagen difícilmente deja impasible al viandante. Otra cosa es poder hacer una fotografía.

Todos los grafitis en Kabul se encuentran en paredes de protección donde está prohibido tomar imágenes por supuestas razones de seguridad. Intentarlo comporta arriesgarse a que un vigilante con kalashnikov te obligue a borrar la fotografía.

«Confiamos que un día Banksy venga a Kabul y deje aquí su huella», afirma Sharifi, refiriéndose al Banksy de verdad, quien causa sensación en todo el mundo y cuya identidad es una incógnita. Eso si el grafitero puede burlar las medidas de seguridad en la capital afgana, y después es posible fotografiar su obra.


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