Rancho Las Voces: Fotografía / México: José Luis Neyra Medalla al Mérito Fotográfico

Fotografía / México: José Luis Neyra Medalla al Mérito Fotográfico

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El fotógrafo octogenario José Luis Neyra aún sueña con aprender nuevas técnicas de la fotografía digital. (Foto: Cortesía INAH)

C iudad Juárez, Chihuahua. 2 de septiembre de 2016. (RanchoNEWS).- A sus 86 años el fotógrafo José Luis Neyra es un aprendiz. En los últimos años ocupa su tiempo en aprender las técnicas digitales enfocadas a la fotografía. Luis Carlos Sánchez informa para Excélsior.

Él toda su vida trabajó con una cámara analógica registrando la transformación de la ciudad. Es un hombre de otra época. Fuerte, consiente, con una memoria prodigiosa que conserva su sentido del humor y goza del reconocimiento que ahora recibe con la Medalla al Mérito Fotográfico que se entrega durante el Encuentro Nacional de Fototecas, realizado anualmente en Pachuca, Hidalgo.

Paulina Lavista, Rubén Pax, Arturo El Chato Fuentes, Elsa Medina, Graciela Iturbide, Manuel Álvarez Bravo o Pedro Valtierra han recibido el reconocimiento que entrega el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este año, el encuentro que terminó ayer, galardonó a Neyra, a Rafael Doniz, y de manera póstuma, a Agustín Jiménez. Antes, el octogenario comparte su vida entre imágenes.

El encanto por la fotografía, le llegó a Neyra a través de la pantalla grande y de impresiones en revistas.

«A mí me gustó desde muy pequeño el cine — en mi época era casi cine mudo— eran proyecciones muy primitivas, pero me llamó la atención y conforme fui creciendo mi padre, pendiente de nuestra educación, nos llevaba a casa revistas. Había una que se llamaba El peneque, era una publicación argentina que llevaba muchas imágenes para los niños. Ahí empezó mi interés por la fotografía y ya después se fue desarrollando».

Los sueños

El fotógrafo soñó mucho tiempo con capturar instantes, pero no sería posible hasta mucho después, cuando pudo adquirir su primera cámara: la compró a plazos, en El Palacio de Hierro. La ciudad, su ciudad, era el escenario natural. «Aquí nací, en dos colonias, la Obrera y la Doctores. Ahí fue mi vida desde que me llevaron de Aldaco en cuna, así debe haber sido, o a lo mejor no usaron cuna pero ahí en las dos colonias hice mi vida, pasé la niñez, la primera juventud, la segunda, en fin…».

Después sólo fue disfrutar el momento, como hasta ahora, cuando acude a la cita donde se le rinde homenaje acompañado de su hermana de 80 años, Elsa Lucía, también fotógrafa, quien se formó con Lázaro Blanco.

«Ninguna imagen me ha costado trabajo, he disfrutado tomar imágenes. No todas valen la pena, muchas veces en un viaje de tomas fotográficas, a la hora de revelar el rollo, ninguna valía la pena. Raramente hay imágenes que realmente trascienden para decir otra cosa, hay pocas imágenes que realmente valen la pena, que estimulan al ser humano a ser distinto de como normalmente desperdicia su existencia», dice.

Los nuevos retos 

De ahí el reto que encuentra en la facilidad con que ahora se hace foto, desde cualquier dispositivo móvil. «El compromiso es mayor porque el mundo está inundado de imágenes pero, ¿cuántas tienen un sentido para estimular al ser humano hacia otra forma de vida? No todas, de manera que hay que ser riguroso con los fondos que existen, hasta con los personales, los que guarda una familia, ellos deben quedarse con lo que valga la pena porque si no de otra manera es un desperdicio».

Como los hombres de antes, Neyra es agradecido. En respuesta al reconocimiento ofrece una exposición. Se llama El campo, «pero no el camposanto de cadáveres que tenemos, sino el que se cultivó durante los años que yo pude andar viajando y tomando fotografías, el de 40, 44 años que yo anduve visitando». Hasta el día de la entrega de la medalla —el jueves pasado— las autoridades no le habían tomado la palabra.


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