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Está diseñado en cinco importantes núcleos temáticos. (Foto: Cortesía del Palacio de Minería)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- Difundir la vida y la obra de uno de los arquitectos más destacados del siglo XIX, que dejó una invaluable huella en la fisonomía del Centro Histórico de la Ciudad, es la misión del Museo Manuel Tolsá que este 28 de enero reabre sus puertas al público en la sede del Palacio de Minería. Reporta desde la ciudad de México para Milenio Leticia Sánchez Medel.
En este recinto, que se localiza en la calle de Tacuba número 5, construido hace 200 años, se le rinde tributo al arquitecto y escultor valenciano, reconocido también porque intervino en la construcción de la Catedral Metropolitana y en el diseño y elaboración de la escultura ecuestre del Rey de España Carlos IV, mejor identificada como la estatua de El Caballito, y que el año pasado, tras su fallida restauración, fue el centro de una notica a nivel internacional.
Víctor Manuel Rivera Romay, jefe de la División de Educación Continua de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México —institución que resguarda a este inmueble colonial—, dice que después de la transformación del museo, el visitante podrá conocer a detalle la historia del Palacio de Minería, una de las joyas arquitectónicas de la Ciudad de México, así como todo el legado arquitectónico de Tolsá.
Asegura que Tolsá será descubierto como uno de los innovadores de la arquitectura, el mayor ejemplo es precisamente el Palacio de Minería, un edificio neoclásico con una construcción simétrica, única en su tipo en América, por lo que no hay otro inmueble como éste en todo el Continente.
Asimismo, señala que a través de la nueva museografía que estará apoyada en soportes interactivos, los asistentes podrán conocer que aquí estuvo la primera escuela de ingeniería de toda América.
Contará con salas interactivas
El Museo Tolsá que ocupa la planta baja del Palacio de Minería —recinto inaugurado el 3 de abril de 1813— está diseñado en cinco importantes núcleos temáticos.
Víctor Manuel Rivera Romay explica que una línea del tiempo interactiva recibe al público, con la intención de ubicar a los visitantes en la historia.
Hay dos salas dedicadas a la creación y al desarrollo de El Caballito, que a decir de los expertos es una de las cinco esculturas ecuestres más hermosas del mundo. Que exponen dos reproducción a escala de El Caballito, las cuales están colocadas justo frente a una ventana, desde donde se aprecia, en toda su dimensión, a la escultura monumental del Tolsá que está en la plaza del mismo nombre, perteneciente al Museo de Nacional de Arte. Hablar de El Caballito y de su historia, cobra relevancia luego de que el año pasado, tras una «restauración» inadecuada sufrió daños irreversibles, después de la denuncia y la lucha emprendida por el cronista Guillermo Tovar de Teresa, actualmente la escultura está siendo intervenida por expertos.
Otro espacio está destinado a la parte de arquitectura y a la obra civil del Palacio de Minería, enriquecido con retratos de diferentes personajes, incluido, por supuesto el de Tolsá.
Los asistentes al Museo Manuel Tolsá se podrán enterar que el proceso de construcción del Palacio de Minería duró 16 años, de 1797 a 1813. Y de que este afamado arquitecto también estuvo a cargo de una de las edificaciones más emblemática de Guadalajara, el Hospicio Cabañas.
Advierte que en este recinto tuvieron lugar acontecimientos que marcaron la vida política de México. Por ejemplo, en el Salón de Actos del Palacio de Minería, se dice que Benito Juárez suscribió algunos de los documentos que dieron pie a La Reforma.
De los momentos de la historia aquí registrados destaca también que durante la primera década del siglo XX se estableció la Cámara de Diputados. Siendo el recinto donde tomó protesta como Presidente, por última vez, Porfirio Díaz.
Recinto de lujo
-Como cuna de la Ingeniería Nacional, inicio sus actividades en 1792 en el Edificio de Guatemala 90, pero en 1811 se empezaron a impartir clases en este Palacio de Minería.
-Hoy en día esta joya arquitectónica es un centro académico y cultural, y es sede de uno de los eventos literarios más importantes de nuestro país, la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
-El Palacio de Minería alberga junto con el Museo Manuel Tolsá, al primer museo de meteorítica del país, el cual es el más importante del mundo por el tamaño y calidad de los 4 meteoritos que se exhiben.
-El Museo Manuel Tolsá, que se ubica en la calle de Tacuba número 5, estará abierto de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. El costo por boleto es de 20 pesos con descuentos a estudiantes y a los adultos mayores.
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martes, enero 27, 2015
Arquitectura / México: Expondrán «América Latina en construcción: La arquitectura 1955-1980» en el MoMa de Nueva York
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Una exposición revisa, a través de 500 obras, entre fotografías, dibujos, planos, maquetas y diseños de proyectistas, el desarrollo de esta disciplina en la región. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- En América Latina, la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por cambios sociales y políticos a partir de un desarrollo urbano, sobre todo en las ciudades consideradas del «tercer mundo»; transformaciones reflejadas en la arquitectura al proyectar tanto los intereses de mandatarios como las necesidades de la ciudadanía. Informa desde la ciudad de México para Excélsior Sonia Ávila.
De ello da cuenta la exposición América Latina en construcción: La arquitectura 1955-1980, que presentará el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) del 29 marzo al 19 de julio próximo, con más de 500 obras entre fotografías, dibujos, planos, maquetas y diseños de proyectistas como Lina Bo Bardi, Oscar Niemeyer, Juan O’Gorman, Mario Pani, Luis Barragán y Teodoro González de León, entre otros.
«El MoMA está muy interesado en el arte y la arquitectura latinoamericana, porque es fascinante, y la exposición verá la arquitectura desde los años 50, 60 y 70 a través de los arquitectos. No es precisamente cronológica, sino más bien en los tipos de construcciones, el público, los proyectos, las casas, y se divide por ciudades», detalló Glenn Lowry, director del museo neoyorquino.
Luego de su participación en el encuentro de la Asociación de Directores de Museos (AAMD, por sus siglas en inglés) Lowry explicó que se toman ejemplos de edificaciones de cada ciudad para hacer un recorrido desde México hasta Argentina, pasando por Venezuela, Costa Rica, Cuba, Brasil, Perú y Uruguay.
«De México tenemos muchos ejemplos, pues obviamente México es uno de los países en que más profundizamos, por la relación que tenemos tan antigua», precisó el director quien hoy ofrecerá una conferencia para hablar de la exposición, que es posible se presente en una sede en esta ciudad después de julio.
El discurso curatorial, a cargo de Barry Bergdoll, curador del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, devela cómo los países latinoamericanos, que a pesar de contenerse en sus propios procesos de desarrollo, coinciden en un crecimiento de las zonas urbanas a partir de una arquitectura considerada moderna.
Se exhibirá, por ejemplo, material de recintos como La plaza de los tres poderes, en Brasilia, construida en 1958 por Lúcio Costa en colaboración con Oscar Niemeyer; también el complejo Torres del Parque Residencial en Bogotá, a cargo de Rogelio Salmona entre 1964 y 1970, y Ciudad Universitaria en México, considerada una de las mayores construcciones de la modernidad.
Lo mismo la construcción del desarrollo de la nueva capital de Brasil, en Brasilia, a cargo de los arquitectos Lina Bo Bardi, Lúcio Costa y Oscar Niemeyer. También se muestra el trabajo de los mexicanos Juan O’Gorman, Mario Pani, Luis Barragán y Teodoro González; de los argentinos Mario Roberto Álvarez, Amancio Williams y Clorindo Testa; de los cubanos Ricardo Porro, Fernando Salinas y Mario Coyula; y de Henry Klumb, en Puerto Rico.
Así se hace una revisión de la transición de los países desde inicios de la década de los 50; un periodo de exploración a nivel político y reorganización social con la aparición de nuevas ciudades capitales, detalló.
De manera paralela, se desarrollan temas como el papel del sector público en la creación de vivienda, la concepción de nuevos tipos de campus, la respuesta de la arquitectura y el urbanismo a conceptos de modernidad, y la necesidad de una arquitectura para servir a la política de industrialización.
Con la mirada en Latinoamérica
Lowry comentó que, en los últimos años, el MoMA tiene un interés especial por el arte que se crea en América Latina, no sólo por una cuestión de mercado, sino por el «dinamismo» de las propuestas estéticas. Y en ello radica que en la colección del museo conserven tres mil 500 piezas de creadores latinoamericanos.
«Siempre hemos estado interesados en este tema, ya hace un par de años hicimos una exposición del trabajo de Diego Rivera y una gran parte de nuestra colección es de arte latinoamericano. En México, el interés es más profundo y tenemos por ejemplo a Gabriel Orozco, que ya lo expusimos, y Francis Alÿs”, detalló al recordar que en su colección tienen obra desde David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Manuel Álvarez Bravo, hasta los contemporáneos Damián Ortega y Melanie Smith.
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Una exposición revisa, a través de 500 obras, entre fotografías, dibujos, planos, maquetas y diseños de proyectistas, el desarrollo de esta disciplina en la región. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- En América Latina, la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por cambios sociales y políticos a partir de un desarrollo urbano, sobre todo en las ciudades consideradas del «tercer mundo»; transformaciones reflejadas en la arquitectura al proyectar tanto los intereses de mandatarios como las necesidades de la ciudadanía. Informa desde la ciudad de México para Excélsior Sonia Ávila.
De ello da cuenta la exposición América Latina en construcción: La arquitectura 1955-1980, que presentará el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) del 29 marzo al 19 de julio próximo, con más de 500 obras entre fotografías, dibujos, planos, maquetas y diseños de proyectistas como Lina Bo Bardi, Oscar Niemeyer, Juan O’Gorman, Mario Pani, Luis Barragán y Teodoro González de León, entre otros.
«El MoMA está muy interesado en el arte y la arquitectura latinoamericana, porque es fascinante, y la exposición verá la arquitectura desde los años 50, 60 y 70 a través de los arquitectos. No es precisamente cronológica, sino más bien en los tipos de construcciones, el público, los proyectos, las casas, y se divide por ciudades», detalló Glenn Lowry, director del museo neoyorquino.
Luego de su participación en el encuentro de la Asociación de Directores de Museos (AAMD, por sus siglas en inglés) Lowry explicó que se toman ejemplos de edificaciones de cada ciudad para hacer un recorrido desde México hasta Argentina, pasando por Venezuela, Costa Rica, Cuba, Brasil, Perú y Uruguay.
«De México tenemos muchos ejemplos, pues obviamente México es uno de los países en que más profundizamos, por la relación que tenemos tan antigua», precisó el director quien hoy ofrecerá una conferencia para hablar de la exposición, que es posible se presente en una sede en esta ciudad después de julio.
El discurso curatorial, a cargo de Barry Bergdoll, curador del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, devela cómo los países latinoamericanos, que a pesar de contenerse en sus propios procesos de desarrollo, coinciden en un crecimiento de las zonas urbanas a partir de una arquitectura considerada moderna.
Se exhibirá, por ejemplo, material de recintos como La plaza de los tres poderes, en Brasilia, construida en 1958 por Lúcio Costa en colaboración con Oscar Niemeyer; también el complejo Torres del Parque Residencial en Bogotá, a cargo de Rogelio Salmona entre 1964 y 1970, y Ciudad Universitaria en México, considerada una de las mayores construcciones de la modernidad.
Lo mismo la construcción del desarrollo de la nueva capital de Brasil, en Brasilia, a cargo de los arquitectos Lina Bo Bardi, Lúcio Costa y Oscar Niemeyer. También se muestra el trabajo de los mexicanos Juan O’Gorman, Mario Pani, Luis Barragán y Teodoro González; de los argentinos Mario Roberto Álvarez, Amancio Williams y Clorindo Testa; de los cubanos Ricardo Porro, Fernando Salinas y Mario Coyula; y de Henry Klumb, en Puerto Rico.
Así se hace una revisión de la transición de los países desde inicios de la década de los 50; un periodo de exploración a nivel político y reorganización social con la aparición de nuevas ciudades capitales, detalló.
De manera paralela, se desarrollan temas como el papel del sector público en la creación de vivienda, la concepción de nuevos tipos de campus, la respuesta de la arquitectura y el urbanismo a conceptos de modernidad, y la necesidad de una arquitectura para servir a la política de industrialización.
Con la mirada en Latinoamérica
Lowry comentó que, en los últimos años, el MoMA tiene un interés especial por el arte que se crea en América Latina, no sólo por una cuestión de mercado, sino por el «dinamismo» de las propuestas estéticas. Y en ello radica que en la colección del museo conserven tres mil 500 piezas de creadores latinoamericanos.
«Siempre hemos estado interesados en este tema, ya hace un par de años hicimos una exposición del trabajo de Diego Rivera y una gran parte de nuestra colección es de arte latinoamericano. En México, el interés es más profundo y tenemos por ejemplo a Gabriel Orozco, que ya lo expusimos, y Francis Alÿs”, detalló al recordar que en su colección tienen obra desde David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Manuel Álvarez Bravo, hasta los contemporáneos Damián Ortega y Melanie Smith.
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Fotografía / México: Replican primera foto de la Catedral Metropolitana de hace 175 años
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Ayer recrearon la primera imagen tomada en la Ciudad de México, un daguerrotipo captado en 1840 por el francés Jean Prelier Dudoille. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- Unos meses después de que Louis Daguerre presentó en París su daguerrotipo, el grabador francés Jean Louis Prelier llegó a la Ciudad de México y en la plaza mayor montó una de estas cajas negras de madera con placas de metal para ofrecer una demostración al público del proceso casi mágico de «aparecer» una imagen. Reporta desde la ciudad de México para Excélsior Sonia Ávila.
Era 26 de enero de 1840, cuando Prelier hizo la primera toma de la Catedral Metropolitana con intenciones de comercializar la cámara parisina, y así la fachada del recinto quedó «perfectamente copiada» sobre una placa metálica. Crónicas periodísticas recuperadas en el libro Sobre la superficie bruñida de un espejo, de Rosa Casanova y Olivier Debroise, relatan que el francés repitió el ejercicio con el mercado El Parián, el Calendario Azteca, la escultura de Carlos IV El Caballito, entre otros.
«Fueron las primeras imágenes que se hicieron en la Ciudad de México hace 175 años con lo que se introduce la fotografía a México, ahora están en la colección George Eastman House de Rochester (Nueva York)», precisa el fotógrafo Arturo Talavera, quien a manera de homenaje al nacimiento de la imagen en el país replicará estos daguerrotipos con la misma técnica y material.
Luego de estudiar desde diciembre pasado el recorrido de la luz natural que alumbra la Catedral por las mañanas, Talavera montó ayer su caja negra en la explanada del Zócalo para hacer la misma toma que Prelier. Fueron tres placas de prueba; dos de ellas las reveló ahí mismo con papel filtro, y la tercera la someterá al proceso tradicional con vapores de mercurio.
El proyecto, detalla en entrevista, es replicar los siete primeros daguerrotipos hechos por el grabador francés para así rescatar el inicio de la historia de la fotografía mexicana: «Estuvieron perdidas mucho tiempo y quien las detectó fue el investigador Fernando Osorio, quien las encontró en el acervo de Rochester y él reconoció que eran de México, porque primero las tenía Gabriel Cromer en Francia, y de ahí lograron rescatarlas antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial, porque en el acervo no sabían que era México».
Los relatos de prensa detallan que Prelier llegó al Puerto de Veracruz donde tomó la fortaleza de San Juan de Ulúa, y viajó a la Ciudad de México para vender en 80 pesos cada una de las dos cámaras de Giroux que traía desde París. Entonces se dedicó a hacer fotos en la calle como mera demostración del invento; pero ante el poco entusiasmo de la gente, decidió subastar las cajas.
Es posible que los hijos de Prelier se llevaran a Francia los originales, pero documentos históricos también consideran que Fanny Calderón de la Barca (1804-1882), esposa del primer enviado español a México independiente, adquirió las imágenes como recuerdo de sus viajes por el país, y por ello se desconocía su ubicación hasta que Fernando Osorio las encontró a finales de los 90.
«En México se hizo mucho daguerrotipo como negocio, porque servían bien para retratos y paisajes, como todo en la foto que empezó como negocio; en la calle Madero había como tres estudios de daguerrotipo, pero era para clases de élite, para los ricos que podían pagar los altos precios por lo caro del material», cuenta quien produce sus propias planchas.
Talavera detalla que la «magia» de la técnica radica en la placa de cobre cubierta por una capa de plata, y luego otra de mercurio; en algunos casos incluso se les daba un baño de cloruro de oro para sensibilizar lo más posible el metal y así calcar la escena al recibir la luz natural. Antes de cubrir el metal, debe pulirse hasta conseguir un reflejo como espejo, por lo que preparar una placa puede tardar hasta un año.
El revelado con vapor de mercurio hacía peligroso el proceso al que se le atribuyeron males: «Decían que se les caía el cabello, o que se volvían locos pero era que la gente inhalaba el mercurio que es dañino, luego se fueron perfeccionando las técnicas y materiales. Yo usaré la misma técnica con la precaución para lograr una casi perfecta», detalla al precisar que el daguerrotipo se usó sólo 25 años antes de la entrada del colodión húmedo.
Para el fotógrafo, el daguerrotipo ofrece una de las imágenes más puras de la fotografía al ser literal un holograma, y en ese sentido señala que la estética de estas primeras imágenes es muy definida y bella, a pesar de su antigüedad.
«Ahora los artistas están retomando la técnica pero con una visión estética, artística, porque tanto el daguerrotipo como el colodión ofrecen estéticas poco experimentadas, pues su duración en el mercado fue muy corto, porque siempre la tecnología avanzó muy rápido y la gente no lo estudió».
Debroise describe en el libro que la daguerrotipia obliga a ver de otra manera al ofrecer detalles que escapan al ojo en una vista tradicional. «La imagen fotográfica resulta distinta, incomparable, porque copia las cosas con tal escrupulosidad de detalles que supera a tal ponderación», argumenta el historiador.
En el transcurso del año, Talavera preparará sus propias placas para hacer las siete tomas con la cámara oscura, y, eventualmente, exponerlas.
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Ayer recrearon la primera imagen tomada en la Ciudad de México, un daguerrotipo captado en 1840 por el francés Jean Prelier Dudoille. (Foto: Archivo)
C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- Unos meses después de que Louis Daguerre presentó en París su daguerrotipo, el grabador francés Jean Louis Prelier llegó a la Ciudad de México y en la plaza mayor montó una de estas cajas negras de madera con placas de metal para ofrecer una demostración al público del proceso casi mágico de «aparecer» una imagen. Reporta desde la ciudad de México para Excélsior Sonia Ávila.
Era 26 de enero de 1840, cuando Prelier hizo la primera toma de la Catedral Metropolitana con intenciones de comercializar la cámara parisina, y así la fachada del recinto quedó «perfectamente copiada» sobre una placa metálica. Crónicas periodísticas recuperadas en el libro Sobre la superficie bruñida de un espejo, de Rosa Casanova y Olivier Debroise, relatan que el francés repitió el ejercicio con el mercado El Parián, el Calendario Azteca, la escultura de Carlos IV El Caballito, entre otros.
«Fueron las primeras imágenes que se hicieron en la Ciudad de México hace 175 años con lo que se introduce la fotografía a México, ahora están en la colección George Eastman House de Rochester (Nueva York)», precisa el fotógrafo Arturo Talavera, quien a manera de homenaje al nacimiento de la imagen en el país replicará estos daguerrotipos con la misma técnica y material.
Luego de estudiar desde diciembre pasado el recorrido de la luz natural que alumbra la Catedral por las mañanas, Talavera montó ayer su caja negra en la explanada del Zócalo para hacer la misma toma que Prelier. Fueron tres placas de prueba; dos de ellas las reveló ahí mismo con papel filtro, y la tercera la someterá al proceso tradicional con vapores de mercurio.
El proyecto, detalla en entrevista, es replicar los siete primeros daguerrotipos hechos por el grabador francés para así rescatar el inicio de la historia de la fotografía mexicana: «Estuvieron perdidas mucho tiempo y quien las detectó fue el investigador Fernando Osorio, quien las encontró en el acervo de Rochester y él reconoció que eran de México, porque primero las tenía Gabriel Cromer en Francia, y de ahí lograron rescatarlas antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial, porque en el acervo no sabían que era México».
Los relatos de prensa detallan que Prelier llegó al Puerto de Veracruz donde tomó la fortaleza de San Juan de Ulúa, y viajó a la Ciudad de México para vender en 80 pesos cada una de las dos cámaras de Giroux que traía desde París. Entonces se dedicó a hacer fotos en la calle como mera demostración del invento; pero ante el poco entusiasmo de la gente, decidió subastar las cajas.
Es posible que los hijos de Prelier se llevaran a Francia los originales, pero documentos históricos también consideran que Fanny Calderón de la Barca (1804-1882), esposa del primer enviado español a México independiente, adquirió las imágenes como recuerdo de sus viajes por el país, y por ello se desconocía su ubicación hasta que Fernando Osorio las encontró a finales de los 90.
«En México se hizo mucho daguerrotipo como negocio, porque servían bien para retratos y paisajes, como todo en la foto que empezó como negocio; en la calle Madero había como tres estudios de daguerrotipo, pero era para clases de élite, para los ricos que podían pagar los altos precios por lo caro del material», cuenta quien produce sus propias planchas.
Talavera detalla que la «magia» de la técnica radica en la placa de cobre cubierta por una capa de plata, y luego otra de mercurio; en algunos casos incluso se les daba un baño de cloruro de oro para sensibilizar lo más posible el metal y así calcar la escena al recibir la luz natural. Antes de cubrir el metal, debe pulirse hasta conseguir un reflejo como espejo, por lo que preparar una placa puede tardar hasta un año.
El revelado con vapor de mercurio hacía peligroso el proceso al que se le atribuyeron males: «Decían que se les caía el cabello, o que se volvían locos pero era que la gente inhalaba el mercurio que es dañino, luego se fueron perfeccionando las técnicas y materiales. Yo usaré la misma técnica con la precaución para lograr una casi perfecta», detalla al precisar que el daguerrotipo se usó sólo 25 años antes de la entrada del colodión húmedo.
Para el fotógrafo, el daguerrotipo ofrece una de las imágenes más puras de la fotografía al ser literal un holograma, y en ese sentido señala que la estética de estas primeras imágenes es muy definida y bella, a pesar de su antigüedad.
«Ahora los artistas están retomando la técnica pero con una visión estética, artística, porque tanto el daguerrotipo como el colodión ofrecen estéticas poco experimentadas, pues su duración en el mercado fue muy corto, porque siempre la tecnología avanzó muy rápido y la gente no lo estudió».
Debroise describe en el libro que la daguerrotipia obliga a ver de otra manera al ofrecer detalles que escapan al ojo en una vista tradicional. «La imagen fotográfica resulta distinta, incomparable, porque copia las cosas con tal escrupulosidad de detalles que supera a tal ponderación», argumenta el historiador.
En el transcurso del año, Talavera preparará sus propias placas para hacer las siete tomas con la cámara oscura, y, eventualmente, exponerlas.
Daguerrotipo tomado por el grabador francés Jean Louis Prelier
Daguerrotipo tomado ayer por Arturo Talavera
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lunes, enero 26, 2015
Arqueología / España: Hallado el ataúd de Cervantes
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Restos del féretro de Miguel de Cervantes, con las iniciales M. C. (Foto: El País)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- Un ataúd con las iniciales M.C. correspondientes a las de Miguel de Cervantes, que contenía restos de huesos en su interior, fue hallado este sábado en la cripta de las Trinitarias, convento donde desde el pasado mes de abril se buscan los restos del escritor universal, extraviados intramuros del cenobio femenino, hace cuatro siglos. Las iniciales están formadas con numerosas tachuelas de media pulgada de extensión cada una. Reporta desde Madrid para El País Rafael Fraguas De Pablo.
El hallazgo del ataúd se produjo al mediodía del sábado, según fuentes de la investigación, que mantuvieron un intenso hermetismo ante las dudas que aún albergaban entonces. Sin embargo, todo indicaba este domingo que el féretro, muy carcomido por la humedad y los xilófagos salvo en su cabecera, donde se encuentran insertas las iniciales —que presentan signos de oxidación de color verdoso— albergó el cadáver del Príncipe de las Letras, allí enterrado el 23 de abril de 1616.
El equipo investigador que realiza la indagación, y que capitanea en esta fase el médico forense Francisco Etxeberria, no se atreve todavía a asegurar de manera incontestable que los restos óseos hallados dentro del féretro pertenezcan a Cervantes.
En un primer momento, al introducir un estilete rematado por una microcámara en el interior de una de las sepulturas cuya erosión permitió eludir su perforación previa, se detectó dentro de ella la presencia de material osteológico. Estos restos no presentaban lo que los forenses denominan posición primaria, es decir, exentos e individualizados, sino que los huesos se encontraron mezclados con otros, casi con plena certeza infantiles, que se hallaban a los pies del ataúd y que fueron extraídos al principio de la operación, antes de descubrir la cabecera del ataúd con las letras iniciales.
En un primer momento, la euforia se adueñó de los investigadores —más de una decena de ellos se hallaba en el interior del la cripta Trinitaria, situada a 4,80 metros bajo la cota del suelo de la iglesia del convento, donde en la mañana del sábado se había autorizado por primera vez en nueve meses la entrada de periodistas gráficos y literarios a la cripta.
En un momento determinado, muchos de los investigadores se congregaron en torno a una de las sepulturas halladas en el suelo de barro, cercadas por un perímetro de ladrillos cocidos colocados de canto. Aquel desplazamiento permitió sospechar que se trataba de un hallazgo relevante, si bien se dijo entonces que tan solo se trataba de unos huesos de un párvulo, como se denominaba en el siglo XVII a los niños bautizados menores de siete años.
Los trabajos de arqueología y de medicina forense se enfrentan ahora al examen detallado de los restos hallados dentro del féretro signado por las iniciales M y C. Su primera tarea consistirá en segregar los huesos infantiles de los procedentes de osamentas adultas. Luego, una vez aislados los de los adultos, discriminarán los femeninos y los masculinos, ya que acostumbran presentar importantes diferencias anatómicas, como los arcos superciliares en los cráneos masculinos, que no existen en los de las mujeres.
Más adelante, una vez seleccionados los restos óseos masculinos, se procederá a descubrir si presentan algunas de las lesiones que caracterizaron la osamenta de Cervantes. En aquella, pueden quedar marcas de la atrofia ósea en los huesos del metacarpo de la mano izquierda y los impactos de pelotas de arcabuz en el esternón, procedentes de las heridas sufridas por Cervantes en la batalla de Lepanto. Empero, el esternón, por ser parcialmente cartilaginoso, puede presentar más dificultades para la posterior identificación. Hay dos datos anatómicos más que pueden guiar a los forenses y arqueólogos, tras la detección inicial del georradarista Luis Avial y su equipo dentro de la sepultura. Además de la edad, de 68 años, a la que murió Cervantes, sus restos habrán de presentar la dentadura plenamente desdentada —conservaba al morir solo seis piezas— y una artrosis deformaba, combándola, su columna vertebral.
Hay además otros indicadores que ya están siendo estudiados por los investigadores: los restos textiles del sudario franciscano con el que fue presumiblemente enterrado —se unió a la venerable Orden Tercera tiempo antes de su muerte— y la propia madera del ataúd, pues puede datarse su cronología mediante distintos procedimientos analíticos.
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Restos del féretro de Miguel de Cervantes, con las iniciales M. C. (Foto: El País)
C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de enero de 2015. (RanchoNEWS).- Un ataúd con las iniciales M.C. correspondientes a las de Miguel de Cervantes, que contenía restos de huesos en su interior, fue hallado este sábado en la cripta de las Trinitarias, convento donde desde el pasado mes de abril se buscan los restos del escritor universal, extraviados intramuros del cenobio femenino, hace cuatro siglos. Las iniciales están formadas con numerosas tachuelas de media pulgada de extensión cada una. Reporta desde Madrid para El País Rafael Fraguas De Pablo.
El hallazgo del ataúd se produjo al mediodía del sábado, según fuentes de la investigación, que mantuvieron un intenso hermetismo ante las dudas que aún albergaban entonces. Sin embargo, todo indicaba este domingo que el féretro, muy carcomido por la humedad y los xilófagos salvo en su cabecera, donde se encuentran insertas las iniciales —que presentan signos de oxidación de color verdoso— albergó el cadáver del Príncipe de las Letras, allí enterrado el 23 de abril de 1616.
El equipo investigador que realiza la indagación, y que capitanea en esta fase el médico forense Francisco Etxeberria, no se atreve todavía a asegurar de manera incontestable que los restos óseos hallados dentro del féretro pertenezcan a Cervantes.
En un primer momento, al introducir un estilete rematado por una microcámara en el interior de una de las sepulturas cuya erosión permitió eludir su perforación previa, se detectó dentro de ella la presencia de material osteológico. Estos restos no presentaban lo que los forenses denominan posición primaria, es decir, exentos e individualizados, sino que los huesos se encontraron mezclados con otros, casi con plena certeza infantiles, que se hallaban a los pies del ataúd y que fueron extraídos al principio de la operación, antes de descubrir la cabecera del ataúd con las letras iniciales.
En un primer momento, la euforia se adueñó de los investigadores —más de una decena de ellos se hallaba en el interior del la cripta Trinitaria, situada a 4,80 metros bajo la cota del suelo de la iglesia del convento, donde en la mañana del sábado se había autorizado por primera vez en nueve meses la entrada de periodistas gráficos y literarios a la cripta.
En un momento determinado, muchos de los investigadores se congregaron en torno a una de las sepulturas halladas en el suelo de barro, cercadas por un perímetro de ladrillos cocidos colocados de canto. Aquel desplazamiento permitió sospechar que se trataba de un hallazgo relevante, si bien se dijo entonces que tan solo se trataba de unos huesos de un párvulo, como se denominaba en el siglo XVII a los niños bautizados menores de siete años.
Los trabajos de arqueología y de medicina forense se enfrentan ahora al examen detallado de los restos hallados dentro del féretro signado por las iniciales M y C. Su primera tarea consistirá en segregar los huesos infantiles de los procedentes de osamentas adultas. Luego, una vez aislados los de los adultos, discriminarán los femeninos y los masculinos, ya que acostumbran presentar importantes diferencias anatómicas, como los arcos superciliares en los cráneos masculinos, que no existen en los de las mujeres.
Más adelante, una vez seleccionados los restos óseos masculinos, se procederá a descubrir si presentan algunas de las lesiones que caracterizaron la osamenta de Cervantes. En aquella, pueden quedar marcas de la atrofia ósea en los huesos del metacarpo de la mano izquierda y los impactos de pelotas de arcabuz en el esternón, procedentes de las heridas sufridas por Cervantes en la batalla de Lepanto. Empero, el esternón, por ser parcialmente cartilaginoso, puede presentar más dificultades para la posterior identificación. Hay dos datos anatómicos más que pueden guiar a los forenses y arqueólogos, tras la detección inicial del georradarista Luis Avial y su equipo dentro de la sepultura. Además de la edad, de 68 años, a la que murió Cervantes, sus restos habrán de presentar la dentadura plenamente desdentada —conservaba al morir solo seis piezas— y una artrosis deformaba, combándola, su columna vertebral.
Hay además otros indicadores que ya están siendo estudiados por los investigadores: los restos textiles del sudario franciscano con el que fue presumiblemente enterrado —se unió a la venerable Orden Tercera tiempo antes de su muerte— y la propia madera del ataúd, pues puede datarse su cronología mediante distintos procedimientos analíticos.
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