Rancho Las Voces

miércoles, febrero 25, 2015

Noticias / México: La odisea Kubrick, en el Marco

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Gráfico: Alfredo San Juan

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- La obra del cineasta inglés Stanley Kubrick (1928-1999) llega a México. Desde el 6 de marzo y hasta el 26 de julio se exhibirá en una exposición homónima en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco). Reporta desde la ciudad de México para Milenio Emiliano Balerini Casal.

La muestra, conformada por mil piezas, fue organizada por el Deutsche Filmmuseum Frankfurt am Main, en colaboración con la viuda del también fotógrafo, Christiane Kubrick, y el hermano de ésta, Jan Harlan, dijo Beatriz de la Torre, vocera de la exhibición.

La idea de llevar este proyecto al museo se debió a que en anteriores ocasiones en Marco ya se han presentado revisiones museográficas dedicadas al séptimo arte, en especial al mexicano:  «Con el afán de continuar con este tipo de propuestas, encontramos la exposición de Stanley Kubrick, uno de los cineastas más importantes en la historia», comentó en entrevista con MILENIO.

La exposición, que fue curada por el Film Museum de Berlín, se ha presentado en distintas capitales del mundo. Es un recorrido cronológico por la carrera de Kubrick, desde sus primeras fotografías en la revista Look en las décadas de los cuarenta y cincuenta, hasta sus obras más emblemáticas, mencionó.

 «No solamente se encuentra material que el cineasta dio a conocer a través de las 13 películas que hizo en 40 años, sino también aquellos proyectos que se quedaron en el tintero, pero que estuvieron muy avanzados, como los documentos que recabó para filmar una cinta sobre Napoleón, lo cual nos enseña el grado de perfeccionismo y detalle que lo caracterizaron como cineasta», explicó.

Entre los objetos expuestos en las cuatro salas que Marco le dedica a la muestra, se encuentran fotografías, modelos, pósters, guiones originales y cámaras —hay que recordar que como cineastas retó a la industria con ciertas demandas acerca del equipo que quería utilizar—. También hay maquetas y objetos de diseño de vestuario y producción, dijo.

Algunos de los más destacados son las gemelas que aparecen en The Shining (El resplandor); los trajes de 2001: A Space Odyssey (2001: Odisea del espacio) y el casco de Full Metal Jacket (Cara de guerra). Asimismo, hay documentos y anotaciones que iba tomando con relación a sus cintas, añadió.

«Hablamos de un artista total que se involucraba de manera detallada en cada aspecto de sus producciones. Por eso tuvo una producción tan limitada para tanto tiempo de carrera. Se suele decir que los actores de sus películas vivían con mucho estrés por el grado de exigencia que él tenía», mencionó.

El guión curatorial está dividido de manera cronológica. En él hay una revisión de cada uno de sus proyectos, tanto los que fueron realizados como los que no. Por ejemplo, la película Inteligencia artificial, que en 2001 realizó Steven Spielberg pero había sido un proyecto que tenían entre los dos, puntualizó.

Sobre la etapa de Kubrick como fotógrafo solo se encuentra el trabajo que realizó para la revista Look. Son aproximadamente 50 imágenes, en las que hay temas que se anticipan a lo que se vería después en sus películas, por ejemplo luchadores, destacó la funcionaria.

Para De la Torre, el cine de Kubrick abarcaba distintas temáticas:  «Abrió horizontes para imaginar un nuevo mundo. Fue visionario, comprometido con las cintas que hacía. Solía decir: 'Hay muchos filmes, pero lo importantes es que estos sean buenos'. Es un cineasta vigente, y la manera de comprobarlo es el interés que esta exposición ha despertado en muchos jóvenes».

En Stanley Kubrick también habrá un apartado dedicado a la relación que tenía el cineasta inglés con la música, en especial la clásica: «Era melómano. A veces contrataba compositores, como su propia hija, Vivian Kubrick, pero en general empleaba música prescrita», destacó.

La vocera de la muestra reconoció que las cintas que más le gustaron fueron Ojos bien cerrados y 2001: Odisea del espacio.

Programa paralelo

-La muestra se ha presentado en Italia, Francia, Estados Unidos, Brasil, Polonia y Holanda. Lleva una larga itinerancia. Después de México se va a Seúl. El Marco será la única sede en el país.

-El programa de actividades paralelas de la exhibición está centrado en la producción cinematográfica del cineasta inglés. Habrá sesiones de cortometrajes y filmes no tan conocidos.

-Se planea una charla con el especialista Juan Arturo Brennan, en la que se abordará la importancia de la música en la obra de Stanley Kubrick.


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Textos / El desarrollo de mi pintura por Hermann Nitsch

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Brot un Wein. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- El fundador del accionismo vienés autorizó a Excélsior publicar tres textos de su autoría que revelan sus postulados plásticos. A continuación reproducimos El desarrollo de mi pintura:

El color fue una de mis principales preocupaciones muy al inicio. La pintura es una cuestión de color. Desde el resplandor en los grandes maestros, sobre todo en los colores del Greco y Rembrandt, así como los brillantes, casi como rayos de sol, colores de los impresionistas, hasta el de las obras del presente, me han todos cautivado. En música el color es expresado a través de la armonía. Un arte de sonoro color emergió en la polifonía desde temprana edad, vía Bach, vía el cromático Tristán y el tórrido sonido de la escuela de Schönberg hasta el presente.

Mis pinturas más tempranas incorporan colores de todo el rango en la escala. Sin embargo, el color adquirió una nueva tarea cuando mi pintura se desenvolvió como pintura de acción, y fue entonces absuelta de las múltiples tonalidades, usada como sustancia, deviniendo sangre y limo, el color de la carne. Sangre e intestinos se volvieron constitutivos. El rojo devino la llave, la nota dominante. Un arcaico monocromo emergió. Todo se ajustó al color del éxtasis, al ofrecimiento sacrificial para ser inmolado, a la pasión, a la sangre, a la carne. El color al que atañe la sangre y la carne de Dios era celebrado constantemente.

Conforme el rojo se consagra en vino se vuelve ebrio como la sangre de Dios. Sustancias usadas como sustento, con un metabolismo bebible, fueron y son empleadas en mis pinturas de acción. El color de la agresión, de la muerte, del exceso es al mismo tiempo el color de la vida en su grado más intenso. La sangre es sangre de vida. Las profundidades de la muerte se enfrentan a la semilla del renacer.

Mucho de mi trabajo es consciente. El rompimiento de las normas, el exhibicionismo casi de víctima que transita por debajo de los campos de la vergüenza hacia el dominio privado de tabús, hacia el supra-personal eros dionisiaco del mundo, hacia los oscuros y caóticos terrenos de fuerzas primordiales, fue a menudo acometido. Un gran pacto de luz fue llevado a la consciencia. Mi preocupación es ahora analizar esta luz. La carne y la sangre no sólo pueden ser absorbidas mediante el comer, también pueden ser experimentadas a través de la luz.

Las apariciones del color, las múltiples apariciones de la luz coloreada y los colores de resurrección se han vuelto importantes para mi. A pesar del trágico y del excesivo vital-afirmativo tema básico de mi trabajo, este nuevo giro ha traído un regocijo sin precedente. Mis pinturas existen para emitir un nuevo estímulo. Los colores de todas las flores, de todos los cósmicos abismos de luz existen para ser escenificados en una festividad jubilosa. Había sido un deseo muy apreciado el de reintroducir el espectro de color en mi pintura, en su totalidad. En el verano de 1989 cumplí este deseo. Por primera vez en 30 años pinté de nuevo con diferentes colores. Estoy trabajando en el final del idílico ciclo de mi gesamtkunstwerk. La riqueza de sensaciones capturadas por nuestros sentidos del gusto, olfato, tacto y oído se extienden en un compromiso incondicional con los colores de luz.



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martes, febrero 24, 2015

Obituario / Clark Terry

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El trompetista, maestro de Miles Davise, en un homenaje a Thelonius Monk en 2006. (Foto: Kevin Lamarque)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- No por esperada, la muerte de Clark Terry (San Luis, Misuri, 1920) ha dejado de conmover a los tantos compañeros de profesión y aficionados que siguieron muy de cerca sus pasos en la salud y en la enfermedad: «cuantos más años pasan», escribe Alain Tercine, «más se impone la importancia y originalidad de Clark Terry». Inhabilitado para el ejercicio de su profesión, ciego, incapaz de utilizar sus manos, Terry seguía atendiendo a quienes acudían a visitarle con la mejor de sus sonrisas. El pasado 13 de febrero fue ingresado para ser tratado de sus múltiples dolencias. La muerte le sobrevino ocho días más tarde, hallándose el músico «en paz y rodeado de su familia, estudiantes y amigos», según puede leerse en la nota dada a conocer por su mujer, Gwen. El músico tenía 94 años. Escribe Chema García Martínez para El País.

Terry fue muchas cosas. Lo primero, un intérprete excepcional, con un estilo fluido característico que trasciende categorías: ni swing, ni bebop, sino todo lo contrario. El fallecido jazzista tocaba la trompeta y el fiscorno, instrumento del que fue pionero en el jazz, a veces al mismo tiempo, un instrumento en cada mano. También fue uno de los pocos músicos de jazz de la historia en tocar con los dos grandes, Count Basie (entre 1948 y 1951) y Duke Ellington (de 1951 a 1959). Terry era, así lo confesaba, un hombre de orquesta. Para él no había cosa que se le comparara a «sentir todo ese sonido viniéndole a uno desde todos los lados». Fiel a sus principios, participó en el «desastroso concierto» de Charles Mingus y su orquesta en el Town Hall de Nueva York en 1962, recogido en el no menos desastroso disco homónimo, y aún fundó su propia Big Bad Band, una máquina de swing arrolladora con la que pudo escuchársele en nuestro país principiando los ochenta.

En 1960 dejó a Ellington para unirse a la banda de uno de sus antiguos admiradores, el también trompetista Quincy Jones. Para entonces, el estilo sinuoso y swingeante del ya veterano jazzista era el reflejo en el que se miraban muchos jóvenes, entre ellos Miles Davis, su paisano, seis años más joven que él. Miles tuvo en Terry a su primer ídolo por encima del abismo estético que separaba sus respectivas concepciones estéticas. Se cuenta que, impresionado por las palabras de elogio del maestro tras escucharle en concierto, el joven alumno acudió a su encuentro con ocasión de una competición atlética en la que Clark participaba como músico, encontrándose a este entregado a la contemplación del espectáculo bastante más interesante de las animadoras en el ejercicio de su labor: «Se acercó un muchacho y le dije: ‘¿por qué no te pierdes? ¡Deja de molestarme!’. Y resultó que era Miles». Una anécdota que ambos, profesor y alumno, recordarían con humor hasta el fin de sus días. «Clark es uno de los seres humanos más increíbles que he conocido en toda mi vida», recordaba el trombonista Bob Brookmeyer. «Lo pasó verdaderamente mal en el sur cuando estaba en la banda de George Hudson, estuvieron a punto de lincharle, un sheriff le hizo bailar mientras le disparaba a los pies porque la gasolinera para blancos era la única que estaba abierta... sobrevivió a todo eso y aun así siguió juzgando a las personas una por una. No sé cómo lo ha hecho».

Empujado por la crisis de las big bands en los años sesenta, el trompetista pasó a trabajar como músico de sesión en Nueva York antes de ser contratado por la cadena NBC para actuar en el show de Johnny Carson: «Fui el primer artista afroamericano en conseguirlo y, por mucho tiempo, el único». Terry aprovecharía la ocasión para desvelar su faceta de cantante en un estilo rebosante de comicidad a medio camino entre el scat del jazz y algo parecido a un balbuceo sin sentido, que llevó a que le motejaran como Mumbles (murmullos): «Siempre he creído que debes ser capaz de cantar lo que tocas, y tocar como cantas». Mumbles, la pieza, fue grabada en 1964, al término de una sesión del trompetista acompañado por el trío del pianista Oscar Peterson: «Nos encontramos con que habíamos grabado todas las piezas para el disco y aún nos sobraba tiempo de estudio, así que improvisamos el tema y resulta que se convirtió en un éxito».

Las últimas imágenes que nos llegaron de él destilaban un patetismo sin límites: apenas reconocible, sufría los efectos devastadores de la diabetes; aun así mantuvo su actividad como docente, bien en forma presencial o por Skype:  «A veces la cosa se pone fea, pero yo no ceso en mi lucha. Y le doy gracias a Dios por cada nuevo día». Fruto de todo ello es el documental Keep on Keepin’ On, en torno a la relación entre el trompetista y el joven pianista invidente Justin Kauflin.



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Noticias / México: A Tibol le importaba la repercusión de su trabajo, dice su hija Nora

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Sus cenizas y las de su esposo serán esparcidas en el mar. (Foto: José Antonio López)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).-La crítica de arte de origen argentino Raquel Tibol, quien falleció el pasado domingo, pidió a su familia dos cosas: por una parte, que no hubiera velatorio, sino que su cuerpo fuera directo a la cremación, y por otra, que no hubiera un homenaje «a las 24 horas, un acto con discursos y tan tan», sino algo más serio como era ella, expresa su hija Nora Satanowsky. Reporta desde la ciudad de México para La Jornada Merry MacMasters.

A doña Raquel le importaba que se conociera «el peso de su trabajo en el arte contemporáneo de México». Lo que menos, si «había abofeteado o no a Siquerios», sino cuál fue la repercusión de su trabajo, reitera Satanowsky.

¿La familia tiene algo en mente?

Si el mundo cultural se quiere reunir en su momento para despedirla, bueno, se creará un espacio para que esto suceda, pero a partir de una reflexión de su trabajo.

Respecto de las cenizas de la periodista y curadora, su hija dice que doña Raquel pidió que se las llevaran a su casa y después, junto con las de su esposo, Boris Rosen (1917-2005), de origen ucranio, se arrojaran al Atlántico, porque ambos llegaron a México por allí. Y como una de las nietas de Tibol estudia fuera del país, «hasta que ella regrese lo haremos todos juntos», expresa la entrevistada.

En cuanto al acervo de Tibol, su hija adelanta que el Museo Soumaya Fundación Carlos Slim tiene una parte, pero «todavía no se ha entregado todo. Aún no sabemos qué se deba hacer con su colección de cuadros».

Cuatro donaciones al Soumaya

Alfonso Miranda, director del museo Soumaya, dijo que el recinto recibió cuatro donaciones de Raquel Tibol, consistentes en su archivo documental, con su sección hemerográfica y otra de sus mecanografiados, así como su biblioteca de arte y la del investigador Boris Rosen. Se trata de más de un millón de fojas y más de 8 mil libros, así como revistas.

Luego de la apertura del Museo Soumaya Plaza Carso, Miranda dice que se buscó a la maestra para  «estudiar como siempre las colecciones. Una de las preocupaciones fue saber dónde iba a parar todo este archivo».

De acuerdo con el entrevistado, Tibol siempre quiso que «estuviera en una institución y, en primer lugar, bien conservado».

En un principio se buscó ayudarla en la clasificación, en los rubros más generales:  «Aunque diferenciado, no estaba en un mismo sitio ni en orden cronológico. Después, como la maestra tuvo desencuentros con instituciones públicas, porque consideraba que la conservación y la difusión de su acervo no eran óptimas, decidió dar un giro. En octubre de 2013 tuvimos un primer acercamiento al archivo de Siqueiros y la fundación entró como su depositario».

Desde principios de 2014 dos investigadores, junto con los conservadores, realizan su registro. Después de su clasificación se digitalizará el material para preservarlo en lo físico y lo virtual.

Un primer homenaje pensado para abril consistirá en montar, en la biblioteca del museo Soumaya, una pequeña exposición de una parte del estudio del departamento de Tibol.




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Noticias / México: Recibe Sergio Ramírez Premio Carlos Fuentes

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El escritor nicaragüense durante la ceremonia. (Foto: SEP)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- «Un premio que pone al discípulo frente a su maestro», dijo Sergio Ramírez Mercado (Masatepe, 1942) sobre el galardón que recibió esta tarde, el que lleva el nombre del escritor Carlos Fuentes. «Siempre admiré su ambición de tocar todos los registros y ver en la Historia una fuente de imaginación que nunca se agota», expresó el nicaragüense sobre la obra del fallecido autor mexicano, según reporta Milenio desde la Ciudad de México.

El autor de Margarita está linda la mar fue reconocido por su «literatura comprometida con una alta calidad literaria», así como por su «papel como intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica», según el acta que el jurado dio a conocer en noviembre pasado.

El jurado de la segunda edición estuvo presidido por el español Juan Goytisolo y el peruano Mario Vargas Llosa, ganador del galardón en su edición anterior y Premio Nobel de Literatura 2010. También participaron Soledad Puértolas, miembro de la Real Academia Española; Margo Glantz, representante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Gonzalo Celorio, representante de la Real Academia Mexicana de la Lengua.

«Puedo afirmar que México es mi patria literaria desde que Juan Rulfo me enseñó que la desolación de Comala era la misma en toda América latina», dijo Ramírez, quien también reconoció las enseñanzas recibidas de la prosa de Alfonso Reyes, la poesía de Xavier Villaurrutia y Octavio Paz, y «de la amistad con tantos escritores mexicanos».

«Su vida es la de un hombre congruente que ha entrelazado la palabra con la acción», dijo después el presidente Enrique Peña Nieto, quien recordó tres momentos fundamentales en la vida del escritor y político nicaragüense.

El primero fue su decisión de abandonar su carrera en la academia para dedicarse a escribir. El segundo, cuando se sumó a la revolución sandinista para luchar por sus ideales y, una vez alcanzado el triunfo electoral, asumir la vicepresidencia de Nicaragua

El propio Fuentes describió dicha etapa: «Sergio Ramírez, sin perder nunca su primer vocación, la de escritor, atendió activamente a su segunda musa, la política».

El tercer momento al que se refirió el Presidente fue el regreso de Ramírez a su primera vocación: «Le dio voz a los que no la tenían: nos contó lo que vivieron los hombres y mujeres de la revolución sandinista para no perder el recuerdo de aquella lucha».

El poder de las letras

También Ramírez hizo referencia a su etapa como luchador social y al presente violento de los países latinoamericanos. «Fui protagonista en mi patria de una revolución triunfante. La violencia de hoy no busca hacer más justa la sociedad, sino envilecerla», apuntó el escritor durante su discurso de aceptación. «Para entrar en el siglo 21 debemos dejar a atrás el siglo 19».

En ese sentido subrayó la importancia de la literatura: «La palabra siempre ha luchado por defenderse de las posturas intransigentes [...] La literatura no existe para convencer a nadie de credos y propuestas ideológicas, sino para hacer preguntas. Cuando el escritor se expresa como ciudadano su voz se multiplica porque es escuchado. Su deber cívico es el de nunca callarse frente a las injusticias las imposiciones y las ignominias».

Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, describió a Ramírez como un «narrador inteligente y preciso», y celebró la «belleza mataforica» de su obra y su pertinencia para entender la historia política del continente.


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Textos / Raquel Tibol por sí misma

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La crítica de arte. (Foto: Nelly Salas)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- Un breve recuento de la vida de la crítica de arte a través de sus propias frases, pronunciadas en actos públicos y entrevistas. Publicado por Milenio Digital:



Raquel Tibol murió el domingo 22 de febrero a la edad de 91 años. La crítica de arte nació en Basavilbaso, Argentina, en 1923. Pero emigró a México en 1953, donde llegó como secretaria de Diego Rivera.

En este país inició su labor como crítica y cronista del quehacer artístico nacional. Su primera entrevista fue con Luis Buñuel para el suplemento México en la Cultura de Novedades.

Con el tiempo y el reconocimiento de su trabajo, Tibol también fue entrevistada en numerosas ocasiones. Es a través de las historias que contó en esas charlas, así como de sus pronunciamientos en actos públicos, que se hace este recuento de su vida y sus ideas.

Infancia en Basavilbaso

«El contacto con la literatura tuvo dos fuentes, la amistad de un amigo, y la muerte de mi madre que me dio como refugio la literatura. Lo primero que hice cuando regresamos del entierro con mi papá al pueblo de Basavilbaso: agarré una mesita y armé un típico escritorio de escritor. Empecé a escribir de a poquito. El primer libro fue de cuentos, me lo publicó Botella al Mar» (Homenaje por sus 90 años en Bellas Artes: 12/12/2013).

Relación con Diego Rivera y Frida Kahlo

 «Yo era una chamaca que tenía mi chispa y Diego cuando me conoció dijo: 'que nos acompañe también esta mujercita'. Con ellos iba a visitar los cerros de Santiago y de borracherías. Para Diego los días tenían 48 horas, le daba tiempo a todo».

«El contacto con Frida y Diego me conmocionó, era tan diferente a todo lo que yo había vivido que nunca terminaré de agradecerle a Diego esa invitación. Frida le decía a Diego: '¿verdad que es una salvaje?' Lo decía por mí, que no sabía nada de drogas, de lesbianismos. Era un mundo extraño, aprendí tanto cerca de ellos. Además Diego hizo de guía para mí, tuve un guía excepcional» (Frontera D: 15/08/2013).

Sobre la crítica

 «La crítica de arte que se hace hoy día debería de ser más aguda, menos mafiosa. Muchos de los críticos escriben de sus amigos o de las corrientes que privilegian. Un verdadero crítico, hoy por hoy, en un panorama tan plural como el que estamos viviendo, debe girar 180 grados su mirada y abarcarlo todo, cosa que no está ocurriendo» (Discurso de aceptación de la medalla Bellas Artes: 21/02/2008).

Escrbir con independencia

 «He cobrado dinero ahí cuando le he hecho un trabajo a Bellas Artes, pero nunca he pedido una beca, una ayuda, nada. De modo que tengo la plena libertad de criticar lo que me parece» (Discurso de aceptación de la medalla Bellas Artes: 21/02/2008).

Las tensiones con Siqueiros

«Fíjese que cuando estaban matando a nuestros muchachos en la plaza de Tlatelolco, Siqueiros estaba tomando café con Echeverría en Gobernación [...] Y yo cuando me encontraba con él, le soltaba la cantinela: '¿Qué es lo que pisotean, David? ¿El directorio telefónico?' Total, que Siqueiros cambió el discurso sobre las bondades del arte de estado por uno contra Raquel Tibol. Al salir nos encontramos y yo me dirigí a él y le dije: 'te voy a invitar al cocktail que voy a dar cuando me apliquen el artículo 33 y me echen del país'» (Frontera D: 15/08/2013).

Apreciar el arte

 «Busco un nivel de calidad en el discurso específico. Si voy a ver arte conceptual no lo voy a apreciar con el mismo sentido que si voy a ver arte surrealista, realismo político o caricatura. Yo respeto la especificidad y adapto mi mirada y mi percepción anímica a lo que se me ofrece. Trato de ser lo más receptiva posible, pero tengo un colador muy severo» (Radio France: 23/04/2007).

«No tengo un esquema, el arte es demasiado dinámico, soy demasiado respetuosa con la obra de arte como para establecer una premisa y atenerme a esa premisa. No, no, no. Repito lo dicho, quizás un cuadro me gusta y al día siguiente ya sea porque ha cambiado la iluminación, quizá por el estado de ánimo, ya no me gusta tanto. Miro la obra con mucho respeto» (Frontera D: 15/08/2013).

Política

«Es el pueblo mexicano en su conjunto el que debe de establecer los lineamientos principales de la política, pero son los líderes los que lo hacen, el pueblo mexicano es un pueblo que hay que ponerlo en la esquina a que haga su tarea de pueblo, porque se deja impresionar por los líderes bonitos de copetito. No me gusta ni decir su nombre porque dice y hace de todo menos lo que debe hacer, que es mostrar la solidaridad con el pueblo campesino» (Homenaje por sus 90 años en Bellas Artes: 12/12/2013).

Museo Soumaya

«Vengo pidiendo que el ingeniero Slim, presidente del Grupo Carso, me dé una cita de cinco minutos porque hay que irse más lento cuando se adquiere. Es una recomendación. El ingeniero está orgulloso de haber reunido 66 mil piezas en pocos años, eso no es una virtud, y lo digo en su recinto y felicitándolo por lo mucho que ha hecho, por la entrada libre y por ayudar a la cultura mexicana en tantos órdenes» (Conferencia en el Museo Soumaya: 31/08/2011).

El arte de Orozco

«Aunque le conozco desde la cuna, Gabriel Orozco me parece un farsante. Eso de juntar hojitas que coge en la calle o de ir al mercado por juguetitos para niños o las fotos de la casa que se estaba haciendo, no, no, no [...] Una vez me senté en una cafetería con él, estuvimos hablando tres horas y le pregunté: '¿Dime Gabriel, que estás haciendo?' 'Arte de la no significación', me contestó. '¡Eso no significa nada, carajo!', le decía yo. No volví a hablar con él» (Frontera D: 15/08/2013).



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lunes, febrero 23, 2015

Libros / España: «El desmoronamiento» George Packer

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En los EE.UU. de hoy los perdedores no llegan nunca a tocar fondo. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 20 de febrero de 2015. (RanchoNEWS).- Si desmontasen El desmoronamiento, el ambicioso nuevo libro de George Packer, como si fuese el motor de un coche, y dispersasen los componentes por su garaje, verían básicamente cinco piezas grandes y diez pequeñas que constituyen los tornillos, las tuercas y los pasadores. Las piezas grandes son bosquejos biográficos, retratos de un republicano reaganiano metido a empresario de los biocombustibles; de un veterano miembro del equipo de Joe Biden atento y desencantado; de una trabajadora de una fábrica de Youngstown, en Ohio, convertida en organizadora comunitaria; de Peter Thiel, el libertario inversor de capital riesgo de Silicon Valley; y, por último, de la ciudad de Tampa, en Florida, que ya tenía problemas antes de la crisis de las ejecuciones hipotecarias, y que actualmente parece el infierno en la tierra. Escribe Dwight Garner para El Cultural.

Las piezas pequeñas son variaciones críticas, a menudo mordaces, sobre estadounidenses influyentes de las últimas décadas. Los enumero en orden inverso a la estima del autor por sus contribuciones respectivas al bienestar común: Sam Walton, Newt Gingrich, Robert E. Rubin, Andrew Breitbart, Colin L. Powell, Jay-Z, Oprah Winfrey, Alice Waters, Raymond Carver y Elizabeth Warren. Algunas de las piezas grandes, que se encuentran divididas y soldadas al resto en bloques de unas 20 páginas, empiezan del mismo modo que los artículos de The New Yorker, de cuyo equipo de redactores forma parte Packer. Otras son material nuevo. Es mérito del autor que, combinadas y ensambladas con originalidad, esas piezas tengan velocidad y potencia de sobra. El libro vibra, con pesar, indignación y conmiseración por los que están atrapados en los engranajes de la cada vez más compleja (y peor calibrada) maquinaria financiera estadounidense.

El desmoronamiento empieza como una novela de terror, y, en cierto modo, lo es. «Nadie puede decir cuándo comenzó», escribe Packer, «cuándo cedió por primera vez la abrazadera que mantenía unidos a los estadounidenses con su agarre seguro y a veces agobiante». Si han nacido tras 1960, viene a decir, habrán pasado parte de su vida viendo cómo se derrumban estructuras que existían desde hacía mucho. Las granjas, las fábricas y las escuelas públicas, por un lado, y «los escrúpulos de las camarillas de Washington y de los despachos financieros de Nueva York», así como  «los modales y los valores morales en todas partes», por otro.

Lo que las ha sustituido, afirma Packer, ha sido el dinero organizado, además de una sociedad en la que  «los ganadores ganan más que nunca, flotando en el aire como dirigibles hinchados, y los perdedores tienen una larga caída antes de tocar fondo, cosa que a veces no llegan a hacer». Si hay un hecho representativo por sí solo de lo que Packer argumenta en El desmoronamiento, probablemente sea el que se refiere a los herederos de la fortuna amasada por los Walton con la cadena de grandes almacenes Walmart. «Al final resulta que seis de los Walton que aún viven», explica el autor,  «tienen tanto dinero como el 30% de los estadounidenses más pobres». Hasta la muerte de Walton, sostiene, «el país no comprendió lo que había hecho esa empresa. Con los años, Estados Unidos se había ido pareciendo cada vez más a Walmart: un sitio barato donde los precios eran más bajos, y los salarios también. Había menos puestos de trabajo en las fábricas protegidos por sindicatos, y más empleos a tiempo parcial como ayudante de tienda». Y añade:  «El vacío creado en el interior fue beneficioso para la cuenta de resultados de las empresas».

El desmoronamiento contiene numerosas panorámicas de amplio alcance de la vida en Estados Unidos. Sus retratos de Youngstown, de Tampa, de Silicon Valley, de Washington y de Wall Street son ricos, complejos, y están interconectados. Los regalos que nos hace su autor son steinbeckianos en el mejor sentido. Con gran pulso narrativo, Packer aborda pequeños momentos memorables. La valoración que hace de Biden es compleja y a veces positiva, pero incluye las siguientes frases que uno de sus empleados le dice a otro: «No lo tomes como algo personal, Jeff. Biden defrauda a todo el mundo. En lo que se refiere a defraudar, practica la igualdad de oportunidades».

Packer, entre cuyas obras se encuentra La puerta de los asesinos, publicado en 2005, describe cómo la retórica de Gingrich, cuando este llegó al poder a finales de los 80, cambió para siempre la forma en que los líderes electos hablaban entre ellos: «Les dio gas mostaza, y ellos lo utilizaron contra cualquier enemigo imaginable, incluido él mismo».

Tiene algunas observaciones elogiosas sobre la presentadora de tv Oprah Winfrey, pero, en conjunto, la sección que le dedica es una desmitificación profunda. De su público asegura que  «tenía cosas que ella no: niños, deudas, tiempo libre. Consumía los productos que ella anunciaba pero que nunca habría comprado, como Maybelline, Jenny Craig, Little Caesars o Ikea. Cuando aumentaron sus problemas financieros, los emocionó eligiendo a una de sus miembros y liquidando sus deudas en antena». A continuación, prosigue: «Atender a las mágicas enseñanzas de Oprah (las vacunas provocan autismo; los pensamientos positivos conducen a la riqueza, al amor y al éxito), y ver al mismo tiempo cómo ella hacía y tenía cada vez más cosas, no mejoró precisamente la vida de sus espectadores». Luego la cosa se pone más dura.

La presidencia de Obama ronda por los márgenes de este libro, en gran medida como un trabajo a medias en cierto modo decepcionante. Nos habla de un individuo que estrecha la mano al presidente y piensa:  «De todos los hombres a los que he dado la mano nunca, la suya era la más suave. Me decía que Obama no había hecho el más mínimo trabajo físico en su vida ».

El desmoronamiento es un libro duro. Hizo que me sintiese enfermo, como si hubiese contraído la gripe. Quizá fue Packer quien me inspiró esa idea, ya que a menudo se refiere a lo que está ocurriendo en Estados Unidos en términos médicos, como una enfermedad, un nuevo virus, una plaga o una infección bacteriana. Entre los escasos héroes del libro está Elizabeth Warren, la exprofesora de la Facultad de Derecho de Harvard experta en quiebras que actualmente ocupa el cargo de senadora de mayor antigüedad por Massachusetts. Gran parte de El desmoronamiento trata de cómo los bancos se han convertido en nefastas fuerzas sin control, y, en parte, lo que a Packer le gusta de Warren, que es demócrata, es que los bancos la teman. Su libro está especializado en hablar llanamente, y en Warren le parece vislumbrar a uno de los pocos políticos dotados de esa misma cualidad.

Packer describe como sigue una de sus comparecencias sobre la banca:  «Parecía que hubiese entrado en la sala de audiencias y tomado asiento en el estrado procedente del pasado, de un época en la que en la planicie estadounidense crecían luchadores impetuosos y elocuentes pertenecientes al pueblo, como William Jennings Bryan y Robert La Follette, George Norris y Hubert Humphrey. Su mera presencia hacía que los afectados se sintiesen incómodos, porque les recordaba la confortable corrupción que había llegado a ser la forma normal de hacer negocios en el Capitolio. Y eso era algo imperdonable».

En un determinado momento del libro, nos encontramos en Florida con un periodista de talento que escribe acerca del lío de las ejecuciones hipotecarias. Ese corresponsal, leemos, «creía que había dos tipos de periodistas: los que cuentan historias, y los que destapan delitos». Packer es las dos cosas, y lo que ha escrito está cerca de ser una obra maestra de la literatura de no ficción.



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