Rancho Las Voces: Fotografía / México: Exponen «Julio Galán en la intimidad» en la galería Amadeus

Fotografía / México: Exponen «Julio Galán en la intimidad» en la galería Amadeus

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La galería Amadeus, ubicada en el conurbado municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León, que era frecuentada por Julio Galán (1959-2006), aloja la exposición Julio Galán en la intimidad, que incluye esta imagen inédita en la que el pintor aparece con alas de pájaro. (Foto: Paco Barragán)

C iudad Juárez, Chihuahua. 27 de julio de 2016. (RanchoNEWS).- A 10 años de su muerte, que se cumplirán el 4 de agosto, uno de los lugares que el pintor Julio Galán (1959-2006) frecuentó en Monterrey se transforma poco a poco en sitio de culto al artista. Mónica Mateos-Vega reporta desde Monterrey para La Jornada.

Es la galería Amadeus, en el conurbado municipio de San Pedro Garza García, que por estos días presenta la exposición Julio Galán en la intimidad, formada por fotografías, en su mayoría inéditas, que en los años 90 del siglo pasado captó Paco Barragán, compañero de andanzas nocturnas de Galán.

El fotógrafo guardó una década ese material (alrededor de 100 fotos, tomadas en tres sesiones), hasta que una coincidencia lo llevó a conocer a Horacio Sáenz, también viejo amigo de Julio, dueño de la galería Amadeus y de la réplica de la escultura del David de Miguel Ángel que Galán simuló grafitear en una de las citas fotográficas con Paco.

Al aproximarse el aniversario luctuoso de Julio Galán, Horacio planeó una exposición con algunos objetos y cartas que pertenecieron a amistades comunes, así que al saber de la existencia de las imágenes de Paco no tuvo dudas en que la magia de Galán los había hecho coincidir.

En entrevista con La Jornada, Barragán recuerda que fue el propio Julio quien lo buscó al conocer su afición por poner alas a sus modelos al tomarles fotografías.

«Eran principios de los años 90; a Julio le gustaban las alas de pájaro que yo llevaba a todos lados. Me pidió hacerle una sesión. Una de esas imágenes se usó para el catálogo de su primera gran exposición en el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) de Monterrey.

«Seguimos colaborando y un día se me ocurrió que fuéramos al David, que en ese entonces estaba en la entrada de San Pedro; pedimos una grúa al alcalde y Julio se subió; después de cubrirlo con plástico transparente, me dijo que le tomara fotos como si estuviera vandalizando esa escultura. Él no estaba sujeto a nada, yo temblaba pensando que se podía resbalar y caer», narra.

Tiempo después, las autoridades municipales decidieron quitar la estatua, la subastaron y el nuevo dueño fue Sáenz, quien en ese entonces era propietario de una tienda de antigüedades a la que gustaba ir Julio Galán, a veces sólo a encerrarse con amigos a beber y charlar, entre cientos de objetos raros y viejos.

Fue en ese local donde el artista adquirió una singular mascota: un perro pastor alemán disecado al que puso por nombre Rintintín Tiffany y al que llevaba a todos lados, como si fuera un animal de compañía vivo.

Barragán continúa con sus recuerdos: «Conocí el departamento de Julio en Chipinque, también en San Pedro. En la parte de arriba tenía su estudio; ahí lo vi pintar, me sorprendía porque lo hacía muy rápido y bien, no sabía de dónde le salían tantas ideas. Esa época era pura diversión, de juntarnos con amigos, ir a los antros a escuchar música y divertirnos. Pero de repente, Julio cambiaba. Una vez en su casa, un sábado en la noche, dijo: ‘vámonos al Escena’, el antro de moda en el centro de Monterrey, donde el dueño lo adoraba.

«Llegamos todo el grupo, pero nos dejó y se fue a la parte de arriba, un mezzanine muy grande con unas 20 mesas; dijo al dueño que quería estar solo y que no dejara subir a nadie. Ahí se pasó toda la noche, y nosotros abajo disfrutando la música. También pedía la música que quería y se la ponían.»


Julio Galán sobre una réplica del David, de Miguel Ángel, escultura que estaba en la entrada de San Pedro Garza García. (Foto: Paco Barragán)

El fotógrafo asegura que Galán jamás le dio demasiada importancia al éxito que logró luego de presentar su obra en el Marco; «lo único que de verdad le interesaba era pintar y pintar. Claro, también que todas las cosas se hicieran a su modo. Por ejemplo, ese día de la exposición pidió que el agua de la fuente fuera de color morado.

«En su casa tenía un muñeco llamado Morelio; nos decía que en la noche lo sacaba de su vitrina para bailar con él; ‘me canta canciones’, afirmaba. Cada una de sus pertenencias tenía una historia fascinante o alucinante. Por eso, de él aprendí que la locura es parte fundamental del arte, pues a través de ella salen los demonios y al plasmarlos en un lienzo o una fotografía es como nace el arte».

La persona y sus enigmas

«A Julio le gustaba eso de mí, que también me atrevía a hacer cosas diferentes, a captar imágenes con mis modelos como ángeles o demonios, o subidos en una escultura, o como un niño jugando con sus juguetes. Al final quedaron esos retratos que reflejan la personalidad de Julio, no al pintor o al artista, sino a la persona y sus enigmas. Julio me pidió que dos fotografías no las publicara hasta que muriera, nunca supe por qué: una es donde está con las alas de pájaro y otra donde aparece semidesnudo, jugando como niño», dice Barragán.

«No sé de qué sustancia estaba hecho Julio; simplemente pienso que era un genio. Conozco muchos artistas, pintores y cantantes, pero ninguno es mágico como lo fue él, nadie tiene ese toque. Fue un privilegio haber convivido con un ser así de especial, a quien muchas personas aman hoy sólo con ver uno de sus cuadros, ¡imaginen el haberlo conocido!

«Luego de estar con él, llegaba a mi casa y no podía dormir, porque traía aún esa energía que manaba de Julio. Nunca fue fácil captar su intimidad, pero hablábamos el mismo idioma, el de la locura; por eso nos entendimos muy bien, estuvimos en la misma frecuencia. Él fue muy elitista con sus amistades, así que fue algo muy padre lo que viví, una época de diversión, de excesos», añade Barragán.

Debido a la temprana muerte de Julio, continúa el fotógrafo, «considero que no alcanzó todo el reconocimiento que merecía, le faltó un poquito más. A México le hace falta redescubrirlo, que las nuevas generaciones lo conozcan. Cuando inauguramos la exposición Julio Galán en la intimidad pensamos que nadie se iba a acordar de él, pero nos sorprende que no sea así. Hay chavos que han ido varias veces a ver las fotos y salen llenos de energía, porque Julio aún inspira, no sólo a los nuevos artistas».

Horacio Sáenz planea acondicionar en la galería Amadeus una sala dedicada de manera permanente a Julio Galán, con las fotos de Paco y algunos objetos. Mientras, Barragán busca publicar un libro con la finalidad de difundir todo el material inédito, de ensueño y misterio, que le obsequió su convivencia con uno de los grandes artistas de México.


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